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12 Abr 2009

Italia, impresiones de un Pais. Roma y Vaticano

Escrito por: j-enrique el 12 Abr 2009 - URL Permanente

Italia, impresiones de un País. Roma y El Vaticano

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

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SOBRE ROMA. Diario:

Nuestro viaje a Roma fue inesperado, por lo que con tan solo 4 días antes de salir, iniciamos las reservas, y por lo que las opciones fueron algo limitadas.

De los hoteles que eran posible, escogimos el Diana, situado próximo a la famosa estación Termini, relativamente céntrico y que, según las informaciones, parecía normal.

Es conveniente llevar contratados los traslados, pues el aeropuerto está a unos 26 Km. y, aunque está comunicado mediante el tren-metro, si no se sabe exactamente llegar al hotel elegido, es preferible la seguridad de que te estén esperando y te dejen en recepción.

Nos recogieron a la llegada en un flamante Chrysler con apertura de maletero a distancia y todo lujo de detalles y para nosotros solos.

Tras recorrer Roma, nos acomodamos en el hotel, pero en una habitación minúscula, con un baño de despreocupada apariencia y terminación, y con vistas a un pequeño patio mugriento de grasas en paredes y tuberías.

Pasamos la noche y, al bajar al restaurante para el desayuno, reclamamos en recepción y, tras disculparse porque por la noche estaba lleno, nos indican que es posible un cambio a una habitación de reciente reconstrucción, la que vemos y se trata de la que llaman allí suitte, con un baño precioso, paredes enteladas, flamante parquet y amplio espacio.

Así el viaje empieza bien.

En Roma, debido a la concurrencia de obras de arte, es conveniente andar y andar, por lo que hay que llevar calzado cómodo y ropa preferente de algodón, ya que la temperatura es alta y algo húmeda por la proximidad al mar.

El primer día, plano en mano, comenzamos a andar y andar, lo que nos permitió contemplar en las 10 horas siguientes El Teatro de la Opera, La maravillosa iglesia Sta. Mª la Mayor, impresionante, S. Pietro in Vincoli, Los exteriores de El Coliseo, pues las colas para entrar eran muy largas, El Arco de Constantino, majestuoso y muy esculpido, El Arco de Tito, El Palatino, El Circo Maximo, El Arco de Giano, todo el recinto de El Foro Romano, El Campidoglio donde visitamos el Musei Capitolini compuesto por dos espectaculares palacios museos (pintura y escultura, con algo de arqueología, visitamos el espectacular, artistico e impresionante monumento a Victorio Emmanuelle II, admiramos la grandiosa columna Traiana, el Foro Traiano, el Mercati Traianei y el Palacio de la Exposición, actualmente en restauración por lo que se contempla por el exterior.

El almuerzo a base de ensaladas muy ricamente condimentada, pasta fresca con un sabor distinto al habitual nuestro, postres y expreso (exquisito), está alrededor de unos 20 € por persona, y la clavada está en las cervezas, que te suelen cobrar sobre unos 3 € por una copa normal, y en el café que ronda el mismo precio si te tomas un delicioso capuchino.

Hay otros restaurantes que, aunque cobren igual precio por la cerveza, te las ponen de hasta 660 cl. lo que compensa el precio.

La cena, de parecidas características al almuerzo, la hicimos en una Trattoria cercana al hotel por el agotamiento acumulado de las visitas del día.

Roma tiene un incipiente trazado de metro, con dos líneas a tres niveles de profundidad. El precio es de 1 € por billete y los hay para el día completo, por semanas, etc. Pero para visitar esta Ciudad, no es rentable coger frecuentemente el metro por la proximidad de los lugares interesantes.

Al día siguiente nos propusimos visitar la Pza. de S. Pedro utilizando la línea A del metro y, guardando una espectacular cola, la Basílica de El Vaticano.

La cola era prácticamente andando todo el tiempo, por lo que accedimos al enorme recinto en unos 20 minutos.

El Vaticano es de unas dimensiones extraordinarias, no pareciendo tan desproporcionado por la relación de todos los elementos que lo componen e integran que están dimensionados todos en proporción, lo que da un aspecto homogéneo y armónico.

Espectaculares son las esculturas en mármol de Carrara, La Piedad del famoso Miguel Angel, las columnas salomónicas o los mosaicos a título de cuadros, cuya perfección y variedad de tonos, los hacen difíciles de diferenciar de cuadros ejecutados al óleo con las mas bellas tonalidades.

Proseguimos a pié nuestro itinerario, hasta el castillo de Sant´Angelo y, a continuación, cruzando el río Tevere por el puente de Sant´Angelo, ricamente adornado con perfectas esculturas a ambos lados del mismo, dirección a la conocida Pza. Navona, no sin antes hacer una parada para reparar nuestras fuerzas con un suculento almuerzo que como plato principal pedimos un buen trozo de cordero al horno, aderezado con romero y otras hierbas aromáticas. El resto igual, ensaladas con mozarella, algo de pasta, tiramisú, bebidas y café. El precio el mismo, unos 40 € los dos.

Pasamos por muchas calles de las autenticas calles vivideras de la Roma de siempre, hasta llegar a la concurrida Pza. Navona, llena de malabaristas, pintores, mimos, cafeterías y curiosos.

Una grandiosa escultura central preside la plaza y, dos artísticas fuentes, ricas en esculturas, se sitúan en ambos extremos.

En la zona media de uno de los laterales, se encuentra una magnifica iglesia con una enorme cúpula, y con una rica y exquisita decoración interior.

Continuando por las calles interiores a las nuevas avenidas, accedemos al Palacio Montecitorio, después a la Piazza Colonna, para llegar de repente y a la vuelta de una esquina, a una pequeña plaza, llena de gentes y con un fuerte murmullo entorno a un espectacular y único grupo escultórico, la Fontana de Trevi.

Inevitable es el sentarse a su borde y dejar la mente en blanco para que absorba todo el encanto y embrujo de esta fuente, cargada de historia y de peticiones.

El agua al caer acompaña con su sonido el romanticismo del entorno, las máquinas de fotos no cesan de disparar y, entre tanta belleza y arte, tiramos otra vez unas monedas al agua, vueltos de espaldas, mientras formulamos un deseo que, con ilusión y esperanza queremos alcanzar.

Otro de los días de estancia en esta vieja y eterna ciudad, lo empleamos para ver el Quirinale y el Palacio de la Opera, así como vagar por las calles llenas de encanto y de bonitas vistas, y también para visitar la Plaza de España,

en cuyas proximidades se encuentra una gran zona peatonal, llena de tiendas de las más conocidas marcas exclusivas a niveles mundiales, con el atractivo de que se puede entrar en ellas sin ningún problema, curiosear y no te cobran como hacen en otras ciudades.

Obligado es degustar los conocidos helados, de muy suave textura y los más variados sabores y colores. Únicos, exquisitos y vistosísimos.

Muy interesante de visitar, aparte de los jardines que se pueden recorrer en un trenecito por 2,50 € por persona, es la exposición de esculturas de Bernini, y de pintura que alberga el Palacio que está en Villa Borghese, para llegar y debido a que está algo apartada del centro, es conveniente acercarse mediante la linea A del metro, aunque la vuelta la hicimos andando disfrutando del ambiente de la calle y admirando los numerosos Ferraris y otros coches de delicado y deportivos aspectos.

Debido a la gran afluencia que existe de entendidos en arte y admiradores a este recinto, es muy difícil de obtener las entradas que, siempre están agotadas o son para horas menos apetecibles, por lo que, de tener interés por la visita, es posible adquirirlas por Internet en www.ticketeria.it

Como el primer día que visitamos el Vaticano, no nos decidimos de acceder a los museos del mismo, por las interminables colas de unos 2 Km., volvimos otro día y a las 11 de la mañana tomamos nuestro puesto en la cola, con resignación y los chaquetones en los brazos por el calor, para ir caminando hacia la entrada. Para nuestra sorpresa, en una hora llegamos al acceso y entramos en un mundo de arte inigualable, donde se combina la arqueología, con la escultura, la arquitectura o la pintura.

La descripción se hace imposible y sólo se puede tener una noción, viendo fotos de algunas salas, sus suelos, sus techos y los contenidos incalculables de su interior.

Hacemos un descanso en la Capilla Sixtina, (1.471 – 1484 por el Papa Sixto IV), en la actualidad acabada de restaurar y radiante de esplendor y belleza. Se pide constantemente que no se hable para evitar exceso de vibraciones, y se impide que se hagan fotos.

Sentados dejamos que los sentidos se empapen de tanto arte y tan exclusivo, de tanto sacrificio y de tanta inspiración del Maestro Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni, conocido por Miguel Angel.

La gran sala rectangular, repleta de pinturas, presenta en su parte central el conocido cuadro de La Creación, y uno de los laterales está ocupado por el gran mural de El Juicio Final.

Cada uno de los frescos, cada figura, cada pincelada transmite las vibraciones de su creador y nos deja sin límite para la admiración de este entorno único en el Mundo.

Los minutos pasan sin sentir y, después de casi una hora, nos obligamos a seguir nuestro recorrido, no sin esfuerzo por abandonar la Capilla mas bella del mundo.

Hasta el mes de Abril el horario de visitas termina a las 2 de la tarde, por lo que al salir compramos unos libros y exploramos la zona en busca de un restaurante para el almuerzo. Localizamos uno cuyo aspecto nos pareció bien, y degustamos las viandas entre las que pedimos pizzas que, tanto por su soporte, como por su contenido y sabor, las recordaremos durante mucho tiempo.

Proseguimos el camino dirección de nuevo al gran Coliseo para visitarlo en su interior. El gran edificio de mármol es impresionante por su tamaño, las columnas, los capiteles, las esculturas y la altura de sus plantas. La cola para la entrada es relativamente pequeña y, en poco tiempo, entramos por las galerías que lo bordean y que dejan ver las estancias con diferentes objetivos, hasta que por medio de un moderno ascensor de acero y cristal, subimos al nivel mas superior para recorrer todo el perímetro y gozar de todas las vistas desde tan privilegiado lugar.

Recordamos de nuestro anterior viaje que había gradas y que en la actualidad no están, sólo hay un pequeño tramo de muestra y acotado.

La Ciudad Eterna nos ha proporcionado unos días de encanto, descubriendo cientos de lugares, de grandiosos edificios, de obras de arte únicas e irrepetibles, y recordando otros aspectos vividos en otra ocasión, de trato con el pueblo amable y comprensivo, de emociones y de diversión. Roma siempre nos esperará y nuestros deseos es preparar la nueva visita a esta acogedora Ciudad.

Así sentí Roma y El Vaticano

Autor: José Enrique González Palma

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26 Sep 2008

Polonia, impresiones de un Pais. Gdynia

Escrito por: j-enrique el 26 Sep 2008 - URL Permanente

Polonia, impresiones de un País. Gdynia

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

Agosto 2.008

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Polonia es un país que ha sufrido numerosas ocupaciones y que desde 1.918 es independiente, aunque sus fronteras fueran modificadas con la Segunda Guerra Mundial.

Su población supera los 38 millones de habitantes, y entre sus ciudades mayores, figura Gdynia, que tiene unos 260.000 habitantes, y de la que partimos para recorrer unos 30 Km. para llegar a la ciudad de Gdansk.

La historia de Gdansk se remonta a unos 1.000 años, por lo que aún conserva edificios de gran porte y monumentos góticos y barrocos, especialmente en la llamada “Ciudad Vieja” a la que se accede por un arco ornamental llamado “Goleen Gate”, que permite el paso a través de las murallas medievales que la defendían.

Importantes son los edificios del Ayuntamiento y del palacio de Artus, construido en el S. XV.

Esta ciudad también es muy conocida por fundarse por Lech Wałęsa en los astilleros Lenin, el difundido sindicato Solidaridad. Posteriormente el fundador llegó a ser Presidente de la nación.

Cuando cruzamos el espectacular arco, después de mirar como hacían puenting desde una altísima grúa sobre el río Motlawa, comenzamos a pasear por la Long Street, concurrida por miles de personas, y llena de comercios y puestecillos que le confieren un ambiente festivo y relajado, y es una zona peatonal muy interesante también por los edificios y monumentos que en ella hay.

Aunque la temperatura no es alta, las gentes hacen largas colas para comprar helados, pues sólo los ven por un corto periodo de tiempo.

Los cafés sacan sus mesas al aire libre en esta época, y están todos llenos de público que goza del ambiente y de la luz natural.

Los puestecillos mayoritariamente venden productos naturales realizados en madera, mimbre, etc. Y nos llama la atención enormes cajas de madera con cerillas gigantes de unos 30 cm. cada una de longitud.

Un dulce olor a vainilla nos llega desde uno de los puestos ambulantes que hacía gofres, intentamos comunicarnos con la chica pastelera pero era muy difícil hacernos entender, consiguiendo pactar el pagar con euros aunque no conseguimos que nos entendiera los componentes que deseábamos, a pesar de lo cual, nos resultó exquisito y muy particular.

Mi hija tiene como afición, entre otras muchas, el adquirir latas de coca cola poco habituales en nuestro país, escritas en el idioma del lugar de compra, como curiosidad las tiene en árabe, chino, ruso, turco, etc. por lo que intentamos buscar una en polaco.

Solo encontrábamos botellas por más que preguntábamos, hasta que en una especie de pastelería, las tenían. Pedimos una pero solo nos podían cobrar en moneda local (Zloty), por lo que desistimos y nos marchábamos, ante lo cual, para no perder una venta, accedieron a cobrarnos en euros. Ahora ya luce en la estantería de recuerdos.

Caminando nos encontramos con la conocida fuente de Neptuno, realizada con esculturas en bronce y que fue el símbolo de la ciudad en época de la liga de los países Anseáticos.

En esta zona de la Ciudad vieja, se encuentra la Iglesia de St. Mary que, según nos informaron, el la iglesia medieval de estilo gótico mayor del mundo construida con ladrillos, aunque no se si es posible que yo ya conozca la gran cantidad de cosas únicas o mayores del mundo, pues en casi todos sitios pretenden ser originales, desconociendo su certeza.

La edificación se prolongó durante 159 años y ahora contiene en su interior un reloj astronómico que data del siglo XV, en el que se reflejan incluso el santoral.

Muy importante es la catedral de la Oliwa, construida sobre las ruinas de un antiguo monasterio, y donde se hizo un órgano único compuesto de casi 8.000 tubos de metal y madera, y que hoy constituye una de las atracciones más populares.

Muy visitado es el castillo gótico de Malbork por ser de los mas importantes de Polonia y su construcción se llevó a cabo en época de los caballeros Teutones, allá por el año 1.274, y posee unas magníficas murallas defensivas, torres y laberintos de cámaras y mazmorras.

En su interior podemos disfrutar de colecciones de piezas de ámbar, esculturas o cerámica.

A la salida de la zona antigua, visitamos un museo y tienda de ventas de ámbar, preciada sustancia que es definida como: “El ámbar es una sustancia dura, liviana y quebradiza. Se forma de una resina vegetal residual de algunos árboles que data de hace 25 a 40 millones de años y que con el tiempo sufrió un proceso de fosilización formando masas irregulares y extensas dentro de los estratos de arenisca y pizarras arcillosas de la edad terciaria”.

