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    <body>&lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Georgia','serif'"&gt;&#201;l se asust&#243; cuando a ella empezaron a sudarle las manos una tarde en que se besaban en el cine. Le pareci&#243; una locura que lo esperase de madrugada a la puerta de su casa, soportando la humillaci&#243;n de verlo venir ri&#233;ndose y abrazado a otras. Le incomodaba que se hiciera la encontradiza en los bares, que le montara escenas de celos que espantaban a sus amigos. Casi la despreci&#243; cuando ella se arrodill&#243; en mitad de la calle &#8211;los coches pitando detr&#225;s, divertidos o indignados&#8211;, jur&#225;ndole fidelidad eterna (y lo hizo muchas veces, hasta la extenuaci&#243;n). Cuando &#233;l dej&#243; de tenerle miedo y le dio el s&#237;, entre curioso y halagado, ella se echaba a llorar cada vez que &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;lo hac&#237;an&lt;/I&gt;, lo que a todas luces se le antojaba excesivo. Y aunque se fueron a vivir juntos, &#233;l sigui&#243; contemplando con distancia e iron&#237;a sus manifestaciones de pasi&#243;n, y no perd&#237;a oportunidad de martirizarla con sarcasmos, hasta que, cansada o convencida (y no sabr&#237;an decir cu&#225;ndo), ella comenz&#243; a aceptar las ideas de &#233;l, a hacer suyos los razonables discursos de &#233;l sobre los intereses compartidos de aquello que los un&#237;a, de modo que se centr&#243; en sus estudios y encontr&#243; trabajo, un trabajo exigente que la manten&#237;a lejos de &#233;l todo el tiempo, y eligi&#243; su propio y exclusivo c&#237;rculo de amistades, de la misma manera que ya hab&#237;a empezado a elegir la ropa sin consultarle, mientras &#233;l iba volvi&#233;ndose hogare&#241;o y sentimental y a menudo se la quedaba mirando en silencio, presa de una extra&#241;a ternura, y no hab&#237;a fin de semana en que no le escondiera por alg&#250;n rinc&#243;n de la casa alguna sorpresa, alg&#250;n regalo, alg&#250;n detalle (&#233;l, que nunca hac&#237;a esas cosas). En una ocasi&#243;n ella le anunci&#243; que se marchaba de viaje con unos amigos; que le apetec&#237;a, y que &#233;l no deb&#237;a poner ning&#250;n impedimento. Otro d&#237;a sali&#243; de casa sin darle un beso; al siguiente lo recibi&#243; con una mirada distra&#237;da. El sentimiento de &#233;l se inflamaba con cada nueva manifestaci&#243;n de desapego, y aunque al principio, por abnegaci&#243;n y orgullo, se manten&#237;a callado, no tard&#243; en expresarle su decepci&#243;n, en aturdirla con letan&#237;as de quejas que a ella le resultaban francamente fastidiosas. Ella se alejaba, se alejaba, y &#233;l acud&#237;a a espiarla en secreto a la salida del trabajo. Una noche le dijo llorando que la necesitaba desesperadamente y ella se ech&#243; a re&#237;r con una mueca descre&#237;da. A la ma&#241;ana siguiente le dibuj&#243; un coraz&#243;n en el espejo del cuarto de ba&#241;o con la sangre que le manaba del dedo rebanado, y cuando ella lo mir&#243; con asco y miedo y desprecio, &#233;l pens&#243;, con el cuchillo todav&#237;a en la mano, que el cielo en un infierno cabe, y que todo el sufrimiento del mundo era bien poca cosa comparado con la intensidad de su amor. Y sonri&#243; como un loco. &lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Georgia','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;.&lt;/SPAN&gt;&lt;/SPAN&gt;

&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Georgia','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;EM&gt; &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Georgia','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;(Cuento le&#237;do anoche -Aljibe del Rey, Albaic&#237;n- dentro del programa &lt;STRONG&gt;"Paisajes sonoros"&lt;/STRONG&gt; del &lt;STRONG&gt;FEX 2009&lt;/STRONG&gt;, extensi&#243;n del &lt;STRONG&gt;58 Festival Internacional de M&#250;sica y Danza de Granada&lt;/STRONG&gt;. "Paisajes sonoros. Di&#225;logos entre las im&#225;genes sonoras y la literatura" es un proyecto de la Asociaci&#243;n del Diente de Oro para el Festival. La asociaci&#243;n n&lt;/SPAN&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Georgia','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;os ha invitado a una serie de poetas y narradores a crear textos a partir de determinadas incitaciones sonoras. Los resultados los ha editado el Festival de M&#250;sica y Danza en un CDRom (que se entrega al p&#250;blico asistente en las lecturas). Una experiencia interesante. Tres jornadas. Mis compa&#241;eros de anoche fueron Juan Andr&#233;s Garc&#237;a Rom&#225;n, Erika Mart&#237;nez, Miguel &#193;ngel Arcas, &#193;ngel Tali&#225;n y Carmen C&#243;rdoba. Los resultados textuales, de lo m&#225;s diverso y estimulante. El paisaje sonoro sobre el que escrib&#237; este cuento, &lt;A id=link_0 title=http://www.elsonidodelagua.com/paisajessonoros.htm href="http://www.elsonidodelagua.com/paisajessonoros.htm"&gt;"Triste paseo", de Antonio Caba, est&#225; aqu&#237;&lt;/A&gt;)&lt;/SPAN&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Georgia','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;.&lt;/SPAN&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Georgia','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;(Post dedicado a Marta Badia y Alfonso Salazar: gracias)&lt;/SPAN&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Georgia','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Georgia','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Georgia','serif'"&gt;&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;









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    <nicetitle>paisajes-sonoros-fex-2009</nicetitle>
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    <title>Paisajes sonoros. FEX 2009</title>
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    <body>&lt;BLOCKQUOTE&gt;Llevaba un mes caminando cuando fij&#233; mi atenci&#243;n en un hombre que se me acercaba. Repar&#233; en &#233;l porque no hab&#237;a nadie m&#225;s en la acera y porque era como yo: una envoltura anodina con algo febril dentro. Aunque hab&#237;a sitio de sobra para los dos, se ve&#237;a a la legua que &#237;bamos directos el uno hacia el otro, igual que era evidente -no sab&#237;a por qu&#233;- que el hombre no iba a modificar su camino. A falta de tres o cuatro pasos para el choque, y como obedeciendo a un automatismo, me apart&#233;. Sin dedicarme una mirada, el hombre pas&#243; limpiamente a mi lado.

