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    <body>En el delicioso pr&#243;logo a &lt;EM&gt;Me gusta contar&lt;/EM&gt;, una selecci&#243;n de sus mejores relatos que Antonio Pereira public&#243; en 1999 para el Taller de Mario Muchnik, reconoc&#237;a graciosamente una verdad dolorosa que a muchos cuentistas les cuesta aceptar: que se dedic&#243; a escribir cuentos no por razones s&#243;lo literarias, sino porque no ten&#237;a tiempo. "Mi vida es de poco parar -dice-, y siempre he tendido a vivirla antes de ponerme a imaginar la de los otros. Me acompa&#241;an ejemplos ilustres. Don Juan Manuel andaba del coro al ca&#241;o, del Reino de Navarra al Reino de Murcia, as&#237; escribi&#243; los ap&#243;logos relampagueantes de &lt;EM&gt;El conde Lucanor &lt;/EM&gt;en vez de una historia extensa como el &lt;EM&gt;Quijote&lt;/EM&gt;. El cuentista y preceptor de cuentistas Horacio Quiroga apenas produjo m&#225;s que cuentos y, &#161;qu&#233; casualidad!, se desempe&#241;aba al mismo tiempo de colono por la selva, cultivaba algod&#243;n en el Chaco, ten&#237;a negocios de carb&#243;n..." As&#237; no puede escribirse una novela.

El maestro Pereira se ech&#243; al barro de los dec&#225;logos con el suyo propio y socarr&#243;n, una peque&#241;a maravilla humor&#237;stica en tono menor a la que, por supuesto, no hay que obedecer, aunque contenga m&#225;s sabidur&#237;a y miga de lo que parece. Mi homenaje:

.

&lt;FONT color=#3366ff&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3366ff&gt;[DEC&#193;LOGO DE ANTONIO PEREIRA]&lt;/FONT&gt;
&lt;/STRONG&gt;&lt;/FONT&gt;
1. Lo primero es tener una historia que contar. Sin esto, nada.

2. Hay que profundizar en ella, que no se quede en an&#233;cdota, chascarrillo, ocurrencia.

3. Extender la historia mientras no peligre el sagrado efecto &#250;nico. (Poe). Se puede nutrir la historia, pero no hincharla.

4. Cuidar el comienzo, entrando r&#225;pido en el tema. El final sabe cuidarse solo.

5. Que siempre haya expectativa. &#161;Algo va a ocurrir!

6. Si dudas entre dos palabras, elige la m&#225;s clara. Si hay empate, qu&#233;date con la menos prestigiosa.

7. Explotar la voz imaginada del narrador, un cuento es la ficci&#243;n de una voz. 

8. El narrador no lo sabe todo, conviene fingir dudas, a lo Cunqueiro: "Pidi&#243; una de las famosas sopas hanse&#225;ticas, una sopa de nueces, por ejemplo, o el rabo de buey..."

9. El novelista puede ser altanero. El cuentista debe ser cordial y amistoso.

10. Debe serlo incluso cuando escribe pr&#243;logos.

.

&lt;STRONG&gt;I N&lt;/STRONG&gt;

&lt;STRONG&gt;M E M O R I A M&lt;/STRONG&gt;

&lt;STRONG&gt;A N T O N I O&lt;/STRONG&gt;

&lt;STRONG&gt;P E R E I R A

&lt;/STRONG&gt;.

&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#990000&gt;[ANTONIO PEREIRA, &lt;EM&gt;Me gusta contar. Selecci&#243;n personal de relatos&lt;/EM&gt;. Madrid, Taller de Mario Muchnik, 1999]&lt;/FONT&gt;
&lt;/STRONG&gt;
.









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    <nicetitle>decalogo-antonio-pereira</nicetitle>
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    <title>Dec&#225;logo de Antonio Pereira</title>
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    <body>Hay escritores que detestan ejercer de escritores. Creen que la obra literaria se explica por s&#237; misma, que todo lo que tienen que decir est&#225; contenido en sus novelas o en sus poemas, y rechazan entrevistas, premios, homenajes y cualquiera de las sevicias que impone la vida literaria. Desde&#241;an venderse a s&#237; mismos como peponas de feria, el arduo self-marketing, la laboriosa producci&#243;n de la propia presencia que forma parte enojosa e inevitable del oficio de escritor y que a menudo exige m&#225;s tiempo, energ&#237;a y determinaci&#243;n que la construcci&#243;n de la obra art&#237;stica. 

