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    <body>Desde que el Lazarillo de Tormes alcanzase la c&#250;spide del &#233;xito social como pregonero malcasado, y sobre todo desde que un cincuent&#243;n loco y su gordo ayudante salieran por la Mancha a buscar aventuras y hacer el rid&#237;culo, la literatura castellana dej&#243; establecidas algunas de las coordenadas impostergables de su tradici&#243;n. Algunas de ellas -incluso desde antes, desde siempre- son el inveterado realismo (el terrenal Cid Campeador frente al m&#225;gico rey Arturo), el costumbrismo (el busc&#243;n Pablos con su vestido de escupitajos) y la s&#225;tira social (del Arcipreste de Hita a Rafael Azcona: la risa amarga que se&#241;ala los vicios y distingue entre verdad y mentirosa apariencia, entre lo que se es y lo que se pretende ser). 

Luego el pa&#237;s se quedar&#237;a dos siglos rezagado del capitalismo triunfante. En los a&#241;os en los que Edgar Allan Poe inventaba el g&#233;nero polic&#237;aco, Seraf&#237;n Est&#233;banez Calder&#243;n describ&#237;a toreros y aguadores en sus &lt;EM&gt;Escenas andaluzas&lt;/EM&gt;. Y como guinda del retraso, los cuarenta a&#241;os de ese siniestro caudillo de bigote y voz aflautada. Por eso nuestros detectives idiosincr&#225;sicos no han sido Sherlock Holmes o Sam Spade, sino Mortadelo y Filem&#243;n, y nuestros ladrones gente tan naif e inofensiva como Jos&#233; Luis L&#243;pez V&#225;zquez y Alfredo Landa en &lt;EM&gt;Atraco a las tres&lt;/EM&gt;. Luego llegar&#237;an Plinio, la democracia, Pepe Carvallo y el hilarante detective sacado del psiqui&#225;trico de las novelas de Eduardo Mendoza. Y Torrente, el brazo posmoderno de la ley.

En &lt;EM&gt;El detective del Zaid&#237;n &lt;/EM&gt;Alfonso Salazar juega l&#250;cida y l&#250;dicamente con toda esta tradici&#243;n, adem&#225;s de tener en cuenta -por supuesto- a los maestros de la novela negra con ribetes de cr&#237;tica social (de Dashiell Hammett a Petros M&#225;rkaris) que tan bien conoce. Parodia festiva y grotesca, salpicada de un humor entre ir&#243;nico y hosco que algunos llaman "mala foll&#225;", &lt;EM&gt;El detective del Zaid&#237;n&lt;/EM&gt; tiene un don maravilloso del que carece la mayor&#237;a de la literatura que se escribe actualmente en Espa&#241;a: sabe hacer re&#237;r. En las primeras p&#225;ginas comienzas a soltar carcajadas (y a dibujar sonrisas) y ya no puedes parar hasta el final. Desde Eduardo Mendoza (y quiz&#225; F&#233;lix de Az&#250;a y Rafael Reig) no me re&#237;a tanto.

De modo que, entre lo esperp&#233;ntico y lo escatol&#243;gico, entre la flatulencia y lo entra&#241;able, vemos desfilar una mugrienta panoplia de perdedores, excrecencias de la modernidad, viejas glorias del subdesarrollo que se pasan toda la novela pimplando l&#237;quidos espirituosos m&#225;s bien baratos, vino, cerveza, brandys peleones, cubatas variopintos, sin descartar alg&#250;n que otro bourbon (cuando invita el ricach&#243;n). A todos les huele el aliento, andan medio borrachos de un lado para otro, pero no &lt;EM&gt;bajo el volc&#225;n&lt;/EM&gt;, sino entre la Sevilla de la Exposici&#243;n Universal de 1992 y la Granada provinciana del Palacio de Congresos, por donde les va llevando la trama de cr&#237;menes y misterios que tratan de esclarecer. La pareja protagonista es ejemplar: el barrigudo Mat&#237;as Verd&#243;n, hijo y nieto de perdedores de la guerra civil, quien para poder sentirse detective (como Humphrey Bogart interpretando a Philip Marlowe) "ech&#243; de m&#225;s la pobre cazadora azul marino que le vest&#237;a: una gabardina, le faltaba una gabardina", y su socio Desastres, un cartero vago y borrach&#237;n cuyo destino individual anda parejo con el del equipo de f&#250;tbol de la ciudad: no saber escapar nunca de la Segunda Divis&#243;n B. A su alrededor pululan otros personajes estrafalarios bajo la luz cruda de la s&#225;tira y los trazos nerviosos de la caricatura: el subinspector Dom&#237;nguez, un polic&#237;a facha de la vieja escuela, de cuando no ped&#237;an una altura m&#237;nima para entrar y a quien las academias le parecen un nido de izquierdistas. O la bodeguera y exprostituta Trini, list&#237;sima, comprensiva con los pecados ajenos y muy poco dada a remilgos: "Trini dej&#243; la botella pringosa de brandy... entrecerr&#243; los ojos, sac&#243; la dentadura postiza con la lengua, le dio una vuelta acrob&#225;tica en la boca y la volvi&#243; a encajar en su sitio". El retablo contiene muchos m&#225;s personajes. Todos ellos, sin excepci&#243;n (excepto los c&#237;nicos y desalmados que pertenecen a las clases altas), evolucionan desde el chafarrin&#243;n inicial a una suerte de po&#233;tico ennoblecimiento, que tiene tambi&#233;n su origen en la novela cervantina y que delata la piedad y la ternura con que el autor/narrador contempla a los perdedores: aunque vulgares, intentan (como pueden y a su manera) escapar de la chapuza y hacer bien las cosas.

Hay otro aspecto relevante de la novela que pasar&#225; desapercibido (o no molestar&#225;, supongo) al lector de Girona o Albacete: lo estrictamente granadino. Aqu&#237; la s&#225;tira se aguza y se multiplican las oportunidades de re&#237;rse: una mir&#237;ada de gui&#241;os par&#243;dicos que van desde el peculiar humor local lindante con el resentimiento (la mala foll&#225;) a la sempiterna rivalidad acomplejada con Sevilla. Y por encima de todo, un homenaje al barrio popular del Zaid&#237;n, un barrio esforzado y sincero, donde nadie se disfraza de lo que no es, como tantos que pululan por los extrarradios de las ciudades espa&#241;olas: 

 &lt;BLOCKQUOTE&gt;El barrio granadino del Zaid&#237;n era una aglomeraci&#243;n de gente, m&#225;s perteneciente a un pasado de estrecheces que al futuro glorioso, que se levantaba sobre parte de la antigua Vega granadina. All&#237; llegaron en los a&#241;os cincuenta trabajadores de toda la provincia -"trabajadores de toda la provincia, un&#237;os", dec&#237;a en el Bar Gabriel el Sandok&#225;n, sindicalista persistente-, lo que provoc&#243; alta demanda inmobiliaria: cuchitriles donde criar a cinco churumbeles renegridos, y luego, qu&#233; remedio, reclamaron asfalto y hasta bibliotecas y carriles bici. H&#237;brido cruce, en fin, de un ambiente parecido al que a&#250;n ten&#237;an los pueblos del cintur&#243;n, con veta de suburbio.&lt;/BLOCKQUOTE&gt;

La mayor&#237;a de las novelas ambientadas en Granada recurren a historicismos nazar&#237;es y moriscos y a palabras como "embrujo" o "sue&#241;o". Una ciudad de s&#225;ndalo y callejuelas rom&#225;nticas que van a dar a la Alhambra bajo la luna. Alfonso Salazar elige otra perspectiva. Quiz&#225; porque, como dice Andr&#233;s Neuman en uno de sus aforismos, no escribimos sobre un lugar porque procedamos de &#233;l, sino &lt;EM&gt;para&lt;/EM&gt; pertenecer a &#233;l. 


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&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#cc0000&gt;[ ALFONSO SALAZAR, &lt;EM&gt;El detective del Zaid&#237;n&lt;/EM&gt;. Barcelona, Ediciones B, 2009 ]&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;

.

&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3333ff&gt;[ Novelas ] [Cr&#237;tica ] [Contempor&#225;neos ]&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;

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    <title>Alfonso Salazar: El detective del Zaid&#237;n</title>
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    <body>Un ingeniero de cuarenta y seis a&#241;os est&#225; en pleno proceso de descomposici&#243;n y reconstrucci&#243;n tras a&#241;os de no poder superar una traum&#225;tica ruptura sentimental y una larga y destructiva adicci&#243;n al alcohol. Alfredo Fortes interpreta su vida en clave de fracaso: fracaso afectivo, fracaso profesional. Trabaja de ingeniero como podr&#237;a trabajar en cualquier otra cosa, es considerado en la Compa&#241;&#237;a casi como un cero a la izquierda y si no lo han despedido a&#250;n es porque su jefe y amigo Meneses (un viejo compa&#241;ero escolar que s&#237; ha triunfado hasta trepar a los puestos altos del escalaf&#243;n) lo sostiene y protege. 