Saqu&#233; un pl&#225;tano y una revista de mi bolsa en bandolera y me sent&#233; en un banco. No pude leer ni comer, mordido por la inquietud. &#191;Por qu&#233; hab&#237;a sido yo el primero en apartarse y no el otro, acaso lo llevaba escrito en la cara? Me levant&#233; de un salto como si el banco quemase y ech&#233; a andar por el Camino de Ronda. Desde que Mari Carmen me dej&#243; no hab&#237;a hecho otra cosa que caminar y caminar, sin hacer caso a las ideas negras que me rondaban, convencido de que tarde o temprano la encontrar&#237;a y podr&#237;amos hablar. Cumpliendo el plan previsto llegu&#233; sin novedad a Villarejo, di media vuelta y volv&#237; a desandarlo todo de nuevo, las aceras, los escaparates de las cafeter&#237;as, los portales abiertos. Ni rastro de Mari Carmen. Di una tercera vuelta. Nada. A mitad del cuarto intento volv&#237; a casa.

Una espina de extra&#241;eza se hab&#237;a incrustado en mi obsesi&#243;n por encontrarla como la avanzadilla de una obsesi&#243;n nueva y m&#225;s intensa. &#191;Qu&#233; me estaba pasando?

[...]

Y yo que siempre cre&#237; que ceder el paso era se&#241;al de distinci&#243;n. Que plegarse a la voluntad de los otros era un signo de superioridad, una sutileza propia de naturalezas elevadas. Qu&#233; enga&#241;ado estaba. La cortes&#237;a es un disfraz del miedo. Nadie con ideas claras enmienda su camino a no ser que otro m&#225;s poderoso lo obligue. El problema anidaba en m&#237;, en mis andares vacilantes que aceptaban como propio el deseo de los dem&#225;s, en el enga&#241;o que hac&#237;a pasar por gentileza lo que no era m&#225;s que d&#243;cil acatamiento.

Ah, hice descubrimientos formidables. Descubr&#237; que en una escalera siempre se aparta el que sube, no el que baja. Que hay personas de noble porte que llevan en la mirada el estigma de la sumisi&#243;n. Que dos peatones mandan sobre uno, y tres sobre dos, pero no cuatro sobre tres...

[...]

&lt;/BLOCKQUOTE&gt;Desde el uno de marzo los conductores de los autobuses urbanos de la ciudad de Granada regalan a quien lo pida mi cuento "El paseante", n&#250;mero 24 de la serie "Relatos para leer en el autob&#250;s" y &#250;ltimo n&#250;mero de su edici&#243;n 2008-2009. La edici&#243;n del cuento en formato librito -diecis&#233;is p&#225;ginas, doce mil ejemplares- ha quedado preciosa. Todos los cuentos de la presente edici&#243;n (que han ido public&#225;ndose por separado y reparti&#233;ndose en los autobuses urbanos de Granada mes a mes desde abril de 2008) se reunir&#225;n pr&#243;ximamente en el volumen colectivo &lt;EM&gt;Nuevos relatos para leer en el autob&#250;s, &lt;/EM&gt;editado por Cuadernos del Vig&#237;a, la responsable de la iniciativa. Son:

Francisco Ayala, "El fil&#243;sofo y un pirata"

Ana Mar&#237;a Moix, "Mi t&#237;a Bel"

Ignacio Mart&#237;nez de Pis&#243;n, "T&#250;nel de lavado"

Fernando Iwasaki, "Cuentos pasajeros"

Luis Mateo D&#237;ez, "El cielo enfermo"

Care Santos, "El olor del despertar"

Andr&#233;s Neuman, "El destornillador"

Clara Obligado, "Hombre con mujer en la cocina"

Juan Salido Vico, "La boca del lobo" / Javier Izcue, "Gettysburg, Zimmerman, dos mil ocho"

Miguel &#193;ngel C&#225;liz, "Emisoras de radio"

Cristina Garc&#237;a Morales, "El hadita"

Jes&#250;s Ortega, "El paseante"

.











