29 Abr 2008

Mi hermano y el Maratón de Madrid

Escrito por: jbberm el 29 Abr 2008 - URL Permanente

Ayer, 27 de abril, más de 13.000 deportistas corrieron el Maratón de Madrid. Entre ellos estaba mi hermano Javier, cuyo tesón se vio recompensado con un puesto extraordinario y un tiempo estupendo.

Era emocionante verlos correr, en una templada mañana de primavera, por las calles vacías de la ciudad. Por unas calles cuyas aceras estaban salpicadas de grupos de personas -amigos, familiares, vecinos, turistas- que animaban a seguir adelante, ganándole kilómetros a la meta, una meta lejana y temida, allá en los verdes jardines de El Retiro.

Javier quedó en el puesto 504, y tardó 3 horas, 8 minutos y 49 segundos en recorrer los 42,195 km. de rigor. El esfuerzo diario, una exhaustiva preparación, un estado de ánimo moderadamente optimista y una cierta dosis de autoironía han sido los mejores ingredientes para esta buena carrera que ha hecho.


Cuando terminó su maratón, y ya recuperado del esfuerzo realizado, se tomó una cerveza mientras lo felicitábamos y nos contaba los pormenores de las tres horas de carrera. Luego tuvo humor para, después de descansar, escribir, con un estilo de marcado carácter irónico, un estupendo relato de su singular mañana, que os ofrezco íntegro a continuación.

¡Aúpa, Javier!

¡Otro maratón más para tu lista!

http://www.maratonmadrid.org/


Ascenso a los infiernos

Lo bueno de las matemáticas es que dan confianza. Pase lo que pase, dos más dos suelen ser cuatro, y esto, quieras que no, viene a ser un buen antídoto contra la incertidumbre. Con el maratón de Madrid ocurre algo parecido, máxime cuando tiene a bien darse una vuelta por la Casa de Campo, ese espacio mítico antaño reservado a los Reyes, hoy morada transitoria de africanas ocupadas en labores mercenarias. Y lo que digo de la campestre casa se lo aplico también al parque del Retiro, tras cuya valla se ha reñido hoy 'la más descomunal batalla que vieron los antiguos tiempos ni esperan ver los venideros', que dijo el manco.

Y es que, te pongas como te pongas, al maratón de Madrid le salen siempre diez km (que hayan de ser siempre los últimos habrá que agradecérselo a los organizadores, tan exquisitos con las exigencias del tráfico rodado) que siembran de cadáveres el asfalto. Dicho de otro modo, Menéndez Pelayo vino a ser esta mañana una franquicia del infierno. Vaya, que, puestos a elegir, casi prefiero una de polinomios. Porque eso de instalar el infierno junto al cielo (la meta, claro), pues como que no se compadece con las teologías, sean del rango que fueren.

Pero es que Madrí es mucha Madrí.

Teologías aparte, el día salió bueno, templadito y algo gris, lo que prometía calorcete, pero no solazo.

Cumplido el ritual del afeitado purificador, y llegado que hube a Recoletos, emotivo encuentro con Equis, Urukbu, Javi-Irún, Teosbardera, PacoJó, Manuel, Muri e Isa, Yudus, Enki, CyT, Fernando e tutti quanti. Ambiente de fiesta y caras radiantes, como el día.

Enseguida salimos y, de memoria, me pongo al ritmo previsto: 4.25. en el km.2 se me une Ripiau, cuya pista había perdido desde San Sebastián. Un alegrón, claro: de ir tirando sólo 42 km a compartir la carrera en tan buena compañía va un abismo. Son ya cuatro maratones juntos, casi siempre al azar, y eso une mucho. Y da confianza.

Con el recuerdo donostiarra inscrito en las patas, nos ponemos a 4.15, una vez coronada la plaza de Castilla, y a ese ritmo tiraremos ya de memoria hasta el km. 22. Es la parte bonancible de la carrera: trazado favorable, toda la energía intacta y mucha-mucha animación: en Cuatro Caminos, en Filipinas, en Bilbao, en Sol (¡qué potencia de tambores!). Mientras, hemos ido a la familia (las respectivas-chicas, los hermanos, cuñados y cuñadas, los padres de Ripiau), que nos han ido prestando las vituallas para aguantar el trance.

Y entre los dulzores de este largo tramo, la energía de Carros de Fuego, gentileza de Guille) y los ánimos de tantos amigos (Nervios y Maituki, Mecenas, Qnk y su grupo, Porfirio y Ana, Sonia y Benigno, y los que olvido, con esta cabeza de alcornoque), cuyo impagable apoyo pone alas en las suelas.

