07 Ago 2012

Gor.

Escrito por: johnny-salomon el 07 Ago 2012 - URL Permanente

“GOREANO”

PRIMERA ENTREGA

Soy goreano. Vivo en el mundo paralelo de Gor, donde todo es injusto. Nadie es igual a nadie y esas diferencias marcan el comportamiento vital de todos. Donde pretender ir contra natura, queriendo que el débil sea igual al fuerte por un simple decreto, no es lícito. Como tampoco lo es pretender ser bello en la fealdad que tus genes te han dado. Existimos bajos y altos, gordos y flacos, fuertes y débiles, torpes y habilidosos, hombres y mujeres…

No os deis por ofendidos, que no soy quien os ofende, sino el mero hecho de ser y formar parte de una determinada especie en la Naturaleza. Si algo tenéis que objetar, hacerlo a Ella, y os responderá con el silencio. Conformaros con ello y vivir como corresponde. En la sumisión y en el dominio. En ambos se encuentra el equilibrio de la vida. Todo alejamiento de esto es una mera aberración. Y pretender crear leyes que fomentan la utopía, no deja de ser nada más que arte en la belleza de su contexto, porque nunca conseguiremos alcanzarla. Vivir con ello y viviréis en paz con vosotros mismos, pues, en la aceptación se encuentra el triunfo.

Soy ya viejo. No por ser mayor en edad, sino por estar cansado, que no hay hombre más mayor, que el que se encuentra agotado en su vitalidad. He vivido demasiado. He llegado al final de los mundos, donde en el filo de ambos se convierten en uno solo y donde ambos se mezclan. He llegado a tener tantas kajirae (1), de todos los idiomas y de todas las razas, como estrellas hay en el cielo y sus nombres bailan en mi memoria como las mismísimas estrellas. He participado en mil batallas de otras tantas guerras, y en unas he vencido y en otras he conocido la derrota. Pero, eso no me ha restado para volver a levantarme todas las veces que han sido necesarias. He visto tanta gente morir que con todos ellos se podría hacer la montaña más alta. He bebido tanto vino, que podría poseer, si lo obtuviese ahora, todas las bodegas de Velluris. No soy longevo, pero si estoy vivido.

Ahora, me encuentro sin ilusión. Mi vida esta vacía del amor vital y vivo en el sosiego de la tranquilidad llevadera. Pero, apareciste tu, mujer, y me has obligado a recordar y a plantearme lo ya olvidado. Quieres ser mi kajira, mi favorita. Ahora que con mis años solo defiendo lo hasta ahora poseído por el respeto que mis hazañas infunden a los demás. Un mínimo esfuerzo. Y mis esclavas son ya tan mayores como mis años, abandonados del amor, que solo las mueve el cariño y el respeto a mi persona, pues, son muchas las formulas olvidadas a lo largo del camino.

Y tú pretendes que te enseñe. “¡Oh, Maestro, enséñame a amarte y a ser tuya, que solo vivo ya para obedecerte ciega y en ello encontrar mi plenitud como mujer y ser feliz de este modo! ¡Que en ti quiero encontrar la seguridad que busca toda hembra, en tu fortaleza y en tu templanza!” Loca de pasión hacía lo desconocido, así vino a mí. Al ya viejo maestro que dejó olvidada la pasión en el largo pasillo del palacio de la vida. Pero, sus ojos me hablan otro lenguaje, el del amor, y a él me entrego y he decido enseñarla, pues, algo he visto en ella que me despierta inquietud y me hace sentir vivo. Ella se llama Grecia.

(1).- Kajira, plural kajirae: esclava de Gor.

“GOR”

SEGUNDA ENTREGA

Vivo en la isla principal de Gor, llamada de la misma manera, por ser el centro neurálgico de los centenares de islas que conforman el mundo. Tengo una kajira, tan rebelde con los años, que en mi derecho a matarla, la podría haber ejecutado cientos de veces. Pero, hubo tanto amor entre ambos, que en su recuerdo, mantengo esta unión donde solo hay asperezas y discusiones. Una joven kajira, esclava de un amigo, viene a ayudarnos, y aunque mi amigo, me la ofreció en cuerpo y alma y ella es entregada, ni tan siquiera la miro cuando ayuda en la casa.

Mi vida es tranquila, sosegada. Mi trabajo ya instalado en la isla es la de médico. Sano cuerpos y almas. Y a mi acuden de todo el mundo conocido, pues, mi fama se ha extendido por los cuatro puntos cardinales. Amo mi trabajo, amo la vida y a ella me debo. Aunque este conlleva el sinsabor asociado de la muerte, eterna enemiga de cualquier médico que se precie. Así, que no dejan de llegar barcos cargados de enfermos que se van colocando en parihuelas a lo largo del pequeño puerto, a donde me acerco todas las mañanas. No tengo aprendiz. No lo quiero. Deje de ser maestro de todo hace muchos años, para convertirme en alumno de mi mismo.