Actualmente es utilizada en joyería y los hay de diferentes colores que van desde el mas claro, que es el mas antiguo y escaso, pudiendo tener unos 40 a 50 millones de años, hasta los acaramelados mas jóvenes, que suelen tener entre 20 o 25 millones de años.

Como complemento a la venta de piezas con ámbar en esta tienda-museo, se nos hace una demostración de autenticidad introduciendo en agua piezas falsas y autenticas, flotando las autenticas por su contenido en burbujas de aire captado en su interior, aunque por otros conductos nos informaron que las pruebas no son concluyentes.

C O I N C I D E N C I A S:

Durante el paseo por la calle peatonal, Long Street, concurrida y recorrida por miles de personas, nos deja perplejos oír una voz con tono andaluz: ¡ Pero tú ¿Qué haces aquí? !

Sorprendidos miramos y se trataba de una compañera de trabajo, cuyo puesto de trabajo está en la misma planta y a escasos metros del mío, y que solo nos vemos para cosas muy concretas y esporádicas y ahora, nos encontrábamos paseando por una calle de Polonia.

Nos saludamos efusivamente y, casualmente, hacíamos el mismo crucero, aunque nunca nos vimos ni coincidimos otra vez en el barco.

Así sentí Polonia

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AUTOR: José Enrique González Palma

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21 Sep 2008

Dinamarca, impresiones de un pais. Copenhague

Escrito por: j-enrique el 21 Sep 2008 - URL Permanente

Dinamarca, impresiones de un País. Copenhague

Impresiones de un lugar que no conocí.

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

Agosto 2.008

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El inicio de nuestro crucero por el mar Báltico comenzó con la llegada al aeropuerto de Copenhague, de moderno diseño en acero y cristal, donde un llamativo anuncio con letras de neón nos da la bienvenida a la primera ciudad que debemos conocer pero, debido al horario, nos trasladan en directo al gran crucero que espera en el puerto, dándonos la oportunidad de ver este lugar desde el autocar, en su trayecto hacia el puerto, y por los folletos de las excursiones propuestas, aunque esta es imposible de realizar.

Gracias a esta impecable programación y a las informaciones facilitadas, quedé enterado de que Copenhague es la llamada Joya de Dinamarca, es muy diferente de otras ciudades europeas, acogedora y con gentes abiertas tiene una historia muy antigua, ya que fue fundada alrededor del año 1.000, habiendo indicios de asentamientos en la zona desde el 4.000 A.C.

Esta ciudad de dos millones de habitantes es la capital de Dinamarca desde principios del siglo XV, y está surcada por multitud de canales que la han hecho acreedora del sobre nombre de “Venecia del Norte”.

La climatología es muy dura en invierno por las bajas temperaturas y por la falta de luz natural, pues el sol deja ver su luz, los días despejados, solo unas horas hasta el mediodía, quedando el resto del día en la oscuridad, lo que no afecta a las distintas actividades ni horarios comerciales, pero si afecta a multitud de personal, cuyos ánimos decaen por la carencia de luz natural.

En verano el ambiente es festivo, la zona próxima al puerto está llena de personas paseando, leyendo, comprando en las muchas tiendecitas que están en la zona, hablando en grupos y sentadas en los veladores situados en la calle de múltiples barecitos instalados en la zona peatonal.

Las temperaturas en verano invitan a pasear por los jardines y por las atractivas calles, llenas de comercios y de personas tomando el sol. También es muy común el salir con el barco o la motora, que la mayoría de las personas de esta ciudad poseen.

Por la mañana amanece muy temprano, prolongándose el día incluso hasta las 10,30 de la noche, hora en que ya muchos restaurantes han cerrado aún haciendo sol, por lo que es frecuente cenar con luz natural.

El nivel de vida de los Países Nórdicos es bastante alto, por lo que los precios son caros para nuestras economías, aunque están compensados disfrutando de ciertos servicios sociales, muchos de ellos servicios caros para nosotros, que son insignificantes o de coste mínimo, para los salarios que perciben.

En la ciudad, en época estival, se ha fomentado el uso de las bicicletas para los desplazamientos por el centro o los recorridos turísticos, evitándose la saturación del tráfico con los innumerables coches que la visitan, cosa que se ha conseguido gracias a los bajos coste del alquiler de estos vehículos y a las facilidades para su uso y aparcamiento.

Uno de los primeros lugares que se suele visitar, es donde se encuentra la famosa Sirenita, pequeña escultura sentada sobre una roca, al borde del mar, y que está inspirada en los cuentos de Andersen, archiconocido escritor famoso por sus cuentos que vivió parte de su vida en Copenhague, y que terminó el que inspiró este símbolo, de forma que no le gusta a la mayoría, por la tristeza de su final.

Otro de los lugares que mas llama la atención al público que visita esta ciudad, es el Bar de Hielo (situado en el interior de un moderno hotel), por su originalidad, pues todo, todo esta hecho de hielo, paredes, asientos, decoración e incluso los vasos.

Para visitarlo es necesario ponerse una especie de capa y unos guantes, para evitar enfriamientos durante los 25 minutos máximo que se puede estar dentro de él.

En los vasos de hielo se puede degustar cualquier tipo de combinado, pero es una de sus bebidas mas famosas el vodka Absolut, todo ello en in ambiente a 5 grados bajo cero.

Copenhague es una ciudad llena de riquezas artísticas, exposiciones, museos, edificios de gran porte y palacios, siendo interesante visitar el Teatro Real, el Ayuntamiento, el Palacio Amalienburg, que es actualmente la residencia real, y que está compuesto por cuatro pabellones de estilo rococó, los cuales impresionan por la riqueza de la decoración y por la perfecta conservación.

Llamativo es el edificio de la antigua Bolsa, situado próximo al Parlamento y a la Nueva Biblioteca, en el islote de Slotsholmen. El edificio fue construido por un arquitecto de origen flamenco, que lo realizó en piedras y ladrillos, con cubierta de cobre que pronto se mimetizó con las del resto de la ciudad, tomando el característico color verde. Se divisa desde multitud de lugares de la ciudad, debido a su alta y particular torre en espiral, que es una aguja de 54 metros de alta formada por cuatro colas de dragón estrelazadas.

En el parque de la Ciudadela, se encuentra la conocida fuente de Gefión, representativa de la mitología local.

Muy visitado es el parque de atracciones Tivoli, uno de los mas antiguos del mundo, pues ha cumplido ya 164 años, estando lleno de atracciones, pequeños bares, cafés, música, etc. conservando el encanto de la época de construcción y situado próximo al Ayuntamiento y la estación Central. Curioso es el lema por el que, se dice, se construyó: Cuando un pueblo se divierte, no piensa en política.

Referente a la ingeniería actual y a la utilización de los últimos avances técnicos, no podemos pasar por alto la gran obra por la que quedan conectadas Dinamarca y Suecia, desde Copenhague hasta Malmö, mediante un puente-túnel sobre y bajo las aguas, pues está constituido por un puente que se adentra en el mar por el que circulan vehículos y trenes hasta una isla artificial en la que, aparentemente, desaparecen en el mar, pues comienza el largo tramo de túnel subacuatico integrado por 20 tramos de 176 metros cada uno y 38,60 m. de ancho.

El ensamblaje de estos tramos se realizó situándolos a cada uno en su sitio mediante GPS, sellándose posteriormente por un equipo de submarinistas, y procediéndose posteriormente a la extracción del agua contenida para su desecación u utilización.

Parte de estas estructuras, los 49 tableros que constituyen la totalidad de los vanos de aproximación al puente, fueron construidos en Andalucía, al Sur de España, concretamente en Puerto Real (Cádiz), siendo transportados por vía marítima hasta Suecia.

Con esta obra, tanto los coches como el ferrocarril, pasan bajo el agua en un tramo de unos 4 Kms. y, sobre el túnel, pasa un intenso tráfico de grandes buques, cargueros o cruceros, día y noche, bordeando el mayor parque eólico construido hasta la actualidad.

El parque eólico está construido en el mar abierto, llamado Horns Rev y compuesto por 80 torres que tienen una altura de 110 metros.

Los rotores giran impulsados por tres aspas gigantescas de 30 metros cada una, y que fueron ensambladas en tierra al rotor y transportadas en un ingenio especial hasta el punto de cada torre, para allí ser elevados hasta su punto de fijación.

El espectáculo de estas grandes obras, pasa ante nuestros ojos cuando nuestro crucero abandona el puerto de Copenhague, siguiendo los pasos del crucero Lírica, con rumbo paralelo al inmenso parque eólico, con el rojizo sol ocultándose por el horizonte en el momento en el que pasamos sobre el gran túnel subacuatico, mientras miramos en la lejanía cómo las luces de los vehículos que circulan por el tramo de puente marino, desaparecen en el mar, mientras las enormes aspas de los generadores giran sin cesar a la luz del atardecer.

COINCIDENCIAS:

A nuestra llegada al crucero nos recibieron y acompañaron al camarote y, tras acomodarnos, realizamos las gestiones de inscripción, registro de tarjeta, etc. nos dirigimos a la cubierta 9º para descansar tomando un café y admirar el paisaje.

Al instante de sentarnos, un gran crucero inicia su marcha desde un muelle próximo, miramos y reconocimos que se trataba del Lírica de la compañía MSC, en el que habíamos realizado el primer y mejor crucero hasta hoy, partiendo desde Venecia hasta Turquía, y ahora volvíamos a verlo en un lugar tan lejano. Nostálgicos recuerdos y experiencias se nos vienen a nuestras mentes, mientras lo vemos partir lentamente rumbo al Báltico, ante nuestra sorpresa y admiración.

Así sentí Copenhague.

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AUTOR: José Enrique González Palma

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08 Sep 2008

Nepal, impresiones de un pais

Escrito por: j-enrique el 08 Sep 2008 - URL Permanente

Nepal, impresiones de un País

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

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Un caluroso día de mediados de Agosto, aterrizamos en Katmandú procedentes de la India, desde donde llegamos en un vuelo casi todo ascendiendo, hasta alcanzar Nepal.

Nepal está situado entre India y el Tibet, al pié del Himalaya. Es muy montañoso y en él está la mayor elevación de nuestro Planeta, el Everest que está acompañado de siete picos de más de 8.000 metros de altura.

La población, de más de 13 millones de habitantes, procede de varios lugares, perteneciendo a varias étnias, por lo que hablan varias decenas de dialectos, aunque el idioma oficial es el Nepalí.

La edificación del aeropuerto es muy precaria, y la vigilancia del mismo es ejercida por militares equipados con "escopetas".

Los trámites aduaneros son lentos y nos hacen padecer el intenso calor reinante transmitido por la frágil edificación. Nos advierten que no mostremos impaciencia pues se nos puede hacer infinito el paso por la aduana, debido al celo de los funcionarios, y ya que allí, el tiempo se mide en lentos minutos nepalíes.

Una vez solucionados los obligados trámites, lo primero que hicimos fue cambiar a moneda local, la rupia nepalí, procediendo a continuación a trasladarnos al hotel, situado en una zona tranquila a unos veinte minutos del centro, construido en un antiguo palacio donde se ha conservado muchos elementos perfectamente restaurados, poseyendo unos amplios jardines en su acceso.

La ciudad, situada a unos 1.400 metros de altitud, presenta constantes obras de arte con balconadas talladas en madera, decoraciones también en madera tallada en edificios públicos y religiosos, y todo tipo de obras artísticas, tanto en arquitectura, como en pintura o tallas.

La renta per capita es de sólo 150 $, y su moneda es la rupia nepalí, que al cambio representa unas 9,95 pesetas

Conociendo la ciudad, nos gustó mucho la llamada "Durbar Square", plaza que es el centro neurálgico y comercial donde se puede comprar casi todo, incluidas mesas con pies de patas de elefantes, cráneos de monos, manos de gorilas, pretendidas antigüedades en madera, marfil, etc. Son muy artísticas unas pinturas sobre telas de algodón, llamadas tankas, con representaciones religiosas y que, generalmente, son usadas en los altares interiores de las casas, los mas abundantes, de unos 40 x 70 cm. cuestan alrededor de 11.000 pesetas.

Esta enorme plaza tiene unos notables entre los que destaca el antiguo Palacio Real y que constituye el mas antiguo palacio del mundo, construido en madera de un solo árbol.

En la ciudad, todo nos llama la atención, las pagodas y stupas diseminadas por las plazas, incluso en medio de la calzada hay pequeños templos en los que es común la alegoría a la vida representada por el lingan y el xoni, órganos sexuales masculino y femenino, las plazas en si ya son dignas de quedar admirados al igual que los mercados, y especialmente. En la plaza hay así mismo un palacio llamado Kumasi, en el que se aloja una diosa viviente, es una niña de corta edad, que es elegida diosa tras unas pruebas macabras entre las que se encuentra la degollación de cebúes y otros animales, entre cuyos cuerpos y la sangre derramada, andan grupos de niñas y, si hay alguna que no llora ante tan aterrador espectáculo, constituye la señal y es nombrada diosa hasta la pubertad, momento en que será sustituida por otra. Nos comentaron que el resto de su vida no era de lo más agradable, pues, tras haber sido diosa, no es solicitada por varón para compartir la vida.

En otra zona de la ciudad, encontramos las tiendas donde habitualmente se equipan los grupos de escaladores, y donde también venden los elementos no usados o en buen estado, después de realizadas las expediciones. Allí se contratan los famosos porteadores sherpas.

En una tienda de antigüedades adquirimos una estatuilla de bronce, con las escorias aún en su interior, a un pequeño vendedor de unos 10 años y que hablaba español de tan sólo oírlo a los turistas. Tanto nos llamó la atención, que le prometimos y cumplimos, mandarle un curso de español en inglés, idioma que hablan con mucha frecuencia y fluidez.

Desencadenándose, en pocos minutos, una caudalosa lluvia, propia de la época de los monzones, tomamos un ciclo-rickshaws (bici-taxis), vehículo con capota para dos asientos tirado por una bicicleta y el esfuerzo de un pobre hombre pedaleando para transportar dos personas, para trasladarnos al hotel. A propósito de estos medios de locomoción, nos comentaron que no debíamos de evitar cogerlos por lastima hacia el conductor por el esfuerzo que ha de realizar, ya que los ingresos que obtienen durante la temporada estival, son los únicos medios de que disponen para vivir todo el año, además de resultar bastante rápidos para moverse por la ciudad, y muy económicos para nosotros.

Las calles carecen de alumbrado público y sólo se adivinan las siluetas que permiten la luz proyectada por los faros de las bicicletas, algún coche o alguna moto. El camino hacia el hotel se nos hace desconocido, pasando por zonas de chabolas y por calles irregulares terrizas que nos indujo a pensar la posibilidad de correr peligro, por lo que preparamos nuestra defensa haciendo una improvisada arma con la estatuilla de bronce recién comprada, y que suponía una contundente defensa llegado el caso. En unos veinte minutos, salimos a una vía principal y aparece frente a nuestros ojos la imagen del Palacio Real, muy próximo a nuestro hotel, y el único que, junto al palacio que tiene el hermano del Rey, tiene luz eléctrica en los exteriores, aparte los comerciales y establecimientos turísticos.

