19 Jul 2008

El mayor acierto del fallo del 11-M. GONZALO BOYE. Público. 19/07/2008.

Escrito por: jordigrau el 19 Jul 2008 - URL Permanente

La caverna. 19/07/2008.

11M. Els conspiradors eren ells. 18/07/2008.

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El mayor acierto del fallo del 11-M

GONZALO BOYE

La sentencia logra su mayor acierto al redefinir los criterios jurisprudenciales aplicables al delito de pertenencia a organización terrorista.

En un tiempo récord, para lo que es habitual en el Tribunal Supremo, se ha dictado sentencia definitiva por los atentados del 11 de marzo de 2004. A pesar de la inicial sorpresa que esta resolución pueda generar, lo importante es rescatar aquello que es más relevante de tan cuestionable resolución: la sentencia utiliza criterios cambiantes para abordar temas que son idénticos; hace una dura crítica a la sentencia de la Audiencia Nacional que le ha impedido condenar a Rabei Osman, El Egipcio, a pesar del propio convencimiento del Supremo, y dicta una nueva jurisprudencia que permite abordar con rigor y perspectivas de éxito la lucha contra el fenómeno yihadista, que era una de nuestras principales preocupaciones y apuestas.

Surgen interrogantes sobre una sentencia que estaba llamada a dar respuestas y no a generar dudas. Cuando se analiza la absolución de personajes como Ghalyoun o Allmala Dabas, en contraposición con la condena de El Morabit, no podemos más que cuestionarnos sobre cuáles han sido los criterios diferenciadores seguidos por el Supremo; las pruebas en contra de unos y del otro eran similares y estaban interconectadas, por lo que mal se comprende que se alcancen conclusiones tan diametralmente distintas como para permitir la absolución de los primeros y la condena de los segundos.

Sobre El Egipcio, de la sentencia se desprende que en el Supremo querían condenarle, pero no pudieron porque la Audiencia Nacional –y esa es una de las más duras y veladas críticas que realiza la sentencia– no valoró en su día la abundante prueba existente y no entra en las facultades de este órgano evaluar la prueba practicada ante otro tribunal; razona el Supremo que la sentencia de instancia incurrió en el error de aplicar primero el non bis in idem para luego abstenerse de valorar cualquier prueba con lo que se impide, ahora, la imposición de una condena que le hubiese correspondido.

A lo largo de sus razonamientos, el Supremo asume como propio lo que llevamos años planteando las acusaciones: que, de acuerdo con las características del yihadismo, es perfectamente plausible y jurídicamente aceptable la imputación y condena de una misma persona por su pertenencia a diversas células terroristas en diferentes lugares o destinadas a disímiles fines; este es un gran logro de la sentencia y un instrumento inestimable para la lucha futura contra esta forma de terrorismo. Se acabó la impunidad de los yihadistas que van de un país a otro creando grupos y actuando de forma criminal; El Egipcio no podrá continuar su criminal peregrinaje a pesar de haber sido absuelto.

Este entendimiento del problema por parte del alto tribunal, de haberse dado en la instancia, hubiese impedido la absolución de Osman y habría obligado a la Audiencia Nacional a entrar de lleno en la valoración de la abundante prueba de cargo que existió contra El Egipcio que, sin duda y como dice el Supremo, no se dedicaba a vender pañuelos, sino a crear organizaciones terroristas allí donde iba, sea en Alemania, en España o en Italia, donde finalmente cumplirá condena.

Claramente, lo que el Supremo le explica a la Audiencia Nacional es que, en derecho, el orden de los factores sí altera el producto; primero debió valorar la prueba, luego establecer si eran o no los mismos hechos y, finalmente, sacar las conclusiones jurídicas que correspondiesen. Sin embargo, la Audiencia lo hizo al revés, y ahora ese grave error no puede ser corregido, con la consecuencia indeseable de que el yihadista Osman quede impune por sus actos de Madrid.

Desde antes del juicio oral sosteníamos que no estábamos en presencia de una única organización terrorista de carácter supranacional sino ante un modelo de estructura nuevo en el cual Al Qaeda no era más que un “paraguas ideológico” bajo el cual se estructuraban y actuaban una serie de organizaciones de ámbito local, sin ninguna vinculación orgánica o jerárquica con Al Qaeda central. La Audiencia Nacional no nos hizo caso y hemos tenido que esperar a la resolución del Supremo para ver recogidos nuestros postulados cuando razona que “es posible apreciar la existencia de otros grupos, bandas u organizaciones en los que, aunque inspirados en el mismo sustento ideológico, tanto su estructura como su actuación son independientes de aquella fuente, de forma que disponen de sus propios dirigentes, obtienen sus propios medios y eligen sus objetivos inmediatos. Todo ello, siempre en atención a las peculiaridades de cada caso, permite considerar que cada una de ellas, incluyendo la fuente ideológica, constituye un grupo, organización o banda terrorista, de forma que sería posible que una sola persona se integrara en varias”.

La sentencia logra su mayor acierto al redefinir los criterios jurisprudenciales aplicables al delito de pertenencia a organización terrorista; se aleja de antiguos esquemas que requerían la existencia de una organización jerarquizada y estructurada, con vocación de permanencia en el tiempo y voluntad de modificar el orden constitucional, para adentrarse en una definición más flexible que prescinde de tales requisitos, al admitir que más que una modificación de nuestro orden constitucional lo que se busca es hacer “desaparecer, un orden o forma de vida político, económico, cultural y social caracterizado en nuestro ámbito por un sistema democrático de libertades, finalidad que se pretende conseguir mediante la ejecución de actos, generalmente violentos, orientados a intimidar a los poderes públicos y a intimidar y atemorizar a la población”.

