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    <body>&lt;STRONG&gt;Bernardo Atxaga&lt;/STRONG&gt;, en "Acerca de los cuentos" (&lt;EM&gt;Obabakoak&lt;/EM&gt;), hace decir a un personaje: "No basta con la mirada que sabe captar lo esencial. Un buen cuento tambi&#233;n necesita un final fuerte." A lo que otro replica: "A m&#237; tambi&#233;n me parece que un buen final es imprescindible. Un final que sea consecuencia de todo lo anterior y algo m&#225;s".

El final del cuento: entenderlo todo y &lt;EM&gt;algo m&#225;s&lt;/EM&gt;. Pues el final arroja luz sobre la narraci&#243;n, permite entender o descifrar lo le&#237;do hasta entonces, a la vez que hace estallar el cuento m&#225;s all&#225; de la &#250;ltima l&#237;nea en una pluralidad de sentidos. Un mal final puede dar al traste con el mejor de los relatos. Pero qu&#233; es un mal final. Dejando de lado las cuestiones de tipo t&#233;cnico o estil&#237;stico, y orillando el terreno tan resbaloso de la intuici&#243;n y la percepci&#243;n (no me pregunt&#233;is por qu&#233; este es un mal final, pero &lt;EM&gt;lo s&#233;&lt;/EM&gt;), un final indigno es un final incoherente con la historia. &lt;STRONG&gt;Isak Dinesen&lt;/STRONG&gt;, en "La p&#225;gina en blanco" (&lt;EM&gt;&#218;ltimos cuentos&lt;/EM&gt;), lo explica mejor que nadie: "cuando el narrador es fiel, eterna e inquebrantablemente fiel a la historia, al final es el silencio quien habla. Cuando la historia ha sido traicionada, el silencio no es m&#225;s que vac&#237;o". 

El narrador no puede sacarse una carta de debajo de la manga por capricho o azar, porque al final del cuento no quedar&#225; el silencio sino el vac&#237;o. Lo dice de una manera algo m&#225;s prosaica que Dinesen &lt;STRONG&gt;Guillermo Samperio &lt;/STRONG&gt;(&lt;EM&gt;Despu&#233;s apareci&#243; una nave&lt;/EM&gt;): "el final no ha de ser falso ni gratuito, necesita ser congruente con la estructura del cuerpo completo de la narraci&#243;n". En &lt;EM&gt;Manual para cuentistas &lt;/EM&gt;&lt;STRONG&gt;Teresa Im&#237;zcoz &lt;/STRONG&gt;matiza: "El problema del escritor para hallar un buen final no es el del mago que no tiene ning&#250;n conejo que sacar del sombrero, sino el de alguien que ha ido alimentando al conejo para que pueda estar escondido debajo del sombrero y hacerse visible en el momento preciso. El buen final no es fruto de la improvisaci&#243;n (...) sino de la agudeza del cazador que ha ido siguiendo las pistas de la pieza hasta dar con ella".

De todas formas no me gustan los cuentos con truco. Quiero decir, con demasiados trucos. Ya sabemos que el cuento es una metonimia; que un cuento "cuenta siempre dos historias" y que "un relato visible esconde un relato secreto, narrado de modo el&#237;ptico y fragmentario" (&lt;STRONG&gt;Ricardo Piglia&lt;/STRONG&gt;, &lt;EM&gt;Formas breves&lt;/EM&gt;). Me refiero a los que esconden groseramente una carta mientras dura la partida (el tiempo, el espacio, la voz, el punto de vista), una carta que solo revelan al final para producir un efecto espectacular. Esos cuentos en que la tensi&#243;n se maneja poniendo desde la primera l&#237;nea un caramelo en las narices del lector para que vaya enga&#241;ado hasta el final con la falsa promesa de com&#233;rselo. No quiero decir que no los aprecie o disfrute (&#161;cu&#225;ntos maestros no ha dado este procedimiento!), sino que no es el tipo de cuento que ahora me interesa. Y no confundo "final sorpresa" con "final con truco". V&#233;ase por ejemplo "La &#250;ltima noche" de &lt;STRONG&gt;James Salter&lt;/STRONG&gt;: de c&#243;mo cerrar un cuento con el mejor final posible, tan sorpresivo como coherente, sin que el narrador de la historia sea mentiroso o deshonesto o deje &#233;l mismo de quedarse tan sorprendido como los lectores. 

&lt;STRONG&gt;Rafael Reig &lt;/STRONG&gt;(a quien tampoco creo que le guste Salter) lo dice con su corrosiva agudeza: "detesto con todas mis fuerzas los cuentos cuya gracia est&#225; toda en el final. Esa clase de cuentos que llevan incorporada una tecla de &lt;EM&gt;auto-reverse &lt;/EM&gt;que te obliga a rebobinar: &#161;Oh, ah, pero si todo est&#225; contado desde el punto de vista de un calcet&#237;n guardado en un caj&#243;n! &#161;C&#225;spita, si resulta que ya estaba muerta desde el principio! &#161;Carambolas, pero si la v&#237;ctima del crimen es el propio narrador! Todo esto me parece francamente pueril, habilidades manuales, prestidigitaci&#243;n, un truco que no deja de serlo por muy bien hecho que est&#233;". 

Si a Reig no le gustan estos cuentos es que no le gustan la mitad de los cuentos que se han escrito en los &#250;ltimos doscientos a&#241;os. All&#225; &#233;l. Pero luego est&#225; &lt;EM&gt;la otra mitad&lt;/EM&gt;. Esos cuentos que dejan hablar al silencio, y que est&#225;n escritos como si hicieran suya la certera intuici&#243;n de &lt;STRONG&gt;Andr&#233;s Neuman &lt;/STRONG&gt;(&lt;EM&gt;El &#250;ltimo minuto&lt;/EM&gt;): "Terminar un cuento es saber callar a tiempo". 

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&lt;STRONG&gt;&lt;FONT color=#3366ff&gt;(Cocina: el final del cuento)&lt;/FONT&gt;
&lt;/STRONG&gt;









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    <title>El final del cuento</title>
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