Aquella tarde me encontraba paseando por mi jardín cuando mi vecino acudió con una de sus veinte kajirae ensangrentada y allí, arrojándola al suelo tapizado de yerba jugosa, me dijo: “Si la salváis es vuestra”. La dejó y se fue. La había molido a latigazos. Su carne, abierta en jirones como pétalos de flor, sangraba abundantemente, y aun, en su debilidad, se postró ante mi de rodillas con las palmas abiertas hacia arriba, su cabeza gacha y me dijo: “¡Oh, Maestro, atended a esta, que no ha sabido cumplir con sus obligaciones! ¡Aunque si dudáis de ella, dejarla morir, pues, es merecedora de ello!”. Le mande dentro, pero, se desvaneció y la tuve que tomar en brazos y entrarla. La desnude y la puse bocabajo en la camilla, donde limpie sus heridas con agua abundante. Vi que no había arreglo y que aquellas heridas dejarían por siempre cicatrices profundas. Su amo se había cebado con ella.

Corte la carne muerta, la limpie y la fui cosiendo delicadamente, procurando dejar la menor cicatriz a la vista, pero, algunas, mostraban tal abertura que se podían ver los omoplatos y las costillas. Le puse un emplaste para evitar la infección y la vende. Durmió durante dos días, en los que la estuve velando y curando, hasta que despertó y la alimente. Pronto sanaría por completo y podría ayudar en las tareas domesticas, que de ella, no quería más que eso. Soy un viejo, cuyo único consuelo es no tener que consolarse más. Se integro muy bien con Bosnia, mi kajira, y entre las dos se ocupaban de todo lo imprescindible. Y jamás le pregunte lo que había hecho a mi vecino y ni él me preguntó más por ella. Gor es injusto. Gor es Gor.

Así pasaban los días. En la tranquilidad de todo lo ya superado, pues, no había nada que me pudiera alterar el semblante. Viviendo y observando como el almendro de mi jardín me iba indicando las estaciones. Hasta que llego aquella mañana de verano. Un barco egipcio había desembarcado un gran número de pasajeros y de enfermos que venían a visitarme. Y allí apareció ella, entre gasas vaporosas de todos los colores y una capa negra, que la brisa del mar estremecía ante mis ojos. Morena, de melena corta, grandes ojos negros que caían en una inusual tristeza, nariz recta, labios finos y un cuerpo pequeño, pero, tan proporcionado y hermoso que no me dejaron mis ojos apartarme de sus encantos.

- ¿Sois Esalinus, el médico de Gor? –me preguntó-.

Y si bien conteste con un si rápido, me quede dudando si había hecho lo correcto. Y tras mi afirmación, se arrodilló ante mi con las palmas hacía arriba en total sumisión.

- Mi nombre es Grecia, soy virgen y quiero que seáis mi Maestro –dijo con una voz suplicante, aunque las palabras eran bien escuetas y tajantes-.

Tomé su rostro entre mis manos, elevando su cabeza, y cuando me miró a los ojos la respondí con un “No” seco y profundo.

- ¡Oh, Maestro, enséñame a amarte y a ser tuya, que solo vivo ya para obedecerte ciega y en ello encontrar mi plenitud como mujer y ser feliz de este modo! ¡Que en ti quiero encontrar la seguridad que busca toda hembra, en tu fortaleza y en tu templanza!

- ¡No! –la volví a responder-.

E inclinándose hacía mi, me tomo las piernas y los muslos, abrazándolos y comenzó a llorar lágrimas de desconsuelo.

- ¡Me mataré! –me dijo- ¡Si no soy vuestra, no seré de nadie!

Y se apretó con más fuerza en el abrazo.

“KAJIRAE”

TERCERA ENTREGA

Grecia se quedó en el puerto, abandonada y olvidada por mí. Pero, pasadas tres semanas, mi vieja kajira, Bosnia, vino a mi encuentro en la casa, y tomando la posición de Karta (1), me habló. Me extraño que Bosnia (2), quien ya últimamente pasaba ampliamente de formulismos cuando nos encontrábamos a solas, se ofreciese en sumisión de ruego ante mi presencia.

- Mi señor, esta está rogándote por una vez más en la vida. Piensa que puede ser la última. Y por ello, esta piensa, que en tu corazón debe de entrar de nuevo la felicidad y el amor, que ya no te puedo proporcionar. Piensa, pues, que esta se preocupa por ti y te desea lo mejor. Y por ello, esta ha pensado en que tuvieras a bien admitir a una nueva esclava.

- ¡Levanta! ¿Interrumpes mi descanso para decirme eso? ¿No ves acaso que mi tranquilidad es lo primero?

- Mi señor, por eso mismo esta viene a ti, para procurarte la tranquilidad que tu alma necesita. Sois el almendro del jardín y en él os reflejáis. No queráis ver pasar los años en moribunda actitud sin amar y ser amado. Esa es no solo vuestra felicidad, sino la de esta vuestra vieja kajira, y la de la joven que quiere serlo.

