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    <body>&lt;BLOCKQUOTE&gt;Por el and&#233;n de cierto punto de veraneo, hacia arriba y hacia abajo, paseaba una parejita de reci&#233;n casados. &#201;l la sosten&#237;a por el talle; ella se ce&#241;&#237;a contra &#233;l y ambos se sent&#237;an felices. La luna, por entre los jirones de nubes, les miraba frunciendo el entrecejo. Con seguridad sent&#237;a envidia y enojo por su aburrida y forzosa virginidad. El aire inm&#243;vil estaba impregnado de olor a lilas y acacias. Al otro lado de la v&#237;a, lanzaba un p&#225;jaro agudos sonidos.

&#161;Qu&#233; bien se est&#225; aqu&#237;, Sacha!, dec&#237;a la reci&#233;n casada. &#161;Pod&#237;a pensarse que est&#225;bamos so&#241;ando! &#161;F&#237;jate en el modo acogedor y cari&#241;oso con que nos contempla este peque&#241;o bosque! &#161;Mira qu&#233; simp&#225;ticos son estos s&#243;lidos y callados postes telegr&#225;ficos!... Con su presencia, Sascha, dan vida al paisaje y nos hablan de que all&#225;..., en alguna parte..., existen otras gentes..., hay una civilizaci&#243;n... &#191;Acaso no te gusta sentir c&#243;mo llega d&#233;bilmente a tu o&#237;do el ruido de un tren que pasa?

S&#237;; pero... &#161;qu&#233; manos tan calientes tienes! Eso es que te agitas, Varia... &#191;Qu&#233; tenemos hoy de cena?

Tenemos okroschka y pollo. Es suficiente un pollo para los dos; y para ti he tra&#237;do de la ciudad sardinas y pescado ahumado.

La luna, escondi&#233;ndose detr&#225;s de una nube, hizo un gui&#241;o, como si hubiera tomado rap&#233;. Sin duda, el espect&#225;culo de la humana felicidad le recordaba su propia soledad..., su lecho solitario tras los montes y los valles...

&#161;Viene un tren!, dijo Varia. &#161;Qu&#233; gusto!

[...]

Despediremos al tren y nos iremos a casa, dijo Sascha bostezando. &#161;Qu&#233; bien vivimos juntos, Varia; tan bien que uno mismo no se lo puede creer!

El oscuro monstruo se arrastr&#243; sin ruido hasta el and&#233;n y se detuvo. Por las ventanillas de los vagones, medio iluminados, se vieron desfilar rostros so&#241;olientos, sombreros, hombros...

&#161;Mira!, se oy&#243; exclamar desde uno de los vagones. &#161;Es Varia! &#161;Y su marido! &#161;Salieron a esperarnos! &#161;Aqu&#237; est&#225;n! &#161;Vare&#241;ka!... &#161;Vare&#241;ka!... &#161;Eh!

Dos ni&#241;as saltaron del vag&#243;n y se colgaron del cuello de Varia. Tras ellas descendieron una se&#241;ora gorda, de edad avanzada, y un caballero alto y delgado, de patillas canosas. Despu&#233;s, dos colegiales cargados de equipaje; detr&#225;s la institutriz, y por &#250;ltimo, la abuela. 

&#161;Aqu&#237; nos tienes! &#161;Aqu&#237; nos tienes, amiguito!, empez&#243; a decir el se&#241;or de las patillas, estrechando la mano de Sascha. [...] &#161;Hijos!... &#161;Abrazad a vuestro primo Sascha!... Hemos venido toda la familia a veros y a pasar tres o cuatro d&#237;as con vosotros. Espero que no os molestaremos... &#161;T&#250;, haz el favor de no gastarnos ceremonias!

Ante la llegada del t&#237;o y de toda la familia, el matrimonio qued&#243; aterrado. Mientras el primero hablaba y repart&#237;a besos, pas&#243; raudo el siguiente cuadro por la imaginaci&#243;n de Sascha: ve&#237;ase a s&#237; mismo y a su mujer ofreciendo a los invitados sus tres habitaciones, sus cojines y sus mantas. Ve&#237;a el pescado ahumado, las sardinas y el okroschka devorados en un segundo... A los primos, cortando las flores... A la t&#237;a, hablando el d&#237;a entero de sus enfermedades... Sascha empez&#243; a mirar con odio a su joven esposa y le murmur&#243; al o&#237;do:

&#161;Han venido a verte a ti! &#161;Que se vayan al diablo!

&#161;No!... &#161;A ti!, contestaba ella, mir&#225;ndole a su vez con aborrecimiento y maligna expresi&#243;n. &#161;No son mis parientes, sino los tuyos!... Y volvi&#233;ndose hacia los hu&#233;spedes los invit&#243; con la m&#225;s amable de las sonrisas. &#161;Vengan, por favor!...

Por detr&#225;s de una nube asom&#243; nuevamente la luna. Parec&#237;a sonre&#237;r... Parec&#237;a agradable no tener parientes...

Sascha volv&#237;a la cabeza para ocultar a los invitados su desesperado e irritado semblante; pero repet&#237;a, haciendo esfuerzos para dar a su voz acentos de alegr&#237;a y benignidad: &#161;Vengan, por favor!... &#161;Vengan, por favor..., queridos hu&#233;spedes!

&lt;/BLOCKQUOTE&gt;.

(Fin del cuento)

.

"Veraneantes": un cuento t&#237;pico de la primera &#233;poca de Ch&#233;jov. Celebramos con su deliciosa lectura el final del verano. Es de principios de la d&#233;cada de mil ochocientos ochenta, de cuando el casi m&#233;dico Ch&#233;jov escrib&#237;a para la prensa cuentos ligeros y humor&#237;sticos, a ocho kopecs la l&#237;nea, en un rinc&#243;n de su ruidosa y abarrotada casa familiar, sin tomarse todav&#237;a en serio como escritor. La traducci&#243;n es de Adalberto Aguilar y E. Podgursky (a cuya misteriosa E no hay manera de quitarle el punto) y ha sido reproducida en la mayor&#237;a de las ediciones espa&#241;olas a partir de su publicaci&#243;n en 1953 por Aguilar.

De todas formas tengo y hay por ah&#237; (al menos y que yo sepa) otras dos traducciones distintas de este cuento, ambas sin firmar (y que vale la pena cotejar con &#233;sta): 

&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#ff0000&gt;Anton Ch&#233;jov, &lt;EM&gt;Relatos 1883-1884-1885&lt;/EM&gt;. Barcelona, Nauta, 1983&lt;/FONT&gt;

&lt;/STRONG&gt;y 

&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#ff0000&gt;Ant&#243;n Ch&#233;jov, &lt;EM&gt;Cuentos escogidos &lt;/EM&gt;(aqu&#237; el cuento se llama "Los veraneantes"). Con pr&#243;logo de Somerset Maugham. M&#233;xico, Porr&#250;a, 1983.
&lt;/FONT&gt;
&lt;/STRONG&gt;.

&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3333ff&gt;[Amigos: Ch&#233;jov, Ant&#243;n] [Ba&#250;l de cuentos]&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;

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    <nicetitle>veraneantes-chejov</nicetitle>
    <published-at type="datetime">2009-09-01T06:52:35Z</published-at>
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    <title>Veraneantes de Ch&#233;jov</title>
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    <body>Strat&#237;s Tsirkas es uno de los mejores narradores griegos de posguerra. Incomprensiblemente sus seis libros de cuentos siguen sin traducirse al castellano. Aqu&#237; os presento una peque&#241;a obra maestra, un cuento perfecto, uno de los mejores que escribi&#243;, en mi opini&#243;n mejor incluso que el que Natividad G&#225;lvez tradujo en su estupenda &lt;EM&gt;Antolog&#237;a del cuento griego &lt;/EM&gt;(Alfaguara, 2005). La traducci&#243;n, in&#233;dita, es de Vasilik&#237; Kanelliadou. Final de "Calles dif&#237;ciles":

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&lt;STRONG&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT color=#3366ff&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;FONT color=#3366ff&gt;STRAT&#205;S TSIRKAS - &lt;EM&gt;CALLES DIF&#205;CILES &lt;/EM&gt;(y III)&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;

&lt;/STRONG&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt; &lt;BLOCKQUOTE&gt;Era la nuera, la cotorra. &#161;Ay, c&#243;mo me cay&#243; aquello! Pens&#233; detenerme y abrir la boca. Decir zorras, &#191;mendiga yo o vosotras, que lo ped&#237;s todo de un hombre? Y les hablar&#237;a de las cien liras que &#233;l me hab&#237;a sacado. Si tu suegra lleva pa&#241;uelo nuevo, y t&#250; zapatos nuevos, y Evangel&#237;a zapatillas nuevas y Giorgos, el in&#250;til, corbata de seda, me lo deb&#233;is todo a m&#237;, que en Nochevieja lleg&#243; y me lo pidi&#243;. 

Pens&#233; decirlo pero me contuve y segu&#237; caminando, porque si abr&#237;a la boca las pondr&#237;a a todas en mi contra. Y me hab&#237;a cansado mucho con las idas y venidas. Llegar a mi casita, mi casita, para descansar. Pero si segu&#237;a todo recto me topar&#237;a otra vez con Dimitris. Necesitaba sentarme, tomar un vaso de agua.

Fui donde Kula. Sab&#237;a que no le iba a gustar mi visita. Hab&#237;a logrado casarse con un ch&#243;fer chipriota, ten&#237;a un ni&#241;o y esperaba el segundo, la pobre intentaba como fuera olvidar su antigua vida. Pero yo &#191;qu&#233; otra cosa pod&#237;a hacer? S&#243;lo le pedir&#237;a un vaso de agua, me sentar&#237;a un momento para descansar y me ir&#237;a.

Eran cuatro los pisos, con el &#225;tico, cinco. La escalera oscura y estrecha, los escalones inc&#243;modos, muy altos. Pens&#233; que no iba a aguantar, pero cuando sub&#237; me esperaba otra desgracia. No hab&#237;a nadie.

