09 Oct 2008
el club de los jueves: "Habitación ciento siete"
El tema propuesto por “Bloddy” para ésta semana hacia referencia a los pecados capitales. Eso si, no se debían de nombrar explícitamente en el relato. Aquí tenéis una historia sucedida hace unos meses en un hotel…
“Habitación ciento siete”
.-Me gusta mandar. Me sienta bien!
En la mesita de noche, el teléfono tenía una tecla verde parpadeante. La presionó con insistencia.
.-Dígame Sr.?
Una voz femenina. Sugerente. Sensual. Pero a él, avezado en triquiñuelas varias, no le modificaba su actitud, ninguna locución agradable. Al contrario. Lo exasperaba más.
.-Cuando piensan servirme el desayuno?
.-Disculpe Sr. Son las seis quince…
.-En mi reloj, son las siete quince. Hora de desayunar.
En la recepción del hotel habían descubierto que cada vez que hablaban con el Sr. Montejuto, la palabra disculpe, se repetía sin cesar. Casi siempre sin necesidad de ella. Pero era el mejor cliente y la dirección siempre les prevenía de su mal carácter. Su insolencia absurda.
.-Disculpe Sr. Montejuto, quizás no cambió la hora. Ésta madrugada se ha atrasado sesenta minutos.
.-Y como es que nadie de ustedes me informa de esto. Es inaceptable por su parte! Súbame el desayuno inmediatamente y una hoja de reclamaciones.
Presionó la tecla verde para cortar la comunicación.
.-Aquí necesitan mas disciplina. Pero yo los meteré en vereda. Vaya si lo haré.
La recepcionista con la palabra disculpe en la boca, tenia el rostro desencajado. Su compañera, le dio una palmadita en el hombro…
.-No te preocupes. Siempre así. Lo malo es cuando te toca turno y él, está hospedado. Lo bueno, cuando se va.
.-No es justo. No se puede ser así.
.-Amiga, lo justo o injusto, deja de tener razón cuando la norma de la casa es… repítelo conmigo…
Y las dos voces al unísono, recitaron el consabido: “El cliente siempre tiene la razón”.
Llamaron a la cocina para que le subieran inmediatamente el desayuno y avisaron al director de lo sucedido. Lo llamaron a su casa, ya que él entraba a trabajar a las siete.
Éste al ver el número de la recepción lo primero que pensó fue en el conflictivo cliente…
.-No me diga nada. El Sr. Montejuto tiene una queja, verdad?
Pues si. Disculpe que le moleste, pero es que ha sucedido…
.-Sta. Leonor, le ha pedido el libro de reclamaciones?
.-Si señor, pero es que no tiene razón…
.-No diga eso ni en broma. No sabe el lema de la casa?
.-Si, Sr. Director. Si que lo se.
.-A ver, repítalo conmigo…
Y los dos entonaron a través de sus respectivos auriculares: “El cliente siempre tiene la razón”
.-Bien, no se preocupe y piense en ello. Ha ordenado ya que se lo subieran?
.-Si. Acabo de llamar a la cocina y mi compañera ha ido a buscar el libro a su oficina.
.-Bien. No se preocupe. En treinta minutos estaré ahí.
En la cocina, todos estaban nerviosos. Javier, el mozo que terminaba su turno a las siete, maldecía el cambio de horario…
.-Seguro que se queja de algo mío. Que mala suerte. Yo que pensé que Jacinto, mi sustituto tendría que llevárselo.
En esto sonó el teléfono de la cocina…
.-Si dígame?
Ésta el encargado?
Si, un momento. De parte de quien?
.-Soy la madre de jacinto.
.-Don Luis, es la madre de Jacinto!
.-Dígale que no me puedo poner. Pregúntele si Jacinto se ha puesto enfermo?
.-Me dice el encargado que si…
.-Ya lo he oído. Si. Está enfermo. Ha pasado mala noche. Que ya vendrá mañana.
.-Me dice que ha pasado mala noche, pero que cree que vendrá mañana.
Don Luís sabía que cuando venía el Sr. Montejuto, mas de un mozo del servicio de habitaciones enfermaba. Menuda casualidad!
.-Javier, apúrate por Dios! Coge la bandeja y sube volando.
Con la mano
temblorosa intentaba abrocharse el corchete del cuello para dar mejor imagen. La mesa cam
illa, llevaba el desayuno que siempre solicitaba. Cuatro huevos revueltos con trescientos gra
mos de jamón de Jabugo de las dehesas salmantinas. Tostadas, mantequilla y mermelada de
arándanos silvestres. Una cafetera con café y un poco de leche templada. También un zumo de naranja que nunca consumía. Los dos periódicos de más tirada debían de estar doblados
en la esquina derecha, junto a los cubiertos. Al lado de los mismos, el libro de reclam
aciones.
