29 Mar 2009

Un castillo de naipes

Escrito por: José Mari el 29 Mar 2009 - URL Permanente

En este país lo habitual es que cuando se habla sobre la transición sea casi siempre en términos elogiosos. Incluso en círculos progresistas se mira con recelo no ya a quienes osan cuestionarla, sino incluso a quien intenta mirar a esa época de nuestra historia con cierto espíritu crítico.

Cuando alguien da una visión un poco más escéptica sobre dicho periodo histórico, enseguida salta alguna voz acusándole de poner en duda nuestra propia democracia. Como si no fuera compatible creer en el sistema democrático de España con mantener un análisis más escéptico sobre el proceso de transición a la democracia.

Si bien el análisis del tema no es fácil, voy a intentar en estas líneas, al menos dar a conocer mi punto de vista sobre el asunto y dejar abierto un posible posterior debate sobre el mismo.

Cómo todos sabemos, en España hubo una segunda república que se proclamó el 14 de abril de 1931. El 18 de julio de 1936 se produjo un golpe de Estado que dio origen a la guerra civil. Evidentemente en el origen del enfrentamiento civil hubo varias causas, incluido algunos errores de la República, que por su densidad y porque tampoco son el tema en concreto a tratar, no voy a entrar en su análisis.

Como es conocido, la guerra la perdió el bando republicano. En dicha guerra, se cometieron, como en todas, crímenes y tropelías por parte de los dos bandos. Lamentablemente las guerras consisten básicamente en eso, en matarse unos a otros.

Los hechos que verdaderamente marcan la diferencia son los que vinieron después. Nunca podremos saber lo que hubiera ocurrido en el hipotético caso de que la república hubiese ganado, pero es de suponer que tratándose de un régimen democrático, con sus defectos pero democrático al fin y al cabo, la respuesta a los vencidos habría sido magnánima o al menos se les habría dado la oportunidad de defenderse en juicios justos. Pero reconozco que esto no es más que una conjetura mía.

Lo que si es un hecho contrastado e incuestionable es que ganaron los golpistas y la represión que vino después de su victoria fue implacable con los vencidos. Lejos de intentarse una reconciliación, lo que se hizo fue dar más motivos para el odio entre las “dos españas”. Se llevó al paredón a muchísimas personas directamente o pasando previamente por una pantomima de juicios sumarísimos en los que por supuesto no había la más mínimas garantías para los acusados. Otros pasaron muchísimos años en la cárcel y algunos de éstos presos políticos fueron empleados para la construcción de un monumento fascista que hay cerca de El Escorial, pensado para ensalzar la memoria de las víctimas del bando vencedor, llamado Valle de los Caídos.

Quizá, algunos pocos miembros monárquicos del bando golpista esperaban ingenuamente magnanimidad y altura de miras en el trato a los vencidos, pero la realidad fue bien distinta y consistió simplemente en represión, represión y más represión. Pura venganza criminal sin más.

Mientras se dedicaban a eliminar y depurar a todos los que lucharon en el bando contrario, al mismo tiempo también dedicaban buena parte de sus energías a levantar monumentos y homenajes de todo tipo a los que combatieron en el bando vencedor y perdieron la vida por ello. No hay más que ver las numerosas cruces en algunas de nuestras carreteras y otro tipo de exaltaciones de los fascistas en Iglesias y otros lugares.

Cuarenta años duró la dictadura, cuarenta años con el mismo general de Jefe de Estado, cuarenta años sin libertad y sin democracia. Finalmente Franco murió en la cama el 20 de noviembre de 1975, después de haberlo dejado todo “atado y bien atado” según sus propias palabras.

El fallecimiento del dictador y dos días después la proclamación de Juan Carlos I como Rey de España son los acontecimientos que marcan el inicio de la transición a la democracia.

Sería una falacia negar que había una voluntad sincera del Rey de evolucionar a otro tipo de régimen con más libertades, seguramente pensaba en una democracia plena, eso sí, sin renunciar a la monarquía, claro está. Los propios hechos históricos lo demuestran.

Primero intentó mantener a Arias Navarro de presidente del Gobierno, rápidamente comprobó que con éste era imposible realizar reformas de calado (la gota que colmó el vaso fueron los siniestros sucesos, nunca aclarados del todo, de Montejurra y de la huelga de trabajadores en Vitoria) y nombró a Suárez. Gracias a la habilidad del monarca, del presidente Suárez y sobre todo gracias a la inteligencia y la astucia de un gran político llamado Torcuato Fernández Miranda, que era el presidente de Las Cortes y del Consejo del Reino, se consiguió uno de los mayores logros políticos de la transición, conocido como el “hara-kiri” del régimen franquista. Me estoy refiriendo a la votación que se produjo el 18 de noviembre de 1976 por la que se aprobó en Las Cortes la Ley para la Reforma Política, que posteriormente fue sometida a referéndum, con resultado exitoso, el 15 de diciembre del mismo año.

Dicha ley consistía básicamente en la cuadratura del círculo de pasar de la dictadura a un régimen de libertades, se supone que democrático o cuasi democrático, respetando el marco legal del anterior régimen.

