08 May 2008

El taller de los jueves "El olvido"

Escrito por: janpuerta el 08 May 2008 - URL Permanente

El taller de los jueves...

Ante todo, la educación. Me presento…
Soy un joven de poco más quince años. Digo joven, por que mi esperanza de vida es de unos ciento cincuenta. Algunos árboles gozamos de esta longevidad. Pertenezco a la especie “sangrilla negro”. Estoy declarado en peligro de extinción, ya que somos muy pocos los que quedamos en pie, después de la tala indiscriminada a la que estamos sometidos.
Una vez, presentados, vamos a lo sucedido ayer…
Amaneció con la neblina clásica que viene del manglar. La suave brisa del norte, la hacia desaparecer poco después de envolverme. Mis hojas, perennes y llenas de vida, despertaban al nuevo día entre algunos cantos perdidos de las aves de paso. Las que pernoctan en cualquier parte, mientras emigran hacia el sur. Las cimas de las montañas, aparecían blancas por primera vez esta temporada.
Poco a poco, el celaje desapareció. Se fundió en un juego visual, dejando mil gotas luminosas para alimentar la savia de las plantas y darles ese empuje necesario en la consabida vida.
La mañana avanzaba con la calma que antecede al mediodía. Las cigarras desperezaban con timidez sus primeros movimientos. Con poquedad, repetían su cantar. La vida brotaba por doquier. Dos jóvenes grullas descansaban en la parte alta de mi copa. Acicalaban sus alas y frotaban sus largos picos en una de mis ramas. Las hormigas hacia rato que subían por mi tronco, buscando las hojas del muerdago que desde hace un par de años, empezaron a compartir su sabiduría iniciativa conmigo.
Todo parecía normal hasta que apareció ese vehiculo a toda velocidad. Paro con la brusquedad que lo humanos dominan, al tiempo que las grullas, las garzas y unas loras despegaban alborotadas por la nueva presencia.
Bajaron del coche, sacaron mil objetos, de entre los cuales, me llamo poderosamente la atención, uno de circular. Con tres piedras hicieron un altar donde lo depositaron, después de haber colocado unos papeles y unas ramas secas debajo. Sin duda era uno objeto religioso. Un sacrificio ritual que iban a ofrecer a sus dioses, ya que lo llenaron de diferentes ofrendas, aceite, verduras, carne y pescado. Al tiempo lo encendían añadiéndole poco después arroz. Fue una ceremonia rápida. Se lo comieron todo. Volvieron a subir en su vehiculo y se alejaron rápidamente.
Los llame agitando mis ramas, pero no me escucharon. Olvidaron apagar el fuego…

El tema del taller de los jueves de esta semana es: El fuego
Mas relatos en: Alfonso, Ana, Carlos, Carmen, Daniel, Karmen, Kike, Jan, Juan, Reichel Rosa

01 May 2008

El club de los jueves "Lagrimas secas"

Escrito por: janpuerta el 01 May 2008 - URL Permanente


Todo empezó tres días antes…
.-Si tanto lo quieres, cuídalo tu!
Cerró la puerta dejando tras de si, un reguero de incomprensión. Las palabras del padre, le sentaron muy mal. No tardo mucho en reaccionar. Por algo, era la más decidida de las siete hermanas. Su mente era un hervidero de sensaciones. Ideas de cómo poder salvar a su perro “machito”. Un pequeño “tinajero” (1) que ya llevaba en la casa algo más de seis años. Los últimos días, apenas comía y había perdido mucho peso.
Vivian a dos horas en bus de la ciudad. El único lugar donde había un veterinario. No sabía cuanto le costaría, así que cargo con el perro y su hermanita pequeña. Comida para unos días y unas figuras talladas de “tagua”. (2)
El abuelo de Mariel, un maestro tallador, se las dio…
.-Con ellas, podrás pagar al veterinario, los medicamentos y los pasajes del bus.
Las lágrimas se volvieron dulces en sus pequeños ojos tristes. Ahora, más esperanzados.
Una vez en la ciudad, no fue difícil llegar hasta la clínica. Le recomendaron internarlo durante dos o tres días, para comprobar su evolución. Así lo acepto. Mariel, no pudo dormir en las dos noches que paso en la sala de espera.
El veterinario le acepto cinco de las piezas talladas a cambio de sus servicios. Un mono, una tortuga, un gato, un loro y un perro con un tremendo parecido a Machito. Los dedos del abuelo le dieron vida.
Antes de finalizar la tercera jornada, el veterinario sonrió.
.-Ya puedes llevártelo a casa. Solo tienes que mezclar una de estas pastillas con su comida diaria
Al salir, se dirigieron hacia la cochera de los buses para poder regresar el mismo día. En casa, había cosas por hacer.
El conductor, ayudó a poner medio cuerpo del perro, dentro de un saco, por si en el trayecto de regreso, tenía ganas de hacer sus necesidades. Así no ensuciaría el vehiculo.
Mariel, se sentó por un instante en un pequeño taburete. Tal era el cansancio que se quedo dormida. La hermana pequeña en su regazo. Y su fiel machito a su lado. Volvían los tres a casa.