 La Compa&#241;&#237;a (con siniestra may&#250;scula) manda al ingeniero Fortes a unas sierras de Teruel a supervisar la construcci&#243;n de unos t&#250;neles para un futuro proyecto hidr&#225;ulico. El campo, las monta&#241;as, el cielo, el aire puro aumentan su melancol&#237;a y su introspecci&#243;n y lo contactan con otras personas de la comarca, tan aisladas -a su manera- como &#233;l: una anciana frutera y vidente que se comunica con el m&#225;s all&#225;, la discreta due&#241;a del hotel que guarda un secreto sexual, el muchacho torturado y roto que sobrevivi&#243; a un accidente de autom&#243;vil en el que murieron sus tres amigos, el pastor de ovejas filos&#243;fico y metaf&#237;sico que reflexiona sobre la vida y la muerte y a cuya mirada no se escapa nada de lo que sucede en la comarca: &#233;l es el Narrador, el Ojo que todo lo ve, el que sabe todas las historias, historias que son como cuentos hermosos y terribles intercalados en la novela: la historia del ni&#241;o y el pozo, la historia de la abeja que fue a posarse en la frente del muerto, la historia del hombre que sobrevivi&#243; a una m&#225;quina aserradora, la historia del que fue electrocutado por un rayo...

 Una llamada telef&#243;nica de su jefe Meneses lo obligar&#225; a dejar el pueblo por unos d&#237;as, viajar a Valencia y participar en un turbio asunto de maletines secretos llenos de fajos de billetes. Billetes de quinientos euros. De pronto a Fortes se le concede una oportunidad de rehabilitaci&#243;n profesional por la v&#237;a del discreto encargo ilegal, tan as&#233;ptico en su superficie como peligroso en el fondo: la oportunidad de penetrar en el "coraz&#243;n oscuro" de la Compa&#241;&#237;a. Durante los d&#237;as que dura el encargo Fortes se ve encuelto por una trama de corrupci&#243;n en un escenario de restaurantes de lujo, guardaespaldas, coches blindados, prostitutas que trabajan en tiendas de moda, l&#237;neas telef&#243;nicas seguras, encuentros furtivos en los muelles del puerto, cajas fuertes que ocultan sorpresas. Fortes se dar&#225; de bruces por primera vez en su vida con el Gran Dinero (el dinero sucio que se mira y no se toca y que las empresas respetables trasladan de manera limpia e invisible a otras empresas igualmente respetables); pero tambi&#233;n con el dinero como tesoro, como hallazgo m&#225;gico y fortuito que puede cambiar el destino de una vida individual. La cantidad de dinero que har&#237;a a cualquiera so&#241;ar con islas paradis&#237;acas donde huir y comenzar una nueva vida. El hallazgo del dinero-tesoro ser&#225; fuente de fantas&#237;as pero tambi&#233;n de grandes angustias y peligros. Fortes tendr&#225; entonces que tomar decisiones de car&#225;cter moral que acelerar&#225;n su duelo y su transformaci&#243;n en otro hombre (en la posibilidad de ser otro): para ello tendr&#225; que elegir en qu&#233; clase de islas tratar de recomenzar su vida.

 Novela potente, seria, rigurosa, de pulso narrativo y estil&#237;stico indesmayable. Novela entretenida aunque no de entretenimiento: m&#225;s bien novela de indagaci&#243;n. Tras su lectura uno cree saber algo m&#225;s sobre algunas experiencias comunes y sobre c&#243;mo las encaran determinados personajes: la soledad, el dinero, el amor, la muerte, el poder, el destino y el azar, el &#233;xito y el fracaso. 

 Lo que me interesa sobremanera es la maestr&#237;a de Manuel de Lope en las descripciones, en la construcci&#243;n de escenas y espacios f&#237;sicos donde suceden las cosas. Desde la voladura de una monta&#241;a al despacho donde tiene lugar una transacci&#243;n discreta con dinero que no existe y del que nadie habla; desde el filo luminoso que el atardecer pone en las monta&#241;as hasta la manera en que se apagan los filamentos de una estufa el&#233;ctrica. Aqu&#237; hay mucho que aprender. La panoplia de descripciones es ampl&#237;sima. De Lope es preciso y certero en la pincelada descriptiva. No pierde jam&#225;s el pulso. Matizado pero firme, carece de florituras y alharacas, no incurre en cursiler&#237;as, no es en absoluto literaturoso. Su estilo puede parecer seco y desabrido (si lo comparas con la blanda delicuescencia al uso) pero en realidad es rigor, es una mirada acerada, es intensidad que no flaquea. Ni una sola cacofon&#237;a, ni una sola rima escondida de mala prosa, ni una sola ca&#237;da en la desgana o en la resoluci&#243;n r&#225;pida o en la facilidad de brocha gorda. No es un narrador perezoso. No se deja llevar. 

 Tambi&#233;n me interesa mucho la ductilidad de su voz narrativa, la manera como el narrador omnisciente desaparece en las voces de los personajes, antena articulada y flexible que se mueve sin transici&#243;n de una voz a otra, de lo pensado a lo dicho, del pasado al presente, de lo enso&#241;ado a lo real. Su prosa es un curso de navegaci&#243;n por los estilos directo, indirecto e indirecto libre sin cambiar de frase. De resultas de todo ello las escenas, las atm&#243;sferas, los mon&#243;logos y las reflexiones se integran en un conjunto luminoso, lleno de plasticidad y de reflexi&#243;n, tan complejo como f&#225;cil de desentra&#241;ar, de un realismo que permite con la mayor verosimilitud que los muertos hablen a los vivos o que un mont&#243;n de dinero resplandezca de energ&#237;a ante la mirada de la vidente:

 &lt;BLOCKQUOTE&gt;"...sinti&#243; que en alg&#250;n lugar, dentro del hotel, hab&#237;a una enorme cantidad de energ&#237;a. Todo el hotel estaba caliente. Era el mismo calor que desped&#237;an sus ahorros, pero en una enorme cantidad. Era un calor inmenso, concentrado en un pu&#241;o. Hay personas que miran a una roca y saben d&#243;nde hay un manantial y personas que pasean por un p&#225;ramo y saben d&#243;nde hay que cavar un pozo. Hay personas que recoren una casa en ruinas y saben d&#243;nde hay un tesoro escondido. Mar&#237;a Antonia miraba al hotel y sab&#237;a que all&#237; hab&#237;a una gran cantidad de dinero".&lt;/BLOCKQUOTE&gt; .

 Como dice Alfredo Fortes, el sentimental perdedor que protagoniza &lt;EM&gt;Otras islas&lt;/EM&gt;: "despu&#233;s del erotismo y la muerte, la tercera verdad era el dinero". 

 &#191;Qu&#233; es lo que creo? Que es muy buena. Que quiz&#225; no vaya a venderse mucho. Que se merece lectores atentos. 

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 &lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#ff0000&gt;[MANUEL DE LOPE, &lt;EM&gt;Otras islas&lt;/EM&gt;. Barcelona, RBA, 2009]&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;

 .

 &lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3333ff&gt;[Novelas] [Cr&#237;tica] [Contempor&#225;neos]&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;

  

      

