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    <body>Desde que el Lazarillo de Tormes alcanzase la c&#250;spide del &#233;xito social como pregonero malcasado, y sobre todo desde que un cincuent&#243;n loco y su gordo ayudante salieran por la Mancha a buscar aventuras y hacer el rid&#237;culo, la literatura castellana dej&#243; establecidas algunas de las coordenadas impostergables de su tradici&#243;n. Algunas de ellas -incluso desde antes, desde siempre- son el inveterado realismo (el terrenal Cid Campeador frente al m&#225;gico rey Arturo), el costumbrismo (el busc&#243;n Pablos con su vestido de escupitajos) y la s&#225;tira social (del Arcipreste de Hita a Rafael Azcona: la risa amarga que se&#241;ala los vicios y distingue entre verdad y mentirosa apariencia, entre lo que se es y lo que se pretende ser). 

Luego el pa&#237;s se quedar&#237;a dos siglos rezagado del capitalismo triunfante. En los a&#241;os en los que Edgar Allan Poe inventaba el g&#233;nero polic&#237;aco, Seraf&#237;n Est&#233;banez Calder&#243;n describ&#237;a toreros y aguadores en sus &lt;EM&gt;Escenas andaluzas&lt;/EM&gt;. Y como guinda del retraso, los cuarenta a&#241;os de ese siniestro caudillo de bigote y voz aflautada. Por eso nuestros detectives idiosincr&#225;sicos no han sido Sherlock Holmes o Sam Spade, sino Mortadelo y Filem&#243;n, y nuestros ladrones gente tan naif e inofensiva como Jos&#233; Luis L&#243;pez V&#225;zquez y Alfredo Landa en &lt;EM&gt;Atraco a las tres&lt;/EM&gt;. Luego llegar&#237;an Plinio, la democracia, Pepe Carvallo y el hilarante detective sacado del psiqui&#225;trico de las novelas de Eduardo Mendoza. Y Torrente, el brazo posmoderno de la ley.

En &lt;EM&gt;El detective del Zaid&#237;n &lt;/EM&gt;Alfonso Salazar juega l&#250;cida y l&#250;dicamente con toda esta tradici&#243;n, adem&#225;s de tener en cuenta -por supuesto- a los maestros de la novela negra con ribetes de cr&#237;tica social (de Dashiell Hammett a Petros M&#225;rkaris) que tan bien conoce. Parodia festiva y grotesca, salpicada de un humor entre ir&#243;nico y hosco que algunos llaman "mala foll&#225;", &lt;EM&gt;El detective del Zaid&#237;n&lt;/EM&gt; tiene un don maravilloso del que carece la mayor&#237;a de la literatura que se escribe actualmente en Espa&#241;a: sabe hacer re&#237;r. En las primeras p&#225;ginas comienzas a soltar carcajadas (y a dibujar sonrisas) y ya no puedes parar hasta el final. Desde Eduardo Mendoza (y quiz&#225; F&#233;lix de Az&#250;a y Rafael Reig) no me re&#237;a tanto.

