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10 Oct 2009

El Poder de la fantasía

Escrito por: ivette-duran el 10 Oct 2009 - URL Permanente

Ivette Durán Calderón

En muchas ocasiones el alma ha deseado ferviente, desesperadamente poseer la libertad del pájaro que anida todos los árboles de la tierra. Hemos mirado las golondrinas inspiradoras de poemas, soñadoras infatigables, viajeras de los cielos, ávidas de luz, de paz, de sol, con el ansia de irnos tras ellas en pos de un olvido total. En ese instante, al romper las cadenas terrenales, el cuerpo espiritualizándose ha visto con alas, se ha sentido hermano del ave y del viento, se ha dejado arrastrar por un impulso nacido de muy hondo, por algo irrefrenable, atávico. Y ¿cómo no nombrar lo recóndito que ha tenido el poder de convertirnos en viajeros del espacio, que nos ha remontado a la esfera de las satisfacciones inefables?....Imaginación, fantasía: nada más.

Este filtro prodigiosos de los desagradable, esta facultad de sustraernos en cualquier momento a cuanto nos deprime o encadena constituye uno de los dones inapreciables que el Creador ha puesto en la vida humana.

Por desgracia, no todas las personas conocen las fuentes de donde se extrae la felicidad cotidiana. Ruskin ha dicho que no le asombra tanto lo que la gente sufre sino lo que ella pierda y que podría darle satisfacción y gozo sin medida.

Los actuales métodos educativos dan demasiada importancia a los límites marcados por los sentidos. La vida entera tiende a convertirse en algo exclusivamente sensorial y la fantasía, inagotable en la infancia, va palideciendo cada día más en el adulto, tanto que a muchos les avergüenza el confesarse imaginativos.

Sin embargo, en esto como en otras cosas debiéramos imitar a los niños. Estos seres frágiles y pequeños son capaces de las mayores proezas. Llevan a cabo verdaderas excursiones espirituales, su fantasía convierte a un charco pequeño y barroso en un océano con grandes olas; a una imagen deslucida y gastada en un sonriente ángel con los brazos abiertos.

El ser humano, con la fuerza de su capacidad productiva, la alegría de un encuentro inesperado, reside más que en los objetos en sí, en el mundo bello, bueno, alegre de nuestros espíritus.

Dejemos el camino libre a la fantasía, hagamos posible la huída de las vulgaridades que nos oprimen, convirtamos la choza en palacio, la enfermedad en vida interior. Hasta la muerte observada con los ojos soñadoramente puros del alma puede ser una bella resurrección.

Total…soñar no cuesta nada, es gratis.