12 Abr 2009
Italia, impresiones de un Pais. Roma y Vaticano
Italia, impresiones de un País. Roma y El Vaticano
La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización
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SOBRE ROMA. Diario:
Nuestro viaje a Roma fue inesperado, por lo que con tan solo 4 días antes de salir, iniciamos las reservas, y por lo que las opciones fueron algo limitadas.
De los hoteles que eran posible, escogimos el Diana, situado próximo a la famosa estación Termini, relativamente céntrico y que, según las informaciones, parecía normal.
Es conveniente llevar contratados los traslados, pues el aeropuerto está a unos 26 Km. y, aunque está comunicado mediante el tren-metro, si no se sabe exactamente llegar al hotel elegido, es preferible la seguridad de que te estén esperando y te dejen en recepción.
Nos recogieron a la llegada en un flamante
Tras recorrer Roma, nos acomodamos en el hotel, pero en una habitación minúscula, con un baño de despreocupada apariencia y terminación, y con vistas a un pequeño patio mugriento de grasas en paredes y tuberías.
Pasamos la noche y, al bajar al restaurante para el desayuno, reclamamos en recepción y, tras disculparse porque por la noche estaba lleno, nos indican que es posible un cambio a una habitación de reciente reconstrucción, la que vemos y se trata de la que llaman allí suitte, con un baño precioso, paredes enteladas, flamante parquet y amplio espacio.
Así el viaje empieza bien.
En Roma, debido a la concurrencia de obras de arte, es conveniente andar y andar, por lo que hay que llevar calzado cómodo y ropa preferente de algodón, ya que la temperatura es alta y algo húmeda por la proximidad al mar.
El primer día, plano en mano, comenzamos a andar y andar, lo que nos permitió contemplar en las 10 horas siguientes El Teatro de la Opera, La maravillosa iglesia Sta. Mª la Mayor, impresionante, S. Pietro in Vincoli, Los exteriores de El Coliseo, pues las colas para entrar eran muy largas, El Arco de Constantino, majestuoso y muy esculpido, El Arco de Tito, El Palatino, El Circo Maximo, El Arco de Giano, todo el recinto de El Foro Romano, El Campidoglio donde visitamos el Musei Capitolini compuesto por dos espectaculares palacios museos (pintura y escultura, con algo de arqueología, visitamos el espectacular, artistico e impresionante monumento a Victorio Emmanuelle II, admiramos la grandiosa columna Traiana, el Foro Traiano, el Mercati Traianei y el Palacio de la Exposición, actualmente en restauración por lo que se contempla por el exterior.
El almuerzo a base de ensaladas muy ricamente condimentada, pasta fresca con un sabor distinto al habitual nuestro, postres y expreso (exquisito), está alrededor de unos 20 € por persona, y la clavada está en las cervezas, que te suelen cobrar sobre unos 3 € por una copa normal, y en el café que ronda el mismo precio si te tomas un delicioso capuchino.
Hay otros restaurantes que, aunque cobren igual precio por la cerveza, te las ponen de hasta 660 cl. lo que compensa el precio.
La cena, de parecidas características al almuerzo, la hicimos en una Trattoria cercana al hotel por el agotamiento acumulado de las visitas del día.
Roma tiene un incipiente trazado de metro, con dos líneas a tres niveles de profundidad. El precio es de 1 € por billete y los hay para el día completo, por semanas, etc. Pero para visitar esta Ciudad, no es rentable coger frecuentemente el metro por la proximidad de los lugares interesantes.
Al día siguiente nos propusimos visitar la Pza. de S. Pedro utilizando la línea A del metro y, guardando una espectacular cola, la Basílica de El Vaticano.
La cola era prácticamente andando todo el tiempo, por lo que accedimos al enorme recinto en unos 20 minutos.
El Vaticano es de unas dimensiones extraordinarias, no pareciendo tan desproporcionado por la relación de todos los elementos que lo componen e integran que están dimensionados todos en proporción, lo que da un aspecto homogéneo y armónico.
Espectaculares son las esculturas en mármol de Carrara, La Piedad del famoso Miguel Angel, las columnas salomónicas o los mosaicos a título de cuadros, cuya perfección y variedad de tonos, los hacen difíciles de diferenciar de cuadros ejecutados al óleo con las mas bellas tonalidades.
Proseguimos a pié nuestro itinerario, hasta el castillo de Sant´Angelo y, a continuación, cruzando el río Tevere por el puente de Sant´Angelo, ricamente adornado con perfectas esculturas a ambos lados del mismo, dirección a la conocida Pza. Navona, no sin antes hacer una parada para reparar nuestras fuerzas con un suculento almuerzo que como plato principal pedimos un buen trozo de cordero al horno, aderezado con romero y otras hierbas aromáticas. El resto igual, ensaladas con mozarella, algo de pasta, tiramisú, bebidas y café. El precio el mismo, unos 40 € los dos.
Pasamos por muchas calles de las autenticas calles vivideras de la Roma de siempre, hasta llegar a la concurrida Pza. Navona, llena de malabaristas, pintores, mimos, cafeterías y curiosos.
Una grandiosa escultura central preside la plaza y, dos artísticas fuentes, ricas en esculturas, se sitúan en ambos extremos.
En la zona media de uno de los laterales, se encuentra una magnifica iglesia con una enorme cúpula, y con una rica y exquisita decoración interior.
Continuando por las calles interiores a las nuevas avenidas, accedemos al Palacio Montecitorio, después a la Piazza Colonna, para llegar de repente y a la vuelta de una esquina, a una pequeña plaza, llena de gentes y con un fuerte murmullo entorno a un espectacular y único grupo escultórico, la Fontana de Trevi.
Inevitable es el sentarse a su borde y dejar la mente en blanco para que absorba todo el encanto y embrujo de esta fuente, cargada de historia y de peticiones.
El agua al caer acompaña con su sonido el romanticismo del entorno, las máquinas de fotos no cesan de disparar y, entre tanta belleza y arte, tiramos otra vez unas monedas al agua, vueltos de espaldas, mientras formulamos un deseo que, con ilusión y esperanza queremos alcanzar.
Otro de los días de estancia en esta vieja y eterna ciudad, lo empleamos para ver el Quirinale y el Palacio de la Opera, así como vagar por las calles llenas de encanto y de bonitas vistas, y también para visitar la Plaza de España,
en cuyas proximidades se encuentra una gran zona peatonal, llena de tiendas de las más conocidas marcas exclusivas a niveles mundiales, con el atractivo de que se puede entrar en ellas sin ningún problema, curiosear y no te cobran como hacen en otras ciudades.
Obligado es degustar los conocidos helados, de muy suave textura y los más variados sabores y colores. Únicos, exquisitos y vistosísimos.
Muy interesante de visitar, aparte de los jardines que se pueden recorrer en un trenecito por 2,50 € por persona, es la exposición de esculturas de Bernini, y de pintura que alberga el Palacio que está en Villa Borghese, para llegar y debido a que está algo apartada del centro, es conveniente acercarse mediante la linea A del metro, aunque la vuelta la hicimos andando disfrutando del ambiente de la calle y admirando los numerosos Ferraris y otros coches de delicado y deportivos aspectos.
Debido a la gran afluencia que existe de entendidos en arte y admiradores a este recinto, es muy difícil de obtener las entradas que, siempre están agotadas o son para horas menos apetecibles, por lo que, de tener interés por la visita, es posible adquirirlas por Internet en www.ticketeria.it
Como el primer día que visitamos el Vaticano, no nos decidimos de acceder a los museos del mismo, por las interminables colas de unos 2 Km., volvimos otro día y a las 11 de la mañana tomamos nuestro puesto en la cola, con resignación y los chaquetones en los brazos por el calor, para ir caminando hacia la entrada. Para nuestra sorpresa, en una hora llegamos al acceso y entramos en un mundo de arte inigualable, donde se combina la arqueología, con la escultura, la arquitectura o la pintura.
La descripción se hace imposible y sólo se puede tener una noción, viendo fotos de algunas salas, sus suelos, sus techos y los contenidos incalculables de su interior.
Hacemos un descanso en la Capilla Sixtina, (1.471 – 1484 por el Papa Sixto IV), en la actualidad acabada de restaurar y radiante de esplendor y belleza. Se pide constantemente que no se hable para evitar exceso de vibraciones, y se impide que se hagan fotos.
Sentados dejamos que los sentidos se empapen de tanto arte y tan exclusivo, de tanto sacrificio y de tanta inspiración del Maestro Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni, conocido por Miguel Angel.
La gran sala rectangular, repleta de pinturas, presenta en su parte central el conocido cuadro de La Creación, y uno de los laterales está ocupado por el gran mural de El Juicio Final.
Cada uno de los frescos, cada figura, cada pincelada transmite las vibraciones de su creador y nos deja sin límite para la admiración de este entorno único en el Mundo.
Los minutos pasan sin sentir y, después de casi una hora, nos obligamos a seguir nuestro recorrido, no sin esfuerzo por abandonar la Capilla mas bella del mundo.
Hasta el mes de Abril el horario de visitas termina a las 2 de la tarde, por lo que al salir compramos unos libros y exploramos la zona en busca de un restaurante para el almuerzo. Localizamos uno cuyo aspecto nos pareció bien, y degustamos las viandas entre las que pedimos pizzas que, tanto por su soporte, como por su contenido y sabor, las recordaremos durante mucho tiempo.
Proseguimos el camino dirección de nuevo al gran Coliseo para visitarlo en su interior. El gran edificio de mármol es impresionante por su tamaño, las columnas, los capiteles, las esculturas y la altura de sus plantas. La cola para la entrada es relativamente pequeña y, en poco tiempo, entramos por las galerías que lo bordean y que dejan ver las estancias con diferentes objetivos, hasta que por medio de un moderno ascensor de acero y cristal, subimos al nivel mas superior para recorrer todo el perímetro y gozar de todas las vistas desde tan privilegiado lugar.
Recordamos de nuestro anterior viaje que había gradas y que en la actualidad no están, sólo hay un pequeño tramo de muestra y acotado.
