28 Abr 2009

Decálogo de Antonio Pereira

Escrito por: Jesús Ortega el 28 Abr 2009 - URL Permanente

En el delicioso prólogo a Me gusta contar, una selección de sus mejores relatos que Antonio Pereira publicó para el Taller de Mario Muchnik, reconocía graciosamente una verdad dolorosa que a muchos cuentistas les cuesta aceptar: que se dedicó a escribir cuentos no por razones sólo literarias, sino porque no tenía tiempo. "Mi vida es de poco parar --dice--, y siempre he tendido a vivirla antes de ponerme a imaginar la de los otros. Me acompañan ejemplos ilustres. Don Juan Manuel andaba del coro al caño, del Reino de Navarra al Reino de Murcia, así escribió los apólogos relampagueantes de El conde Lucanor en vez de una historia extensa como el Quijote. El cuentista y preceptor de cuentistas Horacio Quiroga apenas produjo más que cuentos y, ¡qué casualidad!, se desempeñaba al mismo tiempo de colono por la selva, cultivaba algodón en el Chaco, tenía negocios de carbón..." Así no puede escribirse una novela.

El maestro Pereira se echó al barro de los decálogos con el suyo propio y socarrón, una humorada a la que, por supuesto, no hay que obedecer... O sí.

Mi homenaje:

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[Decálogo de Antonio PEREIRA]

1. Lo primero es tener una historia que contar. Sin esto, nada.

2. Hay que profundizar en ella, que no se quede en anécdota, chascarrillo, ocurrencia.

3. Extender la historia mientras no peligre el sagrado efecto único. (Poe). Se puede nutrir la historia, pero no hincharla.

4. Cuidar el comienzo, entrando rápido en el tema. El final sabe cuidarse solo.

5. Que siempre haya expectativa. ¡Algo va a ocurrir!

6. Si dudas entre dos palabras, elige la más clara. Si hay empate, quédate con la menos prestigiosa.

7. Explotar la voz imaginada del narrador, un cuento es la ficción de una voz.

8. El narrador no lo sabe todo, conviene fingir dudas, a lo Cunqueiro: "Pidió una de las famosas sopas hanseáticas, una sopa de nueces, por ejemplo, o el rabo de buey..."

9. El novelista puede ser altanero. El cuentista debe ser cordial y amistoso.

10. Debe serlo incluso cuando escribe prólogos.

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I n

m e m o r i a m

A n t o n i o

P e r e i r a

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[ Antonio PEREIRA, Me gusta contar. Selección personal de relatos. Madrid, Taller de Mario Muchnik, 1999 ]

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[ decálogos ]
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23 Oct 2008

El decálogo de Thomas Pynchon

Escrito por: Jesús Ortega el 23 Oct 2008 - URL Permanente

Hay escritores que detestan ejercer de escritores. Creen que la obra literaria se explica por sí misma, que todo lo que tienen que decir está contenido en sus novelas o en sus poemas, y rechazan entrevistas, premios, homenajes y cualquiera de las sevicias que impone la vida literaria. Desdeñan venderse a sí mismos como peponas de feria, el arduo self-marketing, la laboriosa producción de la propia presencia que forma parte enojosa e inevitable del oficio de escritor y que a menudo exige más tiempo, energía y determinación que la construcción de la obra artística.

Si hay escritores que no escriben (los bartlebys), también hay escritores que sólo escriben; no se hacen fotografías, no opinan en la prensa, no acuden a universidades de verano, no presentan libros de otros, no forman parte de jurados ni comités ni academias. Los tonos de este rechazo van desde el huraño y misántropo (Rafael Sánchez Ferlosio) al misterioso (Maurice Blanchot) o al tímido (Julien Gracq).

Este no querer ejercer de personaje público tiene ejemplos extremadamente coherentes y espectaculares (hay quien los llama "patológicos"): Cormac McCarthy, J. D. Salinger, Thomas Pynchon.