(1) “Tinajero”. Los perros callejeros son denominados tinajeros en Panamá
(2) La “tagua” Es la semilla de la palmera tropical que suele crecer en los bosques húmedos. Su dureza, parecida al marfil permite a manos expertas hacer verdaderas obras de arte con las mismas. Llegando a ser la principal fuente de ingresos de pequeñas comunidades indígenas.


Esta semana el tema que tocamos en el taller es “Lagrimas” así que aquí tenéis los enlaces al resto de colaboradores de este club de los jueves. Los "otros " son:

Pat Carmen Aforismos del elefante Carlos Ana Un español mas Sr. K
La Reichel Daniel

Que historia os han contado o habéis vivido con un final feliz?

24 Abr 2008

El club de los jueves: El enigma

Escrito por: janpuerta el 24 Abr 2008 - URL Permanente

Pocas personas tienen la capacidad de mantener él rostro imperturbable. Pero para el no supone ningún esfuerzo. Nada ni nadie es capaz de alterarlo. Mantiene la compostura con voluntad. Sencillamente es así.

Por mas que lo intento, no puedo recordar la ultima vez que lo vi serio. Tal vez hace muchos años. Pero la memoria no me permite precisar una fecha determinada. Lo cierto es que en las dos últimas décadas, ha mantenido su compostura serena, poseedora de una de las más enigmáticas expresiones.

Entre pícara e inocente. Parecida a quien sabe de un misterio y conoce su respuesta. Calmada por el paso de los años. Colmada por el devenir diario. Forzada para unos al tiempo que los otros no se atreven a juzgarla. Traviesa y juguetona. Alegre… sencilla. Puede parecer frágil por su falta de gesto, pero sólo hay fortaleza en ella.

Sin falsas algazaras, siempre está presente en la comisura de los labios de mi amigo.

Hombre de las mil caras. Pero todas joviales. Amante del teatro. Apasionado de las “mascletás” como buen fallero que es. Con carné de tripulante de globo aerostático. Ahí queda eso!

Mi buen amigo Quique, cuando quiere, nos obsequia con una caracterización al mas puro estilo peliculero de “Hollywood”. Puede convertirse sin que uno se de cuenta, en un ex espía ruso en plena guerra fría o tal vez en un ciudadano turco, de ésos que parecen no tener identidad, trabajando de estibador en cualquier puerto, bañado por el Pacifico. Algunas veces se le confunde con un emigrante rumano, capataz de una mina de cobre o en un simple artista del “soho” neoyorquino.

Pero sin duda, la sonrisa que le sale mejor es la de… la “Gioconda”.

Este relato pertenece al taller de los jueves. Los participantes hasta la fecha los puedes encontrar en los siguientes enlaces:

Pat

Carmen

Los aforismos del Elefante

Carlos

Ana

Un español mas


Sr. Kapullo

Reichel

Escoces: Daniel MacGill

Vuestra visita a sus espacios les hara sonreir.

Un abrazo amigos!

