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    <body>1.

Con la feliz publicaci&#243;n de los &lt;EM&gt;Cuentos reunidos &lt;/EM&gt;de Sherwood Anderson (Lumen, 2009), nuestro saturado mercado editorial est&#225; un poco mejor provisto de cl&#225;sicos de la narrativa breve norteamericana. Tras d&#233;cadas de hambre y penurias (en realidad, casi todo el siglo XX) en las que no hab&#237;a otra cosa que echarse a la boca que malas traducciones y textos dispersos en antolog&#237;as inencontrables, aquel &#225;spero p&#225;ramo empieza a trocarse en suave man&#225; de ediciones decentes de cuent&#237;sticas completas, o casi: Scott Fitzgerald (Alfaguara, 1997), Dorothy Parker (Lumen, 2003), Saul Bellow (Alfaguara, 2003), Truman Capote (Anagrama, 2004), Flannery O'Connor (Lumen, 2005), Ernest Hemingway (Lumen, 2007), Carson McCullers (Seix Barral, 2007), Katherine Ann Porter (Lumen, 2007), Eudora Welty (Lumen, 2009).

[...]

3.

La traducci&#243;n de Vicen&#231; Tuset es impecable, igual que su pr&#243;logo: me pregunto si esa cristalina limpieza y fluidez de la prosa del Anderson traducido traducir&#225; a su vez la del Anderson original sin a&#241;adirle ni quitarle nada. No s&#233;. Mi fantas&#237;a es que el Anderson original quiz&#225; podr&#237;a resultar algo menos pulcro y algo m&#225;s expresivo (o m&#225;s rancio). 

.

4.

Miro fotograf&#237;as de Sherwood Anderson: un Walt Disney triste, un John Steinbeck sin apostura, un Theodore Dreiser autodidacto y un poco chabacano. Cuando r&#237;e se acent&#250;a su car&#225;cter filisteo, como de vendedor de crecepelos enriquecido por el largo y exitoso deambular por los poblachones del Medio Oeste. Si aparece serio, refulge su enorme inteligencia de ojos apretados y escrutadores, pero tambi&#233;n algo de su resentimiento, una turbiedad como de estar pensando en otras cosas, cosas suyas, todo el oscuro venero de sus mejores relatos.

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5.

Siempre me ha fascinado la muerte de Sherwood Anderson, contrapunto burl&#243;n de sus existenciales desvelos en vida: se trag&#243; un palillo de dientes mientras hac&#237;a un crucero por Panam&#225;. El palillo viaj&#243; por el interior de su intestino: peritonitis. La suya fue una muerte casi tan est&#250;pida como la de Roland Barthes (atropellado por una furgoneta de reparto en un inofensivo paso de cebra), aunque no tan estramb&#243;tica como la de Esquilo (un &#225;guila le lanz&#243; desde los cielos una tortuga, confundiendo su calva cabeza con una piedra). Como en uno de sus relatos, parec&#237;a que la vida de Sherwood Anderson consisti&#243; en pugnar por alcanzar cierta clase de problem&#225;tica dignidad, hasta que de pronto la muerte tan chusca, tan poco noble, puso las cosas en su sitio...

[...]

8.

Yo a&#241;adir&#237;a algo m&#225;s: todos sus cuentos, sus mejores cuentos, surgen de una inadaptaci&#243;n de los narradores (que suelen ser tambi&#233;n los protagonistas). Una mengua, una falta, algo (burdo o sutil) que no funciona bien en su mecanismo interior, en sus cuerpos/almas. Los narradores de los cuentos de Anderson son siempre zurdos contrariados, inocentes que han sufrido una violencia en su ser m&#225;s &#237;ntimo y sincero, y que por tanto arrastran una ausencia, una herida que no cicatriza, y eso es lo que los convierte precisamente en narradores, en observadores perplejos de la vida y de s&#237; mismos.

[...]

11.

Las historias de esos narradores heridos y perplejos se cuentan en oleadas, avanzando en espiral, volviendo una y otra vez sobre lo mismo antes de continuar la progresi&#243;n hacia el meollo de lo que quieren contar y a&#250;n no han contado, con constantes digresiones que nunca aburren sino que fascinan [...] como fascinan las historias digresivas de las mil y una noches, con el efecto hipn&#243;tico de los buenos narradores orales, esos que vuelven una y otra vez sobre algo que parece que van a contar y no acaban de contar del todo, que hacen decir al escuchador, pero bueno, cu&#233;ntalo de una vez, estoy en ascuas, y no lo dejan moverse de la silla ni perder un solo instante la atenci&#243;n, y luego se escapan y acaban contando otra cosa, y esa otra cosa que cuentan puede ser una turbiedad, un ansia, algo quiz&#225; oscuramente sexual que no se atreven a nombrar, y que ponen con ingenua delicadeza delante de los lectores para que sean estos quienes se tomen el trabajo de interpretar...

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El art&#237;culo completo, en la revista &lt;A id=link_0 title=http://www.spejismos.com/articulos.asp?n=98&amp;amp;s=4&amp;amp;num=8&amp;amp;tit=Las%20aventuras%20de%20ese%20momento,%20Cuentos%20reunidos%20de%20Sherwood%20Anderson%20(Edit.%20Lumen)&amp;amp;ent=Con%20la%20feliz%20publicaci&#243;n%20de%20los%20Cuentos%20reunidos%20de%20Sherwood%20Anderson%20(Lumen,%202009),%20nuestro%20saturado%20mercado%20editorial%20est&#225;%20un%20poco%20mejor%20provisto%20de%20cl&#225;sicos%20de%20la%20narrativa%20breve%20norteamericana href="http://www.spejismos.com/articulos.asp?n=98&amp;amp;s=4&amp;amp;num=8&amp;amp;tit=Las%20aventuras%20de%20ese%20momento,%20Cuentos%20reunidos%20de%20Sherwood%20Anderson%20(Edit.%20Lumen)&amp;amp;ent=Con%20la%20feliz%20publicaci&#243;n%20de%20los%20Cuentos%20reunidos%20de%20Sherwood%20Anderson%20(Lumen,%202009),%20nuestro%20saturado%20mercado%20editorial%20est&#225;%20un%20poco%20mejor%20provisto%20de%20cl&#225;sicos%20de%20la%20narrativa%20breve%20norteamericana"&gt;SPJismos&lt;/A&gt;.

