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    <message>Esa encina de la que hablo en este cap&#237;tulo es muy a menudo ya una parada en el camino de Madrid a Los Navalmorales. Cuando llevo sue&#241;o, cuando tengo sed o hambre, cuando quiero descansar un rato en el camino, paro junto a la encina, me siento bajo su sombra y disfruto de su cobijo. M&#225;s que appadrinarla yo ella me ha ahijado, y me siento a gusto junto a ella, en d&#237;as de sol y calor o de viento y lluvia. Es un referente inmediato, que me da paz y me produce bienestar. </message>
    <name>An&#243;nimo</name>
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