Los efectos secundarios de la persecución al Severo Ochoa
Han pasado tres años desde esta operación política del gobierno de Esperanza Aguirre: la derecha ha perdido en los tribunales pero ha ganado en los hospitales. Muchos profesionales tienen miedo a sufrir una denuncia si se pasan con los analgésicos. Como reconocen muchos médicos, tras el caso Leganés nada ha vuelto a ser igual. En público admiten que las técnicas de cuidados paliativos se aplican con más prudencia. En privado reconocen que la campaña de la derecha tiene un efecto secundario terrible: hoy son más los que mueren con dolor. Enhorabuena, señor Lamela. Enhorabuena, señora Aguirre.
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Algo de hemeroteca, para que las mentiras no se pierdan como lágrimas en la lluvia.
Manuel Lamela, consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, en la COPE: “No hubo consentimiento para la sedación en más de cincuenta expedientes”. Si tenéis un rato, escuchad la entrevista completa en audio (WMA). Merece la pena.
Manuel Lamela, (25-5-2005): “Las dosis administradas eran notoriamente excesivas, no para evitar el dolor, sino para acortar la vida” y esta circunstancia “no está contemplada en la legislación española”. Los hechos son “tozudos” y quedan “probados”.
El Mundo: “Hubo hasta 48 sedaciones irregulares”
El Mundo: “Montes no quería derivar enfermos a planta”
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A la derecha le ha funcionado tan bien la mentira que ahora repiten con el aborto. Cuando llegue la Justicia, que les quiten lo bailao.
EL CASO DE LAS SEDACIONES
"Gracias a ellos mi padre pudo morir dignamente"
El Consejero de Sanidad se niega a pedir perdón y defiende la decisión de apartar al doctor Montes.
El padre de María José murió en septiembre de 2002 tras sufrir una larga enfermedad, de la que fue atendido en el Hospital Severo Ochoa, de Leganés. Esta mañana, en Hoy por Hoy, María José nos ha contado su testimonio, un día después de que la Audiencia de Madrid respaldara el archivo de la causa contra los médicos en junio del año pasado, que fueron acusados de malas prácticas en las sedaciones en el servicio de Unidad de Cuidados Paliativos de Urgencias.
Por su parte, el presidente de la Sociead Española de Cuidados Paliativos, xavier Gómez Batista, admite que el caso de Leganés ha generado un ambiente de desconfianza en el sistema sanitario y ha tenido un impacto en el modo de actuar de los profesionales, que tenían miedo a represalias de las autoridades, y un impacto también en las familias.
Para Gómez Batista, si la Comunidad de Madrid pensó que las prácticas médicas que se estaban llevando a cabo no eran las adecuadas, lo lógico era no actuar por la vía judicial, sino "implementando los servicios paliativos y formando equipos profesionales". Según Gómez Batista, en nuestro país sólo reciben cobertura paliativa unas 50.000 personas, de las 300.000 susceptibles de recibir este tratamiento.
La Comunidad no se disculpará
Mientras, el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Juan José Güemes, ha afirmado que el Gobierno regional no tiene que pedir disculpas por el caso después de que la justicia archivara ayer la causa y dijera que ni hubo sedaciones irregulares ni mala práctica médica. El consejero ha llegado a decir que la Comunidad no tiene que disculparse porque no ha tenido nada que ver con este caso. Además, el consejero ha dicho que Gobierno regional ni siquiera se personó en la causa, aunque el 27 de mayo de 2005 fue la Viceconsejería de Sanidad la que presentó en el juzgado número 7 de Leganés la denuncia sobre lo que supuestamente estaba ocurriendo en el hospital Severo Ochoa.
Además, el consejero ha señalado que la decisión que se adoptó en su día de destituir al doctor Luis Montes como coordinador de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés estuvo "bien tomada" y no se debió a "causas disciplinarias", sino a "razones organizativas".
¡Hace un año, Aguirre pedía una “estatua” para Lamela!