 Si hay escritores que no escriben (los bartlebys), tambi&#233;n hay escritores que s&#243;lo escriben; no se hacen fotograf&#237;as, no opinan en la prensa, no acuden a universidades de verano, no presentan libros de otros, no forman parte de jurados ni comit&#233;s ni academias. Los grados de este rechazo van desde el hura&#241;o y mis&#225;ntropo (Rafael S&#225;nchez Ferlosio) al misterioso (Maurice Blanchot) o al t&#237;mido (Julien Gracq). 

 Este rechazo a ejercer de personaje p&#250;blico tiene ejemplos extremadamente coherentes y espectaculares (hay quien los llama "patol&#243;gicos"): Cormac McCarthy, J. D. Salinger, Thomas Pynchon. 

 De Pynchon no se conoce ninguna fotograf&#237;a en los &#250;ltimos cuarenta a&#241;os. Sus editores no le han visto nunca la cara, y si le han dado premios ha mandado a falsos pynchon a recogerlos. Dicen que vive en Long Island y que est&#225; casado con una agente literaria de Nueva York. Que adora M&#233;xico. Pynchon se ha convertido en un pesonaje de culto, y el misterio que lo envuelve da lugar constantemente a numerosos bulos y rumores. 

 Marketing parad&#243;jico: cuanto m&#225;s ocultas tu presencia m&#225;s expectaci&#243;n creas en torno a ella.    

 En el pr&#243;logo a su libro de cuentos &lt;EM&gt;Un lento aprendizaje&lt;/EM&gt;, Pynchon desgrana algunas reflexiones sobre el arte de escribir a prop&#243;sito de estos cuentos de juventud que el Pynchon maduro cree cargados de defectos; una suerte de breve y l&#250;cida po&#233;tica que condenso en forma de dec&#225;logo:

 .

 &lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;&lt;STRONG&gt;Dec&#225;logo de Pynchon&lt;/STRONG&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/STRONG&gt;

 &lt;STRONG&gt;1.&lt;/STRONG&gt; Es err&#243;neo comenzar con un tema, s&#237;mbolo u otro agente unificador abstracto, y luego intentar que los personajes y acontecimientos se le adapten a la fuerza.

 &lt;STRONG&gt;2.&lt;/STRONG&gt; S&#233; demasiado conceptual, demasiado listo y remoto y tus personajes se morir&#225;n en la p&#225;gina.

 &lt;STRONG&gt;3.&lt;/STRONG&gt; Me guiaba por el lema "hazlo literario": un mal consejo.

 &lt;STRONG&gt;4.&lt;/STRONG&gt; Sin alg&#250;n anclaje en la realidad humana, lo m&#225;s probable es que uno se quede s&#243;lo con otro ejercicio de aprendiz. 

 &lt;STRONG&gt;5.&lt;/STRONG&gt; Es una mala manera de escribir un relato: empezar con una acu&#241;aci&#243;n termodin&#225;mica, los datos de una gu&#237;a, y solo entonces intentar el desarrollo del argumento y los personajes. Esto es entenderlo todo al rev&#233;s.

 &lt;STRONG&gt;6.&lt;/STRONG&gt; Entonces era joven, y me interesaba m&#225;s confiar al papel una variedad de abusos, como el de escribir en un estilo recargado... Lo que puede ocurrir cuando uno emplea demasiado tiempo y energ&#237;a s&#243;lo en las palabras.

 &lt;STRONG&gt;7.&lt;/STRONG&gt; Escribir sobre lo que se conoce. El problema es que en la juventud creemos saberlo todo, o mejor, desconocemos el alcance y estructura de nuestra ignorancia. Familiaric&#233;monos con nuestra ignorancia, para no tener que echar a perder un buen relato. 

 &lt;STRONG&gt;8.&lt;/STRONG&gt; Los aprendices, en todos los campos y &#233;pocas, desean ansiosamente ser viajeros.

