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    <body>1

La pereza de la edad comienza a pesarnos el d&#237;a en que uno se plantea lo trabajoso que resultar&#237;a volverse a enamorar.

2

S&#243;lo se es joven en amor. Y s&#243;lo en amor loco se es ni&#241;o.

3

El sexo en los viejos parece obsceno cuando no se es viejo, como los milagros parecen falsos cuando no se han visto.

4

A veces, lo que m&#225;s nos gusta en la primera vez es el hecho de jurarnos que ser&#225; la &#250;ltima.

5

La piedad se parece m&#225;s a la verdadera compasi&#243;n que la compasi&#243;n a s&#237; misma, porque la piedad no desde&#241;a.

6

Aplazar los asuntos es una manera de matarlos despacio.

7

Diferir las obligaciones es un sistema para cumplir con ellas, permiti&#233;ndoles que no se cumplan nunca.

8

M&#225;s que perdonar los defectos ajenos, lo que hacemos es hacer como que somos ajenos a esos defectos.

9

La madurez del pensamiento exige no tener verg&#252;enza de dar la raz&#243;n a veces a quienes nunca se la dar&#237;amos.

10

Cuando veo muy claro, tiendo a pensar que me equivoco, y me apago las luces.

11

El indefenso ante el mundo suele tener el arma de encontrar quien lo defienda.

12

Hay quien se cura en salud de los fracasos d&#225;ndose por fracasado.

13

La elocuencia es el vistoso hermano pobre del talento literario.

14

La cirug&#237;a de vivir, sin anestesia: que todo duela y se goce en su absoluto.

15

No se puede ser moralista sin ser algo soberbio, pero no se puede ser profundo sin ser algo moralista.

.

.

Carlos Marzal ha publicado sus primeros 123 aforismos en Cuadernos del Vig&#237;a bajo el t&#237;tulo de &lt;EM&gt;Electrones&lt;/EM&gt; y en una cuidad&#237;sima edici&#243;n. 

Leo en la contraportada: "Desde los primeros textos hipocr&#225;ticos pasando por Her&#225;clito o Pascal, Lichtenberg, Joubert, los rom&#225;nticos alemanes o Nietzsche, hasta llegar a Juan Ram&#243;n Jim&#233;nez y Bergam&#237;n, la tradici&#243;n del aforismo ha sido grande y espl&#233;ndida en la literatura y se ha mostrado m&#225;s que como un g&#233;nero, como la forma m&#225;s depurada del pensar po&#233;tico, una &lt;EM&gt;dimensi&#243;n figurativa del pensamiento&lt;/EM&gt; (as&#237; la llam&#243; el maestro Bergam&#237;n) cuyo destino no es otro que establecer un di&#225;logo amoroso con la incertidumbre. Entendido como un g&#233;nero minoritario, el aforismo es, sin embargo, una disciplina que ha enamorado a innumerables fil&#243;sofos y poetas, expresi&#243;n del pensamiento l&#237;quido, minuciosa, parad&#243;jica, en demasiadas ocasiones orillada en la clandestinidad literaria".

Los estupendos aforismos de Marzal operan por goteo y a manta, es decir, por iluminaci&#243;n s&#250;bita y por lenta impregnaci&#243;n de su mirada y su voz: los hay metaf&#237;sicos, sombr&#237;amente introspectivos, metaliterarios, aunque creo ver en la mayor&#237;a de ellos una luz vitalista y alegre que lo impregna todo. 

En un art&#237;culo publicado hace un par de a&#241;os &lt;A id=link_0 title=http://www.elmundo.es/suplementos/campus/2007/481/1174490936.html href="http://www.elmundo.es/suplementos/campus/2007/481/1174490936.html"&gt;Marzal se explica&lt;/A&gt;: "Los aforismos son, en el &#225;mbito de la prosa literaria de car&#225;cter filos&#243;fico, lo que las p&#237;ldoras en el universo de la enfermedad: brevedades medicinales, lac&#243;nicos intentos de curaci&#243;n. &#191;De curaci&#243;n de qu&#233;? De todo y de nada: del mal del mundo, de nosotros mismos y nuestras hipocondr&#237;as, de la vida al completo... El breve entre lo breve no es un apunte, ni una anotaci&#243;n, ni una par&#225;frasis. M&#225;s all&#225; de un par de l&#237;neas, como mucho, parece que el aforismo se desvirt&#250;a. Si se expande, se disuelve en el aire, por m&#225;s que &#233;l mismo parece estar hecho de aire, de levedad grave... Entre los amargos nadie deber&#237;a perderse a La Rochefocauld, a Chamfort, a Cioran... entre los dulces, hay que volver siempre a Joubert..."

