31 Oct 2009
AKELARRE (y III)

La noche comenzó a oscurecerse, la tierra se interponía poco a poco entre el sol y la luna. Todos los allí reunidos com
enzaron a ulular, a gritar y palmear conforme el eclipse lunar iba germinando. Cuando el eclipse fue total, la bruja anfitriona que estaba a un lado del altar, hondeó sus manos en el aire provocó un gran fogata en las teas al rededor de oratorio. De entre la penumbra de una cavidad emergió un ser terrorífico. Mitad macho cabrío, mitad humano, erguido sobre su piernas emitió un alarido que ensordeció el mundo.
- Xirristi-mirristi gerrena plat- comenzó a decir aquel ser demoníaco- Olio zopa Kikili salda, Urrup edan edo klik ... ikimilikiliklik ... - ikimilikiliklik!- gritó toda la concurrencia en un atronador clamor.
La bestia infernal gritó con voz ronca y profunda, alzo las manos hacia los lados y todos callaron. Se echó a un lado y dejó el pulpito a la vieja bruja que oficiaba el Akelarre.
- Jaun andreok!- dijo- Sras y Sres, nos hemos reunido hoy aquí todos los seres mágicos de nuestra tierra para celebrar un Akelarre iniciático de varias jóvenes brujas.
A Eguzkiñe un escalofrío le recorrió el cuerpo de punta a punta. La oficiante era su amona que continuaba su oratoria.
- Pero hay un jovencita bruja, en especial, que hoy va recoger el legado de esta anciana, a la que le ha llegado, por fin, la hora de tomarse un merecido descanso.- señaló a Eguzkiñe y todos le hicieron un pasillo entre aplausos y loas.
Entre aterrada y avergonzada, recorrió el camino hasta el altar. La vieja la abrazo y le dio un tierno beso en la mejilla. El Akerra, el macho cabrío oficiante, abrazó por detrás a la anciana y con rápido corte rasgó la arrugada piel de la espalda de la amona de Eguzkiñe.
La vieja gimió de dolor. La pequeña gritó en llanto al ver a su abuela desangrándose. El público aplaudía y vitoreaba el espectáculo con pasión y desenfreno. La sangre salpicaba la cara de la niña mientras el Ake
Con las manos temblorosas y temiendo acabar como su amona, tomó el cáliz y bebió de él.
El primer trago le provocó una arcada que consiguió ahogar. Se trago la sangre del recipiente junto con un poco de bilis que había regurgitado de su estomago y que consiguió retener y volver a tragar. La bestia asió el baso con fuerza y le obligó a apurar hasta la ultima gota de liquido. Eguzkiñe cayó de rodillas a los pies de aquel ser. Se convulsionaba, se retorcía, se agitaba… Poco a poco comenzó a levitar. Cuando estaba a unos metros sobre el altar, abrió los brazos en cruz, echó la cabeza hacía arriba y emitió un alarido.
Todo quedó sumido en una oscuridad pura. Las teas se pagaron, el eclipse se detuvo en su estado mas negro y el silencio más absoluto que jamás había escuchado nadie, se extendió en toda la comarca. Estaba claro que Eguzkiñe sería una bruja poderosa.
Un par de puntos azules irradiaron abriéndose paso en aquella densa oscuridad. Eguzkiñe comenzó a girar sobre s
El ritual le había trasmitido todos los poderes, todo el saber de su anciana abuela a Eguzkiñe. Ahora debía de aprender a usarlo. Sería una alumna aplicada, en el lapso de tiempo en el que el que todo pareció detenerse, su amona se había despedido de ella. Estaba en un mundo intermedio entre el terrenal y de los muertos. Sería feliz en aquel limbo. Ahora le tocaba a ella hacerse cargo del legado de su abuela.
La fiesta continuó durante toda la noche. Todos estaban felices; bailaban, cantaban, bebían de diferentes brebajes… Pero Eguzkiñe, ya no sería jamás la niña de antes. El trozo de cuero de la espalda de su amona, será, a partir de ahora, los lomos de su nuevo libro de hechizos. Su primer libro. El libro de una bruja. El libro de una autentica bruja. Eta… Hala bazan, edo ez bazan, sar dadila kalabazan…
rra blandía el trozo de piel. Lo posó sobre el altar, agarró por los pies a la anciana, que yacía en la fría piedra de aquella caverna y dejó que la sangre se vertiera sobre un cáliz de madera de roble. Se lo ofreció a la núbil bruja para que bebiera de él.
i misma y la luz volvió a la cámara.
31 Oct 2009
AKELARRE (II)

Con la emoción del vuelo, sin darse cuenta, hacía rato que abandonaron la ciudad. Se habían adentrado en un bosque negro como el carbón, de grandes robles, casi de la misma altura que Ortzi. A Eguzkilñe, se 
Cuando la pequeña acerco su cara para beber se asustó al ver que lo que se reflejaba en la cristalina agua del arroyo no era su silueta. Se levanto de un salto cuando entre las aguas surgió una figura blanquecina que irradiaba una luz intensa. Parecía flotar sobre la fina capa de agua. Su larga melena dorada le llegaba hasta más abajo de la cintura, sus pies eran como garras de águila. No llevaba nada de ropa, su desnudez le daba una apariencia de fragilidad que se rompió en cuanto su voz, estridente y aguda, comenzó a sonar.