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    <body>&lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;Helena lleva d&#237;as aterrorizada, y Laureano m&#225;s, pero &#233;l era el hombre y los hombres no pueden saber qu&#233; se siente en tales circunstancias. Lo &#250;nico que con certeza sab&#237;a era que la fr&#225;gil salud ps&#237;quica de su mujer no deb&#237;a exponerse a nuevas tensiones. A Helena le faltaba una semana para entregar la tesis sobre &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Prote&#237;nas de choque t&#233;rmico&lt;/I&gt;, el trabajo de su vida, y la &#250;nica manera de dejar atr&#225;s los a&#241;os de pesadilla que hab&#237;an estado a punto de volverla loca era precisamente afrontar el momento m&#225;s temido, el final de la tesis. &lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;Y ahora, en el peor momento, un retraso.&lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt; &lt;/I&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoBodyTextIndent style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: normal"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;Hac&#237;a una semana que Helena avisaba de que su reloj atrasaba, y aunque Laureano se mostraba contundente en espantar las dudas &#8211;imposible, dec&#237;a&#8211;, por debajo le mord&#237;a el recuerdo culpable de aquella vez en que casi se hab&#237;a dejado llevar. Sabiendo c&#243;mo era ella de obsesiva, hab&#237;a negado tajantemente cualquier descuido. Imposible. Lo cierto era que no recordaba con exactitud qu&#233; pudo haber pasado aquella noche fat&#237;dica de un mes atr&#225;s, porque bebieron m&#225;s de la cuenta, en la fiesta hab&#237;a mucho ruido y gente desconocida y la memoria se borraba y no pod&#237;a precisar en qu&#233; habitaci&#243;n o circunstancias lo hicieron.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;  &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;Laureano fue impecable en su apariencia de tranquilidad, pero sus luminosas proclamas conten&#237;an algo contraproducente y los temores de Helena se volvieron suspicaces, se desbocaron y muy pronto se pudrieron. Laureano conoc&#237;a de sobra las se&#241;ales que anunciaban en ella una crisis (el retraimiento, la sonrisa amarga). Era cuesti&#243;n de d&#237;as o de horas que fermentaran y estallaran en el consabido ataque de nervios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;Hab&#237;an pasado los dos una mala noche, la peor de toda la semana. Laureano hab&#237;a so&#241;ado que vomitaba huevos cocidos a los que quitaba la c&#225;scara y luego se com&#237;a antes de volverlos a vomitar. No quedaba m&#225;s remedio que atajar la incertidumbre, y antes del desayuno, mientras ella disipaba los fantasmas nocturnos bajo la ducha, Laureano grit&#243; ahora vengo y a toda prisa corri&#243; a la calle, achacando el mareo y las n&#225;useas a una sensible empat&#237;a con los miedos de Helena. La farmacia abierta y cercana lo tranquiliz&#243;; entr&#243; y pidi&#243; un test de embarazo. La dependienta le sonri&#243; con complicidad que &#233;l calific&#243; de femenina. Saliendo a la calle con el paquetito se le ocurri&#243; con extra&#241;a naturalidad una idea: Helena podr&#237;a no estar embarazada, pero si lo estaba no habr&#237;a m&#225;s remedio que enga&#241;arla y ganar as&#237; unos d&#237;as, una semana, el tiempo que hiciera falta hasta que entregara la tesis en la Comisi&#243;n de Doctorado. Luego &#233;l encontrar&#237;a el momento para desvelar la verdad y cargar con las consecuencias. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;Como le dio verg&#252;enza volver a entrar en la misma farmacia, corri&#243; a otra y pidi&#243; la prueba. Le sonrieron con la misma sonrisa, y Laureano crey&#243; detectar ahora una mirada furtiva y burlona a su barriga oficinesca. No hizo caso, se sent&#237;a ligero, con la efervescencia de quien ha tomado una decisi&#243;n. De camino a casa tuvo el antojo de comprar en el kiosco dos novelas de Patricia Highsmith, pero mientras sub&#237;a las escaleras sinti&#243; de nuevo el mareo de la culpa y tuvo que reprimir las n&#225;useas de querer dar a su ocurrencia marcha atr&#225;s.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;Helena lo esperaba ansiosa y sombr&#237;a en el vano de la puerta. &#201;l le hab&#237;a repetido decenas de veces que no cab&#237;a ninguna posibilidad, ninguna, y ahora, impaciente junto a ella en el vest&#237;bulo, volvi&#243; a fingir que se enfadaba:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;&#8211;&#161;Toma! &#8211;esgrimi&#243; ante sus narices el paquetito de la farmacia, oculta tras la espalda la otra mano con los libros y la cajita duplicada&#8211;. &#161;Aqu&#237; tienes! &#161;Hazte la prueba de una maldita vez!&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;  &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;Mientras Helena, muerta de miedo, regresaba al cuarto de ba&#241;o, Laureano escondi&#243; los libros en el parag&#252;ero y trat&#243; de abrir con dedos crispados la cajita; por fin extrajo el medidor, se inclin&#243; sobre la maceta de helechos y mirando furtivamente hacia el pasillo se baj&#243; la cremallera, sac&#243; el miembro viril y con un esfuerzo volc&#243;, breve y susurrante, un chorrito de orina sobre el medidor, que escamote&#243; en el bolsillo trasero del pantal&#243;n. Justo en ese instante aparec&#237;a Helena por el pasillo esgrimiendo el suyo, p&#225;lida y como distra&#237;da. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;&#8211;&#161;Ve por un cigarrillo! &#161;Yo te lo sostengo! &#8211;volvi&#243; &#233;l a sonre&#237;r.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;Helena dud&#243;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;&#8211;Ve &#8211;casi gimi&#243;, como empuj&#225;ndola&#8211;. Y tr&#225;eme a m&#237; otro.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;          &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;Helena acept&#243; dar la vuelta mientras Laureano manoteaba nerviosamente para sustituir el medidor de Helena por el suyo. Ella se detuvo indecisa al final del pasillo, como si hubiera cambiado de idea o detectado el rumor de la trama a sus espaldas. Pero Laureano ya hab&#237;a recompuesto la postura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;&#8211;&#191;No quieres fumar? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoBodyText style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: normal"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt"&gt;&lt;FONT face="Century Schoolbook"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;&#8211;No, no quiero. Quiero esperar contigo el resultado y se acab&#243;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;&#201;l avanz&#243; hacia ella; ella regres&#243; hacia &#233;l. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;&#8211;Dar&#225; negativo, ya lo ver&#225;s. Conf&#237;a. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;Juntaron las cabezas. Afuera en el descansillo se o&#237;a el agitar de llaves de la vecina de enfrente, el jadeo de los perros, el roce ansioso de las pezu&#241;as en la escalera. Positivo, dos rayas. Negativo, una. Gonadotropina cori&#243;nica humana. Noventa y nueve por ciento de exactitud. Transcurrieron quince, treinta segundos en los que nada sucedi&#243;. Helena y Laureano trataban de pensar en cosas lejanas y amables, pero la boca se les secaba y la garganta era una muralla de angustia. Un instante antes de que ocurriera, Laureano lo supo: dos min&#250;sculas rayas de color gris, rosa, granate se perfilaron acusadoras e inequ&#237;vocas en sus respectivas ventanas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;Hubo un silencio embarazoso que ninguno de los dos romp&#237;a.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&#8211;&#161;Positivo! &#8211;murmur&#243; ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;&#8211;Positivo, s&#237;... &#8211;balbuce&#243; &#233;l.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;    &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;Seg&#250;n lo previsto, Helena se derrumb&#243;. Pero antes de derrumbarse mir&#243; a Laureano pidi&#233;ndole una explicaci&#243;n.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'"&gt;Laureano se llev&#243; una mano al vientre, tratando de imaginar lo que se le ven&#237;a encima.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;  &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