- No me gustan vuestras palabras. ¿Qué queréis?

- Presentaros a una nueva candidata que tiene el agrado de esta que os habla.

Y volviendo mi mirada observe que Bosnia no había cambiado de posición y le ordene que se levantara, tomando la posición de Nadu (3).

- ¡Hacerla pasar! –ordené-.

Y a una palmada, una mujer joven entró reptando al recinto y se puso a mis pies. Iba encadenada a tobillos y muñecas con una cadena de oro macizo. Y tomando la posición de la Torre (3), pasó a Nadu, ofreciéndome sus cadenas, mirándome con ojos suplicantes. Era Grecia. Mire a Bosnia y esta me miraba con los ojos inundados de lágrimas. En aquel momento se le partió el alma. Lo supe, lo sentí. Me ofrecía lo que ella ya no podía darme y en su amor, de alguna manera, quería ofrecerme. La hubiera dicho que nada de eso me importaba, pero, también sabía que aquellas palabras, tomada ya la decisión de la sabiduría, solo la haría más daño.

- Acéptala –dijo suplicante Bosnia, mientras sus ojos más se nublaban de lágrimas-.

Guarde silencio. Quedaba claro, aunque de ello me enteraría más tarde en detalle, que ambas se habían conocido. Y tal vez, Grecia, le había hablado a la vieja Bosnia de sus propósitos y esta los vio lícitos e incluso saludables para todos. Pero esa es otra historia. Ahora me encontraba ante la elección de cambiar mi vida, de iniciar de nuevo una nueva andadura, yo, Esalinus, el médico de la isla de Gor, el Maestro de centenares de kajirae, cuyo odio a la esclavitud, ahora, reflejaba continuamente llevando a Bosnia de la mano por las calles y plazas del pueblo, ante las miradas de desprecio de todos los que me cruzaba. Y le contesté:

- Prepárala. Mañana comenzamos.

Y reptando, ambas salieron de la estancia entre sollozos y lágrimas. Y en ese instante percibí como se rompía la coraza con la que había vestido años atrás a mi alma.

(1)Desde la posición Nadu, los muslos extendidos o no, la kajira se inclina hacia delante poniendo sus pechos y frente contra el suelo. Los brazos permanecen totalmente extendidos, con la cabeza entre ellos y las palmas contra el suelo. Los tobillos pueden permanecer cruzados o descruzados. Esta posición demuestra máximo respeto. Los ruegos pueden ser hechos desde esta posición.

(2)Los nombres de las esclavas en Gor se escriben todos en minúsculas, pues, ni siquiera en eso las esclavas pueden destacar. Y así demostrar también su condición. En mi caso no he querido hacerlo así, pero, si he querido explicar este detalle.

(3)Nadu: La esclava permanece de rodillas apoyada en sus talones, con las manos en sus muslos. Mantiene una excelente postura con la espalda totalmente recta y los pechos erguidos. Las rodillas han de estar ampliamente abiertas y las manos abiertas apoyadas en los muslos. La cabeza permanece alta, exhibiendo su collar. Esta posición la adquiere una esclava de placer o entregada en sumisión para lo que el amo quiera.

(4) TOWER SLAVE POSITION (Posición Torre): Es una variación de Nadu, en la que la esclava se arrodilla, pero las palmas de las manos están hacia abajo y sus rodillas permanecen modestamente juntas. Esta posición está, típicamente, reservada para esclavas de menos edad o adiestramiento, o simplemente para esclavas que no sirven de forma sexual a sus Señores.

“LA PREPARACIÓN DE ESALINUS”

CUARTA ENTREGA.

He de decir, que aquella noche fue larga y el búho de mi almendro me habló a través de la ventana abierta. No dormí, ni siquiera descanse. Lo que para otros era un simple juego, para mi era lo más serio que había hecho en mi vida. Tanto fue así, que muchos señores, al ver y oír a mis kajirae, querían que enseñara a las suyas en la iniciación. Pero, mi aprendizaje parte del amor, del cariño y de la ternura. Y ellos solo entienden de dolor, tortura, odio y cólera, que pagan con sus esclavas. Así que, pasado el tiempo decidí negarme, cuando muchas de ellas me abordaban y me decían que querían venir conmigo y que luchara por ellas. En algunos casos así lo hice y mate por ello, pues, mi indignación era grande al comprobar como en la mayoría de los casos, los Señores maltrataban por norma a quienes con todo mi amor y respeto había enseñado. Por ello, odio la esclavitud.

Aquello había quedado atrás, en la prehistoria de mi vida. Décadas habían pasado desde entonces y mucho había vivido. Y si bien, la sumisión, se alimenta del dominio, este no es menos. Que quien no entiende que dominar es dar tu corazón con todo el amor, no entiende que el sumiso ha de entregarse y darse en la misma medida. Que no se trata de seguir unas normas de conducta y formularios aprendidos de entrega y sumisión. Que eso es lo de menos y carece de total importancia. La kajira ha de saber, como si de ella misma se tratase, lo que quiere su señor en cada momento. Ha de haber un hilo conductor, una telepatía del entendimiento en común.