Otro de los aciertos de la sentencia y tema sobre el cual también reclamábamos un pronunciamiento ha sido la definición de lo que podría denominarse el inductor mediato. Este se se daría cuando “la recluta, el adoctrinamiento y la afiliación se inician sobre la base de la transmisión de concepciones radicales de la religión islámica, a las que son más sensibles quienes menos formación religiosa poseen, difundidas en centros o en lugares adecuados, de donde se evoluciona a la disposición efectiva de los nuevos fieles a la ejecución de actos terroristas o a cualquier forma de favorecimiento de esa actividad. La trascendencia de estas actividades en relación a las posteriores acciones violentas es innegable…”.

En resumidas cuentas, podemos congratularnos de una sentencia que, sin ser perfecta, ha venido a dar unos instrumentos necesarios para impedir que el yihadismo, sicopática interpretación de una religión y que más nos recuerda a doctrinas derrotadas, vuelva a actuar sembrando el dolor infinito e insuperable que se produjo ese 11 de marzo de 2004; hay sentencia firme y de ella debemos sacar conclusiones.

Gonzalo Boye Tuset es abogado

17 Jul 2008

Hay que gobernar la globalización. Nicolás Sartorius. EP. 17/07/2008.

Escrito por: jordigrau el 17 Jul 2008 - URL Permanente

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Hay que gobernar la globalización

Deberían crearse grandes áreas con democracia, libertad comercial y cohesión social que ganasen terreno a la 'selva'. Una podría estar formada por la Unión Europea, Estados Unidos y América Latina

NICOLÁS SARTORIUS 17/07/2008

Cuando los retos y los problemas son globales y los instrumentos para resolverlos son, en esencia, nacionales, su solución es inviable. Si añadimos que mientras las grandes finanzas y multinacionales operan en mercados mundiales, los poderes políticos lo hacen en sus respectivas soberanías, el gobierno del interés general está en precario y, en ocasiones, como la actual, se alcanzan situaciones de desorden. Lo estamos viendo con la crisis financiera ocasionada por las primas basura de Estados Unidos; con la subida espectacular de los precios de los alimentos provocada por múltiples factores, entre ellos, la especulación; los efectos de un cambio climático que nadie es capaz de afrontar en coordinación; la crisis de la energía que golpea al conjunto del sistema, o unos flujos migratorios, cuyo origen radica en las brutales diferencias de desarrollo, y ante los que hace frente cada país como puede, en ocasiones, chocando con los derechos humanos.

      Es una peligrosa quimera pensar que una sola potencia, EE UU, puede poner orden en el mundo

      Un objetivo español alcanzable sería el nacimiento de un gran espacio euroamericano

      Sería ingenuo pretender que pudiésemos contar con un "gobierno mundial" democrático. Ni la ONU, el FMI, el Banco Mundial ni la OMC cumplen ese papel, aunque intenten intervenir, a veces de forma equivocada, para paliar los efectos de la carencia de normas con alcance global. Lo que sí sería factible es ir creando grandes áreas de gobernanza democrática, con libertad comercial y cohesión social, que vayan ganando terreno a la selva en que se ha convertido el mundo económico internacional. Parece que se nos ha olvidado que hubo una época en que, a nivel del Estado nación, imperaba el "dejar hacer, dejar pasar, pues el mundo caminaba por sí mismo", y ello condujo a conflictos sociales internos y guerras externas. Se comprendió que era necesaria una cierta dosis de intervención de los poderes públicos para corregir los graves desbarajustes que producía el mercado dejado a su libérrima inclinación. Ese fue el gran pacto social y político de la posguerra europea.

      En efecto, una parte de Europa comprendió que era necesario unirse no sólo para ser relevante en un mundo interdependiente o evitar los desastres de las guerras, sino porque la única manera de gobernar la globalización es por medio de amplias integraciones en base a instituciones democráticas, libertad de factores de producción y cohesión social. Un ejemplo de cómo se puede abordar la gran cuestión de la gobernanza de la globalización en un espacio determinado que comprende ya a 500 millones de personas. Un gobierno todavía incompleto, pues le falta rematar aspectos políticos, pero que supone un éxito sin precedentes.

      Ahora bien, la existencia de la Unión Europea no resuelve los problemas de la administración de lo global. Como resulta una peligrosa quimera creer que una superpotencia -Estados Unidos- podía poner orden en este convulso mundo. A lo que ha conducido esta pretensión es a que Estados Unidos se haya transformado de una parte esencial de la solución en una parte del problema general. Hemos asistido, así, al fracaso de la arrogancia de resolver los problemas por vía unilateral, si bien no hemos podido levantar un eficaz sistema multilateral. La conclusión es que la sociedad de la globalización está sin gobierno y, en consecuencia, todo desarreglo, disfunción, especulación, trapacería o violencia puede encontrar su asiento sin mayor impedimento.

      Decíamos antes que pretender hoy un gobierno mundial es utópico. Crear espacios concéntricos de gobernanza ordenada que se puedan coordinar para establecer reglas comunes no lo es. La UE tiene, prima facie, una proyección y dos fronteras. La gran proyección de Europa han sido las Américas, la del Norte y la del Sur. Los europeos nos hemos prolongado en el continente americano y se ha creado un área de lenguas, de cultura, de sistemas políticos y valores, en lo esencial, comunes. Sin embargo, la situación económica y social de una de las Américas se ha quedado atrasada. Debería ser del interés de la UE y de Estados Unidos contribuir a corregir esta grave disfunción, en beneficio de los ciudadanos latinoamericanos y de nuestros intereses estratégicos. El método que ha resultado eficaz es conocido. Junto a los acuerdos de libre comercio, son imprescindibles instrumentos de cohesión social como los fondos de convergencia, para facilitar infraestructuras físicas y educativas que permitan un crecimiento sostenido. Únicamente con tratados comerciales bilaterales o colectivos, siempre desiguales, no se garantiza el crecimiento a largo plazo. El problema es que en América Latina no existen los países "contribuyentes netos" que sí existían en Europa y, en consecuencia, la UE, junto con otros actores relevantes, podría convertirse en ese factor exógeno capaz de trasvasar fondos que permitan a esas economías ir convergiendo con las más avanzadas. En el caso de Europa, fue una magnífica operación tanto para los contribuyentes como para los receptores; de lo contrario, pagaremos el precio de la "no cohesión".

