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    <body>El narrador no debe facilitar interpretaciones de su obra, si no, &#191;para qu&#233; habr&#237;a escrito una novela, que es una m&#225;quina de generar interprtaciones? Sin embargo, uno de los principales obst&#225;culos para respetar ese sano principio reside en el hecho mismo de que toda novela debe llevar un t&#237;tulo. 

Un t&#237;tulo ya es una clave interpretativa. Es imposible sustraerse a las sugerencias que generan &lt;EM&gt;Rojo y negro &lt;/EM&gt;o &lt;EM&gt;Guerra y paz&lt;/EM&gt;. Los t&#237;tulos que m&#225;s respetan al lector son aquellos que se reducen al nombre del h&#233;roe ep&#243;nimo, como &lt;EM&gt;David Copperfield&lt;/EM&gt; o &lt;EM&gt;Robinson Crusoe&lt;/EM&gt;, pero incluso esa menci&#243;n puede constituir una injerencia indebida por parte del autor. &lt;EM&gt;Le P&#232;re Goriot &lt;/EM&gt;centra la atenci&#243;n del lector en la figura del viejo padre, mientras que la novela tambi&#233;n es la epopeya de Rastignac o de Vautrin. Quiz&#225;s habr&#237;a que ser honestamente deshonestos, como Dumas, porque es evidente que &lt;EM&gt;Los tres mosqueteros &lt;/EM&gt;es, de hecho, la historia del cuarto. Pero son lujos raros, que quiz&#225;s el autor s&#243;lo puede permitirse por distracci&#243;n.

Mi novela ten&#237;a otro t&#237;tulo provisional: &lt;EM&gt;La abad&#237;a del crimen&lt;/EM&gt;. Lo descart&#233; porque fija la atenci&#243;n del lector exclusivamente en la intriga polic&#237;aca, y pod&#237;a enga&#241;ar al infortunado comprador &#225;vido de historias de acci&#243;n. Mi sue&#241;o era titularlo &lt;EM&gt;Adso de Melk&lt;/EM&gt;. Un t&#237;tulo muy neutro, porque Adso no pasaba de ser el narrador. Pero nuestros editores italianos aborrecen los nombres propios...

La idea de &lt;EM&gt;El nombre de la rosa&lt;/EM&gt; se me ocurri&#243; casi por casualidad, y me gust&#243; porque la rosa es una figura simb&#243;lica tan densa que, por tener tantos significados, ya casi los ha perdido todos: rosa m&#237;stica, y como rosa ha vivido lo que viven las rosas, la guerra de las dos rosas, una rosa es una rosa es una rosa es una rosa, los rosacruces, gracias por las espl&#233;ndidas rosas, rosa fresca toda fragancia... 

As&#237; el lector quedaba desorientado, no pod&#237;a escoger tal o cual interpretaci&#243;n; y, aunque hubiese captado las posibles lecturas nominalistas del verso final, s&#243;lo ser&#237;a a &#250;ltimo momento, despu&#233;s de haber escogido vaya a saber qu&#233; otras posibilidades. El t&#237;tulo debe confundir las ideas, no regimentarlas. 

.

&lt;STRONG&gt;(UMBERTO ECO, &lt;EM&gt;Apostillas a "El nombre de la rosa"&lt;/EM&gt;, Buenos Aires, Lumen / Ediciones de la Flor, 1989)&lt;/STRONG&gt; 





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    <nicetitle>el-arte-titular-iv-</nicetitle>
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    <title>El arte de titular (IV)</title>
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    <body>Tengo delante de m&#237; la reproducci&#243;n de una pintura. Es una postal comprada en un museo. La superficie horizontal del cuadro est&#225; dividida de arriba abajo en tres partes iguales, cada una de las cuales la ocupa una figura vertical, una figura que con alguna dificultad percibo como antropom&#243;rfica, una figura que parece de mujer, aunque retorcida y distorsionada, trazada en negro y gris con manchas intensas y con pinceladas gruesas, violentas. De modo que parece haber tres mujeres en el cuadro. Incluso si reconozco el estilo, incluso si s&#233; que la obra es de Antonio Saura, necesito el t&#237;tulo para tratar de completar la visi&#243;n que tengo de ella. 