23 Abr 2008

"El pasajero del vuelo 3130"

Escrito por: janpuerta el 23 Abr 2008 - URL Permanente


La última vez que visite un aeropuerto, me encontré con la clásica espera por retraso. Así que me senté en la sala de espera y deje pasar el tiempo con la cámara en la mano. Limpiándola, al tiempo que de vez en cuando algún clic furtivo me permitía captar alguna imagen curiosa.
Una mujer comiendo un emparedado vegetal… no tiene mucho interés. Un niño llorando mientras su madre coquetea con otro viajero, tampoco me parecía excitante en si. Dos italianos vestidos en impecables trajes de lana fría, tocados por un sombrero calañés y unos zapatos con ribetes blancos, daban de si, pero no para esta historia. Un grupo de azafatas sonrientes a punto de embarcar rumbo a Cuba. Entendía la sonrisa casi vertical de sus labios. Nada de interés para mi blog de notas…
Me levante. Seguí caminando buscando algún personaje curioso. Pronto lo encontré. En un rincón apartado de la vista de todos, un hombre sentado con cara contrariada. Me acerque con gesto despistado. Me senté frente a él, absorto con la pantalla de su ordenador portátil que mantenía en sus rodillas. Concentrado con su tarea, parecía tener problemas con alguna cuestión…
Enfoque la cámara con disimulo y le hice una fotografía…
Balbuceaba palabras que me parecían imprecaciones a la maquina…
.-No se porque le hice caso a mi sobrino…
Mustiaba al tiempo que su mirada perdida me indicaba que tenía algún problema.
.-Disculpe caballero, puedo ayudarlo en algo?
.-Entiende usted de informática?
Me senté a su lado. Veinte minutos escasos de malabarismos con un par de virus, y un troyano. Agregué el archivo que quería enviar a su oficina de Nueva York y el hombre de semblante serio y sereno, me dio su mano, al tiempo que se levantaba y respiraba profundamente.
Curiosamente viajábamos en él mismo vuelo y para más sortilegio, nuestros asientos estaban juntos. Fueron seis horas de trayecto. Repasamos a modo de anécdota nuestras vidas. Intercambiamos tarjetas de visita.
Unos días después le envié por mail su fotografía…

Por cierto… habéis conocido por casualidad a un personaje famoso en algún aeropuerto, estación de trenes, buses… parada de taxis?

17 Abr 2008

El club de los jueves: "El pintor y su meditación"

Escrito por: janpuerta el 17 Abr 2008 - URL Permanente

El pintor y su meditación

Cada mañana se levantaba a la misma hora. Puntual y disciplinado consigo mismo. Encendía la vieja estufa de leña. Casi al mismo tiempo, dejaba una gran cacerola llena de agua para hacer té con hierbas. Tres litros para toda su jornada.

En pocos minutos, la estancia empezaba a recobrar vida. Él calor que desprendía esa vieja carcasa de metal, obraba el milagro. Llena de leña que había recogido -como solía hacer- cada tarde antes de cenar.

Con un viejo cucharón, que en su día estuvo cubierto de una capa de porcelana, servia pequeñas dosis de té que bebía a sorbos. Ávidamente, como si de un sediento se tratase.

De siempre su inconformismo lo había llevado a explorar todo aquello que para muchos pasaba desapercibido. Una realidad que él comprendía y manejaba a su antojo. Sus propias necesidades creativas se fueron disipando a medida que llenaba cuadros de todas las medidas posibles. Sus amigos no entendían su comportamiento. Sus extravagancias y mucho menos su silencio. Sus obras tampoco obtenían el beneplácito de quienes hasta la fecha compraban sus ramos de flores y paisajes figurativos.

Vivía un momento creativo increíble.

Los pintores son gente extraña. Solitarios. Dementes de su propia necesidad creativa. Y eso les confiere un titulo académico difícil de comprender para aquellos que sólo buscan equilibrios y líneas definidas en el arte conceptual. Él era realmente diferente. Su abstracción era tal, que se perdía entre tantos pensamientos. Un día descubrió la meditación llegando a rozar el trance mas profundo en que puede caer la mente humana. Desde ese instante, tuvo que contratar a un marchante. Él ya no podía estar al frente de su galería. Necesita entrar en si mismo y dejarse llevar por la parte más subjetiva de la mente.

Él lienzo en blanco siempre representaba un gran reto para sus trazos enérgicos. Su paleta de colores, estaba llena de matices imposibles. Él lino, ajustado al bastidor de madera, esperaba impaciente las acometidas del maestro. Hoy tampoco pintaría… estaba meditando.

Los integrantes del taller o club de los jueves donde podreís encontrar un relato corto cuya tematica de esta semana es: “el pintor y su obra nueva”

Carmen

Pat

Ana

Carlos

Juan

Sr.K

Esta semana Elefantefor y sus aforismos ha entrado en el club

Mi pregunta para esta semana... Algun pintor especial en vuestra vida?