De Pynchon no se conoce ninguna fotografía en los últimos cuarenta años. Sus editores no le han visto nunca la cara, y si le han dado premios ha mandado a falsos pynchon a recogerlos. Dicen que vive en Long Island y que está casado con una agente literaria de Nueva York. Que adora México. Pynchon se ha convertido en un pesonaje de culto, y el misterio que lo envuelve da lugar constantemente a numerosos bulos y rumores.

Marketing paradójico: cuanto más ocultas tu presencia más expectación creas en torno a ella.

En el prólogo a su libro de cuentos de juventud Un lento aprendizaje, Pynchon desgrana algunas reflexiones sobre el arte de escribir a propósito de esos textos que el Pynchon maduro cree cargados de defectos; una suerte de breve y lúcida poética que me he divertido en extractar, trocear y poner en forma de decálogo:

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(Falso) Decálogo de Pynchon

1. Es erróneo comenzar con un tema, símbolo u otro agente unificador abstracto, y luego intentar que los personajes y acontecimientos se le adapten a la fuerza.

2. Sé demasiado conceptual, demasiado listo y remoto y tus personajes se morirán en la página.

3. Me guiaba por el lema "hazlo literario": un mal consejo.

4. Sin algún anclaje en la realidad humana, lo más probable es que uno se quede sólo con otro ejercicio de aprendiz.

5. Es una mala manera de escribir un relato: empezar con una acuñación termodinámica, los datos de una guía, y solo entonces intentar el desarrollo del argumento y los personajes. Esto es entenderlo todo al revés.

6. Entonces era joven, y me interesaba más confiar al papel una variedad de abusos, como el de escribir en un estilo recargado... Lo que puede ocurrir cuando uno emplea demasiado tiempo y energía sólo en las palabras.

7. Escribir sobre lo que se conoce. El problema es que en la juventud creemos saberlo todo, o mejor, desconocemos el alcance y estructura de nuestra ignorancia. Familiaricémonos con nuestra ignorancia, para no tener que echar a perder un buen relato.

8. Los aprendices, en todos los campos y épocas, desean ansiosamente ser viajeros.

9. El aprendizaje avanza continuamente.

10. Ya has practicado bastante. ¡Ahora escribe!

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[ Thomas PYNCHON, Un lento aprendizaje, Barcelona, Tusquets, 1992. Traducción de Jordi Fibla ]

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Rodrigo Fresán tiene un magnífico artículo sobre Pynchon en el suplemento de libros del diario Página 12:

http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/libros/00-09/00-09-03/nota.htm

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[ decálogos ] [ fragmentos de una poética invisible ]
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17 Ago 2008

Refutación del Decálogo de Quiroga

Escrito por: Jesús Ortega el 17 Ago 2008 - URL Permanente

Valdemar Canaris nos dejó aquí el "Decálogo del perfecto cuentista" de Horacio Quiroga: http://lacomunidad.elpais.com/jesusortega/2008/8/10/que-necesita-narrador-ser-bueno#comments

Se me ocurre como agradecimiento a su gesto transcribir (en parte) una simpática refutación de Quiroga a cargo de Silvina Bulrich. En redonda Quiroga al completo, en cursiva los fragmentos de Bulrich:

1. Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo. (Cabe preguntarse hasta qué altura de la vida o de la obra supone Quiroga que debemos aceptar influencias extrañas y cuándo tenemos derecho a sentirnos maestros a nuestra vez, aunque solo sea maestros de nosotros mismos. Ningún artista puede aceptar este consejo sin rebelarse un poco.)

II. Cree que tu arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo. (Este segundo mandamiento es una redundancia del primero, aunque menos admisible. Nadie escribiría una línea si no pensara que tiene algo que decir distinto de sus maestros.)

III. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia. (Temo que este tercer mandamiento contradiga a los demás aunque al mismo tiempo los resume y los justifica.)

IV. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón. (¿Es acaso el triunfo lo más importante en una obra literaria?)

V. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas. (El factor sorpresivo del final suele ser el gran acierto de muchos cuentistas... los cuentos más perfectos son los que conducen al lector, en medio de una formidable desorientación, al final previsto por el autor...)

