08 Abr 2014

Muertes absurdas (2)

Escrito por: johnny-salomon el 08 Abr 2014 - URL Permanente

Cuando llegue a casa me esperaba en la puerta Rintintín, el leal perro de mi mujer, y del que me ocupé desde que entré en su vida, pues ella pasaba olímpicamente del animal. Largos paseos diarios, darle de comer, llevarle al veterinario, y ese largo etcétera que conoce todo aquel que tiene una mascota. No me gusta este término: mascota. No se muy bien de dónde viene y ni siquiera su etimología. Y me da a entender, más que menos, que lo que tengo es un juguete para mis momentos de ocio, aunque, como suele ocurrir, suele ser al final un masquecoñazo para muchos, más que mascota. Prefiero animal de compañía, amigo, confidente…, porque los perros son quienes mejor guardan los secretos, no te dejan solo, ni te abandonan…

Y bien, cuando llegue estaba el animal en pleno ataque de “tío, me meo, me cago, tengo hambre y quiero salir a la calle”. Ya le conozco, y en tales ocasiones mezcla sus meneos de rabo, son jadeos, aullidos y lloriqueos de todo tipo. Y en esos momentos me encuentro que no sé por donde empezar. Por comodidad comienzo por darle de comer, aunque, claro, sé que para él no debe de ser cómodo comer, mientras tiene otras necesidades que le acucian. Pero, me ahorro bajarle dos veces.

Rintintín es inteligente, medio persona. Come y deja algo siempre para cuando volvemos a casa, pero ya aliviado y sin esa necesidad de volver a bajar de inmediato. Así que le puse su pienso, su agua fresca, y mientras el comía, me prepare algo fresco de beber. Y fue entonces cuando me encontré la nota de mi mujer: “Ocúpate de Rintintín, que no he tenido tiempo en todo el día”. No hacía falta que me lo dijera. Y antes incluso de terminar la nota, ya le tenía, correa en la boca, pidiéndome bajar. Ni siquiera había tomado la mitad del pienso.

- ¡Bien, vamos! –le dije-.

Y tomé la correa. Abrí la puerta y llamé al ascensor. Rintintín estaba que se salía en su locura. En el pequeño habitáculo conseguí fijarle la correa al collar. Con esto comenzaba la pelea. Cuando se abriera la puerta saldría disparado tirando de mí. Y un perro de cincuenta kilos tira y mucho. Había ocasiones que volvía con dolor de espalda, aunque por lo general le llevaba a un pequeño parque a cinco minutos de casa, para allí soltarlo y que ándase a sus anchas. Mejor para él, mejor para mí. Pero, hasta entonces, tira y afloja.

La salida a la calle, donde vivo, tiene un pequeño jardín con seto, circundado por una vaya metálica, con una puerta que tengo que abrir y luego cerrar. No deja de ser peligrosa en muchos aspectos, entre otros, porque esta llena de postes de hierro, antiguos, oxidados, que no solo han perdido su belleza inicial, sino hasta su funcionalidad. Algunos puntiagudos, otros romos, por lo que hay que tener sumo cuidado para no pincharse o cortarse. Y esa parte, con un perro tirando de ti, pues sabe que no puede hacer sus necesidades allí, es bastante peligrosa.

Y hoy, como la mayoría de los días, pasé esa parte victorioso. Y Rintintín, venga a tirar, me llevo a su árbol preferido para empezar, pegado al borde de la acera de la calle, en un tramo donde los coches, incluidos autobuses, pasan lamiéndola a toda velocidad. Cuando terminó, saque la bolsa de mi bolsillo para recoger sus excrementos. En esa parte le doy al árbol una vuelta con su correa para que no tire de mí, asumo el riesgo, pues ya en alguna ocasión me ha tirado al suelo.

Y salimos disparados al siguiente árbol, camino del parque. Estoy cansado, con ganas de volver a casa, pero como en tantas ocasiones me dejo llevar. Cuando observa que no opongo resistencia y no digo palabra, ya sabe su destino, y la alegría le puede y comienza a dar vueltas saltando alrededor mío, lo que me obliga a seguirle en su baile para que no me enrosque la correa. Mi propósito es que la vuelta sea apacible, y para que eso ocurra se tiene que cansar. Le tengo que tirar un palo de veinte a treinta veces. Y no es la primera vez que me disloco el hombro.