El objetivo se cumplió, gracias, como he dicho, al buen hacer de los políticos que he citado anteriormente, pero lógicamente a partir de aquí fue cuando empezó a encontrarse con mayores dificultades y obstáculos el proceso de transición, ya que los más radicales defensores del régimen de Franco veían por primera vez una prueba fehaciente de que todo lo anterior empezaba a desmoronarse realmente.

Al mismo tiempo que se percibió que el proceso hacia la democracia estaba siendo emprendido en serio por parte de sus actores políticos principales, empezaron a surgir las primeras amenazas serias a dicho proceso, hasta el punto de que en algunos momentos llegó a peligrar seriamente y la situación, por momentos, incluso se le fue de las manos al Gobierno.

Grupos violentos de toda índole, desde la izquierda radical hasta la extrema derecha comenzaron su particular proceso de sabotaje, llevando a cabo asesinatos y actos de terrorismo. Las propias acciones de ETA, que en aquella época se repetían una semana sí y otra también, no suponían precisamente un apaciguamiento a los poderes fácticos ni para los sectores más nostálgicos del Franquismo pertenecientes al ejército.

Estas situaciones de violencia, descontrol e inestabilidad general del país encontraron su cenit tras la promulgación de la Ley de Reforma Política, el 4 de enero de 1977. No hay más que recordar los violentos y sangrientos acontecimientos que se sucedieron después, entre los que cabe citar el asesinato de un estudiante a manos de un guerrillero de Cristo Rey, la muerte de otra estudiante como consecuencia del impacto en el cráneo de un bote de humo de la policía y el secuestro del teniente general y presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, Emilio Villaescusa, llevado a cabo por los GRAPO.

Pero todos estos sucesos tuvieron como hecho más grave y culminación de la escalada de violencia y terror la llamada matanza de Atocha, que fue el atentado, realizado por parte de un grupo de extrema derecha, contra unos abogados laboralistas pertenecientes al sindicato Comisiones Obreras y por tanto, cercanos al Partido Comunista. El crimen se saldó con el resultado de cinco personas muertas y cuatro heridos muy graves. Fue cometido en Madrid, la noche del 24 de enero de 1977.

Merece la pena destacar, en honor al PC, que dicho partido llevó a cabo un entierro multitudinario de los abogados asesinados, que se desarrolló en todo momento en perfecto orden, paz y armonía y sin el más mínimo disturbio. Sin duda, un ejemplo de comportamiento cívico ante los que reaccionan a todo movidos por el odio y las ansias de venganza.

En esta línea, hay que apuntar también que si no llega a ser por la actitud de absoluta responsabilidad y sentido de Estado que mostró el Partido Comunista dirigido por Santiago Carrillo, en estos momentos y en otros también delicados, no es exagerado afirmar que el proceso de transición podría haber descarrilado hasta el punto de producirse una nueva confrontación civil en España.

Continuando el relato de los hechos, el 9 de abril de 1977 fue otro día histórico porque se legalizó el Partido Comunista de España. Ésta fue una decisión muy arriesgada de Suárez, que llevó a cabo no ya sólo con la oposición de los extremistas de siempre, sino que tampoco contaba con el respaldo total de algunos políticos partidarios de las reformas, como por ejemplo el mismo Torcuato Fernández Miranda, que parece ser que no veía con buenos ojos la idea de la legalización del PC.

Se dice que el presidente llegó a prometer a los altos mandos militares que dicha legalización nunca se produciría… El caso es que en la fecha ya citada se materializó y el Partido comunista pasó de la clandestinidad a ser una formación política legal. Los militantes y simpatizantes del partido recibieron órdenes de no realizar ningún acto de celebración en público.

En éste momento el ruido de sables fue especialmente ensordecedor, hasta el punto de que hubo en el Gobierno temores más que fundados a un intento de golpe de Estado. Incluso el Secretario General del PC, Santiago Carrillo, se vio obligado a dar una rueda de prensa con la bandera de España roja y gualda como fondo.

Con todos los principales partidos legalizados se daban por fin las condiciones mínimas para poder realizar unas elecciones generales. Éstas se celebraron el 15 de junio de 1977. Las ganó la UCD, el partido de Adolfo Suárez y quedó como segunda fuerza política el Partido Socialista. El Partido Comunista obtuvo un resultado decepcionante para las expectativas que tenía, no llegando ni al 10% de los sufragios, pero aún peor fue el resultado de Alianza Popular (el antiguo PP).

Para dar fortaleza y consistencia, o al menos apariencia de ello, al nuevo sistema democrático se hacía imprescindible la elaboración de una Constitución. En principio, la intención de Suárez y de su partido no era claramente el convertir las nuevas Cortes en constituyentes, pero pronto se dieron cuenta que la elaboración de una Constitución era una demanda que estaba en la sociedad y que hubiera sido muy difícil dar credibilidad a una nueva democracia sin Constitución.

Se procedió a elaborar y discutir la nueva Constitución. Los ponentes eran miembros de todo el espectro ideológico y partidista. Sólo quedaron fuera los nacionalistas vascos. Después de un largo proceso de discusión y debate en Las Cortes, se produce la aprobación del texto por éstas y es sometida a referéndum para su aprobación por el pueblo español, que le da un amplio respaldo, produciéndose sólo un rechazo y abstención significativos en el País Vasco.