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    <title>Manuel de Lope: Otras islas</title>
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    <body>&lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Una caracter&#237;stica casi can&#243;nica de los libros de microrrelatos consiste en su recopilaci&#243;n mediante hilos conductores tem&#225;tico-formales. Pienso por ejemplo en &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Cr&#237;menes ejemplares&lt;/I&gt; de Max Aub, en &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;La oveja negra y otras f&#225;bulas&lt;/I&gt; de Augusto Monterroso o en &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Falsificaciones&lt;/I&gt; de Marco Denevi. Miguel &#193;ngel Zapata lleva este procedimiento un poco m&#225;s lejos, al construir sus libros no s&#243;lo mediante series de microrrelatos unidos en atadijo por algo com&#250;n, sino como enmarcados tridimensionales de los textos, como puros objetos que contienen los textos. &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Ba&#250;l de prodigios&lt;/I&gt; estaba concebido literalmente como un ba&#250;l lleno de cajas y de cosas heter&#243;clitas, lo que Jim&#233;nez Lozano llamaba &#8220;cosario&#8221; para referirse a sus propios libros. El lector s&#243;lo ten&#237;a que meter la mano y sacar un cuento, como cuando &#233;ramos ni&#241;os y hurg&#225;bamos en el ba&#250;l (o en la caja que hiciera las veces de ba&#250;l) esperando encontrar alguna cosa ins&#243;lita, rara, desusada, abandonada, dispuesta a que le confiri&#233;ramos mediante el juego infantil una nueva vida.&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Y ahora aparece su tercer libro, &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Revelaciones y magias&lt;/I&gt;, una potente confirmaci&#243;n de su universo tem&#225;tico-estil&#237;stico. El libro est&#225; entonces concebido como un teatrillo ambulante y port&#225;til. Ofrece funci&#243;n doble. Por el mismo precio el lector-espectador podr&#225; asistir a una primera funci&#243;n de n&#250;meros de magia para todos los p&#250;blicos y, si lo desea, a una posterior y m&#225;s sesuda de revelaciones para adultos. El libro-teatrillo se abre con una dedicatoria a Harry Langdon, que no es un escritor sino un actor c&#243;mico del cine mudo de los a&#241;os veinte, autor de innumerables sketches para Max Sennett y de pel&#237;culas admirables como &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Camina, camina, camina&lt;/I&gt; (1926) o &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;El forzudo&lt;/I&gt; (1927). &lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Que Zapata le dedique el libro es toda una declaraci&#243;n de intenciones, tanto por la delicada y sutil comicidad gestual de Langdon, m&#225;s cerca de la sonrisa que de la carcajada, de la insinuaci&#243;n que de la exhibici&#243;n, como por su condici&#243;n de raro y olvidado. A Zapata le gustan los raros. Adem&#225;s, este gesto lo entronca con las reivindicaciones que de Buster Keaton hicieron Lorca y Alberti, y en general con la defensa del mundo del circo y del cine y de los g&#233;neros menores como el teatro de t&#237;teres que hicieron los vanguardistas del 27. &lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;De modo que los lectores-espectadores nos sentamos en la penumbra del teatrillo y p&#225;gina a p&#225;gina asistimos a una sucesi&#243;n de cincuenta y siete peque&#241;os n&#250;meros de magia escritos por Zapata-Houdini en condiciones imposibles. No llevan t&#237;tulo. Son simplemente n&#250;meros de magia. Zapata sabe muy bien que un microrrelato no es algo un poco m&#225;s breve que un relato breve, sino otra cosa, un g&#233;nero nuevo, distinto del cuento, del aforismo y de la f&#225;bula. En una entrevista con David G. Torres defini&#243; este nuevo g&#233;nero como un &#8220;poema que narra&#8221;, y la definici&#243;n no me parece tan apropiada para el microrrelato como para la propia po&#233;tica de Zapata. Efectivamente, muchos de sus textos son poemas que narran, aunque a m&#237; m&#225;s bien me parece que son como pinturas que narran. Son escenas en miniatura, surrealistas, on&#237;ricas, fant&#225;sticas, c&#243;micas, esperp&#233;nticas, extravagantes, l&#237;ricas, s&#237;, construidas mediante la mezcla de objetos e ideas imposibles y que est&#225;n cargadas, en su liviandad, de una constante reflexi&#243;n sobre la condici&#243;n humana, con la obsesi&#243;n por la muerte al fondo; tienen una evidente cualidad pl&#225;stica y a veces se ponen traviesamente en movimiento, como los circulantes decorados en miniatura con mu&#241;ecos aut&#243;matas que todav&#237;a pueden verse como reliquias en algunos festivales de teatro de t&#237;teres, o como en las fascinantes mini-pel&#237;culas de Segundo de Chom&#243;n, y a veces permanecen quietas, est&#225;ticas, y entonces me hacen pensar intensamente en la pintura del surrealismo, en Remedios Varo, &#193;ngeles Santos, Eugenio Granell, Max Ernst o Paul Delvaux, en las paradojas y los juegos de Magritte, en las perversas mu&#241;ecas de Hans Bellmer, en la soledad y el silencio de Hopper o en las cajas repletas de cosas de Joseph Cornell.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/SPAN&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;.&lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Me asombra la capacidad fabulatoria e imaginativa de Zapata (funambulista de lo on&#237;rico, lo llam&#243; una vez &#193;ngel Olgoso). Sentado en la oscuridad del teatrillo me pregunto lo que se preguntan todos los espectadores ante los n&#250;meros de magia: &#191;C&#243;mo lo ha hecho? &#191;C&#243;mo construye sus microrrelatos? Creo imaginar un m&#233;todo: Zapata se hace preguntas; preguntas inocentes que no respetan los l&#237;mites entre la realidad y la fantas&#237;a, como las que se hacen los ni&#241;os. Por ejemplo, Zapata se pasea por Madrid, y contempla las obras y las m&#225;quinas excavadoras de &lt;?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /&gt;&lt;st1:PersonName ProductID="la Puerta" w:st="on"&gt;la Puerta&lt;/st1:PersonName&gt; del Sol. &#191;Qu&#233; pasar&#237;a si excavando llegasen a las ant&#237;podas?, se pregunta. Y de ah&#237; nace un cuento. Elige con aparente ingenuidad una determinada imagen parad&#243;jica, metaf&#243;rica, surrealista o absurda, tomada del sue&#241;o, del juego, de la libre asociaci&#243;n de ideas, de las matem&#225;ticas, de la hip&#243;tesis fant&#225;stica, la toma en fin en su literalidad y tira de ese hilo hasta llevar al extremo sus posibilidades narrativas y po&#233;ticas, por extravagantes que parezcan, siguiendo una l&#243;gica f&#233;rrea. &lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Mi mujer y yo compartimos la esponja del ba&#241;o. Por tanto, compartimos toda clase de fluidos. &#191;Qu&#233; pasar&#237;a si de estos fluidos compartidos naciera nuestro hijo, al igual que Venus naci&#243; del semen de Urano arrojado al mar? Una ni&#241;a que no soporta los macarrones con pesto del comedor escolar los vomita. Pero &#191;y si la ni&#241;a fuese tan t&#237;mida, tan t&#237;mida que, por no molestar a los dem&#225;s con su v&#243;mito, vomitase el pesto precintado y limpio en su bote de cristal? &#191;Qu&#233; es lo que cae al ojo patio cuando sacudimos las s&#225;banas de nuestra cama? &#191;Qu&#233; pasar&#237;a si de pronto se rompiese la ley de la gravedad? &lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;[...]&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Zapata fabula como los ni&#241;os y construye como los magos. Sus microrrelatos son misteriosos y di&#225;fanos a la vez. Todo se muestra a la luz, bajo los focos, pero el enigma no se resuelve nunca. De modo que volvemos al principio. &#191;C&#243;mo lo hace? &#191;C&#243;mo lo hace para que cada palabra parezca estar en el &#250;nico sitio posible que el cuento le ten&#237;a reservado? &lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;(MIGUEL &#193;NGEL ZAPATA, &lt;EM&gt;Revelaciones y magias&lt;/EM&gt;. Granada, Traspi&#233;s, 2009)&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;
&lt;/STRONG&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;
 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;













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    <title>Miguel &#193;ngel Zapata: Revelaciones y magias</title>
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    <body>Hay un texto de Ricardo Piglia que establece diferencias entre cuento, novela y &lt;EM&gt;nouvelle&lt;/EM&gt; a partir de los procedimientos narrativos del enigma, el misterio, el secreto, el suspense y la sorpresa. 

Enigma, misterio y secreto son algo que se quiere saber y no se sabe. Pero el enigma es la existencia de un elemento en el relato -un personaje, un texto, una situaci&#243;n- que encierra un sentido oculto que es necesario descifrar (por qu&#233; regresa alguien a un lugar maldito cuarenta a&#241;os despu&#233;s, por ejemplo), mientras que el misterio es algo que no se comprende porque no tiene explicaci&#243;n (la aparici&#243;n fantasmal de un barco hundido, unas extra&#241;as luminarias en el cielo) y el secreto es un sentido sustra&#237;do por alguien, algo que alguien se guarda y no dice a los dem&#225;s (una culpa, una infidelidad, un asesinato). Entonces el texto gira en el vac&#237;o de eso que no est&#225; dicho y genera una serie bien conocida, que incluye el chisme, el rumor, las distintas versiones de una misma historia: qui&#233;n sabe qu&#233;, qui&#233;n no lo sabe... En las &lt;EM&gt;nouvelles&lt;/EM&gt; el secreto no acaba de explicarse nunca del todo, y esa es su caracter&#237;stica distintiva, lo que tienen en com&#250;n &lt;EM&gt;Los adioses&lt;/EM&gt; de Onetti, &lt;EM&gt;Otra vuelta de tuerca &lt;/EM&gt;de James o &lt;EM&gt;El coraz&#243;n de las tinieblas&lt;/EM&gt; de Conrad. Si el secreto se explica, entonces hay que escribir una novela. 

&lt;EM&gt;El caracol de Byron &lt;/EM&gt;es una novela. Est&#225; llena de enigmas, misterios y secretos. Todos se resuelven al final, tras un demorado suspense plagado de sorpresas. Hay un narrador omnisciente empe&#241;ado en esclarecerlo todo, pero a su debido tiempo, una vez que haya llevado al lector del cabestro feliz de la intriga. Hay un hombre que acude a un lugar. Los habitantes de ese lugar -tres personas- lo reciben amistosamente, pero quieren averiguar qu&#233; hace all&#237;, a qu&#233; ha venido, porque sospechan que su misi&#243;n los concierne. Ese es el gran enigma del que derivan todos los dem&#225;s; en el proceso de averiguaci&#243;n del enigma se van desvelando de paso los secretos de cada uno de los personajes, secretos que tienen que ver con el amor y la muerte, con el azar y el destino, con la cobard&#237;a y la generosidad, y que resultan tener consecuencias m&#225;s terribles de lo que imaginaban. 

Escrita despu&#233;s que &lt;A id=link_0 title=http://lacomunidad.elpais.com/jesusortega/2008/10/2/el-nino-quiso-llamarse-paul-newman href="http://lacomunidad.elpais.com/jesusortega/2008/10/2/el-nino-quiso-llamarse-paul-newman"&gt;El ni&#241;o que quiso llamarse Paul Newman &lt;/A&gt;aunque publicada un a&#241;o antes (fue Premio Ciudad de Ir&#250;n de Novela en 2004), &lt;EM&gt;El caracol de Byron&lt;/EM&gt; supone un paso adelante en la evoluci&#243;n de la obra narrativa de Rafael R. Costa, y confirma la calidad y la originalidad de este extra&#241;amente poco conocido autor. 

