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26 Sep 2008

Polonia, impresiones de un Pais. Gdynia

Escrito por: j-enrique el 26 Sep 2008 - URL Permanente

Polonia, impresiones de un País. Gdynia

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

Agosto 2.008

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Polonia es un país que ha sufrido numerosas ocupaciones y que desde 1.918 es independiente, aunque sus fronteras fueran modificadas con la Segunda Guerra Mundial.

Su población supera los 38 millones de habitantes, y entre sus ciudades mayores, figura Gdynia, que tiene unos 260.000 habitantes, y de la que partimos para recorrer unos 30 Km. para llegar a la ciudad de Gdansk.

La historia de Gdansk se remonta a unos 1.000 años, por lo que aún conserva edificios de gran porte y monumentos góticos y barrocos, especialmente en la llamada “Ciudad Vieja” a la que se accede por un arco ornamental llamado “Goleen Gate”, que permite el paso a través de las murallas medievales que la defendían.

Importantes son los edificios del Ayuntamiento y del palacio de Artus, construido en el S. XV.

Esta ciudad también es muy conocida por fundarse por Lech Wałęsa en los astilleros Lenin, el difundido sindicato Solidaridad. Posteriormente el fundador llegó a ser Presidente de la nación.

Cuando cruzamos el espectacular arco, después de mirar como hacían puenting desde una altísima grúa sobre el río Motlawa, comenzamos a pasear por la Long Street, concurrida por miles de personas, y llena de comercios y puestecillos que le confieren un ambiente festivo y relajado, y es una zona peatonal muy interesante también por los edificios y monumentos que en ella hay.

Aunque la temperatura no es alta, las gentes hacen largas colas para comprar helados, pues sólo los ven por un corto periodo de tiempo.

Los cafés sacan sus mesas al aire libre en esta época, y están todos llenos de público que goza del ambiente y de la luz natural.

Los puestecillos mayoritariamente venden productos naturales realizados en madera, mimbre, etc. Y nos llama la atención enormes cajas de madera con cerillas gigantes de unos 30 cm. cada una de longitud.

Un dulce olor a vainilla nos llega desde uno de los puestos ambulantes que hacía gofres, intentamos comunicarnos con la chica pastelera pero era muy difícil hacernos entender, consiguiendo pactar el pagar con euros aunque no conseguimos que nos entendiera los componentes que deseábamos, a pesar de lo cual, nos resultó exquisito y muy particular.

Mi hija tiene como afición, entre otras muchas, el adquirir latas de coca cola poco habituales en nuestro país, escritas en el idioma del lugar de compra, como curiosidad las tiene en árabe, chino, ruso, turco, etc. por lo que intentamos buscar una en polaco.

Solo encontrábamos botellas por más que preguntábamos, hasta que en una especie de pastelería, las tenían. Pedimos una pero solo nos podían cobrar en moneda local (Zloty), por lo que desistimos y nos marchábamos, ante lo cual, para no perder una venta, accedieron a cobrarnos en euros. Ahora ya luce en la estantería de recuerdos.

Caminando nos encontramos con la conocida fuente de Neptuno, realizada con esculturas en bronce y que fue el símbolo de la ciudad en época de la liga de los países Anseáticos.

En esta zona de la Ciudad vieja, se encuentra la Iglesia de St. Mary que, según nos informaron, el la iglesia medieval de estilo gótico mayor del mundo construida con ladrillos, aunque no se si es posible que yo ya conozca la gran cantidad de cosas únicas o mayores del mundo, pues en casi todos sitios pretenden ser originales, desconociendo su certeza.

La edificación se prolongó durante 159 años y ahora contiene en su interior un reloj astronómico que data del siglo XV, en el que se reflejan incluso el santoral.

Muy importante es la catedral de la Oliwa, construida sobre las ruinas de un antiguo monasterio, y donde se hizo un órgano único compuesto de casi 8.000 tubos de metal y madera, y que hoy constituye una de las atracciones más populares.

Muy visitado es el castillo gótico de Malbork por ser de los mas importantes de Polonia y su construcción se llevó a cabo en época de los caballeros Teutones, allá por el año 1.274, y posee unas magníficas murallas defensivas, torres y laberintos de cámaras y mazmorras.

En su interior podemos disfrutar de colecciones de piezas de ámbar, esculturas o cerámica.

A la salida de la zona antigua, visitamos un museo y tienda de ventas de ámbar, preciada sustancia que es definida como: “El ámbar es una sustancia dura, liviana y quebradiza. Se forma de una resina vegetal residual de algunos árboles que data de hace 25 a 40 millones de años y que con el tiempo sufrió un proceso de fosilización formando masas irregulares y extensas dentro de los estratos de arenisca y pizarras arcillosas de la edad terciaria”.

Actualmente es utilizada en joyería y los hay de diferentes colores que van desde el mas claro, que es el mas antiguo y escaso, pudiendo tener unos 40 a 50 millones de años, hasta los acaramelados mas jóvenes, que suelen tener entre 20 o 25 millones de años.

Como complemento a la venta de piezas con ámbar en esta tienda-museo, se nos hace una demostración de autenticidad introduciendo en agua piezas falsas y autenticas, flotando las autenticas por su contenido en burbujas de aire captado en su interior, aunque por otros conductos nos informaron que las pruebas no son concluyentes.

C O I N C I D E N C I A S:

Durante el paseo por la calle peatonal, Long Street, concurrida y recorrida por miles de personas, nos deja perplejos oír una voz con tono andaluz: ¡ Pero tú ¿Qué haces aquí? !

Sorprendidos miramos y se trataba de una compañera de trabajo, cuyo puesto de trabajo está en la misma planta y a escasos metros del mío, y que solo nos vemos para cosas muy concretas y esporádicas y ahora, nos encontrábamos paseando por una calle de Polonia.

Nos saludamos efusivamente y, casualmente, hacíamos el mismo crucero, aunque nunca nos vimos ni coincidimos otra vez en el barco.

Así sentí Polonia

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AUTOR: José Enrique González Palma

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21 Sep 2008

Dinamarca, impresiones de un pais. Copenhague

Escrito por: j-enrique el 21 Sep 2008 - URL Permanente

Dinamarca, impresiones de un País. Copenhague

Impresiones de un lugar que no conocí.

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

Agosto 2.008

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El inicio de nuestro crucero por el mar Báltico comenzó con la llegada al aeropuerto de Copenhague, de moderno diseño en acero y cristal, donde un llamativo anuncio con letras de neón nos da la bienvenida a la primera ciudad que debemos conocer pero, debido al horario, nos trasladan en directo al gran crucero que espera en el puerto, dándonos la oportunidad de ver este lugar desde el autocar, en su trayecto hacia el puerto, y por los folletos de las excursiones propuestas, aunque esta es imposible de realizar.

Gracias a esta impecable programación y a las informaciones facilitadas, quedé enterado de que Copenhague es la llamada Joya de Dinamarca, es muy diferente de otras ciudades europeas, acogedora y con gentes abiertas tiene una historia muy antigua, ya que fue fundada alrededor del año 1.000, habiendo indicios de asentamientos en la zona desde el 4.000 A.C.