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    <body>&lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-style: italic; mso-bidi-font-weight: bold"&gt;&lt;FONT size=3&gt;El aire helado de febrero me oblig&#243; a tomar un autob&#250;s, a pesar de que el servicio segu&#237;a siendo vergonzoso y yo hab&#237;a declarado en mis cartas al director de &lt;I&gt;El Comercio&lt;/I&gt; que me negar&#237;a a utilizar ninguna l&#237;nea mientras no cambiase el gobierno municipal. &lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;        &lt;/SPAN&gt;&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-style: italic; mso-bidi-font-weight: bold"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Tras echar una ojeada fui a instalarme al fondo del veh&#237;culo, junto a la luna que me proteger&#237;a del fr&#237;o y de los embates de la muchedumbre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-style: italic; mso-bidi-font-weight: bold"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Pegado al cristal, dej&#233; vagar la fantas&#237;a. Me hab&#237;a llegado el rumor de mi segura candidatura a la Academia de Letras, y saboreaba escenas &#237;ntimas de incienso y mirra y rechinar de enemigos. A mis espaldas se aglomeraba un apretado universo de codos tazados y colonias baratas y alientos espesos, y al cabo de dos o tres paradas tuve que aceptar que desde mi rinc&#243;n hasta la puerta de salida no quedaba un cent&#237;metro libre de humanidad. &lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;  &lt;/SPAN&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-style: italic; mso-bidi-font-weight: bold"&gt;&lt;FONT size=3&gt;De pronto not&#233; un leve y fugaz roce en la cremallera del pantal&#243;n. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-style: italic; mso-bidi-font-weight: bold"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Mir&#233; con disimulo y no vi m&#225;s que manos y nalgas y cinturas adiposas bajo la recia ropa de la clase trabajadora. Intentaba pensar en algo m&#225;s digno cuando un nuevo roce, m&#225;s consistente, menos fortuito, me oblig&#243; a mirar otra vez y conjeturar que s&#243;lo pod&#237;a tratarse de la mano del hombre que se hallaba pegado a m&#237; en leve escorzo, ligeramente de espaldas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-style: italic; mso-bidi-font-weight: bold"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Iba a despegarme con la mayor discreci&#243;n cuando not&#233; horrorizado c&#243;mo la mano posaba sus cinco dedos como cinco delicados garfios sobre mis genitales, al tiempo que me sent&#237;a enrojecer por entero y trataba de abrir la boca para decir algo &#8211;una queja, una conminaci&#243;n&#8211; que no llegu&#233; a pronunciar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-style: italic; mso-bidi-font-weight: bold"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Me qued&#233;, pues, callado y mirando de reojo por si alguien nos ve&#237;a. Pero nadie nos hab&#237;a visto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-style: italic; mso-bidi-font-weight: bold"&gt;&lt;FONT size=3&gt;La mano no disminu&#237;a ni aumentaba la presi&#243;n; simplemente permanec&#237;a all&#237; como si su due&#241;o la hubiera olvidado, como si su destino natural fuera &#233;se y no el bolsillo de la gabardina. Clav&#233; la mirada en la nuca desarbolada del hombre, en la mejilla p&#225;lida y reci&#233;n afeitada, en la nariz humedecida, en los hombros casposos y rehundidos, en el jersey de lana marr&#243;n invadido de pelusas. El hombre parec&#237;a no advertir mi presencia ni saber lo que hac&#237;a su mano, pero su mano segu&#237;a oprimi&#233;ndome hasta hacerme sentir su presencia insoslayable. Tuve, Dios m&#237;o, un conato de erecci&#243;n. Tragu&#233; saliva. Sonri&#233;. Hac&#237;a tanto tiempo. El conato pronto dej&#243; de serlo para convertirse en algo m&#225;s sustancioso, m&#225;s firme y duradero. Record&#233; entonces la raz&#243;n de tomar aquel autob&#250;s &#8211;llegar calentito a mi c&#225;tedra, no resfriarme&#8211;, y entre el enjambre de cabezas y axilas pude ver, como si despertara de un sue&#241;o, que mi parada hab&#237;a quedado atr&#225;s. Retroced&#237; espantado, pero el hombre no modific&#243; su posici&#243;n ni su mano quiso abandonarme, su mano era un molusco &#225;vido y fr&#237;o. Detr&#225;s de m&#237; resopl&#243; una se&#241;ora a quien al parecer hab&#237;a pisado. No s&#233; cu&#225;nto tiempo permanec&#237; absorto, entregado a lo inevitable, hasta que, perdida la noci&#243;n del tiempo, muchas calles y plazas y rotondas y avenidas despu&#233;s, el hombre levant&#243; repentinamente el brazo, estir&#243; la manga de la chaqueta y mir&#243; su reloj: fue entonces cuando vi la protuberancia artificial, la suavidad mec&#225;nica y redondeada de los dedos sin u&#241;as, el gastado color vainilla, el inconfundible brillo entre opaco y metalizado de las manos ortop&#233;dicas. Hay que ver lo bien que las hacen.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;    &lt;/SPAN&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

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    <nicetitle>la-mano-un-cuento-</nicetitle>
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    <title>La mano (un cuento)</title>
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    <body>Es una impronta, una maldita impronta desde aquella angustiosa prueba de selectividad que me dej&#243; con el miedo en el cuerpo para toda la vida, incluso llegu&#233; a pensar que suspend&#237;a y me fui preparando para el fracaso de tener que esperar un a&#241;o m&#225;s para entrar en la universidad, me debi&#243; de gustar aquel v&#233;rtigo, aquel cuchillo de tiempo que se me clavaba en la piel hasta hacerme casi sangrar, porque la misma violencia volvi&#243; a darse no s&#233; cu&#225;ntas veces a lo largo de la carrera, y en eso me convert&#237;, en uno que pensaba que no se licenciar&#237;a nunca, ni en Derecho ni en nada. Para lo que me ha servido...

Treinta y dos con diez. &#191;Tiene los diez c&#233;ntimos? Gracias.

Ah, las consabidas declaraciones sobre prop&#243;sitos futuros. Aquella lamentable decisi&#243;n de no presentarme a la recuperaci&#243;n de Derecho Romano me hizo, adem&#225;s de perder todo el curso, dar un paseo inolvidable por la ciudad entre melanc&#243;licas lamentaciones y fulgurantes prop&#243;sitos de enmienda, &#161;c&#243;mo brillaban las hojas de los pl&#225;tanos en la ribera del r&#237;o!, todav&#237;a tengo pesadillas en las que sue&#241;o que alguien me recuerda que no estoy licenciado, que me pillan en la trampa, que todav&#237;a me faltan dos o tres asignaturas. Me despierto del sue&#241;o y tardo a&#250;n unos minutos en recordar que s&#237;, que tengo el diploma, que no soy un farsante, pero todo este tiempo me he sentido reh&#233;n de aquella sensaci&#243;n de no merecerlo y de haber recibido un favor que nunca podr&#233; pagar del todo.

Veintinueve con sesenta y seis. Firme aqu&#237;, por favor. Gracias.

...y tras cada crisis lo olvido todo, qu&#233; capacidad para olvidar, lo olvido todo para que se repita lo mismo otra vez, las primeras &#243;rdenes de la voluntad, los aplazamientos felices, los recordatorios, el inexorable acercarse de los plazos, el todav&#237;a puedes, la angustia de cruzar la l&#237;nea roja, la cat&#225;strofe, la reacci&#243;n heroica, la agon&#237;a del llego no llego. Postergar un problema no lo resueve ni lo evita, s&#243;lo lo hace m&#225;s excitante, con esa precaria gratificaci&#243;n de la falsa ganancia de tiempo. Tiempo, tiempo, prop&#243;sitos incumplidos, deseos a medio hacer. Una p&#233;sima forma de gesti&#243;n, o si no qu&#233; hago yo aqu&#237; con mi licenciatura y mi verg&#252;enza, pero no tengo remedio, es un problema que arrastro desde chico, que no me organizo, que mastico los problemas, que no los abordo de manera ordenada ni inteligente, problema que puedo postergar lo postergo, &#191;es por tener una relaci&#243;n miedosa con las cosas? (miedosa con las cosas, miedosa con las cosas, me dijeron en el taller de escritura que nada de rimas, pero ahora no estoy escribiendo, s&#243;lo estoy pensando, y cuando lo escriba recuerda esto, Bernardo: nada de rimas).