Hay que volver siempre a Marzal.

.

&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#cc0000&gt;[CARLOS MARZAL, &lt;EM&gt;Electrones&lt;/EM&gt;. Granada, Cuadernos del Vig&#237;a, 2007]&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;

.



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    <title>Electrones de Carlos Marzal</title>
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    <body>&lt;BLOCKQUOTE&gt;Llevaba un mes caminando cuando fij&#233; mi atenci&#243;n en un hombre que se me acercaba. Repar&#233; en &#233;l porque no hab&#237;a nadie m&#225;s en la acera y porque era como yo: una envoltura anodina con algo febril dentro. Aunque hab&#237;a sitio de sobra para los dos, se ve&#237;a a la legua que &#237;bamos directos el uno hacia el otro, igual que era evidente -no sab&#237;a por qu&#233;- que el hombre no iba a modificar su camino. A falta de tres o cuatro pasos para el choque, y como obedeciendo a un automatismo, me apart&#233;. Sin dedicarme una mirada, el hombre pas&#243; limpiamente a mi lado.

Saqu&#233; un pl&#225;tano y una revista de mi bolsa en bandolera y me sent&#233; en un banco. No pude leer ni comer, mordido por la inquietud. &#191;Por qu&#233; hab&#237;a sido yo el primero en apartarse y no el otro, acaso lo llevaba escrito en la cara? Me levant&#233; de un salto como si el banco quemase y ech&#233; a andar por el Camino de Ronda. Desde que Mari Carmen me dej&#243; no hab&#237;a hecho otra cosa que caminar y caminar, sin hacer caso a las ideas negras que me rondaban, convencido de que tarde o temprano la encontrar&#237;a y podr&#237;amos hablar. Cumpliendo el plan previsto llegu&#233; sin novedad a Villarejo, di media vuelta y volv&#237; a desandarlo todo de nuevo, las aceras, los escaparates de las cafeter&#237;as, los portales abiertos. Ni rastro de Mari Carmen. Di una tercera vuelta. Nada. A mitad del cuarto intento volv&#237; a casa.

Una espina de extra&#241;eza se hab&#237;a incrustado en mi obsesi&#243;n por encontrarla como la avanzadilla de una obsesi&#243;n nueva y m&#225;s intensa. &#191;Qu&#233; me estaba pasando?

[...]

Y yo que siempre cre&#237; que ceder el paso era se&#241;al de distinci&#243;n. Que plegarse a la voluntad de los otros era un signo de superioridad, una sutileza propia de naturalezas elevadas. Qu&#233; enga&#241;ado estaba. La cortes&#237;a es un disfraz del miedo. Nadie con ideas claras enmienda su camino a no ser que otro m&#225;s poderoso lo obligue. El problema anidaba en m&#237;, en mis andares vacilantes que aceptaban como propio el deseo de los dem&#225;s, en el enga&#241;o que hac&#237;a pasar por gentileza lo que no era m&#225;s que d&#243;cil acatamiento.

Ah, hice descubrimientos formidables. Descubr&#237; que en una escalera siempre se aparta el que sube, no el que baja. Que hay personas de noble porte que llevan en la mirada el estigma de la sumisi&#243;n. Que dos peatones mandan sobre uno, y tres sobre dos, pero no cuatro sobre tres...

[...]