Esta ciudad de dos millones de habitantes es la capital de Dinamarca desde principios del siglo XV, y está surcada por multitud de canales que la han hecho acreedora del sobre nombre de “Venecia del Norte”.

La climatología es muy dura en invierno por las bajas temperaturas y por la falta de luz natural, pues el sol deja ver su luz, los días despejados, solo unas horas hasta el mediodía, quedando el resto del día en la oscuridad, lo que no afecta a las distintas actividades ni horarios comerciales, pero si afecta a multitud de personal, cuyos ánimos decaen por la carencia de luz natural.

En verano el ambiente es festivo, la zona próxima al puerto está llena de personas paseando, leyendo, comprando en las muchas tiendecitas que están en la zona, hablando en grupos y sentadas en los veladores situados en la calle de múltiples barecitos instalados en la zona peatonal.

Las temperaturas en verano invitan a pasear por los jardines y por las atractivas calles, llenas de comercios y de personas tomando el sol. También es muy común el salir con el barco o la motora, que la mayoría de las personas de esta ciudad poseen.

Por la mañana amanece muy temprano, prolongándose el día incluso hasta las 10,30 de la noche, hora en que ya muchos restaurantes han cerrado aún haciendo sol, por lo que es frecuente cenar con luz natural.

El nivel de vida de los Países Nórdicos es bastante alto, por lo que los precios son caros para nuestras economías, aunque están compensados disfrutando de ciertos servicios sociales, muchos de ellos servicios caros para nosotros, que son insignificantes o de coste mínimo, para los salarios que perciben.

En la ciudad, en época estival, se ha fomentado el uso de las bicicletas para los desplazamientos por el centro o los recorridos turísticos, evitándose la saturación del tráfico con los innumerables coches que la visitan, cosa que se ha conseguido gracias a los bajos coste del alquiler de estos vehículos y a las facilidades para su uso y aparcamiento.

Uno de los primeros lugares que se suele visitar, es donde se encuentra la famosa Sirenita, pequeña escultura sentada sobre una roca, al borde del mar, y que está inspirada en los cuentos de Andersen, archiconocido escritor famoso por sus cuentos que vivió parte de su vida en Copenhague, y que terminó el que inspiró este símbolo, de forma que no le gusta a la mayoría, por la tristeza de su final.

Otro de los lugares que mas llama la atención al público que visita esta ciudad, es el Bar de Hielo (situado en el interior de un moderno hotel), por su originalidad, pues todo, todo esta hecho de hielo, paredes, asientos, decoración e incluso los vasos.

Para visitarlo es necesario ponerse una especie de capa y unos guantes, para evitar enfriamientos durante los 25 minutos máximo que se puede estar dentro de él.

En los vasos de hielo se puede degustar cualquier tipo de combinado, pero es una de sus bebidas mas famosas el vodka Absolut, todo ello en in ambiente a 5 grados bajo cero.

Copenhague es una ciudad llena de riquezas artísticas, exposiciones, museos, edificios de gran porte y palacios, siendo interesante visitar el Teatro Real, el Ayuntamiento, el Palacio Amalienburg, que es actualmente la residencia real, y que está compuesto por cuatro pabellones de estilo rococó, los cuales impresionan por la riqueza de la decoración y por la perfecta conservación.

Llamativo es el edificio de la antigua Bolsa, situado próximo al Parlamento y a la Nueva Biblioteca, en el islote de Slotsholmen. El edificio fue construido por un arquitecto de origen flamenco, que lo realizó en piedras y ladrillos, con cubierta de cobre que pronto se mimetizó con las del resto de la ciudad, tomando el característico color verde. Se divisa desde multitud de lugares de la ciudad, debido a su alta y particular torre en espiral, que es una aguja de 54 metros de alta formada por cuatro colas de dragón estrelazadas.

En el parque de la Ciudadela, se encuentra la conocida fuente de Gefión, representativa de la mitología local.

Muy visitado es el parque de atracciones Tivoli, uno de los mas antiguos del mundo, pues ha cumplido ya 164 años, estando lleno de atracciones, pequeños bares, cafés, música, etc. conservando el encanto de la época de construcción y situado próximo al Ayuntamiento y la estación Central. Curioso es el lema por el que, se dice, se construyó: Cuando un pueblo se divierte, no piensa en política.

Referente a la ingeniería actual y a la utilización de los últimos avances técnicos, no podemos pasar por alto la gran obra por la que quedan conectadas Dinamarca y Suecia, desde Copenhague hasta Malmö, mediante un puente-túnel sobre y bajo las aguas, pues está constituido por un puente que se adentra en el mar por el que circulan vehículos y trenes hasta una isla artificial en la que, aparentemente, desaparecen en el mar, pues comienza el largo tramo de túnel subacuatico integrado por 20 tramos de 176 metros cada uno y 38,60 m. de ancho.

El ensamblaje de estos tramos se realizó situándolos a cada uno en su sitio mediante GPS, sellándose posteriormente por un equipo de submarinistas, y procediéndose posteriormente a la extracción del agua contenida para su desecación u utilización.

Parte de estas estructuras, los 49 tableros que constituyen la totalidad de los vanos de aproximación al puente, fueron construidos en Andalucía, al Sur de España, concretamente en Puerto Real (Cádiz), siendo transportados por vía marítima hasta Suecia.

Con esta obra, tanto los coches como el ferrocarril, pasan bajo el agua en un tramo de unos 4 Kms. y, sobre el túnel, pasa un intenso tráfico de grandes buques, cargueros o cruceros, día y noche, bordeando el mayor parque eólico construido hasta la actualidad.

El parque eólico está construido en el mar abierto, llamado Horns Rev y compuesto por 80 torres que tienen una altura de 110 metros.

Los rotores giran impulsados por tres aspas gigantescas de 30 metros cada una, y que fueron ensambladas en tierra al rotor y transportadas en un ingenio especial hasta el punto de cada torre, para allí ser elevados hasta su punto de fijación.

El espectáculo de estas grandes obras, pasa ante nuestros ojos cuando nuestro crucero abandona el puerto de Copenhague, siguiendo los pasos del crucero Lírica, con rumbo paralelo al inmenso parque eólico, con el rojizo sol ocultándose por el horizonte en el momento en el que pasamos sobre el gran túnel subacuatico, mientras miramos en la lejanía cómo las luces de los vehículos que circulan por el tramo de puente marino, desaparecen en el mar, mientras las enormes aspas de los generadores giran sin cesar a la luz del atardecer.

COINCIDENCIAS:

A nuestra llegada al crucero nos recibieron y acompañaron al camarote y, tras acomodarnos, realizamos las gestiones de inscripción, registro de tarjeta, etc. nos dirigimos a la cubierta 9º para descansar tomando un café y admirar el paisaje.

Al instante de sentarnos, un gran crucero inicia su marcha desde un muelle próximo, miramos y reconocimos que se trataba del Lírica de la compañía MSC, en el que habíamos realizado el primer y mejor crucero hasta hoy, partiendo desde Venecia hasta Turquía, y ahora volvíamos a verlo en un lugar tan lejano. Nostálgicos recuerdos y experiencias se nos vienen a nuestras mentes, mientras lo vemos partir lentamente rumbo al Báltico, ante nuestra sorpresa y admiración.