De modo que, entre lo esperp&#233;ntico y lo escatol&#243;gico, entre la flatulencia y lo entra&#241;able, vemos desfilar una mugrienta panoplia de perdedores, excrecencias de la modernidad, viejas glorias del subdesarrollo que se pasan toda la novela pimplando l&#237;quidos espirituosos m&#225;s bien baratos, vino, cerveza, brandys peleones, cubatas variopintos, sin descartar alg&#250;n que otro bourbon (cuando invita el ricach&#243;n). A todos les huele el aliento, andan medio borrachos de un lado para otro, pero no &lt;EM&gt;bajo el volc&#225;n&lt;/EM&gt;, sino entre la Sevilla de la Exposici&#243;n Universal de 1992 y la Granada provinciana del Palacio de Congresos, por donde les va llevando la trama de cr&#237;menes y misterios que tratan de esclarecer. La pareja protagonista es ejemplar: el barrigudo Mat&#237;as Verd&#243;n, hijo y nieto de perdedores de la guerra civil, quien para poder sentirse detective (como Humphrey Bogart interpretando a Philip Marlowe) "ech&#243; de m&#225;s la pobre cazadora azul marino que le vest&#237;a: una gabardina, le faltaba una gabardina", y su socio Desastres, un cartero vago y borrach&#237;n cuyo destino individual anda parejo con el del equipo de f&#250;tbol de la ciudad: no saber escapar nunca de la Segunda Divis&#243;n B. A su alrededor pululan otros personajes estrafalarios bajo la luz cruda de la s&#225;tira y los trazos nerviosos de la caricatura: el subinspector Dom&#237;nguez, un polic&#237;a facha de la vieja escuela, de cuando no ped&#237;an una altura m&#237;nima para entrar y a quien las academias le parecen un nido de izquierdistas. O la bodeguera y exprostituta Trini, list&#237;sima, comprensiva con los pecados ajenos y muy poco dada a remilgos: "Trini dej&#243; la botella pringosa de brandy... entrecerr&#243; los ojos, sac&#243; la dentadura postiza con la lengua, le dio una vuelta acrob&#225;tica en la boca y la volvi&#243; a encajar en su sitio". El retablo contiene muchos m&#225;s personajes. Todos ellos, sin excepci&#243;n (excepto los c&#237;nicos y desalmados que pertenecen a las clases altas), evolucionan desde el chafarrin&#243;n inicial a una suerte de po&#233;tico ennoblecimiento, que tiene tambi&#233;n su origen en la novela cervantina y que delata la piedad y la ternura con que el autor/narrador contempla a los perdedores: aunque vulgares, intentan (como pueden y a su manera) escapar de la chapuza y hacer bien las cosas.

Hay otro aspecto relevante de la novela que pasar&#225; desapercibido (o no molestar&#225;, supongo) al lector de Girona o Albacete: lo estrictamente granadino. Aqu&#237; la s&#225;tira se aguza y se multiplican las oportunidades de re&#237;rse: una mir&#237;ada de gui&#241;os par&#243;dicos que van desde el peculiar humor local lindante con el resentimiento (la mala foll&#225;) a la sempiterna rivalidad acomplejada con Sevilla. Y por encima de todo, un homenaje al barrio popular del Zaid&#237;n, un barrio esforzado y sincero, donde nadie se disfraza de lo que no es, como tantos que pululan por los extrarradios de las ciudades espa&#241;olas: 

 &lt;BLOCKQUOTE&gt;El barrio granadino del Zaid&#237;n era una aglomeraci&#243;n de gente, m&#225;s perteneciente a un pasado de estrecheces que al futuro glorioso, que se levantaba sobre parte de la antigua Vega granadina. All&#237; llegaron en los a&#241;os cincuenta trabajadores de toda la provincia -"trabajadores de toda la provincia, un&#237;os", dec&#237;a en el Bar Gabriel el Sandok&#225;n, sindicalista persistente-, lo que provoc&#243; alta demanda inmobiliaria: cuchitriles donde criar a cinco churumbeles renegridos, y luego, qu&#233; remedio, reclamaron asfalto y hasta bibliotecas y carriles bici. H&#237;brido cruce, en fin, de un ambiente parecido al que a&#250;n ten&#237;an los pueblos del cintur&#243;n, con veta de suburbio.&lt;/BLOCKQUOTE&gt;

La mayor&#237;a de las novelas ambientadas en Granada recurren a historicismos nazar&#237;es y moriscos y a palabras como "embrujo" o "sue&#241;o". Una ciudad de s&#225;ndalo y callejuelas rom&#225;nticas que van a dar a la Alhambra bajo la luna. Alfonso Salazar elige otra perspectiva. Quiz&#225; porque, como dice Andr&#233;s Neuman en uno de sus aforismos, no escribimos sobre un lugar porque procedamos de &#233;l, sino &lt;EM&gt;para&lt;/EM&gt; pertenecer a &#233;l. 


