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25 AÑOS DEL REFERENDUM / EL ORIGEN DE LA DEMOCRACIA
Un instante crítico en la Historia de España
Aquel día del referéndum, los españoles superaron la primera prueba de un proceso político que estuvo desde el primer instante cuajado de dificultades y amenazas. Y lo hicieron serenamente, respaldando la voluntad del Gobierno de Suárez y con la ayuda indiscutible de la oposición
VICTORIA PREGO
EL NACIMIENTO DE LA LIBERTAD. El 15 de diciembre de 1976, hace ahora 25 años, los españoles tuvieron en sus manos el destino político del país y el diseño básico de su futuro. Lo que la llamada hasta entonces por el franquismo «mayoría silenciosa» debía decir en las urnas era si deseaba iniciar la vía de la reforma legal y pacífica en busca de una meta de libertades que nos equipararan a las democracias europeas, prefería por el contrario mantener vivo aunque actualizado en lo necesario el Régimen franquista o deseaba, finalmente, la demolición del edificio jurídico nacido después de la guerra y empezar a contruir desde cero el futuro de España. Los españoles eligieron lo primero y , a partir de ese momento, se echaron a andar. MADRID.- «Como un vendaval». Así empezaba la crónica en la que la revista Cambio 16, auténtico referente para los demócratas españoles de la época, informaba de la victoria del Gobierno Suárez ante las Cortes franquistas que acababan de aprobar la Ley para la Reforma Política, un llave mínima pero eficacísima que podía permitir al país inicar la senda hacia la democracia si el pueblo así lo deseaba. «Como un vendaval, pero controlado,» dice Cambio, «el segundo gobierno de la Monarquía, recibido con hostilidad y escepticismo por la opinión pública de este país y de fuera, ha terminado en tres sesiones históricas de las Cortes españolas con la dictadura personal del generalísimo Francisco Franco Bahamonde». Aquella ley había nacido, como borrador, apenas tres meses antes, en el fin de semana del 21-22 de agosto de 1976, cuando uno de los hombres de la máxima confianza del Rey, Torcuato Fernandez Miranda, entonces presidente del Consejo del Reino y presidente de las Cortes, dibujó negro sobre blanco la llave jurídica que podía hacer posible la reforma sin quebrantar la legislación franquista. Ley concisa Dos días mas tarde, 24 de agosto, martes, el presidente Suárez presentó a sus compañeros de gabinete los escasos tres folios que contenían el borrador del anteproyecto de ley. Un texto corto, claro y preciso que estaba destinado a dar la señal de partida a la transición politica de España hacia la democracia. Y justamente aquí es cuando se produce una de las infintias contradicciones, que serían mejor definidas como habilidades, incluso como astucias, que puntean un proceso político tan extraordinariamente rápido como rotundamente eficaz: esta Ley para la Reforma se presenta como la octava Ley Fundamental del régimen pero contiene, ya desde su artículo primero, una afirmación que dinamita toda la estructura jurídica del franquismo al proclamar la democracia, basada «en la supremacía de la ley, expresión de la voluntad soberana del pueblo» y define claramente un Estado democrático y de derecho, lo cual significa que, si lo españoles lo quieren, esta ley va a echar abajo todo el andamiaje legal del franquismo sin vulnerar ni una coma de sus textos . La segunda astucia consiste en que, siendo la octava Ley Fundamental, no incluye cláusula derogatoria porque, de haberla incluído, tendría que derogar expresamente, en el momento de ser aprobada, todas las leyes que se opusieran a ella. Y se oponían nada menos que los principios rectores del particular ordenamiento constitucional franquista. La marcha de esta ley no había hecho más que empezar. Mientras tanto, Adolfo Suárez desplegaba su particular programa de «venta y encanto» del proyecto reformista con los líderes de la oposición democrática -incluso, aunque a través de intermediarios, con el lider comunista Santiago Carrillo-, con la Iglesia y hasta con los militares, a quienes, por cierto, tranquilizó sobre el «riesgo» de que por la escotilla de la apertura pudiera colarse el partido Comunista. Y, sin embargo, el mismo dia en que Suárez se reunía con la cúpula militar para explicarles los propósitos del Gobierno, su propio intermediario, José Mario Armero, se entrevistaba en París con el líder comunista sólo para dedirle que, de momento, no