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&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#cc0000&gt;[ SHERWOOD ANDERSON, &lt;EM&gt;Cuentos reunidos&lt;/EM&gt;. Barcelona, Lumen, 2009. Traducci&#243;n y pr&#243;logo de Vicen&#231; Tuset ]&lt;/FONT&gt;

&lt;/STRONG&gt;.

&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3333ff&gt;[ Libros de cuentos ]&lt;/FONT&gt;

&lt;/STRONG&gt;.













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    <body>&lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Una caracter&#237;stica casi can&#243;nica de los libros de microrrelatos consiste en su recopilaci&#243;n mediante hilos conductores tem&#225;tico-formales. Pienso por ejemplo en &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Cr&#237;menes ejemplares&lt;/I&gt; de Max Aub, en &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;La oveja negra y otras f&#225;bulas&lt;/I&gt; de Augusto Monterroso o en &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Falsificaciones&lt;/I&gt; de Marco Denevi. Miguel &#193;ngel Zapata lleva este procedimiento un poco m&#225;s lejos, al construir sus libros no s&#243;lo mediante series de microrrelatos unidos en atadijo por algo com&#250;n, sino como enmarcados tridimensionales de los textos, como puros objetos que contienen los textos. &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Ba&#250;l de prodigios&lt;/I&gt; estaba concebido literalmente como un ba&#250;l lleno de cajas y de cosas heter&#243;clitas, lo que Jim&#233;nez Lozano llamaba &#8220;cosario&#8221; para referirse a sus propios libros. El lector s&#243;lo ten&#237;a que meter la mano y sacar un cuento, como cuando &#233;ramos ni&#241;os y hurg&#225;bamos en el ba&#250;l (o en la caja que hiciera las veces de ba&#250;l) esperando encontrar alguna cosa ins&#243;lita, rara, desusada, abandonada, dispuesta a que le confiri&#233;ramos mediante el juego infantil una nueva vida.&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Y ahora aparece su tercer libro, &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Revelaciones y magias&lt;/I&gt;, una potente confirmaci&#243;n de su universo tem&#225;tico-estil&#237;stico. El libro est&#225; entonces concebido como un teatrillo ambulante y port&#225;til. Ofrece funci&#243;n doble. Por el mismo precio el lector-espectador podr&#225; asistir a una primera funci&#243;n de n&#250;meros de magia para todos los p&#250;blicos y, si lo desea, a una posterior y m&#225;s sesuda de revelaciones para adultos. El libro-teatrillo se abre con una dedicatoria a Harry Langdon, que no es un escritor sino un actor c&#243;mico del cine mudo de los a&#241;os veinte, autor de innumerables sketches para Max Sennett y de pel&#237;culas admirables como &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Camina, camina, camina&lt;/I&gt; (1926) o &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;El forzudo&lt;/I&gt; (1927). &lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Que Zapata le dedique el libro es toda una declaraci&#243;n de intenciones, tanto por la delicada y sutil comicidad gestual de Langdon, m&#225;s cerca de la sonrisa que de la carcajada, de la insinuaci&#243;n que de la exhibici&#243;n, como por su condici&#243;n de raro y olvidado. A Zapata le gustan los raros. Adem&#225;s, este gesto lo entronca con las reivindicaciones que de Buster Keaton hicieron Lorca y Alberti, y en general con la defensa del mundo del circo y del cine y de los g&#233;neros menores como el teatro de t&#237;teres que hicieron los vanguardistas del 27. &lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;De modo que los lectores-espectadores nos sentamos en la penumbra del teatrillo y p&#225;gina a p&#225;gina asistimos a una sucesi&#243;n de cincuenta y siete peque&#241;os n&#250;meros de magia escritos por Zapata-Houdini en condiciones imposibles. No llevan t&#237;tulo. Son simplemente n&#250;meros de magia. Zapata sabe muy bien que un microrrelato no es algo un poco m&#225;s breve que un relato breve, sino otra cosa, un g&#233;nero nuevo, distinto del cuento, del aforismo y de la f&#225;bula. En una entrevista con David G. Torres defini&#243; este nuevo g&#233;nero como un &#8220;poema que narra&#8221;, y la definici&#243;n no me parece tan apropiada para el microrrelato como para la propia po&#233;tica de Zapata. Efectivamente, muchos de sus textos son poemas que narran, aunque a m&#237; m&#225;s bien me parece que son como pinturas que narran. Son escenas en miniatura, surrealistas, on&#237;ricas, fant&#225;sticas, c&#243;micas, esperp&#233;nticas, extravagantes, l&#237;ricas, s&#237;, construidas mediante la mezcla de objetos e ideas imposibles y que est&#225;n cargadas, en su liviandad, de una constante reflexi&#243;n sobre la condici&#243;n humana, con la obsesi&#243;n por la muerte al fondo; tienen una evidente cualidad pl&#225;stica y a veces se ponen traviesamente en movimiento, como los circulantes decorados en miniatura con mu&#241;ecos aut&#243;matas que todav&#237;a pueden verse como reliquias en algunos festivales de teatro de t&#237;teres, o como en las fascinantes mini-pel&#237;culas de Segundo de Chom&#243;n, y a veces permanecen quietas, est&#225;ticas, y entonces me hacen pensar intensamente en la pintura del surrealismo, en Remedios Varo, &#193;ngeles Santos, Eugenio Granell, Max Ernst o Paul Delvaux, en las paradojas y los juegos de Magritte, en las perversas mu&#241;ecas de Hans Bellmer, en la soledad y el silencio de Hopper o en las cajas repletas de cosas de Joseph Cornell.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/SPAN&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;.&lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Me asombra la capacidad fabulatoria e imaginativa de Zapata (funambulista de lo on&#237;rico, lo llam&#243; una vez &#193;ngel Olgoso). Sentado en la oscuridad del teatrillo me pregunto lo que se preguntan todos los espectadores ante los n&#250;meros de magia: &#191;C&#243;mo lo ha hecho? &#191;C&#243;mo construye sus microrrelatos? Creo imaginar un m&#233;todo: Zapata se hace preguntas; preguntas inocentes que no respetan los l&#237;mites entre la realidad y la fantas&#237;a, como las que se hacen los ni&#241;os. Por ejemplo, Zapata se pasea por Madrid, y contempla las obras y las m&#225;quinas excavadoras de &lt;?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /&gt;&lt;st1:PersonName ProductID="la Puerta" w:st="on"&gt;la Puerta&lt;/st1:PersonName&gt; del Sol. &#191;Qu&#233; pasar&#237;a si excavando llegasen a las ant&#237;podas?, se pregunta. Y de ah&#237; nace un cuento. Elige con aparente ingenuidad una determinada imagen parad&#243;jica, metaf&#243;rica, surrealista o absurda, tomada del sue&#241;o, del juego, de la libre asociaci&#243;n de ideas, de las matem&#225;ticas, de la hip&#243;tesis fant&#225;stica, la toma en fin en su literalidad y tira de ese hilo hasta llevar al extremo sus posibilidades narrativas y po&#233;ticas, por extravagantes que parezcan, siguiendo una l&#243;gica f&#233;rrea. &lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Mi mujer y yo compartimos la esponja del ba&#241;o. Por tanto, compartimos toda clase de fluidos. &#191;Qu&#233; pasar&#237;a si de estos fluidos compartidos naciera nuestro hijo, al igual que Venus naci&#243; del semen de Urano arrojado al mar? Una ni&#241;a que no soporta los macarrones con pesto del comedor escolar los vomita. Pero &#191;y si la ni&#241;a fuese tan t&#237;mida, tan t&#237;mida que, por no molestar a los dem&#225;s con su v&#243;mito, vomitase el pesto precintado y limpio en su bote de cristal? &#191;Qu&#233; es lo que cae al ojo patio cuando sacudimos las s&#225;banas de nuestra cama? &#191;Qu&#233; pasar&#237;a si de pronto se rompiese la ley de la gravedad? &lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;[...]&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;



