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14May, 2008

Caminos rotos

Escrito por: javier-polo el 14 May 2008 - URL Permanente

EL COMITÉ ESPAÑOL DE ACNUR Y VIENTO SUR

Presentan

CAMINOS ROTOS

Historia de refugiados

23 y 24 de Mayo (21,00 h)

TEATRO ALAMEDA

(C/ Crédito 13, Sevilla)



Con los ojos de aquí miramos, y seguimos sin ver. Esta obra de teatro es el antídoto. CAMINOS ROTOS transmite, de forma realista, el efecto que la guerra puede tener en la vida cotidiana de una familia, su desarraigo, su dolor, y su coraje en la búsqueda de una salida.

ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) se ocupa de más de 19 millones de personas desplazadas en el mundo. Su labor ha sido reconocida en dos ocasiones con el Premio Nóbel de la Paz, y con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación en 1991. En la actualidad, ACNUR se ocupa de alrededor de 19 millones de personas entre refugiados, repatriados, solicitantes de asilo y desplazados internos, están al amparo de ACNUR. De ellos, el 35% tiene entre 15 y 24 años, sus familias se han visto obligadas a huir de sus hogares por causa de guerras y persecuciones, hasta llegar a encontrarse bajo la protección de ACNUR. Los países más pobres del planeta son los que acogen a más del 70% del total de refugiados.

El Comité Español de ACNUR se creó en 1993 para apoyar el trabajo de ACNUR, a través de campañas de sensibilización, educación y recaudación de fondos.


FICHA ARTÍSTICA

Dirección

MAITE LOZANO y JORGE CUADRELLI

Guión y dramaturgia

MAITE LOZANO y JORGE CUADRELLI

Diseño de escenografía y vestuario

ALBERTO OLIVARES

Realización de vestuario

JUANA GUERRERO

Música

PAINÉ CUADRELLI

Actores

PAZ DE ALARCÓN, MAGDALENA MESTRE,

ROCÍO CUADRELLI, NESTOR BAREA y

JUAN FRANCO

30Mar, 2008

De las dimensiones de las tragedias humanas

Escrito por: javier-polo el 30 Mar 2008 - URL Permanente

Un ser humano que sufre una tragedia, ya sea producida por un estado básico de necesidad, ya sea por una catástrofe o una guerra; es, ante todo, una persona vulnerable que necesita de la ayuda que puedan darle su gobierno, sus vecinos o la sociedad en su conjunto. Todas las tragedias humanas son sobrecogedoras, ya se trate de una muerte de un individuo por inanición, por la muerte de cientos de ello en un choque de trenes o de miles por un terremoto. La tragedia es tragedia y el mayor o menor número de víctimas sólo hace que las necesidades a cubrir sean mayores o menores.

Una persona que muere por causas perfectamente evitables es, en sí mismo, una prueba del fracaso de nuestra sociedad en su tarea de garantizar el bienestar de todos y cada uno de sus miembros.

Cuando esto afecta a miles de personas sólo nos sirve para ser miles de veces más desdichados o para reflejar miles de veces lo injusta de nuestra realidad.

Pero, sin lugar a dudas, cuando las tragedias afectan a miles de personas tienen una tremenda repercusión en la sociedad. Es como un mazazo en nuestra conciencia. Conciencia que permanece insensible ante otras desgracias de mucha menor envergadura, porque no tenemos quien nos lo muestre, o no queremos que lo hagan, o por que, sencillamente, ya nos hemos acostumbrado a que ocurran ciertas cosas que ya no nos afectan.

Las tragedias individuales nos afectan en la medida que los implicados son personas que consideramos más vulnerables que otras. Así todas las desgracias que les ocurren a niños tienen una especial significación para nosotros.

De este modo, todo el mundo se conmueve cuando ocurren situaciones como la vivida el mes de Agosto de 1.999 en la que toda Europa se mostró sobrecogida con dos jóvenes de Guinea-ConaKry: Yaguine Koita y Fodé Tounkara, que tenían 14 y 15 años respectivamente, quienes murieron congelados en el tren de aterrizaje de un avión de la desaparecida compañía Sabena que les llevaba, clandestinos, a Bélgica. Estos jóvenes portaban una carta manuscrita en francés dirigida a los dirigentes europeos y que reproduzco:

"Excelencias, Señores miembros y responsables de Europa:

Tenemos el honorable placer y la gran confianza de escribirles esta carta para hablarles del objetivo de nuestro viaje y del sufrimiento que padecemos los niños y los jóvenes de África.

Pero, ante todo, les presentamos nuestros saludos más deliciosos, adorables y respetuosos con la vida. Con este fin, sean ustedes nuestro apoyo y nuestra ayuda. Son ustedes para nosotros, en África, las personas a las que hay que pedir socorro. Les suplicamos, por el amor de su continente, por el sentimiento que tienen ustedes hacia nuestro pueblo y, sobre todo, por la afinidad y el amor que tienen ustedes por sus hijos a los que aman para toda la vida. Además, por el amor y la timidez de su creador, Dios todopoderoso que les ha dado todas las buenas experiencias, riquezas y poderes para construir y organizar bien su continente para ser el más bello y admirable entre todos.

Señores miembros y responsables de Europa, es a su solidaridad y a su bondad a la que gritamos por el socorro de África. Ayúdennos, sufrimos enormemente en África, tenemos problemas y carencias en el plano de los derechos del niño.

