04 Abr 2008

Mark Knopfler en Madrid

Escrito por: jbberm el 04 Abr 2008 - URL Permanente

Ayer, 3 de abril, en el Palacio de los Deportes de Madrid, estuvimos viendo y oyendo a Mark Knopfler, el líder de los Dire Straits, con su interesante grupo actual.

Éramos parte de los once mil aficionados a la música de este portentoso guitarrista, que hace años, con su mítica banda de pop-rock, y ahora, con su grupo de folk-blues, sabe transmitir honestidad, potencia, dulzura y sabiduría con sus composiciones, con su voz y con sus ya míticas guitarras.

Había sosiego en el concierto, sí, sobre todo al interpretar canciones actuales; pero también fortaleza y potencia en las versiones de las ya históricas canciones de los Dire Straits, que en los últimos treinta años tantos aficionados hemos disfrutado.

Y como Knopfler, hemos ido peinando canas y viviendo los años, sin teñidos, sin estiramientos, sin ortopedias; ésas que son tan evidentes en algunos rockeros sesentones. Mark Knopfler no disimula sus 58 años, al contrario: nos los devuelve en la poderosa interpretación de su temas de juventud, y en las cálidas muestras de las canciones que ahora compone. Da gusto oírle, a él y a su banda, y oyéndolos, uno siente una mezcla de vida vivida gustosamente y ganas de seguir viviéndola por muchos años.

Gracias, Mark, por seguir en la brecha; esto que haces ahora me gusta más, porque es más auténtico, que una nostágica vuelta comercial de los Straits, porque sería en falso. Me gusta lo que haces porque es como la vida: es de verdad.


EL PAÍS. 04.04.2008

La escena fue curiosísima, casi con connotaciones religiosas. Una hora antes de empezar el concierto, el escenario lucía vacío de músicos, con todos los instrumentos (batería, teclados y otros cachivaches) sin sus dueños. Todo en penumbra. Salvo una cosa. En el centro, levantada sobre un atril, se podía ver la guitarra roja y blanca marca Fender Stratocaster de Mark Knopfler, iluminada por un potente foco. Los espectadores, en un tenue murmullo de museo, se aproximaban al pie de la tarima para fotografiar el instrumento de su ídolo. Nunca un escenario vacío fue tan fotografiado. El personal de seguridad presenciaba la escena y alucinaba. Todo un espectáculo, y el concierto no había comenzado.

Una encuesta improvisada a pie de pista arrojó el siguiente resultado: mejor Dire Straits que Mark Knopfler en solitario. Consuelo, una cuarentona que acudió con sus dos hijos, Pablo, de 16 años, y Patricia, de 13, decía: "En casa siempre hemos escuchado a Dire Straits y hemos aficionado a nuestros hijos". A su lado, Pablo, que está aprendiendo a tocar el instrumento de las seis cuerdas, anuncia: "Es uno de los mejores del mundo con la guitarra. Espero mucho de este concierto". El padre, que llega un poco tarde de trabajar, se sumará luego a la fiesta familiar. "Hombre, algunas de sus nuevas canciones son buenas, pero es que los Dire...", decía Alfonso, otro cuarentón que en su momento vio a los Straits en directo.

Sin embargo, es de ley reconocer la honestidad de este escocés de 58 años. Otros en su lugar habrían caído en las garras de la nostalgia más salvaje, y estarían llenando estadios en lugar de pabellones, que es lo que hace ahora. ¿Cómo? Simple: poniendo en los carteles Dire Straits. A cambio, el bueno de Knopfler edita un disquito de músicas campestres (folk, country y derivados) cada dos o tres años y sale de gira bajo su nombre. Hay truco, claro: el aficionado sabe que durante las dos horas de concierto va a escuchar algunos clásicos de los Straits: Romeo and Juliet, So far away y, sobre todo, Sultans of swing. Uno es honesto, pero no estúpido.

Knopfler volvió a agotar las entradas del Palacio de los Deportes (11.000 espectadores). Un inciso: ¿hay algún concierto últimamente que no registre una gran entrada? La tan voceada crisis del disco es una bendición para el directo. Anoche, todos sentados, pagaron de 38 a 48 euros para ver a este tipo tranquilo, que lo parece mucho más cuando interpreta las sosegadas canciones de su último disco, Kill to get crimsom.