La fuerte tormenta pasó y pudimos hablar con aquel hombre que tanto esfuerzo realizó pedaleando para transportarnos hasta el hotel por los intrincados atajos que tan bien conocía. Nos habló de su familia, sus hijos y de lo precaria de su situación trabajando sólo en los meses estivales. Le agradecimos sus servicios y le abonamos el doble de lo que habíamos pactado tras el correspondiente regateo, unos 12 Rs, algo así como 120 pesetas, realmente muy poco para nosotros, pero bastante para el, demostrándolo con amplias reverencias de agradecimiento y efusiva despedida.

En la ciudad, todo nos llama la atención, las pagodas y stupas diseminadas por las plazas, las plazas en si, los mercados, y especialmente, un palacio llamado Kumasi en el que se aloja una diosa viviente, es una niña de corta edad, que es elegida diosa tras unas pruebas macabras entre las que se encuentra la degollación de cebúes y otros animales, entre cuyos cuerpos y la sangre derramada, andan grupos de niñas y, si hay alguna que no llora ante tan aterrador espectáculo, constituye la señal y es nombrada diosa hasta la pubertad, momento en que será sustituida por otra. Nos comentaron que el resto de su vida no era de lo más agradable, pues, tras haber sido diosa, no es solicitada por varón para compartir la vida.

Buscando una farmacia donde encontrar remedio a nuestros males, pasamos por una vieja tienda donde exponían un cartel publicitario del antiguo detergente “OMO”, desaparecido en nuestro país hace mucho tiempo, y que nos recordó nuestra niñez

En la parte antigua de la ciudad, encontramos un cobertizo de madera, cuyo fondo estaba ocupado por una estantería con botes llenos de distintos productos, cada uno de un color. Sentado tras el antiguo mostrador, un hombre mayor con largas melenas y blanca barba esperaba para atender al público. Era todo como una de nuestras farmacias, por lo que solicitamos remedio para el mal estado general que padecíamos desde India, fiebre y afección bronquial, al parecer un conato de malaria. El anciano mezcló varios tipos de hierbas y algún líquido, lo trituró en un mortero produciendo un líquido rojo intenso, que nos dispensó en un pequeño bote, con la prescripción de que se tomara tres veces en el día.

Con recelo así lo tomamos y a la mañana siguiente quedó el mal atajado, aunque como efecto colateral, nos salió unas llamativas urticarias que, al menos, duraron poco ¡toda una experiencia!

También adquirimos un sobre rectangular con unas grandes aspirinas, las cuales no usaríamos pero que conservamos como recuerdo del conocido medicamento en una presentación singular.

Por las tardes, una vez finalizadas las visitas “formales”, descubrimos ya anocheciendo, un pequeño restaurante con unas cinco mesas solamente, adornadas con pequeños floreros y velas, limpio y acogedor nos atrajo y cenamos, descubriendo una exquisita y original comida china, y atendidos con mucha amabilidad. Regresamos caminando a nuestro hotel, caminando unos 30 minutos en la oscuridad, orientados por las luces de las bicicletas hasta el Palacio Real que ilumina las calles adyacentes. La experiencia la repetimos las noches que allí estuvimos.

Una mañana, nos desplazamos en un minibús hacia la montaña, subiendo a una altura que se nos hacía difícil respirar, para ver un paisaje espectacular, mostrándose las grandes cumbres presidida por el Annapurna, con más de 8.000 metros de altura.

Bordeando la montaña, pasamos por un lugar en el que aún se siguen practicando sacrificios de animales, estando las paredes llenas de sangre de alguno reciente.

Legamos a una especie de albergue en la zona más alta y, era tanto la añoranza de nuestras costumbres, que intentamos hacer una tortilla de patatas pero, al no entendernos, pasamos a la cocina para realizar el intento y que no salió, por lo que terminamos deleitando unas finas cuñas de queso de yack acompañadas con guindas, produciendo un exquisito contraste que no olvidaremos.

Próxima a Katmandú, se encuentra la ciudad de Bodnath, donde se encuentra la mayor stupa de Nepal, siendo un punto de peregrinación para los budistas.

A pesar de ser un país muy pobre y sucio, Nepal nos cautivó por sus gentes, sus cariñosos niños, sus obras de arte en madera, sus costumbres, sus impresionantes paisajes de montaña, sus mercados donde exploramos extrañas frutas del tamaño de melones pero con pinchos, etc. cosas que difícilmente se pueden olvidar.

Pronto tuvimos que partir para proseguir nuestro viaje hacia Tailandia.

Así sentí Nepal

Autor: José Enrique González Palma


www.estadisticas-gratis.com

14 Jul 2008

Turquía, impresiones de un País. 2ª parte

Escrito por: j-enrique el 14 Jul 2008 - URL Permanente


Turquía, impresiones de un País.

2ª Parte

AUTOR: José Enrique González Palma (www.JoseEnriqueGonzalez.com)

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización.

El acceso está configurado por medio de largos túneles, muy estrechos y bajos, por los que hay que andar agachados y en fila india, lo que dificultaba el asalto y facilitaba la eliminación del enemigo desde unos orificios practicados en la parte superior por donde golpeaban con facilidad con lanzas hasta disuadir al intruso, especialmente al llegar a un estrechamiento taponado con unas grandes piedras circulares de hasta 500 Kg. De peso, talladas in situ, que giradas y convenientemente calzadas, ofrecían la seguridad requerida impidiendo el progreso de la intromisión.

Las viviendas desarrolladas en las zonas altas de las masas volcánicas, son confortables y constan de varias habitaciones, incluso algunas con balcón o terraza, recubiertas en su interior, por alfombras multicolores, tanto las paredes, como los asientos o mesas excavados en la roca,

y como muestra de la hospitalidad de este pueblo, a nuestra visita a una de estas viviendas, lo primero que hicieron fue agasajarnos ofreciéndonos un reconfortable té turco, mientras se nos empapaban nuestros sentidos de un sentimiento de paz y soledad que nos traslada en el tiempo y produce una extraña sensación de tranquilidad y melancolía, tal vez por el cansancio o por lo desolado de una zona tantos siglos habitada por personas que tantas dificultades y persecuciones padecieron.

Los sistemas de almacenamiento de agua se solucionaron mediante pozos artesianos, tallados literalmente en la roca, y con hasta 40 metros de profundidad, y que practicando orificios en los distintos niveles, servía de ventilación para las zonas próximas Otros agujeros servían de ventilación directa y como intercambiadores de víveres y animales en épocas de tranquilidad, y se obstruían en épocas de peligro.

El paisaje exterior, todo nevado con apariencia de ser una gran alfombra blanca, se tiñe de un color rojizo por los rayos del sol, cuando con la intención de reponer fuerzas, accedemos a una antigua Posada, convertida hoy en un buen restaurante mediante la reconstrucción de la primitiva de épocas pasadas, situada y usada en la Ruta de la Seda, floreciente comercio entre Oriente y Occidente, de la que se conserva algún muro y la puerta de acceso.

Los techos de vigas de madera tallada, la configuración de los elementos nos recuerdan los numerosos mercaderes que la habitaron y que tantas aventuras protagonizaron en su época.

El servicio es eficaz y nos sirven en unos grandes platos de cerámica, con dibujos clásicos de Iznik (Nicea) tan delicados y artísticos que no nos resistimos a fotografiar.

Terminada la reposición de fuerzas culminando el almuerzo con un buen café turco, nos encontramos al salir con un paisaje rojizo, que se pierde en el horizonte, inmenso.

A pocos metros de nosotros, unas mujeres sentadas rodeadas de nieve, hacían labores confeccionando paños y tapetes para su venta. Próximos, unos cobertizos aguantando la inclemencia del tiempo, se presentan repletos de recuerdos para llevar, manualidades, trozos de minerales, pieles, etc.

Algo más tarde pudimos apreciar la destreza, la creatividad y la belleza, tanto en una factoría de joyas y trabajos con minerales y piedras preciosas, como en la fabricación manual de ricas alfombras, y de la propia seda, desde la cría de los gusanos, hasta el triste proceso para la obtención de la seda mediante la inmersión en agua hirviendo de los capullos con la crisálida viva dentro.

En fecha tan especial como es el fin de año, ignorantes de la cultura y costumbres locales, dudamos de cómo entraríamos en el nuevo año, pero nos sorprendió la organización de la celebración especial, para los occidentales, que también fue secundada por las gentes locales de la región de Capadocia. El lugar, una gran superficie circular culminada con una gran bóveda excavada en la roca volcánica a la que confluían ocho bóvedas o salones abovedados que, formando una planta estrellada, sirvieron para acomodarnos siendo los asientos y las mesas también de roca tallada, tapizados con cojines, manteles y alfombras,.

Sobre los manteles de telas hechas a mano, decenas de platos llenos de comidas locales cubrían las mesas junto a cuencos llenos de distintos frutos secos, destacando los conocidos pistachos, aquí de gran tamaño y buen sabor. Unos originales vasos sobre platitos de colores salpicaban de color las mesas, dispuestos para recibir el vino, el té, el café turco, o el raki, un aguardiente de fuerte sabor y graduación que sirve para acompañar las comidas agregándole agua, lo que le da apariencia de líquido lechoso de muy agradable paladar. La temperatura muy agradable en el interior, contrastaba con la nieve almacenada en el exterior que llevaba le termómetro hasta los 15 grados centígrados bajo cero.

El ambiente se animaba por momentos cuando los músicos comenzaron con el repetitivo ritmo de la música turca, seguida de todos los ritmos que tantas veces habíamos oído en los documentales de lugares remotos. Pronto, grupos de bailarines tomaron su turno con música del Cáucaso, después otros nos deleitaron con los bailes de los cosacos Rusos, dejándonos atónitos por su destreza y agilidad, posteriormente, también con ritmo trepidante, una bailarina nos mostró la famosa danza del vientre, compartiéndola con algunos de los asistentes, entre la simpatía del resto del público.

El raki localmente se bebe como acompañante de las comidas, pero en la fiesta lo tomamos sin limitaciones, la animación subía e incitaba al baile de las danzas de fuerte ritmo, a nuestro sentimiento, y que estremecían nuestros cuerpos y, unidos de las manos bailábamos al unísono sintiendo el sonido de los tambores en nuestro pecho mientras la danza repetitiva nos hacía caer en una especie de trance feliz.

Una interrupción nos sosegó y preparó para una exhibición especial, de tipo religioso, realizada por miembros de una congregación llamada de Los Derviches que, desde tiempos inmemoriales, realizan unas danzas en círculos, alrededor de una piel de cordero, girando también sobre sí mismo , con vestimentas blancas tras despojarse de unas túnicas negras representativas del mal, todo ello cargado de una fuerte simbología representando la piel de cordero al sol, los giros son los de traslación y rotación de los planetas, el blanco simboliza la pureza y el negro al mal que, tras despojarse de él, queda lo puro.

Casi a media noche vimos como alguien había conseguido unas cestas de uvas y las distribuía por las mesas, lo que nos produjo gran nostalgia a la vez que alegría.

Como deferencia a los occidentales, cuando en España eran las 11 aún, sonaron las campanadas y, todos de pié, cumplimos con el rito y brindamos una vez más con el famoso raki, lo que nos ayudó para salir al exterior para, entre gran alegría, risas y algo de nostalgia, asistimos a unos fuegos artificiales en conmemoración del año nuevo, lo cual no consiguió calentar el ambiente lleno de blanca nieve y brillante noche.

La fiesta siguió hasta altas horas de la noche, entonces ya cansados y embriagados de música y bailes, nos desplazamos a nuestros respectivos hoteles, de amplias habitaciones y confortables calefacciones, televisión vía satélite y el máximo de comodidades.

A nuestro regreso hacia Estambul, hicimos una visita general a la Ciudad de Ankara, Capital de Turquía, con cuatro millones de habitantes, dividida en la zona antigua de bajas y homogéneas edificaciones, y la parte moderna que contrasta con sus altos edificios y claro estilo occidental. Muy interesante es el Museo de las Civilizaciones de Anatólia, recorrido desde los tiempos primitivos hasta los recientes de esta interesante región, albergando desde esculturas primitivas dedicadas a la vida, Cibeles, hasta los restos de Constantino el Grande, fundador de Constantinopla, hoy Istambul.

En un lujoso hotel céntrico, tomamos el almuerzo que, como siempre, terminamos con un exquisito café turco en la sobremesa, café finamente molido y hervido en cazo de cobre al que se le añade el azúcar que el interesado ha indicado previamente por lo que no debe moverse una vez servido ya que deja una buena capa de residuo que debe asentarse antes de su degustación. A continuación seguimos el viaje en autobús durante varias horas, entre nieve, para llegar atravesando el gran puente colgante sobre el Bósforo, con sus 1.200 metros entre pilares, a Estambul, la gran ciudad llena de vida, asomada al mar, que nos acogerá de nuevo para dejarnos su recuerdo imborrable y unos deseos inmensos de volver a ella para seguir disfrutando de todos sus encantos.

El cansancio empieza a desaparecer a la vista de tanta actividad, coches, tiendas, luces...tras un breve descanso en el hotel, el tiempo necesario para tomar una reparadora ducha y poco más, tomamos un taxis que, en unos cuarenta minutos, nos lleva a las puertas del lujoso hotel Mármara, lugar de cita con otras personas del grupo. Este hotel está situado en una zona céntrica y alta de la Ciudad, y tiene 20 plantas de altura por lo que ofrece unas vistas espectaculares

del Bósforo y El Cuerno de Oro, así de la misma zona donde está emplazado, la plaza de Taksim, donde confluyen calles peatonales, llenas de luces, de tiendas, de multitud de personas en todas direcciones, algunas de estas calles cubiertas como el conocido Pasaje de las Flores, formando un Centro lleno de restaurantes que intentan atraer a sus locales a los clientes ofreciéndoles vinos, postres o golosinas gratis hasta que al final, se sucumbe a alguno para tomar un exquisito Kebak de cordero con abundantes verduras y algún pescado local de fuerte sabor a mar.

Recorriendo estas calles, llenas de tiendas, fruterías repletas de verduras y frutas de gran tamaño, granadas como pequeños melones, puerros de más de un metro de longitud, castañas del doble tamaño de las que tenemos costumbre de ver, ect. comentándonos que las tierras comprendidas entre los ríos Tigris y Eufrates fertilizadas por el limo de los desbordamientos de ambos ríos, producen tres cosechas al año.

Curioso se nos presenta la forma de asar las castañas, de gran tamaño y semi peladas, de aspecto muy atractivo y de olor irresistible. Otros puestos, a pesar de ser medianoche, venden pescado fresco y reluciente, procedente del Bósforo. Otros presentan la multicolor combinación de los compartimentos de las especias, desprendiendo un peculiar olor que se dispersa por el entorno produciendo una sensación de exotismo oriental.