Es verdad que el objetivo de lograr un sistema democrático con la garantía de una Constitución se consiguió, pero también es cierto que a lo largo de todo este proceso y debido fundamentalmente a la amenaza casi permanente del ejército, la izquierda se vio obligada a ceder en muchos aspectos y momentos del proceso, quizá más de la cuenta. Una prueba de ello, es que el debate monarquía o república, casi nadie se atrevió a plantearlo seriamente. También se renunció totalmente a depurar responsabilidades delictivas de personas que habían jugado un papel especialmente siniestro en el anterior régimen. Muchas concesiones de la izquierda y casi ninguna de la derecha…

Algunos grupos del ejército y de la extrema derecha nunca le perdonarían a Suárez la legalización del PC. En su propio partido empezaron a surgirle enemigos y al PSOE le pusieron muy fácil la labor de oposición a su Gobierno. Todo esto, sumado a unos desencuentros con el Rey, desembocó en la dimisión del presidente. En la sesión de investidura del nuevo presidente Calvo Sotelo, en la tarde del 23 de febrero de 1981, entraron en el hemiciclo del Congreso un grupo de guardias civiles armados a las órdenes del teniente coronel Tejero.

Todavía hoy no se conocen todos los detalles sobre el 23F. Parece comprobado que Tejero tenía el apoyo del Capitán General de Valencia Milans del Bosch y del segundo jefe del Estado Mayor del ejército, general Alfonso Armada, hombre que siempre había estado muy cercano al Rey. También había muchos elementos partidarios de la involución en el seno de la División Acorazada. Una columna de policía militar perteneciente a dicha División se presentó en el Congreso de los Diputados para rodearlo y evitar una incursión de los GEO. Antes de esto, también apareció allí Armada, para hablar con Tejero, en un hecho que todavía está por aclarar, dado que se desconoce de quien recibió la autorización para presentarse en el Congreso.

También está comprobado que el Rey llamó a casi todos los capitanes generales y principales mandos militares para ordenarles que no secundaran el golpe y consiguió salir en televisión desautorizando el golpe y dando un mensaje de tranquilidad a la ciudadanía.

El golpe fracasó, pero las condenas a los principales responsables fueron quizá demasiado leves y tampoco se sabe si se consiguió procesar y condenar a todos los implicados realmente. Además, el teniente coronel Tejero estuvo implicado en otra intentona realizada en fechas anteriores que fue desarticulada antes de iniciarse, conocida como “operación galaxia”.

Lo cierto, es que después de tanta inestabilidad, de tanto ruido de sables, de las intentonas golpistas y de las constantes cesiones de la izquierda, a algunos ciudadanos les quedó la sensación de que en vez de una democracia fuerte y sólida lo que se había construido era una especie de frágil castillo de naipes, que cualquier mal aire podría llevárselo por delante.

A mi juicio, éste número de ciudadanos escépticos respecto a la idoneidad del proceso de transición, ha ido progresivamente en aumento a lo largo de los años porque han ido observando algunas deficiencias del sistema que tenemos. Entre dichos defectos se pueden citar algunos desajustes en los poderes del Estado, por ejemplo, el poder judicial está demostrando que ha evolucionado poco, se podría decir que los jueces no pasaron por ninguna transición a la democracia. Salvo honrosas excepciones, son mayoritariamente conservadores y muy corporativistas. Digan lo que digan, no es normal que hagan huelgas o amenacen con ellas. Un poder del Estado no puede hacer huelgas, es como si hiciera huelga el Ejecutivo o el legislativo.

El ejército, afortunadamente, si ha pasado por una evolución, o al menos, por un lavado de cara, básicamente gracias a la integración de España en la Unión Europea y sobre todo en la OTAN. Esto sirvió para que el ejército se “distraiga” más con misiones en el extranjero y no se “preocupe” tanto por lo interno.

El hecho de que tengamos una monarquía, es decir, que el jefe de Estado –por limitados que estén sus poderes- no pueda ser elegido por el pueblo, no deja de ser otra deficiencia democrática. Es verdad que el Rey actual en general ha actuado con bastante cordura, imparcialidad y buen hacer, pero nada garantiza que vaya a ocurrir lo mismo con sus sucesores… Además lo dicho sobre el monarca será verdad, pero también es cierto que la Reina consorte se ha destacado últimamente por hacer públicas, a través del libro de la periodista Pilar Urbano –un personaje no precisamente conocido por sus ideas abiertas y avanzadas- unas opiniones que podría haber firmado perfectamente cualquier ultraderechista.

No nos llevemos a engaño, la monarquía no deja de ser una institución anacrónica y conservadora.

Otro hecho que muestra que algo falla en el sistema, es que todavía no hemos conseguido quitarnos completamente de encima ese permanente afán de la jerarquía de la Iglesia Católica de influir en todo, incluido la política. A veces parece que aspiran a gobernar el país ellos. Casi dan miedo. Son un grupo de presión y ejercen como tal hasta conseguir que un Ejecutivo socialista les de más financiación que ningún otro Gobierno y encima permitirse el lujo de continuar hostigándolo y presionándolo para que no lleve adelante las leyes que a ellos no les gusten. Todavía aspiran a tutelar a la sociedad y a que terminemos comportándonos en función de lo que ellos digan que está bien o mal. Se hace cada vez más urgente quitarles esa aspiración de su imaginario y esa intromisión real que todavía llevan a cabo en la vida política y en las instituciones democráticas.