Dicho lo cual, y una vez traspuesta la glorieta de San Vicente, hétenos aquí la barranquera municipal, indigno preludio, portal infame y grotesco frontispicio de la bucólica Casa de Campo. Aquello semejaba más un invernal cross que un maratón sobre asfalto. Y para más INRI, se me despertó la liebre: quiere decirse que mi querido flexor, que tan calladito había estado, se puso a pedir árnica entre las torrenteras aludidas.

Pues menudo plan. La perspectiva de 20 km. con el pie a rastras, moraíto de martirio, como que me descolocó. Esperaba yo noticias del pie allá por el km.28, ¡pero tan pronto! Fuera por ese motivo, o quizá por el semi-parón de dos semanas a cuenta del dolorcillo podal (más la consiguiente supresión de series el último mes, por aquello de no acabar de estropearlo todo), el caso es que la que iba a ser triunfal entrada en el campestre recinto vino a quedar en antesala de los dominios de Pedro Botero. 'Infernillo tenemos, señoría', he querido mascullar entre dientes, más que nada por ver si a base de sarcasmos entretenía el calvario.

'Ni modo', que diría Zapata. 'Para mí que las vamos a pasar de a kilo'. 'Pues paciencia y barajar', para responder al quijotesco modo. Y mira que tendría que haberlo sabido. De hecho lo sabía: si mismamente el domingo pasado hicimos 16 km. siguiendo el mismo camino, y los números no mentían. Íbamos Galerna, Juanagus, Matraco y servidor el día 20 de abril (y no del 90 ni fumando celtas sino hace una semana), y, aunque parezca mentira, no éramos capaces de bajar de 4.40 (con el pulso alborotao) por el paseo de los Castaños. Pegaba el viento, bien es verdad, pero estábamos a diez grados, vaya lo uno por lo otro.

Y sin embargo, en mis cálculos había previsto hacer ese tramo a 4.25. ¿Basado en qué criterios? Pues en los de la zoquetería mayúscula, porque otra cosa... Y ése ha sido mi error este año (el pasado fue en Arturo Soria, y el que viene en cualquier sitio: siempre hay un error en este negocio, cuyo precio suele ser casi siempre alto). Así pues, se me ha venido abajo el cielo y he llegado a temerme lo peor: 'Si en el km. 24 pierdo 15 seg. por km, la que me espera es buena, si a la pájara le sumo el dolor del pie, que necesariamente tendrá que ir a más'.

Iba yo centrado en estos alegres, estimulantes y positivos pensamientos, cuando en lo alto de un cerrete he querido vislumbrar la silueta de dos mercenarias del amor, ya de retirada, absortas y divertidas en la contemplación del reguero de corredores que a sus pies iban avanzando en desordenada fila. La bucólica escena me ha reconciliado con la condición humana, más exactamente con mi propia estupidez, y como que me he ido olvidando de mi error (que no era un error matemático sino pura obcecación) y me he dispuesto a recomponer la situación lo mejor posible, dadas las circunstancias.

En dos palabras, me he reñido una buena riña (yo mismo a mí mismo) y he ido saliendo del pasmo en que me hallaba. A todo esto, Ripiau se iba descolgando, cosa natural, habida cuenta de los palizones que se ha dado en el trabajo últimamente (ayer plegó a la una de la mañana, que dirían en Marnresa, y eso pasa factura). De modo que, llegados al km. 27, me he visto de pronto más solo que la una. 'Así es el maratón, majete', me he dicho, 'al final te lo juegas tú solo, y nadie te va a sacar las castañas del fuego'.

Pero no estoy dispuesto a caer de nuevo en esa trampa de la autocompasión. Pasamos el MP (los jueves de verano ya a las puertas) con el viento a favor, e incluso la subida del Lago se me hace liviana. Estoy recuperado.

Entramos en las fase más difusa de la carrera: poco ambiente, calles solitarias, muro al acecho... Afortunadamente, voy bien hidratado, he tomado un par de geles en el momento justo, el Calderón está ahí mismo, incluso el Rodilla donde suelo ir a comprar sangüis? con estas y otras triquiñuelas, a lo tonto modorro, me he plantado en el km. 35, sin mayores agobios. A estas alturas ya sé que no voy a mejorar mi marca en Madrid, pero tampoco era el objetivo hoy. Si caía, pues encantado. Pero no entraba en mis cálculos, de modo que ese asunto no me afecta. Ahora voy bien, y quiero acabar así.

Además, empiezo a pasar corredores que he tenido delante toda la carrera, y eso quieras que no te acelera, por más que sea una maldad; pero no todo va a ser buen rollito, que aquí se viene a sufrir.