¿Pero, cómo explicar todo esto a Grecia? Ella parecía más que inteligente. Pero, el amor a la sumisión no tiene que ver con formula matemática alguna, sino con una sensibilidad a flor de piel. Y para ello, es imprescindible tener vocación y sentir el amor, exhalarlo por los poros de la piel como si fuera sudor. Y entender al dominante hasta en los más profundos pensamientos y a su cuerpo como una prolongación del suyo propio. ¿Cómo explicar todo ello a Grecia, con qué palabras, como hacerla sentir en la medida de lo posible esta entrega de uso, basada en el amor sin más? Simplemente, dando amor en la misma medida.

Con ella podía realizar esta entrega de dominio. Ella era para mí. Regalo, de alguna manera, entregado por Bosnia. Y esa misma mañana cuando despuntaba el sol en el horizonte, oí a las dos hembras corretear por la casa, pensando que dormía. Y el perfume del almendro en flor lleno mi estancia y me hizo vibrar y sentir que todo aquello iba a ser bueno. Que mi entrega no sería dolorosa y que la felicidad llenaría de nuevo cada rincón de esta casa. Y al perfume del almendro, le siguieron otros. Los de los aceites y esencias que Bosnia iba ungiendo a Grecia y que bien sabía ella que me agradaban.

Iba a pasar con ella siete días de iniciación y siete noches, sin tocarla un solo cabello de su cabeza. Siete días y siete noches en los que la virgen no perdería su virginidad. Siete días y siete noches en las que abriría mi corazón para mostrarle a la iniciada a kajira, donde residía mi dominio y donde su sumisión, abriendo el suyo. Y el olor de todos aquellos perfumes me obligaron a cerrar los ojos. Mi corazón latía encabritado, emocionado por todo aquello que empezaba a derramarse nuevamente. Y la memoria me hizo viajar a tiempos remotos y pude sonreír de nuevo para mi sorpresa.

“LA INICIACIÓN DE GRECIA”

QUINTA ENTREGA

Akilina, la kajira azotada, llamó a la puerta de mi estancia. Entró reptando y con ordenes de Bosnia para bañarme y vestirme. Y así lo hizo, y en la piscina interior me fue frotando con sus cabellos enjabonados cada parte de mi cuerpo. Y a la hora de vestirme la mande irse y obedeció. Quería unos momentos de soledad y reflexión. Y me vestí solo. El día era precioso. El olor de la yerba inundaba el aire, incitando a tumbarse en ella. Los pájaros bebían en el estanque, revoloteando y jugando. La clepsidra llevaba un ritmo más alegre. Y mi corazón retozaba cada vez más rápido en su alegría. Pies ligeros, alma ligera y mente avispada.

Bosnia vino a decirme que Grecia estaba dispuesta. También yo lo estaba. Respire hondo. Y me dirigí a la estancia de iniciación, tanto tiempo vacía. En ella solo existía una mesa baja, alfombras y cojines para reposar y un ventanuco pequeño, orientado hacía el norte, que daba una luz tenue a toda la sala. Por la noche, una pequeña antorcha suplía la falta de luz.

- Mi Señor –me paró Bosnia y me dijo-, sois un hombre maravilloso. Amadla y cuidadla.

- No dejareis de ser nunca insolente.

- Son los años y la enfermedad, seguramente, que el respeto no le falta a esta.

- Bien esta, lo que bien parece. Ocuparos de que no falten alimentos ligeros, agua y vino. Y por lo demás no os preocupéis.

Y llegados a la puerta, Bosnia me dejo solo, reptando hacía atrás. Puse mis manos en el pecho, respire hondo de nuevo, dejando que el aire entrara en cada rincón de mi alma. Lo hice tres veces. Baje los brazos y abrí la puerta. Grecia brillaba en la semioscuridad de la sala como un sol. Vestida con sedas blancas de kajira iniciada, en Camisk Turiano (1), guardando la posición Torre. Sus bellísimos pechos al aire, atrevidos, sensuales, me cortaron el aliento. Cerré la puerta tras de mi y el silencio atravesó nuestros sentidos.

Me senté frente a ella en la posición del Loto. Abrí mi túnica y me acomodé. Siete días y siete noches son muchos. Grecia no había aún levantado la cabeza, inmóvil, y su respiración era serena. Le ordené varias posturas para ver lo que le había enseñado Bosnia. Su gracilidad entre posturas era de movimientos lentos y dinámicos, sin ninguna brusquedad, sensuales, hipnóticos. Enamoraba verla, pero, no le dije nada. Y en ningún momento alzó su mirada. Quise, entonces, saber que entendía ella de ser kajira.

- ¿Qué es lo que más amáis?