se le iba a conceder el pasaporte español que pedía. Pero lo importante es que el contacto estaba hecho y que habría de dar soberbios resultados. En el tramo que va desde agosto de 1976 hasta febrero de 1977, seis meses, se juega en España, con una intensidad irrepetible y sin precedentes, una partida múltiple en la que los actores apostaba por llegar a la misma meta aunque partiendo de posiciones no sólo distintas sino aparentemente incompatibles. El 11 de Septiembre, por ejemplo, 24 horas después de que Suárez comparezca ante la televisión para presentar a los españoles el proyecto de Ley para la Reforma elaborado por el Gobierno, se celebra en Cataluña la primera Diada autorizada oficialmente y en la que los partidos nacionalistas y de izquierda convocan a una autentica multitud. Un día histórico para Cataluña, y una prueba clara de cuales son las intenciones políticas del Gobierno Suárez. Muy pocos días después ETA asesta un golpe durísimo al proceso de apertura aún ni siquiera iniciado: asesina al presidente de la Diputación de Guipuzcoa, Juan María De Araluce, que es también, y nada menos, que miembro del Consejo de Reino. El efecto político que esto produce en la clase franquista es importantísimo y se presiona a Suárez para que declare de inmediato el estado de excepción en las provincias vascas. Suárez no lo hace pero el ministro de Gobernación Rodolfo Martín Villa, se ve obligado a acudir a la televisión para aclarar que el Gobierno no va a caer en la trampa que se le quiere tender: «El orden y la libertad no son cuestiones que se contraponen, sino que se necesitan».En respuesta a eso, ETA hace saber su determinación de continuar con su estrategia de terror: «Proclamamos nuestra voluntad de continuar haciendo justicia revolucionaria». La situación es políticamente difícil en aquellos días pero va a parecer un balneario a quienes, tan sólo unas semanas después, echen la vista atrás. Esfuerzo de unidad El camino hacia la apertura emprendido por el Gobierno se ve respondido desde la oposición democrática - partidos de centro y de izquierda- con un esfuerzo de unidad que encuentra sus dificultades pero que acaba por lograrse. La derecha ,por su parte, se organiza en torno a Manuel Fraga y constituye Alianza Popular, a la que se incoporan nada menos que 183 procuradores de las Cortes franquistas que han de votar el proyecto de Ley para la Reforma Política que el Gobierno ha elaborado. Un Gobierno que sabe que no puede perder ese reto y por esa razón «empieza un periodo de actividad febril», dice Martín Villa, de veinticuatro horas al día, de un intento de convencimiento individual y personalizado a todos y cada uno de los procuradores en Cortes». El argumento es muy simple: un régimen que ha nacido de una guerra civil no puede terminar con otro enfrentamiento entre españoles. Franco ha muerto, ahora está el Rey y hay que hacer posible que el pueblo se pronucie. El 16 de noviembre era el día D para el proyecto de Suárez: ese día las Cortes reunidas en pleno debían iniciar el debate de la ley. Pero sólo cuatro días antes, el 12 de noviembre, la izquierda comunista lanza al gobierno un órdago de enorme envergadura: la Coordinadora de Organizaciones Sindicales, COS, encabezada y dirigida por Comisiones Obreras, convoca una huelga general.Es el gran desafío del antifranquismo, su último intento de que la iniciativa política, hasta ese momento en manos de Suárez y los suyos, pase, aunque sea parcialmente, a manos de la oposición.Pero en ese reto el Gobierno sabe que se juega no sólo su primogenitura en el proceso político sino la existencia del proceso y la propia supervivencia del gabinete. «Para nosotros, ganar por goleada a los promotores de aquella huelga era importante», dice el entonces ministro de la Gobernación, Rodolfo Martín Villa. Así pues, se preparan como para una batalla. Y la ganan. La huelga general afecta al cinturón industrial de las grandes ciudades pero no se hace sentir en la vida diaria del país. Es, de hecho, un fracaso. Y así, sorteando obstáculos, el gobierno llega al 16 de noviembre con buenas cartas en la mano. Pero no con todas las que se necesitan para ganar la partida. Opinión ultra En el pleno de las Cortes, los ortodoxos franquistas, especialmente el notario ultraderechista Blas Piñar explica con toda claridad y crudeza lo que supone en realidad esta ley para la supervivencia del franquismo: «Este proyecto de