13 Mar 2008
Desenterrando huesos, no abriendo heridas. Memoria Histótica
Hace unos días, hablando con una persona muy cercana a mí y que es de distinto signo político al mío, comentábamos lo injusto del sistema de votaciones. Esta persona es de las pocas (de los que conozco sólo con dos o tres puedo hacer esto) con las que me siento a hablar de política, no impone sus ideas, no radicaliza y, lo más importante, sabe explicar y, aun más difícil, razonar sus posturas. Para nada te vende titulares de prensa o diálogos mañaneros. Despues, escucha las mías y, alrededor de una copa de vino o una cerveza, intentamos buscar la cercanía en nuestras posturas. La mayoría de las veces no nos encontramos pero nos quedamos con el buen gusto de haber podido hablar y escuchar. Como decía, en uno de los diálogos, me comentó algo que me dejo perplejo. A raíz del sistema de votaciones me pidió que, si algún día se hace una manifestación contra la ley de D'Hont, él saldrá a la calle a apoyarla, que es por eso por lo que tendríamos que manifestarnos y no por desenterrar muertos de la guerra civil. Aquello me dejo paralizado.
Aun hay personas (muchísimas) que opinan que, desenterrar unos huesos es reabrir viejas heridas. En el año 37, finalizada la guerra, el proceso que comenzó no fue hacia la convivencia, la paz o la reconciliación, sino que se institucionalizó la venganza. Durante la guerra el salvajismo de ambos bandos se debe tildar como asqueroso, brutal y sin sentido, repito de ambos lados. Pero aquí hay una gran diferencia, a los familiares muertos del bando ganador se les dió sepultura y un lecho en donde, cada primero de noviembre, sus hijos, madres, padres, hermanos o novias pueden depositar flores. También hubo un hueco importante en las iglesias o plazas con los nombres de los caídos por un lado. Aquellos que fueron ajusticiados por ser maestros, médicos o, simplemente vivir en un pueblo de mayoría nacionales con pensamientos republicanos, esos no cuentan. Puede que no hayan contado durante 40 tristes años pero, pasados 30 más de la llamada reconciliación o constitución, pienso que ya es hora.
Un gobierno no puede y no debe mirar hacia otro lado cuando un ciudadano quiere desenterrar a su abuelo de una cuneta o de un campo de olivos. Si yo un día, escarbando en el patio de mi casa, encuentro un cadáver, es deber de la administración desenterrarlo y buscar su identidad, que diferencia hay entre eso y que unas personas pidan desenterrar unos huesos que tienen localizados y, casi seguro, sepan de quienes son. Ninguna.
Hace poco leí como desenterraban a Emilio Silva Faba. Tenía 44 años y seis hijos. Era autodidacta y un entusiasta de la enseñanza pública, había vivido unos años en Argentina. Cuando regresó a Villafranca del Bierzo abrió un almacén de productos coloniales y se casó con Modesta Santín. Su delito fue que, en 1936 era delegado en la zona de Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña. Su hijo Ramón tenía ocho años cuando le acompañó hasta la puerta del Ayuntamiento. «Vete a tu casa que tu padre queda detenido», le dijeron. Fue la última vez que lo vio. «Había toque de queda», ha recordado recientemente el hijo, ya septuagenario, «así que a la mañana siguiente mi madre fue a llevarle el desayuno. El guardia le dijo que no estaba allí, que se había escapado por una ventana». Pero su cuerpo yacía ya abandonado en una cuneta, muy cerca de Priaranza. Y con él los de Juan Francisco Falagán, un ferroviario hijo de un guardia civil; Enrique González Miguel, zapatero de 25 años con una hija de uno; Manuel Lago González, jornalero de 23 años...La lista sigue incompleta. (sacado de la página web memoriahistorica.org).
¿Alguien se puede imaginar, en Alemania, que el gobierno negara abrir una fosa común o por colocar un monolito en donde hubo un campo de concentración, con la excusa que eso es reabrir viejas heridas? .(http://www.elpais.com/articulo/opinion/Verguenza/Alicante/elpepiopi/20080309elpepiopi_3/Tes)
Sigo sin entender que daño o que heridas pueden abrir. Sigo sin ver los peligros que pueden haber cuando se pretende mirar al futuro dando paz a los muertos y familiares, nadie pide cárcel para los justicieros, nadie pide juicios a los que cumplían ordenes de arriba, solo se pide ayuda, ayuda para llevar unos huesos cerca de sus familias. ¿Eso es abrir heridas o cerrarlas?.
Podrían ser, a simple vista, sólo huesos,
desvencijados huesos
enterrados al borde del camino.
Abandonados huesos, no acariciados huesos
de un dolor no amortajado.
Pero no son, a simple vista, sólo huesos,
desvencijados huesos.
En el calcio del hueso hay una historia:
desesperada historia, desmadejada historia
de terror premeditado.
Y habrá que contar,
desenterrar, emparejar,
sacar el hueso al aire puro de vivir.
Pendiente abrazo,
despedida, beso, flor,
en el lugar preciso
de la cicatriz.
Podrían ser, a simple vista, sólo huesos,
amoratados huesos,
olvidados sin fecha, en el camino.
Abaratados huesos, invertebrados huesos
de un adiós no reclamado.
Pero no son, a simple vista, sólo huesos,
amoratados huesos.
En el calcio del hueso hay una historia:
acaudillada historia, desmemoriada historia;
el horror no solventado.
Y habrá que contar,
desenterrar, emparejar,
sacar el hueso al aire puro de vivir.
Pendiente abrazo,
despedida, beso, flor,
en el lugar preciso
de la cicatriz.
A los más de 30.000 desaparecidos de hoy
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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario
cecilia alameda dijo
En un pueblo de Extremadura vivían un médico y un practicante, aquel de derechas y este de izquierdas, que eran amigos. Antes de estallar la guerra se habían prometido velar el uno por el otro y abogar por el amigo ante los suyos si corría peligro. Estalló la guerra en julio del 36 y en agosto las hordas franquistas llegaron a la provincia de Badajoz. Al practicante le dieron una mañana aviso para que atendiera a alguien y salió de casa con su hijo pequeño. Al niño le mandaron unos tipos armados de vuelta a casa antes de que su padre llegara a su destino. El niño oyó los disparos de lejos: a su padre lo asesinaron junto a las tapias del cementerio. El médico de derechas no intercedió por él.
Casi setenta años después, la familia del niño, que había fallecido en Madrid después de una vida complicada por los recuerdos y el dolor, trasladó sus cenizas al pueblo de su infancia, para ser aventadas junto a donde su padre debió morir. Los nietos del practicante y el hijo que aún vive pasearon por el cementerio y por el pueblo, donde no vieron una lápida que recordase su nombre. Sí había, sin embargo, una calle rotulada con el nombre del médico que no ayudó a quien decía su amigo.
No era ascendiente mío, pero siento como su familia el dolor del olvido que sucedió al asesinato cruel de un hombre que no pensaba como los sublevados y los que ganaron la guerra.
¿Es abrir heridas pedir que su nombre figure en una lápida en alguna parte de Santa Marta?
rodolfo serrano dijo
Hoy quiero escribir en mi blog algo sobre esto. Han encontrado una fosa cerca de Paracuellos. Dicen que son fusilados nacionales. Nadie ha pedido que no se desentierren. Todo lo contrario.
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