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    <message> La venta de un "simple" disfraz de Halloween de un inmigrante indocumentado, con tarjeta "chueca" incluida, ha agitado el debate sobre la reforma migratoria, la libertad de expresi&#243;n y el respeto y sensibilidad cultural hacia los hispanos en EEUU.

El disfraz en cuesti&#243;n estaba compuesto por una m&#225;scara con rostro de extraterrestre con una gorra de b&#233;isbol y un poblado bigote oscuro y un conjunto naranja, adem&#225;s de una tarjeta de residencia permanente falsificada.

La pol&#233;mica suscit&#243; una amplia cobertura tanto en los medios hispanos como en los principales canales de la televisi&#243;n, entre ellos ABC, NBC y CNN, a pocos d&#237;as de que el pr&#243;ximo 31 de octubre millones de ni&#241;os y algunos adultos salgan disfrazados de puerta en puerta en busca de golosinas.

Lo que en general produce alegr&#237;a, en esta ocasi&#243;n ha avinagrado los &#225;nimos en la comunidad inmigrante.






	


Disfraz o no, la zozobra que viven los indocumentados no son un chiste para los grupos que salieron en su defensa y que insistieron, con algo de raz&#243;n, que el disfraz promueve un estereotipo ofensivo y racista de los inmigrantes hispanos.

A un precio "m&#243;dico" de cerca de cuarenta d&#243;lares, el disfraz, fabricado por la empresa Forum Novelties, estaba disponible en tiendas de minoristas como Target, Walgreens y Amazon.com.

Target lo retir&#243; de su inventario en internet el s&#225;bado pasado, tras la repulsa que desencaden&#243; de la comunidad inmigrante en los &#250;ltimos d&#237;as.

La Coalici&#243;n para los Derechos Humanos de los Inmigrantes (CHIRLA), de Los Angeles (California), exigi&#243; en una carta el viernes la retirada del mercado del disfraz que, a su juicio, se pas&#243; de la raya.

Para Jorge Cabrera, portavoz de CHIRLA, el disfraz no era una simple s&#225;tira "sino un ignorante intento de burlarse de una peque&#241;a comunidad".

Si bien Halloween es una fiesta que anualmente se presta a todo tipo de s&#225;tiras de l&#237;deres pol&#237;ticos o personajes de cuentos y dibujos animados, la tolerancia entre ciertos grupos minoritarios tiene sus l&#237;mites.

No es lo mismo vender una m&#225;scara de Hitler, un personaje universalmente abominado, que un disfraz de un extranjero que cruza ilegalmente a EEUU a buscarse la vida a un pa&#237;s que, en tiempos recientes, ofrece un ambiente inh&#243;spito.

Quiz&#225; cuidando su bolsillo -y ante un poder adquisitivo nada desde&#241;able de los hispanos-, ha hecho que los comerciantes lo piensen dos veces antes de vender productos que resulten ofensivos a una de sus principales clientelas.

Target dijo en un comunicado que el disfraz fue ofrecido en internet "por error" y que nunca fue su intenci&#243;n "ofender a nuestros clientes con los productos que ofrecemos".

Sin embargo, no falt&#243; quien afirmara que el disfraz era "s&#243;lo un disfraz" sin &#225;nimo de ofender a ning&#250;n grupo &#233;tnico en particular.

As&#237; lo manifest&#243; recientemente a los medios Richard Garc&#237;a, de la tienda Spirit Halloween en El Paso (Texas), quien se&#241;al&#243; que un disfraz similar despert&#243; el inter&#233;s de los clientes.

Otros grupos, que abogan por una mano dura contra los indocumentados, consideran que los grupos hispanos se est&#225;n ahogando en un vaso de agua y que no hay lugar para tanta "hipersensibilidad".

El presidente del grupo Americanos por una Inmigraci&#243;n Legal (ALIPAC), William Gheen, consider&#243; que las quejas vienen de "locos hipersensibles, de una correcci&#243;n pol&#237;tica exagerada y que apoyan una amnist&#237;a y a los inmigrantes ilegales".

"Las organizaciones que apoyan la inmigraci&#243;n ilegal atacan una vez m&#225;s la libertad de expresi&#243;n. Quieren controlar lo que vemos, escuchamos, decimos e inclusive vestimos en Halloween en su af&#225;n por impulsar una agenda de fronteras abierta", afirm&#243; Gheen en un comunicado.

Para Gheen, la venta y uso de estos disfraces es cuesti&#243;n de libertad de expresi&#243;n en Estados Unidos, tanto que &#233;l mismo piensa comprarse uno porque se ha convertido en "una pieza de colecci&#243;n".

Pese al riesgo de herir sensibilidades, varias tiendas han decidido, incluso, ordenar m&#225;s disfraces porque, al parecer, la controversia ha disparado las ventas.</message>
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