14 Abr 2008

Qué día inolvidable aquel 14 de abril

Escrito por: jbberm el 14 Abr 2008 - URL Permanente

Hace 77 años, un día como hoy, el pueblo español, con alegría y en paz, proclamó la II República. Aquel régimen intentaba modernizar el país pero coincidió en el tiempo con una Europa en crisis, una crisis que vino a acentuar la debilidad de las instituciones que se iban creando en España. La modernización del Estado y de la sociedad fue cortada de raíz con el golpe de Estado de 1936. La guerra, aquella infernal pero evitable guerra civil, acabó con todo intento de cambio. Después vino el silencio y la dictadura.

En 1975, muerto Franco, la posibilidad de una España democrática estaba al alcance de la mano. 1977, las primeras elecciones, luego la Constitución, las libertades… Los mayores recordaban la República, los más jóvenes vivíamos la libertad. Y se llegó a un pacto. Y en ese pacto entraba la definición de España como una Monarquía parlamentaria. Yo creo que el pacto fue acorde con la realidad, y, en líneas generales, ha sido eficaz para el país. Para mí, la democracia actual puede ser considerada hija de la II República, si bien la Jefatura del Estado no lo es por elección popular sino que recae en el Rey. Pero el poder del Rey es sólo representativo, nunca ejecutivo. Como lo sería el poder de un hipotético Presidente de la República.

A medida que pasan los años, para cada vez más personas, el 14 de abril simboliza el advenimiento de la democracia, de las libertades. En mi opinión no es una fecha de reivindicación de una III República; es la celebración del primer intento moderno de instalar en España un régimen democrático. Por eso debería ser un día de fiesta para todos los amantes de la libertad. Desligar esa fecha de la nefasta del 18 de julio es imprescindible para entender nuestra historia. Y entender que el régimen actual, la Monarquía parlamentaria, es lo más parecido a la II República que hace treinta años podíamos soñar.

Precisamente en esa línea de celebración, quiero traer aquí unas líneas de un relato, que hace meses colgué en este blog, como homenaje a los que participaron hace 77 años en aquella fiesta popular.





Recuerdo que salimos del instituto hacia la calle de San Bernardo y que por ella bajaban riadas de personas a las que nos íbamos uniendo con alegría, abrazándonos unos con otros y cantando felices camino de la Puerta del Sol. Al entrar en la plaza por la calle del Arenal, nos sobrecogió ver un gentío impresionante, una muchedumbre insólita que la abarrotaba y que gritaba unánime: “¡Viva la República!” Encima de algunos tranvías varados entre la multitud y en lo alto de la marquesina del metro, decenas de personas intentaban seguir el espectáculo desde aquellas atalayas privilegiadas. Toda la plaza se fundió en un inmenso aplauso cuando don Niceto Alcalá Zamora salió al balcón de Gobernación y se dispuso a hablar en nombre del Gobierno provisional. Aquel edificio siniestro, lleno de calabozos y de despachos como covachuelas, se iba convirtiendo poco a poco en el rompeolas de la República, sobre todo cuando, terminado aquel vibrante y cálido discurso, la plaza rugió con entusiasmo, se dieron vivas al gobierno provisional y cantamos hasta tres veces el himno de Riego.

Aquel gentío se fue dispersando poco a poco por las calles que dan a la plaza y nosotros nos dirigimos hacia el Palacio Real, llevados casi en volandas por la gente que bajaba hacia Ópera. Al llegar a la plaza de Oriente, un cordón compacto de jóvenes con escarapelas rojas tenía como misión impedir el paso al recinto. ¡Así se evitarán desmanes en el Palacio Nacional! dijo quien parecía tener algún mando en aquel sector. Mientras volvíamos sobre nuestros pasos, nos íbamos riendo con los comentarios que hacía Honorio sobre el cambio de nombre del palacio: “¡Como todo vaya así de rápido, algunos deberían ir haciendo ya las maletas por si tienen que seguir los pasos del rey!”

Serían ya más de las nueve cuando Honorio, Baldomero, Valentín y yo bajábamos por la Cuesta de San Vicente, camino de San Antonio de la Florida, nuestro barrio, y todavía seguíamos excitados, hablando de lo que habíamos visto aquella tarde y de lo mucho que nos agradaba que la llegada de la República coincidiera con el inicio de nuestra juventud. Fue entonces cuando Baldomero, con voz queda y casi como pidiendo disculpas, nos aguó la fiesta al decirnos cuánto le extrañaba que todo hubiese ocurrido tan alegremente, como si en España no hubiera enemigos del nuevo régimen, como si hasta el día anterior en el país no hubiera habido poderosos ni gobiernos a su servicio. “¡A saber qué es lo que estarán preparando ésos, porque quietos no creo que vayan a quedarse!” añadió Baldomero, y una brizna de inquietud aleteó sobre aquel catorce de abril.”

(Fragmento de mi relato Junto al molino, incluido en este blog el 17 de diciembre de 2007, con el título Un maestro republicano)

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