&lt;/BLOCKQUOTE&gt;Desde el uno de marzo los conductores de los autobuses urbanos de la ciudad de Granada regalan a quien lo pida mi cuento "El paseante", n&#250;mero 24 de la serie "Relatos para leer en el autob&#250;s" y &#250;ltimo n&#250;mero de su edici&#243;n 2008-2009. La edici&#243;n del cuento en formato librito -diecis&#233;is p&#225;ginas, doce mil ejemplares- ha quedado preciosa. Todos los cuentos de la presente edici&#243;n (que han ido public&#225;ndose por separado y reparti&#233;ndose en los autobuses urbanos de Granada mes a mes desde abril de 2008) se reunir&#225;n pr&#243;ximamente en el volumen colectivo &lt;EM&gt;Nuevos relatos para leer en el autob&#250;s, &lt;/EM&gt;editado por Cuadernos del Vig&#237;a, la responsable de la iniciativa. Son:

Francisco Ayala, "El fil&#243;sofo y un pirata"

Ana Mar&#237;a Moix, "Mi t&#237;a Bel"

Ignacio Mart&#237;nez de Pis&#243;n, "T&#250;nel de lavado"

Fernando Iwasaki, "Cuentos pasajeros"

Luis Mateo D&#237;ez, "El cielo enfermo"

Care Santos, "El olor del despertar"

Andr&#233;s Neuman, "El destornillador"

Clara Obligado, "Hombre con mujer en la cocina"

Juan Salido Vico, "La boca del lobo" / Javier Izcue, "Gettysburg, Zimmerman, dos mil ocho"

Miguel &#193;ngel C&#225;liz, "Emisoras de radio"

Cristina Garc&#237;a Morales, "El hadita"

Jes&#250;s Ortega, "El paseante"

.











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    <title>El paseante</title>
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    <body>Ayer pasaron muchas cosas. Ayer premiaron con el Cervantes a Juan Mars&#233;, un narrador cuya dedicaci&#243;n fundamental a la novela no le ha impedido escribir uno de los mejores cuentos que conozco, "Teniente Bravo". Ayer el tambi&#233;n novelista Fernando Aramburu, autor de un excelente libro de cuentos llamado &lt;EM&gt;Los peces de la amargura&lt;/EM&gt;, volvi&#243; a salir en defensa p&#250;blica del g&#233;nero narrativo breve en su &lt;A id=link_0 title=http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/24333/Pan_de_higo href="http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/24333/Pan_de_higo"&gt;Pan de higo&lt;/A&gt;, lo que desmiente esos legendarios desdenes que dicen que los novelistas tienen por los cuentistas. Me acord&#233; entonces de &lt;A id=link_0 title=http://ellaberintodenoe.blogspot.com/2008/11/manifiesto-por-el-cuento.html href="http://ellaberintodenoe.blogspot.com/2008/11/manifiesto-por-el-cuento.html"&gt;Esteban Guti&#233;rrez &lt;/A&gt;y de su manifiesto, porque ayer fue un d&#237;a de acumulaci&#243;n de pruebas celestes de que la promoci&#243;n y difusi&#243;n p&#250;blica del g&#233;nero cuent&#237;stico prosigue a buen ritmo. Me refiero a la entrega en Granada del Premio Relatos para leer en el autob&#250;s. 

&lt;A id=link_2 title=http://valeriatittarelli.wordpress.com/2008/11/27/entrega-de-premios-relatos-para-leer-en-el-autobus/ href="http://valeriatittarelli.wordpress.com/2008/11/27/entrega-de-premios-relatos-para-leer-en-el-autobus/"&gt;Valeria Tittarelli &lt;/A&gt;se adelant&#243; a dar la noticia, e incluso incluye en su blog las primeras frases de los cuentos ganadores. Hoy lo publica la &lt;A id=link_3 title=http://www.ideal.es/granada/20081128/cultura/navarro-catalan-premios-relatos-20081128.html href="http://www.ideal.es/granada/20081128/cultura/navarro-catalan-premios-relatos-20081128.html"&gt;prensa local&lt;/A&gt;. El premio forma parte del proyecto hom&#243;nimo Relatos para leer en el autob&#250;s, creado por el editor Miguel &#193;ngel Arcas con el objetivo de llevar la narrativa breve al espacio p&#250;blico. El jurado ha estado compuesto por Hip&#243;lito G. Navarro, Andr&#233;s Neuman y Guillermo Busutil. Los ganadores han sido Javier Izcue (Pamplona, 1965), con un cuento titulado "Gettysburg, Zimmerman, dos mil ocho", y &lt;A id=link_4 title=http://improntuario.blogspot.com/ href="http://improntuario.blogspot.com/"&gt;Juan Salido-Vico&lt;/A&gt; (Badalona, 1975), con "La boca del lobo". Los he le&#237;do, son dos cuentos excelentes. Se han editado en formato librito de 24 p&#225;ginas con dise&#241;o de &lt;A id=link_5 title=http://francisrequena.com/index.php href="http://francisrequena.com/index.php"&gt;Francis Requena&lt;/A&gt;, se ha hecho una tirada de 12.000 ejemplares en edici&#243;n no venal y se repartir&#225;n por todos los autobuses urbanos de la ciudad de Granada. 