Las coordenadas de la novela no son naturalistas, sino po&#233;ticas, m&#225;gicas. Estamos en el &#225;mbito de la ficci&#243;n pura, no en el de la realidad. Un fanal lleno de cosas heter&#243;clitas que comparten un cierto sentido a&#241;ejo de la belleza. Los hechos suceden en alg&#250;n punto de la costa atl&#225;ntica, en un lugar inaccesible y aislado llamado Byron Bay (y que Alberto Manguel no ha incluido a&#250;n en su &lt;EM&gt;Gu&#237;a de lugares imaginarios&lt;/EM&gt;). Se trata de un mundo inventado, tan intenso como la Santa Mar&#237;a de Onetti, la Regi&#243;n de Benet o el Macondo de Garc&#237;a M&#225;rquez pero mucho m&#225;s humilde, abarcable en unos pocos metros, casi un decorado de pel&#237;cula de los a&#241;os cuarenta -&lt;EM&gt;Rebeca&lt;/EM&gt;, &lt;EM&gt;El fantasma y la se&#241;ora Muir&lt;/EM&gt;, &lt;EM&gt;Cayo Largo&lt;/EM&gt;-, una maqueta a escala 1:1 con muy pocos ingredientes, un restaurancito junto a la bah&#237;a, un camino de tierra roja, un fangal lleno de juncales -el peligroso fango de &lt;EM&gt;El sabueso de los Baskerville&lt;/EM&gt;-, un bosque de pinos, una casa solitaria y desgraciada en lo alto de un acantilado, un faro abandonado. En este escenario se agitan (o son invocados) personajes de nombres imposibles y llenos de resonancias librescas, musicales y cinematogr&#225;ficas, Am&#243;s, Doris, el Neme, Ces&#225;rea Santol&#237;quido, Agapito Venturini, Henry James Vanderbilt. Fascinados por el paisaje donde est&#225;n de alg&#250;n modo encerrados, los personajes dan continuos paseos mientras se cuentan historias y festejan la belleza de un atardecer o de un guiso de pescado. El tiempo no lo marcan los relojes sino las mareas y los paseos y las charlas, mientras se van sucediendo los dulces atardeceres y los temibles aguaceros que pautan los estados an&#237;micos de la trama. Si &lt;EM&gt;El caracol de Byron &lt;/EM&gt;se pasase al cine, tendr&#237;a que llevar m&#250;sica de Bernard Herrmann. 

Pero el cielo, el mar, el viento, la lluvia, los truenos, los rel&#225;mpagos, los acantilados, el pinar, el camino rojo, el fangal lleno de juncos, las islas de la bah&#237;a, los farallones, el faro abandonado, el acantilado, el barco hundido y la casa solitaria tienen tanto espesor e importancia como los propios personajes, respiran, est&#225;n tan vivos como ellos e incluso los empeque&#241;ecen y aturden, y al igual que ellos guardan tambi&#233;n sus propios y terribles secretos. Su presencia es densa, insistente, obsesiva. Esta consistencia de los elementos atmosf&#233;ricos y paisaj&#237;sticos (alegre, amenazante, melanc&#243;lica o tr&#225;gica, seg&#250;n el tono que acompa&#241;e en cada momento al desarrollo de la trama) es una de las marcas estil&#237;sticas de la novela. "Mir&#243; la casa unos segundos. Tuvo la impresi&#243;n de que era &#233;l el observado y la casa la que lo observaba a &#233;l... el tiempo parec&#237;a estar all&#237; amontonado sin haber sido vivido". 

Una suerte de cualidad m&#225;gica o po&#233;tica impregna toda la narraci&#243;n, en todas sus fases y circunstancias. Me refiero al lenguaje en su totalidad, al espacio, la atm&#243;sfera, las descripciones paisaj&#237;sticas, los objetos raros, los misterios sin soluci&#243;n, los homenajes al mundo del mar -con alusiones expl&#237;citas a Melville y su Moby Dick, y no tanto a Stevenson-, los olores y sabores de las ex&#243;ticas comidas, los fantasiosos nombres propios -la Isla Muerta, el penal de Arrancalobos, la Taberna Quitasue&#241;o- y, por supuesto, los personajes rotundos -Ces&#225;rea, Agapito, el Neme: uno de los mayores aciertos del texto-, desbordantes de humanidad, que est&#225;n contando y cont&#225;ndose historias continuamente -memorables la del temporal de las mu&#241;ecas de porcelana o la del tri&#225;ngulo de las Bermudas-, personajes que se pirran por fabular, por lo m&#237;tico, por la fantas&#237;a entreverada de realidad, que creen en la magia, que exhiben un uso del lenguaje culto y popular a la vez, tremendamente expresivo.

&lt;EM&gt;El caracol de Byron&lt;/EM&gt;, m&#225;s que una novela del mar, es una novela de la costa, una novela de acantilado. Con sus elementos de melodrama y follet&#237;n, con sus pasiones desatadas y sus historias fant&#225;sticas de serie B, con sus alusiones al cine cl&#225;sico de romance y misterio y, sobre todo, con su abundancia de palabras desusadas. Y aqu&#237; llegamos al final: porque algunos de los enigmas de la novela residen en las propias palabras. Las palabras tambi&#233;n tienen su consistencia, su peso, su olor y su secreto. La novela est&#225; llena de palabras escondidas entre la trama. No me refiero s&#243;lo a las numerosas palabras que nombran las cosas del mar, ni a la insistencia en ciertos nombres propios (hay un regodeo y un mantra de los nombres, Byron Bay, Byron Bay, los personajes los repiten constantemente, igual que en &lt;EM&gt;Rebeca&lt;/EM&gt; se pasaban todo el tiempo pronunciando la palabra m&#225;gica del nombre de la mansi&#243;n, Manderley...); hay por doquier una sobreabundancia de palabras raras y brillantes como formando parte de la estrategia po&#233;tica de la novela. No obstaculizan la lectura; el lector las entiende por su contexto aunque no las conozca, y el inter&#233;s por que avance la historia es tan grande que obliga a no detenerse y a dejarlas atr&#225;s. Pero si uno se para un momento a contemplarlas, descubre entonces una riqueza a&#241;adida al texto, y sospecha que tal vez se esconda ah&#237; el verdadero secreto de la novela: un tesoro de palabras inventadas -o tan raras que lo parecen-, neologismos, arca&#237;smos, localismos, nombres de cosas inveros&#237;miles aunque reales, usos po&#233;ticos (sustantivos adjetivados, adjetivos sustantivados)... Musicadero, olvidadero, melodiar, licor de Santa &#193;gueda, alferec&#237;a, dedillo de ni&#241;o, candiel, archibebe, montecristiano, malvino, nerea. Elijo unas pocas. Hay cientos de ellas. Como guijarros en la playa, recoja el lector las que quiera. Pero antes tendr&#225; que encontrar la novela. P&#233;simamente distribuida en librer&#237;as, le ser&#225; m&#225;s dif&#237;cil hallarla que unas trufas en el claro de un bosque. 

.

&lt;STRONG&gt;(RAFAEL R. COSTA, &lt;EM&gt;El caracol de Byron&lt;/EM&gt;. Donostia/San Sebasti&#225;n, Fundaci&#243;n Kutxa, 2004)

(RICARDO PIGLIA, "Secreto y narraci&#243;n. Tesis sobre la &lt;EM&gt;nouvelle&lt;/EM&gt;", en VV AA, &lt;EM&gt;El arquero inm&#243;vil. Nuevas po&#233;ticas sobre el cuento&lt;/EM&gt;. Madrid, P&#225;ginas de Espuma, 2006)&lt;/STRONG&gt;

.






























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    <body>Es sabido que Borges no cre&#237;a en la originalidad. Borges cre&#237;a que escribir es igual a transcribir y que escritor es igual a copista. Que la literatura es un gran palimpsesto, un mosaico de citas en el que los autores y las obras se han ido construyendo a partir de los autores y las obras precedentes. La idea moderna de la originalidad art&#237;stica es un fraude. El amanuense (el escritor) nunca crea &lt;EM&gt;ex nihilo&lt;/EM&gt; sino que manipula un relato transmitido; lo refracta a trav&#233;s del prisma de su visi&#243;n y de su idiosincrasia. "Esto es", dice Edna Aizenberg en su estupendo &lt;EM&gt;El tejedor del Aleph&lt;/EM&gt;, "lo que podr&#237;a llamarse originalidad en Borges: la refracci&#243;n, intensificaci&#243;n y tergiversaci&#243;n de lo dado". 

Hay un cuento archifamoso que lleva al l&#237;mite esta idea, "Pierre Menard, autor del Quijote". Todos lo conoc&#233;is. Por eso traigo aqu&#237; otro quiz&#225; no tan citado, una hilarante delicia llamada "Homenaje a C&#233;sar Paladi&#243;n", perteneciente a las &lt;EM&gt;Cr&#243;nicas de Bustos Domecq&lt;/EM&gt; (1967) que Borges escribi&#243; junto con Bioy Casares. El cuento, como tantos otros de su producci&#243;n, adopta la forma de ensayo literario, m&#225;s bien una jocosa nota bio-bibliogr&#225;fica en la que nos enteramos de que, siendo c&#243;nsul argentino en Ginebra, Paladi&#243;n public&#243; en 1910 un libro titulado &lt;EM&gt;Los parques abandonados&lt;/EM&gt;, exactamente igual y de id&#233;ntico t&#237;tulo al que el poeta uruguayo Julio Herrera y Reissig hab&#237;a publicado dos a&#241;os antes. Un plum&#237;fero acus&#243; a Paladi&#243;n de plagio, pero nadie hizo caso a la extra&#241;a denuncia y nuestro h&#233;roe pudo seguir imperturbable su carrera: entre 1911 y 1919, sus mejores a&#241;os, public&#243; obras tan relevantes como &lt;EM&gt;El sabueso de los Baskerville&lt;/EM&gt;, &lt;EM&gt;De los Apeninos a los Andes&lt;/EM&gt;, &lt;EM&gt;La caba&#241;a del t&#237;o Tom&lt;/EM&gt;, &lt;EM&gt;Fabiola&lt;/EM&gt; o &lt;EM&gt;Las ge&#243;rgicas&lt;/EM&gt;. "La muerte lo sorprende en plena labor; seg&#250;n el testimonio de sus &#237;ntimos, ten&#237;a en avanzada preparaci&#243;n el &lt;EM&gt;Evangelio seg&#250;n San Lucas&lt;/EM&gt;, obra de corte b&#237;blico, de la que no ha quedado borrador y cuya lectura hubiera sido interesant&#237;sima". 