- Kaixo Eguzkiñe maitea. - Kaixo… zu… lamia bat zara, ez da?- Efectivamente era una lamia, una especie de sirena que habita en los arroyos de los bosques de Euskal Herria. . Me llamo Ederne. ¿Vas a la fiesta de esta noche?- preguntó con entusiasmo- Tu amona nos ha hablado mucho de ti. Llevo todo el día arreglándome para este Akelarre.
Ederne sacó de entre su cabello un precioso peine de oro y se lo pasó por su melena con gesto grácil y garboso. La belleza de estas musas y el peine de oro es lo que a los humanos hombres los ha perdido desde tiempos inmemorables. Se quedan cegados por la avaricia y el deseo de poseer tanto a la lamia como el oro del peine. Moren de inacción descompuestos a orillas de los arroyos. Ellos lo llamaban morir de amor. Es la maldición de las lamias.
Ortzi, Ederne y Eguzkiñe se dirigieron juntos monte arriba. Cogieron una senda empedrarla, una antigua calzada romana que transitaba a los pies del Aiztgorri, un monte de 1.500ms que hace de linea divisoria entre Guipuzkoa y Araba. El camino discurre entre dólmenes, cromlets y menires. La vía desemboca en el tú
Por el camino se fueron encontrando con muchos otros invitados al gran Akelarre de aquella noche. Poco a poco se unían a ellos familias enteras de basajauns, estos sí, con el aspecto característico de estos seres; largas barbas, peludos, fuertes, altos y pezuñas en vez de pies. Había iratxos y lamias por todas partes y un sin fin de brujas. Toda una procesión que transcurría en un ambiente festivo.
Las brujas gastaban pequeñas bromas a otros peregrinos. Eguzkiñe se mofó de un basajaun que una joven bruja había dejado totalmente calvo. Vio también un caballo con cabeza de cerdo, un pájaro sin alas y con cuatro patas. Un murciélago con ojos de búho totalmente desorientado, chocó contra la cabeza de Ortzi que se lo quitó irritado de un manotazo estrellándolo contra el suelo. Cayó justo al lado de Tristan, que se acercaba hacia Eguzkiñe refunfuñando porque una bruja le había hechizado un chaparrón sobre su cabeza.
- Eguzkiñe, mesdez, quítame esto, por favor. - No se si puedo, nunca he utilizado mis poderes hasta hoy - Saiatu… venga, inténtalo. - Vale- cerró los ojos, estiró las manos y comenzó a hacer florituras en el aire mientras pronunciaba un particular abracadabra- Sasi guztien gainetik, laino guztien azpitik… ordu erdi bat auntza, ordu erdi bat onuntza… ken dadila laino belltza.- estiró las dos manos abiertas hacia la cabeza de Tritan, abrió los ojos y la boca y comenzó a dar saltos de alegría. Su primer hechizo había funcionado. La lluvia que caía sobre el iratxo había desaparecido. Orzti le guiño un ojo y Tristan se abrazó a su dedo meñique en agradecimiento por su hazaña.
El camino hacía una pequeña curva y luego descendía un poco hasta llegar a la gruta natural donde se celebraría el Akelarre. Aquello era un hervidero de seres mágicos como nunca se lo hubiera imaginado Eguzkiñe por mucho que su amona le había contado cientos de historias al respecto.
Eran cerca de las doce de la noche, la ceremonia estaba a punto de comenzar. Una plataforma rocosa llana que ha
El Akelarre iba a dar comienzo.
bía en el interior de la cavidad, guardaba un altar en el que se realizaría el ritual mágico. Todo el mundo estaba preparado. Unas cuantas brujas de la organización habían preparado diversos caldos que ofrecían a los invitados. Eguzkiñe tomo uno de color verdoso, era denso y sabía a sapos y culebras, pero dejaba al final un retrogusto afrutado y dulce. Le gusto el potinje y repitió.