A pesar de la hora y del frío, es imposible resistirse a la tentación de adquirir algún reloj de marca famosa, algún perfume o algún bolso de alta gama, todos ellos perfectamente falsificado y a precios que no admitían discusión.

Para terminar la noche, nada más confortable que acudir a la sala de fiestas del hotel antes mencionado, de nombre Mármara, y a su planta 20ª desde donde es sobrecogedora la panorámica nocturna de la Ciudad llena de luz, vida, coches moviéndose en el silencio que proporciona la distancia. Un piano suena y una susurrante voz acompaña la melodía en la penumbra. Situados junto al paramento de cristal que da a la calle, amables camareros ofrecen atractivos combinados exóticamente decorados y acompañados de cuenquecítos con diversos frutos secos dulces y salados. Queremos que la noche no avance y se pare el tiempo para seguir en tan idílico lugar, pero el cansancio del largo viaje nos hace sensatos y, solicitando un taxis, intentamos llegar al hotel, pues los taxistas apenas conocen los lugares, algunas veces para aumentar el precio del recorrido, y otras veces por ignorancia ya que se puede hacer algunos trayectos a precio prefijado a pesar de lo cual difícilmente encuentran el destino deseado.

La noche se acaba y el agotamiento invita a tomar una ducha para relajarnos unas horas y levantarnos temprano para continuar conociendo esta apasionante Ciudad.

Por la mañana nos recoge una guía con un coche y su chofer, y comenzamos visitando el Mercado de las Especias, lleno de color y de olores exóticos ¡un espectáculo! En las proximidades se encuentra la Mezquita Nueva, tan admirable como todas, cargada de decoración y con un acogedor ambiente de recogimiento y oración.

Seguidamente tomamos un barco para hacer un micro crucero por el Bósforo, lleno de personas y también de vendedores, nos acomodamos protegidos del viento y vemos pasar antes nuestros ojos la ciudad, mezquitas, palacios como el de Dolmabahce,

de mediados del XIX dando al Bósforo una fantástica fachada de 600 metros y destacando en su interior una lámpara en el salón de recepciones de 4,5 Toneladas de peso y 750 bombillas, el puente colgante que separa Europa y Asia, ect. hasta la llegada a la parte Asiática de Turquía donde nos esperaba el coche para trasladarnos a un restaurante, estratégicamente situado, de grandes cristaleras con vistas al Bósforo, lleno de barcos en su paso obligado entre el Mar Muerto y el Egeo, previo el preceptivo cánon por la utilización del paso.

La mesa se llenó de multitud de platitos cada uno con una especialidad distinta que, pronto empezaron a circular entre los comensales. Los sabores agri-dulces se mezclaban con los ácidos o casi agrios de los quesos o las ensaladas con yogur. Los colores de las presentaciones forman un conjunto armónico que tapizan el blanco mantel de alegres variedades que son un gozo para la vista y un deleite para el paladar. El vino, blanco, suave y transparente es un buen acompañante de la dorada que, seguidamente, nos ponen, de carne tersa y blanca y de muy agradable sabor a mar. Los postres, de frutas naturales exquisitamente combinadas, aligeran un poco la ingesta y preceden al esperado café turco, dulce y fuerte y con un dedo de pozo que garantiza un aroma especial y un sabor muy estimulante.

Para hacer más fácil la digestión, nos trasladamos a la zona más alta del entorno, desde donde nos quedamos impresionados al ver una panorámica de la ciudad, el Bósforo, las edificaciones más emblemáticas, los minaretes, las mezquitas y algún cementerio de pequeñas dimensiones y pocas tumbas observando que proliferan este tipo de enterramientos por muchos jardines y colinas, justificado por no poder enterrar a los muertos en diferentes planos verticales, por cuestiones religiosas, y por no practicar las cremaciones por el mismo motivo.

El chofer, atendiendo una orden dada en turco por nuestra guía, nos condujo hasta una zona bajo el gran puente colgante entre Europa y Asia en la que se encuentra el Palacio de Beylerbeyi y a cuyos jardines accedemos pasando por un largo y húmedo túnel abovedado que, frecuentemente, es utilizado para exposiciones aprovechando las hornacinas laterales empotradas en los gruesos muros de ladrillos rojizos. Rodeado de jardines con multitud de magnolias y justo al borde del mar, se presenta majestuoso y espléndido, de sólida construcción en mármol y perfecta conservación.

Tras una breve conversación de Ozgül, nuestra guía, con los responsables del acceso, nos abren el palacio y nos hacen una seña para que accedamos a él en una visita privada y, nada más entrar, al acceder al recibidor, quedamos atónitos por su tamaño, por la majestuosa escalera, las gruesas alfombras sobre las que se hunden nuestros pies al andar y una espectacular lámpara de ricos cristales que, colgada de la bóveda central, preside la entrada.

La visita es una continua admiración, tanto por la edificación, como por el mobiliario, las alfombras, las lámparas todas de cristal tallado y, en algunos casos, con llamativos colores que a no ser por el entorno resultarían “chillones”, y que en su emplazamiento armonizan con el resto de los elementos. Se suceden salas, habitaciones y salones suntuosos, de gusto oriental y gran tamaño que se ambientan en la época y que, junto con las explicaciones que recibimos, nos trasladamos en la historia y percibimos las vivencias de los ocupantes de antaño.

Concluida la visita, estrechamos nuestra amistad con Ozgül intercambiando experiencias personales, familiares, religiosas, etc. y prometiendo volver a vernos, bien en nuestra casa, bien en Estambul donde nos es imprescindible volver algún día para vivir otra vez entre estas maravillosas gentes llenas de amabilidad y de bulliciosa vida.

El auto nos esperaba para trasladarnos dirección Europa, ya de noche, por lo que pedimos nos dejaran en el Gran Bazar, visita obligada de cualquier turista en Estambul, para hacer algunas compras y perdernos en sus calles cubiertas con bóvedas ricamente decoradas y repletas de tiendas y mercancías.

Nos despedimos con cierta tristeza y caminamos relajadamente en dirección al gran Centro de Compras compuesto por unas 5.000 tiendas en su interior, y por innumerables en el exterior, en el camino buscamos una oficina de cambio de moneda e hicimos una parada en unos aseos públicos “turísticos”, creemos que por estar empotrados en una antigua muralla, sucios, mal olientes, descuidados y donde nos cobraron 500.000 liras turcas por persona, por su uso.

La entrada al Gran Bazar aparece ante nosotros como si de un Arco del Triunfo se tratara, majestuosa y rodeada de cientos de vendedores, en puestos provisionales unos y ambulantes otros, todos intentando vender las mercancías antes de que las personas accedan al recinto, retícula de calles cubiertas donde se hacen competencia las miles de tiendas establecidas, llenas de géneros de multitud de colores y de gran variedad de especies, desde ropas, latón o especias.

A los lados de la gran puerta por la que accedemos, dos guardias, provistos de detectores de metales, custodian por la seguridad del recinto, al menos de una forma disuasoria, pues se limitan a mirar discretamente y pasar desapercibidos sin otro tipo de intervención.

Paraíso para algunos y martirio para otros es lo que supone el Bazar, con abrumadoras ofertas e innumerables, repetitivas y continuas preguntas como: ¿Italianos?...¿Españoles?...¿Quieres ver...? y ofrecimientos de descuentos fabulosos, de vasitos de té o de aromático café turco.

Las calles, cruzándose perpendicularmente las principales con las secundarias, con dibujos policromados en las paredes y en los techos, están clasificadas por tipo de mercancías, así en la principal están las joyerías con diseños de gran fantasía y originalidad, verdaderas obras de arte en plata, oro y piedras preciosas. Adquirimos varias piezas, siendo muy original y propia de la zona de Anatolia, una pulsera de unos 2 cm. De ancha, realizada mediante el trenzado de finos hilos de plata hasta formar una especie de tejido, flexible y de gran vistosidad.

El regateo es obligado tras la degustación de té turco, de manzana o café ofrecido por cada comerciante, después de una relajada y amable conversación, llena de simpatía y cordialidad, preámbulo de la transacción comercial que interesa en ese momento.

Un sin fin de objetos de regalos, bolsos de grandes marcas, prendas, degustaciones de pastelillos, venta de té, café, especias...oro, plata, antigüedades, ect. colapsan nuestros sentidos que no saben donde mirar ni qué hacer. Legados al agotamiento, buscamos una puerta concreta para salir en la dirección que nos interesa y, al salir, descubrimos que en los alrededores se encuentran instalados un número impensable de tenderetes con todo tipo de cosas, artesanos trabajos en cobre, bronce, móviles, artículos de electrónica, prendas de marcas conocidas, colonias de altos precios en ofertas irresistibles, todas evidentemente muy bien falsificadas.

El paseo hacia el hotel ¡una liberación! La temperatura baja, la calle de ancha acera, relajada, el aire puro y libre de la opresión de las ofertas, nos serena y complace.

A la llegada, el conserje de puerta, con librea y chistera negra que le una apariencia como tenebrosa, se apresura a abrirnos la puerta y, solícito, nos alivia del peso de las compras, apreciando entonces el esfuerzo realizado.

Descansamos algo mientras mirábamos las tragedias que ponían en la televisión pero, como la vida del turista es dura, a la hora acordada acudimos a la cita con unas compañeras de viaje para cenar juntos y explorar una zona de restaurantes que se asoman al llamado Cuerno de Oro. La zona en sí ya constituye una atracción, las calles iluminadas por miles de pequeñas bombillas, dan un ambiente navideño a estas calles peatonales, repletas de restaurantes cuyos representantes ofrecen gratis bebidas, postres, café, etc. para que acceda a su local, con amplias marquesinas y ambiente festivo. Tras rechazar cientos de invitaciones, accedimos a uno, conocido por nuestras amigas, y que, como los turcos, en general, cuando has sido cliente anteriormente, te tratan de una forma más amable y especial, con precios más ajustados que ya no hacen necesario el regateo tan exhaustivo, siendo objeto de múltiples atenciones y de detalles especiales. Curioso fue que nos quitaron los abrigos y se los llevaron al guardarropas, casi en contra de nuestros deseos, por agradar, claro, y nos colocaron las servilletas a cada comensal en la forma que tiene costumbre el restaurante. Nos obsequiaron con una botella de vino blanco frío, bastante bueno, mientras nos llenaron la mesa de entremeses de todo tipo, mientras degustábamos aquella variedad gastronómica, casi toda aderezada con salsa de yogur, seleccionamos el plato principal entre varias especialidades casi todas compuestas por pescados del Bósforo, casi vivo y de delicioso paladar.

La presentación perfecta y los sabores peculiares y muy agradables. A continuación, los postres, con una presentación estética impecable, compuestos con frutas naturales para cada comensal, y una fuente común para todos por gentileza del propietario del local.

Junto a nuestra mesa, seis hombres turcos degustaban gigantescas “bocas rusas” dispuestas en una formación con apariencia de fuente, entre verduras y cascadas de grandes langostinos, que al principio confundimos con un centro de mesa para pasar a la admiración al ver que se trataba de un plato elaborado como una verdadera obra de arte. Para acompañar estas delicias, la bebida popular llamada raki, servida en vasos largos presentando un líquido de apariencia lechosa resultado de mezclar el aguardiente con agua fría, de agradable sabor dulzón que ayuda a digerir los alimentos. La noche se animó y llamaron a unos músicos que amenizaron la cena con extraños instrumentos y fuertes cánticos locales.

El público, terminando sus cenas, fueron abandonando el local en el que quedaron sólo dos mesas ocupadas, la de los turcos y la nuestra. Los primeros, animados por el raki, empezaron a bailar sosteniendo en la cabeza uno de los vasos con la bebida incluida, sin derramarla, mientras que los músicos, que tomaron asiento entre los lugares libres de nuestra mesa y la de ellos, subían de tono sus cánticos que nos inundaban y contagiaban de ritmo y música, trasladándonos en nuestra imaginación al sitio donde se encontraban nuestros cuerpos, recordándonos que ese sueño lo vivíamos en la realidad, aunque se nos hacía difícil comprender tanta fantasía hecha realidad.

Al té de manzanas también fuimos invitados y, cuando salimos de nuestra fantasía, fuimos vestidos y preparados amablemente, entre frases de agradecimiento y de buenos deseos, para afrontar la lluvia que caía en la noche iluminada por cientos de bombillitas, alegría y admiración. Iniciamos un paseo bajo los paraguas, cuesta arriba y sorteando los ríos de agua que bajaban desde el comienzo de la calle, dirigiéndonos hacia el hotel donde, a nuestra llegada, el conserje repite otra vez el rito de cortesía y amabilidad, con su levita, chistera negra, sonrisa abierta...

Así sentí Turquía.

10 Jul 2008

Egipto, impresiones de un País. Parte 2ª

Escrito por: j-enrique el 10 Jul 2008 - URL Permanente

Egipto, impresiones de un Pais.

2ª Parte

Dic.2.004/05 AUTOR: José Enrique González Palma

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización.

En el camino miramos la franja cultivada a las orillas del río, con grandes palmerales y cultivos de coles de gran tamaño. La circulación es caótica para nosotros, y nos cruzamos con varias furgonetas, que hacen de taxis y que, además de las personas que van dentro, llevan otras que se sujetan en la parte trasera en el exterior, al aire libre.

Llegamos a Luxor y nos trasladan a un Hotel céntrico para estar allí hasta la hora de partida hacia el aeropuerto. En pocos minutos, localizamos los equipajes y quedamos libres para caminar. Comenzamos por una avenida importante donde se ubican muchas tiendas en las que adquirir aquellos regalos y recuerdos que teníamos pendientes.

Pasadas las 7 de la tarde pensamos en cenar y, no viendo ningún establecimiento adecuado, nos ponemos de acuerdo e inspeccionamos el hotel.

Es bastante grande, con cómodos salones, jardines y varios restaurantes, en uno de ellos ofrecen buffet libre, muy bien instalado y con gran variedad de alimentos para escoger. Concertado el precio verbalmente, accedimos al comedor y repusimos fuerzas y calmamos el apetito.

El traslado al aeropuerto se hizo corto, tomamos nuestros numerosos y pesados equipajes y, haciéndonos un grupo compacto, intentamos acceder al recinto.

Una gran masa de personas nos empujábamos las unas a las otras, las maletas se quedaban trabadas, las voces y la impaciencia era el sentir general. Unos ejecutivos intentaron acceder antes que los demás, pero la vociferante multitud se lo impidió.

El avance era milimétrico y se estrechaba hacia una sola puerta equipada con un escáner y donde se procedía al cacheo y revisión de bolsos de mano. El interminable camino de 20 metros se hace eterno, y nuestro esfuerzo por seguir avanzando agota nuestras fuerzas y nos invade la desesperanza.

Al fin pasamos nuestras pertenencias por la cinta transportadora que las introduce en el escáner de equipajes, en su salida no aparece todo lo que entró, lo que provoca reclamaciones, preguntas, desinterés, etc. hasta que aparece un canuto de cartón de un metro de longitud, contenedor de varios papiros que, al parecer, no tenían mucho interés en devolver.