Paladi&#243;n ampli&#243; la idea cl&#225;sica de la cita ajena como fertilizadora de la obra propia. Y lo hizo hasta l&#237;mites no conocidos. Lleg&#243; a la osad&#237;a de escribir sus libros no a partir de una frase o una palabra (como los &lt;EM&gt;Cantos&lt;/EM&gt; de Pound a partir de la &lt;EM&gt;Odisea&lt;/EM&gt;, por ejemplo), sino a partir de una obra entera, "sin quitar ni agregar una sola coma, norma a la que siempre fue fiel [...] Desde aquel momento, Paladi&#243;n entra en la tarea, que nadie acometiera hasta entonces, de bucear en lo profundo de su alma y de publicar libros que la expresaran, sin recargar el ya abrumador &lt;EM&gt;corpus&lt;/EM&gt; bibliogr&#225;fico o incurrir en la f&#225;cil vanidad de escribir una sola l&#237;nea". 

La f&#225;cil vanidad de escribir una sola l&#237;nea. Hacer propios los libros de otros que expresen mi alma. Lo que desde el romanticismo se llam&#243; plagio. Pues resulta que Mercedes Abad acaba de publicar un interesante libro de cuentos construido par&#243;dicamente a partir de esta misma idea, que adem&#225;s de en Borges est&#225; en una hermosa novela de Tobias Wolff, &lt;EM&gt;Vieja escuela&lt;/EM&gt;. 

Dice Mercedes Abad en el pr&#243;logo:

 &lt;BLOCKQUOTE&gt;"&#191;No es siempre de otro la paternidad de una idea? &#191;Qui&#233;n puede estar seguro de ser el leg&#237;timo propietario de todas sus ideas? Nuestra presunta originalidad &#191;es algo m&#225;s que un espejismo provocado por una supina ignorancia? Cuando yo escribo un cuento, una novela o un poema, &#191;c&#243;mo puedo estar segura de que no se me ha adelantado nadie? &#191;C&#243;mo me atrevo a firmar el cuento o el poema, constituy&#233;ndome as&#237; en autora, antes de investigar a fondo la suma de todos los manuscritos que alguna vez se escribieron (la mayor parte de los cuales jam&#225;s vieron la luz o han sido destruidos u olvidados) para cerciorarme de que nadie se me haya adelantado en alg&#250;n per&#237;odo de la Historia? &#191;No podr&#237;a suceder que quienes nos proclamamos autores seamos usurpadores? &#191;No podr&#237;a ser que quien repite una obra preexistente enriquezca y mejore el original? [...] Si admitimos que un relato escrito por otra persona puede retratarnos de forma m&#225;s &#237;ntima y reveladora que aquellos que escribimos nosotros (y que por esa misma raz&#243;n nos pertenecen quiz&#225; m&#225;s que los que han salido de nuestra propia mente), &#191;no es hasta cierto punto l&#237;cito el robo de relatos ajenos? &#191;No deber&#237;amos defender y saludar esa clase de robo como una forma nueva de arte?"&lt;/BLOCKQUOTE&gt;

Tengo &lt;EM&gt;Media docena de robos y un par de mentiras &lt;/EM&gt;entre mis manos. Cada cuento est&#225; construido plagiando, dice Abad, el cuento de otro. Estoy empezando a disfrutar de sus apropiaciones indebidas. A m&#237; me resulta todo muy original. La rese&#241;a completa, otro d&#237;a.

.

&lt;STRONG&gt;(MERCEDES ABAD, &lt;EM&gt;Media docena de robos y un par de mentiras&lt;/EM&gt;. Madrid, Alfaguara, 2009)

(JORGE LUIS BORGES, "Homenaje a C&#233;sar Paladi&#243;n", en &lt;EM&gt;Obras completas en colaboraci&#243;n&lt;/EM&gt;. Barcelona, Emec&#233;, 1997)
&lt;/STRONG&gt;
.













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    <title>Borges, Mercedes Abad, la originalidad y media docena de robos</title>
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    <body>Cristina G&#225;lvez pertenece, junto a Jorge Rubio, Miguel &#193;ngel Zapata, Cristina Garc&#237;a Morales, Miguel &#193;ngel C&#225;liz, Jos&#233; Mar&#237;a y Ernesto P&#233;rez Z&#250;&#241;iga, Pilar Ma&#241;as, Alejandro Pedregosa, Alfonso Salazar, Pepa Merlo, Elena Sanjuanbenito, Jos&#233; Cruz, Jos&#233; Manuel Motos, Cristina Monteoliva, Valeria Tittarelli, Pablo Gij&#243;n, Miguel &#193;ngel Fern&#225;ndez Madrid, Olalla Castro o Gin&#233;s Cutillas a la generaci&#243;n de narradores y cuentistas que ha estallado en los &#250;ltimos a&#241;os en el panorama literario granadino. Si Granada fue siempre ciudad de poetas, ahora puede decirse que ya es tambi&#233;n ciudad de narradores. De narradores breves. 

La revitalizaci&#243;n del g&#233;nero cuent&#237;stico se ha extendido mal que bien por todo el pa&#237;s, al calor de Internet y de algunas editoriales que se han animado a cuidar comercialmente el cuento. Sin ser ajena a este proceso general, Granada ha desarrollado en torno al relato su particular &lt;EM&gt;movida&lt;/EM&gt;, con caracter&#237;sticas y resultados propios, que tienen que ver con su consolidada tradici&#243;n literaria, hasta convertirse en uno de los lugares donde m&#225;s intensa ha sido esta explosi&#243;n de cuentos. Adem&#225;s de ser la ciudad donde nacieron Guillermo Busutil y &#193;ngel Olgoso, es el teatro de operaciones de Andr&#233;s Neuman, donde ha desplegado su magisterio y escrito toda su obra, y donde prepar&#243; -con la complicidad de Juan Casamayor, editor comprometido con la causa- ese c&#243;ctel molotov llamado &lt;EM&gt;Peque&#241;as resistencias. Antolog&#237;a del nuevo cuento espa&#241;ol &lt;/EM&gt;(2002), el Castellet del relato breve de principios de siglo. Iniciativas como los premios Garc&#237;a Lorca de la UGR, la atenci&#243;n que presta al cuento el diario &lt;EM&gt;Ideal&lt;/EM&gt;, el proyecto de fomento de la lectura "Relatos para leer en el autob&#250;s" o los talleres "30 horas de relato breve" promovidos desde 2002 por el t&#225;ndem Miguel &#193;ngel Arcas-Andr&#233;s Neuman, son algunos ejemplos de la agitaci&#243;n que ha producido este movimiento. Y las editoriales. Si es raro hallarlas con dedicaci&#243;n sostenida al cuento, m&#225;s raro a&#250;n es encontrar dos de esta laya en una misma ciudad, como es el caso granadino de Traspi&#233;s (Miguel &#193;ngel C&#225;liz) y Cuadernos del Vig&#237;a (Arcas). Es Traspi&#233;s la que acaba de publicar &lt;EM&gt;Monstruos cotidianos&lt;/EM&gt;, el nuevo libro de Cristina G&#225;lvez.

El t&#237;tulo resume bien lo que el lector se encontrar&#225; al abrir sus p&#225;ginas: unos j&#243;venes chabolistas compran un sintetizador con el que tratan de tocar "B&#233;same mucho" en el metro; una pareja intercambia verdades e imposturas y los roles de verdugo y v&#237;ctima bajo el fuego graneado de lo que Roland Barthes llam&#243; "la escena amorosa"; un irritante cronopio se acerca peligrosamente a los hijos de sus amigos y es apartado de ellos; una treintea&#241;era desgrana, en los velatorios reales a los que acude, su propio cat&#225;logo &#237;ntimo de muertes imperceptibles (trabajos, novios, proyectos, sentimientos); una chica memoriosa comienza a perder su prodigioso don hasta olvidarlo todo y no tener m&#225;s que presente; un marido deja de ser el que era -un hombre conocido y tranquilizador- para convertirse en mono; un sastre se enamora delicada e imperceptiblemente de su cliente...

Los problemas de pareja, los desencuentros inevitables en la comunicaci&#243;n con los dem&#225;s, ciertas metamorfosis que lindan con (o incurren en) lo fant&#225;stico, el cat&#225;logo de m&#225;scaras, desestabilizaciones, ambig&#252;edades o incertezas que tienen que ver con el problema de la identidad, la dif&#237;cil experiencia de sentirse raro e inadaptado son algunos de los temas de fondo que asoman a lo largo del libro. Los monstruos escondidos en la cotidianidad o la cotidianidad como algo suavemente monstruoso.

La escritura es tersa, limpia, liviana, bienhumorada. Los cuentos carecen de prestidigitaciones, la trama es muy ligera, los argumentos no ocultan pliegues tramposos ni sorpresas ni juegos espectaculares y suceden m&#225;s en las mentes de los narradores (sujetos fr&#225;giles, problematizados, llenos de dudas y contradicciones) que en los propios hechos narrados.

El &#250;ltimo cuento, "La cotidianeidad de los monstruos", condensa quiz&#225; lo mejor del libro. La narradora arrastra consigo durante toda su vida un peque&#241;o monstruo secreto de grueso pelaje que corretea por los pasillos, se frota en los muebles, agita su parda cola y s&#243;lo ella ve. No sabemos qu&#233; es, de d&#243;nde viene, qu&#233; significa; no tiene nombre ni aspecto definido; quiz&#225; es una invenci&#243;n de la protagonista, como los fantasmas que cre&#237;a ver la institutriz del famoso cuento de Henry James. El peludo y esquivo monstruo la acompa&#241;a a lo largo de su vida como un doble, como una sombra, como el desdoblamiento corporeizado y bestial de su parte oscura e infantil, la parte secreta, la parte de los sue&#241;os y la imaginaci&#243;n que se resiste a desaparecer en medio de la vida cotidiana. Magn&#237;fico.