Como consejero de Sanidad, dirigió la cruzada neocon contra Montes y su equipo
| Le llamaron a Montes “Doctor Muerte” y “asesino” y le acusaron de aplicar sedaciones buscando liquidar a los pacientes
Asistimos a una brutal caza de brujas, mientras doña Espe hacía méritos ante la derecha Ahora, Aguirre no ha pedido perdón, no ha cesado a Lamela ni, por supuesto, ella misma ha dimitido |
Le llamaron “Doctor Muerte”. Le llamaron el “asesino del Severo Ochoa de Leganés”. El doctor Luis Montes se transformó de pronto -hace un par de años aproximadamente- en un monstruoso criminal de enfermos terminales y hasta no terminales. El coordinador de Urgencias del hospital citado disfrutaba, al parecer, provocando la muerte de indefensos pacientes cuyos familiares nada podían hacer ante tan salvaje galeno. El entonces consejero de Sanidad del Gobierno autonómico de Madrid, Manuel Lamela, dirigió la cruzada cristiana neocon contra el doctor Montes y su equipo.
Los guardianes del Bien se dedicaron a lanzar paletadas de mierda sobre los supuestos agentes de la eutanasia maldita. Buena parte de la prensa afín a Génova 13 cumplió con matemática precisión las instrucciones del PP. Había que demostrar que el Gobierno Zapatero era el paradigma del Mal, el promotor de Sodoma y Gomorra, el destructor de España y, por supuesto, el feroz enemigo de la religión católica. Su objetivo: el aborto, el divorcio exprés, la eutanasia y los matrimonios homosexuales. En resumen, ZP quería acabar con la familia a través del hedonismo, el laicismo, el relativismo y la masonería infiltrada.
Depuesto de su cargo
Le colgaron el sambenito al doctor Montes. Fue objeto de una persecución inquisitorial implacable. La presidenta del Gobierno de Madrid, Esperanza Aguirre, hacía méritos ante la derecha y apoyaba a Lamela. Asistimos a una brutal caza de brujas. Montes no fue conducido a la hoguera pero sí fue depuesto de su cargo en el transcurso de un escalofriante auto de fe en el que se procedió a una purga de cómplices o sospechosos del malvado Montes.
El poderío
Mientras tanto, se iba erosionando a propósito el prestigio de un hospital público que funcionaba adecuadamente, como el Severo Ochoa. El coro de las plañideras de oficio entonaba en esa época himnos de loa a la sanidad privada, el gran negocio. Los hipócritas se rasgaban sus vestiduras porque el doctor Montes, decían, sedaba compulsivamente a las víctimas hasta que morían incluso en los pasillos del hospital. Esperanza Aguirre exhibió su poderío machacando sin piedad a los médicos acusados de matarifes.
Colosal ignominia
Todo aquello constituyó una colosal ignominia. Se trató de una de esas operaciones conspirativas con las que la derecha de este país nos obsequia cada dos por tres. Si la realidad avala ese proceder –lo que apenas ocurre-, miel sobre hojuelas. Que no, pues que se joda la realidad: nosotros nos la inventaremos o la adecuaremos a nuestras pretensiones.
Güemes, el yerno del padrino de Castellón
Lamela cambió más tarde de cartera. De oca a oca y tiro porque me toca. Le sustituyó Juan José Güemes, casado con Andrea Fabra Fernández, ahora número 2 de la lista del PP por Castellón, hija del padrino de la provincia y presidente de la Diputación castellonense, Carlos Fabra, el hombre de las gafas negras, ese perfil inconfundible de experto en pelotazos y en asuntos bajo sospecha.
Ni siquiera disculpas
Cuando se ha conocido el veredicto firme de la justicia, exculpando totalmente al doctor Montes y a sus colaboradores, Güemes ha defendido la actuación de su antecesor. Y, como no podía ser de otro modo, la de su presidenta, doña Espe. La lideresa popular –esa aristócrata que aspira a llegar a la Moncloa- no ha asumido responsabilidad política alguna y ni siquiera ha pedido ni disculpas ni perdón por el daño ocasionado.