Nos entregan varios billetes de embarque en los que da igual los nombres que figuran, ni el número de vuelo es el definitivo, ni tiene porqué ser el vuelo que anuncian las pantallas informativas, etc. por lo que optamos por preguntar a unas personas del servicio que nos indican la puerta de embarque.

Los intentos de salir al exterior para coger el autobús que nos llevará al avión, son numerosos. Cada rumor, todo el mundo se pone de pié intentando salir sin éxito, por lo que teníamos que volver a nuestros asientos hasta el nuevo intento.

En las pantallas informativas se proyectaban capítulos de una novela interminable, en árabe, ambientada en época antigua y con precarios actores y con muy mala interpretación.

Cuando ya habíamos perdido las esperanzas, se nos invitó a pasar al exterior, por una puerta distinta, para conducirnos hasta el avión. Entramos por una única puerta situada en la parte trasera y, a duras penas, pudimos acomodarnos.

El avión estaba sucio, y no todo en él funcionaba. Algunos asientos estaban bloqueados y no era posible desplazarlos, algunas bandejas para apoyar las comidas, tampoco.

El vuelo no se hizo esperar más y partimos, entre nuestra admiración y duda, hacia El Cairo. La comida que nos ponen no es de nuestro total agrado y, en una hora llegamos al gran aeropuerto de la Capital.

Nuevamente empieza el caos y la búsqueda de nuestros equipajes. Todo aparece y comienza la búsqueda del autobús que nos trasladará al hotel,

El guía desaparece entre la multitud que impide el paso normal de las maletas y relentiza el caminar. Entre un centenar de autobuses, gritos, maleteros que intentan ayudarte por 1 euro, vemos a algunas personas del grupo, lo que nos tranquiliza en algo y nos hace más pacientes hasta el total embarque de las maletas.

Es de madrugada y tenemos que esperar la aprobación, para continuar, por los militares del aeropuerto. Al fin partimos y empezamos a ver una gran ciudad que no descansa, se ve viva, con gran circulación a pesar de la hora, y las plazas y los mercados, llenos de gentes y de brillantes luces. La temperatura ya no es la del sur, hace mucha humedad y se llega a tener 1 o 2 º C por la noche, aunque por el día se llega a 25º C.

El hotel aparece ante nuestros ojos con su gran fachada frontal constituida por un palacio construido en el siglo XIX para albergar a Eugenia de Montijo cuando acudió a la inauguración del canal de Suez y, en los laterales dos edificios de 20 plantas apoyan un gran semicírculo donde se sitúan los jardines, comedores bajo carpas, piscinas, etc. Con casi 1.200 habitaciones y 14 restaurantes y una decoración palaciega, nos encanta el aspecto y, en pocos minutos, nuestros equipajes aparecen en la habitación, mientras tomamos una reconfortante ducha y miramos el paisaje a través del frente de cristal que da acceso a la terraza y que nos deja contemplar desde la planta 7ª, un Cairo distinto de nuestra concepción previa, lleno de rascacielos, jardines, luces y, en primer plano, la torre de comunicaciones con sus 175 metros de altura.

Pocas horas tenemos para descansar, pues estamos citados a las 7,30 para visitar las pirámides, en el distrito de Gizeh.

El hotel es una pequeña ciudad y nos cuesta algún tiempo el llegar al restaurante donde estaba previsto nuestro desayuno. El ambiente es fantástico y muy dinámico, la decoración y el lujo hacen un perfecto marco para el gran buffet preparado, con todo lo imaginable en gran abundancia. Nos llama la atención la preparación de gruesos y apetecibles filetes de ternera a la plancha, a petición del comensal, huevos preparados de diferentes formas, frutas, cremas, fiambres, mermeladas, etc.

Nos apresuramos para cumplir con el horario, caminamos hasta el autobús que nos conducirá hasta los monumentos y nos situamos en él, acto seguido se nos presenta el guía que nos acompañará a las pirámides, con un buen Castellano, con voz femenina graciosa y exagerados gestos. Nos cae simpático y comienza explicándonos la ciudad donde se mueven 21 millones de personas y 4 millones de coches, normalmente muy viejos y con pocos elementos en funcionamiento, y que circulan sin tener en cuenta los semáforos, ni los pasos para peatones, ni encender las luces de noche, ni los sentidos de la circulación....en un caos que dominan tras años y años de experiencias y vivencias en el que no vimos ni un solo atasco ni accidente.

Como todo es a lo grande, nos concreta que el paso elevado por el que circulamos, constituye un puente de 28 Km. de longitud, dentro de la ciudad

Delante de nosotros aparece la silueta de una pirámide que se nos hace de mayor tamaño conforme nos aproximamos.

Al llegar se hace famosa la frase del guía pronunciada con tono forzado y con mucho deje: ¡vamos todos y todas...! Con regocijo bajamos y, estupefactos, no podíamos dejar de levantar nuestra vista para contemplar tan majestuosa obra.

Tenemos delante la Gran Pirámide de Keops, que se levanta 154 metros sobre el suelo, y que su vértice parece clavarse en el Cielo. Constituida por 2,5 millones de bloques de piedra, cada uno de unos 2.500 Kg., se asienta majestuosa sobre la fina arena del desierto y nos impone respeto al pensar sobre su antigüedad, experimentando un sentimiento como si la fuéramos a profanar al acceder a su interior.

En un lateral, una construcción auxiliar da cobijo a una de las barcas encontrada en las inmediaciones, de gran tamaño, que transportaría el alma a través de la muerte.

En un segundo plano y con la apariencia de ser más alta, sin serlo, se levanta la pirámide de Kefrén, caracterizada por ser la única que conserva en la zona de la cúspide, el recubrimiento original. Esta pirámide tiene las primeras filas de bloque de piedra, tallados en granito rojo. En algunos casos, las uniones entre los bloques son perfectas, pero no siempre, pues hay zonas en que la colocación parece que no guarda un orden, por el deterioro padecido a lo largo del tiempo.

Unos policías, montados en camellos, custodian estos lugares, además de otros a pie, todos ellos mostrando sus generalizadas ametralladoras.

Uno se nos acerca y, con simpatía, entabla conversación y se ofrece a que nos hagamos fotos junto a él, ante las pirámides. Accedemos y después nos invita a que paseemos por el perímetro de la gran base sin problemas, lo que agradecemos con caramelos y unos bolígrafos, por lo que nos muestra su agradecimiento.

Al retirarnos para obtener mejor perspectiva, aparece en un tercer plano una pirámide más del grupo, la de Micerinos. Igualmente majestuosa y estática pero de menor altura, se alza recortándose en el azul cielo y completa el conocido conjunto monumental. Pequeñas pirámides de personas próximas al faraón, se aprecian en las cercanías de las mayores.

De nuevo suena la voz: “ ¡vamos todos y todas...!” convocándonos para desplazarnos a ver la Esfinge, mucho más majestuosa en la realidad que en las imágenes conocidas. Las medidas de la base ascienden a 73 x 20 metros habiendo sido tallada en piedras de dos tipos de diferentes calidades, por ello, al ser mas blanda la de la cabeza, se encuentra más deteriorada.

El cielo se nubla parcialmente, lo que confiere una gran belleza añadida al conjunto monumental. Recorremos varios puntos de vista a lo largo de la gran escultura, guardiana del valle, y visitamos el templo del Valle de Kefrén, así como la zona donde se realizaban las momificaciones, no dando crédito a estar in situ, pareciendo que hemos sido transportados en el tiempo a tan sobrecogedor lugar.

Son múltiples las fotografías que tomamos desde distintos puntos y ángulos, mientras unos pequeños niños se nos acercan, insistentes, vendiéndonos pañuelos, postales, figurillas, etc. esquivando las miradas de los militares que, de verlos, los expulsan de malas maneras para que no molesten a los turistas y por temor a un posible atentado, tal como ocurrió en 1.997 en el templo de la reina Hatshepsut, próximo a Luxor, que produjo 59 muertos y que mermó considerablemente la afluencia de turismo y, en consecuencia, los ingresos económicos del país.

A la vos de ¡ vamos todos y todas...! partimos hacia el hotel y, en el camino, nuestro guía para las pirámides, se despide muy educadamente mientras pasamos por barriadas periféricas con edificaciones sin terminar, ya que es costumbre vender los pisos o casas en los ladrillos, sin enfoscar ni enlucir ni pintar, y cuando los compradores van pudiendo, los van terminando o no en el caso de ser inquilinos, con ello se consigue un bajo precio de coste del inmueble y los hacen asequibles a un mayor número de población que, en otras circunstancias no podrían adquirirlos.

Debido a la pobreza, casi nada se tira si tiene alguna posibilidad de futuro uso, por lo que se suele ver grandes masas de muebles en desuso y otros utensilios, amontonados en las azoteas, lo que también sirve para cobijo de aves y roedores. En el camino también vemos viejas tiendas de animales vivos, con altas jaulas de madera con pavos y gallinas en su interior, y carnicerías que muestran su género, corderos recién sacrificados, colgados de las marquesinas en plena calle.

Ya en el hotel, nos hace ilusión el comer en un restaurante de grandes lámparas de cristal, ricos artesonados policromados espléndidamente restaurados, lujosas cortinas, muebles de marquetería y brillantes suelos de mármoles de colores. La comida está en sintonía con el entorno y es muy buena, tanto en calidad como en presentación, y hasta conseguimos que nos hicieran un buen café spresso después de tantos días sin saborearlo.

Aprovechamos el tener algún tiempo libre para cambiar algo de dinero a moneda local (libras egipcias) en el banco abierto 24 horas dentro del mismo hotel, y para pasar la memoria de la maquina de fotos a cd , como seguridad, en una tienda de la galería comercial situada en la planta baja.

Al oscurecer salimos para hacer una visita general de la ciudad en autobús, parando para ver el gran monumento erigido para señalar y recordar la muerte en atentado, mientras presidía un desfile militar, de Mubara, continuando hasta la zona medieval de Khan El Khalili, bajando en la puerta de una mezquita que con las puertas abiertas, lucía un suelo armónicamente alfombrado con colores predominantes como el rojo y el marrón y, colgando de sus bóvedas, cientos de relucientes y brillantes lámparas de cristal. Los fieles oraban en el interior.

Khan el Khalili es un inmenso zoco de estrechas calles, miles de pequeñas tiendas atestadas de mercancías multicolores, zapatillas, pañuelos, pipas de cristal, especias, etc. se sitúan unas junto a otras y miles de personas fluyen por las angostas calles, entre los gritos de los vendedores y los de aviso por llevar pesadas mercancías. Parece imposible el acceder o el trasladarse en tal aglomeración, el asedio de los vendedores de todo tipo de cosas entre miles de luces sobre nuestras cabezas , sin embargo todo fluye armónicamente y, además de todo ello, se encuentran instalados veladores de forja y mármol, en las puertas de los cafés, en plena calle, con sus correspondientes sillas, casi unas encima de otras y donde parece que es imposible hasta respirar.

El acoso por vender cualquier cosa prosigue, mientras ocupamos varias de las mesas de uno de los cafés, entre las que aún caben unas pipas de agua, fabricadas en cristal, muy decoradas con motivos florales, sobre las que guardan equilibrio las brasas, que ponen a menudo, y sobre las que sitúan un recipiente por el que se expone el tabaco al fuego, y cuyo humo es conducido hasta un depósito inferior que contiene agua, a través de la cual, el humo circula tomando humedad y suavizándose, llegando por una larga goma hasta el fumador.

También queda espacio para situarnos una mesa auxiliar, con tapa circular de bronce repujado, sobre la que pronto nos sirven casi una docena de viejas teteras, desconchadas, unas blancas, otras rojizas, algunas decoradas con pinturas, algunas con alambres sujetando las tapaderas, en su interior un oloroso té esperaba en maceración. Sobre la mesa, unos vasos llenos de ramas de hierbabuena y unos cuencos con azúcar, completan el espacio de la pequeña mesa.

Como por milagro, una gran paz se sentía en aquel café y empezamos a gozar contemplando el entorno desde nuestra posición, todo lo que acontecía a nuestro alrededor, sin sentir la estrechez ni el agobio. Era una fantasía lo que contemplaban nuestros ojos, niños con grandes jaulas llenas de panes recién hechos, personas portando en sus manos animales para vender, vendedores de juguetes que se empujaban con otros de joyas o relojes, tal vez de collares, o amuletos, zapatillas o pañuelos.

Nuestra posición pasiva nos permitía empaparnos de tanta vida, color y luz, sin interferir en ello, sintiéndonos como en una burbuja relajante que nos aislaba de tan frenética actividad.

Como si todo fuera normal, vertimos el té sobre las ramas de hierbabuena y azúcar que contenían las vasos, y saboreamos el perfumado líquido, sorbo a sorbo, deleitándonos en el momento que vivíamos, mientras otros fumaban el aromático tabaco con sabores a frutas, y cuyo humo aportaba un dulzón olor al entorno.

Nos levantamos del café El Fishawy, el café de los espejos, miramos hacia su interior para admirar los numerosos espejos, enmarcados en tallados marcos de madera obscura y vieja, y nos llevamos la imagen en nuestras mentes para no olvidar aquel inigualable lugar.

Seguimos caminando por las angostas y concurridas calles, mirando a uno y otro lado, admirando el colorido y la variedad de las mercancías expuestas.

Ya en el autobús, nos dirigimos hasta un local donde, además de cenar, contemplaríamos bailes típicos. En la entrada, una mujer con pañuelo en la cabeza yace sentada ante un horno artesano. Con sus manos amasa una pequeña torta que introduce en el caliente horno para, en unos instantes, sacarla dorada, crujiente y apetecible, es el pan sin levadura, ácimo, que es consumido en todo el mundo árabe, y que nos sirven recién echo en la cena. Los entrantes están compuestos por ensaladas de varios tipos y sopas diversas. Seguidamente carnes al carbón con guarnición de verduras cocinadas y arroz

La exhibición acompaña a los postres, iniciándose con un grupo provistos de tambores y panderetas que, al son de alegres músicas, hacen las delicias de los asistentes. Les siguen los bailes, acompañados de unos pequeños platillos metálicos que tintinean entre los dedos de los bailarines que dan paso al baile de Los Derviches, con trajes multicolores que se levantan al son de los giros continuados, hasta alcanzar posiciones más altas de la cabeza del bailarín

Los giros y los sonidos de tambores, se prolongan durante más de 30 minutos, pareciendo imposible que una persona pudiera seguir guardando el equilibrio y tener tanto dominio de sus movimientos. A continuación actúa la bailarina con la danza del vientre, que es muy aplaudida por su actuación y por las bromas con el público.

Cansados por el ajetreado día y por la avanzada hora de la noche, marchamos hacia el hotel pasando con el autobús por iluminadas calles llenas de tiendas y de gentes, por plazas muy concurridas, llenas de vida.