 &lt;STRONG&gt;9. &lt;/STRONG&gt;El aprendizaje avanza continuamente.

 &lt;STRONG&gt;10.&lt;/STRONG&gt; Ya has practicado bastante. &#161;Ahora escribe!

 .

 &lt;STRONG&gt;(THOMAS PYNCHON, &lt;EM&gt;Un lento aprendizaje&lt;/EM&gt;, Barcelona, Tusquets, 1992. Traducci&#243;n de Jordi Fibla)&lt;/STRONG&gt;

 .

 El escritor argentino Rodrigo Fres&#225;n tiene un magn&#237;fico art&#237;culo sobre Pynchon en el suplemento de libros del diario &lt;EM&gt;P&#225;gina 12&lt;/EM&gt;:

 &lt;A href="http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/libros/00-09/00-09-03/nota.htm"&gt;http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/libros/00-09/00-09-03/nota.htm&lt;/A&gt;

  

  

  

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    <nicetitle>el-decalogo-thomas-pynchon</nicetitle>
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    <title>El dec&#225;logo de Thomas Pynchon</title>
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    <body>Valdemar Canaris nos dej&#243; aqu&#237; el "Dec&#225;logo del perfecto cuentista" de Horacio Quiroga: &lt;A href="http://lacomunidad.elpais.com/jesusortega/2008/8/10/que-necesita-narrador-ser-bueno#comments"&gt;http://lacomunidad.elpais.com/jesusortega/2008/8/10/que-necesita-narrador-ser-bueno#comments&lt;/A&gt;

Se me ocurre como agradecimiento a su gesto transcribir (en parte) una simp&#225;tica refutaci&#243;n de Quiroga a cargo de Silvina Bulrich. En redonda Quiroga al completo, en cursiva los fragmentos de Bulrich:

1. Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo. &lt;EM&gt;(Cabe preguntarse hasta qu&#233; altura de la vida o de la obra supone Quiroga que debemos aceptar influencias extra&#241;as y cu&#225;ndo tenemos derecho a sentirnos maestros a nuestra vez, aunque solo sea maestros de nosotros mismos. Ning&#250;n artista puede aceptar este consejo sin rebelarse un poco.) &lt;/EM&gt;

II. Cree que tu arte es una cima inaccesible. No sue&#241;es en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguir&#225;s sin saberlo t&#250; mismo. &lt;EM&gt;(Este segundo mandamiento es una redundancia del primero, aunque menos admisible. Nadie escribir&#237;a una l&#237;nea si no pensara que tiene algo que decir distinto de sus maestros.) &lt;/EM&gt;

III. Resiste cuanto puedas a la imitaci&#243;n, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. M&#225;s que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia. &lt;EM&gt;(Temo que este tercer mandamiento contradiga a los dem&#225;s aunque al mismo tiempo los resume y los justifica.)&lt;/EM&gt;

IV. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, d&#225;ndole todo tu coraz&#243;n. &lt;EM&gt;(&#191;Es acaso el triunfo lo m&#225;s importante en una obra literaria?)&lt;/EM&gt;

V. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra ad&#243;nde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras l&#237;neas tienen casi la importancia de las tres &#250;ltimas. &lt;EM&gt;(El factor sorpresivo del final suele ser el gran acierto de muchos cuentistas... los cuentos m&#225;s perfectos son los que conducen al lector, en medio de una formidable desorientaci&#243;n, al final previsto por el autor...)&lt;/EM&gt;

VI. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el r&#237;o soplaba el viento fr&#237;o", no hay en lengua humana m&#225;s palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez due&#241;o de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre s&#237; consonantes o asonantes. &lt;EM&gt;(Quiz&#225; sea este el m&#225;s caprichoso y el m&#225;s discutible de los mandamientos, pues no se tergiversar&#237;a mucho la realidad poniendo "helado" en vez de "fr&#237;o" y evitando as&#237; una rima que puede no molestar a Quiroga pero s&#237; al lector.) &lt;/EM&gt;