Setenta con quince. &#191;Tiene los quince c&#233;ntimos? Gracias.

&#191;O es por miedo a exponerme sin tener todas las garant&#237;as de hacerlo bien? &#191;Por miedo simplemente? &#191;Por vagancia? &#191;Por incapacidad de funcionar de otra manera que no sea bajo las &#243;rdenes de una instancia exterior? &#191;Por un perfeccionismo paralizante? &#191;Por costumbre? (Todo esto tengo que escribirlo, qu&#233; buenas frases, Bernardo, no las olvides). &#191;Por qu&#233; no me present&#233; al casting si era la oportunidad de mi vida, si Pedro me dijo que lo ten&#237;a hecho, que Jennifer Booth y Manolo Costa estaban avisados y que me iban a elegir con toda seguridad, que lo ten&#237;a en la mano como nunca antes lo hab&#237;a tenido? (Veinticinco, por favor) &#191;Por qu&#233; nunca he sido pragm&#225;tico ni he abordado los asuntos paso a paso, ni he intentado en serio cambiar mi manera de hacer las cosas? Y si me gusta cantar y bailar y actuar, &#191;por qu&#233; no me present&#233; a la prueba? &#191;Por qu&#233; gast&#233; tanto tiempo en decidir qu&#233; ponerme, por qu&#233; no encontr&#233; ning&#250;n taxi, por qu&#233; lo organic&#233; todo para llegar tarde? Me tienen que empujar y echarme encima de los asuntos, lo habitual en m&#237; es verlos venir, merodear a su alrededor, mirarlos desde este y aquel punto de vista, estudiarlos, masticarlos, pensarlos y repensarlos, y por eso nunca llamar&#233; a ese chico, el papelito con su n&#250;mero se est&#225; gastando en mi bolsillo, la entrop&#237;a, el roce de los cuerpos, nunca lo llamar&#233; porque estoy esperando el momento propicio, porque estoy merodeando interminablemente el instante de llamarlo, pero ese instante no llegar&#225;, o si llega no ser&#225; por mi voluntad, es como si me resistiera a hacer lo que hay que hacer por llevarme a m&#237; mismo la contraria, y por eso hace dos semanas que no lo llamo desde que sonriendo me bes&#243; y me escribi&#243; su n&#250;mero en aquel papelito que dobl&#233; y me guard&#233; en el bolsillo, este papelito que tocan mis dedos como si fuera un talism&#225;n, pero una parte de m&#237; da &#243;rdenes y otra parte las incumple, as&#237; puedo recomenzar una y otra vez, una y otra vez, recomenzar, eso es lo que en verdad me gusta en la vida, y esta se&#241;ora se me queda mirando como si me reconociera, qu&#233; mirada m&#225;s rara, pero no puede saber qui&#233;n soy, no tiene cara de ir a los musicales, adem&#225;s yo all&#237; no he sido m&#225;s que un n&#250;mero, un florero, un ni&#241;o mono que canta entre la multitud en esos musicales de mala muerte, igual que aqu&#237;, pero esto es distinto, este trabajo no es mi trabajo, este trabajo es provisional y este barrio no es mi barrio y no hay nadie aqu&#237; que me pueda reconocer y yo en realidad lo que quiero hacer es cantar y bailar y actuar y son cuarenta y siete con ochenta, se&#241;ora. 







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    <title>Yo en realidad (un cuento)</title>
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    <body>Est&#225;s tumbado en posici&#243;n fetal en el suelo de la cocina. La espalda encorvada, los brazos encogidos protegiendo el pecho, las piernas dobladas y juntas, la cabeza recostada sobre el coj&#237;n rojo que trajiste del sal&#243;n. Tus ojos: entornados y moribundos. Un hilo de saliva mana de tu boca de pescado.

En el suelo, a menos de un palmo de tu cara, reposa una copa llena de l&#237;quido transparente y bullicioso, la &#250;nica se&#241;al de vida en la cocina clausurada. M&#225;s all&#225;, entre las patas del taburete, se distinguen apenas dos botellas de champ&#225;n, la una volcada sobre tu v&#243;mito y la otra de pie aunque tambi&#233;n vac&#237;a. Un poco m&#225;s lejos, el rollo gastado de cinta aislante y, m&#225;s all&#225;, los pliegues de la toalla con que atrancaste y cubriste la rendija de la puerta.

Es noche cerrada.

&#191;Cu&#225;nto tiempo ha transcurido?

Un resplandor que viene de la alta ventana (no puedes moverte) mitiga la penumbra de la cocina. Todo parece dormido excepto las burbujas titilantes del champ&#225;n y el susurro del gas abierto. Te fijas en las burbujas. Surgen alegres del vientre de la copa, ascienden alocadamente y van a morir a la superficie con chispeantes estallidos. Cada burbuja es un redondel de luz donde se agita con claridad pasmosa una escena de tu vida. Como hay tantas no puedes fijarte en todas las escenas, tienes que elegir una en cada ocasi&#243;n y seguir su curso ascendente e hipn&#243;tico hasta verla reventar en el borde de la copa.

Aunque tu rostro se mantiene duro y r&#237;gido, est&#225;s llorando otra vez.

Ves n&#237;tidamente las manos de tu abuela d&#225;ndote crema. Tu dedo de ni&#241;o ante tu madre mientras gritas &#161;sangre, sangre! La bofetada que diste a tu hermano porque te rompi&#243; el coche de bomberos.

Ves c&#243;mo tu hermana ense&#241;a las tetas al espejo del cuarto de ba&#241;o y luego se vuelve y te mira. C&#243;mo tus amigos del colegio te hacen beber orina de una botella de cerveza. 

Est&#225;s solo en una escalinata y nadie viene ni vendr&#225; nunca.

No tienes personalidad, dice tu padre con el mono azul lleno de grasa desde los bajos de un coche.

Ves a Carolina en Salou, tumbada bajo tu cuerpo en la arena, mir&#225;ndote con ojos confiados mientras te dice que &lt;EM&gt;eres la estrella que guiar&#225; para siempre su vida&lt;/EM&gt;.

Las burbujas van perdiendo fuerza y grosor. Ahora ascienden en menor cantidad, m&#225;s trabajosamente. Las escenas que narran empiezan a ser las mismas, repetidas y borrosas.

Muy pronto no quedar&#225; ninguna.

Esperas no haber cometido ning&#250;n error.

.

.

