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&lt;img src="http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/inmigracion/sergiobetancortlapateradelosni%C3%B1os2.jpg" id="img_1" class="imgcen"&gt;
Las fotograf&#237;as son de Sergio Betancort. Una barca de seis metros de eslora, con cuatro metros &#250;tiles de espacio, albergaba a 27 ni&#241;os magreb&#237;es, la mayor&#237;a de 7 a 15 a&#241;os, tantos como en una clase del colegio!!!! Llegaron de alg&#250;n punto del sur de Agadir y alcanzaron la costa del norte de Lanzarote en poco m&#225;s de seis horas. Son unos ni&#241;os muy afortunados. Un fallo en el renqueante motor fueraborda hubiera sido letal. Los vientos del noroeste y las corrientes marinas hubieran empujado la barquita hacia el vientre del Atl&#225;ntico (les recomiendo la novela de Fatou Diome del mismo nombre). 27 ni&#241;os en una barca, acompa&#241;ados de s&#243;lo 5 adultos. Ha habido enormes cayucos con m&#225;s de 130 a 180 subsaharianos en los llegaban veinte o treinta menores, pero jam&#225;s antes hab&#237;a llegado a las islas una barca con tantos ni&#241;os solos y 5 adultos. Miren a sus ojitos y resp&#243;ndanme &#191;qu&#233; nos est&#225; pasando? </body>
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    <title>Un aula entera dentro de una patera!!!!!</title>
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    <body>Lleg&#243; en patera el pasado 30 de septiembre a Lanzarote, en una barquita de 6 metros, que no detect&#243; el nuevo blindaje electr&#243;nico en el que el Gobierno de Espa&#241;a invirti&#243; m&#225;s de 6 millones de euros. Era el ni&#241;o n&#250;mero 1.250 o el 1.300 que este a&#241;o vivir&#225; en uno de los seis dispositivos de emergencias de las Islas Canarias, esos hogares donde se apretujan los hijos de &#193;frica como sardinas en lata, por la incompetencia de un Gobierno que mira para otro lado desde hace a&#241;os sin buscar una soluci&#243;n, superado por su incapacidad para crear nuevas normas para nuevos fen&#243;menos, como el de los ni&#241;os-cayuco. 

Disculpen pero hoy soy mucho menos racional que otras veces. No puedo serlo. Este chico, que considero mi hijo, cay&#243; ayer desde una cuarta planta del centro de Las Ra&#237;ces (donde convive con otros 450 ni&#241;os y adolescentes llegados en barca desde alg&#250;n lugar de la costa africana). Era la noche fresca de ayer, quer&#237;a fumar y se desliz&#243; por un agujero por donde casi no cab&#237;a ni un conejo. Se pos&#243; en una cornisa de pocos cent&#237;metros, resbal&#243; y cay&#243; al suelo. Se debate entre la vida y la muerte en un hospital de Tenerife. S&#243;lo tiene a favor su juventud, que, dicen, todo lo puede. Despu&#233;s de una infancia en la calle, de un viaje por mar, de convencer a sus padres de que no les est&#225; robando, sino que aqu&#237; no se trabaja y gana dinero hasta los 18 a&#241;os, ahora, inconsciente, lucha por quedarse. Es el primer suceso grave en estos centros desde 2006, pero el s&#237;ntoma de una bomba de relojer&#237;a y un reto para las autoridades espa&#241;olas, cuyas chorradas copan hoy las p&#225;ginas que deb&#237;a ocupar la historia este peque&#241;o h&#233;roe. No es &#233;ste el pa&#237;s en el que creo. 
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    <title>Mi hijo est&#225; muy grave</title>
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    <body>No es la primera vez que llegan embarcaciones con beb&#233;s a bordo.Desde 1994 en que dos saharauis abrieron la puerta de &#193;frica hacia Canarias (la frontera m&#225;s al sur de la Uni&#243;n Europea, lo recalco para los muchos europeos y canarios a los que f&#225;cilmente se les olvida; no a los africanos, que parecen tenerlo bastante m&#225;s claro), hemos sido testigos de la llegada de criaturas de apenas unos d&#237;as de vida, colgados de uno de los hermosos pechos de sus madres o acurrucados entre mantas. Los hay incluso que han nacido en mitad del oc&#233;ano (como el caso de Sheima, a&#250;n con su cord&#243;n umbilical) o que han muerto a unos cent&#237;metros de la costa (como Esther) o que burlaron la muerte y olas de varios metros de altura (como Mamma, la inquieta de ojos gigantes que se aferraba a un osito que le dio el personal de la Cruz Roja). Esta noche lleg&#243; otro. En mitad de un fr&#237;o g&#233;lido, tras haber surcado el gran r&#237;o, lleg&#243; la barquichuela, escoltada por efectivos de Salvamento Mar&#237;timo. Entre los pasajeros de este artesanal y fr&#225;gil crucero de la esperanza hab&#237;a 15 menores de edad solos (sin compa&#241;&#237;a de ning&#250;n familiar), cuatro mujeres y el beb&#233;. S&#233; que esta criatura no ser&#225; la &#250;ltima hija de &#193;frica en llegar viva. No es sensibler&#237;a, es realidad.. Los llantos de estas criaturas debieran convertirse en los guisantes inc&#243;modos que desvelen el sue&#241;o de quienes obligan a sus madres a jug&#225;rsela a una sola carta.</body>
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    <nicetitle>el-bebe-toco-mi-puerta-2</nicetitle>
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    <title>El beb&#233; que toc&#243; en mi puerta</title>
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