Se titula &lt;EM&gt;Las tres Gracias&lt;/EM&gt;. 

Remiro entonces la obra. Pongo en marcha la m&#225;quina de las asociaciones. El t&#237;tulo ubica la relaci&#243;n entre obra y espectador en unas determinadas coordenadas. Habla sobre la intenci&#243;n del autor. Ofrece pistas. Son las migas de pan que el autor ha dejado en su camino. Si las sigo me podr&#237;an llevar muy lejos en el bosque de la historia de la pintura, todo lo lejos que mi conocimiento me permita. Gracias al t&#237;tulo, creo haber entendido el cuadro o empezado a entenderlo. 

Como dice Arthur Danto, el t&#237;tulo de una obra de arte contempor&#225;neo es m&#225;s que un nombre o una etiqueta: es una instrucci&#243;n para la interpretaci&#243;n. Poner a las obras t&#237;tulos neutros o llamarlas &lt;EM&gt;&lt;EM&gt;&lt;EM&gt;Sin t&#237;t&lt;/EM&gt;ulo&lt;/EM&gt;&lt;/EM&gt; no elimina esa orientaci&#243;n para su lectura, s&#243;lo la hace un poco m&#225;s complicada. 

El t&#237;tulo en la narrativa breve tiene problemas distintos de los del t&#237;tulo en las artes pl&#225;sticas. El cuento comienza con el t&#237;tulo. Puede tener muchas funciones. Como dice Enrique Anderson Imbert, el t&#237;tulo "moraliza, ornamenta, define un tema, clasifica un g&#233;nero, promete un tono, prepara una sorpresa, incita la curiosidad, nombra al protagonista, destaca el objeto m&#225;s significativo, expresa un arrebato l&#237;rico, juega con una iron&#237;a..."

El t&#237;tulo forma parte del secreto que oculta el cuento. Hay t&#237;tulos que no se entienden o son enigm&#225;ticos hasta que se termina el cuento y entonces se revelan en todo su esplendor, porque iluminan retrospectivamente la historia. Hay t&#237;tulos que desde el principio se&#241;alan el camino a seguir, que alertan sobre lo que se va a leer. Hay t&#237;tulos trampa. Hay t&#237;tulos ir&#243;nicos, parad&#243;jicos o simplemente juguetones. Hay t&#237;tulos que no significan nada, t&#237;tulos casuales, t&#237;tulos reclamo. T&#237;tulos denotativos y connotativos. T&#237;tulos compendio, t&#237;tulos meton&#237;micos. 

Una manera com&#250;n de titular, y que a m&#237; me encanta, porque creo que tiene mucho que ver con la naturaleza del relato breve, consiste en entresacar una frase o retazo de frase incluido en el interior del texto. Que yo sepa, el procedimiento lo invent&#243; Salinger. Un ejemplo conspicuo es "Parece una tonter&#237;a" de Raymond Carver. El t&#237;tulo meton&#237;mico forma parte de una frase m&#225;s amplia que pronuncia uno de los personajes a lo largo de la escena culminante, la del encuentro entre el pastelero y los padres del ni&#241;o muerto. La frase en que se inserta (y que revela maravillosamente el sentido profundo del relato) dice: "Parece una tonter&#237;a ponerse a comer cuando a uno se le ha muerto su &#250;nico hijo, pero es muy importante, y adem&#225;s es todo lo que yo os puedo ofrecer". 





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    <nicetitle>el-arte-titular-iii-</nicetitle>
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    <title>El arte de titular (III)</title>
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    <body>Charles Dickens apunt&#243; catorce t&#237;tulos posibles para la novela por entregas que iba a escribir en 1854 y que finalmente titular&#237;a &lt;EM&gt;Tiempos dif&#237;ciles&lt;/EM&gt;:



Seg&#250;n Cocker.

Demu&#233;stralo.

Cosas testarudas.

La realidad de Mr. Gradgrind.

La piedra de molino.

Tiempos dif&#237;ciles.

Dos y dos son cuatro.

Algo tangible.

&#211;xido y polvo.

Nuestro amigo el del coraz&#243;n duro.

Simple aritm&#233;tica.

Cuesti&#243;n de n&#250;meros.

Una simple cuesti&#243;n de n&#250;meros.

La filosof&#237;a Gradgrind.