&lt;EM&gt;(Dedicado a Jean L. Sanders)&lt;/EM&gt;

&lt;EM&gt;.&lt;/EM&gt;

&lt;EM&gt;.&lt;/EM&gt;

Emilio Ayll&#243;n me descubri&#243; un ensayo de Jos&#233; Luis Pardo llamado "Nunca fue tan hermosa la basura", escrito para el festival Basurama 2006 de La Casa Encendida. Ah&#237; se lee, entre otras cosas: "Basura es lo que no tiene lugar, lo que no est&#225; en su sitio y, por tanto, lo que hay que trasladar a otro sitio con la esperanza de que all&#237; pueda desaparecer como basura, reactivarse, reciclarse, regenerarse, integrarse, extinguirse: lo que busca otro lugar para poder progresar. Basura significa tambi&#233;n esto: lo que tiene un destino, un porvenir, una identidad secreta y oculta, y que tiene que hacer un viaje para descubrirla, como el pr&#237;ncipe encantado para dejar de ser rana y la bestia para vencer el hechizo y volver a ser bella..." 

Este texto inaugura una nueva categor&#237;a en el blog: Basuras. Deshechos. Desperdicios. Fragmentos. Comienzos abortados. Palabras arrumbadas que se acumulan en carpetas de cart&#243;n digital a la espera de morir o de encontrar su improbable destino. "Burbujas" se desgaj&#243; de un cuento que iba a llamarse "Burbujas" y que al final se llam&#243; de otra manera. Miembro amputado, horrible en su belleza rota e in&#250;til. Tal vez aqu&#237;, en otro lugar...

.

El ensayo completo de Jos&#233; Luis Pardo en:

&lt;A href="http://www.basurama.org/b06_distorsiones_urbanas_pardo.htm"&gt;http://www.basurama.org/b06_distorsiones_urbanas_pardo.htm&lt;/A&gt;







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    <body>Por la ma&#241;ana fui con mi profesora do&#241;a Mari &#193;ngeles a desayunar al Caf&#233; Comercial. Hab&#237;amos quedado para tener una ma&#241;ana art&#237;stica. El Caf&#233; Comercial est&#225; al principio de la calle Fuencarral, junto a la Glorieta de Bilbao. Tiene grandes ventanales que dan a la calle y espejos que recubren las paredes y donde uno puede mirarse desde cualquier sitio en que se siente. Las mesas son de m&#225;rmol viejo, los asientos de cuero duro y las columnas est&#225;n pintadas de marr&#243;n. Hay pocos clientes, viejos y solitarios la mayor&#237;a. Leen el peri&#243;dico o miran sin mirar. Yo me tom&#233; un cortado y una raci&#243;n de churros. La profesora se re&#237;a, parec&#237;a muy contenta. Los churros estaban fr&#237;os y eran demasiado finos, no se pod&#237;an comparar con los de la cafeter&#237;a Olimpo de Legan&#233;s. Pero bueno, me los com&#237; y ya est&#225;.

Al salir del Caf&#233; Comercial bajamos por Fuencarral hasta el Museo de Historia de Madrid. La profesora me hizo reparar en la fachada barroca, dici&#233;ndome que era muy intensa. Entramos, pero como el edificio estaba en obras solo pudimos ver una parte del museo. Nos deten&#237;amos en todas las vitrinas, y la profesora me llevaba de la mano y me las explicaba todas. Hab&#237;a una sala oscura donde pon&#237;an un v&#237;deo de la historia de Madrid, y aunque la profesora insisti&#243; en que nos qued&#225;semos juntos mirando el v&#237;deo yo no quise quedarme hasta el final. Los v&#237;deos me aburren, y ya me aburr&#237;a ver todas aquellas im&#225;genes de Franco y de Felipe Gonz&#225;lez.

Luego nos dirigimos por la calle de Manuela Malasa&#241;a hasta el Centro Cultural del Conde Duque. All&#237; hab&#237;a una exposici&#243;n de Lucio Mu&#241;oz que la profesora quer&#237;a ver. A la profesora no le entusiasmaba, dijo, pero quer&#237;a verla, y acept&#243; quedarse conmigo todo el tiempo que yo quisiera. Me entretuve un buen rato mirando las pinturas sobre madera, mejor dicho, las maderas pintadas sobre madera. Me gustaron mucho m&#225;s las obras de los a&#241;os noventa que las de antes, cuanto m&#225;s antiguas menos me gustaban. Luego subimos a los pisos de arriba a ver la colecci&#243;n de arte contempor&#225;neo y la profesora entr&#243; conmigo en los servicios de hombres y me hizo una mamada sin que se enteraran los guardias de seguridad. Me puse muy caliente y aunque quise met&#233;rsela ella no quiso, le dio corte y ten&#237;a miedo de que nos descubrieran. La mamada me gust&#243; mucho. En el piso de arriba vimos otros cuadros de Lucio Mu&#241;oz que volvieron a interesarme. Al salir compr&#233; por doce euros el cat&#225;logo de la exposici&#243;n, y mientras uno de los empleados sub&#237;a arriba por cambio estuve escuchando conversaciones de los porteros y los guardas, historias de turistas que no sab&#237;an hablar espa&#241;ol y de c&#243;mo ellos, que tampoco sab&#237;an ingl&#233;s, se las hab&#237;an arreglado para entenderse. "Habitaci&#243;n es rum", "ba&#241;o es b&#225;zrum", dec&#237;a uno de ellos.

Luego recorrimos a pie el centro hasta la carrera de San Jer&#243;nimo. Busc&#225;bamos do&#241;a Mari &#193;ngeles y yo la Casa Asia, y tardamos un buen rato en encontrarla. Hab&#237;a una exposici&#243;n de fotograf&#237;a china que me aburri&#243; bastante, y eso que casi todas las fotos eran de chinas desnudas. Lo que m&#225;s me gust&#243; fue una serie de retratos de un artista de cuyo nombre no me acuerdo, Zhang no se qu&#233;, en la que se ve&#237;a el rostro de un chico de mi edad manchado de jab&#243;n y con una fotograf&#237;a de su familia en la boca abierta. Cada foto mostraba al chico con una foto distinta de familiares suyos en la boca. Las personas de aquellas fotos me parecieron fantasmas y me dio miedo mirar aquellas fotos. Creo que esta noche so&#241;ar&#233; con ellas. Luego fuimos la profesora y yo a comer al Vips de la calle Alcal&#225;, y despu&#233;s fuimos al Instituto de Cr&#233;dito Oficial. All&#237; hab&#237;a una exposici&#243;n de fotograf&#237;as de Man Ray, que no sab&#237;a que era de familia rusa y que se llamaba Emmanuel. Me gustaron. La que m&#225;s me gust&#243; fue una que se llamaba "Oto&#241;o" y en la que se ve&#237;a una mamada como la que me hab&#237;a hecho la profesora. Bueno, igual no era, porque la chica de la fotograf&#237;a llevaba los labios pintados y la profesora no. La profesora dice que lo de la mamada en el servicio del Conde Duque me lo he inventado. Me dice que me invento los recuerdos y que tengo muy mala memoria y que no soy de fiar. Por eso me ha mandado que escriba esta redacci&#243;n, no para leer en clase, sino para m&#237;. Que lo ponga todo, para que no lo olvide. Y hasta aqu&#237; nuestra ma&#241;ana art&#237;stica. 