Así sentí Copenhague.

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AUTOR: José Enrique González Palma

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08 Sep 2008

Nepal, impresiones de un pais

Escrito por: j-enrique el 08 Sep 2008 - URL Permanente

Nepal, impresiones de un País

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

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Un caluroso día de mediados de Agosto, aterrizamos en Katmandú procedentes de la India, desde donde llegamos en un vuelo casi todo ascendiendo, hasta alcanzar Nepal.

Nepal está situado entre India y el Tibet, al pié del Himalaya. Es muy montañoso y en él está la mayor elevación de nuestro Planeta, el Everest que está acompañado de siete picos de más de 8.000 metros de altura.

La población, de más de 13 millones de habitantes, procede de varios lugares, perteneciendo a varias étnias, por lo que hablan varias decenas de dialectos, aunque el idioma oficial es el Nepalí.

La edificación del aeropuerto es muy precaria, y la vigilancia del mismo es ejercida por militares equipados con "escopetas".

Los trámites aduaneros son lentos y nos hacen padecer el intenso calor reinante transmitido por la frágil edificación. Nos advierten que no mostremos impaciencia pues se nos puede hacer infinito el paso por la aduana, debido al celo de los funcionarios, y ya que allí, el tiempo se mide en lentos minutos nepalíes.

Una vez solucionados los obligados trámites, lo primero que hicimos fue cambiar a moneda local, la rupia nepalí, procediendo a continuación a trasladarnos al hotel, situado en una zona tranquila a unos veinte minutos del centro, construido en un antiguo palacio donde se ha conservado muchos elementos perfectamente restaurados, poseyendo unos amplios jardines en su acceso.

La ciudad, situada a unos 1.400 metros de altitud, presenta constantes obras de arte con balconadas talladas en madera, decoraciones también en madera tallada en edificios públicos y religiosos, y todo tipo de obras artísticas, tanto en arquitectura, como en pintura o tallas.

La renta per capita es de sólo 150 $, y su moneda es la rupia nepalí, que al cambio representa unas 9,95 pesetas

Conociendo la ciudad, nos gustó mucho la llamada "Durbar Square", plaza que es el centro neurálgico y comercial donde se puede comprar casi todo, incluidas mesas con pies de patas de elefantes, cráneos de monos, manos de gorilas, pretendidas antigüedades en madera, marfil, etc. Son muy artísticas unas pinturas sobre telas de algodón, llamadas tankas, con representaciones religiosas y que, generalmente, son usadas en los altares interiores de las casas, los mas abundantes, de unos 40 x 70 cm. cuestan alrededor de 11.000 pesetas.

Esta enorme plaza tiene unos notables entre los que destaca el antiguo Palacio Real y que constituye el mas antiguo palacio del mundo, construido en madera de un solo árbol.

En la ciudad, todo nos llama la atención, las pagodas y stupas diseminadas por las plazas, incluso en medio de la calzada hay pequeños templos en los que es común la alegoría a la vida representada por el lingan y el xoni, órganos sexuales masculino y femenino, las plazas en si ya son dignas de quedar admirados al igual que los mercados, y especialmente. En la plaza hay así mismo un palacio llamado Kumasi, en el que se aloja una diosa viviente, es una niña de corta edad, que es elegida diosa tras unas pruebas macabras entre las que se encuentra la degollación de cebúes y otros animales, entre cuyos cuerpos y la sangre derramada, andan grupos de niñas y, si hay alguna que no llora ante tan aterrador espectáculo, constituye la señal y es nombrada diosa hasta la pubertad, momento en que será sustituida por otra. Nos comentaron que el resto de su vida no era de lo más agradable, pues, tras haber sido diosa, no es solicitada por varón para compartir la vida.

En otra zona de la ciudad, encontramos las tiendas donde habitualmente se equipan los grupos de escaladores, y donde también venden los elementos no usados o en buen estado, después de realizadas las expediciones. Allí se contratan los famosos porteadores sherpas.

En una tienda de antigüedades adquirimos una estatuilla de bronce, con las escorias aún en su interior, a un pequeño vendedor de unos 10 años y que hablaba español de tan sólo oírlo a los turistas. Tanto nos llamó la atención, que le prometimos y cumplimos, mandarle un curso de español en inglés, idioma que hablan con mucha frecuencia y fluidez.

Desencadenándose, en pocos minutos, una caudalosa lluvia, propia de la época de los monzones, tomamos un ciclo-rickshaws (bici-taxis), vehículo con capota para dos asientos tirado por una bicicleta y el esfuerzo de un pobre hombre pedaleando para transportar dos personas, para trasladarnos al hotel. A propósito de estos medios de locomoción, nos comentaron que no debíamos de evitar cogerlos por lastima hacia el conductor por el esfuerzo que ha de realizar, ya que los ingresos que obtienen durante la temporada estival, son los únicos medios de que disponen para vivir todo el año, además de resultar bastante rápidos para moverse por la ciudad, y muy económicos para nosotros.

Las calles carecen de alumbrado público y sólo se adivinan las siluetas que permiten la luz proyectada por los faros de las bicicletas, algún coche o alguna moto. El camino hacia el hotel se nos hace desconocido, pasando por zonas de chabolas y por calles irregulares terrizas que nos indujo a pensar la posibilidad de correr peligro, por lo que preparamos nuestra defensa haciendo una improvisada arma con la estatuilla de bronce recién comprada, y que suponía una contundente defensa llegado el caso. En unos veinte minutos, salimos a una vía principal y aparece frente a nuestros ojos la imagen del Palacio Real, muy próximo a nuestro hotel, y el único que, junto al palacio que tiene el hermano del Rey, tiene luz eléctrica en los exteriores, aparte los comerciales y establecimientos turísticos.

La fuerte tormenta pasó y pudimos hablar con aquel hombre que tanto esfuerzo realizó pedaleando para transportarnos hasta el hotel por los intrincados atajos que tan bien conocía. Nos habló de su familia, sus hijos y de lo precaria de su situación trabajando sólo en los meses estivales. Le agradecimos sus servicios y le abonamos el doble de lo que habíamos pactado tras el correspondiente regateo, unos 12 Rs, algo así como 120 pesetas, realmente muy poco para nosotros, pero bastante para el, demostrándolo con amplias reverencias de agradecimiento y efusiva despedida.

En la ciudad, todo nos llama la atención, las pagodas y stupas diseminadas por las plazas, las plazas en si, los mercados, y especialmente, un palacio llamado Kumasi en el que se aloja una diosa viviente, es una niña de corta edad, que es elegida diosa tras unas pruebas macabras entre las que se encuentra la degollación de cebúes y otros animales, entre cuyos cuerpos y la sangre derramada, andan grupos de niñas y, si hay alguna que no llora ante tan aterrador espectáculo, constituye la señal y es nombrada diosa hasta la pubertad, momento en que será sustituida por otra. Nos comentaron que el resto de su vida no era de lo más agradable, pues, tras haber sido diosa, no es solicitada por varón para compartir la vida.

