Quizás sea parte de los románticos del siglo XXI. Aclaro que no lo digo por ser fanático de Luis Miguel, ni estar bolereando todo el día de la mano de Paz Martínez. Sino porque observo, tal vez con la mirada utópica de un adolescente, un futuro próspero en lo que respecta a las sociedades; en primer lugar. Y a su vez, veo en este progreso, su respectiva repercusión política-económica. Y creo que ambos progresos-aunque ahora alguno esboce una sonrisa- tienen sus cimientos en la web2.0. Ok. Paso a explicarme.
Durante los últimos dos siglos, se le ha llamado al periodismo el cuarto poder: por su influencia en la opinión pública que ha logrado transformar en imágenes subjetivas los hechos que transcurren a diario. Este periodismo oligopólico, encarnadoen empresas, ha dicho qué era interesante saber y ha formado una agenda sobre sus intereses personales. Esta práctica, por ejemplo, hoy encuentra su alternativa en las llamadas Redes Sociales, que intentan generar una agenda objetiva; entendiendo por este último término la suma de subjetividades.
La Cultura, este conjunto de todas las formas de vida y expresiones de una sociedad determinada, por su parte, desde los inicios del sistema capitalista, se ha transformado en un negocio bajo el título de “derecho de autor”. Hoy, en torno al lucro desmedido que se sigue realizando, se ha llevado a cabo una alternativa de intercambio mundial llamada P2P. Esta logró –por lo menos a nivel virtual, pero a su vez simbólico- la distribución de las artes como bien común; por tanto gratuita.
Estos dos ejemplos, pequeños pero representativos, sirven para hablar de ciertas prácticas sociales propias del siglo XXI. Un siglo que está dividido en dos realidades: la realidad táctil que carga con las atrocidades de los resabios del pensamiento bárbaro de los siglos pasados. Realidad que carga con las desigualdades sociales, con el hambre, la división del trabajo como división de clases; y que cargacon los prejuicios simplistas al exceso de melanina, a los ojos rasgados, a las preferencias sexuales y a los grupos étnicos, sociales y religiosos.
En el siglo XXI todavía existe ese mundo que opaca su belleza natural, y se pasa por el culo esa lección que nos da la naturaleza que regalas maravillas a todos por igual, con las actitudes de sociedades individualistas, rencorosas; con hechos desquiciados propios de los trastornos psicológicos que genera la misma sociedad. Pero este siglo, señor@s, a su vez tiene un mundo paralelo, que se está gestando y creciendo a la par.
Este otro mundo, pese a estar compuesto de ceros y unos, está formado por personas que se toman el trabajo de hacer lo que les gusta y/o lo que saben para regalárselo a otros. Algunos re-digitalizan el cine, otros los libros, los sucesos o las imágenes. Yo escribo. Y lo que tenemos en común es la idea fija y obsesiva que nos moviliza: compartir.
Es utópico, lo se. Pero no falta mucho para que ambos mundos fusionen sus maravillas.