Impresionante fue la visita al exterior de la Ciudad de los Vivos y los Muertos, de gran extensión, con calles obscuras y estrechas, algunas iluminadas con algunas luces tenues procedentes de pequeñas bombillas muy distanciadas, aparentando ser un ciudad de chabolas hechas de cualquier material y, así es, pero compartiendo las edificaciones del cementerio, a las que se les anexionan los precarios cobertizos descritos, conviviendo así entre tumbas y viviendo día y noche con la vida y la muerte.

El siguiente día en El Cairo queremos dedicarlo para visitar el famoso Museo de Arqueología Egipcia para lo que, tras el abundante desayuno, acordamos ir caminando.

La temperatura es bastante más baja que en días anteriores, y la niebla da un toque misterioso a los contornos de los edificios de la ciudad.

Para cruzar el brazo del río Nilo que nos separa del barrio donde se encuentra el Museo, accedemos a un puente elevado por unas escaleras metálicas que nos conducen a una avenida que necesitamos cruzar, lo cual parece una tarea fácil, pero no es así. Los pasos de cebra no se suelen usar ni respetar, los semáforos están para iluminar, pues no se tienen en cuenta, los coches no se paran cuando tienen delante un peatón, lo bordean y los coches próximos bordean al que cambió de dirección, tocando el claxon casi constantemente para hacerse notar, constituyendo el sonido un elemento de control, además del visual. Hicimos el intento de cruzar sin éxito, pues nuestros esquemas de comportamiento no son tan fáciles de sustituir. Pensamos que un grupo de personas juntas harían más masa y sería más fácil, esperamos a los demás pero, viendo los resultados, empezamos a vociferar para llamar la atención de alguno de los muchos militares que patrullan por todos los lugares. Nos comentaron que algunos se limitaban a reír asombrados por el comportamiento de los extranjeros.

Con alguna ayuda y mucha decisión, conseguimos nuestras intenciones y aparecimos en las inmediaciones del edificio de color rosa que alberga el museo.

Las calles son un hervidero de personas que circulan en todos los sentidos. Cientos de tenderetes presentan sus mejores mercancías y todo el conjunto causa fascinación mientras, a nuestro paso, vendedores ambulantes intentan colocarnos los más diversos géneros.

Accedemos a los jardines del museo reuniéndonos alrededor de una lámina de agua donde lucen erguidos verdes tallos de la flor de loto, como preludio del rico contenido del famoso museo.

El idioma hace difícil comprender las indicaciones pero, al final, conseguimos las entradas y nos obligaron a dejar depositadas todas las cámaras fotográficas

.

Antes de contemplar los vestigios físicos que contiene el museo, recordamos que los egipcios, ya en el siglo IV aC., tenían consolidada una organización social encabezada por el faraón, como mediador entre los hombre y Dios, y encargado del control de las crecidas del Nilo y, en consecuencia, de las cosechas que constituían la base de la vida del pueblo, así como también era el responsable de la seguridad del estado frente a posibles invasores, jerarquizando el ejercito y a los políticos encargados de la custodia de las leyes y orden. Ya, 700 años aC. Herodoto visitó Egipto y trajo a occidente el actual y vigente, Derecho Romano. Así mismo, inventaron y pusieron en practica, el derecho fiscal, y también fueron pioneros en el trabajar con la medicina, la astrología y las matemáticas.

La decadencia de este imperio se inició con Teodosio que, en el siglo VI dC. prohibió el culto en todos los templos paganos lo que, junto a la persecución de la religión egipcia y sus dioses por parte de los cristianos, y posteriormente por el Islam, hizo inevitable la decadencia extrema. En el ocaso del esplendor egipcio, los griegos fueron a recoger sabiduría de los templos de las orillas del Nilo, constituyéndose la base cultural de occidente, lo que nos identifica como la continuidad de esta antigua civilización. El estudio metódico de esta civilización (Egiptología) se inició en la época de Napoleón (1.798) y, con los datos obtenidos por las embajadas de estudiosos y las reproducciones de la Piedra Roseta, Champollión descifra los jeroglíficos en 1.822, abriéndose el camino a grandes descubrimientos a lo largo de la historia.

El museo está organizado por periodos, y cada pieza causa admiración por su antigüedad y valor histórico. Hay mucho público y las piezas más conocidas son de difícil acceso. En general, el aspecto y la situación de todos los tesoros dan la sensación de almacenamiento, mas que de exposición. Las etiquetas están en papel de color marrón por el paso del tiempo, y muchas solo están escritas en árabe. Las vitrinas, bastantes antiguas, almacenan piezas valiosísimas unas pegadas a las otras, sin espacio ni separaciones. Sería deseable un museo 10 veces más extenso para albergar tantos tesoros y que se mostraran dignamente.

Impresionante es la sala dedicada a Tutankhamon , iluminada tenuemente, y con fondo negro, realza los preciosos tesoros de esta tumba y resalta la valiosa máscara de oro policromado de 11 Kg. de peso.

Todo el recinto está lleno de joyas arqueológicas que necesitarían mucho tiempo para su contemplación, las momias, los sarcófagos, las esfinges, los adornos, los jeroglíficos...interminables.

Tras adquirir en la tienda de recuerdos un cd sobre la historia local, decidimos buscar un restaurante del que nos llegaron buenas referencias, de nombre Falfelá. El día era diferente, hoy una suave llovizna limpia el aire da un matiz distinto a toda la ciudad. Plano en mano, cruzamos las calles con más soltura que en ocasiones anteriores, aparte de que también se tratan de calles más estrechas, ya que son calles secundarias, lo que no implica que no hubiera riesgo ni emoción en tan osada acción.

Sin demasiados problemas encontramos el rótulo del nombre del restaurante, pero se trataba de un pequeño local de comidas para llevar, pero esa no era la información que poseíamos, por lo que preguntamos y lo encontramos a pocos metros. Amplio, bien decorado y con mucho público, nos acogen recibiéndonos amablemente y orientándonos para que la estancia fuera satisfactoria.

La comida fue servida en un comedor exclusivo para el pequeño grupo, en unas robustas y rusticas mesas de madera y bancos del mismo material, y estuvo compuesta por sopas, servidas en unas cacerolas de cobre brillantes y que, en realidad, eran guisos, pescados a la plancha y distintos tipos de carnes a la brasa, muy bien especiadas, y unos postres muy elaborados y con mucho sabor, predominando los sabores a leche y yogur. El café turco y el té cerraron el agradable almuerzo, propicio para estrechar amistades al amparo de buen sabor de la cocina egipcia.

Para pasar la tarde-noche quedamos citados en la entrada de la zona del mercado de Khan el Khalili para recorrer nuevamente sus calles llenas de tiendas, vendedores, mercancías y una multitud de personas comprando. En esta ocasión descubrimos nuevas calles donde adquirimos algunos recuerdos y nos empapamos de la vitalidad de aquellas gentes, de los olores a especias, a te, a café, a tabaco aromatizado, del colorido y del bullicio ambiente que envolvía todo nuestro entorno.

Agotados de tanta actividad, discutimos con varios taxistas el precio del trayecto hasta nuestro hotel, observando que era bastante superior al del mismo trayecto en sentido contrario, descubriendo que el precio se fija en función del lugar en el que se toma el taxi, dependiendo de la categoría de la zona, el precio será mayor. Una vez concretado los honorarios, circulamos deprisa, tocando el claxon del viejo coche casi constantemente, lleno de polvo, con el volante amarrado con unas cuerdas y con los asientos “ventilados” y móviles.

Al día siguiente, tras el desayuno, partimos en taxis, previo regateo del importe, dirección hacia La Ciudadela, en cuya puerta de acceso esperamos al resto del grupo y, una vez juntos, adquirimos las entradas para el acceso al recinto.

El aspecto de La Ciudadela es bastante cuidado, así como sus jardines y la limpieza, por lo que no tiene demasiado parecido al resto de la ciudad, está situada en una zona alta y se encuentra amurallada, albergando mezquitas, museo, miradores y la famosa Mezquita de Alabastro que constituye una sobria construcción con esbeltos minaretes y preciosas bóvedas.

En el interior de esta mezquita resaltan las contrastantes ondulaciones del alabastro que recubre todo, el suelo totalmente alfombrado predominando el color rojo, las altas cúpulas ricamente decoradas y las enormes lámparas concéntricas que nos recuerdan el interior de la de Santa Sofía en Estambul.

Con los zapatos en unas bolsas, y sintiendo el frío en nuestros pies del mármol situado bajo las alfombras, recorremos la gran mezquita, su altar, sus capillas y su púlpito al que se accede por una suntuosa escalera recubierta de rojizas alfombras y con artística balaustrada dorada.

En un patio interior, se puede contemplar la restauración de un reloj que nunca funcionó, regalo de Francia a Egipto por la sesión de piezas arqueológicas de gran valor.

Ya en el exterior se puede contemplar una espléndida vista de la gran ciudad y, en la lejanía entre la bruma, la silueta de las pirámides, símbolo de una civilización. Recorriendo La Ciudadela visitamos un museo de armas, con aviones y mísiles incluidos expuestos en un recinto al aire libre próximo al edificio. A pesar de las diferencias referentes a limpieza y organización, los servicios están albergados en una edificación, aún sin terminar, y que para llegar a ellos es necesario hacerlo con linternas o mecheros encendidos, y salir lo antes posible debido al fortísimo e insoportable olor. También visitamos otras pequeñas mezquitas, muy cuidadas y todas abiertas al culto.

El regreso al hotel lo hacemos, tras el rito del regateo, en taxi, igualmente sucio, sin instrumento alguno funcionando y pareciendo un milagro el que aquello funcionara.

En el hotel recorremos diversos salones, todos palaciegos, con techos de maderas policromados o dorados, espléndidos candelabros y lámparas, así como suelos de brillantes mármoles haciendo geométricos dibujos, muebles de época y tapizados de paredes y cortinas a juego. En uno de estos salones, se encuentra uno de los restaurantes, en el que decidimos almorzar, pasando la sobremesa en una confitería donde tomamos café y pasteles locales, situada en una de las galerías del hotel.

Hasta las 6 de la tarde, nos permitimos un descanso en nuestra habitación, para después salir andando para conocer el entorno próximo al hotel, no sin antes abonar las deudas contraídas durante la estancia, para lo que tenemos que cambiar a moneda local (libras egipcias) en el banco, abierto las 24 horas y situado dentro del hotel.

A pocos metros del recinto ocupado por el hotel Marriott, comienza una avenida repleta de tiendas en ambas aceras, no son comercios turísticos, sino locales y habituales para los residentes, contemplándose la venta de aves vivas, pollos, pavos, palomas, etc. en unas altas, artísticas y viejas jaulas.

En otros comercios se presentaban filas de recién sacrificados corderos, colgados en las fachadas como si de una macabra exposición se tratase.

Las tiendas se sucedían las unas a las otras, y las calles transversales seguían presentándose llenas de joyerías, librerías, bares, comestibles, fruterías con cestas llenas de grandes y apetecibles dátiles rojos, así como alguna mezquita, a la que sólo se puede acceder por puertas y a partes distintas, para los hombres y mujeres.

En un comercio, encontramos sustitutas a nuestras maltratadas maletas, y adquirimos dos de gran tamaño y que, no de muy buena gana, nos cobraron en euros. En una joyería compramos recuerdos propios del país y, en una tienda especializada en antigüedades de una de las calles transversales a la avenida, unos bonitos papiros pintados a mano y firmados por sus autores, para regalar, y nos obsequian con ¡agendas magnéticas!

Muy relajante resulta el paseo por las calles y tiendas que se encuentran fuera del circuito turístico, pues se aprecia la diferencia en los géneros y en sus precios, así como la ausencia de los vendedores ambulantes y del acoso constante, pudiéndose pasear y contemplar el verdadero ambiente local.

La temperatura es agradable y en el claro cielo, luce una luminosa luna y cientos de brillantes estrellas que nos acompañan hasta que, de vuelta, recogemos las maletas adquiridas en nuestro regreso al hotel para pasar la última noche en Egipto

.

Al entrar pasamos nuevamente por el escáner y nos revisan las nuevas adquisiciones.

Esta noche tenemos previsto cenar en un restaurante, en el interior del hotel, bajo una gran jaima decorada al gusto local, y en cuya entrada hay instalada una barbacoa que propaga exquisitos olores producidos por la preparación de los kebak y otras carnes.

El interior del recinto está iluminado por guirnaldas de luces, y el color rojo predomina en el ambiente. Sobre un escenario, una pareja de cantantes entonan canciones árabes para amenizar la velada.

Con la sensación de estar en una gran tienda alfombrada en el desierto, nos acomodamos y pedimos la cena y, al poco tiempo, nos sirven los platos pedidos, entre los que destacan grandes bandejas con frutas variadas, peladas y puestas artísticamente, otras portan vistosas ensaladas en las que se juega con la colocación de los ingredientes por sus colores, bonitos tazones con calientes sopas y platos con kebab de cordero acompañados de arroz y ensaladas.

A los postres, por sorpresa, se improvisa una tarta con velas y se le celebra el cumpleaños a la menor del grupo que, sorprendida, recibe los regalos y apaga la vela entre canciones egipcias, platos multicolores en la bruma del rojizo color dominante bajo la carpa, probablemente un cumpleaños tan inolvidable como la noche fin de año.

Pasó el tiempo y nos fuimos retirando, dejando detrás nuestros sillones de mimbre, los cantantes, la gran carpa...

La luna desde su posición más alta y el entorno que nos rodea, parecen querer impedir que nuestro sueño se acabe en esta última noche en Egipto, despertando a la realidad, pero no se nos borraran las sensaciones vividas, los olores, la paz del deslizarse sobre las tranquilas aguas del Nilo, las aglomeraciones, los colores del cielo, la arena, los espectáculos, las vibraciones percibidas en las colosales obras, las emociones, sus gentes, sus gestos, sus miradas...ninguna de las vivencias.

Así sentí Egipto.

06 Jul 2008

Turquía, impresiones de un País. Parte 1 de 2

Escrito por: j-enrique el 06 Jul 2008 - URL Permanente

Turquía Impresiones de un País

Reservados todos los derechos. La propiedad intelectual tanto de los textos, como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización

AUTOR: José Enrique González Palma ( www.JoseEnriqueGonzalez.com )

Turquía, país pequeño, árabe, hosco, de gentes rudas, hostil, poco hospitalario, salpicado de pequeñas ciudades y desiertos, improductivo y seco.

Nada más lejos de la realidad. El primer contacto visual desde el aire con Istambul, es una visión impresionante, apareciendo una Ciudad sin límites, única en el Mundo edificada sobre dos continentes, compuesta por siete suaves cadenas de montañas recubiertas de miles de casas con un color ocre predominante, casi perdiéndose en el infinito, mostrándose así una Urbe de unos 120 Km. de larga ocupada por 15 millones de habitantes que, generalmente, son imposibles de diferenciar de los de cualquier país occidental. Sus características destacables son su amabilidad, simpatía, querer agradar y hospitalidad.

La Ciudad, impresionante, homogénea en sus edificaciones, salpicada de Mezquitas, estrenando metro subterráneo de moderno diseño, y clásica en su estilo, llena de vida y actividad, de apariencia caótica, se desarrolla entorno al Bósforo y rodeada de mares que esculpen atractivas calas, largas playas y acantilados que dan refugio a diferentes especies animales.