Volviendo al asunto de la justicia, señalar que también ha encajado bastante mal el colectivo judicial algunas leyes del Gobierno de Zapatero, como la que amplía el derecho al matrimonio a las personas de orientación sexual distinta a la mayoritaria o como la ley contra la violencia de género.

Pero en mi opinión, lo más grave y lo que indica que a estas alturas, en el año 2009, todavía no se ha terminado de completar con éxito el proceso de transición, son los cadáveres que todavía están enterrados de mala manera en nuestros campos, caminos y cunetas, cuerpos de personas que lucharon por unos ideales, defendiendo un régimen democrático y que están olvidados totalmente por la justicia de nuestro país.

Que no me digan que defender el derecho a que se de sepultura dignamente a todas esas personas es resucitar viejos rencores, porque me parece un argumento grotesco. No estamos hablando de revanchas ni nada por el estilo, simplemente de que se permita a sus familiares enterrarlos con dignidad, sacarlos de esas fosas comunes en las que fueron arrojados como se echa la basura a un vertedero.

La derecha tuvo cuarenta años para enterrar y hacer innumerables monumentos y homenajes a sus caídos soldados fascistas ¿es acaso mucho pedir ahora que los que dieron su vida por España, pero por la España democrática y libre no por la golpista, tengan al menos, aunque sea con muchos años de retraso una digna sepultura por parte de sus descendientes? Pues parece ser que si, que a los jueces actuales es mucho pedirles que hagan justicia, la justicia más elemental, el derecho de unos familiares a enterrar dignamente a sus muertos…

Por tanto, lo que algunos historiadores bien intencionados han dicho –refiriéndose a la transición- que fue una reconciliación en toda regla entre los españoles, en realidad no fue más que una elección dramática que se vio obligada a realizar la izquierda, una elección entre un sistema de monarquía parlamentaria o la amenaza permanente de otro golpe de estado que nos regresaría a la misma situación de antes de morirse Franco. La izquierda tuvo que optar entre el palo y la zanahoria, sin más matices, sin opción a debates ni análisis más profundos. Evidentemente optó por la zanahoria, cualquiera en ese momento histórico, dada la situación de amenaza permanente del ejército, también hubiera hecho lo mismo.

Creo que los representantes de la izquierda en el proceso de transición y en el periodo constituyente hicieron su cometido lo mejor posible, dentro de lo que podían y lo que les dejaban hacer. La derecha, recordemos que jugaba con ventaja y con una posición de superioridad. Por decirlo muy gráficamente, eran los que tenían la sartén por el mango, porque habían ocupado una posición predominante en el poder durante 40 años y el proceso de transición también lo dirigieron y controlaron ellos estando en el Gobierno.

Por consiguiente, lo que la izquierda veía como un auténtico drama, la derecha y el centro derecha lo contemplaba simplemente como una incomodidad, pero nada más. Me refiero a la posibilidad de que un golpe de estado que nos hiciera retroceder al régimen anterior.

Es por eso, en mi opinión, que la izquierda cedió demasiado y ahora nos encontramos en el año 2009, como nos encontramos: con un poder judicial por el que no parece haber pasado el tiempo ni la transición, una jerarquía eclesiástica agresiva e influyente y sobre todo, lo que es más grave, unos cadáveres de personas que en su mayoría lucharon por unas ideas de democracia y libertad y todavía sus descendientes sufren la humillación de estar esperando a que algún juez “caritativo” les de permiso para sacarlos de las fosas comunes en las que fueron fusilados y enterrarlos dignamente.

Para mi la transición no habrá concluido hasta que estos luchadores por la libertad en España puedan ser enterrados como dispongan sus familiares y descendientes y por qué no, reciban el homenaje que se merecen y que si recibieron, a mi juicio, sin ningún merecimiento los que lucharon por el fascismo.

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19 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Anónimo

Anónimo dijo

Hola Jose Mari, permiteme exponerte aquí los que a mi juicio son los 8 mitos de la transición española, que no la hacen para nada tan modelica y exportable como la pintan.

Mito 1: La transición se basó en la reconciliación de los bandos enfrentados durante la guerra civil.

Si realmente hubo reconciliación en España, no fue espontánea sino impuesta.

Política, administrativa y legalmente jamás hubo una ruptura explícita con el régimen franquista: la primera condena parlamentaria del mismo se realizó el pasado 20 de noviembre, 73 años después del inicio de la Guerra Civil.

Las responsabilidades criminales tampoco han sido exigidas: nunca ha habido juicios, comisiones de la verdad ni nada que se le parezca. La petición de perdón a las víctimas del franquismo ha tardado 24 años en llegar y, en cuanto a las indemnizaciones, existen pero son irrisorias comparadas, por ejemplo, con las que Alemania y Austria le han pagado a las víctimas del nazismo. Con ello, entre otros, se ha exonerado del pago a los grandes capitales nacionales formados gracias al trabajo esclavo de los presos políticos.

España, por ende, no está en condiciones de exportar ni memoria histórica ni asunción de responsabilidades.