VI. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes. (Quizá sea este el más caprichoso y el más discutible de los mandamientos, pues no se tergiversaría mucho la realidad poniendo "helado" en vez de "frío" y evitando así una rima que puede no molestar a Quiroga pero sí al lector.)

VII. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo. (El consejo es sano pero no infalible. Hay estilos que descansan en gran parte sobre los adjetivos... Pues ¿qué quiere decir la expresión "sin necesidad"? La necesidad de adjetivar es privativa de cada escritor... Por otra parte, los consejos son más fáciles de dar que de seguir.)

VIII. Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea. (Esta última frase sorprende en un escritor tan auténtico como Quiroga y debilita el consejo importante, quizá el más importante del Decálogo.)

IX. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino. (No creo que quepa la discusión alrededor de este noveno mandamiento.)

X. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento. (A lo largo de este Decálogo la palabra ingenuo ha acudido varias veces a mi mente...)

Publicado en Silvina Bulrich, Carta a un joven cuentista, Buenos Aires, Santiago Rueda, 1968; y en Lauro Zavala (ed.), Teorías del cuento III, México, UNAM, 1996.

La verdad es que la refutación sabe a poco. Podríamos hacer la refutación de la refutación...

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10 Ago 2008

Qué necesita un narrador para ser bueno

Escrito por: Jesús Ortega el 10 Ago 2008 - URL Permanente

Si un plasta es, ante todo, un mal narrador, ¿qué distingue entonces al que es bueno contando historias? Un narrador tocado con la gracia comienza un relato: ¿por qué se produce en nosotros el inconfundible cosquilleo, la impaciencia por saber qué sucedió (qué sucederá), la necesidad de no perdernos nada, el olvido de nosotros mismos, la suspensión del tiempo y el espacio, el transporte imaginativo (lejos, muy lejos), el ansia de llegar al final de la historia, el deseo de que nunca se termine?

En Lo peor no son los autores, Mario Muchnik cuenta una anécdota de Bruce Chatwin. Invitado a Barcelona a una mesa redonda sobre las vanguardias, Chatwin tomó la palabra y dijo: "yo no sé bien qué son las vanguardias ni cuándo un texto es de vanguardia. Sí sé una cosa: que para que un texto logre interesar al lector su autor debe reunir tres condiciones: tener algo que contar, tener ganas de contarlo y saber contarlo".

Esta frase se la he leído a Juan Marsé (en un artículo-entrevista en El País de José Luis Ferris) vestida de la siguiente manera: "Para escribir sólo se necesitan tres cosas: tener una buena historia que contar, saber contarla y tener ganas de contarla". Circulan por ahí varias versiones de la frase ("por ahí" es internet), de adscripciones dudosas (siempre le cae alguna a Oscar Wilde) y con aplicaciones indistintas para escritores, novelistas, novela negra, etcétera, hasta el punto de hacerme dudar sobre quién la pronunció primero, si es que alguien la inventó y no tiene un origen mítico, espurio, mestizo, simultáneo.

Luego está la otra tríada famosa de requisitos del escritor (experiencia, conocimiento, imaginación), la que Faulkner enunció en su entrevista con Jean Stein en The Paris Review. Es tan general e infalible. Me recuerda a esos consejos igualmente infalibles de videntes y curanderos, que lo mismo pueden servir para cocinar que para escalar montañas, para hacer el amor que para comprar un piso o invadir Polonia.

Me gusta más la tríada que Augusto Monterroso pone en boca del gran Eduardo Torres en su Viaje al centro de la fábula. Dice casi lo mismo, aunque con algo más de sustancia y notablemente más pitorreo: "Escribir es muy fácil. Lo único que se necesita para hacerlo bien es inteligencia, sensibilidad y unas cuantas experiencias y encuentros con las personas y los libros adecuados".

Es curioso, pero de las tres cosas que ya sabemos que se necesitan en la vida, salud, dinero y amor, ninguna hace falta para escribir o contar historias. Ni siquiera el dinero.