      España, junto con la UE, debería privilegiar un gran proyecto hacia el continente americano que podría dar, como resultado, la creación de un área euroamericana de democracia, apertura comercial y cohesión social con gran peso en la gobernanza global. Un nuevo consenso entre las dos orillas del Atlántico, basado en intereses y valores comunes que equilibrase el actual deslizamiento del eje de la hegemonía hacia el Pacífico. Un buen momento para lanzar una iniciativa potente sería la presidencia española de la UE. No es, desde luego, fácil, como no lo fue en Europa. Es una cuestión de clarividencia, de voluntad política y de liderazgo.

      Pero también tenemos dos fronteras, en el Este y en el Sur. La UE, encabezada por Alemania, ha abordado los problemas del este europeo por medio de la última ampliación y los fondos que empiezan a fluir hacia esos países. En el Sur tenemos el Mediterráneo, y detrás, África. En el Mare Nostrum está en marcha el nuevo impulso al proceso de Barcelona -Unión para el Mediterráneo-, a iniciativa del presidente francés, con la legítima intención de liderar el proceso. El reto es ambicioso y los obstáculos todavía grandes: infraestructuras, medio ambiente, energía, seguridad, etcétera. Los obstáculos: conflicto palestino-israelí, Irak, el Sáhara, la integración de Turquía, Líbano, Siria, etcétera. Todos los grandes problemas europeos tienen aquí su proyección, y Francia ha visto, con razón, que convendría hacer en el Mediterráneo una operación similar a la del Este en otras condiciones. A España le interesa este proceso y debería apostar fuerte, sin olvidar el África subsahariana, que exigiría otro tratamiento.

      El fracaso de la última cumbre de la FAO en Roma debería abrirnos los ojos. No se acaba con la destrucción de seres humanos -hambre- y de la naturaleza con conferencias y donaciones. Y menos aún con defensivas "alianza de democracias" que conducirían a nuevos bloques. Hay que aceptar un comercio justo en ambas direcciones; asumir que es necesario trasvasar abundantes fondos de convergencia para el bienestar global y dejar de apoyar a autocracias -con petróleo o sin él-, porque son aliados en no se sabe qué guerra. De lo contrario, me temo que, ante las crecientes migraciones, acabaremos violando los derechos humanos. No es la primera vez en la historia que se puede ser una democracia "hacia dentro" y una dictadura "hacia fuera".

      Nicolás Sartorius es vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas y director de su Observatorio de Política Exterior Española (Opex).

      13 Jul 2008

      Tras el debate sobre la crisis. Santiago Carrillo. 13/08/2008.

      Escrito por: jordigrau el 13 Jul 2008 - URL Permanente

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      Tras el debate sobre la crisis
      SANTIAGO CARRILLO

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      El reciente debate sobre la crisis en el Congreso de los Diputados no ha sido tan esclarecedor como muchos deseaban. En parte, no lo ha sido porque esta crisis tiene características tan complejas que es muy difícil precisar cuándo y cómo se producirá su superación. Y aunque Zapatero anunció un rosario de medidas tomadas o previstas para afrontarla, la acumulación de cifras y porcentajes hacía muy abstruso su discurso. En cuanto a la oposición, no discutió las medidas concretas que fueron expuestas. Se centró sobre todo en que el Gobierno había ocultado deliberadamente la crisis para ganar las elecciones.

      Claro que hay una política económica de izquierdas y otra de derechas

      Si Rodríguez Zapatero quería evitar la alarma de ciudadanos y sectores económicos negándose a hablar de crisis, supongo que a estas horas se habrá dado cuenta, viendo su aislamiento parlamentario, de que se equivocó. De todas formas, no se puede reducir el debate a algo que recuerde la fábula: si son galgos o podencos, si una crisis o una desaceleración. La cuestión es otra: ¿podía el Gobierno tomar medidas preventivas para impedir el desencadenamiento de la crisis? ¿Estaba esto dentro de sus posibilidades, como parece desprenderse del discurso de Rajoy?

      En las situaciones favorables al crecimiento, todos los Gobiernos terminan apuntándose los resultados positivos. Aunque estos estén más bien propiciados por el ciclo, los presentan como un resultado de su buena gestión. Y la gente no muy bien informada lo entiende así. Pero igualmente, cuando vienen mal dadas, esa gente a quien culpa es al Gobierno.

      En realidad, en el sistema globalizado en que vivimos, la mayor parte de los Gobiernos nacionales tienen muy escaso papel en el hecho de que el ciclo económico sea o no positivo. Los poderes que realmente dirigen la economía son los centros de las finanzas y del alto empresariado. Por eso, al enjuiciar la crisis, acusar de ella al Gobierno es una trampa. Tras la II Guerra Mundial, y aún más claramente después del hundimiento del llamado "socialismo real", la libertad de mercado se ha impuesto rotundamente. Han triunfado las tendencias a la privatización de las actividades económicas y se ha negado a los Estados -y, por consiguiente, a los Gobiernos- toda intervención en estas cuestiones.

      La libertad de mercado significa hoy que quien tiene el poder sobre la economía son unos individuos que han tenido la habilidad de convertirse en los dueños de las finanzas y las grandes empresas y que proceden, con arreglo al criterio del máximo beneficio, a su antojo, sin ningún control público efectivo. Y cuando se equivocan, pueden provocar seísmos económicos y sociales, como el que estamos viviendo.

      En su mayoría, los Estados y los Gobiernos han perdido soberanía y autoridad. Porque los organismos supranacionales la han limitado seriamente y, además, velan cuidadosamente por la estricta aplicación de la libertad de mercado.

      Es decir, la globalización tal como existe hoy ha ido distanciando los poderes económicos del poder político. El poder político va siendo relegado en este ámbito a un papel secundario. La política ya no dirige la economía; son los poderes económicos los que deciden autónomamente.