 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;Zapata fabula como los ni&#241;os y construye como los magos. Sus microrrelatos son misteriosos y di&#225;fanos a la vez. Todo se muestra a la luz, bajo los focos, pero el enigma no se resuelve nunca. De modo que volvemos al principio. &#191;C&#243;mo lo hace? &#191;C&#243;mo lo hace para que cada palabra parezca estar en el &#250;nico sitio posible que el cuento le ten&#237;a reservado? &lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;(MIGUEL &#193;NGEL ZAPATA, &lt;EM&gt;Revelaciones y magias&lt;/EM&gt;. Granada, Traspi&#233;s, 2009)&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;
&lt;/STRONG&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;
 &lt;P class=MsoNormal style="TEXT-JUSTIFY: inter-ideograph; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN style="FONT-FAMILY: 'Goudy Old Style'"&gt;&lt;FONT size=3&gt;.&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;













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    <title>Miguel &#193;ngel Zapata: Revelaciones y magias</title>
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    <body>Es sabido que Borges no cre&#237;a en la originalidad. Borges cre&#237;a que escribir es igual a transcribir y que escritor es igual a copista. Que la literatura es un gran palimpsesto, un mosaico de citas en el que los autores y las obras se han ido construyendo a partir de los autores y las obras precedentes. La idea moderna de la originalidad art&#237;stica es un fraude. El amanuense (el escritor) nunca crea &lt;EM&gt;ex nihilo&lt;/EM&gt; sino que manipula un relato transmitido; lo refracta a trav&#233;s del prisma de su visi&#243;n y de su idiosincrasia. "Esto es", dice Edna Aizenberg en su estupendo &lt;EM&gt;El tejedor del Aleph&lt;/EM&gt;, "lo que podr&#237;a llamarse originalidad en Borges: la refracci&#243;n, intensificaci&#243;n y tergiversaci&#243;n de lo dado". 

Hay un cuento archifamoso que lleva al l&#237;mite esta idea, "Pierre Menard, autor del Quijote". Todos lo conoc&#233;is. Por eso traigo aqu&#237; otro quiz&#225; no tan citado, una hilarante delicia llamada "Homenaje a C&#233;sar Paladi&#243;n", perteneciente a las &lt;EM&gt;Cr&#243;nicas de Bustos Domecq&lt;/EM&gt; (1967) que Borges escribi&#243; junto con Bioy Casares. El cuento, como tantos otros de su producci&#243;n, adopta la forma de ensayo literario, m&#225;s bien una jocosa nota bio-bibliogr&#225;fica en la que nos enteramos de que, siendo c&#243;nsul argentino en Ginebra, Paladi&#243;n public&#243; en 1910 un libro titulado &lt;EM&gt;Los parques abandonados&lt;/EM&gt;, exactamente igual y de id&#233;ntico t&#237;tulo al que el poeta uruguayo Julio Herrera y Reissig hab&#237;a publicado dos a&#241;os antes. Un plum&#237;fero acus&#243; a Paladi&#243;n de plagio, pero nadie hizo caso a la extra&#241;a denuncia y nuestro h&#233;roe pudo seguir imperturbable su carrera: entre 1911 y 1919, sus mejores a&#241;os, public&#243; obras tan relevantes como &lt;EM&gt;El sabueso de los Baskerville&lt;/EM&gt;, &lt;EM&gt;De los Apeninos a los Andes&lt;/EM&gt;, &lt;EM&gt;La caba&#241;a del t&#237;o Tom&lt;/EM&gt;, &lt;EM&gt;Fabiola&lt;/EM&gt; o &lt;EM&gt;Las ge&#243;rgicas&lt;/EM&gt;. "La muerte lo sorprende en plena labor; seg&#250;n el testimonio de sus &#237;ntimos, ten&#237;a en avanzada preparaci&#243;n el &lt;EM&gt;Evangelio seg&#250;n San Lucas&lt;/EM&gt;, obra de corte b&#237;blico, de la que no ha quedado borrador y cuya lectura hubiera sido interesant&#237;sima". 

Paladi&#243;n ampli&#243; la idea cl&#225;sica de la cita ajena como fertilizadora de la obra propia. Y lo hizo hasta l&#237;mites no conocidos. Lleg&#243; a la osad&#237;a de escribir sus libros no a partir de una frase o una palabra (como los &lt;EM&gt;Cantos&lt;/EM&gt; de Pound a partir de la &lt;EM&gt;Odisea&lt;/EM&gt;, por ejemplo), sino a partir de una obra entera, "sin quitar ni agregar una sola coma, norma a la que siempre fue fiel [...] Desde aquel momento, Paladi&#243;n entra en la tarea, que nadie acometiera hasta entonces, de bucear en lo profundo de su alma y de publicar libros que la expresaran, sin recargar el ya abrumador &lt;EM&gt;corpus&lt;/EM&gt; bibliogr&#225;fico o incurrir en la f&#225;cil vanidad de escribir una sola l&#237;nea". 

La f&#225;cil vanidad de escribir una sola l&#237;nea. Hacer propios los libros de otros que expresen mi alma. Lo que desde el romanticismo se llam&#243; plagio. Pues resulta que Mercedes Abad acaba de publicar un interesante libro de cuentos construido par&#243;dicamente a partir de esta misma idea, que adem&#225;s de en Borges est&#225; en una hermosa novela de Tobias Wolff, &lt;EM&gt;Vieja escuela&lt;/EM&gt;. 