Javier se situó delante de la habitación ciento siete. Golpeó levemente con los nudillos la puerta…
.-El desayuno Sr.
.-Pase! Ya era hora, por Dios!
.-Buenos d…
.-Nueve minutos! Intolerable! Desde que he llamado han pasado nueve minutos. Increíble. Menudo servicio.
.-Disculpe Sr. …
.-Siempre disculpas, siempre lo mismo. Nunca aprenderán a hacer las cosas bien? Tan difícil es?
Javier con los ojos a ras de suelo, no sabia que decir. El cuello casi no lo dejaba respirar.
.-Y usted que tiene que decir
me. Nada?
.-Disculpe es que…
Con los ojos casi fuera de las orbitas el Sr. Montejuto, seguía gritando sin cesar. Javier sumido en una especie de trance por la falta de oxigeno, se desvaneció cayendo sobre la moqueta gris.
.-Será posible. Ahora éste se desmaya. Increíble!
Volvió a presionar la tecla verde… Leonor, empezó a temblar. La luz de la habitación ciento siete parpadeaba con insistencia. Es
taba paralizada. Temía lo peor y no podía mover un músculo. Su compañera contestó por ella y antes de poder articular palabra…
.-A ver que pasa aquí. Como se puede desayunar con un mozo desmayado en el suelo. Que alguien suba y se lo lleve!
Colgó el teléfono, abrió el periódico y empezó a leer mientras el jamón seguía fundiéndose en su paladar.
.-Tienen un mal servicio pero el jamón y estos huevos están de muerte.
Cuando entraron las asistencia
s medicas, se encontraron a Javier en el suelo. El nerviosismo y la presión del momento, le jugaron una mala pasada. Uno de los enfermeros, se entretuvo con él, al tiempo que el segundo, vio al Sr. Montejuto, como adormecido sobre la mesa. Comprobó la gravedad de la situación al ver su cabeza sobre los huevos revueltos y la mermelada de arándanos silvestres. La taza de café derramada manchaba los periódicos y el libro de reclamaciones. Mientras, Javier reaccionaba al frasco de amoniaco que el médico le había pasado por delante de la nariz. Con la visión medio nublada observó, -sin saber muy bien lo que pasaba- como se desesperaban intentando reanimar al cliente. No pudieron hacer nada. Había fallecido. Media hora después, el medico forense certificaba su defunción.
A la mañana siguiente, Jacinto fue a trabajar. No pensaba hacerlo. No soportaba el despotismo de ese personaje. Se había levantado a las cinco de mañana. Como cada día, sacó a pasear a su perro. La rutina matinal consistía en observar las portadas de los periódicos. Amontonados en el suelo, al lado del quiosco. Al tiempo que el can hacia sus necesidades. Le llamó la atención un recuadro donde se leía el nombre del hotel…
“Refutado exmilitar muere en el hotel Palas”. Sacó como pudo el diario de la pila y abrió la pagina seis… “Drama en el hotel
Palas. El Ex teniente coronel Don Álvaro Montejuto y Linares, falleció en la habitación ciento siete del hotel Palas. Los primeros indicios apuntan a un infarto de miocardio…”
Jacinto cerró el periódico. Puso una moneda
al teléfono público y llamó al hotel…
.-Soy Jacinto. Que ya me encuentro mejor. Vendré a trabajar.
En la cocina se había recuperado la tranquilidad. Se trabajaba con una leve sonrisa en la comisura de los labios.
El medico forense, en “petit comité”, le comentó a Don Luis, que el odiado cliente, se había atragantado con los huevos. Al sentirse mal por el ahogo, empezó una taquicardia que lo fulminó.
Ésta vez, el cliente tuvo toda la razón del mundo. “Los huevos estaban de muerte”
Copyright © By Jan Puerta 2008 Texto y fotografías con copyride del autor.
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janpuertaNací en la España de la posguerra. Aquella donde sonreír era el mejor de los regalos. Pantalones cortos y una bata de colegial. Travesuras que nunca fueron gamberradas... Llamar a una casa y salir corriendo, nadar en el río cuando los peces aun vivían en el, merendar pan del día anterior, unas gotas de aceite i un poco de chocolate si había… los tiempos cambian y los recuerdos están ahí. Me hubiese gustado ser fotógrafo en esa época.