Escribe David Lodge en &lt;EM&gt;El arte de la ficci&#243;n&lt;/EM&gt;: "el t&#237;tulo de una novela forma parte del texto: es de hecho la primera parte de &#233;l con la que nos encontramos, y tiene por lo tanto un considerable poder para atraer y condicionar la atenci&#243;n del lector. Los t&#237;tulos de las primeras novelas inglesas fueron inevitablemente los nombres de sus protagonistas: &lt;EM&gt;Moll Flanders&lt;/EM&gt;, &lt;EM&gt;Tom Jones&lt;/EM&gt;, &lt;EM&gt;Clarissa&lt;/EM&gt;. M&#225;s tarde los novelistas se dieron cuenta de que los t&#237;tulos podian indicar un tema (&lt;EM&gt;Sentido y sensibilidad&lt;/EM&gt;), sugerir intriga y misterio (&lt;EM&gt;La mujer de blanco&lt;/EM&gt;) o prometer cierto tipo de escenario y atm&#243;sfera (&lt;EM&gt;Cumbres borrascosas&lt;/EM&gt;). En alg&#250;n momento del siglo XIX empezaron a uncir sus historias a famosas citas literarias, una pr&#225;ctica que sigue durante el XX: &lt;EM&gt;Por qui&#233;n doblan las campanas&lt;/EM&gt;..., aunque hoy en d&#237;a se considera quiz&#225; un poquit&#237;n hortera. Los grandes modernistas tuvieron tendencia a poner t&#237;tulos simb&#243;licos o metaf&#243;ricos (&lt;EM&gt;El coraz&#243;n de las tinieblas&lt;/EM&gt;, &lt;EM&gt;Ulises&lt;/EM&gt;, etc&#233;tera), mientras que los novelistas m&#225;s recientes prefieren con frecuencia t&#237;tulos caprichosos, desconcertantes y originales: &lt;EM&gt;El guardi&#225;n entre el centeno&lt;/EM&gt;". 

Las novelas, como las pel&#237;culas, han sido siempre mercanc&#237;as adem&#225;s de obras de arte. Es moneda corriente que los editores o las productoras impongan sus t&#237;tulos a los propios creadores. Hay montones de casos: &lt;EM&gt;El buen soldado &lt;/EM&gt;de Ford Madox Ford, por ejemplo, ten&#237;a que haberse titulado &lt;EM&gt;La historia m&#225;s triste&lt;/EM&gt;, pero se public&#243; durante la primera guerra mundial y sus editores le convencieron de que optara por un t&#237;tulo patri&#243;tico. &lt;EM&gt;El &#225;ngel azul&lt;/EM&gt;, la pel&#237;cula de Josef von Sternberg, estaba basada en una novela de Heinrich Mann que se llamaba &lt;EM&gt;El profesor basura&lt;/EM&gt;. 

Me hacen mucha gracia las sagas familiares de t&#237;tulos. Me divierto siguiendo las pistas de un determinado t&#237;tulo que pone de moda determinada forma (espectacular) de titular y del que enseguida salen reto&#241;os. &lt;EM&gt;Sexo, mentiras y cintas de v&#237;deo &lt;/EM&gt;(1989) procre&#243; y dio decenas de hijitos que se expandieron por todos los g&#233;neros art&#237;sticos y en todas las latitudes, con mejor o peor fortuna. Me pregunto si tendr&#225;n que ver con ese t&#237;tulo obras como &lt;EM&gt;Tonto, muerto, bastardo e invisible &lt;/EM&gt;(1995) o &lt;EM&gt;Amor, prozac, curiosidad y dudas &lt;/EM&gt;(1997). 

Una familia de t&#237;tulos que me pone nervioso es la de las cosas. Desde que Isabel Coixet estrenara &lt;EM&gt;Cosas que nunca te dije &lt;/EM&gt;(1996) han salido pel&#237;culas y libros como &lt;EM&gt;Cosas que dej&#233; en la Habana &lt;/EM&gt;(1997), &lt;EM&gt;Cosas que dir&#237;a con solo mirarla&lt;/EM&gt; (2000), &lt;EM&gt;Cosas que hacen que la vida valga la pena &lt;/EM&gt;(2004), &lt;EM&gt;Cosas que hacen bum&lt;/EM&gt; (2007), &lt;EM&gt;Cosas que perdimos en el fuego &lt;/EM&gt;(2008). &#191;La inventar&#237;a Coixet? &#191;Tendr&#225; precedentes, t&#237;tulos pioneros? Qu&#233; cosas. 