Dice Mercedes Abad en el pr&#243;logo:

 &lt;BLOCKQUOTE&gt;"&#191;No es siempre de otro la paternidad de una idea? &#191;Qui&#233;n puede estar seguro de ser el leg&#237;timo propietario de todas sus ideas? Nuestra presunta originalidad &#191;es algo m&#225;s que un espejismo provocado por una supina ignorancia? Cuando yo escribo un cuento, una novela o un poema, &#191;c&#243;mo puedo estar segura de que no se me ha adelantado nadie? &#191;C&#243;mo me atrevo a firmar el cuento o el poema, constituy&#233;ndome as&#237; en autora, antes de investigar a fondo la suma de todos los manuscritos que alguna vez se escribieron (la mayor parte de los cuales jam&#225;s vieron la luz o han sido destruidos u olvidados) para cerciorarme de que nadie se me haya adelantado en alg&#250;n per&#237;odo de la Historia? &#191;No podr&#237;a suceder que quienes nos proclamamos autores seamos usurpadores? &#191;No podr&#237;a ser que quien repite una obra preexistente enriquezca y mejore el original? [...] Si admitimos que un relato escrito por otra persona puede retratarnos de forma m&#225;s &#237;ntima y reveladora que aquellos que escribimos nosotros (y que por esa misma raz&#243;n nos pertenecen quiz&#225; m&#225;s que los que han salido de nuestra propia mente), &#191;no es hasta cierto punto l&#237;cito el robo de relatos ajenos? &#191;No deber&#237;amos defender y saludar esa clase de robo como una forma nueva de arte?"&lt;/BLOCKQUOTE&gt;

Tengo &lt;EM&gt;Media docena de robos y un par de mentiras &lt;/EM&gt;entre mis manos. Cada cuento est&#225; construido plagiando, dice Abad, el cuento de otro. Estoy empezando a disfrutar de sus apropiaciones indebidas. A m&#237; me resulta todo muy original. La rese&#241;a completa, otro d&#237;a.

.

&lt;STRONG&gt;(MERCEDES ABAD, &lt;EM&gt;Media docena de robos y un par de mentiras&lt;/EM&gt;. Madrid, Alfaguara, 2009)

(JORGE LUIS BORGES, "Homenaje a C&#233;sar Paladi&#243;n", en &lt;EM&gt;Obras completas en colaboraci&#243;n&lt;/EM&gt;. Barcelona, Emec&#233;, 1997)
&lt;/STRONG&gt;
.













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    <title>Borges, Mercedes Abad, la originalidad y media docena de robos</title>
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    <body>Cristina G&#225;lvez pertenece, junto a Jorge Rubio, Miguel &#193;ngel Zapata, Cristina Garc&#237;a Morales, Miguel &#193;ngel C&#225;liz, Jos&#233; Mar&#237;a y Ernesto P&#233;rez Z&#250;&#241;iga, Pilar Ma&#241;as, Alejandro Pedregosa, Alfonso Salazar, Pepa Merlo, Elena Sanjuanbenito, Jos&#233; Cruz, Jos&#233; Manuel Motos, Cristina Monteoliva, Valeria Tittarelli, Pablo Gij&#243;n, Miguel &#193;ngel Fern&#225;ndez Madrid, Olalla Castro o Gin&#233;s Cutillas a la generaci&#243;n de narradores y cuentistas que ha estallado en los &#250;ltimos a&#241;os en el panorama literario granadino. Si Granada fue siempre ciudad de poetas, ahora puede decirse que ya es tambi&#233;n ciudad de narradores. De narradores breves. 

La revitalizaci&#243;n del g&#233;nero cuent&#237;stico se ha extendido mal que bien por todo el pa&#237;s, al calor de Internet y de algunas editoriales que se han animado a cuidar comercialmente el cuento. Sin ser ajena a este proceso general, Granada ha desarrollado en torno al relato su particular &lt;EM&gt;movida&lt;/EM&gt;, con caracter&#237;sticas y resultados propios, que tienen que ver con su consolidada tradici&#243;n literaria, hasta convertirse en uno de los lugares donde m&#225;s intensa ha sido esta explosi&#243;n de cuentos. Adem&#225;s de ser la ciudad donde nacieron Guillermo Busutil y &#193;ngel Olgoso, es el teatro de operaciones de Andr&#233;s Neuman, donde ha desplegado su magisterio y escrito toda su obra, y donde prepar&#243; -con la complicidad de Juan Casamayor, editor comprometido con la causa- ese c&#243;ctel molotov llamado &lt;EM&gt;Peque&#241;as resistencias. Antolog&#237;a del nuevo cuento espa&#241;ol &lt;/EM&gt;(2002), el Castellet del relato breve de principios de siglo. Iniciativas como los premios Garc&#237;a Lorca de la UGR, la atenci&#243;n que presta al cuento el diario &lt;EM&gt;Ideal&lt;/EM&gt;, el proyecto de fomento de la lectura "Relatos para leer en el autob&#250;s" o los talleres "30 horas de relato breve" promovidos desde 2002 por el t&#225;ndem Miguel &#193;ngel Arcas-Andr&#233;s Neuman, son algunos ejemplos de la agitaci&#243;n que ha producido este movimiento. Y las editoriales. Si es raro hallarlas con dedicaci&#243;n sostenida al cuento, m&#225;s raro a&#250;n es encontrar dos de esta laya en una misma ciudad, como es el caso granadino de Traspi&#233;s (Miguel &#193;ngel C&#225;liz) y Cuadernos del Vig&#237;a (Arcas). Es Traspi&#233;s la que acaba de publicar &lt;EM&gt;Monstruos cotidianos&lt;/EM&gt;, el nuevo libro de Cristina G&#225;lvez.

El t&#237;tulo resume bien lo que el lector se encontrar&#225; al abrir sus p&#225;ginas: unos j&#243;venes chabolistas compran un sintetizador con el que tratan de tocar "B&#233;same mucho" en el metro; una pareja intercambia verdades e imposturas y los roles de verdugo y v&#237;ctima bajo el fuego graneado de lo que Roland Barthes llam&#243; "la escena amorosa"; un irritante cronopio se acerca peligrosamente a los hijos de sus amigos y es apartado de ellos; una treintea&#241;era desgrana, en los velatorios reales a los que acude, su propio cat&#225;logo &#237;ntimo de muertes imperceptibles (trabajos, novios, proyectos, sentimientos); una chica memoriosa comienza a perder su prodigioso don hasta olvidarlo todo y no tener m&#225;s que presente; un marido deja de ser el que era -un hombre conocido y tranquilizador- para convertirse en mono; un sastre se enamora delicada e imperceptiblemente de su cliente...