Un gramo, sólo un gramo
Esperanza Aguirre ha dado de nuevo su auténtica talla. La oposición –llegó a decir Aguirre hace poco más de un año- “debería erigir una estatua” al consejero Lamela por su gestión. Y añadió con su conocida chulería cheli que, al final, la “estatua” en honor de Lamela la erigirían los madrileños. Pero si tuviera un gramo, sólo un gramo, de dignidad política, Aguirre habría tenido –tras la sentencia- que destituir a Lamela. E inmediatamente presentar ella misma su dimisión.
E.S.
Ahora hay que sentar a Lamela en el banquillo
Cuando ayer oí por la radio que la Audiencia de Madrid archivaba el caso de las sedaciones del hospital madrileño de Leganés sentí la misma alegría que si me hubiesen levantado a mí la condena. Porque las famosas “sedaciones masivas con resultado de muerte”, como las calificó el entonces consejero de Sanidad Manuel Lamela, constituían una acusación de cuatrocientas eutanasias activas, que en términos jurídicos (hoy por hoy, y espero que el PSOE le ponga remedio en la próxima legislatura) significan cuatrocientos asesinatos.
La tribu de los devoradores de hostias (entre kikos, legionarios de Cristo y numerarios y supernumerarios de san Josemari ya he perdido la cuenta) que ha hecho campamento en los aledaños del Partido Popular ha recibido un nuevo varapalo en su campaña incansable de convertir en delito todo lo que ellos y sus tres dioses consideran pecado. Ellos elaboraron con un compinche una denuncia falsa, amparada en el anonimato (una forma tan cobarde de poner en marcha la justicia que ya presupone la injusticia misma), y destruyeron así el puesto de trabajo y el prestigio de decenas de médicos y de todo un hospital, además de quebrar la confianza de la sociedad en un servicio esencial como la sanidad.
Pero, claro, eso para quienes desean desprestigiar lo público con el fin de enriquecer al sector privado no es ningún inconveniente, es considerado un mero efecto colateral de la campaña de bombardeo indiscriminado contra el Maligno para salvar nuestras almas.
A Lamela, hoy consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid, no se le ha oído ayer ni una disculpa. Y cuando se le preguntó a Esperanza Aguirre qué medidas pensaba tomar para devolver la reputación a Montes y su equipo, contestó con un lacónico “se hará lo que corresponda y lo que se tenga que hacer”. Pero no os hagáis ilusiones. En el lenguaje político eso significa que hay que invertir en misas una partida extraordinaria para que la virgen de la Almudena no lo tenga en cuenta en el recuento de votos o cualquier otra cosa. Pero de ninguna manera pedirnos perdón a todos, como reclaman los médicos injuriados, y ni mucho menos destituir al consejero meapilas.
¿Y Rajoy? Un día dijo, para justificar el acoso a los médicos, que “Lamela no es ese tipo de persona que toma decisiones sin conocimiento de causa”. Yo no quiero quitarle la razón al líder. Por lo tanto, si tenía “conocimiento de causa” de que, como ha sentenciado la Audiencia, todo era un montaje falso, ¿va a tomar la decisión de expulsarlo de ese partido que hace gala de decir siempre la verdad, incluso cuando miente, que es casi siempre?
Como ha dicho el doctor Montes, al que el fascismo confesional de los secuaces de Esperanza Aguirre llamó Doctor Muerte, comparándolo con el nazi Josef Mengele, “la mayor agresión que ha recibido la sanidad pública” no puede quedar impune. Manuel Lamela, el lacayo de esas sotanas que mueven los hilos en las bambalinas, que consideran un gran pecado de orgullo que la medicina compasiva pueda desbaratar el papel de ese dios cruel que decide el día y la hora de nuestra muerte, a su antojo, mientras se complace en torturar enfermos terminales, ese lacayo de las sotanas, digo, deberá sentarse ahora ante los tribunales.
Mientras, levanto mi copa para celebrar el triunfo del doctor Montes y su equipo. Y la levanto también para que todos veamos el místico rostro del talibán iluminado, hoy muerto de vergüenza, dando cuentas ante un juez por colaborar en un delito de denuncia falsa. Y que venga su dios a salvarlo. Por vuestra salud.
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