Me apoy&#233; en la terraza y llor&#233; un poco. Me alivi&#243;. Alc&#233; la cabeza, vi el sol y el mar. Despu&#233;s mir&#233; abajo, al descampado donde se o&#237;an voces. Unos ni&#241;os del barrio jugaban con una pelota. Estaba con ellos uno delgadito, pelirrojo, con una pierna malita y con muleta, no le hab&#237;an metido en el juego, s&#243;lo le dejaban correr para recoger la pelota cuando ca&#237;a lejos. El pobrecillo corr&#237;a y levantaba su mano libre y su pierna mala, y alcanzaba la pelota y le daba con su pierna buena y con la muleta, y re&#237;a y les miraba. Si se daba cuenta que tardaba, se agachaba y cog&#237;a la pelota con la mano y la tiraba. Le daba tanta alegr&#237;a una cosa tan peque&#241;a. 

Aquel ni&#241;o me dio fuerzas. Volver&#233; a pasarme otra vez, me dije. La &#250;ltima vez. Si est&#225;, est&#225;; si no, ir&#233; directamente a la puertecilla de la iglesa del Profeta El&#237;as y de all&#237; a casa.

Baj&#233; con otro aire. Incluso pensaba que tampoco era para tanto, pasarme tres veces delante de su casa. Si la primera vez la vieja no me hab&#237;a reconocido, entonces eran solo dos veces. &#191;Acaso son muchas? &#191;No le sucede a nadie pasar por una calle dos y tres veces? S&#237;, tres son muchas, pero esta ser&#237;a la &#250;ltima. Me marchar&#237;a, y luego podr&#237;an decir lo que quisieran. Entonces me puse a rebuscar aquella palabra de su cu&#241;ada, lo de la mendiga. Me acord&#233; que no dijo la mendiga que pasa o que rodea. Dijo: que est&#225; sentada. Yo no estaba sentada, yo estaba pasando. A lo mejor tienen otra puerta por detr&#225;s e igual estaba sentada all&#237; alguna mendiga, vete t&#250; a saber.

El sol se estaba poniendo. Pensaba que si &#233;l hubiera ido a las carreras tendr&#237;a que haber vuelto. Ay, las carreras, qu&#233; pasi&#243;n. Pero yo sabr&#237;a, yo encontrar&#237;a la manera de quitarle ese vicio. 

Estas cosas pensaba cuando llegu&#233; a la esquina de su casa. Las ventanas estaban abiertas pero no se ve&#237;a a nadie. De repente o&#237; una voz de hombre y mi coraz&#243;n dio un vuelco. Me acerqu&#233; sin darme cuenta y agarr&#233; la reja con las manos. Pero no era St&#233;fanos, era Giorgos, el in&#250;til. Otra vez alubias en domingo, dec&#237;a, e insultaba. Eh, ni&#241;o, sal para comprar ouzo. R&#225;pido, ha dicho, con la bicicleta.

Entonces gir&#233; para irme, pero por desgracia &#191;qu&#233; es lo que veo? Todos juntos, su madre, Evangel&#237;a, la cu&#241;ada y el peque&#241;o hab&#237;an salido de repente, unos en las ventanas, otros en el balc&#243;n, y me miraban. Parece que el peque&#241;o me hab&#237;a visto desde dentro.

No sab&#237;a qu&#233; hacer. Di la vuelta para irme, pero me confund&#237; y en vez de tirar por la callejuela del Profeta El&#237;as cog&#237; por otro callej&#243;n que no sab&#237;a ad&#243;nde llevaba. Y disimulaba, como una cualquiera que camina. La tierra estaba blanda, no se hab&#237;a pisado mucho. Tropec&#233; un par de veces. Y el mareo era tan grande que no sabr&#237;a decir si o&#237;a carcajadas o me pitaban los o&#237;dos.

De pronto oigo un ruido detr&#225;s. No miro, pero me doy cuenta de c&#243;mo una sombra me cae encima, encojo los hombros, siento el polvo levantado llenar mi nariz y veo al peque&#241;o St&#233;fanos montado en su bicicleta justo delante de m&#237; dentro de una nube. Suelta los frenos y me rodea dando c&#237;rculos, como hacen en el circo. Detr&#225;s se oyen risas y aplausos. 

Me volv&#237;a loca. Ten&#237;a ganas de matarle, al gamberro. Apret&#233; los dientes y aliger&#233; mis pasos. Pero el ni&#241;o no se iba, segu&#237;a con el mismo jueguecito. Y cuanto m&#225;s avanzaba m&#225;s se o&#237;an las risas.

Me llen&#233; de polvo, los dientes me hac&#237;an ruido de tanta tierra que estaba tragando, el carm&#237;n de los labios me lo hab&#237;a dejado todo en la mano. Sudaba, los ojos me quemaban, la pierna se arrastraba, ay, ay, basta, quer&#237;a gritar. Hasta llegu&#233; a correr.

&#191;C&#243;mo iba a saber que el gran rid&#237;culo estaba por llegar? Cuando levant&#233; la cabeza por un momento vi una tapia delante, tapia a la derecha, tapia a la izquierda. &#161;Aquello era un callej&#243;n sin salida y yo sin saberlo! Busco alrededor por si hay alguna puerta donde llamar. Nada. Estaba como enterrada viva. Entonces las risas y los gritos subieron hasta el cielo.

Quer&#237;a caerme en aquella misma esquina y dejar mi llanto salir, quer&#237;a decirles: iros, dejadme, no quiero nada de vosotros, no pedir&#233; nada. Quer&#237;a haberme muerto.

Pero agach&#233; una vez m&#225;s la cabeza y ech&#233; a andar de vuelta, desesperada, coja, y el peque&#241;o iba y ven&#237;a y me cortaba el camino y se pavoneaba sobre la bicicleta, y las voces y las carcajadas y los aplausos no pararon en toda la calle y hab&#237;an salido los vecinos y los transe&#250;ntes miraban y re&#237;an y no hubo nadie que les dijera qu&#233; verg&#252;enza, qu&#233; est&#225;is haciendo, y yo pas&#233; y no les dije nada. S&#243;lo tropezaba y caminaba.

Me llev&#233; un disgusto aquella tarde, una amargura...

Y todo el tiempo que yo me torturaba en su barrio, &#233;l estaba sentado con Vula en la salita y me esperaban. Hab&#237;a venido, me dijo, para pedirme prestadas cinco liras que deb&#237;a en las cartas.
&lt;/BLOCKQUOTE&gt;
(1946)

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Strat&#237;s Tsirkas (El Cairo, 1911-Atenas, 1980) era hijo de emigrantes pobres en Oriente Medio. Trabaj&#243; de contable. En 1930 conoci&#243; a Kavafis, sobre el que escribir&#237;a una influyente biograf&#237;a. Fue poeta, ensayista, novelista, cuentista, traductor de Heine, Schiller, Lowry, Stendhal, Pavese. Desde muy joven fue miembro del Partido Comunista de Grecia. Su obra m&#225;s conocida es la trilog&#237;a novel&#237;stica &lt;EM&gt;Ciudades a la deriva &lt;/EM&gt;(&lt;EM&gt;Akib&#233;rnites polit&#237;es&lt;/EM&gt;), sobre la vida de las comunidades griegas en Oriente Medio, traducidas al espa&#241;ol en Buenos Aires, Emec&#233;: &lt;EM&gt;El c&#237;rculo en Jerusal&#233;n &lt;/EM&gt;(1975), &lt;EM&gt;Ariadna en El Cairo &lt;/EM&gt;(1976) y &lt;EM&gt;El murci&#233;lago en Alejandr&#237;a&lt;/EM&gt; (1977). El Partido Comunista lo expuls&#243; famosamente ante su negativa a renegar de la trilog&#237;a. Durante la dictadura de los coroneles (1967-1973) dej&#243; de publicar en protesta contra la censura y s&#243;lo public&#243; traducciones. Uno de sus libros de poemas se llama &lt;EM&gt;Oratorio espa&#241;ol&lt;/EM&gt;, y contiene homenajes a Federico Garc&#237;a Lorca.

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&lt;SPAN lang=EL style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Constantia','serif'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: EL; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA"&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;SPAN lang=EL style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Constantia','serif'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: EL; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA"&gt;&lt;FONT color=#990000&gt;[&#931;&#964;&#961;&#945;&#964;&#942;&#962; &#932;&#963;&#943;&#961;&#954;&#945;&#962;, &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&#932;&#945; &#948;&#953;&#951;&#947;&#942;&#956;&#945;&#964;&#945;&lt;/I&gt;. Ed. &#922;&#941;&#948;&#961;&#959;&#962;, Atenas, 2001. Traducci&#243;n de Vasilik&#237; Kanelliadou]&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/SPAN&gt;

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    <title>Un cuento perfecto de Strat&#237;s Tsirkas (y III)</title>
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    <body>Strat&#237;s Tsirkas es uno de los mejores narradores griegos de posguerra. Incomprensiblemente sus seis libros de cuentos siguen sin traducirse al castellano. Aqu&#237; os presento una peque&#241;a obra maestra, un cuento perfecto, uno de los mejores que escribi&#243;, en mi opini&#243;n mejor incluso que el que Natividad G&#225;lvez tradujo en su estupenda Antolog&#237;a del cuento griego (Alfaguara, 2005). La traducci&#243;n, in&#233;dita, es de Vasilik&#237; Kanelliadou. Ah&#237; va la segunda parte de "Calles dif&#237;ciles" (1946):

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&lt;STRONG&gt;&lt;BIG&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3366ff&gt;STRAT&#205;S TSIRKAS - &lt;EM&gt;CALLES DIF&#205;CILES (II)&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/BIG&gt;&lt;/STRONG&gt;

 &lt;BLOCKQUOTE&gt;As&#237;, a ratos desesperada, a ratos sonriente, llegu&#233; sin darme cuenta a la iglesia del Profeta El&#237;as. Sub&#237; los escalones y encend&#237; una vela grande delante de San Esteban. Por si estuviera enfermo. Me santig&#252;&#233; y sal&#237; afuera. Atraves&#233; el patio, como me hab&#237;a explicado Vula, y encontr&#233; la puerta de atr&#225;s medio abierta.