Mi temor ahora es quedarme solo, correr sin referencia, justo cuando se avecina lo peor. Unos treinta metros delante llevo una muy buena: un alemán (que lo mismo es de Linares, vaya usted a saber), que tiene pinta de llamarse Helmut, alto y fibroso, que he tenido siempre cerca desde el km. 7. Su zancada es sólida, eficaz y muy económica, gasta lo justo, apenas bracea, corre erguido pero relajado, ¿no se descompone nunca? Todo un lujo para ponerse a su rueda, si pudiera. Pero se me va. Irremisiblemente. Y me quedo a ciegas en el km. 36, a puntito de llegar al infierno.

Es en esos momentos cuando conviene no descomponerse en un maratón. Hay que acoplarse a la realidad, ajustarse a tus opciones y ser flexible. Me ha costado muchos disgustos en carrera, pero creo haberlo aprendido: en maratón hay que ser flexible, ningún plan es sagrado, hay que leer la carrera metro a metro, si lo que pretendes es conseguir lo máximo. Y lo máximo se mide siempre en segundos. Pero un esfuerzo inadecuado, que puede darte ahora diez segundos, te puede acabar quitando tres minutos si no has sabido interpretar las señales.

Y esa es la gracia del maratón: en el km. 36 calibrando las opciones, sopesando las circunstancias para decidir si sigues tu referencia de carrera (el alemán citado) o te aquilatas a tu estado general y esperas a ver qué pasa.

Decido esperar, y acierto. En ese momento me pasa un grupo de cuatro que avanza a un ritmo seguro, constante y no demasiado alto para mí. Durante los próximos km van a ser mi particular 'banda de los cuatro' (Deng Xiao Ping me perdone, allá donde se encuentre). Me pego descaradamente a su espalda, sin importarme que me miren como a un intruso. Pero oye, aquí nadie es dueño del asfalto, y cada uno hace lo que puede. Así pasamos Ferrocarril y nos plantamos en Méndez Álvaro, cuya cuesta me conozco de memoria. Ahora no me voy a despistar, sé muy bien que debo ir a 4.45, y ése es el ritmo de los cuatro, con lo cual me doy por satisfecho.

Atocha está ahí mismo, y enseguida Mª Cristina. El cuarteto se descompone, pierde dos unidades, y veinte metros después paso a los otros dos. Ya sólo pienso en aguantar lo que queda sin descomponerme, así que enfilo M.Pelayo como si me fuera la vida en ello. El reguero de corredores andando es fantasmagórico, pero eso es algo que tengo claro: nunca he hecho un solo metro andando en maratón, y hoy no va a ser la primera vez, por descontado.

Pasado la iglesia del Niño Jesús, surge por la izquierda la figura amigable de Malagueta, y me calienta los cascos de tal modo que pego un cambio de ritmo evidente, así que pasamos el 41 a buena marcha. Tanto que de pronto de me dibuja ahí mismo la sombra de mi viejo Helmut. Decido cazarlo, pero sin asfixiarme, paso a paso. Malagueta me lleva en volandas (gracias, tío, y le dices a Soy Maratoniano que va a palmar el desafío, cambio mi a puesta), pasamos al alemán y coronamos.

El resto, como siempre, puede suponerse.

PD's

Enhorabuena a todos los que han cumplido objetivos, pero sobre todo a Josero y a Equis, porque los dos han sido hoy dos héroes absolutos.

Ripiau, con el barullo de la llegada me despisté y no te vi. Ya contarás cómo te ha ido. Al final hice 3h08, un minuto más que en 2007, pero mejoré puesto: 504 de la general y 26 de mi categoría. El pie, al final se portó, así que lo mimaré un poco y descansaré unas tres semanas. Lo de Florencia tiene buena pinta, pero ya veremos.

Como siempre, gracias a todos los voluntarios, cuya labor es impagable. Y en particular a Alberto, que se ha pegado un buen madrugón para darnos agua y apoyar a su tío.

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Blas García Marín dijo

Impresionante el post Jesús, felicita en mi nombre a tú hermano Alberto.
Entiendo perfectamente lo que puedes sentir en estos momentos, yo he acabado ocho y en cada uno de ellos he sentido sensaciones nuevas y diferentes.
Un abrazo
Blas

P.D.: Si quieres saber los resultados puedes verlos en:
Madrid se rinde al triunfo de Chema Martínez. Profeta en su tierra, ganando su primer maratón.

jbberm dijo

Blas, gracias por tu comentario. Transmitiré a mi hermano Javier tu felicitación.
Un abrazo
Jesús

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Robles Amarillos

Hola a todos. Me llamo Jesús. La curiosidad me ha llevado a iniciar un blog. Me gusta escribir, y creo que aquí voy a dar a conocer algunas cosas que tengo ya terminadas. También compartiré fotos, ideas sobre cine, educación y libros. Me gusta la red; permite relacionar ideas y conceptos basándose en multitud de criterios.

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