31 Oct 2009
AKELARRE (I)

“Hala bazan edo ez bazan, sar dadila kalabazan”. Con este “colorin colorado” la amona terminó el cuento, lo cerró y le dio un beso de buenas noches a Eguzkiñe, su nieta de once años. Desde el marco de la puerta le echó una última mirada. Sus hermosotes ojos azules estaban ya cerrados, su melenita rubia esparcía los rizos por la almohada y la luna llena iluminaba tenuemente la habitación cuando apagó la luz y cerró la puerta. Eguzkiñe no estaba realmente dormida. Cogió el cuento que acababa de cerrar su amona y lo abrió por la página central, pero no la llegó a abrir del todo. Respiró hondo. No estaba segura de querer saber la verdad. Dibujado a todo color, esa página tenía la imagen de un iratxo rojo, un diminuto duendecito que ocupaba la página entera. Era el protagonista de la historia, un iratxo gamberrete que gastaba bromas a los niños y niñas humanos. Cuando la amona pasó por esa página, sin detenerse mucho pues no tenía texto, a ella le pareció que Tristan, el duende, le guiñaba un ojo. Seguro que se lo había imaginado… Cerró los ojos, terminó de abrir la página de par en par, volvió a suspirar, abrió los ojos de golpe y… ¡zas! El iratxo le había cogido un rizo, había atado un lápiz de colores a su extremo y cuando Eguzkiñ Trsitan estaba que no podía más, retorciéndose sobre el lomo del cuento calló sobre las sabanas. Estaba riéndose a carcajada limpia, los ojos llorosos y la cara desfigurada. Eguzkiñe, enfadada por la broma del iratxo lo cogió por una de las piernas dispuesta a arrojarlo por la ventana. Una cara alargada apareció al otro lado del cristal. Soltó de golpe a Tristan dejándolo caer sobre la alfombra y emitió un grito de terror. Un monstruo gigante abrió la ventana y asomo su enorme cabeza por el vado.
- Kaixo Ortzi- Dijo Triatan al verlo.
- Kaixo Tristan, Kaixo Eguzkiñe- contestó Ortzi con una voz nasal pausada y que a Eguzkiñe le sonó bobalicona.
- Ka…Kaixo- Respondió temblorosa sacando sus ojillos de entre las sabanas, donde se ocultó al ver al monstruo.
Ortzi era el típico basajaun, un gigante de más de tres metros. Pero no era nada típico que anduviera por la ciudad. Su hábitat son los bosques, sus guaridas las cuevas. De largas barbas, suelen tener todo el cuerpo cubierto de pelo. Ortzi, en este aspecto, era también atípico, pues su cara estaba bien afeitada, el pelo bien peinado y su traje cubría el bello del resto de su cuerpo. Sí que tenía la robustez y la fuerza que caracteriza a estos seres, eso era indudable, aunque Ortzi trasmitía, sin duda, cierta ternura que envalentono a Eguzkiñe.
- Nahikoa da!- se levanto de la cama de un salto y se plantó ante sus dos nuevos inquilinos- ¿Qué demontre esta pasando aquí?
Ortzi miró a Tristan instándole a que le explicara la razón que los traía en su busca.
- Eguzkiñe, hoy es tu noche mágica. Hoy, todos esos sueños que siempre has tenido se van a hacer realidad. Ven, te lo mostraré.- Tristan se subió en la mano de Ortiz haciéndole un gesto para que los acompañara. Eguzkiñe hizo lo propio y se sentó sobre la otra mano del basajaun que, cuidadosamente, los sacó por la ventana y los dejó sobre la acera. Las farolas de la calle estaban apagadas y tan solo se veía lo que la enorme luna llena iluminaba.
El iratxo, vio a una cuadrilla de sus congéneres, se metió por la ranura de una alcantarilla y se marchó con ellos. Ortzi, para tranquilizar a la pequeña, le ofreció una hermosa flor tan blanca como la luna. Eguzkiñe le sonrió y le dio un tierno beso en la mejilla al basajaun. Ortzi le hizo un gesto con la mano invitándola a que la acompañara.- Zatoz- con ese simple vente, la cogió con cuidado y la alzó sobre su hombro.
- Hoy tenemos un Akelarre que celebrar. - Akelarre bat? - Bai. ¿sabes lo que es? - Sí, una reunión de brujas. Viene en los cuentos que me lee la amona. - La amona es ya muy vieja y tu has de sustituirla… Esta noche. - ¿Sustituirla? - Cuando una bruja se hace mayor ha de entregar a la orden una nueva aprendiz. Sino, todos sus conocimientos, todo su poder se desvanecería y ella sería condenada vagar entre los muertos toda la eternidad. - Ortzi… Yo… ¿soy una sorgina? - Sí, eres una pequeña y novel brujilla. - ¿Qué poderes tengo? - Todos… ¿Qué quieres hacer? - ¡Volar sobre una escoba!
Ortzi cogió una rama de un árbol, la pelo de ramas y hojas salvo en un extremo y se la ofreció.- Hartu!- Eguzkiñe la cogió sin saber muy bien que hacer.- Salta sobre ella y vuela.- La pequeña, a estas alturas, estaba convencida de que todo era un sueño. No se lo pensó dos veces y saltó sobre la improvisada escoba.
No podía creérselo. Quedo suspendida en el aire sobre la rama. Miró al basajaun que agitando las manos como si fueran enormes aspas de molino le gritaba “egan, egan!!... ¡Vuela pequeña, vuela!”
Enderezó la escoba hacia el cielo y subió, bajó, giró, revoloteó, pasó un par de veces por entre las piernas de Ortzi. Reía, gritaba y lloraba a la vez. Era una sensación con la que siempre había soñado. ¿Sería en verdad una bruja como su anciana abuela?e abrió los ojos, Tristan soltó el rizo y la pintura se le quedo metida en el agujero de la nariz.

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