      Recuerdo los tiempos en que los partidos burgueses condenaban a los marxistas por su determinismo económico, lo que llamaban su materialismo, mientras ellos se consideraban idealistas. Ahora son los capitalistas los que han convertido en regla el determinismo económico. La economía -y, por tanto, ellos que la poseen- es lo que determina todo.

      Zapatero y su Gobierno tienen muy poco que ver con las causas de esta crisis. Si algún Gobierno español tuvo algo que ver, sería, en todo caso, el de José María Aznar por su implicación en la guerra de Irak, acontecimiento que sí tiene influencia sobre los problemas que vivimos. Pero ni en esa guerra, ni en la carestía de la vida -originada por la del petróleo-, ni en el estallido de la burbuja inmobiliaria pueden atribuirsele responsabilidades particulares al Gobierno de Zapatero. El Estado no tiene poderes para frenar la especulación capitalista.

      Estos factores no fueron tenidos en cuenta en el debate parlamentario. Sin embargo, en el discurso de Zapatero hubo algo esencial que la izquierda tiene que sostener: las medidas previstas por el Gobierno tienen una pauta progresista: tratan de conseguir que no resulte afectado el gasto social, quieren mantener al mejor nivel posible las condiciones de vida de los trabajadores y las gentes modestas. Es lo que Zapatero denominó "una estrategia socialdemócrata frente a la crisis".

      Y esto es en el fondo lo que no gustó a Rajoy y a la derecha, que inmediatamente han sacado el tópico de que frente a la crisis no hay política de izquierda o de derecha. Es falso: frente a la crisis del 29 en Estados Unidos hubo estrategias diferentes, la de Hoover y la del New Deal, que prevaleció con Roosevelt y que fue una estrategia progresista que ha dejado honda huella. Pienso que la izquierda y los progresistas estamos obligados a apoyar a Zapatero en la estrategia por él definida y a evitar caer en el juego de la derecha que consiste en supervalorar errores secundarios para lograr lo de siempre: que la crisis la paguen las capas más modestas de la sociedad.

      Lo inquietante a este respecto es la debilidad parlamentaria del Gobierno. Zapatero debe ser consciente de ello y tomar la iniciativa de la comunicación a los ciudadanos, a la calle. A su vez, éstos, por su propio interés, tendrían que apoyarle.

      Santiago Carrillo, ex secretario general del PCE, es comentarista político.

      13 Jun 2008

      L'article més estúpid que he llegit en molt de temps. 13/06/2008.

      Escrito por: jordigrau el 13 Jun 2008 - URL Permanente

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      Una pregunta. Ni en la cita literal que remarco en roig ni mai, "miembro" és adjectiu. Ací és un Complement del Nom "mujeres". Que la que diu ser filòloga "argumenti" en fals no deixa de tenir gràcia. I, posat que fos adjectiu -que no-, és d'una terminació. O és que hi hauríem de posar diferentas, importantas, audazas o felizas? Serietat!

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      Dominio público

      Opinión a fondo

      No hay que pedir perdón por decir ‘miembra’

      12 Jun 2008

      12:08

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      Tags: política nacional

      MÓNICA BAR CENDÓN

      El lenguaje configura el mundo. Lo que no se nombra no existe en nuestra realidad. Pero hay cosas que no sabemos nombrar porque las desconocemos, aunque ello no quiere decir que no existan. La cultura consigue que sepamos darle nombre (y género) a las cosas asignándoles un espacio en el mundo.

      El género es un paradigma cambiante que se adapta a la realidad. Pongamos por caso: el sustantivo médico; genéricamente es masculino; y hasta hace muy poco tiempo, “no se oía” el femenino; no se usaba, sencillamente porque no existían
      mujeres médicas (perdón por la redundancia) ni ingenieras, ni abogadas, ni ministras.

      Pero ¿qué sucede en el caso contrario? Si se masculiniza un femenino, el masculino de azafata, no pasa a ser azafato, sino sobrecargo; y el de enfermera, no pasa a ser enfermero, sino asistente técnico sanitario; qué curioso, obsérvese como el uso perverso del femenino supone un descenso en el escalafón.

      Y lo peor es que tanto las mujeres como los hombres acaban creyéndoselo. Si hay algo capaz de producirme urticaria, a estas alturas, son esas mujeres que se travisten de médicos, ingenieros, abogados.

      La lengua tiene esa faceta de permitirnos ser mujeres, ontolológica y gramaticalmente hablando; y, de hecho, esta inversión genérica, lejos de aportarles caché, lo que revela es autoodio e inseguridad.

      Las palabras se crean (neologismos), se reconvierten semánticamente, se derivan, a tenor de la evolución de la humanidad. A veces, los cambios se producen tan rápidamente que la sociedad –no digamos, la Real Academia– necesita un tiempo para asimilarlos, como se puede apreciar en el tema espinoso de la “feminización del lenguaje”.

      El género femenino de muchos sustantivos, no viene de serie, sino que es un venturoso rescate de alguien, un sujeto o sujeta (¿por qué no?) para la lengua. Del mismo modo que venturoso ha sido rescatar a las mujeres del ámbito doméstico para la medicina, la ingeniería o los ministerios.
      Esto quiere decir que lo que antes no tenía nombre puede llegar a tenerlo; y las palabras que antes tenían un género ahora pueden llegar a tener otro; y ¿de qué depende? Pues de su uso, del uso instrumental que se le quiera dar al lenguaje. Y el lenguaje vuelve a transformar, a ampliar la dimensión del mundo, y así sucesivamente.

      A raíz de un parlamento de la ministra de Igualdad se ha creado un gran revuelo. Bibiana Aído ha utilizado la palabra miembras, para dirigirse a un auditorio mixto, y ha tenido la cortesía, –o el detalle solidario– de incluir a las mujeres. Qué alivio, por fin nos tienen en cuenta.

      El hecho es que el uso insólito del femenino en esa palabra ha puesto nerviosísimos a ciertos contertulios mediáticos que se han olvidado de sus neuras congresuales y se han cebado en el eslabón más joven, que no más débil, del gobierno español.
      Deduzcamos el porqué, y es que el término tiene muchos bemoles, a juzgar por la chanza venenosa de uno de los sujetos; varón, escritor y frisando la edad de jubilación, para más señas, lo que debería aportar sabiduría y no lo contrario.