ley no perfecciona el ordenamiento constitucional vigente sino que se halla en contradicción con los principios doctrinales básicos... el sistema de sufragio universal [que propone] no tiene nada que ver con el ordenamiento que descansa en la Ley de Principios del Movimiento...está en conflicto con la filosofía política del Estado que surgió de la Cruzada». Nada más cierto. El diagnóstico de Blas Piñar es perfecto. Pero no logra concitar suficientes entusiasmos. Quien sí amenaza de verdad, y gravemente, el camino de la reforma son las exigencias del grupo parlamentario nucleado en torno a Alianza Popular, que pone en un brete al Gobierno al reclamar un sistema electoral mayoritario y que se voten una por una las más de 80 enmiendas presentadas al proyecto. Si Alianza Popular logra salirse con la suya, y puede lograrlo porque su fuerza es enorme, el proyecto de reforma podría quedar tan irreconocible que su destino inexorable sería el basurero político. En ese caso, los intentos de Adolfo Suárez, de Torcuato Fernández Miranda y del Rey por alcanzar la democracia yendo «de la ley a la ley» habrían fracasado para siempre. Como aceptar las condiciones de Alianza Popular es imposible porque resulta políticamente suicida se impone la negociación.Y a eso se dedican en la noche del 17 al 18 de noviembre, fecha límite para la votación de la ley, el presidente Suárez y el vicepresidente Osorio. Es entonces cuando tiene lugar unas conversaciones que ilustra perfectamente el talante que presidió la transición desde su mismo inicio y que ayuda a comprender la mayor parte de los acercamientos y de los pactos, a veces inexplicables, a veces deslumbrantes incluso, que se lograron en aquel período.La conversación, contada por Alfonso Osorio es esta: Adolfo Suárez le dice a Osorio: «Alfonso, no podemos dar nuestra conformidad a esta solución sin tener la certeza de que la oposición la va a aceptar porque, si después de hacer la reforma política, nos encontramos con que no entran en el juego, no habremos hecho otra cosa que escribir sobre el agua. Intenta rápidamente ponerte en contacto con ellos». Y así sucede. Osorio habla con el catedrático Carlos Ollero y le lee varias veces lo que el gobierno ha negociado con Alianza Popular: un sistema electoral proporcional con dispositivos correctores.Se trata de saber si la oposición aceptaría esta fórmula. Muy pocos minutos más tarde Ollero habla con Osorio y le transmite el siguiente mensaje: «Creo que la redacción es correcta y es aceptable para la oposición. Lo importante es que la ley no encalle en las Cortes. Después, supongo, se hablará en el momento en que se redacte la Ley Electoral». Adelante, pues. El Gobierno pacta con Alianza Popular y el proyecto de Ley para la Reforma Política se somete a votación. Victoria rotunda: 438 votos a favor, dos en contra y 57 abstenciones.No tiene nada de raro que se vea en ese instante a Suárez cerrar los ojos y apoyar fugazmente la cabeza en el respaldo de su asiento.Lo ha logrado. Inmediatamente después, y en medio de un aplauso atronador, se ve a varios miembros del Gobierno con lágrimas en los ojos. No es para menos: se acaba de abrir la puerta a la libertad. Ahora sólo falta que los españoles quieran franquearla. Parecería que las cosas van viento en popa, y lo cierto es que van. Pero la tempestad que se va a abatir sobre España en los días siguientes a este triunfo adquirirá una dimensiones tan tremendas que hasta los más templados llegarán a sentir demasiado cerca de las cabezas de los ciudadanos el peligro de una nueva catástrofe sangrienta en el país. Porque esto es lo que sucede desde el 18 de noviembre, día en que las Cortes franquistas aprueban la reforma, y el 15 de diciembre, en que los españoles son convocados en referéndum para dar su respaldo definitivo al proyecto político del Gobierno Suárez , respaldado por el Rey: El 20 de noviembre, primer aniversario de la muerte de Franco, la ultraderecha se manifiesta con enorme virulencia en la Plaza de Oriente para insultar al Gobierno y a los Reyes- «Gobierno, atiende, España no se vende, Juan Carlos, Sofía. el pueblo no se fía»- y, sobre todo, para pedir al ejército franquista que tome el poder e impida por la fuerza lo que el «bunker» sospecha que no lograría con los votos: la instauración de las libertades políticas en España, es decir, la traición a la memoria de Franco. El 21 de noviembre, y en las antípodas