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09 Ago 2008

Decálogo del plasta como narrador

Escrito por: Jesús Ortega el 09 Ago 2008 - URL Permanente

Plasta: pelmazo, pesado, paliza, plomo, tostón. He aquí su decálogo.

1. Todo plasta se cree un gran narrador (forma) lleno de cosas interesantes que decir (contenido).

2. Todo plasta necesita como sea contarte su historia.

3. Hay dos clases fundamentales de plastas, de las que se derivan todas las demás: el que no se da cuenta de que aburre (angélico) y el que finge no saberlo (alevoso).

4. Sean de condición angelical o alevosa, los plastas abarcan hombres y mujeres de toda laya: filántropos, mesiánicos, graciosos, taxistas, poetas, camareros, comprometidos con el medio ambiente, locutores radiofónicos, líderes históricos, vecinos de tu barrio, pasajeros (de avión, de tren, de autobús). Grandes escuchadores de sí mismos, sobre todo cuando hay público.

5. El plasta es ubicuo, memorioso, infalible: se hable de lo que se hable siempre estuvo allí, siempre tiene opinión. Su pensamiento analógico y holístico halla conexiones, por remotas que parezcan, entre aquello de lo que se habla y su propio carrete.

6. Cuando alguien comience un relato con advertencias como "verás qué gracioso" o "no te puedes imaginar", cuidado: posible plasta.

7. Para confirmarlo, espera hasta oír las fórmulas "no sé si me explico" o "¿sabes lo que quiero decir?".

8. El plasta necesita contarlo todo con pelos y señales. Adora las digresiones, los circunloquios, ir a los orígenes "sin los cuales no se puede comprender nada" y ese gesto con las manos que quiere decir que cierra el paréntesis.

9. El plasta no nace, se hace.

10. Todos somos plastas.

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08 Ago 2008

Poe, Cortázar y Alianza Bolsillo

Escrito por: Jesús Ortega el 08 Ago 2008 - URL Permanente

La Universidad de Puerto Rico publicó en 1956 dos tomos de Obras en prosa de Edgar Allan Poe traducidos y prologados por Julio Cortázar. Tanto las traducciones como los textos que las acompañaban (ensayo biográfico, ensayo crítico y notas) se reeditaron en España por Alianza Bolsillo. Ahí hay que irse (o a las Obras completas de Cortázar editadas por Galaxia Gutenberg) si se quiere leer "El poeta, el narrador y el crítico", porque extrañamente este ensayo no se incluyó en la edición de la Obra crítica que de Cortázar hizo Alfaguara en los años noventa. Ah, mi sobada edición de Alianza Bolsillo, con tu cubierta de Daniel Gil: me has acompañado toda la vida, nunca te abandonaré. ¡Viva Alianza Bolsillo!

En 1956 Cortázar ya es Cortázar o está a punto de serlo (es el año en que publica Final del juego). Este ensayo sobre Poe es un buen ejemplo de cómo un escritor se encuentra a sí mismo estudiando la obra de otro. Cortázar rebusca, filtra, traduce, parafrasea. Da unos toquecitos a las palabras de Poe para hacerle decir ciertas cosas del cuento que no dijo del todo o no exactamente así, y que el propio Cortázar sin duda pensaba. Poe por Cortázar o Cortázar en Poe. De entre todas las ideas del ensayo entresaco unos pocos fragmentos, los que tienen que ver con la pragmática del cuento, para convertirlos en un (posible) decálogo.

1. Un cuento es una máquina literaria de crear interés.

2. La eficacia de un cuento depende de su intensidad como acaecimiento puro. Todo comentario al acaecimiento debe ser radicalmente suprimido. El suceso a relatar es lo que importa; el relato tiene sólo una finalidad hedónica. No debe ser, pues, literatura de tesis, es decir, vehículo de ideas.

3. Un cuento se construye de manera diferente que una novela. La novela permite las descripciones preparatorias, los diálogos marginales, las consideraciones a posteriori, las digresiones, las efusiones incontroladas. El cuento muestra el abismo; la novela lo explora.