Buscando una farmacia donde encontrar remedio a nuestros males, pasamos por una vieja tienda donde exponían un cartel publicitario del antiguo detergente “OMO”, desaparecido en nuestro país hace mucho tiempo, y que nos recordó nuestra niñez

En la parte antigua de la ciudad, encontramos un cobertizo de madera, cuyo fondo estaba ocupado por una estantería con botes llenos de distintos productos, cada uno de un color. Sentado tras el antiguo mostrador, un hombre mayor con largas melenas y blanca barba esperaba para atender al público. Era todo como una de nuestras farmacias, por lo que solicitamos remedio para el mal estado general que padecíamos desde India, fiebre y afección bronquial, al parecer un conato de malaria. El anciano mezcló varios tipos de hierbas y algún líquido, lo trituró en un mortero produciendo un líquido rojo intenso, que nos dispensó en un pequeño bote, con la prescripción de que se tomara tres veces en el día.

Con recelo así lo tomamos y a la mañana siguiente quedó el mal atajado, aunque como efecto colateral, nos salió unas llamativas urticarias que, al menos, duraron poco ¡toda una experiencia!

También adquirimos un sobre rectangular con unas grandes aspirinas, las cuales no usaríamos pero que conservamos como recuerdo del conocido medicamento en una presentación singular.

Por las tardes, una vez finalizadas las visitas “formales”, descubrimos ya anocheciendo, un pequeño restaurante con unas cinco mesas solamente, adornadas con pequeños floreros y velas, limpio y acogedor nos atrajo y cenamos, descubriendo una exquisita y original comida china, y atendidos con mucha amabilidad. Regresamos caminando a nuestro hotel, caminando unos 30 minutos en la oscuridad, orientados por las luces de las bicicletas hasta el Palacio Real que ilumina las calles adyacentes. La experiencia la repetimos las noches que allí estuvimos.

Una mañana, nos desplazamos en un minibús hacia la montaña, subiendo a una altura que se nos hacía difícil respirar, para ver un paisaje espectacular, mostrándose las grandes cumbres presidida por el Annapurna, con más de 8.000 metros de altura.

Bordeando la montaña, pasamos por un lugar en el que aún se siguen practicando sacrificios de animales, estando las paredes llenas de sangre de alguno reciente.

Legamos a una especie de albergue en la zona más alta y, era tanto la añoranza de nuestras costumbres, que intentamos hacer una tortilla de patatas pero, al no entendernos, pasamos a la cocina para realizar el intento y que no salió, por lo que terminamos deleitando unas finas cuñas de queso de yack acompañadas con guindas, produciendo un exquisito contraste que no olvidaremos.

Próxima a Katmandú, se encuentra la ciudad de Bodnath, donde se encuentra la mayor stupa de Nepal, siendo un punto de peregrinación para los budistas.

A pesar de ser un país muy pobre y sucio, Nepal nos cautivó por sus gentes, sus cariñosos niños, sus obras de arte en madera, sus costumbres, sus impresionantes paisajes de montaña, sus mercados donde exploramos extrañas frutas del tamaño de melones pero con pinchos, etc. cosas que difícilmente se pueden olvidar.

Pronto tuvimos que partir para proseguir nuestro viaje hacia Tailandia.

Así sentí Nepal

Autor: José Enrique González Palma


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06 Jul 2008

Egipto, impresiones de un País. 1ª Parte

Escrito por: j-enrique el 06 Jul 2008 - URL Permanente


Egipto, impresiones de un País.

1ª Parte

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización.

Desde pequeños soñábamos con un país lleno de sorpresas, grandes descubrimientos, enigmas, construcciones monumentales con coincidencias matemáticas y astronómicas, lleno de misterios y exotismo, tanto en sus costumbres como en su gastronomía, en sus olores, en su luz.

Con una cultura milenaria y situado en la cuna de la civilización, Egipto, con sus 55 millones de habitantes, es África, es un sueño que ahora podemos sentir y vivir como en un cuento de las mil y una noche.

Nuestro vuelo nos llevó a Luxor, cuyo aeropuerto se cobija bajo una gran carpa en la que miles de personas intentan ordenar sus trámites, sin conseguirlo, dentro de un caos en el que es imposible moverse. La confusión es general e impide el traslado de los equipajes y la obtención de los correspondientes visados. A duras penas, sobre las maletas, rellenamos unos formularios que nos sirven para pasar por la inspección de aduanas, no estando correctos por faltarle unos pequeños sellos pegados en los pasaportes.

Solucionado el trámite, repetimos el paso aduanero y ya podemos salir del aeropuerto

Nos esperan con un microbús en cuyo techo ponen el equipaje que, antes, unos árabes intentaron coger para trasladarlo unos metros a cambio de una propina (un euro) por la gestión.

Bajo un cielo luminoso y radiante, y mientras gozamos con la vista de las siluetas de palmeras recortándose en el horizonte, nos trasladan directamente a nuestro barco en el que realizaremos un crucero por el Nilo, el mayor río del mundo, con mas de 6.600 Km., representando la mayor vía de comunicaciones de Egipto.

Nos recibe nuestro guía, hablando bastante bien nuestro idioma, y entre vasitos de cárcade (licor refrescante de color rojo intenso y perfumado paladar), y de té con menta, nos explica los planes próximos, las costumbres locales y las recomendaciones básicas para los siguientes días.

Nuestro camarote es de tamaño normal, tiene un baño completo, Tv., frigorífico, caja fuerte, aire acondicionado y, sobre todo, un balcón al exterior que nos ilusionó mucho.

La cena bien, evitando las verduras sin cocer, los cubitos de hielo y las botellas abiertas por miedo a la gastroenteritis

Nuestro primer día en Luxor transcurre levantándonos bien temprano y, tras un abundante desayuno que incluye frutas, frutos secos, tostadas, bacón, etc. comenzamos con la visita al templo de Karnak, llamada Tebas por los griegos, impresionándonos la majestuosidad y el tamaño de su acceso (Pilón) y, tras el que se encuentra la sala hipóstila, con una dimensión de 104 x 52 metros que alberga un bosque de 134 robustas columnas de 24 metros de altas, profusamente decoradas y con artísticos capiteles papiriformes que soportan pesados techos de piedra.

Aún es de noche pero pronto empieza a aclarar el día hasta presentar un cielo limpio e intenso. El primer rayo de sol nos sorprende penetrando exactamente por el vértice de la puerta, iluminando el templo en toda su extensión, es algo misterioso, tal vez místico, que nos descubre los innumerables mensajes esculpidos en la piedra representando escenas, tanto cuotidianas como divinas o de iniciación, así como escrituras en jeroglíficos (utilizada desde hace unos 5.000 años), y aquellas que quedan enmarcadas en una especie de lazo rectangular denominadas cartuchos y que, atendiendo a las explicaciones, podemos interpretar en algunos casos.

