17 Mar 2008
El rincón de los amantes.
El pasado jueves por la tarde vi a una pareja de novios comiéndose a besos en el metro. Él apoyado sobre la gris pared de metal, ella controlando las aproximaciones y los besos. Ya los había visto antes, pero ese día me quedé mirándolos según me iba bajando la escalera mecánica.
Al poner el píe en el suelo inamovible de la estación, dejando en el olvido el peldaño que me había transportado, aquella escena me trajo a la memoria viejos recuerdos. Sentí la liberalización que ellos tenían y que se tiene en esos momentos. A ellos les da igual si la derecha hubiese ganado el pasado domingo las elecciones, ellos seguirían ahí. Si los vascos o catalanes se separan de España, ellos seguirían ahí. O si se cae una torre en cualquier punto de la ciudad, ellos seguirían ahí. No saben nada sobre la subida del pan o el pollo, están dentro de una burbuja trasparente que les impide tener conocimiento de lo que sucede alrededor, solo se afanan en compartir caricias y susurros. Ellos trabajan su amor en un lugar privado para ellos y público y atestado de gente para nosotros.
Entonces recordé los lugares privados que tuve. Quién de nosotros no guarda en su memoria esos sitios oscuros, ese rincón solitario, o ese banco o esa escalera. Sitios que, ahora, cuando pasas cerca de ellos te acuerdas y esbozas alguna sonrisa. Lugares por donde transitas con la pareja con la que un día compartisteis ese momento y la aprietas la mano o la haces una señal de complicidad. Zonas que pensabas que eran totalmente oscuras pero que no lo eran o que te parecían vacías y solitarias y son un ir y venir de personas. Como les sucede a esa pareja, eras ajeno a todo lo que te rodeaba.
Pasaran años y, cuando se baje él o ella del vagón camino de su trabajo, recordará ese sitio con nostalgia, con una pizca de vergüenza y pensando que, aquel rincón, fue su primera casa.
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Pensamientos de un eucariotico
jalvaro76Persona que le gusta escribir de todo, actualidad y cotidianidad, lo principal. Ciudadano del mundo con pocas banderas en los bolsillos y muchas frases en la cartera.
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1 comentario · Escribe aquí tu comentario
cecilia alameda dijo
Conviene no perder esos recuerdos, esas referencias a la persona que fuimos y que, aunque hayamos cambiado tanto que reneguemos de algunas de las acciones de aquella, sigue estando dentro de nuestra historia, sustentando nuestro presente y nuestro futuro, unas veces para aconsejarnos lo que debemos hacer, otras avisándonos de por donde no debemos ir.
Los años te van restando frescura, inocencia y frivolidad, pero también te dan confianza y seguridad. Creo que sería fantástico ir creciendo sin perder las sensaciones de la juventud. Sin dejar aparcado en una andén del metro todo lo bueno (y parte de lo malo) que tuvimos cuando eramos críos: sensaciones, deseos, confusiones, temores, amores... Sin añorarlo tampoco hasta el punto de no apreciar lo bueno que vamos consiguiendo, las ventajas de ir cumpliendo años y vivencias.
Si, además de todo, a tí te gusta escribir, conviene conservar los recuerdos de quien fuimos para volcarlo, cuando se tercie, en un papel o para componer una historia de ficción.
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