15 Abr 2008

"Capitán Vitrola"

Escrito por: janpuerta el 15 Abr 2008 - URL Permanente

"Capitán Vitrola"
1ª Parte

La “Caleta Portales” es uno de esos lugares emblemáticos que tiene Valparaíso. Todos los que hemos vivido cerca del mar, nos sentimos atraídos cuando nos encontramos un lugar como este. Donde la pesca y su propia idiosincrasia están presentes en cada rincón. Haciendo de su visita una fuente de anécdotas. Vivencias en fin.
Algunos de los capitanes que hoy en día comandan sus barcas de pesca artesanal, son herederos de una quinta generación de marineros. Pescadores a la vieja usanza.
Hoy, os dejare unas pinceladas sobre el “Capitan Vitrola”.

La madrugada esta viva. Sobre las cuatro, una cincuentena de embarcaciones suelen salir de la caleta, cada una de ellas buscando su rinconcito mágico de pesca. Un lugar donde tienen grandes expectativas de conseguir una buena captura. Solo han pasado tres décadas, pero aun recuerdan cuando regresaban con la barca llena de merluzas, peces sierra, reinetas, atunes… Todos de una medida considerable.
.-De una merluza salían seis raciones generosas. Hoy en día, difícilmente una sola merluza es capaz de matar el hambre de una persona.
Hoy en día, difícilmente, llegan a las veinte docenas de pescado diverso.
.-El océano esta muriéndose. Poco a poco. Una lenta agonía…
Dice Mauricio, quien lleva la barca botada con el nombre de “Capitán “Vitrola”. Mote este, que tenia su padre. Un pescador muy respetable, ya retirado. Según cuentan, no paraba de hablar. Según su hijo, siempre hablaba o bien te contaba alguna anécdota por enésima vez. Sus historietas eran tan conocidas como repetitivas. De aquí le viene el apodo.
.-Es como un homenaje que le hago.
Mauricio es pequeño. Simpático. Preocupado por su pacifico. Por su futuro como pescador artesano.
El día que lo conocí, le hice unas fotografías. Hable un rato con el. Al día siguiente le regale las imágenes que capture. Me obsequió con dos peces sierra. Un excelente y exquisito bocado a la plancha. Desde entonces cuando su proa apunta a la caleta y me ve, cerca de la grúa que elevara su embarcación hasta el puerto, separa alguna pieza de pescado para mí, como si fuera parte de su tripulación.
.-Como ha estado el día?
Le pregunto al tiempo que me tiende su mano para encajarla con la mía…
.-Ya ves, -me dice señalándome el fondo de la barca- unas tres docenas de sierra y quizás quince docenas de pescada, (Merluza) de un tamaño mediano.
La barca una vez izada, se coloca sobre un remolque, para ser llevada por un pequeño tractor hasta donde se encuentran las que han llegado antes y comienza la venta mientras gritan lo que han capturado…
.-Pescada, traigo pescada! Sierras, han llegado las sierras! Las mas grandes de todas! Aquí, aquí, aquí… ha llegado la pescada!
La gente se agolpa alrededor de la barca para poder conseguir las mejores capturas.
.-A cuanto los sierras?
Pregunta una persona que por su aspecto parece un viejo lobo de mar retirado…
.-Tres por una “luca”
Coloquialmente, una “luca” es un billete de mil pesos chilenos. Un dólar aproximadamente.
Las merluzas aun están vivas. Colean y abren la boca intentando huir de esa asfixia que poco a poco las inmoviliza. Los compradores, clientes fijos por cierto, saben apreciar el pescado fresco. Vienen incluso del interior. En tren, en bus, con amigos y amigas. El precio es económico. Diría, rozando la ridiculez, ya que después de hacer cuentas, pocos pesos netos quedan para el capitán de la embarcación.
.-Donde nos encontrábamos pescando, estaba lleno de jibias. (Sepias gigantes, que algunos de ellos llegan a pesar más de setenta kilos) Con sus tentáculos, se pegaban al casco del barco para quitarnos las capturas del mismo sedal cuando las subíamos. Con los ganchos y los cuchillos, las cortábamos, pero aparecía otra.
Relataba, al tiempo que seguía vendiendo sus capturas…
.-Menos mal que apareció un lobo marino y las asusto. Gracias a el hemos podido salvar el día.
Sigue hablando, relatando y manteniendo el interés. Se nota que es hijo del “Vitrola”. En poco más de cuarenta minutos, se ha vendido toda la captura. En ocasiones, algún propietario de un restaurante le compra todo lo que lleva.
.-Se gana algo menos, pero… es mas seguro y antes terminamos el trabajo.
Termina contando que hace solo hace tres décadas, las jibias tenían como depredador a la ballena. Hace más de diez años que no ven a ninguna.
Sigo haciendo algunas fotos y pronto me retiro a mi camarote. Hoy he pescado media docena de merluzas. Las haré a la plancha, con un chorrito de aceite virgen de oliva y unas gotas de limón caribeño que aun me queda…