Cristina G&#225;lvez consigue mantener el inter&#233;s de sus historias sin perder nunca el tono amable y sonriente con que las aborda. Si asoma alg&#250;n drama se le quita hierro enseguida ("Nada relevante, pero la sensaci&#243;n de p&#233;rdida es dif&#237;cil de disimular", dice uno de los personajes) por el procedimiento de llevarlo a lados blandos y desprovistos de aristas, y si un respetable ciudadano -por ejemplo- resulta esconder en su interior un terrorista, sus sabotajes consistir&#225;n en meter cronopiamente az&#250;car y hormigas en los sobres junto con las papeletas electorales los d&#237;as de votaci&#243;n. Cosas as&#237;. Es la marca del libro: ligereza, falta de solemnidad, buen humor, tono menor, conversacional, &#237;ntimo, casi susurrado. Y uno se lleva consigo estos monstruos cotidianos, esta presencia bienhechora, y los coloca en la biblioteca como esos dioses lares que protegen las casas de las maldades humanas. Pues Cristina G&#225;lvez se ha atrevido a desafiar nada menos que a Andr&#233; Gide, y su galer&#237;a de monstruos y su alegre escritura demuestran algo tan dif&#237;cil como olvidado: que con buenos sentimientos tambi&#233;n se puede hacer buena literatura. 

.

&lt;STRONG&gt;(CRISTINA G&#193;LVEZ, &lt;EM&gt;Monstruos cotidianos&lt;/EM&gt;. Granada, Traspi&#233;s, 2008)&lt;/STRONG&gt;

.

&lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;&lt;STRONG&gt;(Cr&#237;tica) (Libros de cuentos)&lt;/STRONG&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/STRONG&gt;

.











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    <title>Gabinete de monstruos de Cristina G&#225;lvez</title>
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    <body>Un escritor que sabe c&#243;mo se llaman las cosas tiene salvada la mitad del alma. Eso dec&#237;a Garc&#237;a M&#225;rquez hablando de Merc&#232; Rodoreda y eso digo yo de V&#237;ctor Garc&#237;a Ant&#243;n, pues sus cuentos est&#225;n llenos de cosas y &#233;l sabe los nombres, bastoncillos de algod&#243;n, hilos dentales, muros de carga, vigas maestras, tomas de luz, chalecos reflectantes, marmolistas, arboladuras, volquetes, pastillas de freno, curvas de nivel: en sus cuentos hay un peso y un amor de las palabras, como un paladeo respetuoso de las palabras que nombran las cosas, y eso me gusta.

&lt;EM&gt;Nosotros, todos nosotros&lt;/EM&gt; (Gens, 2008) se llama su &#250;ltimo y recomendable libro de cuentos. Es un libro tan ligero como s&#243;lido, tan flexible como contundente. Como esos jugadores que lo apuestan todo sin levantar demasiado la voz, el autor ha compuesto un libro que creo personal, valiente, humilde, serio. Contiene cuentos memorables, pero por encima de las individualidades me queda la sensaci&#243;n de haber asistido al despliegue modesto y firme de eso que llaman "mirada", "mundo narrativo".

&#191;C&#243;mo construye Garc&#237;a Ant&#243;n sus relatos? A partir de una imagen y a partir de una voz. Nada m&#225;s. Sus cuentos no tienen apenas argumento, no hay tramas ni trucos ni puntos de giro ni sorpresas retrospectivas. El tiempo es el de la mente de los narradores: o est&#225; detenido o gira sobre s&#237; mismo. Las cartas se ponen sobre la mesa desde el principio. Se juega limpio. A partir de una imagen surge una met&#225;fora, la met&#225;fora es masticada, hipertrofiada, abordada repetida y obsesivamente por la voz narrativa en su intento de explicaci&#243;n, en espiral, en c&#237;rculos, en oleadas, una y otra vez, hasta que todas las preguntas han sido planteadas y ninguna respondida, y entonces termina el cuento. 

Queda del lado del lector averiguar qu&#233; metaforizan (de qu&#233; son metonimia) las im&#225;genes sobre las que se construyen estos cuentos. Pero no se apure el lector: como son sencillos y sin trampas, contienen cada uno su propio mecanismo de interpretaci&#243;n. 

Sin estar ubicados ni en el realismo ni en lo fant&#225;stico, los cuentos de Garc&#237;a Ant&#243;n exploran las posibilidades narrativas de im&#225;genes cercanas a lo absurdo o bien son la exacerbaci&#243;n de una determinada voz interior, una voz que en cualquiera de sus modulaciones (sarc&#225;stica o tierna) experimenta siempre alguna clase de desamparo, de fragilidad, de anhelo de fusi&#243;n con el mundo a la vez que un rechazo del mundo. En el relato que da t&#237;tulo al libro el narrador teme haber dejado de ser imprescindible para la mujer con la que convive, pero este temor est&#225; concretado en im&#225;genes: unas tijeras de cortar el pelo, una puerta cerrada, un grifo abierto; en "La estela de las mujeres" es la imagen deliciosa de las bicicletas recorriendo, o m&#225;s bien volando por las calles de la ciudad, la que concreta las vagas e inaprensibles relaciones entre las mujeres y los hombres; en "En lo alto de la higuera" el &#225;rbol metaforiza la dif&#237;cil comunicaci&#243;n entre los seres humanos, la necesidad de no estar solo, las soledades contiguas de los que conviven; y en "&#218;ltimas palabras a mi padre" el narrador homenajea a su padre muerto con lo &#250;nico que puede regalarle, lo &#250;nico de lo que est&#225; orgulloso, su talento para escribir, para escribirle un epitafio, y se pregunta angustiosamente si lo habr&#225; escrito bien.

"Un tigre de Bengala" es un cuento ejemplar, por s&#237; mismo y en tanto que ep&#237;tome del mundo narrativo de su autor. El narrador se pregunta una y otra vez qu&#233; le falta para ser un verdadero tigre de Bengala. Le dicen que &#233;l ya lo es, que es igualito a ese tigre pero &#233;l sabe que no es verdad, lo imita muy bien pero a&#250;n le falta para serlo verdaderamente. No est&#225; seguro y le pregunta a su padre, el patr&#243;n del circo, si lo hace bien. Necesita la aprobaci&#243;n del padre y sabe al mismo tiempo que su padre no le va a ayudar nunca a ser lo que quiere ser. "He resuelto abandonarlo todo y hacer de los tigres mi &#250;nica familia", dice el narrador. "Me he dado cuenta de que bajo esta carpa, con este patr&#243;n que tenemos, no iba yo a conseguir nunca ser un verdadero tigre de Bengala". De modo que se escapa a la casa de las fieras, donde est&#225;n los verdaderos tigres, "sin dejar ni un instante de aprender y de mirarlos, porque lo &#250;nico que quiero es que me acepten". Pero ay, los verdaderos tigres, los que mejor y m&#225;s convincentemente rugen, tambi&#233;n resultan ser unos impostores, y este descubrimiento hace del aspirante a tigre un poco m&#225;s tigre... La met&#225;fora resulta encantadora y se explica por s&#237; sola. Cada lector podr&#225; particularizarla a su gusto (a m&#237; me gusta pensarla en t&#233;rminos de &lt;EM&gt;convertirse uno en escritor&lt;/EM&gt;). 

Una &#250;ltima apreciaci&#243;n: el t&#237;tulo del libro se condice muy bien con todo lo expuesto. Es un t&#237;tulo fuerte, no complaciente. Por un lado apela a los lectores mediante una f&#243;rmula inclusiva, una f&#243;rmula p&#250;blica que rechaza el yo solipsista y apuesta por el "nosotros" colectivo, y por otro habla de esa multitud que cada uno somos, de todos los yoes que tenemos escondidos y que pululan equ&#237;vocamente bajo esa precaria m&#225;scara que llamamos identidad. 

.

&lt;STRONG&gt;(V&#237;ctor Garc&#237;a Ant&#243;n, &lt;EM&gt;Nosotros, todos nosotros&lt;/EM&gt;. Madrid, Gens, 2008. Pr&#243;logo de Medardo Fraile) 
&lt;/STRONG&gt;




















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    <title>V&#237;ctor Garc&#237;a Ant&#243;n y nosotros</title>
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    <body>Augusto Monterroso y B&#225;rbara Jacobs editaron a principios de los noventa su inolvidable &lt;EM&gt;Antolog&#237;a del cuento triste&lt;/EM&gt;. All&#237; descubr&#237; o rele&#237; algunos de los m&#225;s tristes cuentos de los autores m&#225;s tristes, pero no hab&#237;a ninguno de Merc&#232; Rodoreda.

Ahora la editorial Edhasa acaba de publicar en un solo volumen una summa de todos sus libros de cuentos, desde &lt;EM&gt;Veintid&#243;s cuentos &lt;/EM&gt;hasta &lt;EM&gt;Parec&#237;a de seda y otras narraciones&lt;/EM&gt; (1978) o el alucinante y surrealista &lt;EM&gt;Viajes y flores &lt;/EM&gt;(1980). Si Rodoreda es apreciada y conocida sobre todo como novelista (&lt;EM&gt;La plaza del Diamante&lt;/EM&gt;), tengo que decir que sus cuentos, con su lectura todav&#237;a caliente en mi coraz&#243;n como una gallina reci&#233;n sacrificada, son -me parecen- todav&#237;a mejores, mucho mejores. 