La Ciudad Eterna nos ha proporcionado unos días de encanto, descubriendo cientos de lugares, de grandiosos edificios, de obras de arte únicas e irrepetibles, y recordando otros aspectos vividos en otra ocasión, de trato con el pueblo amable y comprensivo, de emociones y de diversión. Roma siempre nos esperará y nuestros deseos es preparar la nueva visita a esta acogedora Ciudad.
Así sentí Roma y El Vaticano
08 Oct 2008
Lituania, impresiones de un país. Klaipeda
Lituania, impresiones de un País. Klaipeda
Impresiones de un lugar que no conocí.
La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com) Agosto
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Klaipeda tiene el único puerto al mar importante de Lituania, mediante el que está muy bien comunicada con Suecia, Dinamarca y Alemania mediante ferrys.
Tiene unos 200.000 habitantes y sus edificios denotan una clara influencia de estilos alemanes, daneses e ingleses, por las distintas ocupaciones que ha sufrido a lo largo de la historia.
Tiene interés visitar el museo acuario que está situado en la fortaleza de Kopgalis.
Interesante es también la visita al museo de relojes, y muy cerca, desde las torres del antiguo edificio de correos, cada mediodía del fin de semana, se puede asistir a conciertos de música carillón.
Nuestro primer contacto fue en la zona centro, paseando por las estrechas calles con edificios del siglo XVIII y viendo algunos símbolos de la ciudad, así como curiosidades de la tradición local sobre una escultura de un gato realizada en granito sobre un pequeño muro, sobre el que cuentan que por la noche toma vida para cuidar de la ciudad.
La triste historia de la ocupación alemana está aún presente, los comentarios al respecto son abundantes y se nos comenta que en la zona centro y en las mejores calles, situadas en las proximidades, estaban vedadas a los habitantes lituanos, impidiéndoles incluso poner negocios en ellas, por lo que tenían estas zonas de la ciudad en exclusiva para vivir o negociar los alemanes.
La empedrada plaza del Teatro, donde hoy se sitúan algunos puestos ambulantes de venta de manualidades y recuerdos, está presidida por el edificio del teatro de la ciudad, y según nos contaron, en el balcón central se asomó Hitler para dirigirse a sus compatriotas en la época de la ocupación, Desde que se liberó la nación, este balcón está sólidamente tabicado en señal de querer enterrar o bloquear la historia para que no se vuelva a repetir nunca mas.
Dada por terminada la visita a la parte del centro de Klaipeda, nos incorporamos al autocar para dirigirnos a la próxima ciudad de Palanga, de marcado carácter turístico situada en la costa báltica.
En la partida pasamos por la parte moderna de la ciudad, calles de moderno trazado y jardines muy cuidados.
En poco tiempo llegamos a una glorieta de Palanga desde la que iniciamos un agradable paseo por una calle peatonal muy frecuentada por turistas y que está ocupada a ambos lados, por restaurantes, tiendas y entretenimientos, y que conduce al mar.
Las playas son de arenas finas y algunas personas disfrutan de estos días de verano en el mar, aunque hace bastante aire y el agua está un poco movida.
Al final de la calle comienza una zona en la que el pavimento de hace de madera y empieza a adentrarse en la arena, comenzando así un largo muelle que aparece ante nuestros ojos al subir un pequeño montículo de duelas de madera. Este muelle se adentra en el mar unos 500 metros, dicen que es el mayor que existe, y desde el que parece que uno está dentro del mar, pues se aprecia bastante la distancia a la costa cuando se ha recorrido la mayor parte del muelle. Popularmente es llamado Puente del Mar.
Tras el largo paseo y tomar un refrigerio en un café situado en la calle peatonal, nos trasladamos en autocar al Jardín Botánico que posee mas de 200 especies de árboles y arbustos, estando en floración muchas plantas que adornan con sus vivos colores, los parterres y glorietas del parque.
Ante una escultura de bronce, nuestra guía nos cuenta una historia de la mitología de esta ciudad, y seguimos paseando hasta el Palacio de los condes Tiskevicius, de estilo neorrenacentista, y donde se encuentra ubicado el Museo del Ámbar que ocupa 15 salas donde están expuestas 4.500 piezas de ámbar, muchas de las cuales pueden ser observadas mediante una lupa situada ante la misma, pudiéndose ver los insectos atrapados en su interior.
Se encuentra expuesta la pieza de ámbar mayor que se ha encontrado, tiene un peso de mas de 3.500 gr.
También hay tableros con gráficos y explicaciones de los procesos de formación de esta materia, así como su localización geográfica y muestras de los distintos tipos dependiendo de la región o país de procedencia.
Tras la visita, el autocar nos conduce al muelle de Klaipeda para regresar a nuestro barco, pues nos espera una recepción del Capitán del mismo y presentarnos a los responsables de los distintos departamentos que hacen que todo marche correctamente en el crucero, mientras brindamos con una copa de champagne antes de pasar al comedor para tener una agradable cena de gala.
Mientras el barco deja el puerto y se dirige a mar abierto para navegar toda la noche rumbo al nuevo destino, tomamos unas copas en la discoteca y descansamos para estar dispuestos a disfrutar de las excursiones del día siguiente.
COINCIDENCIAS:
En nuestro paseo hacia la playa, en Palanca, cuando una parte del grupo se reunía mirando algún punto de interés, se nos dirigió una señora preguntándonos si nos conocíamos, por su tono de voz sabíamos que era de nuestra ciudad, por lo que le preguntamos si vivía en nuestra zona, el centro, pero no, vivía a unos 10 Km. Pero afirmó que trabajó en el centro, en un colegio al que yo asistí de joven, y mi hija estuvo unos meses cuando tenía 3 años, por lo que hablando pudimos saber de que se trataba de la profesora de la clase contigua donde estuvo mi hija, hace 17 años, y nos reconoció en una calle a mas de dos mil Km. de distancia, y a 17 años en el tiempo.
Así sentí Lituania, así sentí Klaipeda
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AUTOR: José Enrique González Palma
26 Sep 2008
Polonia, impresiones de un Pais. Gdynia
Polonia, impresiones de un País. Gdynia
La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización
AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)
Agosto
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Polonia es un país que ha sufrido numerosas ocupaciones y que desde 1.918 es independiente, aunque sus fronteras fueran modificadas con la Segunda Guerra Mundial.
Su población supera los 38 millones de habitantes, y entre sus ciudades mayores, figura Gdynia, que tiene unos 260.000 habitantes, y de la que partimos para recorrer unos 30 Km. para llegar a la ciudad de Gdansk.
La historia de Gdansk se remonta a unos 1.000 años, por lo que aún conserva edificios de gran porte y monumentos góticos y barrocos, especialmente en la llamada “Ciudad Vieja” a la que se accede por un arco ornamental llamado “Goleen Gate”, que permite el paso a través de las murallas medievales que la defendían.
Importantes son los edificios del Ayuntamiento y del palacio de Artus, construido en el S. XV.
Esta ciudad también es muy conocida por fundarse por Lech Wałęsa en los astilleros Lenin, el difundido sindicato Solidaridad. Posteriormente el fundador llegó a ser Presidente de la nación.
Cuando cruzamos el espectacular arco, después de mirar como hacían puenting desde una altísima grúa sobre el río Motlawa, comenzamos a pasear por la Long Street, concurrida por miles de personas, y llena de comercios y puestecillos que le confieren un ambiente festivo y relajado, y es una zona peatonal muy interesante también por los edificios y monumentos que en ella hay.
Aunque la temperatura no es alta, las gentes hacen largas colas para comprar helados, pues sólo los ven por un corto periodo de tiempo.
Los cafés sacan sus mesas al aire libre en esta época, y están todos llenos de público que goza del ambiente y de la luz natural.
Los puestecillos mayoritariamente venden productos naturales realizados en madera, mimbre, etc. Y nos llama la atención enormes cajas de madera con cerillas gigantes de unos 30 cm. cada una de longitud.
Un dulce olor a vainilla nos llega desde uno de los puestos ambulantes que hacía gofres, intentamos comunicarnos con la chica pastelera pero era muy difícil hacernos entender, consiguiendo pactar el pagar con euros aunque no conseguimos que nos entendiera los componentes que deseábamos, a pesar de lo cual, nos resultó exquisito y muy particular.
Mi hija tiene como afición, entre otras muchas, el adquirir latas de coca cola poco habituales en nuestro país, escritas en el idioma del lugar de compra, como curiosidad las tiene en árabe, chino, ruso, turco, etc. por lo que intentamos buscar una en polaco.
Solo encontrábamos botellas por más que preguntábamos, hasta que en una especie de pastelería, las tenían. Pedimos una pero solo nos podían cobrar en moneda local (Zloty), por lo que desistimos y nos marchábamos, ante lo cual, para no perder una venta, accedieron a cobrarnos en euros. Ahora ya luce en la estantería de recuerdos.
Caminando nos encontramos con la conocida fuente de Neptuno, realizada con esculturas en bronce y que fue el símbolo de la ciudad en época de la liga de los países Anseáticos.
En esta zona de la Ciudad vieja, se encuentra la Iglesia de St. Mary que, según nos informaron, el la iglesia medieval de estilo gótico mayor del mundo construida con ladrillos, aunque no se si es posible que yo ya conozca la gran cantidad de cosas únicas o mayores del mundo, pues en casi todos sitios pretenden ser originales, desconociendo su certeza.
La edificación se prolongó durante 159 años y ahora contiene en su interior un reloj astronómico que data del siglo XV, en el que se reflejan incluso el santoral.
Muy importante es la catedral de la Oliwa, construida sobre las ruinas de un antiguo monasterio, y donde se hizo un órgano único compuesto de casi 8.000 tubos de metal y madera, y que hoy constituye una de las atracciones más populares.
Muy visitado es el castillo gótico de Malbork por ser de los mas importantes de Polonia y su construcción se llevó a cabo en época de los caballeros Teutones, allá por el año 1.274, y posee unas magníficas murallas defensivas, torres y laberintos de cámaras y mazmorras.