La actividad en los mercados y en las calles y la propia configuración urbanística abruma a primera vista , desconcertando al forastero y dando la impresión de ser de imposible comprensión, pero en poco tiempo, dicha configuración penetra y encaja en nuestros esquemas, haciéndose una ciudad agradable, comprensible y de visita relajada.

Llama la atención que, en invierno, a las 4,40 de la tarde, empieza a oscurecer y la noche toma su sitio, aunque la actividad continúa como siempre, adquiriendo otro aspecto, luminoso, festivo y con multitud de coches en todas direcciones, haciendo sonar sus claxon casi constantemente.

Casi desde cualquier perspectiva aparecen innumerables minaretes de las mezquitas, sobresaliendo de los edificios circundantes, esbeltos y todos espectaculares a la vista del viajero, perteneciendo a edificios tan conocidos como a la Mezquita de Solimán el Magnífico, donde está enterrado él mismo, y su esposa.

La construcción de esta magnífica mezquita se comenzó en 1.550 siendo su arquitecto el famoso Sinan del que se recuerda que no usaba planos en sus proyectos, concibiéndolos y materializándolos en su mente. Esta mezquita presenta cuatro estilizados minaretes. La Mezquita Azul es la de mayor número de minaretes, seis en total, cuya construcción forzó a añadir uno más a La Meca para evitar inferioridades. Su construcción se acomete en el año 1.609.

Santa Sofía, Basílica convertida hoy en museo, construida por Constantino el Grande con una gran cúpula de 31 metros de diámetro que se alza a 55 metros del suelo, o la Mezquita Nueva llamada también de Yeni y cuya edificación data del año 1.597 y donde se encuentra El Balcón del Sultán decorado ricamente con azulejos de finos dibujos típicos de Iznik, la antigua Nicea.

Cuando se decide entrar en algunas de ellas, llama la atención algunos vendedores que tejen y venden unos gruesos “patucos” de lana, para aislar del frío los pies desprovistos de los zapatos, por respeto, para acceder al interior. Una vez dentro se hecha de menos el constante y reiterativo acoso de los vendedores ambulantes, preguntando por la nacionalidad del turista, estado, profesión, ect. todo aquello que facilite un conato de amistad y confianza para ofrecer unas postales, libros, trompos, ropas... La luz, tenue, acompaña al silencio e invita al recogimiento, mientras, nuestros pies, cubiertos por el zapato de lana, se hunden en el suelo recubierto, más bien tapizado, de primorosas alfombras de dibujos repetitivos, orientativos del espacio a ocupar por cada persona en su momento de oración.

Las lámparas, generalmente grandes circunferencias concéntricas colgadas de las altas cúpulas, están salpicadas de pequeñas vasijas de cristal que antaño, con aceite, iluminaban el gran espacio definido por los ricos paramentos y las grandes cúpulas, espacio presidido por grandes medallones, gruesos muros y sobrecogedora decoración de dibujos que denotan una creatividad y fantasía inigualables, muchos de ellos propios de Nicéa, con sus azules intensos y fineza de trazos.

Derroche de fantasía y esplendor, mármoles, patios, dibujos en azulejos y jardines se perciben en el palacio de Topkapi, palacio de Sultanes Otomanos, cuyo imperio llegó hasta Occidente, construyéndose en el siglo XV y acoge el pabellón del Manto Sagrado que alberga distintas reliquias del Profeta Mahoma, en dicha sala siempre hay un muecín cantando relajados versos del Corán que presentan un gran parecido, o mejor dicho, similitud, con el cante flamenco.

El palacio refleja en su configuración las características del pueblo nómada que fue el pueblo Turco, salpicando una gran extensión de terreno de edificaciones palaciegas o militares, entre patios y jardines acogedores de aves, cuyos graznidos nos recuerdan el ambiente oriental y exótico que rodea el Gran Palacio que se asoma al Bósforo para recibir los últimos rayos de sol al atardecer, acogiendo en sus árboles a miles de pájaros que buscan refugio en ellos para pasar la noche. ¡Tanta historia se respira por todos sitios!, en la calle, en los palacios, en las mezquitas, en los nombres...incluso en algún hotel, como el nuestro, en cuyo emplazamiento, al construirse, aparecieron restos arqueológicos del año 500 ac. Expuestos hoy, protegidos en vitrinas, a lo largo del hall de entrada, y otros elementos como columnas, respetados en sus lugares originales donde fueron descubiertos, integrándose en salones o salas de fiesta en el sótano del establecimiento hotelero.

Muy temprano es necesario levantarse para partir hacia la región de la Capadocia, tras un breve desayuno (por la hora y el sueño), contemplando el amanecer desde las cristaleras del restaurante situado en la última planta del hotel, para salir hacia la parte Asiática atravesando las montañas de Bursa, donde va apareciendo nieve cada vez con más intensidad hasta que todo se cubre de blanco, permitiendo gozar de un paisaje casi irreal, enigmático y frío mientras se bordea un lago salado, el mayor del país, su nombre Tuz Götü del que extraían los nómadas grandes cantidades de sal que comerciaban con ella por toda la región de Anatolia y que con su poca profundidad y aguas heladas, se refleja como un inmenso espejo que cubre una gran extensión de terreno.

Es necesario hacer algunas paradas técnicas en el trayecto que se aprovechan para degustar un exquisito y caliente café turco o bien un té rojizo de agradable sabor, servido en pequeños vasos con idéntica forma que las lucernárias que iluminaban en otras épocas, con aceite, las mezquitas.

Capadocia es una extraña región comprendida entre dos líneas montañosas y volcánicas, una con su máxima elevación de 2.000 metros y la otra con 4.000 metros respectivamente que en otros tiempos, llenaron y cubrieron la región con lava y que con el paso del tiempo, las temperaturas extremas y las lluvias, han modelado un paisaje original y muy especial, único y fantástico de extrañas formas y colores, salpicado de “chimeneas” que soportan grandes piedras en equilibrio, como si de pesados sombreros se tratara.

Grandes masas de piedra volcánica se alzan en el paisaje, como montañas, las cuales fueron esculpidas interiormente hasta formar ciudades completas, de difícil acceso, como defensa contra los árabes que perseguían a los primeros cristianos. En la actualidad se han encontrado unas cien de estas originales ciudades, y una treintena de ellas se puede explorar. Causa gran admiración, en el valle de Göreme, unas pequeñas cuevas, excavadas igualmente en la roca, ricas en dibujos policromados bien conservados, que constituyen las primeras Iglesias Cristianas y que datan del año 70 de nuestra era, las cuales irradian fervor y relajan el espíritu al contemplarlas en un ambiente relajado, oscuro y con recogimiento.

En las ciudades excavadas, parte de ellas con zonas subterráneas, convivían personas y animales, a veces en número próximo a los 15.000 personas, y las usaban por largos periodos de tiempo, sin salir al exterior, hasta que los enemigos desistían de su asedio. Llegan a tener hasta 12 niveles alcanzando hasta 55 metros de profundidad como en el asentamiento de Derinkuyu.

Sigue en la parte 2ª

06 Jul 2008

Turquía, impresiones de un País. Parte 2 de 2

Escrito por: j-enrique el 06 Jul 2008 - URL Permanente

Turquía, impresiones de un País.

2ª Parte

La propiedad intelectual, tanto de los textos como de las fotos, pertenecen al autor, por lo que está prohibida la reproducción total o parcial sin expresa autorización.

El acceso está configurado por medio de largos túneles, muy estrechos y bajos, por los que hay que andar agachados y en fila india, lo que dificultaba el asalto y facilitaba la eliminación del enemigo desde unos orificios practicados en la parte superior por donde golpeaban con facilidad con lanzas hasta disuadir al intruso, especialmente al llegar a un estrechamiento taponado con unas grandes piedras circulares de hasta 500 Kg. De peso, talladas in situ, que giradas y convenientemente calzadas, ofrecían la seguridad requerida impidiendo el progreso de la intromisión.

Las viviendas desarrolladas en las zonas altas de las masas volcánicas, son confortables y constan de varias habitaciones, incluso algunas con balcón o terraza, recubiertas en su interior, por alfombras multicolores, tanto las paredes, como los asientos o mesas excavados en la roca,

y como muestra de la hospitalidad de este pueblo, a nuestra visita a una de estas viviendas, lo primero que hicieron fue agasajarnos ofreciéndonos un reconfortable té turco, mientras se nos empapaban nuestros sentidos de un sentimiento de paz y soledad que nos traslada en el tiempo y produce una extraña sensación de tranquilidad y melancolía, tal vez por el cansancio o por lo desolado de una zona tantos siglos habitada por personas que tantas dificultades y persecuciones padecieron.

Los sistemas de almacenamiento de agua se solucionaron mediante pozos artesianos, tallados literalmente en la roca, y con hasta 40 metros de profundidad, y que practicando orificios en los distintos niveles, servía de ventilación para las zonas próximas Otros agujeros servían de ventilación directa y como intercambiadores de víveres y animales en épocas de tranquilidad, y se obstruían en épocas de peligro.

El paisaje exterior, todo nevado con apariencia de ser una gran alfombra blanca, se tiñe de un color rojizo por los rayos del sol, cuando con la intención de reponer fuerzas, accedemos a una antigua Posada, convertida hoy en un buen restaurante mediante la reconstrucción de la primitiva de épocas pasadas, situada y usada en la Ruta de la Seda, floreciente comercio entre Oriente y Occidente, de la que se conserva algún muro y la puerta de acceso.

Los techos de vigas de madera tallada, la configuración de los elementos nos recuerdan los numerosos mercaderes que la habitaron y que tantas aventuras protagonizaron en su época.

El servicio es eficaz y nos sirven en unos grandes platos de cerámica, con dibujos clásicos de Iznik (Nicea) tan delicados y artísticos que no nos resistimos a fotografiar.

Terminada la reposición de fuerzas culminando el almuerzo con un buen café turco, nos encontramos al salir con un paisaje rojizo, que se pierde en el horizonte, inmenso.

A pocos metros de nosotros, unas mujeres sentadas rodeadas de nieve, hacían labores confeccionando paños y tapetes para su venta. Próximos, unos cobertizos aguantando la inclemencia del tiempo, se presentan repletos de recuerdos para llevar, manualidades, trozos de minerales, pieles, etc.

Algo más tarde pudimos apreciar la destreza, la creatividad y la belleza, tanto en una factoría de joyas y trabajos con minerales y piedras preciosas, como en la fabricación manual de ricas alfombras, y de la propia seda, desde la cría de los gusanos, hasta el triste proceso para la obtención de la seda mediante la inmersión en agua hirviendo de los capullos con la crisálida viva dentro.

En fecha tan especial como es el fin de año, ignorantes de la cultura y costumbres locales, dudamos de cómo entraríamos en el nuevo año, pero nos sorprendió la organización de la celebración especial, para los occidentales, que también fue secundada por las gentes locales de la región de Capadocia. El lugar, una gran superficie circular culminada con una gran bóveda excavada en la roca volcánica a la que confluían ocho bóvedas o salones abovedados que, formando una planta estrellada, sirvieron para acomodarnos siendo los asientos y las mesas también de roca tallada, tapizados con cojines, manteles y alfombras,.

Sobre los manteles de telas hechas a mano, decenas de platos llenos de comidas locales cubrían las mesas junto a cuencos llenos de distintos frutos secos, destacando los conocidos pistachos, aquí de gran tamaño y buen sabor. Unos originales vasos sobre platitos de colores salpicaban de color las mesas, dispuestos para recibir el vino, el té, el café turco, o el raki, un aguardiente de fuerte sabor y graduación que sirve para acompañar las comidas agregándole agua, lo que le da apariencia de líquido lechoso de muy agradable paladar. La temperatura muy agradable en el interior, contrastaba con la nieve almacenada en el exterior que llevaba le termómetro hasta los 15 grados centígrados bajo cero.

El ambiente se animaba por momentos cuando los músicos comenzaron con el repetitivo ritmo de la música turca, seguida de todos los ritmos que tantas veces habíamos oído en los documentales de lugares remotos. Pronto, grupos de bailarines tomaron su turno con música del Cáucaso, después otros nos deleitaron con los bailes de los cosacos Rusos, dejándonos atónitos por su destreza y agilidad, posteriormente, también con ritmo trepidante, una bailarina nos mostró la famosa danza del vientre, compartiéndola con algunos de los asistentes, entre la simpatía del resto del público.

El raki localmente se bebe como acompañante de las comidas, pero en la fiesta lo tomamos sin limitaciones, la animación subía e incitaba al baile de las danzas de fuerte ritmo, a nuestro sentimiento, y que estremecían nuestros cuerpos y, unidos de las manos bailábamos al unísono sintiendo el sonido de los tambores en nuestro pecho mientras la danza repetitiva nos hacía caer en una especie de trance feliz.

Una interrupción nos sosegó y preparó para una exhibición especial, de tipo religioso, realizada por miembros de una congregación llamada de Los Derviches que, desde tiempos inmemoriales, realizan unas danzas en círculos, alrededor de una piel de cordero, girando también sobre sí mismo , con vestimentas blancas tras despojarse de unas túnicas negras representativas del mal, todo ello cargado de una fuerte simbología representando la piel de cordero al sol, los giros son los de traslación y rotación de los planetas, el blanco simboliza la pureza y el negro al mal que, tras despojarse de él, queda lo puro.

Casi a media noche vimos como alguien había conseguido unas cestas de uvas y las distribuía por las mesas, lo que nos produjo gran nostalgia a la vez que alegría.

Como deferencia a los occidentales, cuando en España eran las 11 aún, sonaron las campanadas y, todos de pié, cumplimos con el rito y brindamos una vez más con el famoso raki, lo que nos ayudó para salir al exterior para, entre gran alegría, risas y algo de nostalgia, asistimos a unos fuegos artificiales en conmemoración del año nuevo, lo cual no consiguió calentar el ambiente lleno de blanca nieve y brillante noche.

La fiesta siguió hasta altas horas de la noche, entonces ya cansados y embriagados de música y bailes, nos desplazamos a nuestros respectivos hoteles, de amplias habitaciones y confortables calefacciones, televisión vía satélite y el máximo de comodidades.

A nuestro regreso hacia Estambul, hicimos una visita general a la Ciudad de Ankara, Capital de Turquía, con cuatro millones de habitantes, dividida en la zona antigua de bajas y homogéneas edificaciones, y la parte moderna que contrasta con sus altos edificios y claro estilo occidental. Muy interesante es el Museo de las Civilizaciones de Anatólia, recorrido desde los tiempos primitivos hasta los recientes de esta interesante región, albergando desde esculturas primitivas dedicadas a la vida, Cibeles, hasta los restos de Constantino el Grande, fundador de Constantinopla, hoy Istambul.