Los problemas de pareja, los desencuentros inevitables en la comunicaci&#243;n con los dem&#225;s, ciertas metamorfosis que lindan con (o incurren en) lo fant&#225;stico, el cat&#225;logo de m&#225;scaras, desestabilizaciones, ambig&#252;edades o incertezas que tienen que ver con el problema de la identidad, la dif&#237;cil experiencia de sentirse raro e inadaptado son algunos de los temas de fondo que asoman a lo largo del libro. Los monstruos escondidos en la cotidianidad o la cotidianidad como algo suavemente monstruoso.

La escritura es tersa, limpia, liviana, bienhumorada. Los cuentos carecen de prestidigitaciones, la trama es muy ligera, los argumentos no ocultan pliegues tramposos ni sorpresas ni juegos espectaculares y suceden m&#225;s en las mentes de los narradores (sujetos fr&#225;giles, problematizados, llenos de dudas y contradicciones) que en los propios hechos narrados.

El &#250;ltimo cuento, "La cotidianeidad de los monstruos", condensa quiz&#225; lo mejor del libro. La narradora arrastra consigo durante toda su vida un peque&#241;o monstruo secreto de grueso pelaje que corretea por los pasillos, se frota en los muebles, agita su parda cola y s&#243;lo ella ve. No sabemos qu&#233; es, de d&#243;nde viene, qu&#233; significa; no tiene nombre ni aspecto definido; quiz&#225; es una invenci&#243;n de la protagonista, como los fantasmas que cre&#237;a ver la institutriz del famoso cuento de Henry James. El peludo y esquivo monstruo la acompa&#241;a a lo largo de su vida como un doble, como una sombra, como el desdoblamiento corporeizado y bestial de su parte oscura e infantil, la parte secreta, la parte de los sue&#241;os y la imaginaci&#243;n que se resiste a desaparecer en medio de la vida cotidiana. Magn&#237;fico.

Cristina G&#225;lvez consigue mantener el inter&#233;s de sus historias sin perder nunca el tono amable y sonriente con que las aborda. Si asoma alg&#250;n drama se le quita hierro enseguida ("Nada relevante, pero la sensaci&#243;n de p&#233;rdida es dif&#237;cil de disimular", dice uno de los personajes) por el procedimiento de llevarlo a lados blandos y desprovistos de aristas, y si un respetable ciudadano -por ejemplo- resulta esconder en su interior un terrorista, sus sabotajes consistir&#225;n en meter cronopiamente az&#250;car y hormigas en los sobres junto con las papeletas electorales los d&#237;as de votaci&#243;n. Cosas as&#237;. Es la marca del libro: ligereza, falta de solemnidad, buen humor, tono menor, conversacional, &#237;ntimo, casi susurrado. Y uno se lleva consigo estos monstruos cotidianos, esta presencia bienhechora, y los coloca en la biblioteca como esos dioses lares que protegen las casas de las maldades humanas. Pues Cristina G&#225;lvez se ha atrevido a desafiar nada menos que a Andr&#233; Gide, y su galer&#237;a de monstruos y su alegre escritura demuestran algo tan dif&#237;cil como olvidado: que con buenos sentimientos tambi&#233;n se puede hacer buena literatura. 

.

&lt;STRONG&gt;(CRISTINA G&#193;LVEZ, &lt;EM&gt;Monstruos cotidianos&lt;/EM&gt;. Granada, Traspi&#233;s, 2008)&lt;/STRONG&gt;

.

&lt;STRONG&gt;&lt;EM&gt;&lt;STRONG&gt;(Cr&#237;tica) (Libros de cuentos)&lt;/STRONG&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/STRONG&gt;

.











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    <title>Gabinete de monstruos de Cristina G&#225;lvez</title>
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    <body>Ayer pasaron muchas cosas. Ayer premiaron con el Cervantes a Juan Mars&#233;, un narrador cuya dedicaci&#243;n fundamental a la novela no le ha impedido escribir uno de los mejores cuentos que conozco, "Teniente Bravo". Ayer el tambi&#233;n novelista Fernando Aramburu, autor de un excelente libro de cuentos llamado &lt;EM&gt;Los peces de la amargura&lt;/EM&gt;, volvi&#243; a salir en defensa p&#250;blica del g&#233;nero narrativo breve en su &lt;A id=link_0 title=http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/24333/Pan_de_higo href="http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/24333/Pan_de_higo"&gt;Pan de higo&lt;/A&gt;, lo que desmiente esos legendarios desdenes que dicen que los novelistas tienen por los cuentistas. Me acord&#233; entonces de &lt;A id=link_0 title=http://ellaberintodenoe.blogspot.com/2008/11/manifiesto-por-el-cuento.html href="http://ellaberintodenoe.blogspot.com/2008/11/manifiesto-por-el-cuento.html"&gt;Esteban Guti&#233;rrez &lt;/A&gt;y de su manifiesto, porque ayer fue un d&#237;a de acumulaci&#243;n de pruebas celestes de que la promoci&#243;n y difusi&#243;n p&#250;blica del g&#233;nero cuent&#237;stico prosigue a buen ritmo. Me refiero a la entrega en Granada del Premio Relatos para leer en el autob&#250;s. 