No me gustaría que pensarais que todo esto lo hago de mala gana. En realidad amo a Rintintín. Me lo paso con él genial, aunque es evidente, que esto esta sujeto a mi estado de ánimo diario, que procuro eliminar de mi cabeza una vez que piso la calle. El animal no tiene la culpa de mi día. Y surge el momento cuando me lleva prácticamente arrastras, que es en los últimos veinticinco metros a la entrada del recinto. Prácticamente voy tumbado, echado hacía atrás, sopesando su fuerza con mi peso, y dando zancadas prodigiosas.

Tiro del mosquetón y sale como una bala. Directo al pequeño estanque. Es perro de aguas. Es el momento de fumarme un pitillo tranquilo mientras le observo. Hasta que se cansa y viene hacía mí ladrando. Es la hora del palo. Busco uno entre la yerba. Ha habido suerte. Fuerte, sólido, de los que aguantaran su mordida. Hay veces que me canso de buscarle el adecuado mientras los va destrozando. Se lo tiro bien lejos. Tiene que correr y secarse del chapuzón. Para ello es incuestionable que tengo que arrojarlo con fuerza y los movimientos precisos. Parezco un lanzador de jabalina.

Y ahí ocurrió todo. Lo imprevisto, lo absurdo. En una de los lanzamientos, después de perseguirle, como siempre, jugando, para que le devolviera el palo, tomó impulso, carrerilla, y por el azar del destino, en el último momento, piso una mierda de perro, que algún desalmado dejó sin recoger, resbalando y cayendo, con tan mala fortuna que el palo quedó en suspenso en el suelo, de pie, justo en el instante que su cabeza tomaba tierra. Éste se introdujo por su ojo derecho en un golpe seco, penetrando hasta el fondo de su cráneo, y allí se quedó tumbado, inmóvil, muerto al instante, mientras Rintintín le ladraba babeante con su enorme lengua de un lado a otro. El animal comenzó a llorar, se le acercó, olisqueó y lamió su sangre que ya teñía de rojo la verde yerba.

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02 Abr 2014

Aquí

Escrito por: johnny-salomon el 02 Abr 2014 - URL Permanente

El tiempo es una abstracción, inexistente por relativo. Un mero concepto que se utiliza en formulas matemáticas, para desgranar en periodos nuestra existencia. Todos lo utilizamos. Todos hablamos de él. Ayer, hoy y mañana. Pasado, presente y futuro. Concepto del ahora, que nunca es, porque cuando lo pensamos deja de ser, para ser antes. O porque simplemente pensamos en el después.

Termino físico con el que medimos el trascurrir entre dos acontecimientos. Tiempo y memoria. Todo mental. Nada tangible. Abstractos hasta la medula. Cambiantes según ocasión y modo. Tergiversación de realidades producidas o imaginadas en pasados y futuros inexistentes. Solo vivimos un tiempo cero, continuo, al que estamos anclados en nuestro continuo trascurrir.

Y este termino, trascurrir, me alegra más los sentidos. Pero trascurrimos en lo único que apreciamos real: el espacio. Lo realmente importante pues, es el aquí. El dónde. Y el modo en que trascurrimos en él: el cómo. El cuándo es lo mismo. Y lo peor, es que le damos tanta importancia que vivimos prisioneros en su cárcel. Vivimos encarcelados en pasados andados y en futuros, que son castillos en el aire. Solo imaginamos, recreamos, inventamos.

Tengo un reloj biológico insustituible, glorioso, que me dice cuando tengo ganas de comer, cuando de orinar o cuando de dormir. Este cuándo si me agrada, pero nos quieren mantener a su margen, alterándonoslo continuamente. Así de este modo, trabajo cuando tendría que estar durmiendo, como cuando debía de estar cagando, y sustituyo mis apetitos elementales con mi imaginación, porque no tengo “tiempo” para dedicarle a ellos.

Por otro lado vivo angustiado recreando pasados traumáticos, e imaginando futuros hostiles. Y se crea un sin vivir temporal. Por ello la inutilidad del tiempo. ¿Para qué sirve éste? Únicamente para amargarnos la vida. Observarlo. Y ahora erradicarlo de vuestra vida. Que solo sirva para saber que a las cinco tengo una cita y poderme coordinar con los demás. Que me sirva para dormir cuando me dice que duerma,…

Y mientras, vivamos el aquí, el espacio, el entorno. Estoy escribiendo. Levanto la vista y miro a mí alrededor. Veo a mis gatos durmiendo placidamente. Ninguno lleva reloj en su muñeca. Observo como la luz entra por la ventana y da tonos maravillosos sobre los objetos. La solidez de lo que me rodea. No es ninguna abstracción, aunque lo este interpretando con mis cinco sentidos y su imprecisión, en lo que llaman el Todo mental. Pero es lo único real y verdadero que tengo: el aquí.