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    <body>Aunque est&#225;n muy nerviosos se hablan con displicencia y desgana, como exige el c&#243;digo, recitando cada uno su lecci&#243;n aprendida, m&#225;s pendientes de ocultar el propio nerviosismo que de dominar la conversaci&#243;n. El coche, un Renault 12 de hace veinte a&#241;os, apesta a cerveza, pies, humo de coca&#237;na y orines. En el asiento trasero ladra un mast&#237;n enorme. No parece haber nadie m&#225;s en el garaje.

"Compadre, &#191;por qu&#233; has tardado?"

"Me he quedado sin gasolina subiendo la cuesta del Chapiz."

"Ya cre&#237;a que no ven&#237;as..."

"Que se muera mi madre si no te digo la verdad."

"...Que me estabas traicionando, como la otra vez."

Se retan un instante en silencio, midiendo hasta d&#243;nde pueden llegar.

"A&#250;, viejo, c&#243;mo te lo tengo que decir. Te traigo el mandado, &#191;no? Pues ya est&#225;. Qu&#233; m&#225;s quieres. He cumplido. No me vengas con cuentos."

Y mientras lo dice, el reci&#233;n llegado abre el maletero del coche, saca un ro&#237;do bolso de viaje y se lo tiende al otro, que esgrime una pistola y le apunta.

"&#193;brelo, compadre -el del garaje se&#241;ala el bolso con la pistola-. A ver si lo que traes es lo que tienes que traer. &#161;Y no me vaciles m&#225;s porque me voy a cagar en todos tus muertos!"

El del Renault 12 abre el bolso y muestra desafiante los ordenados paquetes de pl&#225;stico gris. A&#250;n no se ha dado cuenta de que el otro lleva sangre en una pierna y est&#225; m&#225;s nervioso que &#233;l.

"Y porque me encontr&#233; en el Chapiz con una parejilla que iba en una moto y que me hicieron el favor de ir al quinto pino por gasolina, que si no..."

"Que si no no llegas. &#161;Como la otra vez!"

"Por mis muertos, Amador... Por mis muertos que te estoy diciendo la verdad. Que te la estoy diciendo. Que me qued&#233; sin gasolina en mitad de la cuesta del Chapiz. Quita ya la pistola de ah&#237;, me pones nervioso."

"&#161;&#201;chate para atr&#225;s, me cago en tu puta madre!"

"Amador, a mi madre no la mientas..."

"&#161;Cuatro a&#241;os me cayeron por tu culpa, desgraciado! &#161;Cuatro a&#241;os por fiarme de ti y de tus primos! &#161;Y ni los buenos d&#237;as me disteis!

"Amador, baja ya la pistola. Baja la pistola que me voy a cagar en todos tus muertos, Amador."

El mast&#237;n no para de ladrar, y en el garaje cerrado los ladridos resuenan como una jaur&#237;a enloquecedora. Amador asoma la pistola por la ventanilla y le pega dos tiros al mast&#237;n. Su due&#241;o se echa las manos a la cabeza, gritando y maldiciendo. Amador parece entonces m&#225;s sombr&#237;o y desesperado, como si todo a su alrededor, todo lo que piensa y lo que imagina y lo que sue&#241;a fuese ya demasiado tarde para &#233;l.

"&#161;Pero qu&#233; has hecho!"

Amador no aguanta m&#225;s y lo suelta.

"&#161;De tu casa vengo, desgraciado! &#161;De tu casa, porque no ven&#237;as!"

El otro descubre entonces la sangre del pantal&#243;n de Amador y se echa a lloriquear. 

"&#161;Ay! &#161;Qu&#233; dices de mi casa! &#191;Qu&#233; ha pasado?"

"&#161;Qu&#233; estamos todos muertos, eso es lo que ha pasado!"

El del Renault 12 lanza un alarido salvaje y se le echa encima. Amador dispara dos veces y le da de lleno en el est&#243;mago, en el pecho. El herido se retuerce en el suelo como un pescado, y a los pocos segundos se queda quieto, sonriente, diciendo apenas con un hilo de voz, como acord&#225;ndose de otra cosa: "Dios sus bendiga, Dios sus bendiga..."

Amador da una patada al bolso cargado de paquetes y se echa &#233;l tambi&#233;n a llorar. Mira al coche, al cad&#225;ver, a las paredes ennegrecidas del garaje. Tira la pistola al suelo. Pone los brazos en jarras. Cierra los ojos. Hunde la cabeza. Resopla. Sabe que, haga lo que haga, est&#225; perdido.



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    <title>Reyerta de mozos (versi&#243;n de garaje)</title>
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    <body>&lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES&gt;&lt;FONT face="Times New Roman" size=3&gt;Al salir de la c&#225;rcel de Bang Kwang me fui a la capital y me dediqu&#233; a merodear por entre las prostitutas y los neones del barrio de Pat Pong. Apostado a las puertas de los mejores hoteles, era capaz de limosnear en seis idiomas y mi t&#233;cnica buscaba explotar toda la culpa posible de los cerdos europeos, mis hermanos, mis semejantes. &lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;     &lt;/SPAN&gt;Una noche de lluvia o&#237; blasfemar en espa&#241;ol. Contento de mi suerte me abr&#237; paso entre la multitud, y ya estaba abordando con la infalible cantinela de la patria a los tres bufones trajeados y grasientos cuando reconoc&#237; en uno de ellos la mirada at&#243;nita de mi padre. &lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;     &lt;/SPAN&gt;Iba abrazado a una ni&#241;a drogada o borracha que le besaba con indiferencia los dedos ensortijados de la mano. En la otra llevaba un vaso de pl&#225;stico con un l&#237;quido blancuzco que deb&#237;a de ser vino de arroz. Los otros dos escuchaban inc&#243;modos y en segundo plano mi cuento mientras buscaban un billete apresurado en los bolsillos. &lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;     &lt;/SPAN&gt;Mi padre y yo no quer&#237;amos mirarnos, pero nuestros ojos se buscaban, se reconoc&#237;an en la incredulidad y la verg&#252;enza. &lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;     &lt;/SPAN&gt;Una luz, como una chispa el&#233;ctrica, pas&#243; de sus pupilas a las m&#237;as y de las m&#237;as a las suyas, y as&#237; una y otra vez, todo en un instante. As&#237; nos lo dijimos todo. Quince a&#241;os atr&#225;s me hab&#237;a escapado del hogar familiar con todo lo que pude robarle, y ahora que por fin nos encontr&#225;bamos, todo el odio atesorado para &#233;l con tanta dedicaci&#243;n se hac&#237;a a&#241;icos contra su mirada suplicante. &lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;     &lt;/SPAN&gt;Comprend&#237; que mi padre no estaba tanto sobrecogido por mi ruina f&#237;sica y mi pobreza como atemorizado ante la posibilidad de que aquellos dos tipos &#8211;con los que vete a saber qu&#233; negocios ten&#237;a&#8211; descubrieran nuestra verdad. As&#237; que ni &#233;l tuvo el valor de delatarse como padre, ni yo fui capaz de denunciarlo como hijo.&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/SPAN&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;    &lt;/SPAN&gt;&#8220;Bueno, ya est&#225; bien, v&#225;monos&#8221;, orden&#243; uno de los hombres.&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;     &lt;/SPAN&gt;Entonces mi padre se separ&#243; de la ni&#241;a, dio un paso adelante, abri&#243; la cartera y, mir&#225;ndome a los ojos y sin decir nada, vaci&#243; en mis manos hasta el &#250;ltimo de los d&#243;lares que tra&#237;a. &lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;     &lt;/SPAN&gt;O&#237; c&#243;mo se mofaban, pero no las mentiras con que se defendi&#243;, mientras desaparec&#237;an entre la multitud y la lluvia. El impulso de ir tras &#233;l para arrojarle a la cara los billetes se muri&#243; a la misma velocidad con que me los guardaba en el bolsillo.&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNoSpacing style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT face="Times New Roman"&gt;     Nunca m&#225;s he vuelto a verlo. Con aquella vez fue suficiente. Estamos en paz.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;   &lt;/SPAN&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