Pero cuando pis&#233; aquella callejuela, empec&#233; a temblar con sudor fr&#237;o. Como si algo me dijera que iba a salir todo mal. Mi piel, que se hab&#237;a encendido con el sol, ahora se arrugaba. Desde los dos lados de la calle plantas y &#225;rboles sobresal&#237;an por las tapias de las huertas y se inclinaban. Enredaban como trenzas sus ramas arrugadas y formaban una c&#225;mara de hojas verdes y negras. Los gorriones piaban y de pronto se levantaban todos juntos batiendo las alas. La larga callejuela era atravesada por otras peque&#241;as que parec&#237;an alfombras de luz resplandeciente.

Empec&#233; a caminar. A mi izquierda, detr&#225;s de la tapia de un huerto, un perro me ladraba. Sent&#237; mis rodillas temblar. Siempre me han dado miedo los perros.

No me detuve. Cuando estaba ya a punto de llegar a la tercera callejuela a la derecha, vi la casa de la esquina con el tejado hundido. Mi coraz&#243;n lat&#237;a como si fuera a romperse y el perro ladraba detr&#225;s de m&#237;.

Intent&#233; disimular, caminando indiferente. En el balc&#243;n estaba su vieja. Llevaba un pa&#241;uelo nuevo en la cabeza pero sus gafas ten&#237;an un cristal roto de lado a lado. Detr&#225;s se le agrandaba un ojo salvaje, como si me acechara. Si se casa conmigo, pens&#233;, le comprar&#233; unas gafas con su montura de plata y con su funda.

&#161;Evangel&#237;a!, grit&#243; la vieja. Llamaba a su hija mayor, que se hab&#237;a quedado viuda y que viv&#237;a all&#237; con los hijos; St&#233;lena le dec&#237;a a Vula que no se lleva bien con la otra viuda, la nuera, la cotorra. Viv&#237;a all&#237; tambi&#233;n Giorgos, el hermano mayor, el carpintero. Hace a&#241;os eran una familia grande. Pero vino la muerte y seg&#243; a ciegas, desmont&#243; las parejas. &#161;Cuando llega la muerte...!

No sab&#237;a qu&#233; hacer. Detenerme y decir: Buenas tardes, qu&#233; les parece el tiempo, o hacer como que busco una casa. Me conoc&#237;an y les conoc&#237;a; pero hac&#237;amos como que no nos conoc&#237;amos.

Me acobard&#233; y pas&#233; de lejos. Escuch&#233; una ventana cerrarse. &#191;Ser&#237;a Evangel&#237;a?

&#161;St&#233;fanoos!, grit&#243; una voz como si hubiera incendio o se derramara la leche del fuego. Me mare&#233;. Era como si mi coraz&#243;n se hubiera descolgado y rodara por el suelo. Tropec&#233;. &#191;Qu&#233; pasar&#225;? &#191;Se asomar&#225; &#233;l por la ventana?

S&#237;&#237;&#237;, contest&#243; aburrido un chico. Era su sobrinillo, el hijo de Evangel&#237;a, que se llamaba St&#233;fanos. Yo ni siquiera gir&#233; la cabeza para mirar. Mi pierna se arrastraba y levantaba polvo. Y detr&#225;s de m&#237; me parec&#237;a que o&#237;a risas. 

A la izquierda vi una calle que conoc&#237;a. Llevaba a un descampado con edificios. En uno de ellos, en el &#225;tico, viv&#237;a una que antes trabajaba conmigo. Pero no gir&#233;. Pens&#233; ir hasta el final de la calle y volver de nuevo lentamente, para echar otro vistazo.

Un poco m&#225;s abajo hab&#237;a un chalecillo moderno, con rejas de hierro, sin &#225;rboles. S&#243;lo parterres con hierbas y unos pocos rosales, sillas, una mesita y encima un juego de t&#233;. &#191;Y a qui&#233;n veo sentado? Al se&#241;or Dimitris, mi cliente. Ven&#237;a a menudo, y siempre aparec&#237;a con una jovencilla morena, canija, llena de caprichos. Pero ahora estaba sentado all&#237; sin chaqueta, con el chaleco desabrochado, leyendo. Su mujer, una chica modosa, como de treinta y cinco a&#241;os, de brazos blancos, iba y ven&#237;a con el t&#233;. Qu&#233; pareja m&#225;s bonita, dir&#237;a quien no sabe. Me acord&#233; de la colonia que le est&#225;bamos echando aquel d&#237;a que se sinti&#243; mal, de sus tirantes, de su barriguita. Hasta le sacamos un mote. Le cant&#225;bamos:

&lt;EM&gt;No te queda bien el sobrepeso, Dimiiiiitri&lt;/EM&gt;.

Me vio con el rabillo del ojo. Dobl&#243; el peri&#243;dico y se puso a mirarme con la boca abierta. Yo segu&#237; caminando. Llegu&#233; hasta el final de la calle y di la vuelta. Despacio, para no cansar la pierna. Volv&#237; a pasar por delante del chal&#233;. Estaban bebiendo el t&#233; sentados los dos. &#201;l se incomod&#243; al verme. 

&#191;Qui&#233;n es?, o&#237; que le preguntaba a su mujer. Como si me dijera: no vengas. &#191;Ves? Hago como que no te conozco. Ni siquiera hab&#237;a pasado por mi cabeza tal cosa. &#191;Me iba a ense&#241;ar &#233;l mi trabajo? Pero ten&#237;a ganas de hacerle algo para que aprendiera, que parec&#237;a que ve&#237;a al diablo. Pero pens&#233;: ya llegar&#225; su hora.

Llegu&#233; a la casa del techo hundido. Vi al peque&#241;o St&#233;fanos trastear una bicicleta que ten&#237;a en el suelo. &#191;D&#243;nde est&#225; tu t&#237;o, mi vida?, le dec&#237;a en silencio.

El balc&#243;n estaba vac&#237;o, las ventanas cerradas. &#191;Me acechar&#237;a alguien desde dentro?

&#161;St&#233;fanos!, se oy&#243; de nuevo la voz, y volv&#237; a asustarme. Fui como borracha hasta la iglesia. Pero en vez de abrir la puerta e irme di la vuelta en la misma calle, cojeando. Algo me tiraba. Me mor&#237;a por verle, saber c&#243;mo estaba.

El peque&#241;o con la bicicleta hab&#237;a desaparecido. Solamente una ventana quedaba abierta y se ve&#237;a una cama de hierro con unas viejas s&#225;banas y un espejo deste&#241;ido con un marco de madera muy viejo. Pero, de repente, otra vez la voz: &#161;St&#233;fanoos! &#161;Echa a la mendiga que est&#225; sentada fuera!

&lt;/BLOCKQUOTE&gt;.

Strat&#237;s Tsirkas (El Cairo, 1911-Atenas, 1980) era hijo de emigrantes pobres en Oriente Medio. Trabaj&#243; de contable. En 1930 conoci&#243; a Kavafis, sobre el que escribir&#237;a una influyente biograf&#237;a. Fue poeta, ensayista, novelista, cuentista, traductor de Heine, Schiller, Lowry, Stendhal, Pavese. Desde muy joven fue miembro del Partido Comunista de Grecia. Su obra m&#225;s conocida es la trilog&#237;a novel&#237;stica &lt;EM&gt;Ciudades a la deriva &lt;/EM&gt;(&lt;EM&gt;Akib&#233;rnites polit&#237;es&lt;/EM&gt;), sobre la vida de las comunidades griegas en Oriente Medio, traducidas al espa&#241;ol en Buenos Aires, Emec&#233;: &lt;EM&gt;El c&#237;rculo en Jerusal&#233;n &lt;/EM&gt;(1975), &lt;EM&gt;Ariadna en El Cairo &lt;/EM&gt;(1976) y &lt;EM&gt;El murci&#233;lago en Alejandr&#237;a&lt;/EM&gt; (1977). El Partido Comunista lo expuls&#243; famosamente ante su negativa a renegar de la trilog&#237;a. Durante la dictadura de los coroneles (1967-1973) dej&#243; de publicar en protesta contra la censura y s&#243;lo public&#243; traducciones. Uno de sus libros de poemas se llama &lt;EM&gt;Oratorio espa&#241;ol&lt;/EM&gt;, y contiene homenajes a Federico Garc&#237;a Lorca.

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&lt;SPAN lang=EL style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Constantia','serif'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: EL; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA"&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;SPAN lang=EL style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Constantia','serif'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: EL; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA"&gt;&lt;FONT color=#990000&gt;[&#931;&#964;&#961;&#945;&#964;&#942;&#962; &#932;&#963;&#943;&#961;&#954;&#945;&#962;, &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&#932;&#945; &#948;&#953;&#951;&#947;&#942;&#956;&#945;&#964;&#945;&lt;/I&gt;. Ed. &#922;&#941;&#948;&#961;&#959;&#962;, Atenas, 2001. Traducci&#243;n de Vasilik&#237; Kanelliadou]&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/SPAN&gt;

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    <title>Un cuento perfecto de Strat&#237;s Tsirkas (II)</title>
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    <body>Strat&#237;s Tsirkas es uno de los mejores narradores griegos de la posguerra. Incomprensiblemente sus seis libros de cuentos siguen sin traducirse al castellano. Aqu&#237; os presento una peque&#241;a obra maestra, un cuento perfecto, uno de los mejores que escribi&#243;, en mi opini&#243;n mejor incluso que el que Natividad G&#225;lvez tradujo en su estupenda &lt;EM&gt;Antolog&#237;a del cuento griego &lt;/EM&gt;(Alfaguara, 2005). La traducci&#243;n, in&#233;dita, es de Vasiliki Kanelliadou. Lo dar&#233; en tres partes porque es algo largo para un blog. Ya s&#233;, ya s&#233;, no es nada ortodoxo partir un cuento en tres y cargarse la sacrosanta unidad de efecto, Poe me perdone. 

Se llama "Calles dif&#237;ciles". Cosecha del 46. 

