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08 Nov 2009

El zorro que fué Juez

Escrito por: ivette-duran el 08 Nov 2009 - URL Permanente

Saltaba el tigre una tarde, contento por unos peñascos, tuvo la mala suerte de que una de sus patas quedase atrapada entre dos enormes piedras.

En eso, acertó pasar por allí un caballo, el tigre para salir del aprieto, le pidió que lo ayudase a liberar su pata.

–No. – respondió el caballo–: no puedo confiar en ti, sé que tú me atacarías si te dejo libre.

–Te equivocas. Te juro que no lo haré. Por favor sálvame.

–Bueno, lo haré, pero te pido que no olvides tu juramento. Con algún esfuerzo el caballo levantó una de las piedras y el tigre quedó libre.

Como buenos amigos los dos siguieron juntos por un sendero, conversando amistosamente hasta que llegaron a un lugar solitario, entonces el tigre le dijo:

–Hace tres días que estoy sin comer y mi estómago no resiste más. Por fuerza tengo que comerte.

El caballo se sintió engañado.

–Y repuso, ¿ese es el modo que tienes de agradecer el favor que te hice? ¿Cómo puedes faltar tu juramento? Esto no puede ser. Te pido que recurramos a un juez.

En ese momento apareció un zorro y el caballo le pidió mediar en el asunto.
–Amigo zorro, ¿quieres ser el juez en este pleito?

–Si, señor. –Respondió el zorro– Tengo bastante experiencia en estos asuntos, a ver, cuénteme cada uno de ustedes las razones que cree tener.

El tigre y el caballo explicaron su caso, y al terminar el astuto zorro les dijo:

–No entiendo bien como sucedieron las cosas. Para dar mi fallo, necesito que volvamos al lugar del hecho y reconstruyamos lo sucedido.

Se pusieron los tres en camino y llegaron al lugar, el zorro ordenó al tigre que colocara una de sus patas tal como lo había tenido, al tiempo que indicaba al caballo que le colocase encima la pesada piedra.

Una vez que el tigre quedó aprisionado, el zorro dio su fallo. –Mi opinión– dijo, dirigiéndose al tigre –es que te corresponde quedarte así, preso, en castigo por no haber sabido cumplir la palabra empeñada, ni agradecer los favores recibidos.

Pronunciada esta sentencia, el zorro y el caballo se marcharon dejando al tigre, rugiendo de rabia su suerte.

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Fábula del folklore americano perteneciente a autor anónimo