He suprimido el tiempo de mi vida en este espacio que me circunda y sorprendentemente he retirado de mi vida una constante que me producía continua ansiedad por uno y otro motivo. Puedo tomar conciencia hasta de mi mismo en este espacio que he adornado o han adornado otros para que me resulte más gratificante. De esto ya habla el Taoísmo. De hacerme agradable el entorno donde trascurro con mi reloj biológico, procurando hacer aquello que más me agrada.

La energía, trasformada en materia una vez que ha sido tamizada por el Bosón de Higgs, no entiende de tiempo. Es un concepto humano. Un invento perturbador que nos ha atado a un estado de conciencia preocupante. Lo hemos inventado incluyendo hasta como medirlo. Nos obsesiona y nos lleva obsesionando toda nuestra historia. Imaginemos, pues, un presente y un futuro sin tiempo. Difícil, pero no imposible.

Vuelvo a observar a mis gatos. Y el tiempo se para, dejar de correr y por ello de existir. El espacio puede con el tiempo. Se encuentra por encima de él, lo borra, lo aniquila, lo deja sin poder. Y es entonces cuando me invade una paz interior sin precedentes. Paz que se interrumpe cuando de nuevo pongo el reloj en marcha, cuando pienso en el tiempo. Y es cuando descubro que es solo eso, un pensamiento, del cual poseo su interruptor. Lo enciendo y apago a mi antojo.

Aquí, aquí, aquí.

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16 Feb 2014

¡Adiós, Felicidad!

Escrito por: johnny-salomon el 16 Feb 2014 - URL Permanente

No sé cuando ocurrió con exactitud. En que mañana o tarde o noche. Si hacia frío o calor. Si hacia viento o brisa, o nada. Pero, ya poco importa. Fuese cuando fuera no arreglará la pérdida. El caso es que se desvaneció como la bruma de la noche, a hurtadillas. Tal vez, algún ladrón vino a robarla. Tampoco sé a ciencia cierta si marchó de golpe o de forma gradual. Una ligera intuición me dice lo segundo, como si hubiera sido una agonía dilatada en el tiempo.

Lo estúpido, por llamarlo de alguna manera, es el hecho de no darme cuenta hasta hoy, pensando, encabezonado, que podría solucionar los conflictos. Hoy he abierto los ojos y me he dado cuenta, porque ha llegado el tiempo de llamar a las cosas por su nombre, de que no soy feliz. La Felicidad se fue, se marcho, y me ha dejado solo, sin la calma y la tranquilidad requeridas, para contemplar la vida, y para poder sentir, eso que llamamos, amor para vivir.

Porque cuando mucha tristeza se acumula, cuando llegamos al límite de nuestras posibilidades y paciencias, nuestra mente la transforma en mal humor, rabia, odio, y nos deja a un paso de la violencia. Porque la tristeza cansa, y la metamorfoseamos en un cabreo que surge a la vez que la lágrima. Y no somos capaces de decir: has hecho esto y me ha entristecido profundamente. No. Decimos, al borde de la locura: ¡Estoy hasta los cojones, y no aguanto más! O tal vez lo dijimos y ya ni lo recordamos.

Y como hoy he sido consciente de mi gran y valiosa pérdida, y no he podido despedirme como corresponde, desde aquí, desde estas líneas, quiero decirla: ¡Adiós, Felicidad! Y hoy, también, como tantas y tantas veces, como en tantos otros ciclos, lanzo al cielo, ahora en un susurro, mañana en un grito afónico: No te vayas muy lejos. Espérame, que salgo a buscarte. Aunque se sienta cansada de mis menosprecios, aunque la sienta abrumada por mi ingratitud.

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27 Ene 2014

Muertes absurdas (1)

Escrito por: johnny-salomon el 27 Ene 2014 - URL Permanente

Hay ocasiones en la que no soy consciente de mis procesos mentales, para llegar a tal o cual conclusión. Me da rabia. Es como si me dejara llevar como un borrego a no se sabe donde, y que cuando llego, ¡sorpresa! Sinceramente, no me gusta. Sobre todo cuando te lleva al matadero. A esta sensación le busque solución hace tiempo. El funcionamiento del subconsciente se puede hacer consciente, por el simple hecho de poner atención a aquello que dice. Es como si hubiera una línea y tuviera que pasar los pensamientos de un lado a otro de ésta.