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&lt;STRONG&gt;&lt;BIG&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#6633ff&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;BIG&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#6633ff&gt;STRAT&#205;S TSIRKAS&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/BIG&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/STRONG&gt; - &lt;EM&gt;&lt;BIG&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#6633ff&gt;CALLES DIF&#205;CILES&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/BIG&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/BIG&gt;&lt;/STRONG&gt;





 &lt;BLOCKQUOTE&gt;Poco a poco le dej&#233; que me sacara casi cien liras, por si se decid&#237;a a casarse conmigo. &#161;Con qu&#233; sufrimientos y humillaciones hab&#237;a ahorrado yo el dichoso dinero, en total trescientas liras, mi dote! Puta me llamaban, los de mi familia y los conocidos. Por eso temblaba, por si me sacaba el dinero y lo perd&#237;a para siempre.

Pero aquel maldito domingo se lo regalar&#237;a todo. Llevaba una semana sin aparecer, y yo, acostumbrada como estaba a verle cada dos o tres d&#237;as, me sub&#237;a por las paredes. Dios m&#237;o, dec&#237;a, que venga por un momento solamente, para tomar un caf&#233;, y las cien liras para &#233;l, se las regalo. Tanto me hab&#237;a acostumbrado a &#233;l: le quer&#237;a.

Cada vez que o&#237;a subir el ascensor me daba algo. Se me cortaba la respiraci&#243;n y me temblaban las piernas, como si fueran de tela. La buena y la mala. Me levantaba y me acercaba a la puerta. Pero no ven&#237;an donde nosotras. El ascensor paraba en otra planta y yo volv&#237;a y me sentaba otra vez en la salita, junto a Vula. 

No ten&#237;amos nada para coser y no esper&#225;bamos visitas. Las chicas hab&#237;an salido con sus novios a disfrutar del domingo. Era un d&#237;a soleado. Enero, pero parec&#237;a verano.

Vula y yo nos quedamos en la oscuridad como los murci&#233;lagos. Y ella me hablaba y me hablaba, lo de siempre, sus historias de fantasmas y asesinatos, enfermedades, mal de ojo, magias, y cada dos por tres me sacaba a San Fanurios. Se me encog&#237;a el coraz&#243;n, me desesperaba esta mujer. Nunca se hab&#237;a quitado el negro del luto de encima (que ol&#237;a a muerto). Calla, calla, por lo que m&#225;s quieras, le dije. Quita la pasta del fuego y pon la mesa.

Demasiado le esperamos. En la mesa nos quedamos mudas. La comida bajaba con dificultad. De vez en cuando, Vula levantaba sus ojos estr&#225;bicos del plato y me miraba. Esperaba un pretexto para empezar de nuevo.

Pens&#233; que podr&#237;a llegar para el caf&#233;. Lo ten&#237;a por costumbre. Pero no vino.

A las tres me decid&#237;. Vula, le digo, te dejo aqu&#237;. Yo me voy. Har&#233; como que paso por su casa. Puede que est&#233; enfermo y nosotras no lo sepamos. Al fin y al cabo, es como si diera un paseo, con este sol... Como quieras, me dice. S&#243;lo ten cuidado por si te topas con su cu&#241;ada, porque tiene veneno en la lengua: &#191;te cont&#233; lo que le dec&#237;a el otro d&#237;a a St&#233;lena de ti? Lo s&#233;, lo s&#233;, la interrump&#237;, y me levant&#233; para cambiarme. 

&#201;l viv&#237;a con su familia lejos, en los suburbios, en un barrio pobre lleno de casas de una planta y huertos. En el tranv&#237;a me com&#237;a la cabeza por si me perd&#237;a en las callejuelas y no encontraba su casa. Vula me hab&#237;a explicado por d&#243;nde ir para no dar una vuelta grande. Es muy f&#225;cil, me dijo. F&#225;cil ser&#225; para ti. Pero para m&#237;, que siempre me confundo con las calles, y con esta pierna... Calles dif&#237;ciles, le dije.

Con semejantes preocupaciones no ten&#237;a ojos para ver el d&#237;a soleado. Despu&#233;s mi cabeza se fue a otro lado. &#191;Y si estaba enfermo de verdad? &#191;Y si era seria la cosa? &#191;C&#243;mo me dar&#237;a cuenta? A lo mejor est&#225; su madre en el balc&#243;n y al verme pasar me llama. A veces ocurren cosas as&#237;. Pongamos que yo le diera pena, o que quisiera darle una satisfacci&#243;n a su hijo.

Sonre&#237;a sola. Pero se me ven&#237;a a la cabeza lo que le hab&#237;a dicho la cu&#241;ada a St&#233;lena. La nuera hablaba mal de la suegra: como si ella fuera una santa. &#191;Te lo crees? &#161;Que dios te guarde de esa vieja diab&#243;lica! &#191;Te he dicho lo que me dec&#237;a el otro d&#237;a sobre la jefa de Vula? Preferir&#237;a verle ladr&#243;n y asesino, verle en el cadalso, que dejarle casarse con la coja, la puta. Para pasar el rato, para que tenga un dinerillo, hago como que no me entero. Pero boda... As&#237; me lo cont&#243; Vula, v&#237;a St&#233;lena. Pero, por otro lado, pensaba que quiz&#225; la vieja no hubiera dicho esas cosas y ni siquiera las hubiera pensado, que fuesen palabras de la nuera, que sabe que llegar&#225;n a mis o&#237;dos y me hace la guerra. Como si yo le hubiera hecho algo malo. Ni siquiera la conozco, la muy zorra.

As&#237;, a ratos desesperada, a ratos sonriente, llegu&#233; sin darme cuenta...
&lt;/BLOCKQUOTE&gt;
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Strat&#237;s Tsirkas (El Cairo, 1911-Atenas, 1980) era hijo de emigrantes pobres en Oriente Medio. Trabaj&#243; de contable. En 1930 conoci&#243; a Kavafis, sobre el que escribir&#237;a una influyente biograf&#237;a. Fue poeta, ensayista, novelista, cuentista, traductor de Heine, Schiller, Lowry, Stendhal, Pavese. Desde muy joven fue miembro del Partido Comunista de Grecia. Su obra m&#225;s conocida es la trilog&#237;a novel&#237;stica &lt;EM&gt;Ciudades a la deriva &lt;/EM&gt;(&lt;EM&gt;Akib&#233;rnites polit&#237;es&lt;/EM&gt;), sobre la vida de las comunidades griegas en Oriente Medio, traducidas al espa&#241;ol en Buenos Aires, Emec&#233;: &lt;EM&gt;El c&#237;rculo en Jerusal&#233;n &lt;/EM&gt;(1975), &lt;EM&gt;Ariadna en El Cairo &lt;/EM&gt;(1976) y &lt;EM&gt;El murci&#233;lago en Alejandr&#237;a&lt;/EM&gt; (1977). El Partido Comunista lo expuls&#243; famosamente ante su negativa a renegar de la trilog&#237;a. Durante la dictadura de los coroneles (1967-1973) dej&#243; de publicar en protesta contra la censura y s&#243;lo public&#243; traducciones. Uno de sus libros de poemas se llama &lt;EM&gt;Oratorio espa&#241;ol&lt;/EM&gt;, y contiene homenajes a Federico Garc&#237;a Lorca.

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&lt;SPAN lang=EL style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Constantia','serif'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: EL; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA"&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;SPAN lang=EL style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Constantia','serif'; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: EL; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA"&gt;&lt;FONT color=#990000&gt;[&#931;&#964;&#961;&#945;&#964;&#942;&#962; &#932;&#963;&#943;&#961;&#954;&#945;&#962;, &lt;I style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&#932;&#945; &#948;&#953;&#951;&#947;&#942;&#956;&#945;&#964;&#945;&lt;/I&gt;. Ed. &#922;&#941;&#948;&#961;&#959;&#962;, Atenas, 2001. Traducci&#243;n de Vasilik&#237; Kanelliadou]&lt;/FONT&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/SPAN&gt;

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&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#660000&gt;LOS OLORES SON COMO LAS CANCIONES&lt;/FONT&gt;
&lt;/STRONG&gt;
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 &lt;BLOCKQUOTE&gt;I

Como les ocurr&#237;a a todos los ni&#241;os, a los trece a&#241;os Sergio Zapico se hab&#237;a enamorado de su profesora de ingl&#233;s, &#193;ngeles Lemus, y adoraba el momento en el que ella se acercaba a su pupitre para devolverle un examen corregido.

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II

"Los olores son como las canciones", dice Zapico, "que te devuelven al pasado. Que los asocias a momentos buenos o malos y entonces vuelves a vivirlos". Sus compa&#241;eros de equipo no entienden a Sergio Zapico, pero es que &#233;l tiene un olfato muy desarrollado que le permite no solo oler algo a muchos metros de distancia sino, adem&#225;s, asociarlo, cada aroma, a aquello que lo emite, con una precisi&#243;n asombrosa. "Huele a neum&#225;tico de Michel&#237;n". O bien "huele a ron P&#225;lido con Pepsi-Cola". O "Tin&#237;n acaba de besar a dos chicas de piel muy clara que llevaban, las dos, &#212; de Lanc&#244;me".

.

III

El domingo 1 de septiembre la predicci&#243;n meteorol&#243;gica anunci&#243; cielos absolutamente despejados y una temperatura de entre 18 y 20 &#186;C a la hora del partido en la vertical del estado del Mediterr&#225;neo, y un viento de poniente moderado.

.

IV

Tras los protocolarios saludos Mat&#237;as Enciso Carpintero, del Colegio Gallego, lanz&#243; una vieja moneda de plata al aire y recogi&#233;ndola sobre el dorso de su mano derecha se la mostr&#243; a los dos capitanes. Daniel Bioiz, el de los bicolores, eligi&#243; campo para jugar a favor del aire durante la primera parte.

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V

Un estudio estad&#237;stico realizado a nivel planetario por las grandes empresas internacionales de cosm&#233;tica asegura que las mujeres en el mundo desarrollado cambian de perfume una vez cada dos a&#241;os. En cuanto a las espa&#241;olas, el estudio concluye que lo hacen cada tres y medio.

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VI

"There are three kinds of lies: lies, dammed lies and statistics", atribuido por Mark Twain a Benjamin Disraeli. (O sea: 'Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estad&#237;sticas).