&lt;A id=link_6 title=http://www.acceda.com/host/cuadernosdelvigia/colecciones.asp href="http://www.acceda.com/host/cuadernosdelvigia/colecciones.asp"&gt;Relatos para leer en el autob&#250;s&lt;/A&gt; -una iniciativa de la editorial Cuadernos del Vig&#237;a que no hubiera sido posible sin el patrocinio de diversas entidades p&#250;blicas y privadas- ha tenido tres ediciones hasta ahora, y en estos a&#241;os ha llevado gratuitamente a los usuarios del transporte p&#250;blico de las ciudades de M&#225;laga, C&#243;rdoba y Granada cientos de miles de ejemplares de cuentos de algunos de los mejores cultivadores del g&#233;nero. Han colaborado con la idea autores como Luis Mateo D&#237;ez, Jos&#233; Mar&#237;a Merino, Esther Tusquets, Ana Mar&#237;a Moix, Andr&#233;s Neuman, Antonio Soler, Ignacio Mart&#237;nez de Pis&#243;n, Eloy Tiz&#243;n, Mercedes Abad, Care Santos, &#193;ngel Olgoso, Felipe Ben&#237;tez Reyes, Clara Obligado, Fernando Iwasaki o el mism&#237;simo Francisco Ayala. 

Los cuentos desaparecen en d&#237;as. La gente se ha acostumbrado a subirse al autob&#250;s y pedirle un cuento al conductor. El cuento del mes. Luego se re&#250;nen o se reunir&#225;n todos en un &lt;A id=link_7 title=http://www.acceda.com/host/cuadernosdelvigia/colecciones.asp href="http://www.acceda.com/host/cuadernosdelvigia/colecciones.asp"&gt;libro&lt;/A&gt;. &#191;No es esta iniciativa -en su modestia y con sus limitaciones- una buena manera de promoci&#243;n p&#250;blica de la lectura, y de contribuci&#243;n al gusto por la lectura de cuentos? 









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    <title>Relatos para leer en el autob&#250;s</title>
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    <body>En los cuentos de &#193;ngel Olgoso la gente no toma caf&#233; ni se divorcia ni decide empezar de cero en otro lugar. No encontrar&#233;is las palabras mierda, &#233;xito, jodido o estr&#233;s, ni la expresi&#243;n "ya te vale". Sus protagonistas no se quedan callados frente a la ventana mientras reflexionan sobre la vida que huye: que yo sepa no termina as&#237; ning&#250;n cuento de Olgoso.

En &lt;EM&gt;Astrolabio&lt;/EM&gt; lo que hay son ristras de palabras sonoras y desusadas, como en Poe, Cunqueiro o Lovecraft. Vastedad, dulcedumbre, escalofr&#237;o, legua, esas cosas. Pero Olgoso no es un &lt;EM&gt;poseur&lt;/EM&gt;. No creo que lo suyo sea presumir de l&#233;xico ni hacerse el rancio para protestar contra el vulgo. En el sistema narrativo que ha inventado y que llamo los cuentos-taracea, las palabras resuenan extra&#241;amente apropiadas: marfiles incrustados en &#233;bano. Refulgen como piedras preciosas al tiempo que cumplen cada una su funci&#243;n en el mecanismo. Solo un tipo como &#233;l puede abarrotar un cuento de adjetivos o llamar a las nubes "almiares a&#233;reos" sin que resulte chocante o se resientan la tensi&#243;n o la intensidad de lo narrado. 

Hay en este libro una variedad ampl&#237;sima de situaciones maravillosas. No se abordan desde la orilla de la realidad o en contraposici&#243;n a ella, sino desde el cor&#225;z&#243;n mismo de la extra&#241;eza, all&#237; donde se encuentra la verdad de cada historia, como ped&#237;a Quiroga en su dec&#225;logo. Ocurre que para Olgoso solo lo excepcional es digno de ser contado. El arco de lo excepcional es ampl&#237;simo, casi interminable, y abarca inventos imposibles, desv&#237;os b&#237;blicos, historias de fantasmas, la reencarnaci&#243;n, dinosaurios, una mujer desnuda o el vuelo del p&#225;jaro elefante. 