Pero, este no es el motivo de mi escrito. Tal vez sea una simple explicación, o más bien, nada. Quizás sea eso, transportar ideas y pensamientos de un lado a otro. Uno más a añadir a la infinita lista, donde la gran mayoría va al baúl del olvido, porque no creo que el de los recuerdos pueda guardar todo aquello que fluye en nuestras cabezas. No tenemos tanto disco duro.

El caso, y ya me centro en la historia, es que llevaba no se cuanto tiempo sin darme un baño relajante, por la sencilla razón de que no tengo bañera. Un plato de ducha es lo más. Y llevo años de esta forma. Lo máximo, duchas largas, de pie en el plato. Pero, esto ni es relajante ni siquiera se lo parece. Con el tiempo me fui apañando soluciones más cómodas, como introducir una silla en el plato, para al menos permanecer sentado. Es evidente que la madera se estropeó y me compre un taburete de baño, de esos de plástico donde casi ni te cabe el culo. Aquello fue una tortura.

Así que busque una solución más definitiva. ¿Por qué no una hamaca a ambos lados del plato de la ducha, donde poderme recostar, aunque las piernas me quedaran fuera? Y así hice. Compre lo necesario para ello y me puse manos a la obra. Los tacos de fijación a la pared eran de los que se abren cuando los enroscas y ya no hay manera de que se suelten. Tenían que aguantar mi peso. Unos mosquetones fuertes y una hamaca de nylon, en previsión de que no se estropease de tanta agua.

Los baldosines del baño son como el vidrio. Se quiebran con nada. Y así ocurrió cuando hice el primer agujero, a pesar de que lo hice con sumo cuidado, empleando incluso un pequeño punzón para iniciar el agujero y luego meter la taladradora con la broca asignada. Y quebró. No pasaba nada. Sólo que era antiestético. Pero, a estas alturas, ya poco importaba eso. Quería resultados, y los obtuve. Ahora podía darme una larga ducha tumbado, mientras me caía el agua a mansalva y podía relajarme. La postura no era del todo gratificante, pero sólo era cuestión de acostumbrarse.

Y hasta aquí llega la historia de nuestro protagonista, que no pudo continuar, pues, por razones más o menos explicables, una de las paredes del baño no resistió su peso, y se le vino encima, cuando en una de sus largas duchas más relajado se encontraba. Ni siquiera se percato del primer crujido. Y fue tan rápido, que cuando quiso darse cuenta, ya se encontraba bajo una tonelada de escombro, causándole la muerte el terrible golpe que se propinó en la cabeza al pegar contra el plato de ducha. Sin duda, un mal golpe. Sin duda, tuvo una mala idea. Sin duda, tuvo una muerte absurda.

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19 Jul 2013

El descanso del guerrero y la estrategia de la felicidad

Escrito por: johnny-salomon el 19 Jul 2013 - URL Permanente

El guerrero descansa después de la batalla, recuperando fuerzas para la siguiente, que sabe próxima. Es una duerme vela, en guardia, preparado. Porque si hubo victoria, puede que a la siguiente exista una derrota. Ha habido cientos y no será la última, y en ninguna de ellas ha sido destruido.

El brujo dibuja la estrategia. El salute sana y cura. Y no es que haya tiempo para todo, que lo hay, sino que para amar, es todo el tiempo, porque se ha de amar siempre. Pero, por algo hay que empezar. Amar, salud, guerra y paz... En el tiempo de vida se entremezclan como un todo. Nada es seguro, que todo es incertidumbre. Y quien piense lo contrario vive equivocado.

Porque ayer levanté risueño y así pretendí que trascendiera el día, y me acosté llorando, sin pretensión alguna. Y hoy, ya en la tarde, con el estomago satisfecho por una comida gloriosa, cualquier propósito me resulta vacío. ¿Para qué, pues, mirar más allá del ahora? Sencillo: para ir proyectando aquello que amamos, aunque hay quien sólo proyecta odio.

La vida es ese tablero donde vamos moviendo fichas. La estrategia de la felicidad está en él, y la victoria y la derrota. Y el guerrero lo sabe y se prepara para el siguiente movimiento.