Entre los problemas, tenemos la guerra, la enfermedad, la falta de alimentos. En cuanto a los derechos del niño, en África, y sobre todo en Guinea, tenemos problemas demasiadas escuelas, pero una gran carencia de educación y de enseñanza: salvo en los colegios privados, donde se puede tener una buena educación y una buena enseñanza, pero hace falta una fuerte suma de dinero. Ahora bien, nuestros padres son pobres y necesitan alimentarnos. Además, tampoco tenemos centros deportivos donde podríamos practicar fútbol, el baloncesto o el tenis.

Por eso nosotros, los niños y jóvenes africanos, les pedimos hagan una gran organización eficaz para África, para permitirnos progresar. Por tanto, si ustedes ven que nos sacrificamos y exponemos nuestra vida, es porque se sufre demasiado en África. Sin embargo queremos estudiar, y les pedimos que nos ayuden a estudiar para ser como ustedes en África.

En fin, les suplicamos muy, muy fuertemente que nos excusen por atrevernos a escribirles esta carta a Ustedes, los grandes personajes a quien debemos mucho respeto. Y no olviden que es a ustedes a quienes debemos quejarnos de la debilidad de nuestra fuerza en África."

Toda la consternación que produjo este suceso y la lectura de esta carta por parte de los ciudadanos europeos sucedía a la vez que el Estrecho de Gibraltar se llenaba, como cada verano, de pateras, con jóvenes de edades similares que intentaban arribar a las costas de Cádiz para conseguir un futuro más prospero. En una riada humana anual que reproduce los mismo movimientos que los españoles se vieron obligados a realizar a lo largo del pasado siglo y que rápidamente hemos olvidado. La realidad de las pateras del Estrecho es la que denuncian los dos guineanos del avión de Sabena, y la edad de los tripulantes de estas embarcaciones no difiere de la de ellos; pero la realidad de las pateras forman parte de lo cotidiano en España y las muertes en las aguas del Atlántico son anónimas y no llevan cartas.

Hemos socializado las muertes en el Estrecho y ya, a pesar que es algo que ocurre en nuestro país, no tiene la repercusión de los primeros años. Hoy nos preguntamos por qué siguen intentando cruzar un mar lleno de muerte para venir a un país que, en el mejor de los casos, les ignorará y que no dudará en expulsarlos cuando lo crea oportuno.

La cotidianiedad de la tragedia nos hace que hayamos cambiado nuestras prioridades y que caminemos sin rumbo. Así hechos que nos hubieran sonrojado hace apenas unos años, hoy se ven con absoluta normalidad.

En ese mismo verano de 1.999 llegaban a nuestros televisores la noticia de cómo un grupo de 132 personas de origen chino llegaban a las costas de Canadá en una travesía impresionante desde China en un destartalado barco. Esas personas fueron interceptadas por la policía de fronteras canadiense que inmediatamente comenzó con los trámites de expulsión de todos ellos con el beneplácito de toda la población del país que demandaban esa expulsión ya que la inmigración china en Canadá tiene ya unas dimensiones importantes.

Pero esa misma población que se mostraba mayoritariamente a favor de la expulsión de su territorio de este grupo de personas se movilizó ampliamente para proteger a una perra en avanzado estado de gestación, que venía en ese mismo barco y que había pasado las mismas penalidades que ese grupo de 132 personas. La perra fue rápidamente adoptada por la Sociedad Protectora de animales que recibió miles de solicitudes para adoptarla, a esta perra o a cualquiera de sus crías, en un gesto de solidaridad colectiva con un indefenso animal que corrió mejor suerte que sus acompañantes a quienes finalmente deportaron, rompiendo así de cuajo el sueño de una vida mejor.

28Mar, 2008

Caminos rotos. Historia de refugiados

Escrito por: javier-polo el 28 Mar 2008 - URL Permanente

Hace algún tiempo tuve la oportunidad de asistir al estreno de esta obra de teatro que la compañía Viento Sur Teatro está representando por distintos municipios, centrada en la problemática de los refugiados. Esta obra se realiza con la colaboración del ACNUR y la financiación de distintas entidades públicas y privadas.

La obra, escrita y dirigida por Maite Lozano y Jorge Cuadrelli, transmite de una forma directa el efecto que la guerra puede tener en la vida cotidiana de una familia, su desarraigo, su dolor, y su coraje en la búsqueda de una salida.

Sinopsis: Estalla el conflicto. En un país que podría ser cualquiera, en un pueblo que podría estar situado en cualquier región del mundo. Una mujer se ve obligada a huir de su hogar para salvar a sus dos hijos. Los tres inician un largo camino por el desierto, donde se enfrentarán al hambre y al cansancio, la violencia y la hostilidad de quienes encuentran la razón en un fusil. Y también se encontrarán con sus recuerdos. Hasta llegar a un lugar seguro donde comenzar de nuevo.

Me gusta leer, pero no todo; me gusta la música, pero no toda; me gusta el mundo, pero no todo; me gustan las personas, pero no todas. Me gustan ‘las cosas chiquitas’ que me cambian y cambian. Me gusta equivocarme y empezar de nuevo. Por todo ello, me apasiona elegir el camino para avanzar en el conocimiento transformador, el mío y el colectivo, que busco y encuentro en los libros, en la música, en mis amigos, en mis viajes, que desvían mi mirada etnocentrista y me ayudan a entender el mundo.

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