Una de su mayores virtudes es que no exige necesariamente lectores familiarizados con las tradiciones de la literatura fant&#225;stica. Exige lectores atentos, eso es todo. Como dice F&#233;lix de Az&#250;a, todo artefacto literario es artificioso, pero no tiene por qu&#233; ser complejo. Es complejo aquello que requiere un conocimiento de c&#243;digos previos a su significado, y es sencillo aquello que lleva incorporado su propio c&#243;digo de descifrado, su manual de instrucciones. Creo que los cuentos de Olgoso son sencillos.

Olgoso pertenece a la rara estirpe literaria de los &#193;lvaro Cunqueiro, N&#233;stor Luj&#225;n o Joan Perucho, solo que m&#225;s especializado, m&#225;s obsesionado que ellos con las formas narrativas breves; y tambi&#233;n m&#225;s delgado (en esto se parece a Jos&#233; Mar&#237;a Merino), menos bebedor y menos viajado. La &#250;ltima maravilla salida de su gabinete se llama &lt;EM&gt;Astrolabio&lt;/EM&gt;: un fest&#237;n de literatura. Haceos con un ejemplar. Rechazad imitaciones. 

 .

 &lt;STRONG&gt;(&#193;NGEL OLGOSO, &lt;EM&gt;Astrolabio&lt;/EM&gt;, Granada, Cuadernos del Vig&#237;a, 2008)
&lt;/STRONG&gt;


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    <nicetitle>los-cuentos-taracea-angel-olgoso-astrolabio</nicetitle>
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    <title>Los cuentos-taracea de &#193;ngel Olgoso: Astrolabio</title>
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    <body>&#193;ngel Olgoso present&#243; ayer en Granada su &#250;ltimo libro de cuentos, &lt;EM&gt;&lt;/EM&gt;&lt;EM&gt;Astrolabio&lt;/EM&gt;, editado por Cuadernos del Vig&#237;a. Hab&#237;a en la sala un ambiente de acontecimiento y confabulaci&#243;n, una atm&#243;sfera de primeros cristianos. Entre el p&#250;blico cund&#237;a la expectaci&#243;n de estar a las puertas de algo que alg&#250;n d&#237;a ser&#237;a recordado como importante. Abarrotada la sala, con gente de pie y sentada en el suelo, lejos quedaban las modestas sillas semivac&#237;as de la presentaci&#243;n de su anterior libro el a&#241;o pasado. Algo est&#225; sucediendo o est&#225; a punto de suceder en torno a este escritor. 

Olgoso ley&#243; un magn&#237;fico ensayo sobre el cuento rebosante de pasi&#243;n y erudici&#243;n. Entre otras cosas dec&#237;a: "Creo que se puede contar una historia con palabras que tengan peso espec&#237;fico, con una prosa cuidada, exigente, depurada. Creo que se pueden conseguir resultados de una aterradora econom&#237;a y, a la vez, de una m&#225;gica fulguraci&#243;n. Si se hace bien, la extensi&#243;n breve magnifica las cosas peque&#241;as, las dota de un inmenso poder, hasta el punto de lograr que las historias m&#237;nimas puedan dilatarse y desbordar la p&#225;gina. Y este libro ecl&#233;ctico es fruto de ello y de una mirada hecha de inocencia y extra&#241;eza..."

El acto concluy&#243; entra&#241;ablemente como una celebraci&#243;n de la amistad: uno tras otro, media docena de amigos del autor acudieron a la mesa a leer cuentos de &lt;EM&gt;Astrolabio&lt;/EM&gt; y a dedicarle palabras cari&#241;osas y admirativas.