En su interior podemos disfrutar de colecciones de piezas de ámbar, esculturas o cerámica.
A la salida de la zona antigua, visitamos un museo y tienda de ventas de ámbar, preciada sustancia que es definida como: “El ámbar es una sustancia dura, liviana y quebradiza. Se forma de una resina vegetal residual de algunos árboles que data de hace 25 a 40 millones de años y que con el tiempo sufrió un proceso de fosilización formando masas irregulares y extensas dentro de los estratos de arenisca y pizarras arcillosas de la edad terciaria”.
Actualmente es utilizada en joyería y los hay de diferentes colores que van desde el mas claro, que es el mas antiguo y escaso, pudiendo tener unos 40 a 50 millones de años, hasta los acaramelados mas jóvenes, que suelen tener entre 20 o 25 millones de años.
Como complemento a la venta de piezas con ámbar en esta tienda-museo, se nos hace una demostración de autenticidad introduciendo en agua piezas falsas y autenticas, flotando las autenticas por su contenido en burbujas de aire captado en su interior, aunque por otros conductos nos informaron que las pruebas no son concluyentes.
C O I N C I D E N C I A S:
Durante el paseo por la calle peatonal, Long Street, concurrida y recorrida por miles de personas, nos deja perplejos oír una voz con tono andaluz: ¡ Pero tú ¿Qué haces aquí? !
Sorprendidos miramos y se trataba de una compañera de trabajo, cuyo puesto de trabajo está en la misma planta y a escasos metros del mío, y que solo nos vemos para cosas muy concretas y esporádicas y ahora, nos encontrábamos paseando por una calle de Polonia.
Nos saludamos efusivamente y, casualmente, hacíamos el mismo crucero, aunque nunca nos vimos ni coincidimos otra vez en el barco.
Así sentí Polonia
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AUTOR: José Enrique González Palma
21 Sep 2008
Dinamarca, impresiones de un pais. Copenhague
Dinamarca, impresiones de un País. Copenhague
Impresiones de un lugar que no conocí.
La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com) Agosto
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El inicio de nuestro crucero por el mar Báltico comenzó con la llegada al aeropuerto de Copenhague, de moderno diseño en acero y cristal, donde un llamativo anuncio con letras de neón nos da la bienvenida a la primera ciudad que debemos conocer pero, debido al horario, nos trasladan en directo al gran crucero que espera en el puerto, dándonos la oportunidad de ver este lugar desde el autocar, en su trayecto hacia el puerto, y por los folletos de las excursiones propuestas, aunque esta es imposible de realizar.
Gracias a esta impecable programación y a las informaciones facilitadas, quedé enterado de que Copenhague es la llamada Joya de Dinamarca, es muy diferente de otras ciudades europeas, acogedora y con gentes abiertas tiene una historia muy antigua, ya que fue fundada alrededor del año 1.000, habiendo indicios de asentamientos en la zona desde el 4.000 A.C.
Esta ciudad de dos millones de habitantes es la capital de Dinamarca desde principios del siglo XV, y está surcada por multitud de canales que la han hecho acreedora del sobre nombre de “Venecia del Norte”.
La climatología es muy dura en invierno por las bajas temperaturas y por la falta de luz natural, pues el sol deja ver su luz, los días despejados, solo unas horas hasta el mediodía, quedando el resto del día en la oscuridad, lo que no afecta a las distintas actividades ni horarios comerciales, pero si afecta a multitud de personal, cuyos ánimos decaen por la carencia de luz natural.
En verano el ambiente es festivo, la zona próxima al puerto está llena de personas paseando, leyendo, comprando en las muchas tiendecitas que están en la zona, hablando en grupos y sentadas en los veladores situados en la calle de múltiples barecitos instalados en la zona peatonal.
Las temperaturas en verano invitan a pasear por los jardines y por las atractivas calles, llenas de comercios y de personas tomando el sol. También es muy común el salir con el barco o la motora, que la mayoría de las personas de esta ciudad poseen.
Por la mañana amanece muy temprano, prolongándose el día incluso hasta las 10,30 de la noche, hora en que ya muchos restaurantes han cerrado aún haciendo sol, por lo que es frecuente cenar con luz natural.
El nivel de vida de los Países Nórdicos es bastante alto, por lo que los precios son caros para nuestras economías, aunque están compensados disfrutando de ciertos servicios sociales, muchos de ellos servicios caros para nosotros, que son insignificantes o de coste mínimo, para los salarios que perciben.
En la ciudad, en época estival, se ha fomentado el uso de las bicicletas para los desplazamientos por el centro o los recorridos turísticos, evitándose la saturación del tráfico con los innumerables coches que la visitan, cosa que se ha conseguido gracias a los bajos coste del alquiler de estos vehículos y a las facilidades para su uso y aparcamiento.
Uno de los primeros lugares que se suele visitar, es donde se encuentra la famosa Sirenita, pequeña escultura sentada sobre una roca, al borde del mar, y que está inspirada en los cuentos de Andersen, archiconocido escritor famoso por sus cuentos que vivió parte de su vida en Copenhague, y que terminó el que inspiró este símbolo, de forma que no le gusta a la mayoría, por la tristeza de su final.
Otro de los lugares que mas llama la atención al público que visita esta ciudad, es el Bar de Hielo (situado en el interior de un moderno hotel), por su originalidad, pues todo, todo esta hecho de hielo, paredes, asientos, decoración e incluso los vasos.
Para visitarlo es necesario ponerse una especie de capa y unos guantes, para evitar enfriamientos durante los 25 minutos máximo que se puede estar dentro de él.
En los vasos de hielo se puede degustar cualquier tipo de combinado, pero es una de sus bebidas mas famosas el vodka Absolut, todo ello en in ambiente a 5 grados bajo cero.
Copenhague es una ciudad llena de riquezas artísticas, exposiciones, museos, edificios de gran porte y palacios, siendo interesante visitar el Teatro Real, el Ayuntamiento, el Palacio Amalienburg, que es actualmente la residencia real, y que está compuesto por cuatro pabellones de estilo rococó, los cuales impresionan por la riqueza de la decoración y por la perfecta conservación.
Llamativo es el edificio de la antigua Bolsa, situado próximo al Parlamento y a la Nueva Biblioteca, en el islote de Slotsholmen. El edificio fue construido por un arquitecto de origen flamenco, que lo realizó en piedras y ladrillos, con cubierta de cobre que pronto se mimetizó con las del resto de la ciudad, tomando el característico color verde. Se divisa desde multitud de lugares de la ciudad, debido a su alta y particular torre en espiral, que es una aguja de 54 metros de alta formada por cuatro colas de dragón estrelazadas.
En el parque de la Ciudadela, se encuentra la conocida fuente de Gefión, representativa de la mitología local.
Muy visitado es el parque de atracciones Tivoli, uno de los mas antiguos del mundo, pues ha cumplido ya 164 años, estando lleno de atracciones, pequeños bares, cafés, música, etc. conservando el encanto de la época de construcción y situado próximo al Ayuntamiento y la estación Central. Curioso es el lema por el que, se dice, se construyó: Cuando un pueblo se divierte, no piensa en política.
Referente a la ingeniería actual y a la utilización de los últimos avances técnicos, no podemos pasar por alto la gran obra por la que quedan conectadas Dinamarca y Suecia, desde Copenhague hasta Malmö, mediante un puente-túnel sobre y bajo las aguas, pues está constituido por un puente que se adentra en el mar por el que circulan vehículos y trenes hasta una isla artificial en la que, aparentemente, desaparecen en el mar, pues comienza el largo tramo de túnel subacuatico integrado por 20 tramos de 176 metros cada uno y 38,60 m. de ancho.
El ensamblaje de estos tramos se realizó situándolos a cada uno en su sitio mediante GPS, sellándose posteriormente por un equipo de submarinistas, y procediéndose posteriormente a la extracción del agua contenida para su desecación u utilización.
Parte de estas estructuras, los 49 tableros que constituyen la totalidad de los vanos de aproximación al puente, fueron construidos en Andalucía, al Sur de España, concretamente en Puerto Real (Cádiz), siendo transportados por vía marítima hasta Suecia.
Con esta obra, tanto los coches como el ferrocarril, pasan bajo el agua en un tramo de unos 4 Kms. y, sobre el túnel, pasa un intenso tráfico de grandes buques, cargueros o cruceros, día y noche, bordeando el mayor parque eólico construido hasta la actualidad.
El parque eólico está construido en el mar abierto, llamado Horns Rev y compuesto por 80 torres que tienen una altura de 110 metros.
Los rotores giran impulsados por tres aspas gigantescas de 30 metros cada una, y que fueron ensambladas en tierra al rotor y transportadas en un ingenio especial hasta el punto de cada torre, para allí ser elevados hasta su punto de fijación.
El espectáculo de estas grandes obras, pasa ante nuestros ojos cuando nuestro crucero abandona el puerto de Copenhague, siguiendo los pasos del crucero Lírica, con rumbo paralelo al inmenso parque eólico, con el rojizo sol ocultándose por el horizonte en el momento en el que pasamos sobre el gran túnel subacuatico, mientras miramos en la lejanía cómo las luces de los vehículos que circulan por el tramo de puente marino, desaparecen en el mar, mientras las enormes aspas de los generadores giran sin cesar a la luz del atardecer.
COINCIDENCIAS:
A nuestra llegada al crucero nos recibieron y acompañaron al camarote y, tras acomodarnos, realizamos las gestiones de inscripción, registro de tarjeta, etc. nos dirigimos a la cubierta 9º para descansar tomando un café y admirar el paisaje.
Al instante de sentarnos, un gran crucero inicia su marcha desde un muelle próximo, miramos y reconocimos que se trataba del Lírica de la compañía MSC, en el que habíamos realizado el primer y mejor crucero hasta hoy, partiendo desde Venecia hasta Turquía, y ahora volvíamos a verlo en un lugar tan lejano. Nostálgicos recuerdos y experiencias se nos vienen a nuestras mentes, mientras lo vemos partir lentamente rumbo al Báltico, ante nuestra sorpresa y admiración.