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03 Abr 2013

Pequeños detalles

Escrito por: johnny-salomon el 03 Abr 2013 - URL Permanente

Explicarte lo que siento cuando intentas calmarme es elevarme al cielo. Al cielo de tus ojos llenos de amor y de ternura, cuando me salvas de esas tormentas que me azuzan y me descolocan, con tal precisión, que hay veces que se agolpan las lágrimas y quisiera llorar en tu amado pecho. Y me enternece amarte, y en el beso toda la negritud de mi corazón se disipa.

Explicarte lo que siento cuando me acaricias, en tu abrazo de apoyo, en tu cálido calor de amante compañera, es planear por un cielo calmo y soleado. Y lo acepto con total entrega, en plenitud, amándote con cada átomo de mi humilde ser, disfrutando de ti, saboreando el instante, proyectándome en lo que me ofreces y desechando aquello que no soy y que a veces me atormenta.

Y a veces te preguntas por qué te amo. No es que lo dudes, es que te subestimas. Que la maravilla y la belleza crecen contigo y ni siquiera lo sabes, ignorando que la vida está ahí y se te ofrece llena, que nada hay vacío a tu paso, que en tu caminar la vida se inclina hacía ti para besarte. ¡Alma de Cristal, qué no hay que intentar ser como se es, porque ya eres sin propósito alguno!

Sólo me apena, porque soy un hombre apenado, que en la inmensidad de tus ojos tenga que ver el consuelo, y no poderte dar esa alegría y esa felicidad que te mereces. Me entristece verme así por tantas y tantas cosas, y no darte siempre esa sonrisa que se merece tu alma. Pero, hasta en ello, mi amor, estoy cambiando. Y tiendo a mejorar para mejorar todos.

Y al final, he sido capaz de explicártelo, o eso creo, y he sentido la gloria de sentirte, y no dar por alto los pequeños y maravillosos detalles, que siempre nos acompañan.

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02 Abr 2013

El caracol

Escrito por: johnny-salomon el 02 Abr 2013 - URL Permanente

Sentirse como el caracol tras días de incesante lluvia. Agazapado en la sombra, esperando que el Sol arrancara entre las nubes, y la luz tomase la dimensión requerida después de la oscuridad. Y así fue. Y brilló el Sol y las nubes se fueron disipando, alargando, y pudo asomar su minúscula cabeza de nuevo al mundo.

Y tras arrastrarse babeante un buen trecho de aquel muro vertical, la luz y el calor le dieron de pleno, aunque quedase por un instante deslumbrado. Y lo que vio no le gusto nada. Otros en ascensión lenta ya habían llenado de baba mil recorridos a ninguna parte. Baba seca que brillaba en iridiscencias de colores. Y oyó voces y gritos. E insultos y violencia. Vida y muerte se entretejían en aquel muro de caracoles cabreados por abrirse camino a ninguna parte.

Y sintió pavor y hastío, y soltándose del muro, voló y cayó sobre un manto de yerba y yedra húmedas, y adentrándose en ellas encontró un lugar confortable donde embutirse de nuevo en si mismo, y pensó: Hoy no es un buen día para engañarme de nuevo y enfrentarme a las mentiras de siempre. Y relajándose, durmió un profundo sueño. Sueño de muerte, cansado de arrastrarse en su triste condición de caracol hambriento.

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22 Mar 2013

Palabras sin rima

Escrito por: johnny-salomon el 22 Mar 2013 - URL Permanente

Nuevo libro, recopilación de pequeñas reflexiones, que en su edición impresa consta de cien ejemplares, todos ellos númerados y firmados por mi. Ya están dando la vuelta al mundo. Partidario de la Cultura Libre el libro es gratis. Y dado el pequeño número que me he podido permitir, es mi deseo que llegue al mayor número de lectores posible. Por este motivo también lo he publicado en formato epub y aquí os pongo el enlace para que os lo podais descargar:


Palabras sin rima en pdf.
Palabras sin rima en epub.

Y aquí os dejo la cubierta del libro:

Que lo disfruteis. Besos y abrazos.

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11 Mar 2013

Carta abierta a María Jesus Vegas Torres, magistrada de la sala decima del TSJM

Escrito por: johnny-salomon el 11 Mar 2013 - URL Permanente

Antes de nada, quiero exponer mi desacuerdo con el título del artículo de Javier Barroso en el diario El País, por motivos obvios. En segundo lugar que a su debido tiempo renuncie notarialmente con la madre de mi hijo, Esther Rincón, a cualquiera indemnización, por lo que queda claro que cualquier cosa que diga o haga no tiene fundamento económico, y que sólo persigo la utópica Justicia. Y a continuación paso a la carta abierta a la magistrada María Jesús Vegas Torres.