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VII

En el minuto veintinueve de la primera parte del primer partido de liga sopl&#243; una suave r&#225;faga de poniente agitando las banderas y haciendo volar los papelillos que los aficionados hab&#237;an lanzado al terreno de juego. En ese preciso momento Sergio Zapico pens&#243; "Ese olor", e inmediatamente "&#193;ngeles Lemus". Y se dio la vuelta hacia la grada.

.

VIII

A Pere Viladefont, el delantero centro del Almer&#237;a, jam&#225;s le hab&#237;a sucedido una cosa igual: robar un bal&#243;n en el c&#237;rculo central, levantar la cabeza y ver al portero rival de espaldas, ajeno al juego, mirando detr&#225;s de su propis porter&#237;a, como si buscara algo o a alguien entre los espectadores del grader&#237;o de poniente.

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IX

Gol de Pel&#233;: d&#237;cese del tanto obtenido desde el centro del campo o desde sus inmediaciones mediante un lanzamiento parab&#243;lico que sorprende al adelantado o despistado portero rival. Se llama as&#237; en honor del extraordinario jugador brasile&#241;o, considerado por muchos el mejor futbolista de todos los tiempos, quien, parad&#243;jicamente, jam&#225;s logr&#243; un tanto de esa factura.&lt;/BLOCKQUOTE&gt;.

Hasta aqu&#237; "Los olores son como las canciones", el primer y estupendo cuento de &lt;EM&gt;Once y el m&#237;ster&lt;/EM&gt;. &#191;Qu&#233; es &lt;EM&gt;Once y el m&#237;ster&lt;/EM&gt;? Un atadijo de cuentos que giran en torno al mundo del f&#250;tbol. Uno para cada jugador de campo -desde el portero hasta el delantero centro-, y el duod&#233;cimo dedicado al entrenador del equipo, un finland&#233;s que sospecha que su traductor lo traiciona. Una estructura perfecta. Secretos, miedos, dolorosos dilemas morales se acumulan en las historias privadas de estos jugadores sensibles y fr&#225;giles, alejados de los estereotipos, observados en el &#225;mbito &#237;ntimo, all&#225; donde no llegan los focos de las c&#225;maras. Un libro de cuentos con sabor cl&#225;sico, de un realismo limpio y sencillo. 

Yo a Jorge Rubio (Madrid, 1969) le debo una. &#201;l tal vez pueda decir que no hizo nada, que simplemente apareci&#243; con su libro bajo el brazo. Lo conoc&#237; personalmente en la fase de edici&#243;n del libro (en la que particip&#233;). No s&#243;lo la manera como estaban escritos los cuentos (su aire de honradez artesanal, como de objetos sobrios y quiz&#225; algo antiguos, poco rutilantes o ingeniosos, m&#225;s atentos a dar cuenta de sentimientos y de humanidades que de pirotecnias estil&#237;sticas), sino su actitud general ante la literatura en la que yo cre&#237;a ver entonces reflejos de la m&#237;a propia, terminaron de provocar en m&#237; una serie de movimientos interiores que ya estaban en marcha y que necesitaban tal vez de un Jorge Rubio o de un &lt;EM&gt;Once y el m&#237;ster &lt;/EM&gt;para terminar de concretarse, y que un a&#241;o m&#225;s tarde tuvieron como resultado mi propio libro. Hace ahora tres que se present&#243; en Granada el suyo (lo present&#243; un entrenador de f&#250;tbol llamado Lucas Alcaraz), justo el d&#237;a despu&#233;s de que el Bar&#231;a ganara su segunda Champions League. A punto el Bar&#231;a de ganar ahora la tercera, me acuerdo con cari&#241;o y gratitud de &lt;EM&gt;Once y el m&#237;ster&lt;/EM&gt;, un libro decente y valioso que no deber&#237;a desaparecer de las librer&#237;as. Aunque su autor sea del Real Madrid. 

.

&lt;FONT color=#cc0000&gt;&lt;STRONG&gt;[JORGE RUBIO, &lt;EM&gt;Once y el m&#237;ster&lt;/EM&gt;. Granada, Cuadernos del Vig&#237;a, 2006]&lt;/STRONG&gt;
&lt;/FONT&gt;
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    <title>Jorge Rubio: Once y el m&#237;ster</title>
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    <body>Hab&#237;a una vez una madre que ten&#237;a nueve hijos varones y una muy querida hija llamada Aret&#237;. La madre la quer&#237;a tanto que la resguard&#243; cuanto pudo de las miradas ajenas, para retenerla a su lado, y a los doce a&#241;os ni el mism&#237;simo sol hab&#237;a podido verla, pues en la oscuridad se ba&#241;aba, en la penumbra se peinaba y bajo las estrellas se trenzaba el pelo. Pese a todas estas precauciones, no pas&#243; mucho tiempo sin que la fama de su belleza y su bondad se extendiera, y un buen d&#237;a se presentaron unos embajadores de Babilonia con la encomienda de llev&#225;rsela muy lejos para casarla con un rico extranjero. 

Los ocho hermanos no quer&#237;an que Aret&#237; se marchara. Pero Constantino, el noveno, s&#237; quer&#237;a. 

"Madre -dijo-, demos a Aret&#237; al extranjero. Su felicidad puede que un d&#237;a sea nuestra riqueza, y si alguna vez viajamos lejos no nos sentiremos extra&#241;os, pues ella estar&#225; con nosotros. 

Respondi&#243; la madre:

"Juicioso eres, Constantino, pero me hace da&#241;o lo que dices. &#191;Y si vienen la muerte o la enfermedad? &#191;Y si nos toca la amarga tierra, qui&#233;n va a traerme a mi hija?

Entonces Constantino respondi&#243;:

"Si viene la muerte y si viene la enfermedad y si nos toca la amarga tierra, pongo al cielo como juez y a los santos como testigos que yo te la traer&#233;".

Y casaron a Aret&#237; con el extranjero. Pero la felicidad les dur&#243; poco, porque vino un a&#241;o bisiesto y con &#233;l unos meses furiosos que trajeron la desgracia. Los nueve hermanos enfermaron y murieron uno detr&#225;s del otro hasta que la madre se qued&#243; sola como un junco. Pasaba los d&#237;as en el cementerio, junto a la iglesia, enloquecida de dolor, y mes&#225;ndose los cabellos no hac&#237;a otra cosa que llorar, rezar y canturrear palabras incomprensibles junto a las tumbas de sus nueve hijos. Un d&#237;a se detuvo ante la tumba de Constantino.

"Maldito seas, maldito y mil veces maldito -dijo-, porque me exiliaste a Aret&#237; al extranjero. La promesa que me diste, &#191;cu&#225;ndo la cumplir&#225;s? Pusiste al cielo como juez y a los santos como testigos que si nos tocaba la tierra amarga ir&#237;as a tra&#233;rmela".

Y de las maldiciones tan fuertes que profiri&#243; la tierra retembl&#243; y se removi&#243; y Constantino sali&#243; de su tumba. De una nube hizo un caballo, y con las estrellas como brida cabalg&#243; toda la noche al extranjero para traer a su hermana. La encontr&#243; pein&#225;ndose en el alf&#233;izar de una ventana bajo la peque&#241;a luna menguante. Desde lejos la salud&#243; levantando una mano, y al acercarse le dijo:

"Hermana, vay&#225;monos a ver a nuestra madre."

"Por Dios, hermano, me has asustado. &#191;De qu&#233; se trata? Si es para una alegr&#237;a me visto y me pongo guapa, y si es para una desgracia d&#237;melo ahora mismo para vestirme de negro."

"Ven de inmediato a nuestra casa, Aret&#237;, est&#233;s como est&#233;s", dijo Constantino. Y arrodill&#243; el caballo y puso encima a su hermana.

Por el camino de regreso los p&#225;jaros cantaban. Pero no cantaban como cantan las alondras o las golondrinas, sino con palabras humanas. Dec&#237;an:

"&#191;Qui&#233;n ha visto a una mujer tan hermosa llevada por un muerto?"

Aret&#237; le dijo a su hermano:

"&#191;Has o&#237;do, Constantino, lo que dicen los p&#225;jaros?"

"P&#225;jaros son, y cantan."

M&#225;s adelante se acercaron otros y dijeron:

"&#191;No es una rareza extremada, no es una pena y una injusticia enormes que los vivos tengan que ir con los muertos?"

Aret&#237; sinti&#243; un escalofr&#237;o.

"&#191;Oyes, Constantino, lo que dicen los p&#225;jaros? &#161;Que los vivos caminan con los muertos!"

"Son p&#225;jaros. En abril cantan y en mayo se aparean".

"Tengo miedo, hermano, porque hueles a incienso".

"Es porque anoche estuvimos en la iglesia de San Juan y el cura nos hume&#243; demasiado con el incensario".

Pero un poco m&#225;s all&#225; otros p&#225;jaros se acercaron y dijeron:

"&#161;Milagro y antimilagro, una mujer tan bella con un muerto!"

Lo oy&#243; Aret&#237; y se le parti&#243; el coraz&#243;n.

"&#191;Has o&#237;do, Constantinillo, lo que dicen los p&#225;jaros?"

"Deja los p&#225;jaros, Aret&#237;, que digan lo que quieran".

"Dime, hermano por qu&#233; est&#225;s lleno de barro, d&#243;nde quedaron tu belleza y tu juventud, y qu&#233; fue de tu piel suave y de tus cabellos de oro".

"Hace tiempo que estoy malo y se me cay&#243; el pelo".

Y as&#237; siguieron el camino, hasta llegar al pueblo y detenerse en el cementerio, junto a la iglesia. Constantino hizo arrodillarse el caballo, y cuando Aret&#237; se baj&#243;, caballo y hermano se esfumaron. Aret&#237; oy&#243; entonces la tierra trepidar y las l&#225;pidas del cementerio caerse con estr&#233;pito. Y se fue caminando a su casa, y al acercarse pudo ver el jard&#237;n abandonado, los &#225;rboles marchitos, los jazmines secos, las rosas negras, la hierba crecida delante de la entrada. Encontr&#243; la puerta cerrada y sin llaves y las ventanas condenadas. Toc&#243; con fuerza y las maderas de las ventanas temblaron.