Por ejemplo, los que componen su primer libro de ficci&#243;n breve, &lt;EM&gt;Veintid&#243;s cuentos&lt;/EM&gt; (Premi Victor Catal&#224; 1957), magn&#237;ficamente recreado en lengua castellana por Ana Maria Moix. T&#237;tulo salingeriano tras el que se esconden como flores en un estuche los cuentos m&#225;s tristes y m&#225;s hermosos que he le&#237;do en mucho tiempo, los m&#225;s arrebatadamente melanc&#243;licos, los m&#225;s perfectos, los m&#225;s emocionantes.

Es sorprendente ver c&#243;mo Ant&#243;n Ch&#233;jov, Katherine Mansfield y Carson McCullers, sus atm&#243;sferas y sus temas, vagan de un lado a otro por este libro, tambi&#233;n repleto de historias livianas donde no sucede casi nada, aunque s&#237; anhelos, dudas, fantas&#237;as, desolaciones, remembranzas. Pero m&#225;s a&#250;n lo es intuir que Merc&#232; Rodoreda se adelanta y comparte tantas cosas con la obra de la canadiense Alice Munro (cuyos cuentos sobre mujeres inteligentes, sensibles, corajudas y perdedoras Rodoreda no pudo -claro- llegar a leer, pero con los cuales tiene una misteriosa cercan&#237;a). 

Las mujeres protagonistas de la mayor&#237;a de estos veintid&#243;s relatos sufren por ser mejores que su m&#237;sero entorno, por ser m&#225;s l&#250;cidas, obsesivas y desligadas, por amar o querer ser amadas a toda costa, por observarlo todo con minuciosa fijeza, por dar nombre a cosas que a&#250;n no lo tienen, por fantasear rebeldemente vidas distintas de las que les ha tocado vivir, y cada uno de los cuentos busca y encuentra la herida por donde supura el drama &#237;ntimo de los personajes y hurga en ella hasta que brota por entero toda la historia. (Mujeres heridas, a&#241;ado, por un mundo todav&#237;a de hombres, heridas por el exilio republicano de la guerra civil, heridas por la pobreza de la posguerra mundial, aunque nada de eso asoma por los cuentos sino que flota a lo lejos como un paisaje invisible). 

En "La sangre" la narradora cuenta con delicada precisi&#243;n los insidiosos venenos de celos y culpas con los que se ech&#243; a perder su vida matrimonial; en "Aguja enhebrada" una costurera soltera, madura y solitaria fantasea las otras vidas que pudo haber tenido mientras hilvana los encajes de un vestido; en "Verano" una muchacha siente una gran pena "sin saber exactamente por qu&#233;"; en "Gallinas de Guinea" el ni&#241;o Quimet presencia en el mercado el horrible sacrificio de unas gallinas, y esa visi&#243;n resulta un aviso estremecedor de lo que ser&#225; la vida adulta; en "Tarde de cine" una novia escribe en su diario sus oscuras intuiciones respecto a la triste vida futura que imagina junto con su prometido; en "Novios" asistimos a una deliciosa y pueril pelea entre adolescentes; en "Antes de morir" sucede una obsesi&#243;n rom&#225;ntica y suicida, un tri&#225;ngulo amoroso entre una joven casada, su marido y la antigua amante de este, vampirizadora, destructora, nunca olvidada, presente como un fantasma en las viejas cartas guardadas por el marido...

La l&#237;mpida prosa impresionista de Rodoreda, entroncada sin duda con la de Katherine Mansfield aunque m&#225;s ordenada, m&#225;s racional, m&#225;s luminosa, dirige con maestr&#237;a las narraciones sin dejar de intercalar en todo momento r&#225;fagas de im&#225;genes, reflexiones, olores y sabores. Esta capacidad de "colorear" los cuentos forma parte del estilo inconfundible de Rodoreda. Su dominio de la t&#233;cnica de la descripci&#243;n es portentoso, capaz de rivalizar con la de cl&#225;sicos como Turgu&#233;niev. 

Como ejemplo del estilo de Rodoreda, un peque&#241;o fragmento de la descripci&#243;n de la agon&#237;a de la gallina reci&#233;n sacrificada en el mercado:

&lt;EM&gt;(Se qued&#243; un momento con el pico abierto y un violento jadeo hizo que las plumas del pecho ondeasen. Despu&#233;s se le cerr&#243; s&#250;bitamente el pico y se le volvi&#243; a abrir, despacio: la lengua, delgada y puntiaguda como un pistilo, palpitaba indefensa. Aquella gallina tardaba mucho en morir. Cuando Quimet pensaba "se acab&#243;", mov&#237;a de nuevo las alas; las abr&#237;a lentamente, las bat&#237;a con furia y la brusca ventada hac&#237;a bailar la hilera de las gallinas colgadas. De repente, empez&#243; a gritar: era un &#250;ltimo grito de auxilio dirigido a los campos, al cielo azul, al espacio inundado de luz y de polen, surcado de p&#225;jaros. Pero los p&#225;rpados de la gallina se levantaban, firmes, y detr&#225;s de aquella cortina m&#243;vil los ojos estaban ya vidriosos...) 

&lt;EM&gt;Maravillosamente triste Merc&#232; Rodoreda.

&lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;Merc&#232; Rodoreda, Cuentos, Barcelona, Edhasa, 2008. Varios traductores.
&lt;/EM&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/EM&gt;

&lt;EM&gt;&lt;EM&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;



&lt;/EM&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/EM&gt;</body>
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    <body>&lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Un feliz azar me llev&#243; a la novela de Rafael Rodr&#237;guez Costa. Cuando la tuve en las manos fue como si hubiera hallado un tesoro escondido o penetrado en el umbral de un secreto. Si ya me pareci&#243; extraordinario encontrarla, pues no parece haber librer&#237;a en el mundo que sepa de su existencia, figuraos la emoci&#243;n que me produjo su lectura al darme cuenta en cada p&#225;gina, en cada p&#225;rrafo, en cada palabra, entre incr&#233;dulo y tembloroso, que all&#237; hab&#237;a una novela magn&#237;fica. Su t&#237;tulo: &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;El ni&#241;o que quiso llamarse Paul Newman&lt;/I&gt;. La novela existe, no me la he inventado. Recibi&#243; el Premio Onuba en 2005. Su distribuci&#243;n ha sido escasa y me temo que ce&#241;ida a la provincia de Huelva. Una parte de m&#237; quisiera apropi&#225;rsela, como descubridor del tesoro; la otra, gritarlo a los cuatro vientos, para que se sepa. &lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Un hombre trata de encontrar una raz&#243;n para vivir mediante el ejercicio diario de la memoria y la imaginaci&#243;n. No se trata de un juego, sino de una necesidad imperiosa, dolorosa. El hombre naufraga en el alcohol y en el fracaso personal y familiar, y la pantalla vac&#237;a del ordenador es su magdalena proustiana, su tabla de salvaci&#243;n, de modo que una y otra vez acude a ella para ayudarse a escribir un retazo de su infancia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Florece entonces ante nuestros ojos la vida provinciana y sure&#241;a del pen&#250;ltimo franquismo. Barrio de Navidad de la ciudad de Huelva, el r&#237;o Odiel todav&#237;a salvaje, los ni&#241;os desharrapados haciendo guarrer&#237;as en los descampados, las cr&#237;as de gato puestas en las v&#237;as del tren para verlas reventar, la ginebra de naranja marca Arp&#243;n, la pobreza compartida y cantada, los membrilleros en los patios de las casas mugrientas, los cines de verano en la plaza de toros, con sus salamandras retorci&#233;ndose sobre los precarios blancos de la pantalla, las cometas, los ajos y los pimientos de las frituras baratas, las bocas llenas de vinagre de los ni&#241;os castigados por traviesos, las maletas de cart&#243;n negro de los ni&#241;os listos que estudiaban con los curas. &#8220;Se com&#237;a poco pero se re&#237;a mucho, la risa era m&#225;s gorda, los d&#237;as eran m&#225;s consistentes y las noches eran tambi&#233;n m&#225;s consistentes&#8221;. &lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Como las aventis narradas como conjuros m&#225;gicos en la Barcelona de las novelas de Juan Mars&#233;, nuestro pobre, solitario y fantasioso ni&#241;o protagonista se hace llamar Paul Newman, es decir, intenta desesperadamente reinventarse, proyectarse con la imaginaci&#243;n hacia mundos luminosos y distintos. &#8220;Si no hac&#237;a viento, un caballo invisible relinchaba a los pies de la cama, y yo me levantaba y lo montaba. Y recorr&#237;amos pa&#237;ses de &#193;frica. Y yo era feliz&#8221;. La imaginaci&#243;n del ni&#241;o protagonista es su deseo puesto en movimiento. El t&#237;tulo de la novela repara en ese exacto punto de alquimia e imposibilidad: querer cambiarse nada menos que el propio nombre, aquello que se&#241;ala nuestra identidad, e inventarse otra diferente a partir de un nombre nuevo. Pero la propia elecci&#243;n del nombre, Paul Newman, revela la entra&#241;able ingenuidad del intento y prefigura su casi seguro fracaso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Uno de los hallazgos mayores de la novela es la creaci&#243;n de un personaje inolvidable, un rotundo personaje novelesco que ya forma parte de mi memoria de los ilustres: la abuela Mar&#237;a. Inventora y transmisora de historias, vividora y rezongona, altiva en su desgracia, es la que inyecta el veneno narrativo en su nieto adem&#225;s de su gusto por el vino, es decir, es la que marca los trazos de su destino adulto. De la mano de la abuela Mar&#237;a las escenas maravillosas se suceden sin tregua: el milagroso remedio de aguardiente, letan&#237;a y monedas contra la indigesti&#243;n, la historia de la muerta que se muri&#243; dos veces, el monstruo inenarrable llamado la Mamarracha, el terror de las visiones nocturnas, la visita insidiosa de los parientes del pueblo, la reuni&#243;n con el cruel cura para decidir los estudios del ni&#241;o. En el camino hay multitud de peque&#241;os detalles llenos de inteligencia, servidos por un lenguaje vivaz, expresivo, c&#225;lido, preciso, a veces duro y seco, a veces l&#237;rico y metaf&#243;rico, y es tan interesante todo lo que se cuenta y est&#225; tan bien entrelazado y pintado que uno no puede dejar nunca de leer, atrapado en las p&#225;ginas de la novela, pegado con el pegamento de la imaginaci&#243;n a aquel mundo de la barriada Navidad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;(El t&#237;o Quico apur&#243; su cigarro, se levant&#243; torpemente y se fue de nuevo al v&#225;ter. Lo o&#237;mos mear. Mientras tanto, las tres mujeres y yo guardamos silencio pero no pensamientos. Nuestros pensamientos se confund&#237;an unos a otros, era como si en el aire de toda la casa los pensamientos se encontraran y se enfrentaran, como si hubi&#233;semos desordenado el aire con nuevas mol&#233;culas, y el polvo y hasta los objetos, porque algunos vasos que estaban encima del armario empezaron a vibrar, y cucharas y tenedores que estaban en un caj&#243;n comenzaron a rozarse unos con otros y pod&#237;amos o&#237;rlo. Y hab&#237;a una tensi&#243;n muy grande y ninguno pod&#237;amos hablar. Suerte que el t&#237;o Quico termin&#243; de mear y apareci&#243;, balance&#225;ndose como una cuna, y dej&#243; caer encima de la mesa una cartera negra sujeta con una gomilla verde, y esa cartera conten&#237;a cincuenta mil pesetas.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/I&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;No revelo el pesadillesco y cat&#225;rtico final. Como dec&#237;a Mario Muchnik hablando de &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;De parte de la princesa muerta&lt;/I&gt;, esta novela es una novela-llanto: imposible no emocionarse en alg&#250;n momento, imposible no tener que echarse las manos a los ojos h&#250;medos cuando se termina el &#250;ltimo cap&#237;tulo, la &#250;ltima p&#225;gina, como cuando encienden las luces del cine y nos quedamos mir&#225;ndonos torpemente los unos a los otros y no hay m&#225;s remedio que salir a la calle y continuar viviendo. &lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;