Muy desestimada señora Vegas Torres:
Permitame presentarme previamente, pues estoy seguro que desconoce quien soy. Mi nombre es Juan Calleja, padre de Juan Calleja Rincón, con lo que entiendo es suficiente para que usted me ubique.

El motivo de esta es claro: no estoy para nada conforme con su sentencia. No sólo es injusta por obviar y mal interpretar lo que ya hay, sino además por estar poco informada. Supuestamente, como cualquier juez, se ciñe a pruebas presentadas, y evidentemente sin moverse de su mesa de despacho, entre otros motivos porque no da a basto, dada la saturación que se padece en este nuestro país por razones claras y precisas. Y me explico.

Usted hace caso omiso de todo lo presentado por la acusación particular, y se ciñe al peritaje de la compañía de seguros (de la que me guardo el nombre), que protege los intereses de la Comunidad de Madrid. Me gustaría saber por qué, ya que no lo explica en sentencia, porque con ello parece más que salvaguarda los intereses de la Administración, que los de los particulares, al no dar importancia a sus pruebas.

Dice ceñirse a lo que expone la Guardia Civil, pero discúlpeme, usted lo mal interpreta y tergiversa. En ningún momento en su atestado la Guardia Civil hace mención a la velocidad que iba mi hijo y sólo indica lo que ya bien sabemos: "Velocidad "inadecuada" para el trazado curvo de la vía". Inadecuada no es lo mismo que excesiva, y sino mire usted el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Excesiva lo dice usted y el perito de la compañía de seguros. Inadecuada deja el campo abierto a que como el trazado curvo esta mal, peralte cambiado entre otros, cualquier velocidad es imprudente, o adivine cuál es la prudente. Porque esa curva el día del accidente estaba señalizada a 100 km/hora, y días después la rebajaron a 80. ¿Por qué sería?

La Guardia Civil se encuentra maniatada, porque lo que se supone un servicio a la ciudadanía, se reduce en un servicio al Estado, que amenaza, expedienta y expulsa, como es sabido por todos. Menos por usted. Y con ello se encuentran con las manos atadas y sin poder pronunciarse con la verdad por delante, dejando caer pequeñas sutilezas, que una magistrada como usted mal interpreta y tergiversa, o es incapaz de encontrar.

Cuando la velocidad en un accidente es una de las causas por lo que se produce, y usted habrá visto muchos atestados de la Guardia Civil, este lo indica, incluyendo la velocidad si esta ha propasado los limites. Y entonces se expone claramente que es exceso de velocidad. Mi hijo iba a menos de 85 km/hora en una curva que marcaba a cien. Pero, claro, eso parece ser que no exime al conductor, pues como conductor no debemos de confiar en la señalización de las carreteras que hace la DGT, porque no son ciertas, ¿no? Es decir, que cuando salimos por carretera debemos de imaginar que vamos por el desierto, sin señales, sin lineas, sin letreros y hasta sin carretera, porque somos aventureros del París-Dakar. Pues, mire, no es así. ¿Y sabe usted por qué? Porque parte de mis impuestos van para que esas carreteras estén en buenas condiciones y poder confiar y fiarme de ellas. Pero, mi dinero, parece ser, va a otros lados.

Sabrá lo que es la fuerza centrípeta. Si mi hijo hubiera ido a los 130 km/hora que indica el peritaje de la compañía de seguros, dada la curva y sus características, se hubiera estampado contra el quitamiedos de la derecha, dado que la curva era a la izquierda, y no le hubiera dado tiempo a rectificar a esa velocidad si aplicamos las leyes de Newton. Pero, no fue así, si no que se salió por la izquierda, que no tenía barreras de protección para frenar el vehículo en cualquier tipo de accidente. Y usted también a eso le ha quitado importancia, lo ha desestimado. Esto se ve perfectamente en el vídeo que grabó la madre de mi hijo, Esther, y que tampoco ha tenido en cuenta. Y eso que el señor que conducía, como se demostró, iba a 80 km/hora, velocidad permitida en ese momento por las señales de la DGT, ya cambiadas, pero insuficientes, y con mejores condiciones climatológicas se salió de la carretera, porque el quitamiedos estaba completamente destrozado y no le freno, sino que le hizo volcar sobre sí mismo y dar varias vueltas de campana. Basta mirar para darse cuenta. Se salvo, gracias a Dios. El iba en un Jaguar y mi hijo en un Polo. Lamentamos ser tan pobres, hasta para eso.