Mito 2: El consenso entre las fuerzas políticas permitió dotar de contenido a la transición. En 1975, el desarrollo de las fuerzas productivas era todavía débil en una España que había quedado arrasada y aislada tras la Guerra Civil (1936 1939) y el triunfo de Franco en la misma. A tan incipiente desarrollo económico le correspondía otro, político, aún balbuceante. Durante años se ha confundido la voluntad de acabar con el franquismo, mayoritaria en la España de los setenta, con una cultura política desarrollada. Dicho de otro modo: por aquel entonces los partidos políticos incluidos los de izquierda no iban mucho más allá de sus estructuras de mando, por muchos militantes que pudieran llegar a acumular. Prueba evidente: la Constitución fue redactada por siete "padres de la Patria", que representaron a otras tantas formaciones políticas. Por cierto, los representantes vascos fueron excluidos. El consenso no fue, pues, construido sino impuesto. La participación, esencia de la democracia, brilló por su ausencia. Si algo resulta exportable a este respecto, por consiguiente, es el ignorar la voluntad popular.

Mito 3: La monarquía es un elemento de moderación escogido por los españoles.

El actual rey de España, Juan Carlos I, fue escogido por Franco como su sucesor.

Garcés se refiere a ello: "En marzo de 1971 el presidente Nixon encargaba a Vernon A. Walters […] la misión confidencial de transmitir a Franco que […] no quería ver desarrollarse una situación caótica o anárquica. Nixon expresó la esperanza de que Franco entronizara al joven príncipe Juan Carlos" (op. cit.).

Cuatro años más tarde, a la muerte del dictador, Juan Carlos de Borbón fue entronizado: los españoles no pudieron pronunciarse al respecto. En realidad, de forma explícita, nunca han podido. Los defensores de la transición arguyen que el voto favorable a la Constitución fue una forma de hacerlo. Se suele olvidar, sin embargo, que el 6 de diciembre de 1978 los españoles hubieron de pronunciarse sobre esa y otras 168 cuestiones más (la Constitución tiene 169 artículos). Además, dicho referéndum tuvo lugar en un clima de chantaje socio político que asimilaba el "no" a una nueva guerra civil.

Mito 4: La división de poderes garantizó la implantación del Estado de derecho.

Cuando en España se habla de "franquismo sociológico" se hace referencia a los residuos autoritarios que quedaron en la administración hasta por lo menos mediados de los ochenta. Siempre que se piensa en ese problema se remite a la burocracia o al Poder Legislativo. Se suele olvidar, sin embargo, que en el poder judicial, la transición tuvo más que ver con una cuestión generacional que con una ética o una política. La división entre poderes apenas existe. Lo propicia el hecho de que España sea un país de régimen parlamentario y no presidencialista como México. Como consecuencia, muchos de los secretarios del gobierno, e incluso el propio presidente, son diputados. Dicha situación, en lugar de propiciar el control, lo dificulta, ya que los partidos políticos son férreas estructuras verticales al margen de las cuales poco o nada existe. En realidad el que mejor expresó el problema fue el ex vicepresidente socialista, Alfonso Guerra, quien dijo:
"Montesquieu ha muerto". Muerto Montesquieu, la transición no parece estar muy en condiciones de exportar control político, otra de las esencias de la democracia.

Mito 5: La descentralización acercó el poder a los ciudadanos y resolvió el problema de las identidades periféricas.

El modelo de las comunidades autónomas es uno de los que España ha pretendido exportar en los últimos tiempos. Este modelo, sin embargo, es problemático por cuanto que es transitorio. Fue pensado para compensar a unos y a otros, y por ello no es ni plenamente centralista ni estrictamente federal. Las competencias no están definidas: el Estado descentraliza a conveniencia y de forma heterogénea. Ello genera desequilibrios políticos y socioeconómicos que convierten al propio Estado central en rehén de las entidades territoriales con mayor capacidad de cabildeo. Pese a la magnitud del problema, éste sigue sin resolverse: las nacionalidades periféricas la catalana, la gallega y la vasca siguen sin ver reconocida su identidad diferenciada y, menos aún, su derecho a la autodeterminación. Por si fuera poco, el modelo municipal también presenta serias deficiencias en términos de competencias y, por supuesto, de financiamiento. En este caso, si algo es exportable son los problemas.

Mito 6: El establecimiento de un sistema de partidos garantizó la pluralidad.

Los partidos políticos fueron, desde un primer momento, estructuras piramidales de jerarquías pesadas y bases aunque en algunos casos numerosas irrelevantes en términos políticos. En los primeros años de la transición existió lo que se llamó una "sopa de letras", es decir, muchas siglas y escasos centros de poder.

Como las oportunidades nunca se repartieron equitativamente ni en términos financieros ni mediáticos, en poco tiempo los polos partidarios se redujeron a tres o a lo sumo cuatro por región. A ello hay que sumarle el carácter falsamente representativo de la ley electoral (mayoritario y en listas cerradas), así como la posibilidad de reelección indefinida de todo cargo público.

En un contexto como el descrito, es lógico que, a largo plazo, el sistema haya terminado pervirtiéndose aún más. Hoy en día, los representantes políticos responden ante las direcciones de sus partidos y no ante la ciudadanía. Si tenemos en cuenta la estructura partidista de España, los que deciden son prácticamente sólo dos grandes polos y, en algunas regiones, tres. Por ahí es donde, entre otros motivos, se explica la tendencia creciente a la abstención. Una forma de pluralidad controlada y de sutil disuasión de la participación que, en principio, no debieran parecer muy exportables.