- Mi Señor, esta solo quiere amaros a vos, que no encuentra otro sentido a su vida desde hace ya muchos lustros. Esta no vino a Gor por simple azar. Vino buscándoos, sabedora de vuestras hazañas y de vuestra sabiduría. Esta ya vino entregada antes de desembarcar. Esta ya os amaba antes de conoceros. Vuestra fama se extiende por todo el mundo y muchas kajiras en la casa de los padres de esta, le hablaron de vos. Solo con eso quería ser vuestra, entregada y sumisa en el amor que esta os profesa.

- No habéis respondido a mi pregunta –la corté-.

- Perdonad a esta que le pueden los nervios y la inquietud –y su respiración empezó a trasformarse en un creciente bombeo-.

- ¿Os sonrojáis?

- Maestro, esta se siente frágil ante vuestra presencia, perdonadla. Y a vuestra pregunta, responderé que solo desea ser usada por vos, pero, aún no sabe como hacer esa entrega, pues, la puede el miedo.

Y acercándome a su oído derecho, sabedor de que tras de mi se hallaba el ventanuco, que es lo que ella podía ver, comencé a hablarla con voz en tono bajo, casi imperceptible, sin rozarla, sin tocarla.

- Escucha –y guarde silencio. Sentí que se estremeció más aún-. Tus cinco sentidos deben de abandonar el mundo conocido, para encontrar el sexto, él que te unirá a mi –se estremeció más todavía, lo que me indicó que estaba perceptiva, cercana, y seguí-. Tus oídos no deben de oír nada más que mi voz. ¿Qué oyes ahora? –El canto de unos pájaros entraba por el ventanuco-.

- Mi Señor, tu voz y unos pájaros jugueteando en el jardín y un rumrum en mi cabeza con el que esta va a enloquecer.

Sin duda, Grecia estaba fuera de si por los nervios, por la inquietud de saberse invadida. Debía de tranquilizarla.

- Escucha –y guarde de nuevo silencio-. Cierra tus ojos y respira profundamente, hasta diez veces –y así lo hizo-. Y note como sus músculos se iban relajando y perdía la tensión. Escucha –y nuevamente guarde silencio al comprobar que al hablar su cuerpo se volvió a crispar-. Hazlo otras diez más –y su cuerpo más se relajó-.

Guarde silencio durante una hora, y cuando sentí que apunto estaba de conciliar el sueño, volví a hablarla.

- Escucha –y se sobresalto al entrar en estado de vigilia, pero, al darse cuenta de que era yo, no se volvió a tensar como la cuerda de un arpa-. ¿Qué oyes?

- Esta oye únicamente tu voz. Los pájaros duermen.

Y los pájaros en el jardín estaban más revoltosos que nunca. Íbamos avanzando.

- ¿Qué siente tu tacto?

Y su piel se erizo como si el frescor del alba la tomase por entera y de improviso.

- Vuestra presencia.

La sensibilidad de Grecia era grande y este hecho facilitaría la posterior entrega. No sabía a ciencia cierta quien de los dos sentía más inquietud. Solo los años me hicieron guardar la compostura.

- ¿Y tu paladar que degusta?

- Un sabor dulce me recorre la lengua, picante a la vez, como miel.

Y colocándome a su espalda la pregunté.

- ¿Abre tus ojos y dime que ves?

Y abriéndolos miro al frente.

- Solo a ti, Maestro, en un vacío inmenso. Y la necesidad que me recorre de abrazarte.

- Tiende tu mano y toma la mía.

Y así lo hizo, pero, tomó el aire. Grecia estaba en trance.

- ¡Qué ni una pizca de aire corra entre nuestros cuerpos!

Y abrazándose a si misma, se estremeció y jadeo de placer.

- Esta os ama, mi Señor. Esta os ama.

(1)El Camisk Turiano es básicamente una "T" invertida, se ata detrás del cuello de la muchacha, se pasa la tela a través de sus piernas y la cruz de la "T" se enrolla alrededor de las caderas, y se sujeta en su sitio con un solo cordón.

“LA ENTREGA DE GRECIA Y ESALINUS”

SEXTA ENTREGA

Ganas tuve de abrazarla y de poseerla. Pero, había que pasar los siete días de iniciación y aún íbamos por el primero. Dura empresa para quienes el deseo era más fuerte que la propia contención. Así que la mande descansar y durmió como un ángel hasta el alba del día siguiente, en la que me sorprendió sirviéndome el desayuno. La sonreí y disfrute de sus atenciones y tras finalizar el disfrute de aquellos manjares, en posición Nudu se instaló frente a mí y así me habló.

- Maestro, el corazón de esta está contrariado, pues, se que ayer te abrace y eso me tiene sobrecogida al pensar que rompimos las normas.

- Fue y no fue, pequeña Grecia. La norma dice que no se debe de tocar ni un pelo de la kajira novicia y esa parte fue cumplida con creces. Más, nuestras almas si que lo hicieron. Entender esto es entender la esencia del verdadero amor. Puedes estar tranquila.