"Si eres amigo entra, y si eres enemigo vete", dijo una voz desde el interior. "Y si eres la muerte amarga, otros hijos no me quedan para que te los lleves, pues mi pobre Aret&#237; est&#225; lejos en el extranjero.

"Abre, dulce madre m&#237;a", dijo Aret&#237;.

"&#191;Qui&#233;n es esta que me llama madre?"

"Abre, abre, soy yo, tu Aret&#237;".

La madre abri&#243; y se abrazaron llorando, y no les dio tiempo a mucho m&#225;s, porque all&#237; mismo se murieron. 











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    <title>La canci&#243;n del hermano muerto</title>
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    <body>Entran esas tres chicas con nada m&#225;s que el ba&#241;ador puesto. Yo estoy en la tercera caja, de espaldas a la puerta, de modo que no las veo hasta que est&#225;n junto al pan. La que primero me llam&#243; la atenci&#243;n fue la del bikini verde a cuadros. Era una chica rolliza, muy morena y con un culo grande y encantador [...] Me qued&#233; parado con un paquete de galletas HiHo en la mano, tratando de recordar si lo hab&#237;a marcado o no. Vuelvo a marcarlo y la clienta empieza a ponerme como un trapo. Es una de esas vigilantes-de-cajas-registradoras, una bruja de cincuenta tacos con carm&#237;n en los p&#243;mulos y sin cejas, y s&#233; que le ha alegrado la vida cogerme en una falta. Lleva cincuenta a&#241;os vigilando cajas registradoras y seguramente no ha visto una equivocaci&#243;n en su vida. 

Para cuando consegu&#237; calmarla y meter su compra en una bolsa -me suelta un peque&#241;o resoplido al pasar; de haber nacido en el momento adecuado la habr&#237;an quemado en Salem-, para cuando logr&#233; que siguiera su camino, las chicas ya hab&#237;an rodeado el pan y regresaban, sin carrito, en direcci&#243;n a mi caja a lo largo de los mostradores, por el pasillo que hay entre las cajas registradoras y los cubos Special. Ni siquiera iban calzadas. All&#237; estaba la rolliza del bikini [...] y una chica alta de pelo negro [...] y la tercera, que no era tan alta. Ella era la reina. En cierto modo conduc&#237;a a las otras dos, que echaban miraditas alrededor y se encorvaban. Ella no miraba alrededor, la reina no, se limitaba a andar en l&#237;nea recta y despacio sobre esas piernas largas y blancas de &lt;EM&gt;prima donna&lt;/EM&gt;. [...] Ten&#237;a un ba&#241;ador de un color rosa sucio [...]

Los borregos que empujaban sus carritos por el pasillo -las chicas caminaban en contra del tr&#225;fico habitual (no es que tengamos se&#241;ales de direcci&#243;n &#250;nica ni nada parecido)- eran bastante c&#243;micos. Los ve&#237;as dar una sacudida, pegar un brinco o hipar cuando reparaban en los hombros blancos de la reina, pero volv&#237;an a clavar r&#225;pidamente la mirada en sus carros y segu&#237;an empujando. Apuesto a que podr&#237;as volar con dinamita un A&amp;amp;P y la gente seguir&#237;a alargando el brazo, tachando los copos de avena de sus listas y murmurando: "Veamos, hab&#237;a una tercera cosa, empezaba por E, esp&#225;rragos..." [...]

Ya sabes, una cosa es una chica en ba&#241;ador en la playa y otra en el fr&#237;o del A&amp;amp;P, bajo los tubos fluorescentes y contra todos esos paquetes amontonados, deslizando sus pies descalzos por nuestro suelo de baldosas. [...] 

Aqu&#237; viene la parte triste de la historia. [...] Los grandes almacenes estaban bastante vac&#237;os porque era un jueves por la tarde, de modo que no hab&#237;a gran cosa que hacer aparte de apoyarse en la caja registradora y esperar a que volvieran a aparecer las chicas. Todo el establecimiento era como un fl&#237;per, y yo no sab&#237;a de qu&#233; t&#250;nel saldr&#237;an. Al cabo de un rato salieron del pasillo del fondo rodeando las bombillas, los discos con descuento de los Caribbean Six o alguna otra porquer&#237;a en la que te asombra que se gaste la pasta la gente. [...] Por all&#225; vienen, la reina todav&#237;a abriendo la marcha con un peque&#241;o tarro gris en las manos. Est&#225;n cerradas de la caja tres a la siete, y la veo titubear entre Stokes y yo, pero Stokesie, con su habitual suerte, atrae a un viejo con pantalones grises [...] as&#237; que las chicas se dirigen hacia m&#237;. La reina deja el tarro y yo lo cojo entre mis dedos helados. [...]

De pronto la suerte de todos empieza agotarse. Entra Lengel el gerente. Lengel es un hombre bastante gris que da catequesis a ni&#241;os los domingos. [...] Se acerca y dice: "Ni&#241;as, no est&#225;is en la playa. [...] Queremos que vay&#225;is decentemente vestidas cuando veng&#225;is aqu&#237;." "Somos decentes", replica de pronto la reina, sacando el labio inferior y pic&#225;ndose al recordar de d&#243;nde viene, un lugar desde el cual la gente que lleva el A&amp;amp;P debe de parecer bastante horrible. "No quiero discutir con vosotras, chicas. En adelante venid con los hombros cubiertos. Son las normas". 

Lengel se da media vuelta. Esas son las normas para usted. Normas es lo que quiere la gente importante. Lo que los dem&#225;s queremos es delincuencia juvenil. 

Todo el tiempo hab&#237;an ido llegando clientes con carros pero, como puedes imaginarte, los borregos, al ver la escena, se hab&#237;an amontonado frente a Stokesie, quien abri&#243; una bolsa de papel con tanta delicadeza como si pelara un melocot&#243;n, sin querer perderse una s&#237;laba. Yo notaba en el silencio que todo el mundo se estaba poniendo nervioso, sobre todo Lengel, quien me pregunt&#243;: "&#191;Has marcado su compra, Sammy?" [...]

Las chicas, y lo comprendo perfectamente, tienen prisa por largarse, de modo que digo a Lengel: "Yo renuncio".

(Lo digo lo bastante r&#225;pido para que ellas me oigan y me miren a m&#237;, su insospechado h&#233;roe)

"&#191;Has dicho algo, Sammy?"

"He dicho que renuncio."

"Eso me ha parecido o&#237;r."

"No ten&#237;a usted por qu&#233; avergonzarlas de ese modo."

"Eran ellas las que estaban avergonz&#225;ndonos."

Empec&#233; a decir algo que sali&#243; como "Memeces" [...]

"No creo que sepas lo que est&#225;s diciendo", dijo Lengel.

"S&#233; que no lo cree, dije, pero yo s&#237; lo creo". Tir&#233; del lazo de detr&#225;s de mi delantal y empec&#233; a quit&#225;rmelo por los hombros. Un par de clientes que se hab&#237;an acercado a mi caja chocaron entre s&#237;, como cerdos asustados en un tobog&#225;n. Lengel suspira y se vuelve muy paciente, viejo y gris. Hace a&#241;os que es amigo de mis padres.

"Sammy, no quieres hacer esto a tus padres", me dice.

Es cierto, no quiero. Pero creo que una vez que empiezas un gesto es fatal no llevarlo hasta el final. "Lo lamentar&#225;s el resto de tu vida", dice Lengel, y s&#233; que eso tambi&#233;n es cierto. [...] Me limito a cruzar despacio la c&#233;lula fotoel&#233;ctrica con la camisa blanca que mi madre me planch&#243; anoche, la puerta se abre sola y fuera el sol patina sobre el asfalto. 

Busqu&#233; a mis chicas con la mirada, pero hab&#237;an desaparecido. No hab&#237;a nadie aparte de un matrimonio joven gritando a sus hijos por una chocolatina. [...] Al volver la vista hacia los grandes almacenes, alcanc&#233; a ver a Lengel en mi puesto en la caja, cobrando a los borregos que desfilaban ante &#233;l. Ten&#237;a la cara gris y la espalda r&#237;gida, como si le acabaran de inyectar hierro, y se me encogi&#243; el est&#243;mago al comprender lo hostil que iba a ser el mundo para m&#237; en el futuro.

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&lt;EM&gt;(In memorian John Updike)&lt;/EM&gt;

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&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#ff0000&gt;[ JOHN UPDIKE, "A&amp;amp;P", en RICHARD FORD, &lt;EM&gt;Antolog&#237;a del cuento norteamericano&lt;/EM&gt;. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2002. Traducci&#243;n de Aurora Echevarr&#237;a ]&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;