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&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#cc0000&gt;[ ALFONSO SALAZAR, &lt;EM&gt;El detective del Zaid&#237;n&lt;/EM&gt;. Barcelona, Ediciones B, 2009 ]&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;

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&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3333ff&gt;[ Novelas ] [Cr&#237;tica ] [Contempor&#225;neos ]&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;

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    <title>Alfonso Salazar: El detective del Zaid&#237;n</title>
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    <body>Un ingeniero de cuarenta y seis a&#241;os est&#225; en pleno proceso de descomposici&#243;n y reconstrucci&#243;n tras a&#241;os de no poder superar una traum&#225;tica ruptura sentimental y una larga y destructiva adicci&#243;n al alcohol. Alfredo Fortes interpreta su vida en clave de fracaso: fracaso afectivo, fracaso profesional. Trabaja de ingeniero como podr&#237;a trabajar en cualquier otra cosa, es considerado en la Compa&#241;&#237;a casi como un cero a la izquierda y si no lo han despedido a&#250;n es porque su jefe y amigo Meneses (un viejo compa&#241;ero escolar que s&#237; ha triunfado hasta trepar a los puestos altos del escalaf&#243;n) lo sostiene y protege. 

 La Compa&#241;&#237;a (con siniestra may&#250;scula) manda al ingeniero Fortes a unas sierras de Teruel a supervisar la construcci&#243;n de unos t&#250;neles para un futuro proyecto hidr&#225;ulico. El campo, las monta&#241;as, el cielo, el aire puro aumentan su melancol&#237;a y su introspecci&#243;n y lo contactan con otras personas de la comarca, tan aisladas -a su manera- como &#233;l: una anciana frutera y vidente que se comunica con el m&#225;s all&#225;, la discreta due&#241;a del hotel que guarda un secreto sexual, el muchacho torturado y roto que sobrevivi&#243; a un accidente de autom&#243;vil en el que murieron sus tres amigos, el pastor de ovejas filos&#243;fico y metaf&#237;sico que reflexiona sobre la vida y la muerte y a cuya mirada no se escapa nada de lo que sucede en la comarca: &#233;l es el Narrador, el Ojo que todo lo ve, el que sabe todas las historias, historias que son como cuentos hermosos y terribles intercalados en la novela: la historia del ni&#241;o y el pozo, la historia de la abeja que fue a posarse en la frente del muerto, la historia del hombre que sobrevivi&#243; a una m&#225;quina aserradora, la historia del que fue electrocutado por un rayo...

 Una llamada telef&#243;nica de su jefe Meneses lo obligar&#225; a dejar el pueblo por unos d&#237;as, viajar a Valencia y participar en un turbio asunto de maletines secretos llenos de fajos de billetes. Billetes de quinientos euros. De pronto a Fortes se le concede una oportunidad de rehabilitaci&#243;n profesional por la v&#237;a del discreto encargo ilegal, tan as&#233;ptico en su superficie como peligroso en el fondo: la oportunidad de penetrar en el "coraz&#243;n oscuro" de la Compa&#241;&#237;a. Durante los d&#237;as que dura el encargo Fortes se ve encuelto por una trama de corrupci&#243;n en un escenario de restaurantes de lujo, guardaespaldas, coches blindados, prostitutas que trabajan en tiendas de moda, l&#237;neas telef&#243;nicas seguras, encuentros furtivos en los muelles del puerto, cajas fuertes que ocultan sorpresas. Fortes se dar&#225; de bruces por primera vez en su vida con el Gran Dinero (el dinero sucio que se mira y no se toca y que las empresas respetables trasladan de manera limpia e invisible a otras empresas igualmente respetables); pero tambi&#233;n con el dinero como tesoro, como hallazgo m&#225;gico y fortuito que puede cambiar el destino de una vida individual. La cantidad de dinero que har&#237;a a cualquiera so&#241;ar con islas paradis&#237;acas donde huir y comenzar una nueva vida. El hallazgo del dinero-tesoro ser&#225; fuente de fantas&#237;as pero tambi&#233;n de grandes angustias y peligros. Fortes tendr&#225; entonces que tomar decisiones de car&#225;cter moral que acelerar&#225;n su duelo y su transformaci&#243;n en otro hombre (en la posibilidad de ser otro): para ello tendr&#225; que elegir en qu&#233; clase de islas tratar de recomenzar su vida.