Así sentí Copenhague.
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AUTOR: José Enrique González Palma
14 Sep 2008
India, impresiones de un País. Delhi. Parte I
India, impresiones de un Pais.
Delhi.
Parte 1
Agosto 1.983.
AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)
La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización.
Hace mucho calor, hoy es 19 de julio de 1.983 y, como premio a la constancia y a la ilusión mantenida, comienza a realizarse un sueño proyectado hace unos cinco años atrás.
Oriente siempre nos atrajo. Su lejanía avivaba el exotismo de sus costumbres, sus gentes, sus exuberantes paisajes, sus encantadores de serpientes, sus profundos y pensativos lamas y el impactante color de sus vestimentas.
Sobre el mediodía empezamos desplazándonos hacía Madrid en un tren Talgo en el que nos liberamos de las altas temperaturas reinantes en el Sur. Nos redituamos por habernos asignados asientos distantes, consiguiéndolo gracias a la amabilidad de los pasajeros, pues necesitábamos compartir nuestro proyecto y empezar a gozar con las expectativas del apasionante viaje.
Aprovechamos para reponer fuerzas almorzando, tras lo cual descansamos hasta la llegada a la estación de Atocha, donde nos volvió a sorprender un fuerte calor que humedeció instantáneamente nuestras ropas mientras buscábamos con nuestras miradas entre la multitud que se agolpaba a la salida, a unos amigos que no aparecieron.
Nos dirigimos en taxis a nuestro hotel, Clarige, desde donde localizamos a los amigos referidos, y nos citamos para el día siguiente. La cena fue acompañada de un sinfín de comentarios sobre la programación, aparte de unas grandes copas de fría cerveza que nos ayudó a hacer mas corta la espera para partir.
El desayuno junto a los amigos se compuso de horchata, tartas de manzanas, pastelitos, tostadas y café, tras el cual nos llevaron, atravesando Madrid, hasta la zona de salidas internacionales del aeropuerto, donde buscamos al representante de la mayorista de viajes que nos facilitó los billetes y demás documentación, así como unas bolsas de viaje con el anagrama de la compañía. Fuimos presentados a un señor de rubias barbas y aspecto corpulento llamado Juan que fue el guía que nos acompañó todo el recorrido.
Facturamos dos maletas y nos quedamos con las mochilas de mano para llevar lo mas personal, y conocimos al resto de las personas que realizarían el viaje con nosotros, nueve procedentes de Zaragoza, un chico de Vitoria y un andaluz residente en Barcelona.
Esperamos impacientes la hora de embarque, comentando con otras personas que habían realizado el viaje anteriormente, esos pequeños detalles tan importantes a la hora de desenvolverse en otras culturas y costumbres tan desconocidas. A las 13,30 nos anuncian el embarque del vuelo LH-163 con destino a Frankfurt para lo que accedimos a través de los pertinentes controles para tomar nuestros asientos y partir puntualmente a las 14 horas.
Nos sirven el almuerzo que nos gusta, pues incluye salmón ahumado que es de nuestra preferencia y lo acompañamos con cerveza y terminamos un caliente té mientras vemos a nuestros pies unos impresionantes picos nevados y, al poco tiempo, una gran ciudad , multitud de lagos de cristalinas aguas, grandes zonas verdes, etc. Volamos sobre Suiza.
En poco tiempo, se suceden las grandes masas verdes de bosques de
El aeropuerto es de unas dimensiones colosales, lleno de pasillos mecánicos, pantallas de información, ordenadores para uso público donde, con relativa facilidad, se puede consultar las incidencias de cualquier vuelo. Nos tenemos que desplazar a otro punto para localizar el próximo vuelo, lo que nos lleva unos 40 minutos de pasillos y escaleras mecánicas hasta llegar a unas grandes salas cercanas a la puerta de embarque, donde esperamos en cómodos sillones dejando que el fresco de los aires acondicionados nos relajen y hagan mas llevadera la espera de la partida de nuestro vuelo LH-694 que partirá a las 17,35 con destino a Bombay, y después hacia Delhi. Visitamos algunas tiendas y tomamos unos refrescos hasta que, por fin, accedemos a un gran avión dividido en tres zonas y con nueve asientos por fila y dos pasillos, teniendo una pantalla de proyección de cine, en cada zona. Las plazas son cómodas, algo reclinables y con los mandos correspondientes para sonido de pantallas, música, luz para lectura, aire acondicionado, etc.
Tras el despegue, nos entregan unas suaves mantas y, al poco, unas apetitosas bandejas de comida en las que se empieza a aparecer un toque del exotismo de nuestro lugar de destino.
Nuestros relojes, aún con nuestro horario, marcan las 19,30 y observamos que ya es de noche cerrada debido a que viajamos a
A las 0,30 el movimiento de las azafatas con los carros de distribución nos despierta y nos entregan una bandeja con salchichón, queso, paleta cocida, macedonia de frutas con yogur y miel, bollo de leche con mantequilla, mermelada, pan especial y normal, zumo de frutas y café ¡no está nada mal!
A las 2,30 comienza a amanecer, que corresponde a la hora local de las 6,30 de la mañana.
Mas tarde, el avión comienza a descender lentamente hasta aterrizar en una inmensa ciudad, Bombay, tocando así tierra Hindú por primera vez, apreciándose una elevadísima temperatura y una gran humedad ambiente que dificulta la función de respirar. Hacemos una escala técnica hasta las 9,30 que parte el vuelo IC-185 con destino a la legendaria Delhi, siendo éste vuelo agradable tras unas dos horas de trayecto, que nos pone algo nerviosos por tratarse de la etapa última para nuestro primer destino.
A la salida, un fuerte golpe de aire extremadamente caliente nos llama la atención y nos hace sudar, pensamos que se trataba del aire expulsado por los reactores del avión, pero, en realidad, era la temperatura local acompañada de una fina y templada llovizna que elevaba el grado de humedad y potenciaba el fuerte calor de la estación de las lluvias.
Recogimos nuestros equipajes, pasamos los controles pertinentes y los trámites de aduana y tomamos el autocar que nos esperaba para, atravesando la inmensa Ciudad, dirigirnos a nuestro hotel.
En el trayecto nuestros ojos no daban crédito a lo que veían, mirando aquí y allá, percibiendo una especial luz única de esta Ciudad y oyendo los graznidos de los numerosos grupos de cuervos que se desplazaban al amanecer.
Los núcleos de chabolas se sucedían entre zonas con bloques de 3 o 4 plantas cubiertos de moho y rodeados de ropas tendidas.
Grandes carteleras acompañaban el trayecto anunciando películas con jóvenes muy pintadas. Atravesamos zonas constituidas por tenderetes llenos de gentes con coloridas ropas que se movían de uno a otro lado comprando y vendiendo.
El hotel nos impactó por tratarse de un gran palacio al que accedimos a través de sus cuidados jardines y al que esperábamos llegar para descansar del largo viaje, y librarnos de las mojadas vestimentas.
El hotel presenta en su entrada un gran porche y se encuentra instalado en un anterior palacio acondicionado lujosamente con grandes salones, columnas, mármoles y muchas alfombras de vivos colores. En su entrada nos reciben unos engalanados porteros con turbantes rojos, vestimenta blanca inmaculada, largo pelo y bigotes recogidos bajo los turbantes, y un largo palo colgado de la cintura, como arma de defensa.
Tras relajarnos por el fresco de los acondicionadores, recogimos las llaves de nuestra habitación y, atravesando un largo pasillo, disfrutamos mirando las tiendas especializadas en marfiles, sedas, joyas, etc. Hasta llegar a la puerta de la habitación situada en la planta baja, y en la que un hindú esperaba nuestra llegada para facilitarnos el acceso, proporcionarnos las maletas, destaparnos las inmensas camas y dejarnos un termo con agua hervida muy fría.
La habitación con una superficie de unos
Nos duchamos y quedamos exhaustos sobre las camas hasta que despertamos algo más descansados y dispuestos a tomar el primer contacto con nuestro nuevo y extraño entorno.
En un gran salón con una artística montera de cristal, y rodeado de esbeltas columnas, nos reunimos con parte del grupo y comentamos nuestras impresiones referentes al hotel, el camino y las informaciones que teníamos cada uno, todo hasta la temprana hora de la cena, la cual debíamos respetar para aclimatarnos a los horarios y costumbres que habrían de regir los siguientes 23 días.
El restaurante, con grandes sillones de mimbre blanco, estaba servido por multitud de camareros vestidos con blancas ropas, y fajines y tocados de llamativos colores, que, al instante de ofrecernos la carta, nos tomaron nota de la cena. Pedimos tres platos de comida típica india, uno de ternera con curry de Madrás, vegetales a la Reina, compuesto por la mezcla de varios cereales guisados junto a algunas semillas desconocidas por nosotros, y unas gambas al tondoori, que se trata de un horno de leña realizado mediante la introducción de una tinaja de barro, de grandes dimensiones, bajo tierra.
Unas cervezas indias de medio litro, frescas, de poco sabor pero muy caras, mitigaron el picante de los alimentos, y unos postres a base de piña natural y papaya con limón cerraron nuestra primera cena en Delhi.
Nos llama la atención la labor de cortar el césped de los jardines que se contemplan a través de las grandes cristaleras del restaurante, pues lo hacen con una máquina corta césped, pero tirada por cuatro hombres y uno detrás guiando el aparato. Posteriormente nos aclararon que con este sistema el coste era inferior a adquirir combustible para el motor.
La sobremesa, junto a un par de personas del grupo con las que intercambiábamos impresiones, estuvo acompañada de un excelente té indio, fresco y con mucho y exótico sabor, servido en tetera de plata, a juego con toda la cubertería que, igualmente, era una obra de arte finamente repujada y de gran tamaño y peso.