VII. No adjetives sin necesidad. In&#250;tiles ser&#225;n cuantas colas de color adhieras a un sustantivo d&#233;bil. Si hallas el que es preciso, &#233;l solo tendr&#225; un color incomparable. Pero hay que hallarlo. &lt;EM&gt;(El consejo es sano pero no infalible. Hay estilos que descansan en gran parte sobre los adjetivos... Pues &#191;qu&#233; quiere decir la expresi&#243;n "sin necesidad"? La necesidad de adjetivar es privativa de cada escritor... Por otra parte, los consejos son m&#225;s f&#225;ciles de dar que de seguir.)&lt;/EM&gt;

VIII. Toma a tus personajes de la mano y ll&#233;valos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo t&#250; lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea. &lt;EM&gt;(Esta &#250;ltima frase sorprende en un escritor tan aut&#233;ntico como Quiroga y debilita el consejo importante, quiz&#225; el m&#225;s importante del Dec&#225;logo.)&lt;/EM&gt;

IX. No escribas bajo el imperio de la emoci&#243;n. D&#233;jala morir, y ev&#243;cala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino. &lt;EM&gt;(No creo que quepa la discusi&#243;n alrededor de este noveno mandamiento.)&lt;/EM&gt;

X. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresi&#243;n que har&#225; tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera inter&#233;s m&#225;s que para el peque&#241;o ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento. (A lo largo de este Dec&#225;logo la palabra ingenuo ha acudido varias veces a mi mente...)


Publicado en Silvina Bulrich, &lt;EM&gt;Carta a un joven cuentista&lt;/EM&gt;, Buenos Aires, Santiago Rueda, 1968; y en Lauro Zavala (ed.), &lt;EM&gt;Teor&#237;as del cuento III&lt;/EM&gt;, M&#233;xico, UNAM, 1996. 

La verdad es que la refutaci&#243;n sabe a poco. Podr&#237;amos hacer la refutaci&#243;n de la refutaci&#243;n... 



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    <title>Refutaci&#243;n del Dec&#225;logo de Quiroga</title>
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    <body>Si un plasta es, ante todo, un mal narrador, &#191;qu&#233; distingue entonces al que es bueno contando historias? Un narrador tocado con la gracia comienza un relato: &#191;por qu&#233; se produce en nosotros el inconfundible cosquilleo, la impaciencia por saber qu&#233; sucedi&#243; (qu&#233; suceder&#225;), la necesidad de no perdernos nada, el olvido de nosotros mismos, la suspensi&#243;n del tiempo y el espacio, el transporte imaginativo (lejos, muy lejos), el ansia de llegar al final de la historia, el deseo de que nunca se termine? 

En &lt;EM&gt;Lo peor no son los autores&lt;/EM&gt;, Mario Muchnik cuenta una an&#233;cdota de Bruce Chatwin. Invitado a Barcelona a una mesa redonda sobre las vanguardias, Chatwin tom&#243; la palabra y dijo: "yo no s&#233; bien qu&#233; son las vanguardias ni cu&#225;ndo un texto es de vanguardia. S&#237; s&#233; una cosa: que para que un texto logre interesar al lector su autor debe reunir tres condiciones: tener algo que contar, tener ganas de contarlo y saber contarlo". 

Esta frase se la he le&#237;do a Juan Mars&#233; (en un art&#237;culo-entrevista en &lt;EM&gt;El Pa&#237;s &lt;/EM&gt;de Jos&#233; Luis Ferris) vestida de la siguiente manera: "Para escribir s&#243;lo se necesitan tres cosas: tener una buena historia que contar, saber contarla y tener ganas de contarla". Circulan por ah&#237; varias versiones de la frase ("por ah&#237;" es internet), de adscripciones dudosas (siempre le cae alguna a Oscar Wilde) y con aplicaciones indistintas para escritores, novelistas, novela negra, etc&#233;tera, hasta el punto de hacerme dudar sobre qui&#233;n la pronunci&#243; primero, si es que alguien la invent&#243; y no tiene un origen m&#237;tico, espurio, mestizo, simult&#225;neo. 