Imagino que todos habéis visitado algún chiringuito de playa. Que tal la experiencia?

10 Abr 2008

Una situacion incomoda. "El club de los jueves"

Escrito por: janpuerta el 10 Abr 2008 - URL Permanente


Me olvide de que me dolía el brazo después de haber estado toda la tarde de compras, cargando como el caballero que soy, las bolsas de Maria Eugenia.
Una vez en su casa, se volvió como loca. Debía de abrir todo lo que se encontraba debidamente envuelto con el propósito banal de volver a probarse ese vestido escotado que sin duda realzaba su figura hasta limites insospechados, que dejaba adivinar su cuerpo bajo la seda y el lino de esa prenda.
Era incomodo sentirse delante de ella como un mero espejo, capaz de reflejar su entusiasmo e incapaz de dibujar sus líneas con el índice de la mano.
Me sentía privilegiado por estar delante de su poca ropa y dejar volar mis sueños, llenos de sensaciones placenteras, paseándose entre mis genes y mis instintos más bajos..
Maria Eugenia tenia el don de hacerme sentir incomodo en las situaciones mas increíbles. El motivo nunca lo llegue a saber. Creo que era un acto reflejo de su propio inconsciente ante una situación que ella misma provocaba y sin saberlo, poco después la incomodaba.
Mis amigos siempre me habían dicho que ella no era legal. Tampoco mala gente. Pero si capaz de provocar algo un tanto absurdo y capaz de salir de la misma situación, creando en los demás complejos absurdos de culpabilidad.
Tan hermosa que la veía. Tan lejana a veces, y otras, tan solo una fina capa de ropa de diseño, separaba nuestra piel deseosa la mía de saber de la suya en un aspecto más íntimo y personal.
Aprovechar los latidos de los dos corazones para danzar como posesos seguidores de la mitología “yoruba”, en los preámbulos de una iniciación vudú, donde el sudor ahoga las lágrimas y todo se vuelve deseo. Pero, esa culpabilidad inocente le hacia terminar cualquier posibilidad de ir un poco mas allá.
Una hora después, miraba el techo de su habitación y me repetía que esa seria la ultima vez que me dejaba seducir por sus instintos.
Dos días después, sonó el teléfono. Era ella…
.-Había pensado que esta tarde podríamos ir de compras. Me pasas a buscar a las dos.
Colgué el teléfono, al tiempo que una sensación incomoda volvía a recorrer mi cuerpo…
No me había dado tiempo a decirle que no. No quería decirle no. No le hubiera dicho no. Quizás por que sabia que hoy mi piel jugaría con la suya. Tal vez.

Desde esta semana me uno al “club de los jueves”.

El tema de este jueves es una situación incomoda. Los demás participantes son:

Carmen Pat Ana Carlos Juan Señor K

Hoy no hay pregunta, aunque si queréis relatar en pocas palabras algo incomodo en vuestras vidas, podéis hacerlo. Estáis en vuestra casa.

Un abrazo

04 Abr 2008

Aceite, sandia y vino. Menudo experimento!

Escrito por: janpuerta el 04 Abr 2008 - URL Permanente

Dos experimentos con tres elementos…

Seguramente os preguntareis que pueden tener en común un litro de aceite, una sandia de nueve kilos y un litro de vino. Para muchos a nivel solo son conceptos cotidianos que por separado tienen su momento dentro de nuestras vidas. Para supuso el punto de inflexión entre un antes y un después.
Mi espíritu inquieto, aventurero e investigador, me llevo de joven a realizar ciertos experimentos. Algunos de ellos, no tuvieron ningún tipo de repercusión y por lo tanto voy a omitirlos. Además, los que realmente cambiaron mi futuro, son sin duda los tres que voy a contar.