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 &lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3333ff&gt;[ Cuentos de algunos maestros ]&lt;/FONT&gt;
&lt;/STRONG&gt;
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Una ma&#241;ana, despu&#233;s de llevar no s&#233; cu&#225;ntos d&#237;as vagabundeando por la ciudad, me sent&#233; a llorar en el banco de la plaza de un barrio desconocido. &lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;De pronto una voz dijo a mi lado:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Por qu&#233; lloras, ni&#241;a.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;Casi me asust&#233;, pues no la hab&#237;a visto venir ni sentarse. Aunque me hab&#237;a hablado, no me miraba: su atenci&#243;n estaba puesta en las agujas de gancho con las que tej&#237;a lo que parec&#237;a un jersey de ni&#241;o. Las agujas se cruzaban y descruzaban con rapidez de espadachines. El ovillo daba saltitos burlones en el regazo. Llevaba unos zapatos polvorientos, una falda de flores descoloridas y un clavel casi podrido en el mo&#241;o, y ol&#237;a a vinagre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Levant&#233; la mirada para coger fuerzas y mir&#233; al frente, al cielo mojado de la plaza. Los ruidos de los coches se amortiguaron de pronto, como si un dios quisiera que habl&#225;semos. &lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Pero por qu&#233; lloras, repiti&#243; la vieja.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;   &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;No s&#233;, acert&#233; a decir, llorando todav&#237;a.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;  &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;Un muchacho, es por un muchacho, dijo sin quitar ojo a las agujas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;Y usted qu&#233; sabe. D&#233;jeme en paz. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;Pude marcharme en ese momento o acabar de cualquier manera con la conversaci&#243;n. Pero me tranquilizaban el murmullo de las agujas, su dulce voz cavernosa y, sobre todo, que no me mirara a m&#237; sino que fijase todo el tiempo la atenci&#243;n en las lazadas y los bucles del hilo. Y me intrig&#243; lo segura que estaba de que &#237;bamos a hablar. &lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Siempre es por un muchacho, reina, dijo. Un muchacho que no se lo merece.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;  &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;Ya estamos. O una muchacha. Usted qu&#233; sabr&#225;. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;Entonces detuvo el tricotar y me mir&#243; por primera vez. Ese hombre te ha hecho mucho da&#241;o, dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;Qu&#233; hombre ni qu&#233; hombre, se&#241;ora, me defend&#237;, y me qued&#233; de nuevo callada, prendada de la habilidad con que aquellos dedos rapid&#237;simos hac&#237;an la labor. Iba de nuevo a decirle algo, pero &#191;qu&#233;?&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;    &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;&#191;Qu&#233; estudias?, dijo al fin.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;&lt;SPAN style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/SPAN&gt;Sociolog&#237;a, dije.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Algo hay que estudiar, respondi&#243;. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Nos quedamos de nuevo calladas. Quise preguntarle qui&#233;n era, qu&#233; hac&#237;a all&#237;, pero me qued&#233; mirando c&#243;mo a nuestros pies dos gorriones se disputaban un mendrugo de pan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Al cabo de un rato volvi&#243; a hablar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Mira, dijo, yo me s&#233; muchas historias de santos, de almas en pena, de duendes y de ladrones. Pero las que m&#225;s me conozco son las historias de amor. &#191;Quieres que te cuente una?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Su voz se hab&#237;a hecho profunda y misteriosa, como aquella ma&#241;ana aprend&#237; que hay que hacer para contar un cuento. Las agujas trazaban formas sinuosas en el aire. Le dije que s&#237;, que claro que quer&#237;a. Entonces dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;El otro d&#237;a se sent&#243; en este mismo banco una muchacha que lloraba igual que t&#250;. Se llamaba Jessica. Su mejor amiga estaba casada con el mejor amigo de su marido. Eran los cuatro vecinos del mismo barrio desde chiquitillos. Ten&#237;an negocios en com&#250;n; una mercer&#237;a y un bar. Los padres tambi&#233;n se conoc&#237;an. Iban los cuatro juntos a todos lados. Y de pronto Jessica empez&#243; a desenamorarse de su marido y a enamorarse del otro. Empez&#243; y empez&#243; y ya no pudo parar. Lo sufr&#237;a en secreto, podrida por dentro, y se lo hubiera llevado a la tumba si el otro no se le hubiera echado encima una noche de feria. Se hab&#237;an quedado rezagados en un columpio. Por lo visto al otro le estaba pasando lo mismo que a ella, y ardieron a la menor chispa, como un pinar en mitad de agosto. Pero en vez de confesar de primeras y hacer el da&#241;o de una sola vez, estuvieron vi&#233;ndose a escondidas y carg&#225;ndose de culpa. El otro dej&#243; por fin a su mujer, pero sin decirle la raz&#243;n, y Jessica tuvo que estar minti&#233;ndole a su amiga adem&#225;s de a su marido. Cuando Mar&#237;a se qued&#243; embarazada, no pudo guardarse m&#225;s la verdad y salt&#243; el esc&#225;ndalo. Se separ&#243; de su hombre y se fue a vivir con el otro en medio de la comidilla del barrio. Durante nueve meses no se supo de qui&#233;n era el hijo. Los padres de ella, del marido, de la amiga y del otro casi se l&#237;an a tiros. Naci&#243; la criatura, una ni&#241;a, y cuando se demostr&#243; que el padre era el marido, este intent&#243; quedarse con la custodia. El ambiente en el barrio era insoportable, te lo puedes figurar. El sufrimiento se reparti&#243;, se hicieron bandos y se peleaban todos con todos, los padres, ellas, ellos, los amigos de los amigos. Cerraron los negocios y hubo pleitos por el reparto de las ganancias. Segu&#237;an viviendo en los mismos pisos. Se encontraban a cada rato en la calle, en las tiendas, las heridas no cerraban y cualquier d&#237;a pod&#237;a ocurrir una calamidad. Al cabo de dos a&#241;os el otro le dijo a Jessica que no estaba seguro de que su amor fuese tan profundo y que no soportaba la situaci&#243;n. Le pidi&#243; un tiempo para pens&#225;rselo y ya no volvi&#243;. &#191;Qu&#233; te parece? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Qu&#233; me va a parecer. &lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Y Jessica se qued&#243; sola con su hija, abandonada y se&#241;alada por todos. Y vino a este banco y me cont&#243; esto que te acabo de contar, ni&#241;a.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;  &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Tuve que hacer un gran esfuerzo para no volver a llorar. No quer&#237;a volver a llorar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;&#191;Para qu&#233; me cuentas esto, bruja?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Ella no despeg&#243; la mirada de la labor.&lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt;  &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Amor lastrado, amor malogrado, recit&#243;. Amor que nace entre peligros, ese es para siempre. Pero amor que nace con culpa crece enfermo y muere. Me llamo Micaela, pero me dicen la Galana. No me tengas miedo. Llora, que te har&#225; bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt; &lt;H1 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 115%; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;SPAN lang=ES style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%; FONT-STYLE: normal; FONT-FAMILY: 'Century Schoolbook','serif'; mso-bidi-font-weight: bold; mso-bidi-font-style: italic"&gt;Me levant&#233; de un salto para evitar darle una patada a la vieja, de lo rabiosa que estaba, y trat&#233; de serenarme acudiendo al surtidor que daba un hilillo de agua en la esquina m&#225;s lejana de la plaza. Beb&#237; pensando en c&#243;mo la iba a insultar, y cuando me incorpor&#233; para soltarle sapos y culebras, Micaela ya no estaba. La busqu&#233; por todos los callejones pero hab&#237;a desaparecido. Entonces regres&#233; al banco y fue cuando encontr&#233;, confundidas con el color de la piedra, estas dos largas agujas de madera vieja y gastada. Estas dos agujas que ves. Las guard&#233; para ti. Con ellas aprend&#237; a hacer a hacerte este vestido. &lt;SPAN style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/SPAN&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/SPAN&gt;&lt;/H1&gt;</body>
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    <title>La tejedora (un cuento)</title>
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    <body>&lt;EM&gt;Trimalci&#243;n se volvi&#243; a Nicerote y le dijo:

"Sol&#237;as ser m&#225;s animado en la mesa; no entiendo por qu&#233; est&#225;s ahora tan callado y no sueltas prenda. Por que me veas contento, por favor, cu&#233;ntanos lo que te sucedi&#243;".

Nicerote, satisfecho de la afabilidad de su amigo, contest&#243;:

"En los tiempos en que todav&#237;a era esclavo, viv&#237;amos en la Calle Estrecha; ahora es el palacio de Gavila. All&#237;, lo quisieron los dioses, me enamor&#233; de la se&#241;ora de Terencio, el cantinero: ten&#237;ais que conocer a Melisa la de Tarento, un precioso conjunto de curvas. Pero yo, por H&#233;rcules que no la buscaba por su cuerpo o por el placer, sino m&#225;s bien porque era delicada. Si alguna vez le ped&#237; algo, nunca me lo neg&#243;; ganaba ella un as, yo ten&#237;a medio; yo met&#237;a todo en su bolsillo y nunca result&#233; enga&#241;ado. Su marido falleci&#243; en su casa de campo. Por eso a trav&#233;s de escudos y grebas me mov&#237; y me remov&#237; buscando c&#243;mo llegar hasta ella: que en las ocasiones se dejan ver los amigos.

"Casualmente mi amo hab&#237;a ido a Capua para terminar de despachar unos dep&#243;sitos ya agotados. Encontrando as&#237; una ocasi&#243;n, persuado yo a un hu&#233;sped que ten&#237;amos para que vaya conmigo hasta el quinto miliario. Era un soldado fuerte como el infierno. Nos largamos m&#225;s o menos al canto del gallo: la luna luc&#237;a como si fuera mediod&#237;a. Llegamos en medio de los sepulcros: mi hombre se puso a hacer sus necesidades junto a unas tumbas; segu&#237; yo canturreando y fui contando las l&#225;pidas. Despu&#233;s mir&#233; hacia mi compa&#241;ero; se estaba desvistiendo y poniendo todos sus vestidos junto al camino. Yo ten&#237;a el resuello en la punta de la nariz; me qued&#233; clavado como un muerto. &#201;l me&#243; alrededor de sus vestidos, y de repente se convirti&#243; en lobo. No cre&#225;is que estoy bromeando; nadie tiene suficientes riquezas para hacerme decir una cosa por otra. Pero lo que os estaba contando, despu&#233;s que se convirti&#243; en lobo, comenz&#243; a otilar y huy&#243; al bosque. Yo al principio no sab&#237;a d&#243;nde me encontraba; despu&#233;s me acerqu&#233; a recoger sus vestidos; pero se hab&#237;an hecho de piedra. &#161;Qui&#233;n morir&#237;a de miedo con m&#225;s motivo que yo! Sin embargo, tir&#233; de espada, y llamando a todos los diablos, atraves&#233; las sombras hasta llegar a la casa de campo de mi amiga. Entr&#233; como una oruga, perd&#237;a el alma a borbotones, el sudor me chorreaba por el espinazo, mis ojos estaban apagados; apenas pude rehacerme. Mi Melisa se asombr&#243; de que anduviera de camino a tales horas, y me dijo:

"Si hubieras venido antes nos habr&#237;as podido ayudar: un lobo entr&#243; en la finca y a todos los animales les sac&#243; la sangre como si fuera un matach&#237;n. Sin embargo no se ri&#243; de nosotros, aunque logr&#243; escapar, pues un criado nuestro con una lanza le atraves&#243; el cuello".