 Luego est&#225; la otra tr&#237;ada famosa de requisitos del escritor (experiencia, conocimiento, imaginaci&#243;n), la que Faulkner enunci&#243; en su entrevista con Jean Stein en &lt;EM&gt;The Paris Review&lt;/EM&gt;. Es tan general e infalible. Me recuerda a esos consejos igualmente infalibles de videntes y curanderos, que lo mismo pueden servir para cocinar que para escalar monta&#241;as, para hacer el amor que para comprar un piso o invadir Polonia. 

 Me gusta m&#225;s la tr&#237;ada que Augusto Monterroso pone en boca del gran Eduardo Torres en su &lt;EM&gt;Viaje al centro de la f&#225;bula&lt;/EM&gt;. Dice casi lo mismo, aunque con algo m&#225;s de sustancia y notablemente m&#225;s pitorreo: "Escribir es muy f&#225;cil. Lo &#250;nico que se necesita para hacerlo bien es inteligencia, sensibilidad y unas cuantas experiencias y encuentros con las personas y los libros adecuados".  

 Es curioso, pero de las tres cosas que ya sabemos que se necesitan en la vida, salud, dinero y amor, ninguna hace falta para escribir o contar historias. Ni siquiera el dinero.

 


 

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    <title>Qu&#233; necesita un narrador para ser bueno</title>
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    <body>Plasta: pelmazo, pesado, paliza, plomo, tost&#243;n. He aqu&#237; su dec&#225;logo.



&lt;STRONG&gt;1.&lt;/STRONG&gt; Todo plasta se cree un gran narrador (forma) lleno de cosas interesantes que decir (contenido).

&lt;STRONG&gt;2.&lt;/STRONG&gt; Todo plasta necesita como sea contarte su historia.

&lt;STRONG&gt;3.&lt;/STRONG&gt; Hay dos clases fundamentales de plastas, de las que se derivan todas las dem&#225;s: el que no se da cuenta de que aburre (ang&#233;lico) y el que finge no saberlo (alevoso).

&lt;STRONG&gt;4.&lt;/STRONG&gt; Sean de condici&#243;n angelical o alevosa, los plastas abarcan hombres y mujeres de toda laya: fil&#225;ntropos, mesi&#225;nicos, graciosos, taxistas, poetas, camareros, comprometidos con el medio ambiente, locutores radiof&#243;nicos, l&#237;deres hist&#243;ricos, vecinos de tu barrio, pasajeros (de avi&#243;n, de tren, de autob&#250;s). Grandes escuchadores de s&#237; mismos, sobre todo cuando hay p&#250;blico. 

&lt;STRONG&gt;5.&lt;/STRONG&gt; El plasta es ubicuo, memorioso, infalible: se hable de lo que se hable siempre estuvo all&#237;, siempre tiene opini&#243;n. Su pensamiento anal&#243;gico y hol&#237;stico halla conexiones, por remotas que parezcan, entre aquello de lo que se habla y su propio carrete.

&lt;STRONG&gt;6.&lt;/STRONG&gt; Cuando alguien comience un relato con advertencias como "ver&#225;s qu&#233; gracioso" o "no te puedes imaginar", cuidado: posible plasta.

&lt;STRONG&gt;7.&lt;/STRONG&gt; Para confirmarlo, espera hasta o&#237;r las f&#243;rmulas "no s&#233; si me explico" o "&#191;sabes lo que quiero decir?".

&lt;STRONG&gt;8.&lt;/STRONG&gt; El plasta necesita contarlo todo con pelos y se&#241;ales. Adora las digresiones, los circunloquios, ir a los or&#237;genes "sin los cuales no se puede comprender nada" y ese gesto con las manos que quiere decir que cierra el par&#233;ntesis. 

&lt;STRONG&gt;9.&lt;/STRONG&gt; El plasta no nace, se hace.

&lt;STRONG&gt;10.&lt;/STRONG&gt; Todos somos plastas.