4. Liquidación de todo propósito "artístico" del cuento. Los cuentos-poemas no son verdaderos cuentos. Para eso está la poesía. Poe no tiene un solo cuento que pueda considerarse nacido de un impulso meramente estético, como en Oscar Wilde, Rubén Darío o Gabriel Miró.

5. En el cuento va a ocurrir algo, y ese algo será intenso. No debe entenderse la obligación de que el cuento contenga sucesos desaforadamente intensos. Si el tema del cuento no se apoya en la estructura más profunda del hombre, no tendrá intensidad. La intensidad del cuento es ese latir de su sustancia...

6. "Interesante" y "agradable" no son lo mismo que "intenso". No hay talento verbal ni ingenio técnico que salven de la medianía a un cuento sin intensidad.

7. Todo rodeo es innecesario siempre que no sea un falso rodeo, es decir, una aparente digresión por medio de la cual el cuentista nos atrapa desde la primera frase y nos predispone para que recibamos de lleno el impacto del suceso.

8. Economía. Estructura funcional. Máquina eficaz. Exacta articulación entre las partes.

9. Meternos en un cuento como se entra en una casa. La economía no es solo una cuestión de tema, de ceñir el episodio en su meollo, sino de hacerlo coincidir con su expresión verbal, ciñéndola a la vez para que no exceda de sus límites. Presencia de la cosa dicha y no discurso sobre la cosa. Eliminación casi absoluta de puentes, de presentaciones y retratos; se nos pone en el drama, se nos hace leer el cuento como si estuviéramos dentro. Los cuentos son ventanas, agujeros de palabras. Un ambiente no hace como un halo de lo que sucede, sino que forma cuerpo con el suceso mismo y a veces es el suceso.

10. El ritmo de los relatos está adecuado al ritmo de los sucesos. La economía no es una cuestión de obligatoria brevedad (aunque tienda a eso) sino de perfecta coherencia entre duración e intensidad. Nunca hay allí peligro de un anticlímax por desajuste técnico.

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07 Ago 2008

Decálogo de Edgar Allan Poe

Escrito por: Jesús Ortega el 07 Ago 2008 - URL Permanente

De acuerdo, Poe está muy visto. Hay un hartazgo de Poe y un olvido de Poe. Es decir, todo el mundo dice conocer a Poe, aunque nadie lo lea en serio a partir de cierta edad. Hasta que no sobrevenga la próxima efeméride (en 2009, bicentenario de su nacimiento) Poe seguirá aletargado, semienterrado en todas esas ediciones de bolsillo que se venden en las librerías de viejo. Una amiga quisquillosa pronuncia la terrible palabra, esa expresión cool tan cara a los entendidos: "sobrevalorado". Poe está sobrevalorado. Tiene que ser aburrido, dice, empezar tu taller literario con Poe como quien yo me sé sus clases con el Mío Cid. Y así. Que si es un autor para adolescentes, que si es de un goticismo cómico, que si le sobran adjetivos esdrújulos (como a Lovecraft), que si al leerlo es imposible quitarse de la cabeza la imagen de Vincent Price y su bigotillo, que si el propio Poe incumplía en muchos de sus cuentos sus propias reglas de composición...

Sí, Poe está muy visto. Pero creo que nunca ha terminado de decir lo que tiene que decir, como les sucede a todos los clásicos (según Italo Calvino). Su teoría del cuento es uno de los textos más plagiados de la historia literaria; cuando muchos cuentistas y preceptistas se pronuncian sobre lo que les parece el género, en buena medida no hacen más que paráfrasis de Poe. En fin, los Diez Mandamientos o el Padrenuestro también están muy vistos... Como decía Roberto Bolaño: "la verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra".

Los fragmentos abajo transcritos pertenecen al ensayo "Filosofía de la composición", a notas dispersas reunidas como "Marginalia" y, sobre todo, a la reseña de Twice-Told Tales de Nathaniel Hawthorne. Poe nunca escribió un decálogo del cuento, pero le hubiera hecho gracia, creo, la idea de verse presidiendo (de Quiroga a Neuman) la lista universal de mandamientos del género. A mis alumnos de los talleres les he dado alguna vez este falso decálogo hecho con fragmentos verdaderos, para que lo sumen a su archivo y lo discutan, lo nieguen, lo dejen atrás. La traducción es de Julio Cortázar.