      En un momento de pérdida de control, el individuo, quizás el más encolerizado del ruedo, deja escapar una frase que no puedo escribir sin sonrojarme: “No, si ahora le van a llamar a esto que tengo aquí miembra, lo que nos faltaba, hasta ahí podíamos llegar”. Todas y todos le rieron la gracia; de pena.

      En definitiva, al paisano, que había sido herido en lo más profundo de su ser, le salió el león machista rugiendo como si la ministra, reina de las Amazonas, le hubiera clavado el hacha de guerra en todo el centro de su ser. Por la boca muere el pez, dice el refrán.

      Qué cosas, una mujer serena e involucrada hasta la médula en cambiar las circunstancias de terror en las que viven las mujeres, día a día, y algunos, preocupados por un miembro de su anatomía.

      Pero volvamos al objeto de esta reflexión: al léxico. ¿Qué tiene de incorrecto la palabra miembra? Procede del término latino membrum-membri, sí, neutro latino, como medium-medii, y nadie se extraña del uso de su plural media (medios de comunicación); pirum-piri, pera, también neutro en su origen. La lengua está llena de estos ejemplos.

      No es que sea incorrecto miembra, es que además es reivindicable.
      El uso automático del género masculino no es arbitrario, es fruto del machismo en el sistema de signos que utilizamos para comunicarnos. Y, por cierto, si el uso del término es adjetivo –por lo tanto femenino, masculino o neutro– más recomendable aún. Todo es cuestión de acostumbrarse, de comprender su uso legítimo. ¿Qué parece más correcto, que se diga “Cada vez hay más mujeres miembras de consejos de administración”; o “Cada vez hay más mujeres miembros de consejos de administración”?

      Un sustantivo en femenino con un adjetivo en masculino, además de ser absurdo, es una falta de concordancia; gramaticalmente, un error.

      Miembras, así se dice y figurará en el próximo diccionario, como una entrada más, con el beneplácito de quienes “limpian, fijan y dan esplendor” (y no son amas de casa) no me cabe la menor duda. Como también desaparecerá la acepción mujer del ministro, para definir a ministra, eso espero.

      Y, dicho sea de paso, en los escritos del Consello Municipal da Muller de Vigo, la palabra miembra, es de uso común.

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      Pot servir de resposta:

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      Ígor R. Iglesias
      La Isla

      ¿Miembra? No, quilla, no

      La ministra de Igualdad ha propuesto que la RAE incluya en el diccionario académico la palabra ‘miembra’ como femenino de ‘miembro’. Bibiana Aído confunde el género con el sexo y no sólo ella, pues hasta la llamada Ley contra la Violencia de Género incluye en su nombre un eufemismo que en términos lingüísticos es ambiguo, pues género y sexo no son la misma cosa

      El femenino de miembro es miembro. Así lo recoge el Diccionario de la Real Academia Española y el Diccionario Panhispánico de Dudas de la Asociación de Academias de la Lengua Española, entre otros. La propuesta de Aído se fundamenta en la creencia de que las palabras que acaban en –a han de ser femeninas y las acabadas en –o, masculinas. De cualquier corpus oral o escrito del español concluiríamos que en la mayor parte de los casos es así, pero en este ámbito no por percatarnos de que tres individuos observados de la misma especie son bípedos, concluiremos que todos los miembros de la especie en cuestión tienen dos pies.

      Las cosas en la lengua son más complicadas y en la vida, también. No sé por qué causa, pero aquí todos queremos ser médico, abogado, lingüista o fontanero sin haber pasado por la escuela correspondiente. En el caso de la lengua, esto se acentúa mucho más. Todo el mundo opina y ante explicaciones que son incapaces de comprender, la tozudez siempre prima. Concluyo, pues, que la gente, en contra de lo que se cree, se tiene en muy alta estima.

      En el caso concreto que nos atañe, Bibiana Aído confunde sexo con género. Las cosas en la vida, en la realidad, tienen sexo o no. En particular, la mayor parte de los seres vivos perceptibles pertenecen a especies con sexo, como la nuestra. De ahí que haya sexo mujer o hembra o sexo varón o macho, con independencia de las tendencias sexuales y demás, ya que aquí hablo en términos estrictamente anatómicos y biológicos. Por su parte, las cosas no tienen sexo. ¿Dónde tienen la picha un martillo, un coche o un puente? No haría falta decir que tampoco tienen sexo mesa, moto o farola. Sin embargo, en la lengua estas palabras que carecen de sexo en la realidad, son sustantivos masculinos y femeninos, respectivamente. Por tanto, sexo y género no es la misma cosa, por mucho que coincidan en la mayor parte de los casos donde el referente sí posee sexo.

      Puestos a exigir el desdoblamiento genérico, podemos proponer que a la caballa macho a partir de ahora se le llame el caballo. Pero esa –a, con la que acaba ‘caballa’, no es una –a femenina solamente, sino que además es masculina. Dicho en términos lingüísticos, al morfo –a, esto es, la representación gráfica, le subyacen los morfemas femenino y masculino, con independencia de los problemas terminológicos que morfo y morfema implican, ya que cada escuela o autor los usa en sentidos diferentes; pero eso es otro asunto que aquí no nos concierne.

      Miembro, pues, hace alusión al individuo o individua que forma parte de un grupo o una comunidad. La –o con la que acaba no es masculina, pues estamos en el nivel del habla, y lo morfológico hay que estudiarlo en el nivel de indagación y formalización lingüística de la Morfología. Por tanto, habrá que acudir al nivel de la lengua y ver en la abstracción qué genero subyace a tal forma. Aquí al morfo –o, teniendo en cuenta lo dicho más arriba, le subyacen dos morfemas de género: uno, masculino; otro, femenino.

