La Norma, esta vieja prejuiciosa del barrio que vive ventilando las tristezas ajenas para no sentirse tan mal en comparación, le gusta que un negro sea drogadicto; porque su hijo que tuvo las posibilidades y no llegó a ser nada se vuelve un diamante de lujo.
Le gusta a la vieja esto de insinuar amoríos barriales, más entre tipos casados y pendejas o entre hermanos; pues la condición paupérrima de ser corneada por el más boludo de los toros, solo se diluye suponiendo no ser la única.
Es hija de puta la Norma. Se propaga, la gorda, hasta llegar a todo el mundo con sus opiniones. Y claro, es lógico. Quién no tiene felicidades más felices ante las tristeza de los otros. Quién no tiene tristezas para diluir comparándose con algo peor. Suena terrible, ¿no? Ok. Cambiemos. Cuánto saldría una prenda del Emporio Armani si no existiese la soberbia de volver tan burdas como evidentes las diferencias sociales. Cuántos gastarían millones de dólares en un auto, si no se excitaran paseándose ante quienes carecen de los bienes básicos. Quién carajo podría comer tortitas de oro, sin culpa en el Conrad, si la Norma nos les hubiese destrozado la conciencia hace rato.



2 comentarios · Escribe aquí tu comentario
jalvaro76 dijo
Jode por Norma. Algunos ya lo tienen en sus vidas.
Un saludo
Flor-dc dijo
Muy buen texto Jon!
Nos pasea por muchos lados de la sociedad que ya están naturalizados.
salu2
bye
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