En su esplendor, todo el recinto llegó a tener una extensión de 1.230.000 metros cuadrados, estando protegido y aislado por altos muros de adobe, pudiéndose acceder por nueve puertas, dos de ellas, las principales, definiendo el eje Este – Oeste. La construcción de todo el complejo se llevó a cabo a lo largo de 2.000 años, llegando a albergar en su interior hasta 20.000 personas.

En realidad, todo el conjunto está constituido por tres recintos – templos que se encontraban unidos por avenidas de hasta cuatro kilómetros, flanqueadas de esfinges, bien con cabeza de carneros o humanas, conservándose algunos tramos.

También quedamos admirados por la grandiosidad del templo de Luxor, constitutivo del conjunto anterior, cuya configuración corresponde a la estándar con la zona de acceso, poseyendo una colosal puerta con una estatua y un obelisco a cada lado, uno de los cuales se encuentra hoy en la pza. de la Concordia de Paris, la zona para el culto y la magnificencia del bosque de grandes y gruesas columnas. Ambos templos se encontraban unidos por la avenida de esfinges sentadas antes referida, de las que quedan una representativa muestra que da una idea de la configuración original.

Gran admiración nos produjo la contemplación de los famosos Colosos de Meno, mandados a construir por Amenofis III, solitarios en medio del campo, parecen contemplar el paso de las personas que admiran su gran tamaño y majestuosidad.

Las esculturas son muy altas y, al parecer, custodiaban la entrada a un templo que, con el paso del tiempo, desapareció.

Cuentan que uno de ellos, al amanecer emitía sonidos parecidos a lamentos que, incluso provocó que se nombrara una comisión de traductores para interpretar los extraños sonidos por los que se tomaron muchas decisiones basándose en las interpretaciones que se les daba. Posteriormente se comprobó que, al estar esculpidos en dos tipos distintos de piedras (gres y granito), las dilataciones por diferencia de temperaturas al recibir los primeros rayos de sol, eran las responsables de los enigmáticos sonidos que habían sido interpretados como el pronunciamiento de un oráculo.

Impresionante y sobrecogedora fue la visita al Valle de los Reyes. El sol radiante agotaba nuestras fuerzas que nos impulsaban a contemplar tan maravillosas obras realizadas tantos siglos atrás, y que perduran debido al clima tan extremadamente seco, pudiéndose apreciar perfectamente la policromía original.

De las tumbas conocidas nos recomiendas ver tres de ellas, las “más vistosas”, siendo común a la mayoría su configuración básica, consistente en un pequeño acceso a una galería que, en las que visitamos, estaba ricamente adornada con figuras y cartuchos esculpidos en la piedra y policromados, con algunos cámaras laterales, en rampa descendiente hasta llegar al recinto funerario donde se suele conservar el sarcófago más externo, que suele ser de un gran bloque granítico donde se esculpió el hueco y la tapa, y destinado a albergar los siguientes, hasta el que contenía la momia. Normalmente, tanto esta como los sarcófagos más ricos, se encuentran en los museos, muchos fuera de Egipto.

El acceso al corazón de la montaña es cómodo, mediante pasillos con tarimas de madera que permiten observar las bellas decoraciones laterales, mientras la temperatura sube por la gran cantidad de personas que hacen la visita.

La tumba de Tutankhamon, descubierta por Carter en 1.922, no es la más rica en decoración.

Las actividades en el barco no dejan apenas tiempo libre. Al anochecer se realiza el intento de salvar el desnivel del agua mediante el acceso a la esclusa de Esna, pero debido al elevado número de barcos, tenemos que esperar hasta media noche, contemplando mientras, desde nuestro balcón, un cielo concurrido por miles de estrellas centelleantes y una gran luna que empieza a elevarse sobre el horizonte, reflejándose vivamente sobre la superficie del Nilo.

En el primer instante del amanecer, nos requieren para visitar en Edfú el templo dedicado al dios Horus, igualmente grandioso y con grandes esculturas a las que no nos resistimos fotografiar situándonos junto a ellas para referenciar su tamaño y el material en el que fueron esculpidas (granito).

En este templo, la conservación es perfecta, apreciándose incluso la policromía original, y los cartuchos y escenas son de extrema claridad, enturbiada solamente por las zonas picadas por otras religiones que se ensañaron especialmente con los rostros y las divinidades.

El gran barco hace una parada en Kom Ombo para visitar el templo dedicado a los dioses Sobek y Haroeris. Mas modesto que los anteriores, se encuentran decorados con enigmáticos jeroglíficos y poseen robustas columnas para soportar pesados techos de piedra.

Cuando descendimos a tierra, nos recibió un enjambre de coches de caballos (calesas), en los que, entre gritos y discusiones entre los cocheros y con los guías, y entre la confusión, nos fueron situando en las calesas que se encontraban como entrelazadas las unas con las otras en una maraña de la que parecía imposible salir. Entre voces y carreras empezaron a circular como en un frenético recorrido hacia el templo. Nuestras manos se aferraron a algún hierro del coche y, como si de un milagro se tratara, llegamos sanos y salvos a las puertas del templo, rodeadas de innumerables tenderetes multicolores que pretendían vendérnoslo todo, quisiéramos o no.

Igualmente de insistentes eran los vendedores que se aproximaron al barco en precarias lanchas, y que lanzaban el género hacia nosotros para que les pagáramos introduciendo el dinero en los botes de los carretes fotográficos, y se los lanzáramos a sus barcas.

Tras unas horas de plácida noche, nos desplazamos en autocar para conocer otra faraónica obra, la presa de Aswan, realizada con tecnología y mano de obra rusa y que constituye un elemento fundamental para la producción de energía y para el almacenamiento de una inmensa cantidad de agua en el mayor lago artificial, que es el lago Nasser con sus 540 Km. de longitud, y cuyas compuertas regulan las crecidas del río Nilo que tanta fertilidad suministraron a todo Egipto.

Por motivo de seguridad, toda la presa y sus alrededores están “tomados” por el ejercito que intimidan al verlos con las metralletas en mano, o apareciendo bajo las chaquetas de algunos de paisano.

Posteriormente nos dirigimos a una cantera de granito donde se puede ver un gran obelisco inacabado y que nunca abandonó su lecho, no se sabe muy bien porqué, tal vez se rompió antes de ser trasladado, pero no deja de ser impresionante por su tamaño y la fineza de su talla.

Tras un abundante y especial almuerzo en la cubierta, en la que instalaron una barbacoa que invadió de buenos olores todo el entorno, a carbón y a carnes ricamente especiadas, nos trasladamos a una motora que se deslizó por el Nilo entre grandes rocas graníticas, zonas de abundante vegetación y otras de homogéneas dunas que nos recordaban que pasábamos por pleno desierto. El extraño paisaje nos absorbía y nos tenían que llamar la atención para que tomáramos frutas de una gran cesta que nos obsequiaron situándola en el centro de la embarcación.

En el río observamos pequeños puntos obscuros que, al aproximarnos, identificamos como niños nadando o en cajas con forma de barcas que, incomprensiblemente, se aproximaban a nuestra motora, asaltándola en marcha y quedando enganchados a los neumáticos laterales de la embarcación y con voz alegre y ante nuestro asombro, cantaban desafinados: Poron pon pón...