La sandia.
Corría el mes de julio marzo de mil novecientos sesenta y cuatro. Un día cualquiera. Pero mi empeño hizo que se convirtiera en un sin fin de despropósitos. Esa mañana, en la televisión española, hicieron un reportaje sobre los hombres fuertes del país vasco y sus tradiciones. Recuerdo como si fuese ahora mismo a unos jóvenes, que el comentarista llamaba “aizcolaris”, que hacha en mano, se dedicaban a cortar troncos de árbol a una velocidad endiablada. No tenía ninguna hacha a mano, pero de haberla tenido, seguramente algún mueble de casa hubiera terminado en astillas o quizás el poste del tendido eléctrico que se encontraba en las puestas de la casa donde vivíamos. A continuación salio un tal José Manuel, apodado “Endañeta” un levantador de piedras. (Harrijasotzaile) En este caso, con una cilíndrica de cien kilos. Me sentí atraído y fascinado por esa facilidad pasmosa que tenia el susodicho “Endañeta” quien incluso dio facilidades a sus rivales. Al ver esa exhibición quise convertirme en el primer levantador de piedras catalán. Mi madre se presento en casa con una enorme sandia de alga más de nueve kilos. Casi redonda. Con unas franjas que le daban un toque de modernidad al deporta que ya me pasaba por mi cabeza. Aproveche un descuido de mi madre para hacerme con mi piedra redonda. Me encerré en mi cuarto y empecé con mi particular entreno. A duras penas ponía con la sandia. Pero claro… una cosa es haber nacido en el país vasco y otra muy distinta, hacerse el vasco. Sin duda estaba un tanto influenciado por un simpático y forzudo personaje del TBO llamado Josechu el vasco.
El resultado es que después de un levantamiento que me había quedado de película, y por la fuerza de gravedad que esgrimía sobre mi hombro los nueve kilos de sandia, esta, se cayó desde mi metro y pocos centímetros al suelo. Un fuerte ruido y al reventarse, esparció de trozos rojizos y pepitas diseminados por toda la habitación.
Mi madre entro con cara de sorpresa. Mi padre, recién llegado con animo justiciero y yo, un pobre deportista que apuntaba maneras, supe lo que significaba pasar un verano de vacaciones en casa, sin televisión y con clases de repaso extras.

El aceite de girasol y la bota de vino
Un año después, sorprendí a mi madre, dejando la botella del aceite, boca abajo dentro de un vaso. Le pregunté porque lo hacia y me dijo que era para escurrir la ultima gota de aceite. Eso me llevo a pensar el por que siempre quedan gotas dentro de una botella. Incluso aunque solo contuviese agua. Siempre hay gotas individuales que huyen de la colectividad y se aferran es un saliente minúsculo e invisible a nuestros ojos.
Ante tal enigma, decidí investigar por mi parte. Eso si, usando el material que la cocina de mi madre que ponía a mi disposición, cuando ella salio de casa para hacer la compra. Un botella probeta de aceite de girasol Carbonell estaba dispuesta para lo que sin duda alguna, representaría un avance en la ciencia. La abrí con sumo cuidado y como no sabia en donde depositar su contenido, empecé a buscar algún recipiente idóneo. Solo encontré la bota de vino de mi padre. Así que vacié el vino en un par de vasos y llene de aceite la bota, pensando en que una vez terminado el experimento, podría dejarlo todo exactamente igual que como estaba. Los vasos de vino los situé debajo de mi cama, para no levantar sospecha alguna.
Las cosas siempre se complican. La ley de Murphy lo dice bien claro, pero yo leí el libro una vez talludito de edad. Con mis siete años recién cumplidos, poco sabía yo de complicaciones. El caso es que llego mi padre al mediodía, y después de comer, tomó la bota y se fue a trabajar un poco al huerto donde se distraía y me enseñaba las virtudes de las zanahorias, patatas y cebollas cultivadas con abono orgánico. Cuando me di cuenta… era demasiado tarde.
A todo esto, nuestro querido gato se había relamido casi un vaso de vino de los dos que escondí. Salio, maullando canciones de amor a la luna que aun no había salido, caminando de lado a lado de pasillo. Mi madre arrodillada le preguntaba…
.-Que te pasa minino, que te pasa? Por que caminas así?
Yo me quería fundir dentro del armario donde me refugie, cuando escuche entrar a mi padre, balbuceando en voz alta y con la camisa manchada de aceite.
Todo fue un malentendido de investigación. Un cúmulo de despropósitos que termino con el ya clásico, castigo veraniego. Más clases, menos juegos. Y prohibido acercarme a la cocina.
Mis padres nunca entendieron que en mi había un científico en ciernes. Esa tarde, abrace entre sollozos el gatito y me fui a dormir en un rincón de mi habitación…

De pequeños por que os habían castigado?