Recomiendo el emocionante texto que sobre &lt;EM&gt;Astrolabio&lt;/EM&gt; publica Miguel &#193;ngel Mu&#241;oz en su blog El s&#237;ndrome de Ch&#233;jov. La secta de los olgosianos no para de crecer. Y eso que "Cunqueiro ten&#237;a la impresi&#243;n de que durante mucho tiempo ha prevalecido entre los escritores espa&#241;oles un miedo paralizante a abordar lo fant&#225;stico, y el lector se ha ido desacostumbrando a que los acontecimientos fabulosos puedan ocurrir". Sucede que Olgoso nos ha devuelto el gusto (que nunca hab&#237;amos perdido) por la literatura fant&#225;stica a fuerza de filigranas del cuento en dosis homeop&#225;ticas. Hace bien en citar a &#193;lvaro Cunqueiro, a Joan Perucho, a Jos&#233; Mar&#237;a Merino, pues es con ellos con quienes debe medirse; es en ese contexto donde sus libros ser&#225;n estudiados. 

Una &#250;ltima reflexi&#243;n: la obra de Olgoso despide el aroma y el sabor de esa f&#243;rmula que cre&#237;amos perdida: la felicidad de la pura literatura. Un sabor ingenuo que hemos experimentado muchas veces en nuestra infancia y adolescencia y que luego pasamos toda la vida intentando revivir. Toparse con &#233;l genera en sus lectores la equ&#237;voca sensaci&#243;n de &lt;EM&gt;descubrimiento de un tesoro&lt;/EM&gt;. La sensaci&#243;n es hiriente, epif&#225;nica, provoca codicia e impaciencia y se despliega en dos movimientos: uno de apropiaci&#243;n del autor (es m&#237;o, yo lo descubr&#237;) y otro de adhesi&#243;n y protecci&#243;n (nosotros, los olgosianos) tan t&#237;pica de los grupos peque&#241;os y fanatizados. 

Hay autores de prestigio inmediato y autores cuya obra viaja lenta antes de ser descubierta y apreciada. Creo que en lo que respecta a la recepci&#243;n de la obra de Olgoso debemos dejar atr&#225;s la &#233;poca de los ditirambos y entrar en la de la normalidad lectora. Auguro que el descubrimiento masivo de Olgoso est&#225; al caer. Todo lo masivo que en Espa&#241;a pueda ser el de alguien que se dedica no a jugar al f&#250;tbol ni a hacer negocios sino a escribir relatos fant&#225;sticos. Con "masivo" quiero decir "normalizado": un viaje desde la periferia al &lt;EM&gt;mainstream&lt;/EM&gt;, desde el boca a boca provinciano a los suplementos literarios de referencia, desde las ediciones de serie B a los libros cuidados y bien promocionados. Es cuesti&#243;n de meses, quiz&#225; de a&#241;os, un suspiro en la historia de la literatura. La edici&#243;n de &lt;EM&gt;Astrolabio&lt;/EM&gt; por Cuadernos del Vig&#237;a va en la direcci&#243;n adecuada. Que no se preocupe &#193;ngel Olgoso: llegar&#225; joven y con salud. Cuando el &#233;xito suceda, nosotros, los olgosianos de diversas corrientes y tendencias, los de primera hora y los de aluvi&#243;n, habremos perdido una causa por la que luchar. Nos felicitaremos sinceramente, aunque puede que alg&#250;n nost&#225;lgico desde&#241;e entonces esa popularidad ante cuya ausencia se lamentaba; pero nos quedar&#225; para siempre la emoci&#243;n de haber sido de los primeros. Y sus cuentos. 













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    <body>&lt;EM&gt;La merienda de las ni&#241;as &lt;/EM&gt;es un excelente libro de cuentos. Me complace tener algo que ver con su salida a la plaza p&#250;blica, no solo por haber sido de los primeros en disfrutar de sus p&#225;ginas radiantes, sino porque las amistades que se fraguan en torno a experiencias tan intensas como la publicaci&#243;n de un primer libro son para siempre. Nunca olvidaremos, Cristinita, la luz cruda cayendo sobre la mesa del caf&#233;, aquellas disquisiciones tensas y jocosas en torno al gerundio rebelde mientras el escote de tu fotograf&#237;a nos miraba insolente desde la pantalla del port&#225;til...

&#191;Por qu&#233; es interesante &lt;EM&gt;La merienda de las ni&#241;as&lt;/EM&gt;? Porque sus cuentos rebosan humor, sarcasmo, atrevimiento. "De peque&#241;a la confundieron con una merluza y le clavaron un arp&#243;n. La rescat&#233;, s&#233; que me quiere. Le voy a comprar una cama de agua" (una sirena en "Caf&#233; aguado"). 