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    <body>Isaac Neuman, hijo del famoso escritor, hab&#237;a vuelto a Granada por vacaciones. Se encontraba en el apartamento del Realejo que su padre le hab&#237;a regalado como anticipo de la herencia, cuando se le ocurri&#243; comerse una manzana. Era la hora de la siesta. Acababa de follar con Rosaura G&#252;elves, una antigua amiga con la que se ve&#237;a siempre que regresaba de su exigente trabajo en el Instituto Tecnol&#243;gico de Massachusetts. Fue a la nevera, volvi&#243; a la cama, se tumb&#243; junto a Rosaura; estaba tan contento por lo bien que les hab&#237;a salido el polvo que antes de hincarle el diente a la manzana la lanz&#243; alegremente al aire. La manzana se qued&#243; flotando sobre su cabeza, a menos de un metro de distancia, como si una mano invisible la hubiera atrapado. Los dos lanzaron risas miedosas. No hab&#237;a manera de bajar la manzana al suelo ni de moverla del sitio; si acaso parec&#237;a temblar cuando se la golpeaba con fuerza. Isaac le hizo jurar a Rosaura que no dir&#237;a nada a nadie, al menos por unos d&#237;as, hasta que pudiera reflexionar sobre el fen&#243;meno.

 Al d&#237;a siguiente la manzana permanec&#237;a en el mismo punto, flotando un metro por encima de la cabecera de la cama. Volvieron a follar, pero no fue lo mismo. La manzana pend&#237;a sobre sus cuerpos como una inquietante interrogaci&#243;n. Neuman estaba sombr&#237;o. Rosaura quer&#237;a anunciar a todo el mundo el prodigio y por ello tuvieron una lastimosa pelea. Con brutalidad desconocida en &#233;l, Isaac la ech&#243; a la calle y se qued&#243; encerrado en el apartamento, observando la manzana, mordi&#233;ndose las u&#241;as y haciendo anotaciones febriles en folios que arrugaba y tiraba al suelo. Transcurrieron quince d&#237;as providenciales para la ciencia. Rosaura, harta de contar la historia sin que la creyeran, se present&#243; junto a la puerta y la aporre&#243; hasta o&#237;r c&#243;mo Neuman la mandaba a la mierda con un hilo de voz. Fue entonces cuando decidi&#243; tomar cartas en el asunto y alertar a los padres de su amigo, pero estaban de vacaciones en la Patagonia y transcurri&#243; otra semana antes de poder dar con ellos. 

 Por fin se form&#243; un peque&#241;o tumulto junto a la puerta del apartamento. Padres, Rosaura, dos psic&#243;logos y un cerrajero instaban al joven f&#237;sico a que abriera o entrar&#237;an por las malas. Un rostro macilento y barbado asom&#243; en el vano. &#191;D&#243;nde est&#225;?, se impacient&#243; el escritor, apartando al hijo con la suavidad y la firmeza acostumbradas. Un fuerte olor a podrido invad&#237;a el lugar. De la manzana no quedaba rastro, si acaso una leve fosforescencia, una nubecilla, una voluta de humo verde. Se ha desintegrado, anunci&#243; Isaac con voz de triunfo. Ya hab&#237;a terminado la f&#243;rmula matem&#225;tica que explicaba las Excepciones a la Ley de la Gravedad, lo que se iba a bautizar a&#241;os despu&#233;s como Principio de Neuman.

 Pero nadie le crey&#243;, y hasta Rosaura dud&#243; de lo que hab&#237;a visto. Isaac perdi&#243; su trabajo en el MIT y se enzarz&#243; en penosas batallas por reivindicarse que terminaron convirti&#233;ndolo en un pat&#233;tico personaje de las revistas seudocient&#237;ficas y la televisi&#243;n. Al&#233;rgicos a cualquier clase de excentricidad, sus padres trataron desesperadamente de protegerlo de su propia locura y de la crueldad ajena. Muri&#243; pobre y olvidado.

 Hoy su apartamento del Realejo es la Casa-Museo Isaac Neuman, lugar de peregrinaci&#243;n para cient&#237;ficos y curiosos de todo el mundo.

 Aunque el edificio es el mismo, no queda nada de la estructura original, pues los apartamentos vecinos han sido reformados para instalar en ellos el centro de estudios, el archivo, la biblioteca, las salas interactivas, el laboratorio y la tienda. 

 El mobiliario reproduce con discreta elegancia la moda del a&#241;o treinta y cinco. Fotos de Isaac y Rosaura presiden el vest&#237;bulo. Unas vitrinas exponen permanentemente dos papeles arrugados y llenos de tachones que Neuman logr&#243; conservar. 

 El dormitorio es el rinc&#243;n m&#225;s buscado. Aunque la cama no es original, los visitantes hacen cola para fotografiarse junto a la cabecera, con la mano puesta sobre el punto exacto del aire en el que se supone que qued&#243; la manzana.

  

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    <title>La manzana de Neuman (un cuento)</title>
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