En esta relajada reunión, acordamos unas 8 o 9 personas, dar un paseo ya que, nuestro guía indio, perteneciente a la religión de los Sick, se ofreció a enseñarnos un templo que tiene una gran cúpula dorada, perteneciente a esta religión, también pensamos que era buena idea el pasear y sentir algo de fresco natural y no de los acondicionadores.
El joven guía era calificado de Sick Mona, pues los sick tradicionales nunca se cortan el pelo de por vida de ninguna parte del cuerpo, por lo que, tanto sus bigotes como sus barbas, recogidos en trenzas, pasan bajo el mentón de izquierda a derecha y al revés, hasta la parte superior de la cabeza, donde se anudan alrededor del moño formado por los largos cabellos así recogidos.
Decidimos la salida y recorrimos los alfombrados pasillos del lujoso palacio hacia la puerta, donde unos porteros con llamativos turbantes rojos, nos facilitaron el paso al exterior, a la India.
Sunil, el guía indio, poseía un robusto auto de fabricación rusa, con un potente motor y brillante pintura negra, modelo casi exclusivo en toda India, aunque existen tres versiones del mismo, con diferentes tamaños.
Cuatro componentes del grupo subieron con Sunil, para dirigirse al gran templo, que ya nos llamó la atención al paso del autocar hacia el hotel, a la llegada. Los cinco restantes comenzamos a caminar respirando un ardiente aire, a pesar de ser mas de media noche, conversando sobre el extremo clima de aquellas latitudes. Las calles solitarias iluminadas muy tenuemente, realzaban el oscuro cielo y nos hacía respirar un ambiente de calma y tranquilidad.
Unos potentes faros de un vehículo, nos deslumbró y nos hizo parar. Se trataba de Sunil que, gentilmente, había vuelto en nuestro encuentro para evitarnos el desplazamiento a pié. Nos apretamos para acomodarnos todos en el coche que, rápidamente se adentró en las oscuras y solitarias calles de Delhi.
Nos encontramos en una zona residencial, algo a las afuera del centro y donde abundan los hoteles y algunos chales de claro estilo inglés.
En poco tiempo llegamos para reunirnos con el resto del grupo que nos esperaban al final de una calle sin salida, bajamos del coche y, sorteando innumerables charcos provocados por las intensas y templadas lluvias, sentimos cómo algo saltaba a nuestros pies golpeando nuestras piernas. Eran ranas que abundaban en aquel cálido ambiente de fuertes temperaturas y alta humedad.
Todos juntos nos dirigimos, tras Sunil, hacia el final de la oscura calle que nos conduciría a la entrada al Gran Templo Sick. Subimos unos escalones y quedamos perplejos. Ante nuestros ojos apareció una gran explanada de mármol blanco inmaculado, formando láminas de agua donde se reflejaban los blancos y altos minaretes. Con un gesto, Sunil nos indica que debemos descalzarnos, y así lo hacemos sintiendo el fuerte calor acumulado en el mármol, quedando sorprendidos al contemplar que, unas mil personas yacían sobre el pavimento. Niños, ancianos y algunas mujeres dormían sobre el mármol formando una masa humana, entre quejidos y lamentos, o tal vez plegarias y súplicas, sin apenas ropas, tal vez esperando la muerte, tal vez soñando un futuro mejor, con el único objetivo de satisfacer sus necesidades mediante unas bolitas dulces que, a diario, les ofrecían los generosos sick.
Pasamos entre los cuerpos hasta la entrada al templo, donde varios hindúes, ricamente vestidos, fregaban las columnas recubiertas de azulejos muy artísticos. Se trataba de feligreses que, de esa forma, mostraban su humildad y sumisión ante su Dios. Entramos bastantes cohibidos, a la vez que sobrecogidos y respetuosos dirigiéndonos hasta lo que nos pareció el altar mayor, donde una imagen, junto a algunos elementos simbólicos, lucían iluminados por multitud de velas.
Sunil nos explicó algunos aspectos de la divinidad y, al preguntarle por la utilización de una lujosa habitación, con cortinas de seda pintadas a mano, iluminada con una tenue y parpadeante luz interior, nos aclaró la imposibilidad de visitar esa estancia, ya que su Dios dormía en ese momento, en su morada. La explicación nos sorprendió enormemente, pero nuestra admiración ocultó nuestros pensamientos.
Contemplamos bellas pinturas realizadas en los muros y, ya en el exterior, vimos cómo se recortaba en el oscuro cielo de la noche en Delhi, una gran cúpula recubierta de oro que reflejaba la escasa luz ambiente con matices dorados, y que da nombre a este conocido templo.
Acordamos tomar unos helados que calmaran el sofocante calor, para lo que nos volvimos a dividir en dos grupos, uno acompañaron a Sunil, y otros tomamos un taxi, es este caso se trataba de un motocarro preparado para el transporte de pasajeros, aquí llamados tuk tuk.
Regateamos largo rato el precio del trayecto hasta llegar a un acuerdo y, subiendo al rudimentario transporte, nos dirigimos entre un fuerte ruido del motor y el aire caliente que golpeaba nuestras caras, hacia La Puerta de la India, monumento en el que se encuentran esculpidos los nombres de los caídos en la segunda guerra mundial, y contra Pakistán.
El monumento es de grandiosas dimensiones y se encuentra esculpido con los nombres de los caídos antes citados, en su totalidad, y está custodiado día y noche, por un cuerpo de soldados que hacen guardia ininterrumpidamente.
En las proximidades, unos toscos carritos vendían helados, unos “polos” de fabricación casera que no ofrecían seguridad higiénica ninguna, pero el sofocante calor nos hizo sucumbir y compramos varios, algunos con sabor a mango, que nos refrescaron evitando que se agrietaran nuestras gargantas.
El regreso lo organizamos en dos tuk tuk que nos costaron menos tiempo de regateo, al tener la referencia de la ida. A buena velocidad y percibiendo el calor del motor y del aire en nuestros sudados cuerpos, recorrimos el oscuro camino de regreso, bien agarrados a las finas y sucias barras de hierro del primitivo taxi con asientos plastificados.
Llegamos al hotel, pagamos los taxis y nos despedimos de Sunil hasta dentro de unas horas, pues nos acompañaría a las visitas programadas. Recorrimos los alfombrados pasillos hasta entrar en la fresca estancia y, tras tomar una reparadora ducha, caímos exhaustos en las grandes camas que nos esperaban destapadas con mimo por los empleados.
Al poco tiempo, al menos eso nos pareció, el suave pero incansable e intermitente sonido del despertador, nos hizo reconocer un impresionante ruido de pájaros exóticos que penetraba a través de una gran ventana, que daba a un espléndido jardín de verdes y húmedas plantas de anchas hojas, sobre las que se oía el monótono gotear del agua que las regaba. En pocos minutos sonó el extraño tono del teléfono, avisándonos en ingles, la hora de levantarnos.
Eran las seis de la mañana, el sol brillaba ya desde hacía algún tiempo y, tras arreglarnos, nos dirigimos al suntuoso comedor donde nos ofrecieron un buen desayuno con tostadas, mantequilla de muy buena calidad y sabor, servida en unos recipientes de plata, muy repujados, con doble fondo de cristal donde había hielo picado para mantener la forma de las hojas formadas con la mantequilla, varias mermeladas de frutas exóticas, te o café, algún pastel y zumos naturales de naranja y piña.
Nos reunimos con el grupo y, en la puerta del hotel junto al engalanado portero, subimos a un autocar con fuerte aire acondicionado, conducido por un sick, y donde nos esperaba ya Sunil, nuestro guía hindú, dispuesto a acompañarnos en las próximas visitas.
Juan, nuestro acompañante y guía en todo el viaje, organizó las visitas junto a Sunil y, al momento partimos, llenos de ilusión y con los ojos bien abiertos.
Salimos cruzando los jardines del hotel y empezamos a circular hacia Nueva Delhi, pasando por calles repletas de bicicletas que circulaban en todas las direcciones, esquivando los rickshaws que son unos precarios taxis tirados con una bicicleta, siendo muy abundantes porque son mas baratos o a los tuk tuk (motocarros taxis), y bordeando a las vacas que, con frecuencia, se echan en las calzadas, pasando por lo escasos semáforos independientemente del color en que estuviesen, viviendo intranquilos este aparente caos, incomprensible para nuestros comportamientos, pero que no produce en esta caótica circulación, atascos o accidentes frecuentes.
Durante el trayecto no vimos señales de tráfico, estando las calles ocupadas por miles de personas en todas direcciones, repletas de vida y color aportado por las sedas de los llamativos y coloristas saris, seda de unos
Atravesamos una zona de mercado, donde los hindúes, sentados en el suelo tras grandes cesta de mimbre, intentaban vender a toda costa sus géneros. En las grandes cestas se presentaban frutas frescas, exóticas, de grandes tamaño, de variados colores, entre las que reconocíamos las papayas, mangos, plátanos y pocas más.
El otro tramo del recorrido, nos fijamos en unas pequeñas habitaciones elevadas del suelo, construidas en madera, con unas medidas de tan solo unos 2 x
Algunos vendían sedas estampadas a mano, otros se dedicaban a los cacharros propios de las cocinas, algunos presentaban una cruz roja pintada sobre la madera y se dedicaban a la venta de medicamentos, cumpliendo además la función de consulta médica normalmente realizada por un curandero ataviado con un pobre kurta de algodón blanco y, sobre sus mejillas, algunos trazos de colores cuyo significado no llegamos a entender, rodeados de montones de hojas, algunas secas y otras verdes que son usadas como envoltorio de pequeñas ligas de diversas especies escogidas según la enfermedad de cada paciente, sobre los tableros, con funciones de estanterías, resaltaban botes con líquidos de diferentes y llamativos colores, a modo de jarabes .
Otros hindúes estaban dedicados a escribir cartas o documentos por pequeñas cantidades de dinero, y también, a las consultas jurídicas, por especialistas en el tema.
Recorrimos bastantes lugares de Delhi, entre ellos algunos impresionantes templos, y en los desplazamientos nos cruzamos con faquires, hipnotizadores de serpientes, levitadores o yoguis callejeros.