Porque abundan los cuentos crueles y perversos, y el tratamiento de la perversidad (en sus diferentes variantes y tonos) es en todos ellos matinal, inocente, juguet&#243;n, afrutado, lo que los convierte en mucho m&#225;s perversos: "El capit&#225;n Ad&#225;nez, que ha matado a una docena de sun&#237;es escuchando heavy metal en el blindado, est&#225; besando a la universitaria..." ("Los labios cortados").

Porque hay sexo y erotismo alegremente contados, entre el fetichismo y la displicencia, entre la palabra fuerte y el chicle de fresa, y una neutralidad descriptiva que resulta de lo m&#225;s morbosa: "Hay que reconocer que el que mejor folla es el fascista. El fascista te coge y te pone contra la pared..." ("Vocaci&#243;n"); "Estaba metiendo el brazo por uno de los tirantes del sujetador cuando repar&#233; en ellas: colgaban como las bolsas de la compra." ("Juguetito antiestr&#233;s"); "A ella se le han contra&#237;do los muslos, solo al principio, y ahora est&#225; mirando el brazo que termina en su ropa, que esconde la mano fea que se desquicia con las bragas baratas..." ("Las fotos perdidas").

Porque es un libro insolente, fresco, luminoso. Revela una voz original (Quim Monz&#243; en minifalda y taconazos) y est&#225; maravillosamente bien escrito. Insultante madurez. Tan ingenioso y brillante, tan sincero e ingenuo. Ingenuidad radical de quien se atreve. Ingenuidad del ni&#241;o que suplicia una lagartija o del adolescente que seduce a la profesora de ingl&#233;s. &lt;EM&gt;La merienda de las ni&#241;as &lt;/EM&gt;da qu&#233; pensar sobre lo que ser&#225; capaz de escribir Cristina Garc&#237;a Morales. Saldr&#225; al mercado dentro de un mes, y es de suponer que Cuadernos del Vig&#237;a cuidar&#225; la edici&#243;n como suele. 

                                                    .

&lt;STRONG&gt;(CRISTINA GARC&#205;A MORALES, &lt;EM&gt;La merienda de las ni&#241;as&lt;/EM&gt;, Granada, Cuadernos del Vig&#237;a, 2008)
&lt;/STRONG&gt;














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    <title>La merienda de las ni&#241;as (II)</title>
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    <body>La editorial Cuadernos del Vig&#237;a va a publicar pr&#243;ximamente un libro de relatos llamado &lt;EM&gt;La merienda de las ni&#241;as&lt;/EM&gt;. Su autora tiene veintitr&#233;s a&#241;os, labios de carne de membrillo y un desparpajo hiriente. Se llama Cristina Garc&#237;a Morales. Atractiva, inteligente, zapatos rojos de tac&#243;n alto, chupa Harley Davidson. No tiene prejuicios ni miedos, no es mediocre, no est&#225; resentida, le gusta disfrazarse y jugar, va directa hacia lo que desea y lo que desea es escribir. Sus cuentos tienen algo de espumosidad shandy y est&#225;n poblados de chicos malos y chicas cantarinas que son una actualizaci&#243;n en clave perversa de aquellas pizpiretas flappers de Scott Fitzgerald. Mira que es dif&#237;cil narrar el sexo sin incurrir en el aburrimiento o en lo consabido, en la melindrosidad o la chabacaner&#237;a. Cristina Garc&#237;a Morales lo consigue. Cuentos como "Juguetito antiestr&#233;s", "Vocaci&#243;n" o "Puertas" ofrecen escenas er&#243;ticas que a&#250;nan un inocente fetichismo y una alegre crudeza, con narradores que viven las historias sin culpabilidad, de manera tan p&#237;cara como limpia. Rock and roll, minifaldas y diminutivos. &#161;Ah, los diminutivos! Recluidos durante d&#233;cadas entre lo cursi y lo infantil, Cristinita los ha sacado del armario, los ha limpiado de naftalina, les ha puesto en las manos un bote de spray y los ha lanzado a la ciudad. 

  

&lt;STRONG&gt; (CRISTINA GARC&#205;A MORALES, &lt;EM&gt;La merienda de las ni&#241;as&lt;/EM&gt;, Granada, Cuadernos del Vig&#237;a, 2008)

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