09 Ene 2009

El mito de la seguridad y el Estado

Escrito por: joaquin-rodriguez el 09 Ene 2009 - URL Permanente

-El Estado-nación

 

La construcción estatal empieza a gestarse en el medievo con una estructura similar a la que encontramos hoy en día en la sociedad internacional, donde la multiplicidad de lealtades y la heterogeneidad de comunidades interrelacionadas y dependientes unas de otras son una de las características principales del sistema. Esta gestación va íntimamente ligada a cambios económicos que nos sitúan ante un protocapitalismo.

 

En la época medieval se produce el desarrollo de las comunidades en torno al señor que proveía protección y una clara distribución del trabajo, donde cada estamento tenía una bien definida función en la articulación del sistema, es el momento en que dicho sistema evoluciona a un nivel superior de especialización, cuando se hace necesario, debido a la complejidad del mismo, desarrollar una nueva institución para gestionarlo, surgiendo así el estado.

 

De esta forma entendemos que la creación del estado no es resultado de un proceso natural[1] sino la respuesta a la necesidad por parte de las élites de reorganizar la distribución del trabajo, que debido a su alta especialización al final del feudalismo obligaba a crear este nuevo marco institucional.

 

La oferta de seguridad y la creación de inseguridades fueron un elemento básico que permitió a las élites afianzar su control sobre las otras clases sociales. El control cultural e ideológico se veía limitado por el peso de la Iglesia (fuente a su vez de legitimación de la monarquía), pero gracias a la creación de un complejo institucional consiguieron recortar sus parcelas de influencia y sería posteriormente con el humanismo cuando nuevas élites, conscientes de la importancia que tiene el control de la cultura como paso previo hacia el control ideológico, intentarían limitar la influencia de la Iglesia en la vida pública, creando un conflicto entre élites tradicionales y nuevas élites.

 

Tras la época napoleónica y con el proceso de la restauración se abre un nuevo período de connivencia entre las élites emergentes, la Iglesia y la Monarquía debido a que estas últimas fueron entendidas como un factor de estabilidad y orden[2] frente a las otras clases sociales que reclamaban acceso al poder, perpetuando así una situación de injusticia. Pese a todo, el estado se fue reforzando, intentando separarse de aquellas instituciones que podían entorpecer su consolidación y que representaban a unas élites en cierta decadencia. Para lo cual fue necesario efectuar cambios en la cultura hegemónica, y la separación Iglesia-Estado vino ligada a la constitución del individualismo como sujeto de la historia fruto de la ilustración.

 

Pero los viejos conflictos no cesaron, encontrándonos hoy con conflictos a dos niveles, uno horizontal, el que protagonizan la élite dominante y la élite emergente que pretende hacerse con el poder[3] y otro de clases, de opresores frente a oprimidos. Ambos conflictos se reproducen tanto a escala nacional como internacional debido al actual sistema de democracia capitalista que explicaremos en el siguiente apartado y que pone en jaque el rol del estado.

 

A partir de los hechos anteriormente descritos diremos que la crisis del estado moderno en su conceptualización weberiana[4] se produce a consecuencia de su incapacidad de monopolio de la violencia debido a la multiplicidad de actores que la utilizan como modus vivendi en un intento de suplantación de las funciones estatales por parte de grupos mafiosos, crimen organizado, grupos terroristas… que llegan incluso a desarrollar complejas redes sociales a modo de protoestados como pueden ser Hezbollah o Hamás. En lo que respecta a nuestro análisis no es importante analizar qué fue antes, si el partido político o la organización militar, o terrorista. Lo que resulta central es cómo nuevas élites emergentes consiguen desarrollar actores cuasi-estatales aprovechando fracturas en el control del monopolio de la violencia legitima, que les permite proveer seguridad y ofrecer inseguridades como base de la construcción de una nueva estructura. A lo que se suma una quiebra de la legitimidad del sistema, que explicaremos más tarde.

 

A esta pérdida de control sobre sus funciones básicas hemos de añadir otros factores, como la interdependencia económica, que parecen dar paso a un verdadero desmantelamiento de las estructuras y una perdida de control democrático por parte de los ciudadanos. En la parte que a nosotros más nos interesa, aquélla relacionada con el conflicto y el monopolio de la violencia, podemos observar cómo el estado también reduce sus capacidades. No sólo por su incapacidad manifiesta de proteger la vida de sus ciudadanos y hacer frente a las nuevas amenazas, sino porque en otros muchos casos se está produciendo un retorno del concepto de ejército mercenario propio de la época medieval, que se escapa a los controles institucionales establecidos, cuya accountability es prácticamente nula y sus lealtades sólo las define el capital. Un claro ejemplo de ello son las PMC y PSC[5]. Nos encontramos de este modo ante una redefinición del concepto de estado, no sólo en el ámbito teórico sino también en el ámbito práctico, que nos pone en relación con el concepto de democracia capitalista.

 

Para finalizar este apartado me gustaría resaltar una idea que, aunque pueda parecer paradójica, no deja de ser representativa de la situación actual. Si admitimos que los centros de poder cada vez son más etéreos, que el capital es transnacional y que las élites en rara ocasión identifican sus intereses con los estatales y admitimos a su vez que los estados identifican su interés con el de las élites, con el de las grandes compañías y ponen a su disposición todos los medios necesarios para posicionarlas lo mejor posible en el marco internacional, nos encontraremos ante un cambio de estadio. Podemos decir de una forma más o menos arriesgada que las élites se desprenden del estado[6], el cual para sobrevivir debe seguir promocionando sus intereses y sirviendo a unos propósitos cada vez más alejados de aquellos que determinaban su existencia, ya que ni la división del trabajo ni la gestión de la violencia es monopolizada por ellos en este momento. Esto significa la ruptura del pacto (hobbesiano-rousseauniano) mediante el cual los ciudadanos le entregaron al estado su soberanía.

 

Podemos decir de esta forma que el estado se encuentra gravemente enfermo, tanto desde el punto de vista de la ruptura del contrato que lo legitimaba (contrato social) como por la pérdida de sus factores constituyentes (violencia y capital).




[1] Ya que el estado no es una construcción natural, y el estado natural del hombre no es aquel que refleja Hobbes en el Leviatán (1651) que dice que en el Estado de Naturaleza, todos los hombres tienen derecho a todo, incluso al cuerpo de otro

[2] Giddens, Antonhy The Nation-State and Violence Volume Two of a Contemporary Critique of Historical Materialism University of California Press (October 21, 1998)

[3] Parry, Gerain Political elites, New York: Praeger Publishers, Inc., 1969 pg 25

[4] Cuya función básica es el monopolio legítimo de la violencia

[5] Private military companies, private security companies. Que actúan en la actualidad a modo de ejércitos mercenarios ofreciendo sus servicios al mejor postor, siendo sus lealtades únicamente definidas por el dinero.

[6] Al que recurrirán en tiempos de crisis


1 comentario Escribe tu comentario

TCS

TCS dijo

El estado como dices para el estado sólo existe en tiempos de crisis, al que siempre se recurre a imagen del papa que no queremos pero que siempre nos saca de los apuros.

Serán las elites de hoy en dia, unos rebeldes sin causa de suburbios bien, cuyo máximo objetivo es el lucro y diversión (unas son en gasto en ropa e imagen y otras en fama o escala mayor en Forbes).
Mira, no es tan descabellada la comparación facilona. Sólo esperemos que no les de por quemar cajeros.... o espera! no hacen ya algunos aopio y venta de armamento...?

en fin, felicidades por tu andadura en el mundo virtual.
seguro que nos depara muchas lecturas interesantes!

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