03 Dic 2007
Robles Amarillos
Hace años comencé un relato cuyo título era Robles Amarillos. Hoy puede leerse en la página web de mi pueblo, pero nadie conoce nada acerca del proceso de elaboración de aquel escrito, salvo yo, obviamente.
Me gusta que este blog se llame como aquel relato; tengo claro su nombre, pero no sé por dónde caminará, algo parecido a lo que me sucedía cuando comencé a escribir aquellas páginas. La diferencia está en que ahora podréis ir viendo el proceso de este blog a la vez que yo, e incluso, si así lo queréis, colaborando conmigo.
Os traigo aquí el comienzo de aquel relato.
"Cuando miro la sierra desde el balcón de casa, no detengo mis ojos en la Peña del Cuervo sino que los llevo hasta Robles Amarillos, la cresta que surge de la hondonada y se yergue, imponente y mágica, con una eterna mancha de nieve en el lomo.
De pequeño siempre sentía el vértigo de lo desconocido al oír el nombre de aquella sierra, hasta que un día descubrí su olor al arrimar mi nariz a la vaca Jardinera, que había pasado allí arriba todo el verano. Mientras acariciaba su piel limpia y reluciente, una fragancia salvaje iba inundándome y me hacía repetir una y otra vez: “¡ Padre, yo también quiero ir a Robles Amarillos!
Poco tiempo después, apenas cumplidos los diez años, adonde me llevó mi padre fue a Madrid, a estudiar el bachillerato. Atrás quedó la sierra de Robles Amarillos, perdida en el tiempo de mi infancia. Atrás dejé Aravalle, mi pueblo, envuelto en una neblina otoñal.
En Madrid, andando el tiempo, aprendí a oler las estaciones, a gozar de su cielo azul en días de viento fino y a disfrutar de plácidos atardeceres mirando hacia la sierra de Guadarrama. No fue fácil este aprendizaje; supuso saber dónde estaban los puntos cardinales, cómo se llamaban otros árboles, qué hábitos tenía la gente y desde qué altos se veía mejor la ciudad.
Hace ya muchos años que llevo conmigo las dos sierras, mis contertulios fieles y discretos; Robles Amarillos, la sierra de mi infancia, el temblor de lo escondido, y Guadarrama, la conquista de lo nuevo, el secreto de mi juventud."
Sobre este blog
Robles Amarillos
jbbermHola a todos. Me llamo Jesús. La curiosidad me ha llevado a iniciar un blog. Me gusta escribir, y creo que aquí voy a dar a conocer algunas cosas que tengo ya terminadas. También compartiré fotos, ideas sobre cine, educación y libros. Me gusta la red; permite relacionar ideas y conceptos basándose en multitud de criterios.
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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario
javi dijo
Pues la verdad es que da gusto verlo 'aquí'. Parece más real (todavía).
jbberm dijo
Pues si, Javi, gracias por tu bonita y animosa frase. Es verdad que parece más real esa sierra de Robles Amarillos vista así y aquí. Es como mirar con prismáticos lo que ves a diario sin ellos.
Te brindo una foto, la que voy a añadir al final del primer post. Va por ti.
Rosa rosae dijo
evocador y muy bien escrito:
"Cuando miro la sierra desde el balcón de casa, no detengo mis ojos en la Peña del Cuervo sino que los llevo hasta Robles Amarillos, la cresta que surge de la hondonada y se yergue, imponente y mágica, con una eterna mancha de nieve en el lomo.
De pequeño siempre sentía el vértigo de lo desconocido al oír el nombre de aquella sierra, hasta que un día descubrí su olor al arrimar mi nariz a la vaca Jardinera, que había pasado allí arriba todo el verano. Mientras acariciaba su piel limpia y reluciente, una fragancia salvaje iba inundándome y me hacía repetir una y otra vez: “¡ Padre, yo también quiero ir a Robles Amarillos!
jbberm dijo
Hola, Rosa:
Verdaderamente me llevó tiempo escribir estos párrafos primeros de "Robles". Las dos ideas iniciales eran la mancha de nieve permanente en la sierra, que pocos veranos desaparecía (Esas nieves perpetuas, que decía mi profesor de Geografía), y el sentir el olor de la sierra en la vaca Jardinera. Eran las dos ideas motrices, el misterio de la nieve perpetua y el olor traído por la vaca que pasó el verano en la sierra.
Mientras que el pueblo iba dándose a conocer poco a poco al protagonista, lo que pudiera haber más allá de los límites del valle era para él un misterio. y ese misterio de la sierra, de lo desconocido, se resume en dos palabras: nieve y olor.
Un abrazo
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