Sin salir del asombro, se les dio algunos euros y caramelos, y así se desprendieron de la motora mientras nos ofrecían las mejores de sus sonrisas.

Al atardecer pasamos junto al hotel en cuyo café escribió Agata Cristi su famosa obra “Muerte en el Nilo”. ¡Todo es historia!

Llegamos a nuestro punto de destino. La motora se aproxima lo máximo posible a la orilla y, para salvar los 4 o 5 metros que nos separan de la tierra firme, se coloca una estrecha tabla con algunos travesaños para que, haciendo equilibrio, llegásemos sin mojarnos. Para ayudarnos a no caer, un hombre en la motora se apoya en el hombro un largo rollizo y que sustenta otro hombre en tierra, creándose una improvisada baranda por la que deslizamos nuestras manos, dándonos seguridad en el descenso.

Nos reciben, como siempre, cientos de vendedores que nos quieren vender desde estatuillas hasta cocodrilos embalsamados, a toda costa. Los esquivamos mientras hacíamos un gran esfuerzo para subir la gran duna hasta un punto donde había un buen rebaño de camellos esperando, entre los gritos y discusiones de sus cuidadores con los guías, los posibles clientes para trasladarse hasta un pueblo Nubio, para conocer sus costumbres y hábitos.

Algunos optan por rodear la gran duna por agua, con la motora, y encontrarse con los jinetes en una casa determinada del poblado.

A la vivienda se accede por un patio de entrada, en él nos reciben ofreciéndonos diferentes bebidas locales, frías y calientes, y otras multinacionales.

Son muy amables, nos ofrecen asiento y queso con miel de elaboración propia, mientras contemplamos un recipiente con varias crías de cocodrilos que después nos dejan tocar y coger con cuidado, (tienen afilados dientes, mucho nervio y mal carácter), y con los que nos hacemos algunas fotos.

A las mujeres nubias, les llamó mucho la atención las joyas, interesándose por las pulseras y los anillos de tan distinto diseño. Amablemente, una de ellas, se ofreció a dibujarnos unos tatuajes (gena, especie de tinta china hábilmente usada con una punta de madera)que suelen durar unas tres semanas sin borrarse. Con gran habilidad dibujó diferentes motivos a todo el que se lo requirió, entre los que había escorpiones, cobras o pulseras y brazaletes florales, y también los nombres personales escritos en árabe.

A continuación nos ofrecen visitar su casa, compuesta por habitaciones techadas con grandes bóvedas de las que cuelgan recipientes, tal vez de adorno o como despensa inaccesibles a los animales. La cocina es pequeña y los dormitorios muy precarios. A pocos metros, curioseando, encontramos otra parte de la vivienda con habitaciones con solerías de terrazo, enfoscadas, pintadas y con un gran “mamotreto” de aire acondicionado aún sin desembalar. ¡Ah! Y una gran antena parabólica en la azotea.

También visitamos la escuela local, haciendo el camino paseando por la aldea, llena de niñas y niños preciosos, con grandes ojos y bellas facciones y con unas caras de agradecimiento y alegría difíciles de olvidar cuando se les regalaba algunos bolígrafos o bolsitas de caramelos.

En el camino, algunos puestos de especies nos deslumbran con sus ricos coloridos y olores. Nos interesamos por la utilidad de una cantarera de madera, con tres grandes cantaras de barro que observamos en la calle (o mejor, campo) y nos explican que se trata de agua para beber, para lo que, amarado con una larga cadena, un jarrillo de lata sirve de vaso común para los viandantes. Un grupo de mujeres seleccionan hierba buena sentadas en la calle. La escuela es un edificio de una planta, con un alto minarete, un gran patio y clases pequeñas.

Como recibimiento nos sientan en una de las clases y una bella y enérgica profesoras nos da una lección sobre el alfabeto Nubio, vara en mano y repetitivo soniquete. El humor se hace contagioso y pasamos unos momentos muy agradables riendo con las ocurrencias de los adultos pidiendo ir al servicio nada mas empezar la clase, mochila en hombro, y los castigos cara a la pared por no saberse la lección. Nos agradecen mucho la entrega de material escolar para la escuela y la profe posa con nosotros para hacerse algunas fotos para recordar aquellos momentos.

Cansados, ya de noche a las 17,30, regresamos en la motora deslizándose lentamente entre falucas de blancas velas y las luces de las edificaciones próximas, bordeando el extraño aspecto granítico de la isla Elefantina, hacia nuestro barco para prepararnos para la cena de gala anunciada como despedida de este crucero.

Sólo nos da tiempo de una ligera ducha y vestirnos con lucida ropa, mucha de ellas de diseño local ricamente adornadas, y la cena empieza. Servida con la amabilidad habitual, se nos completa con carnes a la barbacoa y grandes pescados al horno.

Un espectáculo con la danza del vientre y el baile de los derviches, nos amenizan la velada que se acaba con la admiración y sorpresa al ver las esculturas realizadas con las colchas y las toallas, en nuestros camarotes.

El transcurrir de nuestro barco a lo largo del río Nilo ha sido, en estos días, lento y relajado, dándonos la oportunidad de contemplar es sus orillas, pequeños poblados, animales, palmerales, algunas barcas pescando con artes tradicionales, y alguna que otra faluca dibujando su forma sobre el rojizo sol del atardecer.

Las noches son propicias para admirar el blanquecino cielo desde la cubierta, echados en las tumbonas hasta que, el pensamiento en la hora de levantarnos, nos hace razonables y descendemos a los camarotes, no para descansar, sino para hacer los equipajes para partir a las pocas horas. Quedamos admirados al abrir las puertas de nuestro camarote y contemplar las esculturas realizadas con las colchas y toallas : cisnes, cobras, flor de loto, etc. adornadas con nuestras gafas y algún que otro pañuelo. Una cesta con frutas variadas y dátiles nos tentaba desde la mesa del escritorio y una de las camas estaba adornada con el año nuevo realizado con pétalos de rosas.

Nuestro agradecimiento se hizo manifiesto mediante la entrega de unos bolígrafos, caramelos y algunas monedas a los responsables de los camarotes, que tan gratamente nos sorprendieron.

La partida no se hace esperar, y a las 2,15 de la noche, nos dirigimos hacia el punto de encuentro de los autocares que tienen que desplazarse por el país, pues tienen que ser escoltados por un convoy militar obligatoriamente.

Tras esperar que todo se organice, nos ponemos en marcha y el sueño nos vence mientras circulamos en caravana la mayor parte del tiempo, pues en ocasiones se interrumpe por vehículos que adelantan, a veces por la derecha, otras por la izquierda, dependiendo por el carril que nuestro autobús ocupe.

Frecuentemente abrimos los ojos al interrumpirse la marcha y comprobamos que se tratan de paradas por controles policiales situados cada cierta distancia y que hacen circular a los vehículos en zigzag entre vallas, para reducir la velocidad y controlar la circulación. Estos puestos de control, poseen incluso garitas en alto, donde se resguardan militares armados. En tierra la protección está constituida por robustas planchas de acero, con ruedas, que protege al militar que se oculta tras la negra y robusta protección.

