Empezó a flotar, pues, en el ambiente, la hipótesis de que era probable que pronto volverían -con alguna que otra cautela para preservarse de un exceso de colesterol-, al festín conspirativo. Conocida la sentencia del Tribunal Supremo, se hizo el silencio en Génova 13, aunque el portavoz del Grupo Popular en el Senado, Pío García Escudero -otro ferviente palmero de Mariano Rajoy-, dio por zanjada la polémica respecto al 11-M, al menos –dijo- “hoy por hoy”. Respiraron felices los ingenuos. El horizonte político de este país proyectó durante unas cuantas horas un perfil de relajamiento y de tranquilidad.
La pesadilla
Daba la impresión de que, por fin, la pesadilla fabricada por ciertos genios de la egolatría y del amarillismo llegaba a la estación término y se terminaba así la algarabía casi cotidiana de la inevitable y simpática cancioncilla del “¡Vamos a contar mentiras tralará, vamos a contar mentiras!”. Y eso a pesar de que alguno de los protagonistas de esta historia alucinante, sostenga impertérrito que se inspira a veces en el Emile Zola del J´acuse, del caso Dreyfuss; en el Washington Post del caso Watergate, y -como supimos ayer- en James Stewart interpretando a un periodista del Chicago Times, quien pasó de “un distanciado escepticismo inicial al obsesivo compromiso con la búsqueda de una verdad que percibe y no termina de encontrar”.
De ridículo en ridículo
Andan percibiendo su verdad y, sin embargo, no la encuentran. Creen que la rozan, pero no la atrapan y van de ridículo en ridículo, salvados por la osadía y por la épica con la que le gusta aderezar la faena al más avispado y listo de todos ellos. Acostumbrados a darle la vuelta a la realidad y a convertir sus derrotas en victorias, recibieron con irritación perceptible el pronunciamiento de García Escudero. Pero éste recibió de inmediato un doloroso rejonazo de parte de la inefable Asociación de Víctimas del Terrorismo, la AVT. “Callése”, le advertían los dirigentes de la organización. Se fue Francisco José Alcaraz, pero su sucesor es, desde luego, más de lo mismo.
El reporter Tribulete
Y reapareció el veterano Jaime Ignacio del Burgo, el diputado de la UPN (PP) que más contribuyó, haciendo hasta de reporter Tribulete, que en todas partes se mete, a que se divulgara que nos engañaba el Gobierno con el 11-M. Manifestó Del Burgo que acataba la sentencia del Supremo, pero por lo demás señaló que estamos muy lejos de saber la verdad del 11-M. Su reaparición contó con el acompañamiento de otro clásico de la derecha extrema, Federico Trillo, converso no obstante al centrismo marianista, quien se encargó de deslizar la sombra de la sospecha al decir que seguían sin ser identificados los autores intelectuales de la matanza. ¿Dónde están los intelectuales del asunto? Está bien clara una cosa. Los inspiradores de la tragedia no llevaban txapela -según ansiaban los populares que propagaron la patraña de que había sido ETA-, y sí llevaban turbante.
Errática y errónea
Y, estando así las cosas, uno de los órganos periodísticos que más han tejido la trama de la conspiración errática y errónea, informaba ayer de que “fuentes oficiales del PP” habían informado que Rajoy apoyará cualquier investigación –con algunos condicionantes para salvar la cara- que esclarezca los puntos oscuros del caso. Precisaban tales fuentes que, de hecho, esto ya lo anunció Rajoy en octubre de 2007, tras el veredicto del Tribunal del 11-M.
Él sigue siendo él
Y es que, conviene no olvidarlo, Rajoy ya el 13 de marzo –jornada de reflexión- declaró urbi et orbe que moralmente él pensaba que había sido ETA. Durante la anterior legislatura, en varias ocasiones, Rajoy optó por respaldar la teoría de la conspiración, aunque lo hiciera a su estilo, a veces aparentemente barroco, a veces gallego. Entonces no presumía de centrista. Ahora, sí afirma que lo es. Entonces se llamaba Rajoy. En la actualidad, también. Él sigue siendo él, naturalmente.
Enric Sopena es director de El Plural
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jpolinya dijo
Mentre hi hagi gent que confii en la teoria de la conspiració, (ahir encara, en un comentari a un bloc (la carretera) un tal maikel seguia defenent que l'explosió de Leganés era un muntatge de la policia, i parlava, si mal no recorde, d'islamistes "congelats"), mentre quedi gent així, dic, i el percentatge dins d'un cert sector polític, sigui significatiu, César Vidal, Pedro José Ramírez i Federico Jiménez continuaran venent i guanyant diners a manta.
Quin negoci, cristo, quin negoci...!
Una abraçada
jordigrau dijo
Doncs sí. Un cervells més lluents de la conspiració, Luis del Pino, afirmà que a Leganés no hi hagué cap suïcidi. Fou la policia qui primer hi posà uns cadàvers congelats que es veu que tenien en stock i després féu esclatar la bomba per simular els suïcidis. No sé si en aquesta macabra acció tenien prevista la mort del GEO.
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