&lt;A id=link_2 title=http://valeriatittarelli.wordpress.com/2008/11/27/entrega-de-premios-relatos-para-leer-en-el-autobus/ href="http://valeriatittarelli.wordpress.com/2008/11/27/entrega-de-premios-relatos-para-leer-en-el-autobus/"&gt;Valeria Tittarelli &lt;/A&gt;se adelant&#243; a dar la noticia, e incluso incluye en su blog las primeras frases de los cuentos ganadores. Hoy lo publica la &lt;A id=link_3 title=http://www.ideal.es/granada/20081128/cultura/navarro-catalan-premios-relatos-20081128.html href="http://www.ideal.es/granada/20081128/cultura/navarro-catalan-premios-relatos-20081128.html"&gt;prensa local&lt;/A&gt;. El premio forma parte del proyecto hom&#243;nimo Relatos para leer en el autob&#250;s, creado por el editor Miguel &#193;ngel Arcas con el objetivo de llevar la narrativa breve al espacio p&#250;blico. El jurado ha estado compuesto por Hip&#243;lito G. Navarro, Andr&#233;s Neuman y Guillermo Busutil. Los ganadores han sido Javier Izcue (Pamplona, 1965), con un cuento titulado "Gettysburg, Zimmerman, dos mil ocho", y &lt;A id=link_4 title=http://improntuario.blogspot.com/ href="http://improntuario.blogspot.com/"&gt;Juan Salido-Vico&lt;/A&gt; (Badalona, 1975), con "La boca del lobo". Los he le&#237;do, son dos cuentos excelentes. Se han editado en formato librito de 24 p&#225;ginas con dise&#241;o de &lt;A id=link_5 title=http://francisrequena.com/index.php href="http://francisrequena.com/index.php"&gt;Francis Requena&lt;/A&gt;, se ha hecho una tirada de 12.000 ejemplares en edici&#243;n no venal y se repartir&#225;n por todos los autobuses urbanos de la ciudad de Granada. 

&lt;A id=link_6 title=http://www.acceda.com/host/cuadernosdelvigia/colecciones.asp href="http://www.acceda.com/host/cuadernosdelvigia/colecciones.asp"&gt;Relatos para leer en el autob&#250;s&lt;/A&gt; -una iniciativa de la editorial Cuadernos del Vig&#237;a que no hubiera sido posible sin el patrocinio de diversas entidades p&#250;blicas y privadas- ha tenido tres ediciones hasta ahora, y en estos a&#241;os ha llevado gratuitamente a los usuarios del transporte p&#250;blico de las ciudades de M&#225;laga, C&#243;rdoba y Granada cientos de miles de ejemplares de cuentos de algunos de los mejores cultivadores del g&#233;nero. Han colaborado con la idea autores como Luis Mateo D&#237;ez, Jos&#233; Mar&#237;a Merino, Esther Tusquets, Ana Mar&#237;a Moix, Andr&#233;s Neuman, Antonio Soler, Ignacio Mart&#237;nez de Pis&#243;n, Eloy Tiz&#243;n, Mercedes Abad, Care Santos, &#193;ngel Olgoso, Felipe Ben&#237;tez Reyes, Clara Obligado, Fernando Iwasaki o el mism&#237;simo Francisco Ayala. 

Los cuentos desaparecen en d&#237;as. La gente se ha acostumbrado a subirse al autob&#250;s y pedirle un cuento al conductor. El cuento del mes. Luego se re&#250;nen o se reunir&#225;n todos en un &lt;A id=link_7 title=http://www.acceda.com/host/cuadernosdelvigia/colecciones.asp href="http://www.acceda.com/host/cuadernosdelvigia/colecciones.asp"&gt;libro&lt;/A&gt;. &#191;No es esta iniciativa -en su modestia y con sus limitaciones- una buena manera de promoci&#243;n p&#250;blica de la lectura, y de contribuci&#243;n al gusto por la lectura de cuentos? 









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    <body>Durante a&#241;os Nathaniel Hawthorne estuvo publicando cuentos, apuntes y cr&#243;nicas en revistas de Nueva Inglaterra sin que nadie le hiciera el menor caso. Cuando recopil&#243; esos textos en &lt;EM&gt;Twice-Told Tales&lt;/EM&gt;, su primer libro, la repercusi&#243;n no fue mucho mayor. A&#241;os m&#225;s tarde, en su rese&#241;a a la tercera edici&#243;n, y cuando Hawthorne era ya un autor respetado, Poe achac&#243; esta inicial invisibilidad a no haber sido "ni un hombre rico ni un charlat&#225;n", es decir, a no tener contactos e influencias en el mundo literario ni el car&#225;cter necesario para procur&#225;rselos, para saber ser el astuto vendedor de su propia presencia. Y es que Hawthorne era un artista t&#237;mido. Como el pastor Hooper de uno de sus mejores cuentos, era inseguro y desconfiaba de s&#237; mismo, y las cr&#237;ticas y los rechazos lo her&#237;an con facilidad. A menudo le rondaba la sospecha puritana de que la tarea de escritor era fr&#237;vola e in&#250;til, a pesar de lo cual resisti&#243; a&#241;os de soledad e indiferencia sin dejar nunca de escribir. Si al final conoci&#243; el &#233;xito no fue por sus cuentos, sino por sus novelas. Y, tal vez, por la rese&#241;a de Poe. 

De modo que Hawthorne procre&#243; a Poe. Lo empuj&#243; a fijar su propia posici&#243;n como cuentista. Al tener que hacer la cr&#237;tica de Hawthorne, al obligarse a explicar qu&#233; le gustaba y qu&#233; rechazaba de sus cuentos, Poe no tuvo m&#225;s remedio que escribir su propia teor&#237;a del cuento, la teor&#237;a fundadora. Lo mismo le suceder&#237;a a Cort&#225;zar con Poe un siglo despu&#233;s. 

Poe se pronunci&#243; sin vacilar a favor del "cuento en prosa tal como lo practica aqu&#237; Mr. Hawthorne". Aunque eran coet&#225;neos, Hawthorne parec&#237;a el abuelo y Poe el padre. Con iron&#237;a demoledora, y como si previera el largo reinado comercial de la novela en detrimento de las formas breves, atac&#243; las tonter&#237;as que ya pululaban en su &#233;poca sobre el valor del "esfuerzo sostenido", como si el talento de los libros tuviera que ver con el n&#250;mero de p&#225;ginas escritas o de horas invertidas en su elaboraci&#243;n. 

El mayor defecto que le vio a Hawthorne fue la man&#237;a aleg&#243;rica y puritana. La necesidad de a&#241;adir moralejas y comentarios a las historias. Que no bastase la ficci&#243;n por s&#237; misma. Que sus imaginaciones tuviesen que remitirse constantemente a nobles ideas que las justificasen. "Una cosa es clara: si alguna vez una alegor&#237;a obtiene alg&#250;n resultado, lo obtiene a costa del desarrollo de la ficci&#243;n". 

Si Hawthorne fij&#243; por contraste la po&#233;tica de Poe, Poe fij&#243; por analog&#237;a la de Cort&#225;zar, su m&#225;s preclaro disc&#237;pulo. "Poe comprendi&#243; que la eficacia de un cuento depende de su intensidad como acaecimiento puro. Todo comentario al acaecimiento en s&#237; (y que en forma de descripciones preparatorias, di&#225;logos marginales, consideraciones a posteriori, generalizaciones psicol&#243;gicas, &#233;ticas o did&#225;cticas alimentan un mal cuento) debe ser radicalmente suprimido". "Poe busca que lo que dice sea presencia de la cosa dicha y no discurso sobre la cosa: eliminaci&#243;n casi absoluta de puentes, de presentaciones y retratos. Se nos hace leer el cuento como si estuvi&#233;semos dentro". 