Mito 7: La Constitución no está ligada a un sistema productivo concreto.

Uno de los mitos más recurrentes cuando se habla de la Constitución española de 1978 es que ésta no se liga a sistema productivo alguno, es decir, que en sus márgenes pudiera haber cabido desde el socialismo "real" hasta el ultra liberalismo. Este argumento, sin ser del todo falso en términos técnicos, resulta sutilmente demagógico. De hecho, una cosa es que haya espacio casi para cualquier estructuración socioeconómica y otra muy distinta que las condiciones sociales y políticas estén realmente dadas para ello. Que España formara parte de la OTAN en plena Guerra Fría era un elemento muy significativo al respecto.

Además, jamás se le pusieron límites jurídicos a la formación bruta de capital ni a su circulación. Al contrario, el resto de la Constitución más bien tiende a facilitar ambos procesos. Una forma como otra cualquiera de aceptar un status quo de partida que, en los hechos, ligaba al régimen al sistema capitalista. Algo que en plena globalización debe interesarle mucho exportar (e importar) a algunos.

Mito 8: La libertad de prensa es una garantía de pluralismo.

No se debe confundir proliferación con pluralidad. El hecho de que los medios de comunicación se hayan modernizado tanto técnica como profesionalmente no quiere decir que la libertad de prensa esté garantizada. La mayoría de los medios se someten a las leyes del mercado y hoy en día eso quiere decir que los capitales más potentes son los que controlan el acceso a la información. Se sustraen, más o menos, los medios públicos, pero la falta de una institucionalización satisfactoria los convierte en voceros del poder. Consecuencia fundamental: los ciudadanos van quedando progresivamente aislados. Gracias a ello, imponer "versiones oficiales" como la de la transición se hace cada vez más sencillo. Algo muy exportable.

José Mari dijo

Hola Imerburu,

Como podrás comprobar al leer este post, estamos de acuerdo en algunas cosas de las que has expuesto, sobre todo en lo que llamas mito 1 y también en parte de los siguientes, sobre todo en los mitos 2 y 3.

Voy a citarme a mi mismo, en aquellos puntos del post que veo más claramente que coincidimos:

“Se procedió a elaborar y discutir la nueva Constitución. Los ponentes eran miembros de todo el espectro ideológico y partidista. Sólo quedaron fuera los nacionalistas vascos.”

“Es verdad que el objetivo de lograr un sistema democrático con la garantía de una Constitución se consiguió, pero también es cierto que a lo largo de todo este proceso y debido fundamentalmente a la amenaza casi permanente del ejército, la izquierda se vio obligada a ceder en muchos aspectos y momentos del proceso, quizá más de la cuenta. Una prueba de ello, es que el debate monarquía o república, casi nadie se atrevió a plantearlo seriamente. También se renunció totalmente a depurar responsabilidades delictivas de personas que habían jugado un papel especialmente siniestro en el anterior régimen. Muchas concesiones de la izquierda y casi ninguna de la derecha…”

“Por tanto, lo que algunos historiadores bien intencionados han dicho –refiriéndose a la transición- que fue una reconciliación en toda regla entre los españoles, en realidad no fue más que una elección dramática que se vio obligada a realizar la izquierda, una elección entre un sistema de monarquía parlamentaria o la amenaza permanente de otro golpe de estado que nos regresaría a la misma situación de antes de morirse Franco.”

“Lo cierto, es que después de tanta inestabilidad, de tanto ruido de sables, de las intentonas golpistas y de las constantes cesiones de la izquierda, a algunos ciudadanos les quedó la sensación de que en vez de una democracia fuerte y sólida lo que se había construido era una especie de frágil castillo de naipes, que cualquier mal aire podría llevárselo por delante.”

“A mi juicio, éste número de ciudadanos escépticos respecto a la idoneidad del proceso de transición, ha ido progresivamente en aumento a lo largo de los años porque han ido observando algunas deficiencias del sistema que tenemos. Entre dichos defectos se pueden citar algunos desajustes en los poderes del Estado, por ejemplo, el poder judicial está demostrando que ha evolucionado poco, se podría decir que los jueces no pasaron por ninguna transición a la democracia.”

…por citarte algunos párrafos en los que creo que si no completamente si coincidimos parcialmente.

Lo que ocurre, es que leída tu exposición en su totalidad, yo interpreto, insisto, YO interpreto (lo cual no quiere decir que sea así, ya que se trata de una interpretación mía) que pones en cuestión prácticamente todo el proceso de transición en su totalidad y ahí no estoy de acuerdo. Pienso que la transición pudo ser mejorable, perfectible, pero no que no haya servido para nada… Para mi la democracia es un hecho y una realidad, otra cosa es que pienso que en algunas cuestiones no se ha construido correctamente.

Por otra parte, incido mucho en el post y veo que tu no has entrado a comentarlo, salvo que se me haya escapado y no lo haya visto -en ese caso te pido disculpas de antemano- en que me parece una injusticia gravísima que actualmente los familiares de fusilados por el llamado bando nacional tengan que estar esperando a que los jueces tengan el mínimo de sensibilidad de permitir que se les saque de las fosas y cunetas en las que se encuentran tirados como perros los cadáveres de los que lucharon a favor de la república.