 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;



&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;STRONG&gt; &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;(Rafael R. Costa, &lt;EM&gt;El ni&#241;o que quiso llamarse Paul Newman&lt;/EM&gt;, Huelva, Onuba, 2005)&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/SPAN&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

&lt;/STRONG&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



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    <title>El ni&#241;o que quiso llamarse Paul Newman</title>
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    <body>Reci&#233;n vuelto de Grecia, decidido a quitarme la melancol&#237;a y a saber qu&#233; clase de viajero soy seg&#250;n Laurence Sterne, releo el &lt;EM&gt;Viaje sentimental por Francia e Italia&lt;/EM&gt;, en una nueva (2006) y hermosamente editada traducci&#243;n de Max Lacruz Bassols para su fina editorial Funambulista. (Esta es la edici&#243;n que recomiendo y no la mala traducci&#243;n que le&#237; hace a&#241;os y que todav&#237;a veo dando tumbos en ediciones de bolsillo por ferias y librer&#237;as de viejo. La traducci&#243;n de Alfonso Reyes est&#225; reeditada -y lejos- en M&#233;xico, Fondo de Cultura Econ&#243;mica.)

Escrito poco antes de que los rom&#225;nticos empezaran a hacer turismo masivo por toda Europa (se public&#243; en 1768), el &lt;EM&gt;Viaje sentimental &lt;/EM&gt;sigue siendo ese texto inteligente, ligero y encantador, ese texto presidido por el humor y la iron&#237;a cuya estructura es una deliciosa miscel&#225;nea ensay&#237;stico-novel&#237;stica que contiene parodias de cartas, fragmentos narrativos, retratos de personajes, pintura de escenas, reflexiones, aforismos, miniaturas. Viaje ficcionalizado, novela-ensayo, ejemplar inaugural de su especie: el moderno libro de viajes. 

Es notable la cantidad de ideas que aparecen aqu&#237; por primera vez. Conceptos invisibles para nosotros de puro metabolizados. Por ejemplo, la idea de la bondad del viaje como aprendizaje de la tolerancia: "los viajes nos permiten conocer hombres y costumbres distintos y nos ense&#241;an la mutua tolerancia. Y la mutua tolerancia nos ense&#241;a la mutua estimaci&#243;n". O la idea del viaje "vital" y no "cultural". Yorick no va en busca de ruinas e iglesias sino que quiere "experiencias", emociones, mezclarse con la gente, con "la vida": "y por esta raz&#243;n no he visto el Palais Royal, ni el Luxembourg, ni la fachada del Louvre, ni me he preocupado de aumentar los cat&#225;logos que ya poseemos de cuadros, estatuas e iglesias de Francia... mi viaje es en realidad un viaje del coraz&#243;n en busca de emociones."

El viajero sentimental es el viajero de la aventura individual y subjetiva. Ha descubierto que el viaje agudiza sus sentidos y lo predispone a abrirse confiado a las novedades. Una mezcla de curiosidad, buen humor y atenci&#243;n a los detalles ser&#225; su estilo viajero. Saludar&#225; las contingencias, por min&#250;sculas o fastidiosas que sean, que le pueda deparar el viaje. Estar&#225; atento a ellas. Su fantas&#237;a har&#225; engrandecer e intensificar las an&#233;cdotas (a veces irrisorias) que van saliendo a su paso. Una historia galante, por ejemplo. S&#237;: es el primer texto moderno en que se habla de la actitud espiritual en que nos sumerje el viaje. "&#161;Qu&#233; gran volumen de aventuras puede captar en tan breve espacio de vida el que se interesa en todas las cosas, y con los ojos bien abiertos a lo que el tiempo y azar siempre le ofrecen, no desperdicia en su viaje nada de lo que sus manos pueden asir!"

Sterne (que redact&#243; el &lt;EM&gt;Viaje sentimental &lt;/EM&gt;bajo el influjo del loco enamoramiento de una mujer casada, y que morir&#237;a solo y abandonado a los dos meses de su publicaci&#243;n) rechaza a esos amargados que pretenden haberlo visto todo, que todo lo critican y que anuncian la esterilidad de las cosas, a los que viajan en l&#237;nea recta, a esos pedantes que no ven m&#225;s que incomodidades y que pretenden trasladar su propio mundo a los mundos que visitan. Pues el viajero sentimental est&#225; siempre de buen humor, dispuesto a tomar las cosas como vienen. Va en alegre y confiada busca de &lt;EM&gt;lo otro&lt;/EM&gt;: "un ingl&#233;s no viaja para ver ingleses", dice. Observa minucias, por ejemplo minucias ling&#252;&#237;sticas: una expresi&#243;n cazada a un peluquero le sirve para abordar una breve y aguda reflexi&#243;n sobre las diferencias entre la lengua inglesa y francesa, entre el sensato empirismo ingl&#233;s y la gala tendencia a lo sublime "que promete m&#225;s que da."

El viajero sentimental es tambi&#233;n el primer mir&#243;n, el primer &lt;EM&gt;fl&#226;neur&lt;/EM&gt;: "permanec&#237; alg&#250;n tiempo a la puerta del hotel mirando a la gente que pasaba y haciendo conjeturas acerca de ella". El primer aventurero: "el hombre que teme o desde&#241;a entrar en un sitio oscuro podr&#225; ser una excelente persona, capaz de cien cosas, pero nunca ser&#225; un perfecto viajero sentimental". Y un lig&#243;n que se pasa todo el viaje intentando seducir a damiselas de los lugares por donde va. Y, por supuesto, llevar&#225; consigo la vieja fascinaci&#243;n de los ingleses por Francia, llena de resquemor y suspicacias, creadora de t&#243;picos: "los franceses conciben mejor que perciben". "Los franceses son leales, galantes, generosos, ingeniosos y de buen car&#225;cter... si alg&#250;n defecto tienen, es el de ser demasiado serios". 

En su famosa y graciosa lista, tantas veces citada y todav&#237;a vigente, Sterne agrupa las clases de viajeros seg&#250;n viajen por necesidad, por enfermedad del cuerpo o por imbecilidad de la mente. Est&#225;n los viajeros simples, los viajeros ociosos, los viajeros curiosos, los viajeros mentirosos, los viajeros orgullosos, los viajeros vanidosos, los viajeros melanc&#243;licos, los viajeros delincuentes, los viajeros malvados, los viajeros desgraciados, los viajeros inocentes, los viajeros simples y, por &#250;ltimo, los viajeros sentimentales. El autor de Tristram Shandy engrosa &#233;l mismo otra lista, la de los conspicuos escritores tard&#237;os, pues empez&#243; a publicar a los cuarenta y cinco a&#241;os. Siempre que alg&#250;n amigo escritor que a&#250;n no ha publicado me dice "pero ad&#243;nde voy yo a mi edad con mi manuscrito" le contesto: acu&#233;rdate de Sterne. 









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