políticas de lo sucedido el día anterior, el Partido Comunista sale a la luz en España e inicia el reparto público de carnés para sus militantes. El día 24 Santiago Carrillo aparece en dos reportajes emitidos por las televisiones francesa y sueca paseando en coche por Madrid. Es la demostración palmaria de un rumor que lleva meses corriendo por España: que Carrillo lleva meses viviendo clandestinamente en España y paseandose libremente por las calles de la capital.La posición del Ministerio del Interior y del propio Suárez se acerca peligrosamente al ridículo. El dis 27 la oposición democratica celebra una «cumbre» en la que plantea al gobierno siete condiciones para que el inminente referéndum y las eleciones futuras tengan reconocida la legitimidad democrática. El día 28 Santiago Carrillo asiste a una cena en casa del ex ministro de Asuntos Exteriores José María de Areilza. El día 5 de diciembre el Partido Socialista Obrero Español, todavía ilegal, celebra por todo lo alto en un hotel de Madrid su primer congreso en España desde el año1932. Asisten los más importantes líderes del socialismo internacional. El día 10 Santiago Carrillo celebra en Madrid una rueda de prensa clandestina a la que asisten más de cincuenta periodistas. El mismo anuncia que lleva casi un año viviendo en España. El día 11 el GRAPO secuestra al presidente del Consejo de Estado y miembro del Consejo del Reino, Antonio María de Oriol. Oriol pertenece a una poderosa familia con importantes conexiones en el mundo de la banca y es uno de los más influyentes representantes del franquismo ortodoxo. Este hecho es políticamente gravísimo.Areilza anota en su diario: « Es un ataque directo a la operación reformista y al proceso entero de la Transición». El GRAPO lanza un comunicado en el que amenaza con asesinarle. El día 14 de diciembre, víspera del referéndum, el GRAPO hace público otro comunicado en el que dice esto: «Que no nos obligue [el Gobierno] a tomar una decisión que no deseamos». El Gobierno teme que el GRAPO cumpla su amenaza y ponga el cadáver de Oriol encima de las urnas. Mensaje público Esa misma noche, 14 de diciembre, Adolfo Suárez comparece ante los españoles a través de la televisión: «El proceso político que está viviendo España es, quizá, único en la Historia...Pido que entre todos,con todos, hagamos posible que a este pueblo se le devuelva la confianza de sentirse capaz de gobernarse a sí mismo. Mañana gobiernan 22 millones de españoles... Estoy firmemente convencido de que es posible la consolidación en paz de este gran pueblo que se llama España. Ustedes tiene la palabra». Día 15 de diciembre. Referéndum sobre la Ley de Reforma política.Estos son los datos: Participación,77,4%. El «SI» obtiene un aplastante94,2%. El «NO» un irrelevante 2,6%.Y la abstención un digno 22,8. El proyecto político elaborado por Fernández Miranda, respaldado por el Rey y defendido por Adolfo Suárez ha sido bendecido por los españoles.
Tras el referéndum, las pruebas más duras El éxito del referéndum sobre la Ley para la Reforma Política no logró apaciguar la vida del país. Al contrario. Estos son los datos de los acontecimientos que suceden a la consulta popular del 15 de diciembre: El 20 de diciembre, miembros del franquismo intransigente atacan al presidente de las Cortes Torcuato Fernández Miranda. El 23 de diciembre Santiago Carrillo es detenido por la policía.Siete días después sale en libertad. El 23 de enero el estudiante Arturo Ruiz es asesinado en la calle por pistoleros de ultraderecha. El día 24 es secuestrado por el GRAPO el teniente general Emilio Villaescusa, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar. Horas más tarde, la estudiante María Luz Nájera muere por el impacto de un bote de humo lanzado por la policía. Esa misma noche son asesinados cinco miembros de un despacho de abogados laboralistas del PCE. El miedo a un enfrentamiento masivo se extiende por España. El día 26 se produce el entierro de las víctimas de Atocha. El día 28 el GRAPO asesina en Madrid a dos policías y a un guardia civil y hiere gravísimamente a otros tres guardias. El día 29, la ultraderecha insulta y agrede al general Gutiérrez Mellado en el funeral por las víctimas del GRAPO. Ese mismo día, Suárez acude a la televisión para enviar un mensaje de tranquilidad y firmeza. El día 11 de febrero la policía libera a Oriol y Villaescusa.
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