Un saludo.

Anónimo

Anónimo dijo

Al leer el post ya me he dado cuenta que estamos de acuerdo en casi todo, por eso me ha interesado ponerte aquí esos ocho puntos clave que he dicho.

No es que ponga en cuestión la transición en sí, me parece algo positivo para ese momento, pero ya está, solo para ese momento de incertidumbre, lo que yo critico es que ese puente de la dictadura hasta la democracia llamado transición se prolongue hasta no tener fín, 30 años son suficientes como para empezar a plantear reformas serias y debates que entonces no se podían hacer, como fijar un modelo de estado a medida, plantear la monarquía/república, la reforma del senado la ley electoral...

Y sí, a mí también me parece una injusticia gravísima la situación de las victimas de la Guerra Civil, así como el nulo reconocimiento a aquellos españoles que participaron en la II Guerra Mundial, liberaron París etc por el hecho de haber sido republicanos, pero ya te digo, esa marginación y aislamiento de los perdedores, es normal dentro de una democracia que se diseñó desde los entresijos de la dictadura, hoy los franquistas no tienen cargos penales, y quedan muchos residuos aún.

Cuando esta democracia haya cortado todos los lazos que aún la unen a la dictadura, entonces se habrá acabado la transición como bien dices en el post, y se podra decir de verdad, que hay Democracia en España, porque desde el 82 hasta ahora vivimos en un limbo legal.

José Mari dijo

De tu último comentario estoy de acuerdo casi totalmente con los tres primeros párrafos, el cuarto me parece un poco exagerado, me refiero a lo de que "vivimos en un limbo legal", pero bueno, en todo caso ya entraríamos en una cuestión de matices y de hilar muy fino.

Me alegro que en lo sustancial coincidamos.

abel-desestress dijo

GRACIAS
he aprendido mucho hoy
de ti y tu comentarista.

Un abrazo.
Atte. Abel

José Mari dijo

Hola, amigo Abel, gracias a ti por pasarte.
Yo también aprendo cuando entro en tu excelente blog.

Un abrazo.

Patita de Goma dijo

Muy "educativo" tu post y muy bien relatado, aún siendo largo, es interesante. Me apasiona la transición, y sobre todo me apasiona la cantidad de versiones sobre un mismo asunto que he llegado a oir de esta época. Aquí más que nunca se demuestra que eso de que existe una verdad única es mentira. Tengo 38 años y he crecido a la vez que la transición, por lo que nunca le presté demasiada atención, pero hoy por hoy, pienso que este capítulo no se puede cerrar hasta que la izquierda elegida democráticamente no se moje en muchos asuntos y deje de venderse por un puñado de "posibles votos" para el futuro.

muakss

José Mari dijo

Hola Patita,

Gracias por tu interés por el post.
Tienes razón, la izquierda tiene que “mojarse” más… lo que ocurre es que también es difícil renunciar al pragmatismo para poder tener posibilidades reales de gobernar… y es que España – en mi opinión- no es tan de izquierdas como a veces puede aparentar y determinado partido político se ve obligado a buscar votos en otros caladeros distintos a los suyos naturales…

Pero fíjate, acabas de plantear una cosa que daría lugar a otro debate muy interesante ¿hasta donde debe llegar el límite ético que se debe poner la izquierda para conseguir votos?

Yo creo que en el término medio siempre está la virtud y podría intentarse combinar el sentido práctico de llegar a gobernar con la no renuncia a determinados principios o a realizar reformas concretas necesarias para consolidar la calidad democrática del país.

Pero claro, es muy fácil decirlo y teorizar sobre ello, lo complicado es ponerlo en práctica…

Un beso.

Patita de Goma dijo

Para mi el limite está claro, hasta donde llegue la iglesia o la derecha con sus barbaridades.............pos la izquierda, justo lo contrario......ese es un buen límite ético.

Yo creo que no, que los españoles somos mucho más maduro de lo que la izquierda y la derecha se piensan.

José Mari dijo

Je je.... puede ser, puede ser... Reflexionaré sobre ello.

Gracias Patita.
Un beso.

Odys

Odys dijo

No considero relevante para la salud democrática de un país que éste sea republicano o monárquico: Ya quisiera la república popular china gozar de las libertades -y el larguísimo historial democrático- que tiene la Inglaterra de Isabel II, por poner un ejemplo.

Aparte de eso, me ha gustado mucho tu reflexión, como siempre.

Un saludo.

José Mari dijo

Entiendo lo que quieres decir, pero ya sabes que cuando hablaba de república me refería a una república democrática, no a una república comunista o islámica... Igual que al hablar de monarquías era en referencia a monarquias parlamentarias, no a monarquías absolutas.

Gracias Odys.

Un saludo.

Panoramix

Panoramix dijo

Actualmente no considero fundamental entrar en el debate de monarquía o republica ya que la monarquía española ha luchado activamente por la transición desde una dictadura a un modelo de democracia parlamentaria, pero claro las declaraciones de la reina en el libro de Pilar Urbano no son las de una ciudadana de a pie y puede hacer dudar, ya que un presidente de republica puede coincidir con su ideario, pero en cuatro años los ciudadanos pueden decidir si mantenerlo o no.