"Al o&#237;r esto, no consegu&#237; pegar ojo, sino que al amanecer ech&#233; a correr hacia casa como el cantinero desplumado. Y cuando llegu&#233; al sitio en que los vestidos se hab&#237;an hecho de piedra, no encontr&#233; m&#225;s que manchas de sangre. Pues bien, cuando llegu&#233; a casa, mi soldado estaba tumbado en la cama como un buey, y un m&#233;dico le curaba el cuello. Ca&#237; en la cuenta de que era un hombre-lobo, con lo que ya no pude pasar bocado a su lado, ni as&#237; me matase. All&#225; lo que otros opinen de esto: yo, si miento, as&#237; se vuelvan contra m&#237; vuestros genios. 

Nos quedamos todos pasmados.

"Con todos los respetos a lo que has relatado -dijo Trimalci&#243;n-, pod&#233;is creerme c&#243;mo se me han puesto los pelos de punta. Porque s&#233; que Nicerote no cuenta tonter&#237;as..."

&lt;/EM&gt;.

&lt;STRONG&gt;(PETRONIO, &lt;EM&gt;Satiric&#243;n&lt;/EM&gt;, Barcelona, Orbis, 1991. Traducci&#243;n de Manuel C. D&#237;az y D&#237;az)&lt;/STRONG&gt;

.

Esta es, que yo sepa, la m&#225;s antigua manifestaci&#243;n literaria conocida en Europa del arquetipo del lic&#225;ntropo, del hombre lobo, del ser humano transformado en bestia (oso, perro, pantera, hiena: un mito repetido en todos los folclores, en todas las culturas). Lo interesante es que tiene estructura de cuento perfecto. Pertenece al &lt;EM&gt;Satiric&#243;n &lt;/EM&gt;de Petronio (siglo I), y es una de las historias que felizmente han sobrevivido entre sus fragmentos. 

M&#225;s antiguo es el fragmento de las &lt;EM&gt;Metamorfosis&lt;/EM&gt; de Ovidio dedicado a Lica&#243;n, el primer hombre-lobo de la mitolog&#237;a griega, pero Ovidio cuenta la historia en labios de Zeus, es una alusi&#243;n incidental en medio de otra historia, se cuenta como de pasada y su estructura no llega siquiera a cuento, aunque la descripci&#243;n de la transformaci&#243;n es magn&#237;fica. 

El rey Lica&#243;n se alimentaba de seres humanos, y un d&#237;a quiso tomarle el pelo al padre de los dioses poni&#233;ndole como manjar un cuerpo "de miembros todav&#237;a palpitantes en agua hirviendo". Zeus mont&#243; en c&#243;lera y castig&#243; a Lica&#243;n expuls&#225;ndolo para siempre de sus tierras: "en el silencio de los campos a&#250;lla, e in&#250;tilmente intenta hablar... el deseo de matar que ya sol&#237;a demostrar lo dirige ahora hacia los reba&#241;os, y tambi&#233;n ahora sigue disfrutando con la sangre. Sus ropas se transforman en pelo, los brazos en patas: se convierte en un lobo. Pero conserva rastros de su antigua forma: tiene el mismo pelo canoso, la misma violencia en el rostro, el mismo brillo en la mirada y la misma ferocidad en su aspecto..." 

&lt;STRONG&gt;(Ovidio, &lt;EM&gt;Metamorfosis&lt;/EM&gt;, Espasa Calpe, 1997, traducci&#243;n de Ely Leonetti Jungl)&lt;/STRONG&gt;







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    <title>El cuento del hombre lobo en El satiric&#243;n de Petronio</title>
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    <body>&lt;em&gt; E. Taylor Cheever escrib&#237;a libros en su mag&#237;n, jam&#225;s sobre papel. A su muerte, a los sesenta a&#241;os, hab&#237;a completado catorce novelas y creado ciento veintisiete personajes que recordaba con todo detalle.

 &lt;/em&gt;As&#237; comienza "El hombre que escrib&#237;a libros en su mag&#237;n", un extra&#241;o e hilarante cuento de Patricia Highsmith que narra un curioso caso de bartleby, es decir, de escritor que no escribe. Contin&#250;a as&#237; el cuento:

&lt;em&gt; &lt;em&gt;A los veintitr&#233;s a&#241;os Cheever escribi&#243; una novela, &lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;El eterno desaf&#237;o&lt;/strong&gt;&lt;em&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;, que fue rechazada por cuatro editoriales de Londres. Cheever, que por aquella &#233;poca trabajaba de subdirector en un peri&#243;dico de Brighton, mostr&#243; el original a tres o cuatro amigos, periodistas y cr&#237;ticos, todos los cuales, sin excepci&#243;n, le dijeron con una brusquedad que a Cheever le record&#243; las cartas de los editores londinenses: "Los personajes no est&#225;n vivos... Di&#225;logos artificiosos... No se entiende de qu&#233; va... Ya que me pides que te sea franco, te dir&#233; que, en mi opini&#243;n, no lograr&#225;s que se publique aunque la revisaras cien veces... Olv&#237;date de esta y comienza otra..."&lt;/em&gt;

 &lt;/em&gt;Como hacen muchos escritores, Cheever se cas&#243; con una chica modosita cuya renta y cuya rendida admiraci&#243;n hacia su talento le permitieran a &#233;l vivir sin trabajar. Hab&#237;a imaginado que tras la publicaci&#243;n de la primera novela podr&#237;a dejar el peri&#243;dico y dedicarse a escribir narrativa y cr&#237;tica literaria hasta terminar convirti&#233;ndose en una pluma importante del &lt;em&gt;Times&lt;/em&gt; o el &lt;em&gt;Guardian&lt;/em&gt;, de modo que se  puso fervorosamente a pensar en su segunda novela, resuelto a enmendar pasados errores y a no escribir una sola palabra antes de tener el plan perfectamente concebido. Pasaba diez horas diarias encerrado en su estudio, imaginando hasta el &#250;ltimo detalle de &lt;em&gt;El desbaratador de la partida&lt;/em&gt;, t&#237;tulo que nadie m&#225;s que &#233;l conoc&#237;a. Se sab&#237;a de memoria cap&#237;tulos enteros, pero escribir, lo que se dice escribir, s&#243;lo hab&#237;a escrito cosas del tipo "1877-1953", las fechas de nacimiento de los personajes. Naci&#243; su hijo. Pasaron doce meses. Si el libro ya estaba terminado y corregido, &#191;para qu&#233; escribirlo? &#191;No ser&#237;a mejor empezar el siguiente?

 Cuando termin&#243; la tercera novela, su hijo Everett Junior ya ten&#237;a cinco a&#241;os. A los doce a&#241;os el ni&#241;o era consciente de que su padre hab&#237;a escrito seis libros invisibles. A los quince se mor&#237;a de verg&#252;enza cada vez que ten&#237;a que decirle a alg&#250;n amigo que su padre era escritor, pues no hab&#237;a libros que mostrar ni rese&#241;as de las que presumir. No hab&#237;a nada de nada, aunque no por ello su padre no dejaba de tener una actividad fren&#233;tica: terminaba una novela en su mag&#237;n y enseguida se pon&#237;a a concebir la siguiente. Cuando Everett Junior entr&#243; en Oxford, su padre enseguida fue objeto de pitorreo cruel y protagoniz&#243; unas graciosas coplillas que iban de mano en mano por el campus. Pero la familia fue acostumbr&#225;ndose a estas formas de rechazo social, nunca muy expl&#237;citas ni expresivas (al fin y al cabo viv&#237;an en Inglaterra), y asumieron con naturalidad que la vida de los escritores no siempre es un camino de rosas. 

 Cuando su padre agonizaba en el hospital por la dolencia cardiaca que pondr&#237;a fin a su vida, Everett ten&#237;a treinta y ocho a&#241;os y dos hijos adolescentes. Toda la familia, desde la madre hasta su mujer y sus hijos, hab&#237;a terminado por aceptar la extra&#241;a manera de escribir del autor de &lt;em&gt;El hu&#233;rfano &lt;/em&gt;y &lt;em&gt;Vendr&#225;n los a&#241;os peligrosos&lt;/em&gt;. Reunidos con l&#225;grimas en los ojos junto al moribundo, lo recordaban entra&#241;ablemente en su escena caracter&#237;stica, sentado ante la mesa de trabajo, canturreando, la mirada fija en los folios en blanco, sin parar de juguetear con la goma del l&#225;piz. Creando. 

 En su lecho de muerte E. Taylor Cheever imaginaba su epitafio. Los dem&#225;s tuvieron tambi&#233;n que imaginarlo, pues el escritor no solt&#243; prenda. A&#241;os m&#225;s tarde toda la familia, viuda, hijo y nietos, todav&#237;a segu&#237;an lament&#225;ndose de que ni siquiera despu&#233;s de su muerte la obra del novelista hubiera disfrutado de la fama y el respeto que merec&#237;a.

 .

 Fin del cuento.

 .

 El origen de este pintoresco bartleby est&#225; en su fracaso inicial como escritor. Debe de ser por eso que E. Taylor Cheever no figura con todos los honores en &lt;em&gt;Bartleby y compa&#241;&#237;a&lt;/em&gt;, pues para Enrique Vila-Matas "no hay ning&#250;n m&#233;rito en ser un escritor del No porque has fracasado. El fracaso arroja excesiva luz y demasiada poca sombra de misterio a los casos de quienes renuncian a escribir por un motivo tan vulgar". 

 Al fracasar con su primer manuscrito, E. Taylor Cheever se convirti&#243; en un bartleby plat&#243;nico, es decir, en un escritor que cree que lo importante son las ideas. No escribirlas ni plasmarlas, sino crearlas, concebirlas, imaginarlas.  

 .

&lt;strong&gt; (Patricia Highsmith, "El hombre que escrib&#237;a libros en su mag&#237;n", en &lt;em&gt;A merced del viento&lt;/em&gt;, Barcelona, Planeta, 1979. Traducci&#243;n de Helena Valent&#237;)

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