 Novela potente, seria, rigurosa, de pulso narrativo y estil&#237;stico indesmayable. Novela entretenida aunque no de entretenimiento: m&#225;s bien novela de indagaci&#243;n. Tras su lectura uno cree saber algo m&#225;s sobre algunas experiencias comunes y sobre c&#243;mo las encaran determinados personajes: la soledad, el dinero, el amor, la muerte, el poder, el destino y el azar, el &#233;xito y el fracaso. 

 Lo que me interesa sobremanera es la maestr&#237;a de Manuel de Lope en las descripciones, en la construcci&#243;n de escenas y espacios f&#237;sicos donde suceden las cosas. Desde la voladura de una monta&#241;a al despacho donde tiene lugar una transacci&#243;n discreta con dinero que no existe y del que nadie habla; desde el filo luminoso que el atardecer pone en las monta&#241;as hasta la manera en que se apagan los filamentos de una estufa el&#233;ctrica. Aqu&#237; hay mucho que aprender. La panoplia de descripciones es ampl&#237;sima. De Lope es preciso y certero en la pincelada descriptiva. No pierde jam&#225;s el pulso. Matizado pero firme, carece de florituras y alharacas, no incurre en cursiler&#237;as, no es en absoluto literaturoso. Su estilo puede parecer seco y desabrido (si lo comparas con la blanda delicuescencia al uso) pero en realidad es rigor, es una mirada acerada, es intensidad que no flaquea. Ni una sola cacofon&#237;a, ni una sola rima escondida de mala prosa, ni una sola ca&#237;da en la desgana o en la resoluci&#243;n r&#225;pida o en la facilidad de brocha gorda. No es un narrador perezoso. No se deja llevar. 

 Tambi&#233;n me interesa mucho la ductilidad de su voz narrativa, la manera como el narrador omnisciente desaparece en las voces de los personajes, antena articulada y flexible que se mueve sin transici&#243;n de una voz a otra, de lo pensado a lo dicho, del pasado al presente, de lo enso&#241;ado a lo real. Su prosa es un curso de navegaci&#243;n por los estilos directo, indirecto e indirecto libre sin cambiar de frase. De resultas de todo ello las escenas, las atm&#243;sferas, los mon&#243;logos y las reflexiones se integran en un conjunto luminoso, lleno de plasticidad y de reflexi&#243;n, tan complejo como f&#225;cil de desentra&#241;ar, de un realismo que permite con la mayor verosimilitud que los muertos hablen a los vivos o que un mont&#243;n de dinero resplandezca de energ&#237;a ante la mirada de la vidente:

 &lt;BLOCKQUOTE&gt;"...sinti&#243; que en alg&#250;n lugar, dentro del hotel, hab&#237;a una enorme cantidad de energ&#237;a. Todo el hotel estaba caliente. Era el mismo calor que desped&#237;an sus ahorros, pero en una enorme cantidad. Era un calor inmenso, concentrado en un pu&#241;o. Hay personas que miran a una roca y saben d&#243;nde hay un manantial y personas que pasean por un p&#225;ramo y saben d&#243;nde hay que cavar un pozo. Hay personas que recoren una casa en ruinas y saben d&#243;nde hay un tesoro escondido. Mar&#237;a Antonia miraba al hotel y sab&#237;a que all&#237; hab&#237;a una gran cantidad de dinero".&lt;/BLOCKQUOTE&gt; .

 Como dice Alfredo Fortes, el sentimental perdedor que protagoniza &lt;EM&gt;Otras islas&lt;/EM&gt;: "despu&#233;s del erotismo y la muerte, la tercera verdad era el dinero". 

 &#191;Qu&#233; es lo que creo? Que es muy buena. Que quiz&#225; no vaya a venderse mucho. Que se merece lectores atentos. 

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 &lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#ff0000&gt;[MANUEL DE LOPE, &lt;EM&gt;Otras islas&lt;/EM&gt;. Barcelona, RBA, 2009]&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;

 .

 &lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3333ff&gt;[Novelas] [Cr&#237;tica] [Contempor&#225;neos]&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;

  

      

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