15 Abr 2008

"Capitán Vitrola"

Escrito por: janpuerta el 15 Abr 2008 - URL Permanente

"Capitán Vitrola"
1ª Parte

La “Caleta Portales” es uno de esos lugares emblemáticos que tiene Valparaíso. Todos los que hemos vivido cerca del mar, nos sentimos atraídos cuando nos encontramos un lugar como este. Donde la pesca y su propia idiosincrasia están presentes en cada rincón. Haciendo de su visita una fuente de anécdotas. Vivencias en fin.
Algunos de los capitanes que hoy en día comandan sus barcas de pesca artesanal, son herederos de una quinta generación de marineros. Pescadores a la vieja usanza.
Hoy, os dejare unas pinceladas sobre el “Capitan Vitrola”.

La madrugada esta viva. Sobre las cuatro, una cincuentena de embarcaciones suelen salir de la caleta, cada una de ellas buscando su rinconcito mágico de pesca. Un lugar donde tienen grandes expectativas de conseguir una buena captura. Solo han pasado tres décadas, pero aun recuerdan cuando regresaban con la barca llena de merluzas, peces sierra, reinetas, atunes… Todos de una medida considerable.
.-De una merluza salían seis raciones generosas. Hoy en día, difícilmente una sola merluza es capaz de matar el hambre de una persona.
Hoy en día, difícilmente, llegan a las veinte docenas de pescado diverso.
.-El océano esta muriéndose. Poco a poco. Una lenta agonía…
Dice Mauricio, quien lleva la barca botada con el nombre de “Capitán “Vitrola”. Mote este, que tenia su padre. Un pescador muy respetable, ya retirado. Según cuentan, no paraba de hablar. Según su hijo, siempre hablaba o bien te contaba alguna anécdota por enésima vez. Sus historietas eran tan conocidas como repetitivas. De aquí le viene el apodo.
.-Es como un homenaje que le hago.
Mauricio es pequeño. Simpático. Preocupado por su pacifico. Por su futuro como pescador artesano.
El día que lo conocí, le hice unas fotografías. Hable un rato con el. Al día siguiente le regale las imágenes que capture. Me obsequió con dos peces sierra. Un excelente y exquisito bocado a la plancha. Desde entonces cuando su proa apunta a la caleta y me ve, cerca de la grúa que elevara su embarcación hasta el puerto, separa alguna pieza de pescado para mí, como si fuera parte de su tripulación.
.-Como ha estado el día?
Le pregunto al tiempo que me tiende su mano para encajarla con la mía…
.-Ya ves, -me dice señalándome el fondo de la barca- unas tres docenas de sierra y quizás quince docenas de pescada, (Merluza) de un tamaño mediano.
La barca una vez izada, se coloca sobre un remolque, para ser llevada por un pequeño tractor hasta donde se encuentran las que han llegado antes y comienza la venta mientras gritan lo que han capturado…
.-Pescada, traigo pescada! Sierras, han llegado las sierras! Las mas grandes de todas! Aquí, aquí, aquí… ha llegado la pescada!
La gente se agolpa alrededor de la barca para poder conseguir las mejores capturas.
.-A cuanto los sierras?
Pregunta una persona que por su aspecto parece un viejo lobo de mar retirado…
.-Tres por una “luca”
Coloquialmente, una “luca” es un billete de mil pesos chilenos. Un dólar aproximadamente.
Las merluzas aun están vivas. Colean y abren la boca intentando huir de esa asfixia que poco a poco las inmoviliza. Los compradores, clientes fijos por cierto, saben apreciar el pescado fresco. Vienen incluso del interior. En tren, en bus, con amigos y amigas. El precio es económico. Diría, rozando la ridiculez, ya que después de hacer cuentas, pocos pesos netos quedan para el capitán de la embarcación.
.-Donde nos encontrábamos pescando, estaba lleno de jibias. (Sepias gigantes, que algunos de ellos llegan a pesar más de setenta kilos) Con sus tentáculos, se pegaban al casco del barco para quitarnos las capturas del mismo sedal cuando las subíamos. Con los ganchos y los cuchillos, las cortábamos, pero aparecía otra.
Relataba, al tiempo que seguía vendiendo sus capturas…
.-Menos mal que apareció un lobo marino y las asusto. Gracias a el hemos podido salvar el día.
Sigue hablando, relatando y manteniendo el interés. Se nota que es hijo del “Vitrola”. En poco más de cuarenta minutos, se ha vendido toda la captura. En ocasiones, algún propietario de un restaurante le compra todo lo que lleva.
.-Se gana algo menos, pero… es mas seguro y antes terminamos el trabajo.
Termina contando que hace solo hace tres décadas, las jibias tenían como depredador a la ballena. Hace más de diez años que no ven a ninguna.
Sigo haciendo algunas fotos y pronto me retiro a mi camarote. Hoy he pescado media docena de merluzas. Las haré a la plancha, con un chorrito de aceite virgen de oliva y unas gotas de limón caribeño que aun me queda…

Imagino que todos habéis visitado algún chiringuito de playa. Que tal la experiencia?

53 comentarios · Escribe aquí tu comentario

janpuerta dijo

Gracias Ana Pinillas…
Tanto por la visita como tus palabras, amables como siempre.
Un abrazo amiga.

janpuerta dijo

Apreciado Fernando…
Envidia sana! Esa es la palabra justa. Envidia sana mutua.
Me encanta conversar con la gente. Dejarla hablar. Escuchar mientras imagino o mejor dicho, trato de imaginar poniéndome en su lugar… a veces épico se sus narraciones. Siempre he dicho que soy un espectador privilegiado de poder oír cosas, detalles y vivencias que me hacen estar, ser y sentir… que la sangre, aun fluye por mis venas. Sentirme vivo mientras otros, me hablan de sus vidas.
Un fuerte abrazo amigo.

crguarddon dijo

Una historia con muchísima sal querido Jan, la vida en el mar siempre he pensado que se tiene que apreciar mucho más que en tierra firme, imagino que es muy dura y eso aumenta el valor de los momentos buenos. Cuántos "momentos" y tan diferentes eres capaz de rescatar para convertirlos en palabras escritas, que en definitiva es una maravillosa forma de hacer que perduren tus personajes, porque todos los protagonistas de tus historias son Personajes. Lo pienso de lejos. Un beso.

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PHOTOPRESS

Nací en la España de la posguerra. Aquella donde sonreír era el mejor de los regalos. Pantalones cortos y una bata de colegial. Travesuras que nunca fueron gamberradas... Llamar a una casa y salir corriendo, nadar en el río cuando los peces aun vivían en el, merendar pan del día anterior, unas gotas de aceite i un poco de chocolate si había… los tiempos cambian y los recuerdos están ahí. Me hubiese gustado ser fotógrafo en esa época.

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