22 Abr 2009

Miguel Ángel Zapata: Revelaciones y magias

Escrito por: Jesús Ortega el 22 Abr 2009 - URL Permanente

Una característica casi canónica de los libros de microrrelatos consiste en su recopilación mediante hilos conductores temático-formales. Pienso por ejemplo en Crímenes ejemplares de Max Aub, en La oveja negra y otras fábulas de Augusto Monterroso o en Falsificaciones de Marco Denevi. Miguel Ángel Zapata lleva este procedimiento un poco más lejos, al construir sus libros no sólo mediante series de microrrelatos unidos en atadijo por algo común, sino como enmarcados tridimensionales de los textos, como puros objetos que contienen los textos. Baúl de prodigios estaba concebido literalmente como un baúl lleno de cajas y de cosas heteróclitas, lo que Jiménez Lozano llamaba “cosario” para referirse a sus propios libros. El lector sólo tenía que meter la mano y sacar un cuento, como cuando éramos niños y hurgábamos en el baúl (o en la caja que hiciera las veces de baúl) esperando encontrar alguna cosa insólita, rara, desusada, abandonada, dispuesta a que le confiriéramos mediante el juego infantil una nueva vida.

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Y ahora aparece su tercer libro, Revelaciones y magias, una potente confirmación de su universo temático-estilístico. El libro está entonces concebido como un teatrillo ambulante y portátil. Ofrece función doble. Por el mismo precio el lector-espectador podrá asistir a una primera función de números de magia para todos los públicos y, si lo desea, a una posterior y más sesuda de revelaciones para adultos. El libro-teatrillo se abre con una dedicatoria a Harry Langdon, que no es un escritor sino un actor cómico del cine mudo de los años veinte, autor de innumerables sketches para Max Sennett y de películas admirables como Camina, camina, camina (1926) o El forzudo (1927).

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Que Zapata le dedique el libro es toda una declaración de intenciones, tanto por la delicada y sutil comicidad gestual de Langdon, más cerca de la sonrisa que de la carcajada, de la insinuación que de la exhibición, como por su condición de raro y olvidado. A Zapata le gustan los raros. Además, este gesto lo entronca con las reivindicaciones que de Buster Keaton hicieron Lorca y Alberti, y en general con la defensa del mundo del circo y del cine y de los géneros menores como el teatro de títeres que hicieron los vanguardistas del 27.

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De modo que los lectores-espectadores nos sentamos en la penumbra del teatrillo y página a página asistimos a una sucesión de cincuenta y siete pequeños números de magia escritos por Zapata-Houdini en condiciones imposibles. No llevan título. Son simplemente números de magia. Zapata sabe muy bien que un microrrelato no es algo un poco más breve que un relato breve, sino otra cosa, un género nuevo, distinto del cuento, del aforismo y de la fábula. En una entrevista con David G. Torres definió este nuevo género como un “poema que narra”, y la definición no me parece tan apropiada para el microrrelato como para la propia poética de Zapata. Efectivamente, muchos de sus textos son poemas que narran, aunque a mí más bien me parece que son como pinturas que narran. Son escenas en miniatura, surrealistas, oníricas, fantásticas, cómicas, esperpénticas, extravagantes, líricas, sí, construidas mediante la mezcla de objetos e ideas imposibles y que están cargadas, en su liviandad, de una constante reflexión sobre la condición humana, con la obsesión por la muerte al fondo; tienen una evidente cualidad plástica y a veces se ponen traviesamente en movimiento, como los circulantes decorados en miniatura con muñecos autómatas que todavía pueden verse como reliquias en algunos festivales de teatro de títeres, o como en las fascinantes mini-películas de Segundo de Chomón, y a veces permanecen quietas, estáticas, y entonces me hacen pensar intensamente en la pintura del surrealismo, en Remedios Varo, Ángeles Santos, Eugenio Granell, Max Ernst o Paul Delvaux, en las paradojas y los juegos de Magritte, en las perversas muñecas de Hans Bellmer, en la soledad y el silencio de Hopper o en las cajas repletas de cosas de Joseph Cornell.