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18 comentarios · Escribe aquí tu comentario
f-menorca dijo
¡Manda huevos¡ como dirá un tal Federico que no era trillo limpio. Yo tenia un profesor que cuando cogía un cabreo de esos de órdago, se le hinchaban las venas de las sienes, todos decíamos que algún día le iban a reventar. Por cierto al gili ese del comentario de arriba que hay que hacerle?. Yo le enviaria al Montejuto y Linares de los huevos procelosos.
karmen-jt dijo
¡Que personaje más insoportable! Estupendo relato con final feliz (por lo menos para el resto de la humanidad). Y al final se entiende la foto, claro. Un abrazo.
Jenny dijo
Hola Jan
qué bueno que has vuelto!!!!. Tu relato de hoy impresionate , buenísimo
Besos y abrazos amigo
Declarado Demente dijo
El personaje sí que era un fardo de pecados insoportables...!! Buenas historia, genial desenlace!
Bloody dijo
Si no llegas a matarlo tú con los huevos, lo mato yo con... bueno, ya se me ocurriría algo...
Seguro que los dueños del hotel invitaron ese mediodía a todos sus empleados a... huevos fritos con patatas, ñam ñam.
Un beso.
Jose Alberto dijo
Me ha encantado el relato, y ahora mismo me voy a comer unos filetes que están muy buenos ( no de muerte). Pero en el fondo, me da pena el protagonista. Tan borde, tan maleducado, tan intolerable....seguro que tenía algún motivo para ser así (espero el diagnóstico del Psiqui). Demasiado castigo se ha llevado, pero así es la vida ( o tu relato).
Saludos
psiquiatradefamilia dijo
¿De qué tenían miedo los empleados y el director del hotel para aguantar a semejante cliente?

¿De que se fuera?
Mira que dejarse avasallar sin motivo...
Ni que el hotel fuera la seguridad social...
jejeje
psiquiatradefamilia dijo
Jose Alberto: No hay diagnóstico...

Y si tiene motivos que se los explore otro...yo a éstos no les aguanto, y aquí puedo elegir a quién diagnostico y a quién no...
blasftome dijo
¿No me dirás que en la fotografía hay 107 huevos?. Bueno, "janpuerta", me alegro de leerte, que últimamente no lo hago mucho.
Un abrazo.
elefantefor dijo
Hombre, Jan, amigo ¡qué gusto verte por aquí!
Cuando he visto la imagen de los huevos y el título me he despistado completamente respecto a saber lo que ibas a contarnos. Luego he comenzado a leer y el ritmo, tan natural como siempre, de tu relato me ha arrastrado completamente hasta que he podido comprobar que los huevos eran los huevos de la justicia. Hay que ver la tranquilidad que dejan algunos pecadores cuando despejan el camino.
Espléndido, gracias y un fuerte abrazo.
Declarado Demente dijo
Y acá cuantos pecados se castigaron? La ira, la gula, la codicia...? Lo del Jamón de Jabugo me lo apunto ... para yo también pecar de vez en cuando!! Saludos, DD
aojnauj dijo
HAcia tiempo que no te leia....excelente relato,..... es que los huevos tienen mucho colesterol..
Un saludo
jose-gila dijo
Hombreé, ya te echaba de menos. Un relato que me recuerda mis años en la profesión. Un abrazo
Daniel MacGill dijo
Sensacional. Y mucho más feliz el final. Que es como tienen que ser los finales!!!
Juanmaromo dijo
Me han expulsado de la portada, ya no se me ve el pelo por la cabecera de la comunidad... Unos reglazos en la palma de la mano por ser contestón y dsobediente... Justinita es una profe muy seria!!!
Ilona Gogh dijo
Mira, pasé por acá...por si las moscas me encontraba alguna cosa nueva...y VOALÀ...!
¡Qué relato que me encuentro !
Pues yo digo que el cliente siempre tiene la razón...mientras no vulnere la dignidad de otros!
Qué tipajo más odiosoooo,..........refutado exmilitar? Pues sí, acostumbrado a que no le contradigan nunca!
La gula....la gula lo mató, y liberó a todo el personal del hotel.....jejjje.
Un abrazo Amigo perdido ;)...has lucido!
un-espanol-mas dijo
Has clavado al personaje. Ruin, mal educado, soberbio ... vamos en si ya él mismo es un pecado. Y el final a mi gusto te ha quedado mucho mas elaborado. Un abrazo ...
fernandomaria dijo
"El cliente siempre tiene la razón"...a veces. En determinados puestos de trabajo tiene que convertirse en un martirio aguantar a determinados personajes como el que aquí presentas. Mucha paciencia deben tener algunos para soportar lo que no deben con eso de que "el que paga ordena y manda".
En fin, amigo Jan, que una vez más te he leido con agrado.
Un abrazo.
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