En alguna ocasión, al abrir los ojos y mirar a través del parabrisas delantero, no podíamos contener una exclamación al observar la circulación que, lo mismo se desarrolla por un carril, como por el otro, dando igual que venga otro vehiculo de frente o no, que se esté adelantando o que se cruce alguno proveniente de algún camino lateral.

En los poblados que atravesamos, las personas, literalmente, se metían debajo del autocar, siendo frecuente las exclamaciones involuntarias de los que veíamos la situación y que nos temíamos atropellos y accidentes , cosa que no vimos ni uno, y ni un solo embotellamiento de importancia.

El amanecer en el desierto, fue un espectáculo sublime. Un sol inmenso y rojizo empezó a aparecer tras las doradas dunas, segundo a segundo, hasta que iluminó con luz y sombras, la inmensidad del mar de arena por el que nos encontrábamos.

A primera hora de la mañana llegamos a Abu Simbel, nos dirigimos hacia nuestro nuevo barco, el segundo crucero de este viaje, que nos esperaba atracado en el Lago Nasser.

Mayor que el anterior, y de mejor aspecto, nos acoge en sus camarotes que nos gustan y están muy limpios. Minutos más tarde, una motora nos trae al barco los equipajes que, rápidamente, son distribuidos a cada pasajero.

La decoración interior es mas agradable que la del camarote anterior, y la calidad y limpieza del baño también nos satisface, sólo el color grisáceo de las toallas nos disgusta pero, tras comunicarlo, nos ponen a diario toallas sin estrenar.

Repetimos la potabilización del agua en una botella de litro y medio, para la higiene bucal, y nos proveemos de agua embotellada para nuestro consumo.

Aprovechamos para descansar y ordenar las maletas y, a la 1 del mediodía, acudimos a la cita en el restaurante que nos sorprende con un esplendido buffet, bastante abundante y de mayor calidad que los anteriores.

Algo más descansados, nos proponen visitar los grandes templos de Abu Simbel, a lo que no nos podemos negar por la importancia de los templos y nuestros deseos por visitar esas maravillosas obras realizadas hace unos 3.300 años, rescatadas de ser inundadas por las aguas del nuevo lago, para lo que fueron desplazados, piedra a piedra, a otro nivel superior, a solo unas decenas de metros de su ubicación primitiva.

El camino desde el barco hasta unas escalinatas es primario, en realidad es una pequeña senda en la montaña, llena de piedras, por las que casi hay que escalar, con mucho polvo y dificultades.

Subimos los 280 escalones hasta alcanzar el nivel superior, no sin hacer pausas intermedias y, bordeando la montaña, fuimos paseando hasta que nuestros ojos empezaron a ver, de perfil, la majestuosa obra. Pronto aparecieron ante nosotros los cuatro colosos que flanquean el primer templo. A sus pies, otras estatuas mas pequeñas representan a las esposas e hijos.

El templo de Ramses II construido en el siglo XIII aC. es sobrecogedor. Su altura nos empequeñece y quedamos admirados al encontrarnos ante tan soñado monumento. Casi con temor a cometer un sacrilegio o, al menos, una violación de los sentimientos de sus constructores, nos dirigimos hacia la entrada, despacio, sin poder intercambiar palabra alguna, mirando fijamente a su guardián, con turbante y chilaba blanca inmaculada, y con una gran “llave de la vida” de bronce en la mano. Nos mira sonriente y nos demuestra que la gran llave es la utilizada para la cerradura de las puestas del templo, ofreciéndose a continuación a hacerse fotos con nosotros.

Penetramos lentamente por una galería central, ricamente decorada con enigmáticos jeroglíficos, con grandes columnas y esculturas grandiosas en los laterales que hacen guardia en el recorrido hacia el altar. Distintos recintos laterales se nos muestran perfectamente conservados y profundamente decorados con las escenas de la vida y el transito hacia la muerte.

Tenemos el privilegio, creemos que irrepetible, de acceder al templo sin persona alguna en el interior, lo que nos sobrecoge aún más en el silencio y tenue luz de tan famosa catedral.

Vagamos por el interior sintiendo el paso de los siglos y queriendo diluirnos en tanta historia y majestuosidad, y pareciendo sentir las vibraciones que emitían las milenarias piedras.

No muy lejos, entramos en el templo de Nefertari, algo menor en sus dimensiones, presenta las mismas características, riquezas y grandiosidad.

Nuestro asombro de poder ver estos templos prácticamente solos no nos abandona y queremos llevarnos esta sensación en todos nuestros sentidos.

Pasamos de un templo al otro mirando cada pequeño rincón y cada piedra de cada uno, absorbiendo tanta riqueza y tanto arte que nos rodea.

De regreso al barco, unas tiendas ocupan nuestro tiempo y unos pequeños jardines atraen nuestra atención con flores de colores no habituales en nuestras latitudes. El paseo se hace corto y llegamos justo para descansar breves momentos y tomar un té y pastas en la cubierta, mientras algunos aprovechan para tomar un baño en la piscina.

Al oscurecer, nos apresuramos a asistir a la cita con los componentes del grupo para obtener las entradas de acceso que nos permitirán ver el espectáculo de luz y sonido que, a las 19,30, se exhibirá sobre los templos.

Puntualmente comienza el programa en la oscuridad de la noche en el desierto mayor del mundo, el Sahara, y como un manto brillante, luce el cielo luciendo miles de estrellas, destacándose la Vía Láctea en su centro, haciendo un espectáculo difícil de olvidar.

El sonido, fuerte y nítido, comienza, creando un ambiente relajante con un susurro de viento en el desierto, como preámbulo de las proyecciones que iluminaran los templos. El sonido de agua, viento y una grave voz escenificando la de Ramses II, majestuosa y en Español, dan comienzo a la narración de la historia de los templos que se alzan ante nosotros, así como las costumbres en el Egipto faraónico y los pensamientos dialogados con Nefertari.

La conjunción del ambiente natural con el espléndido sonido, las proyecciones y el contenido, absorben nuestros sentidos y nos transportan en el tiempo a remotas épocas.

Los efectos son espectaculares. Las proyecciones sobre los templos los convierten en medios de tele transportación hacia el pasado, conducidos por filosóficas conversaciones entre humanos y dioses.

Los 45 minutos pasan en un instante. Las luces de ambiente se encienden e iluminan el camino de salida y todo el mundo queda deseoso de que continuara más tiempo el espectacular acontecimiento.

Iniciamos el regreso comentando lo impresionante de la escenificación y, a la llegada, sólo nos queda tiempo para cambiarnos nuevamente, ahora con trajes, corbatas, vestidos de fiesta, etc. Para la cena fin de año.

A la hora anunciada acudimos al restaurante que se encontraba adornado de fiesta: velas en las mesas, bonitas composiciones con los alimentos, guirnaldas colgando del techo, y unos papiros enrollados y atados con un lazo rojo en cada sitio de la mesa de cada comensal, con el menú para esta celebración, escrito en él.