El espectáculo de Knopfler tiene menos peligrosidad que la mirada de un bebé. El público lo sabe y lo acepta de buen grado. Se deja llevar por el sonido etéreo de su guitarra (siempre acariciada sin púa) y por el tono perezoso de su voz. Vamos, que todas las empresas que someten a sus empleados a un estrés laboral frenético deberían compensarles con una entrada para este concierto. Más relajado que un burbujeante jacuzzi. Vestido de forma informal, con una camisa rosa sobre sus tejanos, Knopfler esperó tan sólo a la segunda canción para atacar su primer solo de guitarra. Un aficionado aprovechó para hacer air guitar (tocar una guitarra imaginaria), y ya no pararía hasta el final. El ex Dire Straits, un zurdo que toca como si fuera un diestro (costumbre que adquirió cuando le enseñaron en el colegio a tocar el violín) demuestra que sigue siendo uno de los guitarristas más personales del pop. Hay momentos del concierto pelín aburridos, sobre todo cuando encadena cuatro baladas. Todas parecen Brothers in arms y el asunto llega a cansar. Hacia mitad del espectáculo suena Sultans of swing, y aunque la interpreta un poco desganada, la cosa funciona. Ya en el tramo final, le toca el turno, esta vez sí, a Brothers in arms, y todo acaba como empezó, con el hombre tranquilo saludando como si aquello no le hubiera costado esfuerzo. El chaval del air guitar, mientras, se marcha agotado de tanto punteo.



EL MUNDO. 04.04.2008

Mark Knopfler se acercó a Madrid en su gira europea para ofrecer a sus aficionados un concierto muy completo en el que recorrió paso a paso toda su discografía, desde los inicios de Dire Straits hasta tocar temas de su último disco en solitario, 'Kill to get crimson'.

El veterano guitarrista escocés se presentó a las diez de la noche ante un abarrotado Palacio de los Deportes que le esperaba ansioso. Antes de su llegada, la icónica guitarra Fender Stratocaster roja y blanca de los Dire Straits, que estaba iluminada en el centro del escenario, ya presagiaba un concierto plagado de viejos temas.
Y así resultó desde que los músicos salieron al escenario. 'Cannibals', con el que se abrió el espectáculo, sustituyó al tradicional 'Walk of life' con el que el cantante y guitarrista solía comenzar sus directos.

A partir de ahí, 'Why aye man', 'What it is' y 'Sailing to Philadelphia', tres de sus temas más celebrados de su carrera en solitario, condujeron al público hasta el primer tema del último álbum, 'True love will never fade'.

Knopfler, que se mostró muy tranquilo durante toda la actuación, se sentía cómodo junto a su banda y arropado por el público madrileño. Su estilo, que se encamina hacia una mezcla de folk y blues, encajaba muy bien con los teclados de Guy Fletcher y la batería de Danny Cummings -dos de los músicos que colaboraron con Dire Straits-.

Sin embargo fue John McCusker, un especialista en folk escocés, el que consiguió el primer gran éxito de la velada. Interpretando en clave celta las notas de rock de 'The fish and the bird', convirtió una de las canciones más discretas del 'Kill to get crimson' en una delicia para los asistentes.

La historia vuelve a revivirse

"Hill farmer's blues" ofreció un leve reposo antes de que Knopfler se lanzara con dos de sus canciones que ya han hecho historia en la música: "Romeo and Juliet" y "Sultans of Swing".

El público, que había permanecido obedientemente sentado hasta ese momento, saltó de sus butacas para bailar el gran éxito de Dire Straits, del que este año se cumple su treinta aniversario.

Los clásicos "oés" fueron coreados por todo el recinto durante varios minutos; tanto fue así que Knopfler y su banda se unieron a los entregados espectadores y, sacando acordes y percusiones, acompañaron a sus incondicionales. Conseguida ya la comunión entre músicos y aficionados, el concierto bajó un punto su ritmo con cuatro temas seguidos de la discografía en solitario del escocés: "Marbletown", "Daddy's gone to Knoxville", "Postcards from Paraguay" y "Speedway at Nazareth", hasta llegar al final del grueso de la actuación con "Telegraph Road".

Los bises comenzaron con "Brothers in arms", una de las canciones que mejor se adaptan a las condiciones del antiguo cantante y guitarrista de Dire Straits, y continuaron con "Our Shangri-la" y la mítica "So far away". Cuando parecía que Knopfler ya estaba extenuado -después de dos horas de concierto-, sorprendió a todos despidiéndose con uno de sus temas más celebrados, el "Going home" de la banda sonora de "Local hero", a lo que el público respondió abandonando sus asientos y agolpándose frente al escenario.

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Isabel

Isabel dijo

Estuve en el concierto d Madrid, fue genial y lo vi bstante cerca la verdad, Mis padres no sabian kien era Mark (aunke mi madre tenga la misma edad q el) lo escuchan en casa x mi culpa jaja!!
Yo lo llevo siguiendo dsd ls 16, hace uns 4 años. Y fue alucinante verlo sobre todo xq lo admiro bastante cmo musico y cmo persona. esperemos q vuelva dentro d poco.

jbberm

jbberm dijo

Isabel:

Yo soy de la generación de Mark, y por tanto de la de tus padres. Creo que está bien que tú hayas pegado a tus padres la afición por la música de M. K. y de los Straits. Eso dice mucho de ti y de ellos, y muestra a las claras dos cosas:
-La permeabilidad de las generaciones, si entre éstas hay una buena relación (Cosa que sucede en tu caso)
- Lo buena que es la música de Knopfler, tan buena que envejece estupendamente, mientras va siendo degustada ya por dos generaciones .

Saludos, para ti y para tus padres.

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Robles Amarillos

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