26 Mar 2008

Don Roberto... un zumo de naranja!

Escrito por: janpuerta el 26 Mar 2008 - URL Permanente


Apreciados amigos… después de unos días de mucho trabajo, todo vuelve a la normalidad. Tres meses por delante para reparar el velero en dique seco. Limpieza del casco para pintarlo a continuación. Reparar el palo mayor y algunas que otras pequeñas cosas necesarias para seguir en este periplo de inquietudes que uno a pesar de la edad, aun mantiene.
Así que vamos a lo nuestro… seguimos con estas pequeñas historias de esos personajes que un buen día se cruzan en nuestro camino y nos cuentan cosas…

En Golfito, una pequeña población costarricense bañada por el pacifico, podemos encontrar cada mañana a un personaje singular de esos que saben mas por viejos que por sabios.
Puntual como lo es un hombre de palabra, abre su pequeño negocio delante de la parada de autobuses. Justo delante del embarcadero donde salen los botes que pueden llevarte a Puerto Jiménez…
Me habla de sus cosas y lo dejo hablar. Me escucha cuando hablo. Me deja hablar…
El Sr. Roberto es un hombre tranquilo. La calma y la filosofía de aquel que sabe más por viejo que por sabio, asoma cada vez que pronuncia unas palabras. Durante su turno de mas de siete horas siempre tiene personas sentadas a su alrededor. Casi todos, consumen alguno de sus preparados. Y el, cada vez que ve a alguien que se acerca a buen paso, interrumpe su conversación y recita su menú…
Hay café, pipa, caña y mixto, naranja, empanadas de carne y queso, ceviches, tortitas de frijoles, papas queso y huevo…
Siempre consigue detener la prisa de más de uno. Sonríe mientras le sirve y guarda los doscientos colones que cobra por cada consumición en su rinconera de camuflaje. Según dice para despistar a mas de un caco. Aunque nunca le han intentado robar. Pero si, más de uno ha ido de listo, consumiendo sin tener dinero para pagarle. Gajes del oficio.
Cada mañana me acerco a buscar mi vaso de zumo de naranja. El sr. Roberto las exprime antes de que salga el sol. Mantiene las naranjas en fresco para poder servir el zumo a una temperatura que sirva para combatir el calor de la época seca en la costa de pacífico.
Cuando termino con mi vaso, me lo coge y me dice…
.-Un poco de feria?
No lo entiendo y mi cara de sorpresa delata mi ignorancia ante sus palabras.
.-Feria?
Le pregunto incrédulo.
Si, la feria, la ñapa, el ipágue!
Sr. Roberto… me rindo. No se a que se refiere.
Coge mi vaso, lo llena hasta la mitad y me dice…
.-Aquí en Costa Rica, la feria es servir un poco mas por cortesía de casa de aquello que uno consume. En Panamá, se le llama Ñapa y en Nicaragua el Ipágue.
Me tomo mi feria del primer vaso, y le explico que en España, esta tradición, la conocía en Cataluña con los panaderos quienes hace años, cuando el pan era pan y un kilo mil gramos, nos obsequiaban con un trozo de barra de pan, cuando comprábamos una hogaza del mismo. Y eso se llamaba la torna.
Sonríe por lo aprendido. Su siguiente cliente recibe “la torna” y el, con la calma que dan los años, le explica la historia de las panaderías catalanas de hace unos años.
.-En Catalunya hace unos años, las panaderías…
El cliente escucha con atención al tiempo que llega un buen amigo de Roberto quien le pide un poco de “ñurgo”. Observo que le sirve un mixto de piña y zumo de naranja…
.-También se le llama así al mixto?
Los dos sonríen abiertamente. No entiendo lo que pasa y mi cara vuelve a mostrar la incredulidad.
.-Es una palabra que se invento aquí el amigo.
Me dice el Sr. Roberto ante la sonrisa de quien ya bebía el “ñurgo”.
Así que usted es un inventor de palabras!
Sonríe, bebe otro sorbo y me comenta…
.-Es una forma de no caer en la monotonía de las cosas.
Se toma la “torna” de “ñurgo” y se aleja con paso firme mientras sigo observando todo lo que pasa alrededor. Siempre se aprende algo nuevo en esta vida.