A media mañana, todo el grupo nos reunimos y fotografiamos, ante un monumento funerario a Mahatma Ganghi, en el que se conservan parte de sus cenizas , y desde donde partieron diversas porciones de ellas para ser arrojadas en los principales ríos de la Tierra, menos en uno, no recuerdo cual, pero se comenta que el asesino del Mahatma pidió que sus cenizas al ser incinerado, fueran esparcidas en este río.
En los jardines que rodean el histórico monumento, entre el césped y los árboles de achoka, corretean multitud de diminutas ardillas, del tamaño de un pajarillo, buscando la sombra de las grandes hojas que las proteja del intenso calor que agota nuestras fuerzas y adormece nuestros sentidos, pues ni a la sombra se encuentra alivio y hasta el aire que respiramos molesta nuestros pulmones por su elevada temperatura.
A la vuelta al autocar, estremecimos al choque de temperatura del intenso aire acondicionado, nos acomodamos y partimos para realizar una interesante visita al llamado Fuerte Rojo nombre adquirido por el color de la tierra de la que están compuestos sus adobes que forman una robusta muralla para proteger todo el recinto, cuyo uso actual incluye un gran bazar compuesto por multitud de pequeños comercios en los que se venden las mas variadas mercancías, desde finas y elegantes sedas, hasta cuadros, teteras o artículos de alimentación.
En el camino, las calles están repletas de gentes, vacas, motocarros, taxis, bicicletas, peatones y los conocidos rickshaws que se entremezclan sin concierto aparente, y que producen una sensación de caos de la que parece imposible que la circulación siga su flujo y que nuestro autocar avance entre la maraña que ocupa la totalidad de la calzada.
En los tramos que atravesamos por zonas verdes o jardines, se veían frecuentemente unas grandes madejas de algodón, inmaculado, prendidas de los salientes de las verjas, para que se secaran bajo el abrasante sol.
En treinta minutos llegamos ante las grandes puertas de acceso al Fuerte, descendemos y nos rodean y acompañan una multitud de niños y otros vendedores, incansables, que nos ofrecen las mas variadas mercancías, mientras miramos a un grupo de mujeres hindúes ataviadas con los coloristas saris de seda y que resaltan espectacularmente sobre el fondo oscuro de las murallas.
La gran puerta de acceso da comienzo a un paso de piedras que nos introduce en el recinto, caminando lentamente, nos salpican de cal tintada roja, proveniente de unos obreros que adecentan el dintel y los pasillos de entrada.
Los pequeños comercios se sitúan a ambos lados de un gran espacio central, con sus dueños en las puertas intentando atraer a los clientes, ofreciendo los mejores precios y asegurando que “aquí se engaña menos”, haciendo imposible el ojear los géneros o los precios, por lo que nuestro guía, tras conversar con varios de ellos, suponemos que negociando su comisión, nos indica cuales son de confianza y los que nos aseguran una buena calidad y garantía. Como signo de amistad, nos ofrecen fríos refrescos, campacola, lincas, diversos té etc. y para que, sintiéndose cómodo, el cliente tenga serenidad para mirar tan variados productos que tan apetecibles se ofrecían entre el fresco de los ventiladores instalados en paredes y techos.
Entre tanto género, nos llamó la atención unas pinturas realizadas sobre seda e iniciamos la compra, lo que implica regatear hasta el agotamiento. Tras 45 minutos llegamos a un acuerdo económico por comprar unas 15 pinturas para varios compañeros del grupo, tras lo cual y con una fresca bebida en las manos, conseguimos como regalos, unos joyeros realizados en papel maché decorados con alegres temas orientales.
Individualmente visitamos algunos comercios con multitud de mercancías de las mas diversas variedades, todo entre las abrumadoras ofertas de los dueños de las tiendas por donde pasábamos.
Al salir del recinto, volvimos a fijarnos en unos cuadros, tamaño postal, realizados sobre láminas de marfil con motivos de iniciación de personajes históricos y con una gran profusión de detalles. Nos interesamos nuevamente por los precios y, al pedirnos importes muy elevados, salimos del edificio hacia el autocar que nos llevaría al hotel, donde lo más ansiado era tomar una refrescante ducha que calmara nuestra desesperación ante el insoportable calor, y así estar algo más relajados para disfrutar del exotismo de las comidas que degustaríamos para almorzar.
El comedor presentaba el aspecto impecable de cada día, luciendo la pesada cubertería de plata así como sus complementos, como salseras, saleros, etc. y al momento, solicitamos comida típica de la zona, acompañada como siempre de pan ácimo, llamado aquí nan, y una gran botellas de fresca cerveza para tolerar el picante de los alimentos que tanto nos place.
Tras el copioso almuerzo nos dirigimos, con andares cansados por el intenso calor soportado por la mañana y el poco dormir, hacia nuestra habitación por los frescos y alfombrados pasillos, comentando las maravillas vistas en la mañana.
Dos hindúes con blancos turbantes nos abren la puerta y conectan los ventiladores y el aire acondicionado. El termo de agua hervida estaba lleno, las camas destapadas delicadamente y el perezoso girar del ventilador del techo, movía el fresco aire e inducía a un merecido y cómodo descanso, aunque sólo disponemos de una hora, pues tenemos que seguir disfrutando de las apasionantes visitas que nos esperan.
El reloj marca las cuatro y media y, al salir a los jardines del hotel equipados de máquina fotográfica, tomavistas y bolso de viaje para posibles compras, nos vuelve el temor al cansancio que nos produce la intensa evaporación que provoca el calor reinante.
Nos encaminamos hacia un lugar que nos habían indicado donde se ubicaba un mercadillo de refugiados tibetanos que ofertaban productos propios de su región. En el terrizo camino que constituía el acerado, yacían a la sombra de los altos árboles, unos taxistas a la espera de clientes, reposando sobre unos precarios somier hechos con maderas y cuerdas.
Mas adelante, unos pequeños talleres de bicicletas instalados sobre unos tablones y chapa oxidada, daban cobijo a un empleado que trabajaba bajo la suave brisa que proporcionaba un rápido ventilador.
El camino se nos hacía más largo de lo esperado y, cuando dudábamos de seguir, comenzamos a ver una multitud de pequeños tenderetes, llenos de multitud de mercancías y de personas comprando los mas diversos cachivaches.
Las vendedoras están ataviadas con vistosos saris muy coloristas y llamativos y presentando en sus frentes las rojas tikas. Sentadas en el suelo venden sedas cuidadosamente pintadas a mano con luminosos colores, así como mantas, pañuelos o bolsos con pequeños espejos que reflejaban el fuerte sol de la tarde.
Mezclándonos con la multitud, entramos en los primeros tenderetes atiborrados de cacharros hechos en bronce, latón o cobre y algunos en aluminio.
Los vendedores nos acosan intentando vendernos cualquier cosa una vez que detectan nuestro interés por algún género.
La cámara de foto y el tomavistas captan las originales escenas sin cesar.
14 Sep 2008
India, impresiones de un país. Delhi. Parte II
India, impresiones de un Pais.
Delhi. Parte 2
Agosto 1.983.
AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)
La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización.
Unos pasos más adelante, un pequeño y destartalado carrito de madera, pintado con dibujos que parecían ser de épocas muy anteriores, presentaba un recipiente empotrado en la superficie superior que sobresalía de ella, en el que se encontraba un revoltijo de amarillo arroz de dudoso aspecto y que con un cucharón, algo desgastado y amarillento, era repartida a los compradores que hacían cola alrededor en unos originales platos: trozos de hojas de un árbol llamado betel. Los comensales, tras degustar su cena que, por supuesto era cogida con los dedos de la mano derecha, a modo de cuchara, se limpiaban en un trozo de paño que, próximo al improvisado y móvil restaurante, colgaba de una oxidada puntilla clavada en un árbol cercano, tenía aspecto como de paño almidonado y su color no se apreciaba bajo la capa de grasa acumulada.
Observando con curiosidad tienda tras tienda, cruzamos unas calles y regateamos en una de mejor aspecto, por unas camisas de algodón puro bordado y, después de unos 20 minutos, las adquirimos por un importe aproximado equivalente a 450 pesetas cada una.
En un cobertizo próximo confeccionaban Kurtas en algodón puro (especie de traje ancho muy apropiado para soportar el fuerte calor), todo a medida y por el módico precio equivalente a unas 400 pesetas.
Al otro lado de la calle había un grupo de frágiles locales atestados de público y, aunque su aspecto algo occidental nos desilusionó, entramos en una pequeña tienda donde se vendía de todo y nos interesamos por un perfume y, al instante, sonó una canción interpretada por el famoso cantante español, Julio Iglesias como signo de bienvenida al conocer nuestra procedencia.
Nos atendieron con simpatía vendiéndonos algo poco habitual, tanto por el precio, como por la cantidad de venta, un frasco de perfume de caballero, todo ello mientras intentábamos bebernos unos linkas (especie de Fanta a lo hindú) entre la multitud que nos rodeaba.
Unas voces y un gran revuelo se produjo en las inmediaciones, lo que se tradujo en una gran sensación de inseguridad en un lugar tan apartado y lejano, y sin entender el lenguaje local.
Hicimos tiempo dentro de una pequeña tienda de bolsos hasta que se aproximaron unos policías en viejas motos y un coche patrulla, que restablecieron el orden alterado por un pequeño robo en uno de los comercios devolviendo la normalidad en la calle, y las personas con sus coloridos saris o con los sucios kurtas y lucidos turbantes, volvieron a entrelazarse en sus caminos dando un aspecto caótico a una multitudinaria masa humana en continua ebullición.
En nuestro paseo, nos abrumaban vendedores empeñados en admirarnos con unas agujas que, picoteando una tela, hacía bonitos bordados de vivos colores, o lo barato que eran unas rudimentarias marionetas. Otros insistían incansables, sobre todo chicos de corta edad, en limpiar nuestros zapatos, y para provocar la necesidad, observamos que algunos portaban en su mano izquierda, oculta en su espalda, excrementos de vaca que de manera imperceptible, colocaban sobre los zapatos para ofrecerse a limpiarlos y dejarlos brillantes por unas cuanta rupias.