      Por otra parte, la propuesta de Aído carece de sentido, ya que en la comunidad lingüística del español, nadie usa ‘miembra’ y la labor de la Real Academia Española, lo mismo que el resto de academias, con las que la RAE consensúa todas las decisiones, no es la preceptiva, sino la descriptiva y notarial, entre otras funciones al servicio de la sociedad, como su útil y eficaz servicio de dudas lingüísticas por correo electrónico.

      Aído está siendo una ministra excelente, pero en este asunto ha cometido un error que no va más allá de las risas que su propuesta provoca en los doctos en los oficios de la Lingüística y la Filología (ambas cosas son diferentes) y que forma parte de un comportamiento muy habitual en los profanos en la materia. Esto debería hacernos reflexionar sobre la importancia de tener claro lo que uno no es, más allá de lo que uno cree ser. Por eso, a Bibiana Aído habrá que decirle, en la misma línea en la que se ha expresado su veterano compañero de partido, Alfonso Guerra, ‘zapatera, a tus zapatos’.

      *Ígor R. Iglesias es periodista y lingüista


      04 Jun 2008

      ¿Qué hacer con el Tribunal Constitucional?. Ignacio Sánchez Cuenca. 04/06/2008.

      Escrito por: jordigrau el 04 Jun 2008 - URL Permanente

      Article

      Òrgans constitucionals

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      ¿Qué hacer con el Tribunal Constitucional?

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      IGNACIO SÁNCHEZ-CUENCA (Ignacio Sánchez-Cuenca es profesor de sociología en la Universidad Complutense de Madrid.)

      Exigir la unanimidad o una mayoría cualificada para que los magistrados puedan declarar inconstitucional una ley aprobada por el Parlamento sería una forma de desactivar el conflicto de la composición del Tribunal

      IGNACIO SÁNCHEZ-CUENCA 04/06/2008

      Una de las instituciones que más ha sufrido la estrategia de la crispación desplegada por la derecha en los últimos años ha sido el Tribunal Constitucional (TC). El Partido Popular, dispuesto a sabotear a cualquier precio algunas de las reformas aprobadas en la primera legislatura de Zapatero, trató de compensar su minoría parlamentaria con un golpe de mano en el TC. La idea era sencilla: si se alteraba la correlación de fuerzas en el seno del Tribunal mediante la recusación de magistrados que presumiblemente no compartían las opiniones tremendistas del PP sobre la ruptura de España, podría utilizarse el TC como tercera cámara en la que paralizar o deshacer algunas medidas aprobadas por el poder legislativo.

          De uno u otro signo, los magistrados del TC actúan en función de sus opiniones políticas

          Habría que limitar la capacidad de anular leyes de unos jueces claramente partidistas

          La rocambolesca operación, que se inició con la recusación del magistrado Pablo Pérez Tremps, dio lugar a una sórdida batalla por la composición del TC entre el Gobierno, el PP y los propios magistrados divididos en dos bandos, el de los progresistas y el de los conservadores. Quizá la única consecuencia positiva del intento de manipular la composición interna del TC haya sido la oportunidad que hemos tenido los ciudadanos de contemplar con toda su crudeza la forma en que se resuelven los conflictos en el seno del Tribunal.

          Ahora sabemos sin la menor sombra de una duda que los magistrados tienen preferencias políticas, como el resto de sus congéneres, y que son seleccionados por los partidos en función de dichas preferencias. No es que todas las demás consideraciones sean irrelevantes. Por supuesto, también se tiene en cuenta sus méritos profesionales. Pero a igualdad de méritos, los partidos proponen a aquellos con los que tienen una mayor afinidad política.

          Los magistrados poseen un mandato fijo y, por tanto, una vez en activo, no tienen por qué obedecer las consignas de los partidos que les nombraron. De modo que si actúan según ciertos principios políticos, no se debe necesariamente a que tengan que devolver el favor de haber sido elegidos, sino a que han sido elegidos por pensar de una cierta manera. Hay múltiples estudios empíricos que demuestran una fuerte correlación entre las posiciones políticas de los magistrados y las decisiones que toman.

          La interpretación de las leyes, y más todavía la interpretación de la Constitución, no es una ciencia exacta. Caben varias lecturas posibles de la Constitución. Y los magistrados optan por una u otra en función de sus ideas políticas. De ahí que su nombramiento resulte un asunto tan delicado, sobre todo teniendo en cuenta que en países como España se otorga al TC el monopolio de la interpretación constitucional. La última palabra la tienen los magistrados que lo componen. Y si los poderes representativos no están conformes con el parecer del alto Tribunal, sólo pueden neutralizar dicho parecer procediendo a una reforma constitucional. En la práctica, dados los costes políticos de semejante vía (mayorías cualificadas, referéndum de ratificación), el TC tiene el monopolio de la interpretación constitucional.

          En la filosofía del derecho se han analizado exhaustivamente todos los argumentos imaginables a favor y en contra de los poderes que tiene un Tribunal Constitucional en una democracia representativa. Como bien se sabe, hay una tensión muy difícil de resolver entre el poder legislativo y el poder del TC. En teoría, el Tribunal salvaguarda el sistema democrático de los excesos que pueda cometer el legislativo. Éste no puede traspasar ciertos límites que vienen marcados por la interpretación de la Constitución que determine el TC. Y si surge un conflicto entre el Parlamento y el órgano de control constitucional, es este último el que acaba imponiéndose.

          Así expresada, la idea no es mala: se trata de salvar la democracia frente a medidas que, sin perjuicio de haber sido aprobadas democráticamente, pueden socavar las bases del sistema. Sin embargo, cuando se examina con un poco más de detalle un conflicto típico entre el Parlamento y el TC, en seguida se advierte que las cosas son bastante más complejas de como suelen presentarse. Pensemos en el ejemplo del Estatuto catalán. Se trata de una ley orgánica aprobada originalmente en el Parlamento catalán por un amplio consenso, modificada y aprobada de nuevo en el Parlamento español, y, finalmente, ratificada mediante un referéndum celebrado en Cataluña. Si hay razones claras y concluyentes de que esta ley es inconstitucional, no habrá más remedio que declararla inválida. El problema es que los propios magistrados suelen no estar de acuerdo entre sí. De hecho, cuando las razones a favor y en contra se agotan, se toma una decisión final por mayoría simple (en caso de empate, decide el voto de calidad del presidente).