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    <title>El arte de titular (II)</title>
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    <body>"El t&#237;tulo de un libro (o de una pieza musical, o de un cuadro) no es algo irrelevante. Con el t&#237;tulo, algo todav&#237;a salvaje -un ser humano, un territorio, un texto- pasa por la pila bautismal". Esta frase es de Eugenio Tr&#237;as y resume bien la dificultad que a menudo experimento a la hora de poner t&#237;tulos. Qu&#233; terrible responsabilidad. Un t&#237;tulo, como el nombre de un reci&#233;n nacido, es una marca definitoria que por s&#237; sola decidir&#225; destinos: una bendici&#243;n o una condena. Se quedar&#225; para siempre pegado al texto, al sentido del texto, a la piel del texto. "Buscar t&#237;tulos es tan desesperante como cuando uno trata de recordar una palabra olvidada", dice el fil&#243;sofo Adorno en sus &lt;EM&gt;Notas sobre literatura&lt;/EM&gt;. 

Qu&#233; dif&#237;cil es a veces (cuando no surge de manera natural, como una revelaci&#243;n) encontrar un buen t&#237;tulo. Pero qu&#233; es un buen t&#237;tulo. Asunto misterioso y cambiante, donde el azar, las modas, el mercado y la costumbre a menudo intervienen m&#225;s de lo que los presuntuosos autores quisi&#233;ramos. El t&#237;tulo saca a la luz lo oculto de la obra, y la obra se resiste: para protegerse. Hay algo banal, algo soez, algo de subasta p&#250;blica de esclavos en el acto de buscarle un t&#237;tulo a una obra. La obra agacha la cabeza humilde mientras escucha las voces que la titulan de una manera y de otra, una y otra vez. Por eso es m&#225;s f&#225;cil encontrar t&#237;tulos a los trabajos de los dem&#225;s que a los propios. El ponedor de t&#237;tulos no conoce la intenci&#243;n del autor, no sabe de sus fantas&#237;as ni de sus miedos, pero su situaci&#243;n de exterioridad le permite responder mejor al enigma de la obra con el chasquido que lo revele todo de golpe: el t&#237;tulo.

Sostengo que un poeta est&#225; mejor dotado para encontrar t&#237;tulos que un prosista. Y un editor que un poeta. Una de las funciones m&#225;s delicadas y apasionantes del editor es la de sugerir buenos t&#237;tulos frente a los malos con que los autores se presentan. Cuenta Ll&#224;tzer Moix que Eduardo Mendoza le llev&#243; en 1974 a su editor (y poeta) Pere Gimferrer una novela titulada &lt;EM&gt;Soldados de Catalu&#241;a&lt;/EM&gt; que al final se acab&#243; llamando &lt;EM&gt;La verdad sobre el caso Savolta&lt;/EM&gt;. A&#241;os m&#225;s tarde se volvi&#243; a presentar ante Gimferrer con un mecanoscrito que llevaba por t&#237;tulo &lt;EM&gt;El mercado de la libertad&lt;/EM&gt;. Editor y autor se enzarzaron en una larga discusi&#243;n; con el libro en las prensas, acordaron milagrosamente &lt;EM&gt;La ciudad de los prodigios&lt;/EM&gt;, que a Mendoza le pareci&#243; un t&#237;tulo horrible. 

S&#233; de escritores que guardan en sus cajones cientos de t&#237;tulos a la espera de su obra correspondiente. Hay m&#225;quinas de fabricar t&#237;tulos, pero son muy secretas, he o&#237;do hablar de ellas, nunca las he visto. Me imagino c&#243;mo ser&#225;n esas m&#225;quinas: tubulares. Y me imagino tambi&#233;n esos pobres t&#237;tulos que nunca ser&#225;n usados: tristeza del t&#237;tulo arrumbado en un caj&#243;n que nunca encontrar&#225; una obra a la que arrimarse (su cuento, su novela, su cuadro, su canci&#243;n). 







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