- Esta ha guardado para vos su virginidad. Solo quiere entregárosla. Ese es su deseo. Y no solo la del cuerpo, sino también la del espíritu. Que le sobrecoge al observar como un hombre como vos, que ha podido atravesar la prueba del dolor y de la violencia, aún tenga la ternura intacta.

- Mí querida, niña. Porque hay que aprender a preservar aquello que consideramos valioso de nosotros mismos. Lo malo lo aprendemos y ejercitamos con demasiada facilidad y es precisamente lo que hay que olvidar primero. En la belleza del alma se encuentra el don de la vida.

- ¿Hablareis a esta de su iniciación?

- Escucha –y agachando ella la cabeza, cerró sus ojos y se concentró. Había asimilado muy bien lo hasta ahora aprehendido.

- Mi Señor, esta solo os escucha ya a vos, que sus cinco sentidos han dado lugar al sexto y siento nuestros corazones entrelazados por un hilo fuerte y finísimo.

Y haciendo un juego de manos, le acaricié el rostro de su alma y lo tome entre mis brazos. Y ella así lo vio y se entregó. Y continué.

- Mucho se habla de la sumisión y el dominio. Pero, todo mal interpretado y entremezclado, que a quien no sabe o no siente, poco se le puede pedir. La esencia misma de ambas cosas se encuentra en el Amor, porque de esta misma esencia parte su concepto. El Amor solo entiende de dar y nada de recibir, y el que solo mira dar con el Amor por delante, que no ven otra cosa sus ojos, domina y a la vez es sumiso, porque cuando dos se encuentran enamorados, el dar-dar se trasforma a su vez en recibir. La entrega del amor es lo que conlleva. Pero, el mundo goreano solo entiende de querer y la esencia de este es solo de recibir o de dar en la misma medida que se recibe y a su vez es posesivo.

- Mi señor, esta solo encuentra paz al estar con vos. Que ya he olvidado su propia existencia y solo siente a través de vuestros sentidos, pues, es el deseo de esta, únicamente, complaceros y que hagáis con ella lo que os venga en gana, que su entrega es total y no siente otro deseo. Y cuando me toméis, lo podréis hacer sin límite.

Y sus palabras retorcieron mis sentidos. Y di un giro a la conversación.

- La libertad del hombre se encuentra en el Amor. Y para conquistarla, muchas veces hay que ir a la guerra. He matado a cientos de hombres en cientos de batallas por este concepto, dándome cuenta de que entre los hombres de mis propias filas, se encontraban también los enemigos. Dominio y sumisión no son violencia y humillación. Eso no puede partir del Amor, sino del odio y de la sin razón. Por eso me hice médico, no solo para curar cuerpos, sino también almas. Gor esta infecta y por eso abusan de normas y de formulas. Para poder ratificar con todas ellas lo que antes te decía. Si amas, hay armonía y nada de todo ello es necesario. Si amas y entregas tu corazón, todo ello sobra. Pero, ¿y si no amas, si no sabes lo que es dar y solo quieres tomar y recibir? Entonces surge la esclavitud sangrienta, violenta, colérica. Y esa es la que domina a la gran mayoría de los goreanos, libres o esclavos. Y surgen las luchas de poder por el poder. En el amor solo existe el poder de este, que es el más grande de todos, porque nada pide y todo lo entrega.

Y guarde silencio. Y note como el corazón de Grecia me invadía. Brillante alumna, y me hablo desde la mente y me sobrecogió. Insistía.

- Mi señor, se que me oís. Os hablo con mi corazón y desde el amor que os siento. Mi entrega es total y solo quiero consumar nuestro amor. Mi alma arde de deseos, impaciente, infantil e insensata. Que solo sueño con fundirme en vos y ser uno solo.

- Has olvidado las formulas de la sumisión y de ello me alegro –la hable desde mi alma-. No sirven para la entrega si esta de verdad no existe. Y solo son un artificio de lo que no hay. ¿Cuántos hombres de fe hablan de ella sin tenerla? Simples formulas sin corazón. Pero, si en la formula se encuentra el amor, estas se hacen y conforman con agrado. Que a amar también se aprende. Y también es mi deseo, mi entrega, amaros y fundirme en vos. Os amo. Pero, debéis de perdonar a este viejo corazón tanto tiempo escondido en la oscuridad de si mismo. Mi entrega a de ser dolorosa, pues abrir lo mucho tiempo cerrado, lleva su tiempo y su dolor. Que la inquietud baila con la sorpresa de haberos encontrado, y, al igual que vos me buscasteis, os he encontrado.

Y se besaron ambos corazones.