          Ahora bien, que haya una mayoría a favor o en contra en el seno del TC obedece a factores contingentes que tienen muy poco que ver con el asunto que se esté dirimiendo. El signo político de la mayoría depende de cuál haya sido en los últimos años la secuencia de nombramientos. Puesto que el mandato de los magistrados no es igual al de los representantes populares, puede ocurrir que haya un Parlamento con mayoría progresista y un TC con mayoría conservadora, o al revés. Y también puede ocurrir, naturalmente, que la mayoría sea del mismo signo en ambas instancias.

          Si las decisiones sobre la constitucionalidad de las leyes se toman por mayoría, si dicha mayoría no tiene fundamento democrático, y si sabemos que dicha mayoría refleja las preferencias políticas dominantes en el Tribunal, ¿qué sentido tiene dar el monopolio de la interpretación constitucional al TC?

          No pretendo cuestionar el papel que desempeña el TC en nuestro sistema político. Pero sí me gustaría llamar la atención sobre lo arbitrario que resulta que se emplee una regla como la de la mayoría simple para resolver asuntos tan importantes como los que aborda el Tribunal. Cuando se llega a un desacuerdo irresoluble entre los magistrados, es la fuerza de los números la que se impone: de ahí que para los partidos políticos sea tan importante conseguir que haya una mayoría de magistrados favorables a sus tesis.

          En realidad, hay una forma bastante sencilla de resolver este problema: exigir una mayoría cualificada o, en el límite, la unanimidad, para que los magistrados puedan declarar inconstitucional una ley. Si se hace así, el TC sólo podrá oponerse al legislativo cuando, a pesar de las divisiones ideológicas entre sus miembros, éstos se pongan de acuerdo en que la ley en cuestión es claramente inconstitucional. Resulta razonable que una ley pueda ser invalidada por una instancia no representativa cuando los miembros de dicha instancia superan sus diferencias políticas de partida y llegan a un consenso muy amplio sobre la inconstitucionalidad de la ley.

          Esta propuesta tiene algunas ventajas. En primer lugar, desactiva, no totalmente pero sí en buena medida, el conflicto en torno a la composición del TC. La exigencia de una mayoría muy amplia o incluso de unanimidad hace que sea irrelevante tener un número mayor o menor de miembros de la misma tendencia política, pues una declaración de inconstitucionalidad sólo será posible si se consigue el acuerdo entre magistrados de distinta ideología.

          En segundo lugar, es evidente que esta propuesta hace más difícil que el TC pueda oponerse a lo que apruebe el legislativo. Esto es enteramente lógico, ya que al fin y al cabo el legislativo ha sido elegido mediante sufragio universal, mientras que el TC no es un órgano representativo. No siéndolo, parece sensato poner algunas restricciones a la capacidad de los magistrados para anular las leyes aprobadas por los representantes de la ciudadanía. Una mayoría cualificada da poder de veto a cada una de las dos partes que componen el TC, lo que hace más improbable que una ley pueda ser declarada inconstitucional.

          Finalmente, hay que subrayar que sentencias constitucionales que reflejen un amplio consenso entre magistrados de distinta sensibilidad política tienen una fuerza persuasiva mucho mayor que sentencias que vienen sólo apoyadas por el bloque político que en un momento dado tiene una posición mayoritaria en el Tribunal. En cierto modo, la propuesta que aquí defiendo desactiva el problema de la politización de los magistrados del TC. Dicho problema es, sin lugar a dudas, el que mayor desgaste ha producido en el Tribunal Constitucional en los últimos tiempos.

          Ignacio Sánchez-Cuenca es profesor de sociología en la Universidad Complutense de Madrid.

          17 Abr 2008

          La baba en la pluma. Daniel Anido. Director SER. I alguna cosa més. 17/04/2008.

          Escrito por: jordigrau el 17 Abr 2008 - URL Permanente

          Caverna, Brunete mediàtica o simplement màfia fatxa. 16/04/2008.

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          La baba en la pluma

          DANIEL ANIDO/ DIRECTOR de CADENA SER

          Cuando fluye la baba y el periodismo se acojona la tiniebla va cubriendo el espacio vacío; un territorio abandonado que ocupan pajilleros, reprimidos, grasientos, puteros, siniestros, cobardes y acomplejados, con nombres y apellidos.

          Son de ilustres burgos, ansones, losantos, pejotas, usias y alguna que otra schlichting, pero segregan ese líquido viscoso y corrompido por la comisura de sus parpados, acentuando el asco que desprende su mirada.

          Tenemos que mirar sus caras, seguir con atención el recorrido; ver como avanza ese residuo pútrido que desciende por los pliegues hasta la boca, como carcome gota a gota su lengua relamida; como la inunda y luego la desborda, para proseguir su camino hasta la mano pegajosa que sostiene la pluma y derramar allí toda su miseria.

          Cuando fluye toda esta baba compartida y el periodismo se acojona, estos mirones clandestinos, estos fetichistas de la mugre, se proclaman profetas con derecho de pernada, levantan púlpitos con barrocos tornavoces, apoyan sus falanges en el antepecho, despliegan su abyección más tenebrosa y corrompen el espacio compartido.

          Cuando el periodismo se acojona delante de estos usurpadores del oficio, la cloaca extiende su dominio, se adueña de la plaza pública y construye allí su pasatiempo favorito: el juego delictivo del insulto, donde prevalece y se premia la discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, como pueden ser la orientación sexual, la fe o falta de ella, la ideología, la gestación, la edad, el nombre o el apellido.

          Cuando el periodismo se acojona delante de estos mediocres, que confunden la baba con el intelecto, nuestra profesión pierde el futuro; los ciudadanos, su libertad, y la democracia, el sentido.