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    <title>Dec&#225;logo del plasta como narrador</title>
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    <body>La Universidad de Puerto Rico public&#243; en 1956 dos tomos de &lt;EM&gt;Obras en prosa &lt;/EM&gt;de Edgar Allan Poe traducidos y prologados por Julio Cort&#225;zar. Tanto las traducciones como los textos que las acompa&#241;aban (ensayo biogr&#225;fico, ensayo cr&#237;tico y notas) se reeditaron en Espa&#241;a por Alianza Bolsillo. Ah&#237; hay que irse (o a las &lt;EM&gt;Obras completas &lt;/EM&gt;de Cort&#225;zar editadas por Galaxia Gutenberg) si se quiere leer "El poeta, el narrador y el cr&#237;tico", porque extra&#241;amente este ensayo no se incluy&#243; en la edici&#243;n de la &lt;EM&gt;Obra cr&#237;tica&lt;/EM&gt; que de Cort&#225;zar hizo Alfaguara en los a&#241;os noventa. Ah, mi sobada edici&#243;n de Alianza Bolsillo, con tu cubierta de Daniel Gil: me has acompa&#241;ado toda la vida, nunca te abandonar&#233;. &#161;Viva Alianza Bolsillo!

 En 1956 Cort&#225;zar ya es Cort&#225;zar o est&#225; a punto de serlo (es el a&#241;o en que publica &lt;EM&gt;Final del juego&lt;/EM&gt;). Este ensayo sobre Poe es un buen ejemplo de c&#243;mo un escritor se encuentra a s&#237; mismo estudiando la obra de otro. Cort&#225;zar rebusca, filtra, traduce, parafrasea. Da unos toquecitos a las palabras de Poe para hacerle decir ciertas cosas del cuento que no dijo del todo o no exactamente as&#237;, y que el propio Cort&#225;zar sin duda pensaba. Poe por Cort&#225;zar o Cort&#225;zar en Poe. De entre todas las ideas del ensayo entresaco unos pocos fragmentos, los que tienen que ver con la pragm&#225;tica del cuento, para convertirlos en un (posible) dec&#225;logo.

 1. Un cuento es una m&#225;quina literaria de crear inter&#233;s.

 2. La eficacia de un cuento depende de su intensidad como acaecimiento puro. Todo comentario al acaecimiento debe ser radicalmente suprimido. El suceso a relatar es lo que importa; el relato tiene s&#243;lo una finalidad hed&#243;nica. No debe ser, pues, literatura de tesis, es decir, veh&#237;culo de ideas.

 3. Un cuento se construye de manera diferente que una novela. La novela permite las descripciones preparatorias, los di&#225;logos marginales, las consideraciones a posteriori, las digresiones, las efusiones incontroladas. El cuento muestra el abismo; la novela lo explora.

 4. Liquidaci&#243;n de todo prop&#243;sito "art&#237;stico" del cuento. Los cuentos-poemas no son verdaderos cuentos. Para eso est&#225; la poes&#237;a. Poe no tiene un solo cuento que pueda considerarse nacido de un impulso meramente est&#233;tico, como en Oscar Wilde, Rub&#233;n Dar&#237;o o Gabriel Mir&#243;.

 5. En el cuento va a ocurrir algo, y ese algo ser&#225; intenso. No debe entenderse la obligaci&#243;n de que el cuento contenga sucesos desaforadamente intensos. Si el tema del cuento no se apoya en la estructura m&#225;s profunda del hombre, no tendr&#225; intensidad. La intensidad del cuento es ese latir de su sustancia...

 6. "Interesante" y "agradable" no son lo mismo que "intenso". No hay talento verbal ni ingenio t&#233;cnico que salven de la median&#237;a a un cuento sin intensidad. 

 7. Todo rodeo es innecesario siempre que no sea un falso rodeo, es decir, una aparente digresi&#243;n por medio de la cual el cuentista nos atrapa desde la primera frase y nos predispone para que recibamos de lleno el impacto del suceso.

 8. Econom&#237;a. Estructura funcional. M&#225;quina eficaz. Exacta articulaci&#243;n entre las partes.

 9. Meternos en un cuento como se entra en una casa. La econom&#237;a no es solo una cuesti&#243;n de tema, de ce&#241;ir el episodio en su meollo, sino de hacerlo coincidir con su expresi&#243;n verbal, ci&#241;&#233;ndola a la vez para que no exceda de sus l&#237;mites. Presencia de la cosa dicha y no discurso sobre la cosa. Eliminaci&#243;n casi absoluta de puentes, de presentaciones y retratos; se nos pone en el drama, se nos hace leer el cuento como si estuvi&#233;ramos dentro. Los cuentos son ventanas, agujeros de palabras. Un ambiente no hace como un halo de lo que sucede, sino que forma cuerpo con el suceso mismo y a veces es el suceso.