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Me asombra la capacidad fabulatoria e imaginativa de Zapata (funambulista de lo onírico, lo llamó una vez Ángel Olgoso). Sentado en la oscuridad del teatrillo me pregunto lo que se preguntan todos los espectadores ante los números de magia: ¿Cómo lo ha hecho? ¿Cómo construye sus microrrelatos? Creo imaginar un método: Zapata se hace preguntas; preguntas inocentes que no respetan los límites entre la realidad y la fantasía, como las que se hacen los niños. Por ejemplo, Zapata se pasea por Madrid, y contempla las obras y las máquinas excavadoras de la Puerta del Sol. ¿Qué pasaría si excavando llegasen a las antípodas?, se pregunta. Y de ahí nace un cuento. Elige con aparente ingenuidad una determinada imagen paradójica, metafórica, surrealista o absurda, tomada del sueño, del juego, de la libre asociación de ideas, de las matemáticas, de la hipótesis fantástica, la toma en fin en su literalidad y tira de ese hilo hasta llevar al extremo sus posibilidades narrativas y poéticas, por extravagantes que parezcan, siguiendo una lógica férrea.

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Mi mujer y yo compartimos la esponja del baño. Por tanto, compartimos toda clase de fluidos. ¿Qué pasaría si de estos fluidos compartidos naciera nuestro hijo, al igual que Venus nació del semen de Urano arrojado al mar? Una niña que no soporta los macarrones con pesto del comedor escolar los vomita. Pero ¿y si la niña fuese tan tímida, tan tímida que, por no molestar a los demás con su vómito, vomitase el pesto precintado y limpio en su bote de cristal? ¿Qué es lo que cae al ojo patio cuando sacudimos las sábanas de nuestra cama? ¿Qué pasaría si de pronto se rompiese la ley de la gravedad?

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[...]

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Zapata fabula como los niños y construye como los magos. Sus microrrelatos son misteriosos y diáfanos a la vez. Todo se muestra a la luz, bajo los focos, pero el enigma no se resuelve nunca. De modo que volvemos al principio. ¿Cómo lo hace? ¿Cómo lo hace para que cada palabra parezca estar en el único sitio posible que el cuento le tenía reservado?

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(MIGUEL ÁNGEL ZAPATA, Revelaciones y magias. Granada, Traspiés, 2009)

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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

elefantefor dijo

Había una vez dos amigos, vamos a llamarlos Ortego y Zapato, que compartían palabras y cines. Zapato invitó un día a Ortego a ver una película en la que había participado. Ortego se acercó a la sala con su amigo y juntos pudieron comprobar cómo en la pantalla se desarrollaba una acción que les implicaba, que implicaba su amistad. Ambos gozaron, perplejos, del espectáculo que Zapato había inventado y Ortego había incrementado. El resto del público sintió algo especial.

Gracias y un abrazo.

ammeg02 dijo

Jesús, me voy a atrever a comentar sin hacer una lectura intensa porque el tiempo ahora mismo no me lo permite (la haré, porque me ha quedado muy buen gusto y seguro que el re-gusto será mejor) y es que me salta a la vista una hipertextualidad descaradamente oportuna; ya de paso, como veo por aquí al elefante, con su permiso, voy a hipertextualizar su último post "Sus microrrelatos son misteriosos y diáfanos a la vez. Todo se muestra a la luz, bajo los focos, pero el enigma no se resuelve nunca"
y besos a los dos

Jesús Ortega dijo

Pues te ha salido un microrrelato, Alfonso:

Finura hipertextual la tuya, Gemma: y así, relacionados por la luz...

Ayer por la tarde se presentó en Granada, en el marco de la Feria del Libro, "Revelaciones y magias" de Miguel Ángel Zapata. Este texto es un extracto de mi presentación. Enhorabuena al autor y mucha suerte con la andadura del libro.

Esteban

Esteban dijo

Leer un micro de Miguel Ángel es entrar en otra dimensión.
Nada mejor para teletransportarte fuera de lo real.
Tengo un amigo que, después de leer su Baúl de prodigios, sacaba transatlánticos de los charcos de la calle, respiraba oxígeno líquido y contaba cuentos a los robots de cocina.

Fuerte abrazo a los dos.

lisi dijo

"No sé qué es un libro. Nadie lo sabe. Pero cuando hay uno, lo sabemos. Y cuando no hay nada, lo sabemos como sabemos que existimos y que todavía no hemos muerto." Marquerite Duras, Escribir.

Deseando leerlo.

glico-liKo dijo

Siguiendo el rastro....
Siempre descubres, con arte, tesoros ocultos.
Gracias.
Un beso

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Sobre este blog

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El clavo en la pared

Jesús Ortega (Melilla, 1968) es autor de los libros de cuentos "El clavo en la pared" (Cuadernos del Vigía, 2007) y "Calle Aristóteles" (Cuadernos del Vigía, 2011), y está incluido en las antologías "Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual" (Menoscuarto, 2010) y "Pequeñas resistencias 5. Antología del nuevo cuento español" (Páginas de Espuma, 2010).
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