22 May 2011

Santa Rita de Casia Abogada de los casos desesperados

Escrito por: ivette-duran el 22 May 2011 - URL Permanente


Santa Rita de Casia

Resumen: Una delicada flor de color lila lleva su nombre y es considerada la Santa Patrona de los Casos Desesperados.

Nació en Roccaporena, Italia, en 1383 y murió el 22 de mayo de 1457. Hija de un floricultor, se casó muy joven y su marido, que la golpeaba, fue asesinado en una pelea.

Los dos hijos prometieron venganza pero Rita oró para evitar un nuevo asesinato, con esta conmovedora plegaria:

“Señor, llévame a mi hijos con buena muerte antes de que se conviertan en asesinos”.

Su ruego fue escuchado y Rita se recluyo en el monasterio de las agustinas, Un día meditando ante un crucifijo, vio que de la corona de Cristo se desprendía una espina que fue a clavársele en la frente. Esa herida nunca cerró.

Los años pasaron y Rita se enfermó gravemente. Postrada, recordaba su casa y sobre todo el jardín. Deseaba ver una rosa con pétalos violáceos como las que cultivaba su padre, pero el helado invierno cubría de nieve todos los rosales. Las monjas que la cuidaban se desvivían por encontrar una rosa, pero fue imposible.

Una mañana, en la casa de Rita en Roccaporena, una rosa, una sola, con pétalos de color lila, acababa de florecer, en un rosal lleno de nieve.

Historia: Santa Rita nació en 1381 junto a Casia, su segunda patria, en la hermosa Umbría, tierra de Santos: Benito, Escolástica, Francisco, Clara, Angela, Gabriel... Santa Rita pertenece a esa insigne pléyade de mujeres que pasaron por todos los estados: casadas, viudas y religiosas. Por otra parte, pocos santos han gozado de tanta devoción como Santa Rita, Abogada de los imposibles. Su pasión favorita era meditar la Pasión de Jesús.

Los antiguos biógrafos esmaltan su infancia de prodigios sin cuento. Lo cierto es que fue una niña precoz, inclinada a las cosas de Dios, que sabía leer en las criaturas los mensajes del Creador. Su alma era una cuerda tensa que se deshacía en armonías dedicadas exclusivamente a Jesús.

Sentía desde niña una fuerte inclinación a la vida religiosa. Pero la Providencia divina dispuso que pasara por todos los estados, para santificarlos y extender la luz de su ejemplo y el aroma de su virtud. Fue un modelo extraordinario de esposa, de madre, de viuda y de monja.

Por conveniencias familiares se casa con Pablo Fernando, de su aldea natal. Fue un verdadero martirio, pues Pablo era caprichoso y violento. Rita acepta su papel: callar, sufrir, rezar. Su bondad y paciencia logra la conversión de su esposo. Nacen dos gemelos que les llenan de alegría. A la paz sigue la tragedia. Su esposo cae asesinado, como secuela de su antigua vida. Rita perdona y eso mismo inculca a sus hijos. Y sucede ahora una escena incomprensible desde un punto de vista natural. Al ver que no puede conseguir que abandonen la idea de venganza, pide al Señor se los lleve, por evitar un nuevo crimen, y el Señor atiende su súplica.

Vienen ahora años difíciles. Su soledad, sus lágrimas, sus oraciones. Intenta ahora cumplir el deseo de su infancia; ser religiosa. Tres veces desea entrar en las Agustinas de Casia, y las tres veces es rechazada.

Por fin, con un prodigio que parece arrancado de las Florecillas, se le aparecen San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás de Tolentino y en volandas es introducida en el monasterio. Es admitida, hace la profesión ese mismo año de 1417, y allí pasa 40 años, sólo para Dios.

Recorrió con ahínco el camino de la perfección, las tres vías de la vida espiritual, purgativa, iluminativa y unitiva. Ascetismo exigente, humildad, pobreza, caridad, ayunos, cilicio, vigilias. Las religiosas refieren una hermosa Florecilla. La Priora le manda regar un sarmiento seco. Rita cumple la orden rigurosamente durante varios meses y el sarmiento reverdece. Y cuentan los testigos que aún vive la parra milagrosa.

Jesús no ahorra a las almas escogidas la prueba del amor por el dolor. Rita, como Francisco de Asís, se ve sellada con uno de los estigmas de la Pasión: una espina muy dolorosa en la frente. Hay solicitaciones del demonio y de la carne, que ella calmaba aplicando una candela encendida en la mano o en el pie. Pruebas purificadoras, miradas desconfiadas, sonrisas burlonas. Rita mira al Crucifijo y en aquella escuela aprende su lección.

La hora de su muerte nos la relatan también llena de deliciosos prodigios. En el jardín del convento nacen una rosa y dos higos en pleno invierno para satisfacer sus antojos de enferma. Al morir, la celda se ilumina y las campanas tañen solas a gloria. Su cuerpo sigue incorrupto.

Cuando Rita murió, la llaga de su frente resplandecía en su rostro como una estrella en un rosal. Era el año 1457. Así premiaba Jesús con dulces consuelos el calvario de su apasionada amante. Leon XIII la canonizó el 1900.

ORACIÓN A SANTA RITA.

¡Oh señor!, para quien nada hay imposible, haz que nuestra entrega a tu voluntad se perfeccione cada día y encuentre en nosotros docilidad, amor, sencillez y disponibilidad. Amén.

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Ivette Durán Calderón

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