 10. El ritmo de los relatos est&#225; adecuado al ritmo de los sucesos. La econom&#237;a no es una cuesti&#243;n de obligatoria brevedad (aunque tienda a eso) sino de perfecta coherencia entre duraci&#243;n e intensidad. Nunca hay all&#237; peligro de un anticl&#237;max por desajuste t&#233;cnico.

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    <title>Poe, Cort&#225;zar y Alianza Bolsillo</title>
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    <body>De acuerdo, Poe est&#225; muy visto. Hay un hartazgo de Poe y un olvido de Poe. Es decir, todo el mundo dice conocer a Poe, aunque nadie lo lea en serio a partir de cierta edad. Hasta que no sobrevenga la pr&#243;xima efem&#233;ride (en 2009, bicentenario de su nacimiento) Poe seguir&#225; aletargado, semienterrado en todas esas ediciones de bolsillo que se venden en las librer&#237;as de viejo. Una amiga quisquillosa pronuncia la terrible palabra, esa expresi&#243;n cool tan cara a los entendidos: "sobrevalorado". Poe est&#225; &lt;EM&gt;sobrevalorado&lt;/EM&gt;. Tiene que ser aburrido, dice, empezar tu taller literario con Poe como quien yo me s&#233; sus clases con el M&#237;o Cid. Y as&#237;. Que si es un autor para adolescentes, que si es de un goticismo c&#243;mico, que si le sobran adjetivos esdr&#250;julos (como a Lovecraft), que si al leerlo es imposible quitarse de la cabeza la imagen de Vincent Price y su bigotillo, que si el propio Poe incumpl&#237;a en muchos de sus cuentos sus propias reglas de composici&#243;n...

S&#237;, Poe est&#225; muy visto. Pero creo que nunca ha terminado de decir lo que tiene que decir, como les sucede a todos los cl&#225;sicos (seg&#250;n Italo Calvino). Su teor&#237;a del cuento es uno de los textos m&#225;s plagiados de la historia literaria; cuando muchos cuentistas y preceptistas se pronuncian sobre lo que les parece el g&#233;nero, en buena medida no hacen m&#225;s que par&#225;frasis de Poe. En fin, los Diez Mandamientos o el Padrenuestro tambi&#233;n est&#225;n muy vistos... Como dec&#237;a Roberto Bola&#241;o: "la verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendr&#237;amos de sobra".

Los fragmentos abajo transcritos pertenecen al ensayo "Filosof&#237;a de la composici&#243;n", a notas dispersas reunidas como "Marginalia" y, sobre todo, a la rese&#241;a de &lt;EM&gt;Twice-Told Tales &lt;/EM&gt;de Nathaniel Hawthorne. Poe nunca escribi&#243; un dec&#225;logo del cuento, pero le hubiera hecho gracia, creo, la idea de verse presidiendo (de Quiroga a Neuman) la lista universal de mandamientos del g&#233;nero. A mis alumnos de los talleres les he dado alguna vez este falso dec&#225;logo hecho con fragmentos verdaderos, para que lo sumen a su archivo y lo discutan, lo nieguen, lo dejen atr&#225;s. La traducci&#243;n es de Julio Cort&#225;zar. 

1. &lt;STRONG&gt;[Saber hacia d&#243;nde se va: empezar por el final]&lt;/STRONG&gt; "&lt;SMALL&gt;&lt;/SMALL&gt;&lt;SMALL&gt;&lt;/SMALL&gt;En la manera habitual de estructurar un relato se comete un error radical... El autor se pone a combinar acontecimientos sorprendentes que constituyen la base de su narraci&#243;n, y se promete llenar con descripciones, di&#225;logos o comentarios personales todos los huecos que a cada p&#225;gina puedan aparecer en los hechos... Por mi parte, prefiero comenzar con el an&#225;lisis de un efecto. Me digo en primer lugar: de entre los innumerables efectos de que son susceptibles el coraz&#243;n, el intelecto o el alma, &#191;cu&#225;l elegir&#233; en esta ocasi&#243;n?"