Dice usted en la sentencia: "El conductor debió adecuar la velocidad de su vehículo a las características y el estado de la vía y a las condiciones meteorológicas, pues es conocido por todo conductor que el pavimento mojado disminuye la adherencia de las ruedas a la carretera y la hace más deslizante". Correcto. Pero aplicando la misma regla de tres, las Administraciones pertinentes deben de adecuar la vía para esas condiciones meteorológicas, pues es por ellas igualmente conocidas. No exima a las Administraciones de su responsabilidad, señora, que es lo que ha hecho. El coche de mi hijo hizo aquaplaning, a la velocidad permitida en ese momento por las señales de la DGT, porque el asfalto era cristal, no drenaba y estaba hecho una porquería, además de tener el peralte cambiado.

Y señora, infórmese y tenga en cuenta los hechos. Mi hijo no ha sido el único que ha perdido la vida en esa curva, llamada "La curva de la Muerte". Por algo llevará ese sobrenombre. Y si ha visto las estadísticas, que estoy seguro de ello, pero que también ha desestimado, sabrá que La M-607 siempre ha sido una de las carreteras más peligrosas de la región. Según datos de 2010, registraba una media de siete accidentes por semana, según los datos de la Dirección General de Tráfico desde 2008. En ese periodo fallecieron nueve personas en la carretera de Colmenar, 21 resultaron heridas graves y 426, leves. Los datos cantan y son vidas humanas.

Sin embargo la Justicia suple los daños morales y demás, en dinero. ¿Cómo sino hacerlo, verdad? Pues, miré usted, tiene que haber responsables que han salido de rositas, entre otros motivos, porque usted que aplica las leyes e imparte justicia lo permite. Claro, su juzgado es de lo contencioso-administrativo. Se entra en política y tenemos la poca vergüenza y la desfachatez de hacer responsable en un 90% de su muerte a un joven de 22 años, que cumplía todos los requisitos legales en su conducción. Es decir, que se suicido, consciente del estado de la carretera, o inconscientemente. Porque los conductores somos responsables al cien por cien hasta del cambio climático. Miré usted. Las estadísticas de la DGT son claras. El 34% de la responsabilidad de los accidentes de tráfico son por el mal estado de las carreteras, mala señalización, etc. Un 34% sólo, gracias a sentencias como la suya. Si se impartiera verdadera justicia, sin polítiqueos y sin asuntos monetarios de por medio, ¿dónde estarían esas estadísticas?

Y tiene encima la desfachatez de aplicar, ya que todo se resuelve con dinero, los baremos que utilizan las compañías de seguros, como si fuesen instituciones creíbles. Señora, son empresas particulares que velan por sus intereses. Y usted es una magistrada pública, que como reza el slogan del Poder Judicial, "La Justicia a tu servicio". Hoy en día me pregunto a servicio de quién. La vida de mi hijo vale 115.000 euros. Señora, le aseguro, que ni con cien millones me restituyen a mi hijo. Así que no me vale. Y como bien habrá leído al principio estoy libre de cualquier indemnización.

Creía poco en la Justicia y en su independencia de otros poderes. Ahora ya nada. Y perdóneme que ponga en duda su credibilidad e integridad. Ya sólo me restaba escribir esta carta, en la que creo he sido condescendiente con usted, a pesar de ser un padre más que herido. Y no me he agarrado a ello en ningún momento, sino a los hechos, que usted ha obviado en todo momento. Allá su conciencia. Usted ha sentenciado a mi hijo a ser culpable de su propia muerte. Ha manchado, mancillado y ultrajado su nombre, y el de todos aquellos que le echamos de menos de corazón. Y perdóneme también que no me despida de su señoría. No estoy de humor.

Firmado: Juan Calleja, padre de Juan.

Para más información, pincha aquí .

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15 Dic 2012

Construir la vida.