“LA FUSIÓN DEL AMOR”

SÉPTIMA ENTREGA

Minutos faltaban para que finalizaran los siete días con sus respectivas noches. Nuestras almas entregadas, amándose en la mayor de las ternuras, flotaban ingrávidas en la sala. Toda sumisión y todo dominio. Magnetizados por la fuerza del amor que llevaba las riendas de nuestros corazones, sin oponer resistencia, sin pretensión alguna, más que la de ofrecer el uno al otro todo lo que deseaba. Dar y dar y dar, sin pedir nada a cambio. La verdadera esencia de Gor que todo lo trasciende. La autentica armonía de Gor que todo lo trasmuta. El odio se disuelve, la violencia y la humillación toman nuevas formas y la cólera se convierte en alegría y ganas de vivir intensamente. Y así hable a Grecia.

- La clepsidra marca el fin de tu iniciación, que ha sido la de ambos. Mi corazón rebosa felicidad y confianza. Mi entrega es total y solo espero, que la última gota de agua caiga por su boca indicando el fin. Mi deseo es grande, fundirme en cuerpo y alma y darte todo aquello que mi corazón clama, para mi felicidad, para satisfacer tus deseos, que son los míos. Y en esa reciprocidad, seremos uno.

Y el tiempo finalizó con las palabras de Grecia, que llenaron de dicha mi corazón.

- Mi Señor, mi amor, estréchame contra tu pecho, acaricia mi espalda con tus manos, retírame el cabello y suavemente, bésame en los labios. Deja que mi cabeza descanse en tu hombro, permite que comparta tu silencio, déjame entrar en ti y bésame despacio. ¡Qué profunda es la vida! ¡Qué sorprendente! Repite, amor, únicamente dos palabras muy cerca de mi oído y trasládame con tu olor a ese otro mundo que sólo tú puedes ofrecerme.

Y entre lágrimas, la tomé entre mis brazos y aquello que sentimos poco se puede expresar con palabras, pues, su grandiosidad fue tal que nos acunamos en el mismísimo núcleo de la vida. Y ambos corazones se abrazaron, alma con alma y cuerpo con cuerpo. Y al sentir su piel suave, su calor, su olor y sus caricias, un profundo suspiro salió de mi boca y con él todos los males que me habían estado atormentando tantos años.

Lo que ocurrió a continuación solo para nosotros existió, que no he de narrarlo. Que cada cual imagine lo que quiera y como le venga en gana, pues, la intimidad del momento fue grande, como grande fue toda aquella noche, donde el placer se trasformo en un orgasmo sin fin, henchidos de amor, de entrega y de deseo. Solo diré, que su desfloración, fue tierna como la de una flor, cuando la abeja liba por primera vez de ella. La ame como nunca creí que sería capaz de hacerlo, y esa forma continua creciendo ahora, a cada momento, cada día que pasa.

Y a la mañana del octavo día, tras el profundo sueño que produce la culminación, me despertaron los golpes de Akilina y su voz tras la hermética puerta de madera.

- ¡Mi Señor, acudid raudo! ¡Bosnia ha enfermado!

Mi corazón se sobresalto. La inquietud, el miedo y el dolor de aquellas palabras, hicieron que corriese raudo.

- ¿Qué ocurre? –Pregunte tras abrir la puerta.

- ¡Bosnia esta muy débil y reclama vuestra presencia! –Concluyó Akilina sumisa de rodillas.

Y como una exhalación corrí hacía sus estancias. Entre cojines cosidos con hilo de oro y plata se encontraba el cuerpo exhausto de Bosnia, que al verme me tendió la mano. La tomé, medí su pulso y vi que este estaba débil. Su rostro pálido, sus ojos vivos y entristecidos.

- Mucho ha sido el esfuerzo y mucho el desgaste de esta porque todo saliera bien. Ahora mi cuerpo ya esta demasiado cansado para seguir en este mundo. Ámala, como me amasteis a mí y la felicidad arderá con llama eterna en esta casa. Olvidad vuestras penas y dolores. Y no os enfrentéis a los poderosos de Gor. Hacer vuestra vida según marcan las normas. Lo contrario solo os traerá problemas.

Y mis ojos se llenaron de lágrimas amargas y la tristeza y el luto entraron en mí como un vendaval de aire frío.

- Os he amado como nadie en este mundo. Espero que los momentos felices sean únicamente los que llenen vuestra memoria al recordarme. Os amo, mi Señor.

Y Bosnia expiro su último aliento de vida. Sujeta a ella por mi mano, la abandonó. Y parte de mi alma se fue con ella. A mi lado, llorando también, Akilina y Grecia. Le procure a Bosnia el mejor de los entierros. Nadie entendía como un Maestro podía dar tal grandiosidad a la ceremonia fúnebre de una kajira. Me salte todas las reglas. Y esa no me la perdonaron como en otras ocasiones. Y me amonestaron y echaron en cara mi actitud. Y muerta Bosnia, Grecia ocupó su lugar en la casa. Mi amor hacía ella crecía ahora como un recién nacido, cada día que pasaba, cada hora, cada minuto. Insaciables de amarnos y de sentirnos el uno al otro, sin palabras, sin artificios. Tanto el uno como el otro éramos dominadores y sumisos de nosotros mismos. La entrega era total. Y así se lo hice entender y ver a todo el mundo. Mi kajira era mi kajira por su propia voluntad, por amor, su libertad residía en ello y mi dominio en ella. Y así nos lucíamos y nos veían los demás. Y llego el día, que los demás señores de Gor quisieron poner el punto y final a aquella continua trasgresión de las normas. A mi continua palabrería que cada vez tomaba más adeptos.