Cuando Cort&#225;zar parafrasea a Poe en realidad est&#225; hablando de c&#243;mo escribe o quiere escribir sus propios cuentos. 

Hay al menos un cuento de Hawthorne que creo que a Poe le hubiera gustado escribir, y a Cort&#225;zar leer. Me refiero a "El velo negro del pastor". Un ministro cu&#225;quero de una peque&#241;a ciudad puritana aparece de pronto en la iglesia con un terrof&#237;fico velo que le cubre la cara. Nadie sabe por qu&#233; se lo ha puesto. &#201;l no lo explicar&#225; nunca; no permitir&#225; que se lo quiten ni en su lecho de muerte, y durante toda su vida aceptar&#225; el estigma de la extra&#241;eza, el miedo y la soledad que el velo causa en los dem&#225;s y en torno suyo. Uf. Tan potente en sus im&#225;genes que no hay moraleja que lo arruine. 



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    <title>Hawthorne, Poe, Cort&#225;zar</title>
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    <body>De los m&#250;ltiples Nathaniel Hawthorne que dice Paul Auster que existen, yo hab&#237;a frecuentado nada m&#225;s que a uno de ellos, el que inspir&#243; a Poe su inaugural teor&#237;a sobre el cuento. No es que no conociera al Hawthorne de Borges, el de &lt;EM&gt;Otras inquisiciones&lt;/EM&gt;, pero me lo hab&#237;an presentado una vez en una biblioteca p&#250;blica y, la verdad, no hab&#237;amos vuelto a coincidir. A quien trat&#233; m&#225;s fue al Hawthorne de Poe; al Hawthorne visto por Poe en aquella traducci&#243;n de Cort&#225;zar en Alianza Bolsillo. Lo trat&#233; tanto que lo dej&#233; cosido de subrayados. Ahora me doy cuenta que al pobre Hawthorne lo conoc&#237;a de o&#237;das m&#225;s que de le&#237;das; por alguna raz&#243;n siempre me hab&#237;a topado con &#233;l a trav&#233;s de referencias ajenas, nunca cara a cara, como sucede con tantos cl&#225;sicos, como si tuviera miedo de aburrirme con Hawthorne a palo seco y necesitara verlo en funci&#243;n de otra cosa, en compa&#241;&#237;a de ex&#233;getas modernos. Mis prejuicios lo tildaban de rancio, uno de esos autores cuyo nombre deb&#237;a figurar aburridamente en todas las historias de la literatura, un g&#243;tico americano que o se le&#237;a en la adolescencia, como a Washington Irving, o se echaba al mont&#243;n de los cl&#225;sicos-que-hay-que-leer-pero-nunca-tendr&#225;s-tiempo-de-leer. 

&lt;EM&gt;Twice-Told Tales&lt;/EM&gt; se llamaba el primer libro de cuentos de Hawthorne. Poe le dedic&#243; una rese&#241;a que acab&#243; convirti&#233;ndose en el G&#233;nesis de la cuent&#237;stica, el texto sagrado donde van a abrevar todos los narradores breves. Con la excusa de Hawthorne, Poe estableci&#243; su propia posici&#243;n como cuentista y fij&#243; para siempre las l&#237;neas maestras del g&#233;nero. Hawthorne el precursor, Poe el culminador. De modo que &lt;EM&gt;Twice-Told Tales &lt;/EM&gt;se convirti&#243; en uno de esos t&#237;tulos, al menos en el &#225;mbito hispano, que todo el mundo conoce pero nadie ha le&#237;do. Como si nos conform&#225;semos con su valor "hist&#243;rico" en tanto inspiradores de las reflexiones de otro autor m&#225;s evolucionado, m&#225;s cercano a nosotros, los cuentos de Hawthorne vagaban de antolog&#237;a en antolog&#237;a, siempre los mismos ("Wakefield" y alguno m&#225;s), como esos parientes respetados a los que se invita a todas las celebraciones y con los que casi nadie habla. 

Pero he aqu&#237; que, ciento cincuenta a&#241;os despu&#233;s, El Acantilado decide publicar &#237;ntegramente los &lt;EM&gt;Cuentos contados dos veces &lt;/EM&gt;en traducci&#243;n de Marcelo Cohen. Sin adelgazar: enterito. Toda la familia invitada a la fiesta. Tanto los textos que Poe acept&#243; llamar propiamente "cuentos" como los que mand&#243; al limbo de los apuntes, bocetos, divagaciones o ensayos. (La raya que entonces traz&#243; entre unos y otros ha resultado can&#243;nica.) Leo por fin "El velo negro del pastor", "El experimento del doctor Heidegger", "El barranco de las Tres Colinas", "La cat&#225;strofe del se&#241;or Higginbotham" o "Las campanadas de boda". Me pregunto si los hubiera disfrutado tanto de haberlos le&#237;do en la adolescencia. Con qu&#233; me hubiera quedado, qu&#233; hubiera desechado. Ahora no me parecen tan rancios: en algunos aspectos m&#225;s modernos que los del propio Poe. Por ejemplo, en la creaci&#243;n de ambiguos enigmas sin respuesta, en el lenguaje mesurado y pl&#225;stico, en el ritmo, en el humor, en la habilidad con que sabe captar la atenci&#243;n del lector en las primeras l&#237;neas (la escuela americana), y sobre todo en las estrategias de distanciamiento que los distintos narradores adoptan frente a los hechos narrados. Es tan incre&#237;ble lo que cuentan que se curan en salud frente al lector mediante toda clase de precauciones metanarrativas. Como esta: "El doctor Heidegger era un hombre muy raro, y su excentricidad hab&#237;a dado p&#225;bulo a mil historias fant&#225;sticas. El origen de algunas de ellas, para mi verg&#252;enza, podr&#237;an remontarse a mi propia y veraz persona; y si alg&#250;n pasaje de este relato sobresalta la fe del lector, soportar&#233; de buena gana el estigma de cuentista..." 