&lt;BIG&gt;&lt;/BIG&gt;2. &lt;STRONG&gt;[Un solo efecto, una sola impresi&#243;n]&lt;/STRONG&gt; &lt;SMALL&gt;&lt;/SMALL&gt;"El punto de mayor importancia es la unidad de efecto o impresi&#243;n"

&lt;BIG&gt;&lt;/BIG&gt;3. &lt;STRONG&gt;[Concebir todos los elementos del cuento en funci&#243;n del efecto final] &lt;/STRONG&gt;"Luego de escoger un efecto novedoso y penetrante, me pregunto si podr&#233; lograrlo mediante los incidentes o por el tono general... entonces miro en torno de m&#237;, en procura de la combinaci&#243;n de sucesos o de tono que mejor me ayuden en la producci&#243;n del efecto. Si el artista literario es prudente... despu&#233;s de concebir cuidadosamente cierto efecto &#250;nico y singular, inventar&#225; los incidentes, combin&#225;ndolos de la manera que mejor lo ayude a lograr el efecto preconcebido".

4. &lt;STRONG&gt;[La extensi&#243;n del cuento: breve]&lt;/STRONG&gt; "Lo primero a considerar es la extensi&#243;n. Si es demasiado larga para ser le&#237;da de una sola vez, preciso es resignarse a perder el important&#237;simo efecto que se deriva de la unidad de impresi&#243;n... Y sin unidad de impresi&#243;n no se pueden lograr los efectos m&#225;s profundos... Si la lectura se hace en dos veces, las actividades mundanas interfieren destruyendo toda totalidad".

5. &lt;STRONG&gt;[Pero no demasiado, nada de microrrelatos]&lt;/STRONG&gt; Cierto grado de duraci&#243;n es indispensable para conseguir un efecto cualquiera... Aludo a la breve narraci&#243;n cuya lectura insume entre media hora y dos... La brevedad extremada degenera en lo epigram&#225;tico; el pecado de la longitud excesiva es a&#250;n m&#225;s imperdonable... El cuento breve permite al autor desarrollar plenamente su prop&#243;sito, sea cual fuere. Durante la hora de lectura, el alma del lector est&#225; sometida a la voluntad de aqu&#233;l. Y no act&#250;an influencias externas o intr&#237;nsecas, resultantes del cansancio o la interrupci&#243;n".

6. &lt;STRONG&gt;[Estructura compacta: construcci&#243;n, condensaci&#243;n, precisi&#243;n]&lt;/STRONG&gt; "En el cuento, donde no hay espacio para desarrollar caracteres o para una gran profusi&#243;n y variedad incidental, la mera construcci&#243;n se requiere mucho m&#225;s imperiosamente que en la novela. En esta &#250;ltima, una trama defectuosa puede escapar a la observaci&#243;n, cosa que jam&#225;s ocurrir&#225; en un cuento".

7. &lt;STRONG&gt;[Importancia del principio]&lt;/STRONG&gt; "Si su primera frase no tiende ya a la producci&#243;n de dicho efecto, quiere decir que ha fracasado en el primer paso". 

8. &lt;STRONG&gt;[Importancia del final] &lt;/STRONG&gt;"La mayor&#237;a de nuestros cuentistas parecen empezar sus relatos sin saber c&#243;mo van a terminar; y, por lo general, sus finales parecen haber olvidado sus comienzos".

9. &lt;STRONG&gt;[Funcionalidad de todos los elementos]&lt;/STRONG&gt; "No deber&#237;a haber una sola palabra en toda la composici&#243;n cuya tendencia, directa o indirecta, no se aplicara al designio prestablecido".

10. &lt;STRONG&gt;[El poema (el ritmo) de ocupa de lo Bello; el cuento (la prosa), de todo lo dem&#225;s]&lt;/STRONG&gt; "El autor que en un cuento en prosa apunta a lo puramente bello, se ver&#225; en manifiesta desventaja, pues la Belleza puede ser mejor tratada en el poema. No ocurre esto con el terror, la pasi&#243;n o multitud de otros elementos..."



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