Estoy de acuerdo en que está pendiente la reforma del Poder Judicial ya que si es un “Poder” debe estar comprometido al máximo con los valores democráticos independientemente de quien gobierne.

Recuperar la dignidad de los muertos y represaliados por defender unos ideales o simplemente porque lucharon en un bando, me parece que es de justicia y justificar mantenerlos en el olvido porque reabre heridas demuestra que todavía hay quien piensa que están bien donde están o no tienen un antepasado en esta situación.

José Mari dijo

Estamos en el año 2009 y creo que es positivo ir quitando tabúes y abriendo debates que en la transición no nos permitieron tener. Pienso que la transición fue un pacto de mínimos y pasados los años debemos de superar esos mínimos y aspirar a la máxima calidad democrática.

A mi no me parece irrelevante el debate monarquía o república. Creo que la Jefatura del Estado se elija también por sufragio universal es lo más coherente en un sistema democrático. En su momento, lo único que se pudo hacer es elegir entre dictadura y democracia, sin más, pero estimo que ahora ya se dan las condiciones para poder, al menos, reconsiderar la monarquía.

De todos modos, veo que ya hay dos opiniones en este espacio que consideran que el debate entre monarquía y república no es fundamental, por lo que habrá que tomar nota de ello también…

Por lo demás, estoy de acuerdo con tu comentario.

Gracias Panoramix.

Un saludo.

abel-desestress dijo

Ando de ruleta en la comunidad para
DESEARTE BUEN FIN DE SEMANA!!
Y MUCHO SEXO (Con quien sea)
Con amor.
Abel

José Mari dijo

Ja ja ja!! Igualmente. Pasalo bien el fin de semana.

Un abrazo.

cata dijo

Bueno, yo no suelo opinar sobre política más que nada porque me pongo de mala leche, pero si es cierto lo que dice patita... Somos más maduros de lo que piensan los políticos, y solo hago que pensar en esa frase que dice que lobos entre lobos no se muerden... No sea que se les acabe el chollo. Y de mientras la gente yendo cada vez más al paro y todo más caro...

Un besito y muy buen fin de semana... que ya vendrá San Tornemi (San Volvemos), como le llamamos los catalanes al lunes lunero... Muacckkksssssss

José Mari dijo

Tienes razón, a veces los políticos -yo creo que no todos, solo algunos- toman por tontos a los ciudadanos y no ven o no quieren ver sus problemas reales.

Gracias por tu visita y por tu comentario, Cata.

Besitos.

JARO

JARO dijo

Para empezar, en España no hay democracia, hay una plutocracia bastante descarada.
Para continuar, "la democracia" no la trajo ni la izquierda ni el proceso de transicion, sino que la trajo la derecha liberal infiltrada en el franquismo(tecnocratas y gente del opus dei) y que planeo en los ultimos años del franquismoy despues ejecuto en la transicion ,disolver el estado nacional e imponer un estado liberal(sobre todo para sus interes economicos)

Es decir, la falsa democracia que tenemos fue obra de la derechona liberal economica a la cual no le interesaba nada que hubiera un sistema con banca publica, empresas nacionalizadas y pueblicas y leyes que impedian ciertas especulaciones economicas(en los años 40 , especular con el precio del pan era motivo de carcel por ejemplo)

Pues eso, que aproveche esta "democracia" que con tan buen marketing os llevan vendiendo 33 años.

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Desde mi trinchera

He creado este blog con la única finalidad de escribir unas reflexiones sobre temas de actualidad que me parezcan interesantes. Es simplemente un medio más para poder hacer uso de mi derecho a la libertad de expresión.

También vosotros podéis ejercer vuestra libertad de expresión enviando los comentarios que os parezcan sobre cada post. Lo único que pido es que siempre se hagan con respeto o como mínimo con tolerancia a las ideas y opiniones de los demás.

Evidentemente el de la foto no soy yo, es mi amigo Epi, que generosamente me ha prestado su imagen para la cabecera del blog y para ser mi avatar. Epi representa un poco, la parte de niño que todavía llevo dentro –aunque me afeito desde hace varios años- y que deseo conservar.

Desde mi trinchera… En realidad se trata de una metáfora de mi independencia intelectual e ideológica. Puede que esté más cercano a unas determinas ideas de la izquierda o el centro izquierda, pero ante todo, quiero salvaguardar como valor principal mis propios principios y puntos de vista sobre las cosas. Es decir, a la hora de ponerme a escribir no tengo interferencias partidistas de ningún tipo y procuro decir siempre lo que pienso, con respeto, pero sin renunciar a expresar sinceramente mi visión de los asuntos que me interesan.

Soy y me considero un habitante del planeta Tierra. Pero también soy universal, por ejemplo, en el blog tengo una sección de Vaticanismo –ahora mismo sólo tiene cuatro post pero irá aumentando- donde intento analizar lo que hacen y dicen los moradores del planeta Vaticano. Es curioso, uno siempre imagina a los habitantes de planetas lejanos más avanzados científica e intelectualmente, pero estos llevan miles de años de retraso respecto a nosotros…

En definitiva, pretendo que este sea un espacio, ante todo, de libertad y pluralidad.

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