En vuestros viajes que es lo mas extraño que habéis comido o bebido?

03 Mar 2008

El valor de una idea...

Escrito por: janpuerta el 03 Mar 2008 - URL Permanente

El valor de una idea

Cuando tenia unos diez años, pensé que seria bueno, hacerle una marca a una hormiga y buscarla unos años después. Mi ignorancia manifiesta en el tema, solo avalada por la ilusión de un mozalbete soñador y algo curioso me llevo a buscar una de las variedades más comunes de nuestra península ibérica.
Yo, fiel seguidor de las aventuras de Miquel de la Cuadra Salcedo, buscando quetzales, de Mariano Haro, corriendo como un poseso tras la gloria olímpica o el mismísimo Pérez de Tudela escalando el Naranjo de Bulnes, había descubierto hacia poco a Félix Rodríguez de la Fuente. Así que esta era una buena manera de emularlo.
Una vez elegido mi ejemplar de hormiga. Una de esas voladoras que en verano, venían a cientos, buscando la luz de cualquier lámpara que tuviéramos en la terraza de casa.
Con ella en mis manos, cogí un rotulador rojo, y con mucha paciencia, le pinté sus alas. A simple vista, parecía una especia realmente única y muy atractiva visualmente. El rojo siempre ha destacado sobre el negro.
Una vez la solté, se perdió rápidamente entre la nocturnidad que amparaba el alejarse unos metros de la luz. Al día siguiente, con mi libreta de notas en la mano, espere su llegada. No vino. Así que lo anote y repetí la espera en varias ocasiones. Pero no regreso.
Hable con amigos míos de clase, por si habían visto una hormiga voladora con las alas rojas. Incrédulos me miraban, sin dejar de reír. Nadie sabía darme cuenta de ella. Incluso, en una competición escolar ínter comarcal, hable con diferentes niños de otras poblaciones, -por si se le hubiera ocurrido, cambiar de aires- pero el resultado siempre era el mismo. El caso es que la noticia de mi búsqueda, llego pronto a oídos del profesorado. Quienes en lugar de alentarme, me decían que no perdiese el tiempo con tanta tontería. No dudo de su razón, pero mi obsesión, era tal que no creo que nadie pudiera hacerme desistir en mi empeño. Escribí cartas a diferentes direcciones de colegios, que conseguí una tarde en secretaria, copiándolas de un directorio que estaba encima del mostrador. Nadie me contesto. La hormiga seguía sin aparecer. Pero mi paciencia y mi perseverancia se mantenían intactas.
Ese año y los tres siguientes, fueron frustrantes, al menos para mi, ya que nunca apareció ni nadie supo darme razón de ella. El tiempo, me hizo desistir en su búsqueda. Hoy me acuerdo de esa hormiga y esa idea que tuve. Hoy he visto a unos niños, haciendo lo mismo. Marcando una hormiga alada con un rotulador fluorescente. Los tiempos cambian, pero…las ideas se repiten. No tienen dueño. Van en los genes de cada persona y un día florecen sin más.

De pequeño nunca me hice un autorretrato. Pero os puedo asegurar que tenía un flequillo parecido a este joven sonriente. Cuya única idea era poder obtener unos cuantos huevos de tortuga para comer en casa.

Por cierto, de niño, que ideas “alocadas” habíais tenido que hoy… os hacen sonreír?

Sobre este blog

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PHOTOPRESS

Nací en la España de la posguerra. Aquella donde sonreír era el mejor de los regalos. Pantalones cortos y una bata de colegial. Travesuras que nunca fueron gamberradas... Llamar a una casa y salir corriendo, nadar en el río cuando los peces aun vivían en el, merendar pan del día anterior, unas gotas de aceite i un poco de chocolate si había… los tiempos cambian y los recuerdos están ahí. Me hubiese gustado ser fotógrafo en esa época.

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