1. [Saber hacia dónde se va: empezar por el final] "En la manera habitual de estructurar un relato se comete un error radical... El autor se pone a combinar acontecimientos sorprendentes que constituyen la base de su narración, y se promete llenar con descripciones, diálogos o comentarios personales todos los huecos que a cada página puedan aparecer en los hechos... Por mi parte, prefiero comenzar con el análisis de un efecto. Me digo en primer lugar: de entre los innumerables efectos de que son susceptibles el corazón, el intelecto o el alma, ¿cuál elegiré en esta ocasión?"

2. [Un solo efecto, una sola impresión] "El punto de mayor importancia es la unidad de efecto o impresión"

3. [Concebir todos los elementos del cuento en función del efecto final] "Luego de escoger un efecto novedoso y penetrante, me pregunto si podré lograrlo mediante los incidentes o por el tono general... entonces miro en torno de mí, en procura de la combinación de sucesos o de tono que mejor me ayuden en la producción del efecto. Si el artista literario es prudente... después de concebir cuidadosamente cierto efecto único y singular, inventará los incidentes, combinándolos de la manera que mejor lo ayude a lograr el efecto preconcebido".

4. [La extensión del cuento: breve] "Lo primero a considerar es la extensión. Si es demasiado larga para ser leída de una sola vez, preciso es resignarse a perder el importantísimo efecto que se deriva de la unidad de impresión... Y sin unidad de impresión no se pueden lograr los efectos más profundos... Si la lectura se hace en dos veces, las actividades mundanas interfieren destruyendo toda totalidad".

5. [Pero no demasiado, nada de microrrelatos] Cierto grado de duración es indispensable para conseguir un efecto cualquiera... Aludo a la breve narración cuya lectura insume entre media hora y dos... La brevedad extremada degenera en lo epigramático; el pecado de la longitud excesiva es aún más imperdonable... El cuento breve permite al autor desarrollar plenamente su propósito, sea cual fuere. Durante la hora de lectura, el alma del lector está sometida a la voluntad de aquél. Y no actúan influencias externas o intrínsecas, resultantes del cansancio o la interrupción".

6. [Estructura compacta: construcción, condensación, precisión] "En el cuento, donde no hay espacio para desarrollar caracteres o para una gran profusión y variedad incidental, la mera construcción se requiere mucho más imperiosamente que en la novela. En esta última, una trama defectuosa puede escapar a la observación, cosa que jamás ocurrirá en un cuento".

7. [Importancia del principio] "Si su primera frase no tiende ya a la producción de dicho efecto, quiere decir que ha fracasado en el primer paso".

8. [Importancia del final] "La mayoría de nuestros cuentistas parecen empezar sus relatos sin saber cómo van a terminar; y, por lo general, sus finales parecen haber olvidado sus comienzos".

9. [Funcionalidad de todos los elementos] "No debería haber una sola palabra en toda la composición cuya tendencia, directa o indirecta, no se aplicara al designio prestablecido".

10. [El poema (el ritmo) de ocupa de lo Bello; el cuento (la prosa), de todo lo demás] "El autor que en un cuento en prosa apunta a lo puramente bello, se verá en manifiesta desventaja, pues la Belleza puede ser mejor tratada en el poema. No ocurre esto con el terror, la pasión o multitud de otros elementos..."

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Sobre este blog

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El clavo en la pared

Jesús Ortega (Melilla, 1968) es autor de los libros de cuentos "El clavo en la pared" (Cuadernos del Vigía, 2007) y "Calle Aristóteles" (Cuadernos del Vigía, 2011), y está incluido en las antologías "Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual" (Menoscuarto, 2010) y "Pequeñas resistencias 5. Antología del nuevo cuento español" (Páginas de Espuma, 2010).
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