Se hizo tarde y emprendimos el regreso al hotel pasando por rudimentarios puestos ambulantes que vendían frutas tropicales.
Nuestra cámara captaba las coloristas escenas que nos rodeaban y, en el camino, nos cruzamos con un compañero de viaje, Fernando, algo trastornado pues contó que unos hindúes le ofrecieron fumar en una gran pipa, lo que hizo y, posteriormente, lamentó. También nos comentó que adquirió varias piezas de mango a 2 rupias, pero al intentarlo nosotros no bajaron de 3 por pieza, por lo que rehusamos de comprar.
Una amplia puerta daba paso a los jardines del hotel y, tras cruzarlos, nos facilitó la entrada el respetuoso, servicial y gentil portero de lujosa indumentaria y rojo turbante.
Recorrimos los alfombrados pasillos que discurrían entre tiendas hasta la zona próxima a nuestra estancia, en cuya puerta nos esperaba un empleado con colorido turbante y rojas vestimentas, que nos solicitó las llaves para facilitarnos la entrada, cambiar el agua hervida por otra fría, destapar las camas, conectar el aire acondicionado y encender el lento ventilador del techo para difundir el fresco.
Respiramos hondo al quedarnos solos y poder aliviarnos del sofocante calor, con una buena ducha, y relajar nuestros castigados músculos por unos instantes en las confortables camas y el susurro de la música ambiental, hasta que nos volvió a la realidad la implacable alarma del reloj de pulsera.
Repuestos y con mejor aspecto, nos dirigimos al gran salón con pórticos de columnas, y donde el monótono susurro del girar de unos ventiladores semiocultos, crean un ambiente relajado y agradable, para esperar a algunos compañeros de viaje, tomar alguna copa, cambiar impresiones y contarnos experiencias, hasta la temprana hora de la cena .
Unos camareros lucían llamativas y exóticas vestimentas, sus grandes turbantes rojos que resaltaban sobre el blanco inmaculado de la ropa.
Pasamos al comedor acompañados por dos jóvenes hindúes amigos de nuestro guía, y que esta noche cenaran con nosotros.
Ceremoniosamente, somos atendidos y servidos, comenzando la cena con unos entremeses muy picantes que nos induce a tomar la mala, pero refrescante cerveza fabricada en Bombay.
La cena fue exquisita, abundando las ensaladas, vegetales cocinados acompañando a carnes, brochetas de langostinos, como es habitual, muy picantes, postres compuestos por frutas y helados, y al final, el delicioso te indio servido en la artística vajilla de plata.
Hablamos con los acompañantes sobre las costumbre y riquezas de la India, sus negocios, sus familias, pero todo su interés se centraba en leer el porvenir a las chicas, tocándoles las manos con la excusa de la lectura. A continuación pasamos a un salón más pequeño, profusamente decorado y con suelo de blanco mármol, situado en alto respecto al restaurante, con mesas redondas sobre vástagos metálicos. Nos volvieron a servir te y café mientras los invitados hindúes estrechaban amistad con algunas componentes del grupo, mientras aumentaba el brillo de sus ojos, y sus manos se alargaban.
La sobre mesa se prolongó un par de horas, manteniendo las conversaciones con los invitados parte hablada y parte mediante gestos, lo que hace divertida la noche hasta que Leny, mi esposa, leyó las manos de los hindúes adivinándoles su condición de comerciantes y otras interioridades familiares que dejaron perplejos a ambos y, un poco aturdidos, nos invitaron a una sala de fiestas , a la que rehusamos de ir agotados por el intenso día y el sofocante calor de Delhi.
Al siguiente día hicimos una visita panorámica de toda la ciudad, tras la cual, cuatro personas fuimos otra vez al Fuerte Rojo para adquirir algunos regalos y seguir interesándonos por los marfiles pintados, lo que nos costó hasta el medio día sin llegar a un acuerdo.
Por la tarde decidimos volver para terminar con las negociaciones, para lo que discutimos el precio con un taxista y, junto con Fernando que se ofreció a acompañarnos, indicamos al chofer y su acompañante que nos llevara a Red Fort. En el viejo vehículo recorrimos las calles conocidas, barrios nuevos, zonas más inhóspitas, hasta que nos paró en un barrio de chabolas enclavadas en una zona terriza apartada de la parte urbana, indicándonos que aquello era Red Fort, lo que negamos como podíamos, pero al parecer, no nos entendían.
Una multitud curiosa rodeó el taxi, mirando por los cristales al interior. Cientos de niños muy sucios y casi desnudos acudieron al espectáculo y algunas jóvenes madres con los niños apoyados en las caderas, nos miraban con extrañeza e inquietante curiosidad.
Bastantes asustados pero con voz alta y firme, ordenamos en ingles que nos llevaran a la policía en repetidas ocasiones y, algo entendieron que, poniendo en marcha el vehículo, comenzamos a recorrer los caminos hasta que, delante de nosotros, reconocimos la silueta del Fuerte Rojo que buscábamos y, nada más estar próximos a los guardias de la gran puerta de entrada, abandonamos el vehículo para sentirnos seguros y poder gozar del espectáculo que es este gran bazar.
El cuadro sobre marfil firmado en el reverso por su autor, un conocido pintor hindú, aún estaba en el establecimiento y, como ya teníamos avanzadas las negociaciones sobre su precio, llegamos a un acuerdo en poco tiempo y, junto a unos llaveros de palo rosa, lo adquirimos para disfrute de su arte y recuerdo de un viaje por el país de las mil y una noche.
La programación para la noche incluía una representación de danzas y cantes típicos, a las que nos llevaron en un confortable y muy frío autocar.
La representación teatral y las danzas, se realiza en un amplio local donde la temperatura es elevadísima, moviéndose el aire con unos grades y potentes ventiladores situados a ambos lados del escenario, lo que sólo producía una corriente de aire caliente, y debido a la hora que era, a la digestión del almuerzo y la temperatura, además de las ininteligibles danzas y canciones, nos vence el sopor e incluso creo que llegamos a dormirnos en algún momento.
Tras finalizar la función, recorrimos con el autocar varias calles y plazas repletas de una multitud de personas que se entremezclaban con otras en bicicletas, los taxis, las vacas andando o echadas en medio de la calzada, todo en un aparente desorden caótico que no evitaba la fluidez incomprensible de aquella informe multitud.
Un agente de tráfico intentaba alternar el paso de los vehículos y personas con amplios gestos como de danza, haciendo sonar constantemente su silbato sin parar conjuntamente con sus movimientos coreográficos.
El atardecer enrojecía el cielo en el horizonte y en su contraluz, se dibujaban las siluetas de los grandes pájaros que regresaban a sus árboles, con un clamor de graznidos ensordecedor, para pasar la calurosa noche.
Los grandes templos hindúes se abarrotan de fieles al atardecer, y cientos de guirnaldas repletas de pequeñas luces multicolores, cuelgan desde las cúspides de sus cúpulas hasta las balaustradas de sus cerramientos, creando un ambiente festivo y multicolor que favorece la magia de la oración.
En poco llegamos a una calle principal, en la que se encuentra el lugar donde cenaremos. Se trata de un restaurante al aire libre, llamado Moti Majal, en el que sobre la tierra apisonada y regada para refrescarla, se encuentran unas mesas para ocho personas, con unos bancos de madera como asientos.
No hay carta para solicitar la comida, es un menú previamente diseñado y que incluye la especialidad de la casa, que es el pollo, muy pequeño, hecho al horno tradicional hindú, tandoori, aparte las ensaladas y brochetas de langostinos.
La forma de preparar el pollo es con abundantes especias como el comino, y cilantro, jengibre, limón, cúrcuma, así como el famoso curry, y al tener un sabor bastante picante, da la impresión de que satisface poco, además de ser piezas de pequeño tamaño, por lo que para los dos, pedimos ¡ocho pollos!
Como segunda parte tomamos unas brochetas de langostinos de carne muy tersa y de aspecto poco reconocible como tal, por lo que sospechamos que era serpiente, ya nos aseguraron que tienen un agradable sabor con similitud al pollo en su textura, y dudando sobre la procedencia la pusimos en duda a un camarero que, amablemente nos condujo hasta una zona trasera, donde nos enseñó que los enormes langostinos eran cortados longitudinalmente debido a su grosor, y despojados de la cabeza y cola una vez pelados, perdían la apariencia de marisco, después eran ensartados en una caña y entregados a un cocinero casi desnudo y de rodillas en el suelo, para que lo introdujera con su mano, en el tandoori, horno compuesto por una especie de tinaja enterrada en el suelo, en la que mediante las brasas en él depositadas, hornean los alimentos de una forma lenta y a una temperatura constante que tan buenos resultados culinarios reporta. El cocinero presentaba un brazo claramente tostado de introducirlo en el horno, donde además se depositaban en su lateral las tortas resultantes de amasar y estirar una masa de pan, para dar lugar al nan, pan ácimo, y que hacen de uno en uno para que se consuma caliente recién echo.
Aún no teniendo sensación de saciedad, la cantidad de alimentos ingerida era importante, para lo que pusieron varios recipientes conteniendo semillas de matalahúvas y azúcar en cristales del tamaño de caramelos y que, masticados juntos, tienen un agradable e intenso sabor a anís siendo muy digestivo.
La noche empieza a cubrir con su negro manto el cielo de Delhi, ya no se oyen los graznidos de los pájaros, el murmullo de la ciudad comienza a menguar y unos cables con bombillas equidistantes se cruzan sobre nuestras cabezas, iluminando el recinto y evitando la espectacular vista de un cielo poco contaminado, donde brillan parpadeantes, miles de estrellas e irradia paz y tranquilidad espiritual en el País de los gurús y santones, del yoga y la magia, que es India.