En un lujoso hotel céntrico, tomamos el almuerzo que, como siempre, terminamos con un exquisito café turco en la sobremesa, café finamente molido y hervido en cazo de cobre al que se le añade el azúcar que el interesado ha indicado previamente por lo que no debe moverse una vez servido ya que deja una buena capa de residuo que debe asentarse antes de su degustación. A continuación seguimos el viaje en autobús durante varias horas, entre nieve, para llegar atravesando el gran puente colgante sobre el Bósforo, con sus 1.200 metros entre pilares, a Estambul, la gran ciudad llena de vida, asomada al mar, que nos acogerá de nuevo para dejarnos su recuerdo imborrable y unos deseos inmensos de volver a ella para seguir disfrutando de todos sus encantos.

El cansancio empieza a desaparecer a la vista de tanta actividad, coches, tiendas, luces...tras un breve descanso en el hotel, el tiempo necesario para tomar una reparadora ducha y poco más, tomamos un taxis que, en unos cuarenta minutos, nos lleva a las puertas del lujoso hotel Mármara, lugar de cita con otras personas del grupo. Este hotel está situado en una zona céntrica y alta de la Ciudad, y tiene 20 plantas de altura por lo que ofrece unas vistas espectaculares

del Bósforo y El Cuerno de Oro, así de la misma zona donde está emplazado, la plaza de Taksim, donde confluyen calles peatonales, llenas de luces, de tiendas, de multitud de personas en todas direcciones, algunas de estas calles cubiertas como el conocido Pasaje de las Flores, formando un Centro lleno de restaurantes que intentan atraer a sus locales a los clientes ofreciéndoles vinos, postres o golosinas gratis hasta que al final, se sucumbe a alguno para tomar un exquisito Kebak de cordero con abundantes verduras y algún pescado local de fuerte sabor a mar.

Recorriendo estas calles, llenas de tiendas, fruterías repletas de verduras y frutas de gran tamaño, granadas como pequeños melones, puerros de más de un metro de longitud, castañas del doble tamaño de las que tenemos costumbre de ver, ect. comentándonos que las tierras comprendidas entre los ríos Tigris y Eufrates fertilizadas por el limo de los desbordamientos de ambos ríos, producen tres cosechas al año.

Curioso se nos presenta la forma de asar las castañas, de gran tamaño y semi peladas, de aspecto muy atractivo y de olor irresistible. Otros puestos, a pesar de ser medianoche, venden pescado fresco y reluciente, procedente del Bósforo. Otros presentan la multicolor combinación de los compartimentos de las especias, desprendiendo un peculiar olor que se dispersa por el entorno produciendo una sensación de exotismo oriental.

A pesar de la hora y del frío, es imposible resistirse a la tentación de adquirir algún reloj de marca famosa, algún perfume o algún bolso de alta gama, todos ellos perfectamente falsificado y a precios que no admitían discusión.

Para terminar la noche, nada más confortable que acudir a la sala de fiestas del hotel antes mencionado, de nombre Mármara, y a su planta 20ª desde donde es sobrecogedora la panorámica nocturna de la Ciudad llena de luz, vida, coches moviéndose en el silencio que proporciona la distancia. Un piano suena y una susurrante voz acompaña la melodía en la penumbra. Situados junto al paramento de cristal que da a la calle, amables camareros ofrecen atractivos combinados exóticamente decorados y acompañados de cuenquecítos con diversos frutos secos dulces y salados. Queremos que la noche no avance y se pare el tiempo para seguir en tan idílico lugar, pero el cansancio del largo viaje nos hace sensatos y, solicitando un taxis, intentamos llegar al hotel, pues los taxistas apenas conocen los lugares, algunas veces para aumentar el precio del recorrido, y otras veces por ignorancia ya que se puede hacer algunos trayectos a precio prefijado a pesar de lo cual difícilmente encuentran el destino deseado.

La noche se acaba y el agotamiento invita a tomar una ducha para relajarnos unas horas y levantarnos temprano para continuar conociendo esta apasionante Ciudad.

Por la mañana nos recoge una guía con un coche y su chofer, y comenzamos visitando el Mercado de las Especias, lleno de color y de olores exóticos ¡un espectáculo! En las proximidades se encuentra la Mezquita Nueva, tan admirable como todas, cargada de decoración y con un acogedor ambiente de recogimiento y oración.

Seguidamente tomamos un barco para hacer un micro crucero por el Bósforo, lleno de personas y también de vendedores, nos acomodamos protegidos del viento y vemos pasar antes nuestros ojos la ciudad, mezquitas, palacios como el de Dolmabahce,

de mediados del XIX dando al Bósforo una fantástica fachada de 600 metros y destacando en su interior una lámpara en el salón de recepciones de 4,5 Toneladas de peso y 750 bombillas, el puente colgante que separa Europa y Asia, ect. hasta la llegada a la parte Asiática de Turquía donde nos esperaba el coche para trasladarnos a un restaurante, estratégicamente situado, de grandes cristaleras con vistas al Bósforo, lleno de barcos en su paso obligado entre el Mar Muerto y el Egeo, previo el preceptivo cánon por la utilización del paso.

La mesa se llenó de multitud de platitos cada uno con una especialidad distinta que, pronto empezaron a circular entre los comensales. Los sabores agri-dulces se mezclaban con los ácidos o casi agrios de los quesos o las ensaladas con yogur. Los colores de las presentaciones forman un conjunto armónico que tapizan el blanco mantel de alegres variedades que son un gozo para la vista y un deleite para el paladar. El vino, blanco, suave y transparente es un buen acompañante de la dorada que, seguidamente, nos ponen, de carne tersa y blanca y de muy agradable sabor a mar. Los postres, de frutas naturales exquisitamente combinadas, aligeran un poco la ingesta y preceden al esperado café turco, dulce y fuerte y con un dedo de pozo que garantiza un aroma especial y un sabor muy estimulante.

Para hacer más fácil la digestión, nos trasladamos a la zona más alta del entorno, desde donde nos quedamos impresionados al ver una panorámica de la ciudad, el Bósforo, las edificaciones más emblemáticas, los minaretes, las mezquitas y algún cementerio de pequeñas dimensiones y pocas tumbas observando que proliferan este tipo de enterramientos por muchos jardines y colinas, justificado por no poder enterrar a los muertos en diferentes planos verticales, por cuestiones religiosas, y por no practicar las cremaciones por el mismo motivo.

El chofer, atendiendo una orden dada en turco por nuestra guía, nos condujo hasta una zona bajo el gran puente colgante entre Europa y Asia en la que se encuentra el Palacio de Beylerbeyi y a cuyos jardines accedemos pasando por un largo y húmedo túnel abovedado que, frecuentemente, es utilizado para exposiciones aprovechando las hornacinas laterales empotradas en los gruesos muros de ladrillos rojizos. Rodeado de jardines con multitud de magnolias y justo al borde del mar, se presenta majestuoso y espléndido, de sólida construcción en mármol y perfecta conservación.

Tras una breve conversación de Ozgül, nuestra guía, con los responsables del acceso, nos abren el palacio y nos hacen una seña para que accedamos a él en una visita privada y, nada más entrar, al acceder al recibidor, quedamos atónitos por su tamaño, por la majestuosa escalera, las gruesas alfombras sobre las que se hunden nuestros pies al andar y una espectacular lámpara de ricos cristales que, colgada de la bóveda central, preside la entrada.

La visita es una continua admiración, tanto por la edificación, como por el mobiliario, las alfombras, las lámparas todas de cristal tallado y, en algunos casos, con llamativos colores que a no ser por el entorno resultarían “chillones”, y que en su emplazamiento armonizan con el resto de los elementos. Se suceden salas, habitaciones y salones suntuosos, de gusto oriental y gran tamaño que se ambientan en la época y que, junto con las explicaciones que recibimos, nos trasladamos en la historia y percibimos las vivencias de los ocupantes de antaño.

Concluida la visita, estrechamos nuestra amistad con Ozgül intercambiando experiencias personales, familiares, religiosas, etc. y prometiendo volver a vernos, bien en nuestra casa, bien en Estambul donde nos es imprescindible volver algún día para vivir otra vez entre estas maravillosas gentes llenas de amabilidad y de bulliciosa vida.

El auto nos esperaba para trasladarnos dirección Europa, ya de noche, por lo que pedimos nos dejaran en el Gran Bazar, visita obligada de cualquier turista en Estambul, para hacer algunas compras y perdernos en sus calles cubiertas con bóvedas ricamente decoradas y repletas de tiendas y mercancías.

Nos despedimos con cierta tristeza y caminamos relajadamente en dirección al gran Centro de Compras compuesto por unas 5.000 tiendas en su interior, y por innumerables en el exterior, en el camino buscamos una oficina de cambio de moneda e hicimos una parada en unos aseos públicos “turísticos”, creemos que por estar empotrados en una antigua muralla, sucios, mal olientes, descuidados y donde nos cobraron 500.000 liras turcas por persona, por su uso.

La entrada al Gran Bazar aparece ante nosotros como si de un Arco del Triunfo se tratara, majestuosa y rodeada de cientos de vendedores, en puestos provisionales unos y ambulantes otros, todos intentando vender las mercancías antes de que las personas accedan al recinto, retícula de calles cubiertas donde se hacen competencia las miles de tiendas establecidas, llenas de géneros de multitud de colores y de gran variedad de especies, desde ropas, latón o especias.

A los lados de la gran puerta por la que accedemos, dos guardias, provistos de detectores de metales, custodian por la seguridad del recinto, al menos de una forma disuasoria, pues se limitan a mirar discretamente y pasar desapercibidos sin otro tipo de intervención.

Paraíso para algunos y martirio para otros es lo que supone el Bazar, con abrumadoras ofertas e innumerables, repetitivas y continuas preguntas como: ¿Italianos?...¿Españoles?...¿Quieres ver...? y ofrecimientos de descuentos fabulosos, de vasitos de té o de aromático café turco.

Las calles, cruzándose perpendicularmente las principales con las secundarias, con dibujos policromados en las paredes y en los techos, están clasificadas por tipo de mercancías, así en la principal están las joyerías con diseños de gran fantasía y originalidad, verdaderas obras de arte en plata, oro y piedras preciosas. Adquirimos varias piezas, siendo muy original y propia de la zona de Anatolia, una pulsera de unos 2 cm. De ancha, realizada mediante el trenzado de finos hilos de plata hasta formar una especie de tejido, flexible y de gran vistosidad.

El regateo es obligado tras la degustación de té turco, de manzana o café ofrecido por cada comerciante, después de una relajada y amable conversación, llena de simpatía y cordialidad, preámbulo de la transacción comercial que interesa en ese momento.

Un sin fin de objetos de regalos, bolsos de grandes marcas, prendas, degustaciones de pastelillos, venta de té, café, especias...oro, plata, antigüedades, ect. colapsan nuestros sentidos que no saben donde mirar ni qué hacer. Legados al agotamiento, buscamos una puerta concreta para salir en la dirección que nos interesa y, al salir, descubrimos que en los alrededores se encuentran instalados un número impensable de tenderetes con todo tipo de cosas, artesanos trabajos en cobre, bronce, móviles, artículos de electrónica, prendas de marcas conocidas, colonias de altos precios en ofertas irresistibles, todas evidentemente muy bien falsificadas.

El paseo hacia el hotel ¡una liberación! La temperatura baja, la calle de ancha acera, relajada, el aire puro y libre de la opresión de las ofertas, nos serena y complace.

A la llegada, el conserje de puerta, con librea y chistera negra que le una apariencia como tenebrosa, se apresura a abrirnos la puerta y, solícito, nos alivia del peso de las compras, apreciando entonces el esfuerzo realizado.

Descansamos algo mientras mirábamos las tragedias que ponían en la televisión pero, como la vida del turista es dura, a la hora acordada acudimos a la cita con unas compañeras de viaje para cenar juntos y explorar una zona de restaurantes que se asoman al llamado Cuerno de Oro. La zona en sí ya constituye una atracción, las calles iluminadas por miles de pequeñas bombillas, dan un ambiente navideño a estas calles peatonales, repletas de restaurantes cuyos representantes ofrecen gratis bebidas, postres, café, etc. para que acceda a su local, con amplias marquesinas y ambiente festivo. Tras rechazar cientos de invitaciones, accedimos a uno, conocido por nuestras amigas, y que, como los turcos, en general, cuando has sido cliente anteriormente, te tratan de una forma más amable y especial, con precios más ajustados que ya no hacen necesario el regateo tan exhaustivo, siendo objeto de múltiples atenciones y de detalles especiales. Curioso fue que nos quitaron los abrigos y se los llevaron al guardarropas, casi en contra de nuestros deseos, por agradar, claro, y nos colocaron las servilletas a cada comensal en la forma que tiene costumbre el restaurante. Nos obsequiaron con una botella de vino blanco frío, bastante bueno, mientras nos llenaron la mesa de entremeses de todo tipo, mientras degustábamos aquella variedad gastronómica, casi toda aderezada con salsa de yogur, seleccionamos el plato principal entre varias especialidades casi todas compuestas por pescados del Bósforo, casi vivo y de delicioso paladar.

La presentación perfecta y los sabores peculiares y muy agradables. A continuación, los postres, con una presentación estética impecable, compuestos con frutas naturales para cada comensal, y una fuente común para todos por gentileza del propietario del local.

Junto a nuestra mesa, seis hombres turcos degustaban gigantescas “bocas rusas” dispuestas en una formación con apariencia de fuente, entre verduras y cascadas de grandes langostinos, que al principio confundimos con un centro de mesa para pasar a la admiración al ver que se trataba de un plato elaborado como una verdadera obra de arte. Para acompañar estas delicias, la bebida popular llamada raki, servida en vasos largos presentando un líquido de apariencia lechosa resultado de mezclar el aguardiente con agua fría, de agradable sabor dulzón que ayuda a digerir los alimentos. La noche se animó y llamaron a unos músicos que amenizaron la cena con extraños instrumentos y fuertes cánticos locales.

El público, terminando sus cenas, fueron abandonando el local en el que quedaron sólo dos mesas ocupadas, la de los turcos y la nuestra. Los primeros, animados por el raki, empezaron a bailar sosteniendo en la cabeza uno de los vasos con la bebida incluida, sin derramarla, mientras que los músicos, que tomaron asiento entre los lugares libres de nuestra mesa y la de ellos, subían de tono sus cánticos que nos inundaban y contagiaban de ritmo y música, trasladándonos en nuestra imaginación al sitio donde se encontraban nuestros cuerpos, recordándonos que ese sueño lo vivíamos en la realidad, aunque se nos hacía difícil comprender tanta fantasía hecha realidad.

Al té de manzanas también fuimos invitados y, cuando salimos de nuestra fantasía, fuimos vestidos y preparados amablemente, entre frases de agradecimiento y de buenos deseos, para afrontar la lluvia que caía en la noche iluminada por cientos de bombillitas, alegría y admiración. Iniciamos un paseo bajo los paraguas, cuesta arriba y sorteando los ríos de agua que bajaban desde el comienzo de la calle, dirigiéndonos hacia el hotel donde, a nuestra llegada, el conserje repite otra vez el rito de cortesía y amabilidad, con su levita, chistera negra, sonrisa abierta...

Así sentí Turquía.

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