Abundante y muy vistosos fueron las bandejas y platos que nos sirvieron y nos llamó especialmente la atención, una composición que incluía un tomate ahuecado, o un pimiento, rojo, amarillo o verde, cortado en sus extremos, o una cebolla hueca, dentro de los cuales lucía una vela que resaltaba, por transparencia, el color de su contenedor, lo que resultaba un plato muy original, además de sabroso.

Los postres fueron amenizados con cantes y sonidos de timbales y panderetas, todas piezas típicas locales, interpretados por los operarios de la cocina. Le siguió la famosa danza del vientre y los bailes repetitivos de Los Derviches.

Próxima la media noche, nuestro guía nos comunica que el capitán del barco desea darnos una sorpresa, realizando algo por primera vez, para el paso de año, para lo que se nos pide que subamos a la cubierta. Así lo hacemos y observamos que el barco empieza a moverse de su punto de atraque, en el silencio y oscuridad de la noche, desplazándose suavemente y, con hábil maniobra, se pone en ruta bordeando algunas pequeñas islas, hasta situar su proa frente al lugar donde se encuentran los templos de Ramses II y Nefertari.

Se aproxima lentamente hasta situarse delante de ellos, como en una reverencia respetuosa de admiración que se ve potenciada al iluminarse las enormes fachadas en las que se encuentran las grandes esculturas, y empezar a escucharse una música de fondo que enfatiza la emoción del momento.

Con las uvas rescatadas de los postres en las manos, seleccionadas y cuidadosamente lavadas, esperamos el paso de la media noche para tomarlas al son de las campanadas, con cierto cuidado de no romper lo que podría ser un sueño del que no queríamos despertar, y que no teníamos seguridad de que fuera realidad. La música de fondo, triunfalista, hace de fondo a la imagen de los templos iluminados, en una noche en el desierto con un cielo concurrido por miles de estrellas mostrando su máximo esplendor.

Habiendo transcurrido el paso del año al nuevo, la euforia se apodera de todos y, con champagne unos, y con baños en la piscina otros, se celebra el nuevo año con alegría y con la seguridad de que este momento será imborrable en nuestras vidas.

El barco vuelve a su punto de amarre y los bailes, al son de canciones árabes y otras españolas, se prolongan hasta bien entrada la madrugada.

A primera hora de la mañana nos avisan para que, desde la cubierta y con los primeros rayos de sol, despidamos nuestra estancia en los templos de Abu Simbel, mientras nos deslizamos lentamente por las tranquilas aguas, y la imagen de la colosal obra se hace cada vez más pequeña, mientras un nutrido grupo de ánsares vuelan rasante sobre la superficie del lago.

Al menos, hoy tenemos la oportunidad de tomar el desayuno sin prisas y, tras organizar un poco nuestras pertenencias, acudimos a las tumbonas de cubierta para relajarnos y tomar el sol, comentando las maravillas visitadas con los componentes del grupo.

A media mañana embarcamos en motoras para llevarnos hasta la orilla y, andando por la fina arena del desierto, llegar a Kasr Ibrim. Observamos que, hasta en aquel remoto y solitario lugar, tiene presencia el ejercito que, bien armado, vela por la seguridad de los turistas.

Mas tarde nos desplazamos hasta Amada, terminando el día visitando el Hemispeos de Derr y la tumba de Penut.

A la hora del almuerzo, instalan una barbacoa en la cubierta de nuestro barco que impregna todo de un agradable olor a carbón y a carnes ricamente especiadas.

En los camarotes y en los pasillos, vuelven a aparecer las ingeniosas esculturas realizadas con colchas y toallas.

Pasamos la noche navegando y, al amanecer, embarcamos nuevamente en las motoras para acercarnos a las orillas con el objeto de visitar El Seboua, templo dedicado a Amon Ra por Ramses II, el templo de Dekka, así como el de Maharraka, cuyo significado actual se refiere a mujer de dudosa reputación.

En poco tiempo empieza a ponerse el sol inundando todo el paisaje de rayos anaranjados que se reflejan en las calmas aguas del sosegado Nilo.

Volvemos a vestirnos “de gala” para la última noche en el crucero y tomar una cena muy especial para celebrarlo. La presentación de los alimentos es esmerada, así como la de los platos en los que se tiene en cuenta tanto los colores, como las formas. A los postres, volvemos a divertirnos con la famosa danza del vientre y los bailes de los derviches, con faldas de vivos colores que lucen al son de repetitivas vueltas sobre sí mismo.

El crucero sigue su curso hacia Aswan y, mientras contemplamos el lento pasar de poblados, campesinos, niños cuidando animales en el campo, ect. damos un paseo hacia la proa donde nos llaman la atención haciéndonos señales desde detrás de un gran ventanal, indicándonos que pasáramos al interior. Era el capitán en su puesto de mando que, amablemente, nos saluda interesándose por nuestra procedencia y, tras nuestra respuesta, señala una foto fijada en la parte frontal indicándonos que está junto a un español.

El capitán se ofrece para que nos hagamos fotos con él, a lo que accedemos y prometemos enviarle copias de las mismas. Nos explica, más bien nos muestra, los instrumentos de navegación, emisora de radio, los mandos para los tres potentes motores y el instrumento de dirección ¡ una simple y pequeña palanca multidireccional ¡ Mientras lentamente nos escribe su dirección, tenemos que indicarle que la aguja indicadora del rumbo correcto, se desplaza fuera de él, a lo que con un simple toque en el “joystick”, corrige la trayectoria.

La amabilidad y simpatía del capitán llegan hasta para contarnos cosas de su familia, de donde vive, de sus horas de trabajo. Fue una experiencia muy agradable.

El trayecto desde Aswan hasta el aeropuerto de Luxor lo hacemos en autobús, lo que aprovechamos para descansar del intenso visitar y de las temperaturas próximas a los 35 º C. A medio camino nos comunican que el vuelo se retrasa 2 horas, lo que nos desagrada en un principio, pero nos sirve para visitar un poco Luxor y así programar la cena antes del vuelo.

En el camino hicimos algunas paradas con objeto de caminar y adquirir algunas bebidas o tomar algún té, de camino visitamos algunas tiendas de especias de penetrantes olores exóticos y brillantes colores. También tenían canastas llenas de dátiles secos de numerosas variedades y tamaño.

En una antigua tienda de ultramarinos adquirimos varios artículos que, al pagar, nos sorprendieron por el bajo costo. En un café, sentados en el porche, tomamos unas bebidas refrescantes, mientras otros probaban el tabaco en pipa de agua, mediante unas boquillas individuales que anteriormente ofrecieron, desprendiéndose un olor afrutado procedente del tabaco aromatizado.

En el camino miramos la franja cultivada a las orillas del río, con grandes palmerales y cultivos de coles de gran tamaño. La circulación es caótica para nosotros, y nos cruzamos con varias furgonetas, que hacen de taxis y que, además de las personas que van dentro, llevan otras que se sujetan en la parte trasera en el exterior, al aire libre.

Sigue en la 2ª Parte

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