Autor: José Enrique González Palma
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08 Sep 2008
Nepal, impresiones de un pais
Nepal, impresiones de un País
La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización
AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)
Hacer clic sobre una foto para ver de mayor tamaño.
Un caluroso día de mediados de Agosto, aterrizamos en Katmandú procedentes de la India, desde donde llegamos en un vuelo casi todo ascendiendo, hasta alcanzar Nepal.
Nepal está situado entre India y el Tibet, al pié del Himalaya. Es muy montañoso y en él está la mayor elevación de nuestro Planeta, el Everest que está acompañado de siete picos de más de 8.000 metros de altura.
La población, de más de 13 millones de habitantes, procede de varios lugares, perteneciendo a varias étnias, por lo que hablan varias decenas de dialectos, aunque el idioma oficial es el Nepalí.
La edificación del aeropuerto es muy precaria, y la vigilancia del mismo es ejercida por militares equipados con "escopetas".
Los trámites aduaneros son lentos y nos hacen padecer el intenso calor reinante transmitido por la frágil edificación. Nos advierten que no mostremos impaciencia pues se nos puede hacer infinito el paso por la aduana, debido al celo de los funcionarios, y ya que allí, el tiempo se mide en lentos minutos nepalíes.
Una vez solucionados los obligados trámites, lo primero que hicimos fue cambiar a moneda local, la rupia nepalí, procediendo a continuación a trasladarnos al hotel, situado en una zona tranquila a unos veinte minutos del centro, construido en un antiguo palacio donde se ha conservado muchos elementos perfectamente restaurados, poseyendo unos amplios jardines en su acceso.
La ciudad, situada a unos 1.400 metros de altitud, presenta constantes obras de arte con balconadas talladas en madera, decoraciones también en madera tallada en edificios públicos y religiosos, y todo tipo de obras artísticas, tanto en arquitectura, como en pintura o tallas.
La renta per capita es de sólo 150 $, y su moneda es la rupia nepalí, que al cambio representa unas 9,95 pesetas
Conociendo la ciudad, nos gustó mucho la llamada "Durbar Square", plaza que es el centro neurálgico y comercial donde se puede comprar casi todo, incluidas mesas con pies de patas de elefantes, cráneos de monos, manos de gorilas, pretendidas antigüedades en madera, marfil, etc. Son muy artísticas unas pinturas sobre telas de algodón, llamadas tankas, con representaciones religiosas y que, generalmente, son usadas en los altares interiores de las casas, los mas abundantes, de unos 40 x 70 cm. cuestan alrededor de 11.000 pesetas.
Esta enorme plaza tiene unos notables entre los que destaca el antiguo Palacio Real y que constituye el mas antiguo palacio del mundo, construido en madera de un solo árbol.
En la ciudad, todo nos llama la atención, las pagodas y stupas diseminadas por las plazas, incluso en medio de la calzada hay pequeños templos en los que es común la alegoría a la vida representada por el lingan y el xoni, órganos sexuales masculino y femenino, las plazas en si ya son dignas de quedar admirados al igual que los mercados, y especialmente. En la plaza hay así mismo un palacio llamado Kumasi, en el que se aloja una diosa viviente, es una niña de corta edad, que es elegida diosa tras unas pruebas macabras entre las que se encuentra la degollación de cebúes y otros animales, entre cuyos cuerpos y la sangre derramada, andan grupos de niñas y, si hay alguna que no llora ante tan aterrador espectáculo, constituye la señal y es nombrada diosa hasta la pubertad, momento en que será sustituida por otra. Nos comentaron que el resto de su vida no era de lo más agradable, pues, tras haber sido diosa, no es solicitada por varón para compartir la vida.
En otra zona de la ciudad, encontramos las tiendas donde habitualmente se equipan los grupos de escaladores, y donde también venden los elementos no usados o en buen estado, después de realizadas las expediciones. Allí se contratan los famosos porteadores sherpas.
En una tienda de antigüedades adquirimos una estatuilla de bronce, con las escorias aún en su interior, a un pequeño vendedor de unos 10 años y que hablaba español de tan sólo oírlo a los turistas. Tanto nos llamó la atención, que le prometimos y cumplimos, mandarle un curso de español en inglés, idioma que hablan con mucha frecuencia y fluidez.
Desencadenándose, en pocos minutos, una caudalosa lluvia, propia de la época de los monzones, tomamos un ciclo-rickshaws (bici-taxis), vehículo con capota para dos asientos tirado por una bicicleta y el esfuerzo de un pobre hombre pedaleando para transportar dos personas, para trasladarnos al hotel. A propósito de estos medios de locomoción, nos comentaron que no debíamos de evitar cogerlos por lastima hacia el conductor por el esfuerzo que ha de realizar, ya que los ingresos que obtienen durante la temporada estival, son los únicos medios de que disponen para vivir todo el año, además de resultar bastante rápidos para moverse por la ciudad, y muy económicos para nosotros.
Las calles carecen de alumbrado público y sólo se adivinan las siluetas que permiten la luz proyectada por los faros de las bicicletas, algún coche o alguna moto. El camino hacia el hotel se nos hace desconocido, pasando por zonas de chabolas y por calles irregulares terrizas que nos indujo a pensar la posibilidad de correr peligro, por lo que preparamos nuestra defensa haciendo una improvisada arma con la estatuilla de bronce recién comprada, y que suponía una contundente defensa llegado el caso. En unos veinte minutos, salimos a una vía principal y aparece frente a nuestros ojos la imagen del Palacio Real, muy próximo a nuestro hotel, y el único que, junto al palacio que tiene el hermano del Rey, tiene luz eléctrica en los exteriores, aparte los comerciales y establecimientos turísticos.
La fuerte tormenta pasó y pudimos hablar con aquel hombre que tanto esfuerzo realizó pedaleando para transportarnos hasta el hotel por los intrincados atajos que tan bien conocía. Nos habló de su familia, sus hijos y de lo precaria de su situación trabajando sólo en los meses estivales. Le agradecimos sus servicios y le abonamos el doble de lo que habíamos pactado tras el correspondiente regateo, unos 12 Rs, algo así como 120 pesetas, realmente muy poco para nosotros, pero bastante para el, demostrándolo con amplias reverencias de agradecimiento y efusiva despedida.
En la ciudad, todo nos llama la atención, las pagodas y stupas diseminadas por las plazas, las plazas en si, los mercados, y especialmente, un palacio llamado Kumasi en el que se aloja una diosa viviente, es una niña de corta edad, que es elegida diosa tras unas pruebas macabras entre las que se encuentra la degollación de cebúes y otros animales, entre cuyos cuerpos y la sangre derramada, andan grupos de niñas y, si hay alguna que no llora ante tan aterrador espectáculo, constituye la señal y es nombrada diosa hasta la pubertad, momento en que será sustituida por otra. Nos comentaron que el resto de su vida no era de lo más agradable, pues, tras haber sido diosa, no es solicitada por varón para compartir la vida.
Buscando una farmacia donde encontrar remedio a nuestros males, pasamos por una vieja tienda donde exponían un cartel publicitario del antiguo detergente “OMO”, desaparecido en nuestro país hace mucho tiempo, y que nos recordó nuestra niñez
En la parte antigua de la ciudad, encontramos un cobertizo de madera, cuyo fondo estaba ocupado por una estantería con botes llenos de distintos productos, cada uno de un color. Sentado tras el antiguo mostrador, un hombre mayor con largas melenas y blanca barba esperaba para atender al público. Era todo como una de nuestras farmacias, por lo que solicitamos remedio para el mal estado general que padecíamos desde India, fiebre y afección bronquial, al parecer un conato de malaria. El anciano mezcló varios tipos de hierbas y algún líquido, lo trituró en un mortero produciendo un líquido rojo intenso, que nos dispensó en un pequeño bote, con la prescripción de que se tomara tres veces en el día.
Con recelo así lo tomamos y a la mañana siguiente quedó el mal atajado, aunque como efecto colateral, nos salió unas llamativas urticarias que, al menos, duraron poco ¡toda una experiencia!
También adquirimos un sobre rectangular con unas grandes aspirinas, las cuales no usaríamos pero que conservamos como recuerdo del conocido medicamento en una presentación singular.
Por las tardes, una vez finalizadas las visitas “formales”, descubrimos ya anocheciendo, un pequeño restaurante con unas cinco mesas solamente, adornadas con pequeños floreros y velas, limpio y acogedor nos atrajo y cenamos, descubriendo una exquisita y original comida china, y atendidos con mucha amabilidad. Regresamos caminando a nuestro hotel, caminando unos 30 minutos en la oscuridad, orientados por las luces de las bicicletas hasta el Palacio Real que ilumina las calles adyacentes. La experiencia la repetimos las noches que allí estuvimos.
Una mañana, nos desplazamos en un minibús hacia la montaña, subiendo a una altura que se nos hacía difícil respirar, para ver un paisaje espectacular, mostrándose las grandes cumbres presidida por el Annapurna, con más de 8.000 metros de altura.
Bordeando la montaña, pasamos por un lugar en el que aún se siguen practicando sacrificios de animales, estando las paredes llenas de sangre de alguno reciente.
Legamos a una especie de albergue en la zona más alta y, era tanto la añoranza de nuestras costumbres, que intentamos hacer una tortilla de patatas pero, al no entendernos, pasamos a la cocina para realizar el intento y que no salió, por lo que terminamos deleitando unas finas cuñas de queso de yack acompañadas con guindas, produciendo un exquisito contraste que no olvidaremos.
Próxima a Katmandú, se encuentra la ciudad de Bodnath, donde se encuentra la mayor stupa de Nepal, siendo un punto de peregrinación para los budistas.
A pesar de ser un país muy pobre y sucio, Nepal nos cautivó por sus gentes, sus cariñosos niños, sus obras de arte en madera, sus costumbres, sus impresionantes paisajes de montaña, sus mercados donde exploramos extrañas frutas del tamaño de melones pero con pinchos, etc. cosas que difícilmente se pueden olvidar.
Pronto tuvimos que partir para proseguir nuestro viaje hacia Tailandia.
Así sentí Nepal
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