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    <body>&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Bodoni MT'"&gt; &lt;DIV style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;/DIV&gt; &lt;P class=MsoBodyText style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;Atalanta acaba de publicar en su colecci&#243;n &#8220;Ars brevis&#8221; seis cuentos de Iv&#225;n Turgu&#233;niev agrupados bajo el t&#237;tulo de &lt;?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /&gt;&lt;st1:PersonName ProductID="La Reliquia Viviente." w:st="on"&gt;&lt;I&gt;La Reliquia Viviente&lt;/I&gt;.&lt;/st1:PersonName&gt; Estos cuentos formaron parte originalmente de un conjunto de veinticinco titulado &lt;I&gt;Memorias de un cazador &lt;/I&gt;(o tambi&#233;n &lt;I&gt;Apuntes&lt;/I&gt;, &lt;I&gt;Relatos&lt;/I&gt; o &lt;I&gt;Narraciones de un cazador&lt;/I&gt;, seg&#250;n el gusto cambiante de los traductores): lo mejor que Turgu&#233;niev escribi&#243; nunca, a decir de Tolstoi y Nabokov. Incre&#237;blemente no existe en Espa&#241;a una edici&#243;n completa de estos cuentos m&#225;s all&#225; de la publicada por Espasa Calpe en los remotos a&#241;os cuarenta, de modo que, a falta de algo mejor, la publicaci&#243;n de &lt;st1:PersonName ProductID="La Reliquia Viviente" w:st="on"&gt;&lt;I&gt;La Reliquia Viviente&lt;/I&gt;&lt;/st1:PersonName&gt; puede calificarse de acontecimiento. Porque contiene, como en un estuche, seis delicadas y emocionantes obras maestras de la narraci&#243;n breve, la quintaesencia del arte de Turgu&#233;niev.&lt;/SPAN&gt; &lt;CENTER&gt;
 &lt;/CENTER&gt;
 &lt;P class=MsoBodyText style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Bodoni MT'"&gt;.&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoBodyText style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Bodoni MT'"&gt;Un hombre recorre &lt;st1:PersonName ProductID="la Rusia" w:st="on"&gt;la Rusia&lt;/st1:PersonName&gt; meridional a la caza del urogallo. Este narrador/cazador es tan dado a contemplar la naturaleza como a entablar conversaci&#243;n con cualquiera, siervo o noble, que encuentra a su paso en el claro de un bosque, junto a un r&#237;o, en una aldea, en el interior de una miserable caba&#241;a. Y ah&#237; surge el cuento: la descripci&#243;n de un paisaje envuelve la aparici&#243;n de los personajes con los que el cazador conversa o a los que simplemente escucha hablar. El cazador no es m&#225;s que un cronista, y sus cr&#243;nicas impasibles revelan el crudo contraste entre la belleza de la naturaleza rusa y la miseria de las gentes que la habitan.&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;
&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Bodoni MT'"&gt;&lt;/SPAN&gt;
&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Bodoni MT'"&gt;Unos ni&#241;os que cuentan historias de fantasmas al amor de la lumbre, un animista defensor de los animales que recuerda al Dersu Uzala de Kurosawa, una campesina paral&#237;tica que agoniza en un cuartucho mientras canta hermosas canciones, un hidalgo quijotesco capaz de dar su vida por un caballo son algunos de los personajes que desfilan por estos cuentos-escena. Tienen la extra&#241;a cualidad de resultar inolvidables. Tal vez porque la actitud del cazador se parece a la de los narradores de Ch&#233;jov: no interviene, no juzga, se limita a hacer preguntas, a dejarlos hablar, a comprenderlos. Mientras los escucha va dibujando sus retratos respectivos, peque&#241;as biograf&#237;as tan v&#237;vidas y expresivas que podr&#237;an colgarse enmarcadas en las salas de un museo, en las paredes de una taberna. &lt;/SPAN&gt;

&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Bodoni MT'"&gt;Pero por encima de la finura de sus retratos psicol&#243;gicos y de su buen o&#237;do para los di&#225;logos, Turgu&#233;niev domina como nadie el arte de la descripci&#243;n. Y aqu&#237; reside sobre todo la maravilla de este libro. Contraviniendo las preceptivas del g&#233;nero breve, que proh&#237;ben las descripciones por farragosas e innecesarias, Turgu&#233;niev derrama en cada cuento demorados detalles de paisaje que son un prodigio de sutileza y precisi&#243;n y que se convierten en tan protagonistas como los propios personajes. Las descripciones de Turgu&#233;niev no son est&#225;ticas sino que viven y se agitan movidas por una suerte de &#8220;tensi&#243;n narrativa&#8221;: el lector siente entonces el latido del bosque, contempla c&#243;mo se retuerce cada llama en el fuego, aprecia la lenta gradaci&#243;n del azul al rojo en un atardecer, huele los campos, escucha el estallido del l&#225;tigo, el blando aleteo de un p&#225;jaro. Vladimir Nabokov, que no estimaba del todo el estilo de Turgu&#233;niev, concede en su &lt;I&gt;Curso de literatura rusa&lt;/I&gt; que fue un magistral pintor de paisajes, un &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;cazador&lt;/I&gt; de detalles, el primer escritor ruso en observar &#8220;la particular combinaci&#243;n de sol y sombra en el aspecto de las personas&#8221;. Hay un precioso ejemplo en &#8220;El final de Chertopjanov&#8221;, el cuento que cierra la selecci&#243;n: &#8220;Masha se detuvo y se volvi&#243; hacia &#233;l. Estaba de espaldas a la luz y se la ve&#237;a toda negra, como una talla de madera oscura. Tan solo se distingu&#237;a el blanco de los ojos, que formaban dos almendras plateadas, mientras que las pupilas parec&#237;an m&#225;s negras que nunca&#8221;. Excelente.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/SPAN&gt;&lt;/SPAN&gt;







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 &lt;P class=MsoBodyText style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Bodoni MT'"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;Publicado en el diario &lt;EM&gt;La Opini&#243;n de Granada&lt;/EM&gt;, 23 de junio de 2007&lt;/SPAN&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoBodyText style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Bodoni MT'"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;.&lt;/SPAN&gt;&lt;/SPAN&gt;

 &lt;P class=MsoBodyText style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Bodoni MT'"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;SPAN style="FONT-SIZE: 11pt; FONT-FAMILY: 'Bodoni MT'"&gt;&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;(IV&#193;N TURGU&#201;NIEV, &lt;EM&gt;La Reliquia Viviente&lt;/EM&gt;, Girona, Atalanta, 2007. Traducci&#243;n de Fernando Otero. Pr&#243;logo de Jos&#233; Manuel Prieto)&lt;/SPAN&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/SPAN&gt;































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