Escrito por: johnny-salomon el 15 Dic 2012 - URL Permanente

Hay una realidad, pero infinitas formas de interpretarla. Los escritores nos las muestran cada vez que se atreven a tomar el teclado y van llenando páginas en blanco. Pero, no hace falta ser escritor para crear nuestra propia realidad. De hecho lo hacemos constantemente. Y en ello influyen nuestras vivencias, nuestra experiencia, nuestros conocimientos…

Ahora estás leyendo estas líneas. Y tu cabeza a su vez interpretándolas. Tal vez la conclusión que saques nada tenga que ver con la verdadera intencionalidad del que las ha escrito. Porque tus pensamientos te harán volar por otros senderos. Para quien odia la vida es una mierda. Para quien ama es una maravilla. Vivimos el mismo mundo, pero lo vemos de distintas formas.

Si nuestro cometido en él es ser felices y sabemos como hacerlo, ¿por qué divagamos? Es sencillo, porque es suficiente una gota de añil en un vaso de agua, para que esta pierda su claridad. Son tantas y tantas las gotas que derraman en nuestros pensamientos, son tantas las que luego derramamos nosotros mismos con ellos, que perdemos con facilidad el verdadero Norte de nuestras vidas.

Pensamos demasiado y mal. Inés y Juan se despidieron aquel día felices y contentos tras su tercera cita. Ambos se atraían. El final fue un beso, un leve beso que les hizo brincar el corazón. Tras él se dijeron adiós, hasta la próxima, que ambos deseaban con todas sus fuerzas, porque incluso les costó separarse en aquel instante.

Y él comenzó a pensar, surgieron sus miedos, sus frustraciones pasadas,… todas las gotas de añil que se habían derramado a lo largo de su vida, y que le llevaron a cegarle el entendimiento del ahora, para proyectar futuros engañosos: “Soy feo, ¿cómo puedo gustarle? Además la tengo pequeña, que cuando la vea, seguro la defraudaré.” Y a partir de ahí llegó el desastre: “Inés, no sé, no veo limpieza en su mirada. Seguro que me está engañando y que me quiere por mi dinero. Es absurdo y me pasará lo de siempre, que acabaré solo y mal herido. Lo mejor será alejarme o tratarla como a un lío más. Tal vez no me guste tanto. Ya veremos”.

Y más añil que fue echando encima. Y ella también había pensado: “No sé. Hubo un momento que me encontré con la mirada de Jorge antes de que se pusiera a insultarme. Tal vez Juan sea otro maltratador. Me gusta, pero tampoco es para tanto. Además tengo miedo y vergüenza de que vea mis tetas caídas. ¿Y si no le gusto? Será mejor que me ande con pies de plomo. Tal vez deje pasar un tiempo antes de verle. No quiero sorpresas”.

Y el beso, aquel latido de sus corazones, se perdió en el aire como si nunca hubiera sido. Y a la siguiente vez que se vieron ambos, la realidad ya no era la misma, porque no hubo un adiós en sus cabezas, que siguieron pensando otra realidad inexistente, pero por pensada, vivida. La verdad se había distorsionado de tal forma, que ya era otra realidad, ficticia, donde los miedos, las frustraciones, los desengaños pasados, habían construido un muro infranqueable.

Pensamos demasiado. Y lo peor de todo: dejamos que esos pensamientos gobiernen nuestra vida. No somos nosotros, aunque pensemos que nos pertenecen. Son nuestro peor enemigo. Algunos lo llaman intuición, pero son sólo miedos. Y así vivimos en un mundo lleno de mentiras. Lo mejor de todo es que Inés no tenía las tetas caídas ni Juan la tenía pequeña. Es cómo ellos se ven, cómo incluso alguien alguna vez les hizo verse. Y nada, absolutamente nada, tenía que ver con la verdadera realidad de sus almas, porque ya que miramos y pensamos más allá de nuestras propias realidades, vayamos más lejos y descubriremos otros mundos, que se encuentran al final de la punta de nuestras narices.

Y de este modo, es muy probable que ni a Inés ni a Juan les hubiera importado nada de ello. Sólo que se atraían y hubieran podido amarse de verdad. Pero eso quedó atrás, como tantas y tantas cosas, sin retorno. Sin embargo sí, accionaré con la convicción de que a partir de hoy, ahora mismo, dejaré mis pensamientos en el parking del olvido, porque quiero ser yo, y no otro, ni siquiera mis pensamientos, quien construya mi vida.

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SIEMPRE AMANECE

Un pensamiento proyectado en el papel tiene su instante, su minuto. Al segundo siguiente todo ha cambiado. Me desdibujé y me volví a dibujar en otra nueva palabra. Y entre palabras me voy construyendo en un laberinto que tiene entrada y salida. Esa salida que no tiene continuación en este mismo mundo y que se recrea por brillar con luz propia.

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