“EL ÚLTIMO DÍA DE GRECIA Y ESALINUS O EL AMOR INFINITO”

Encontré estas siete entregas en casa de mi amigo Esalinus. Y vi de darles continuación y fin siguiendo las pautas que él me había trasmitido en sus enseñanzas. Y si bien solo vi su muerte, puedo imaginar en mi corazón como se desarrollaron los acontecimientos, en parte porque fui testigo de estos y por otro lado, porque estoy convencido de que mi imaginación no puede engañarme. Tuvo que ser así y no de otra manera. Solo él podía y era capaz de comportarse como lo hizo, con la valentía y el arrojo del mejor de todos los goreanos conocidos.

- No salga, mi Señor. Te matarán y no podré vivir sin ti.

- No puedo vivir escondiéndome toda la vida. Soy un hombre y así es la justicia de la injusticia. ¡Déjame ir!

- Entonces ordenad a esta que salga y muera contigo.

- No puedo pedirte eso. Te amo demasiado.

- ¡Entonces, liberarme en este mismo instante!

Y entre lágrimas la liberó.

- Eres libre.

- Ahora, si iré contigo libremente. ¿Qué ha cambiado?

Y se miraron y sonrieron entre lágrimas. El amor lideraba toda iniciativa. Y ambos, cogidos de la mano, abrieron la puerta y cruzaron su umbral. El sol estaba poniéndose, y fuera pudieron ver el brillo de las puntas de las flechas que apuntaban a sus ojos. Grecia llevaba ropas de mujer libre, velos de cien colores que ondeaban al viento y la capa negra con la que desembarco en Gor. Y Esalinus, ropa de kajiro, envuelto en los velos blancos de los iniciados. Y sin dudarlo comenzaron su caminar en dirección al fin. Radiantes, pletóricos, llenos de amor y de orgullo.

- ¡Esalinus! –Le gritó el gran sacerdote- ¿Quieres seguir pecando y haciendo de menos a tus hermanos? ¡Rectifica o encontrareis ambos la muerte! ¡Es tu última oportunidad!

- ¿Vosotros sois mis hermanos? ¡No me pedisteis que rectificara mientras sanaba a vuestros hijos, a vuestras mujeres y a vuestras kajirae! ¡Ni siquiera cuando os sanaba a vosotros después de la batalla! ¿Y ahora venís a mi casa a pedirme que concluya y rectifique? ¡Vivís una farsa, porque ninguno de vosotros sabéis lo que es el Amor ni mucho menos amar! Y venís y me llamáis hermano. No lo soy. Ese es mi derecho a elegir, igual que el de ella, que ya es una mujer libre. Y hemos elegido concluir vuestra farsa. Gor se levantará sobre sus propias piedras y os hundirá con ellas. Sois ciegos por normas y reglas. Y sabed que con nuestra muerte, elegida en derecho, vosotros y vuestras ruinosas leyes, morirán con nosotros.

- ¡Arqueros, matadlos, que en la guerra y que en su sangre, venga la paz!

Allí donde se pone el sol, pusieron fin a sus vidas. Y el rojo de su sangre cuando yacían muertos, atravesados por cien flechas, y el verde de la yerba mojada y el blanco de las flores del almendro sobre ellos, han dado forma a los colores de la bandera que liberará al mundo de la esclavitud, liderada por este humilde siervo que ahora os escribe, Teseus. He querido contaros el final de esta historia, su historia, para que sepáis que es el Amor quien verdaderamente nos domina a todos.

FIN.

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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

johnny-salomon dijo

Sé que es un poco larga esta historia. Pero, creo que merece la pena dedicar un poco de tiempo en leer estos veinte folios que la componen. Espero que os guste. Saludos a todos.

vegalonso dijo

Juan:
He leído la historia entera y me ha gustado no solo por lo que en ella se dice sino también por cómo se dice.
Un abrazo

johnny-salomon dijo

Hola, Vegalonso. Gracias por tus palabras. Ya sabes que existen mil formas de decir hasta las cosas más duras. Un abrazo.

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SIEMPRE AMANECE

Un pensamiento proyectado en el papel tiene su instante, su minuto. Al segundo siguiente todo ha cambiado. Me desdibujé y me volví a dibujar en otra nueva palabra. Y entre palabras me voy construyendo en un laberinto que tiene entrada y salida. Esa salida que no tiene continuación en este mismo mundo y que se recrea por brillar con luz propia.

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