          El periodismo tiene que hacer frente a la contaminación que desprenden estos exhibicionistas de la baba en la pluma, a la perversión que esconden bajo el necesario paraguas de la libertad de expresión.

          Son previsibles. Se plantan delante de sus víctimas y abren con rapidez sus gabardinas, dejando ver su desnudez intelectual. Pero, son cobardes. Si les plantamos cara, mirando fijamente sus despojos orgánicos, señalando con el dedo su minusvalía y mostrando nuestro desprecio con una sonora carcajada, que al tiempo alerte al resto de la ciudadanía, salen corriendo a esconder sus complejos y sus colgajos... en el fango.

          (A ellas, que sufren estos días el maltrato de quienes quieren robarnos el oficio: disculpas.)

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          REACCIONS DAVANT EL PREDOMINI FEMENÍ EN EL NOU EXECUTIU

          L'aposta de Zapatero per les dones suscita recels masclistes

          Portada exclusiva dibuixada per Milo Manara per a EL PERIÓDICO amb motiu del Saló del Còmic que avui comença.

          MANEL MANCHÓN

          Els recels i els prejudicis masclistes existeixen, no s'han evaporat de la nit al dia. "Es noten, sí, principalment en alguns que tenen l'oportunitat d'expressar la seva opinió en públic", precisava ahir la ministra d'Administracions Públiques, Elena Salgado, al pati del Congrés en l'acte solemne d'obertura de la novena legislatura de la democràcia. Els comentaris crítics a les ministres se segueixen produint. El president del Govern, José Luis Rodríguez Zapatero, no deixa de comentar a qui l'hi pregunta que els retrets que s'han plantejat a les seves ministres obe- eixen a "recels masclistes", que es mantenen en la societat espanyola. Al marge de si aquests comentaris entren de ple en la idoneïtat o no dels noms per dirigir determinats ministeris, Zapatero insisteix que inclouen un masclisme, a vegades fins i tot inconscient, però que forma part de la sociologia espanyola i que s'ha de superar "fent pedagogia".
          El president de l'Executiu està disposat a trencar motllos, a fer un salt que en altres països de l'entorn europeu, com per exemple Itàlia, es considera una autèntica revolució. Així s'explica la reacció demostrada per Silvio Berlusconi, que acaba de guanyar les eleccions italianes, a l'atribuir a Zapatero un executiu "massa rosa".

          Chacón, l'exemple
          La convicció de Zapatero, no obstant, és que el conjunt de la societat espanyola entén a la perfecció el canvi polític que ha suposat la massiva presència de dones als llocs de poder. La imatge de Carme Chacón al capdavant de la cúpula militar com a ministra de Defensa és la icona que buscava Zapatero per oferir al món la imatge d'una Espanya que ha canviat de dalt a baix en només 30 anys.
          La imatge també va ser ahir la de Cristina Garmendia, titular de Ciència i Innovació, que, potser pensant en Berlusconi, portava una magnífica brusa de color rosa. "És un color que a mi m'agrada", va assenyalar, per afegir que les afirmacions de Berlusconi "diuen molt de qui les pronuncia".
          Però les crítiques no han parat. S'han produït, no obstant, en entorns mediàtics, i no entre l'oposició política, que ha reaccionat amb satisfacció. Aquest era el sentit de les paraules de Salgado, que afegia que el masclisme no es dóna "en el conjunt de la ciutadania". La mateixa presidenta de la Comunitat de Madrid, Esperanza Aguirre, va felicitar Zapatero. "És el segle de les dones i una de les millors coses que ha fet el president ha sigut nomenar tantes dones", va assegurar ahir al Congrés dels Diputats, on la qüestió va centrar totes les converses.

          El sexe no importa
          Les paraules d'Aguirre tenen la seva importància, perquè la presidenta madrilenya s'autodefineix com a liberal, contrària a polítiques intervencionistes com la discriminació positiva. En canvi, la portaveu parlamentària del Partit Popular, Soraya Sáez de Santamaría, ha insistit aquests dies que no s'ha de valorar els membres del Govern pel seu sexe, amb el convenciment que la seva generació, entre els 35 i els 40 anys, no està tan pendent de si es nomenen més homes o dones perquè ho considera una qüestió superada.
          Aquesta actitud elogiosa, o comprensiva, contrasta amb les crítiques de determinats líders d'opinió, que incideixen en un suposat capritx del president. El locutor de la COPE Federico Jiménez Losantos ha entrat de ple en aquests nomenaments. "No sé què deu haver fet Bibiana. Si no és que ha guanyat algun torneig de peteneras", ha arribat a assegurar en al.lusió a la ministra d'Igualtat, Bibiana Aído, fins ara directora de l'Agència de Foment del Flamenc, a la Junta d'Andalusia. Antonio Burgos, des de les pàgines de l'Abc, resumia les designacions de ministres, tot i que dirigint la seva crítica a la ministra d'Igualtat. "¿Els sembla poc que una flamenquita arribi a ministra del Batalló de Modistetes de ZP?", va arribar a sentenciar.
          La imatge, en qualsevol cas, que marcarà el Govern de José Luis Rodríguez Zapatero és la de Carme Chacón. El seu nomenament pot evidenciar, també, que la transformació social no ha passat per davant dels militars. És cert que la seva designació no ha causat una gran exaltació en cercles de l'Exèrcit, però tampoc ha provocat un rebuig pú-
          blic. L'Associació Unificada de Militars Espanyols (AUME) va qualificar la designació d'"encert", amb l'esperança que Chacón sabés satisfer les demandes de l'Exèrcit. Només l'Associació de Militars Espanyols (AME), que agrupa fonamentalment militars retirats, va afirmar que es tractava d'un "menyspreu" i d'una "provocació" a l'Exèrcit.
          Les crítiques a Zapatero per la composició del seu Govern arriben també per la convicció que el president espanyol estaria interessat principalment a trencar esquemes, a sortir del guió per aconseguir una gran atenció mediàtica que el beneficiï a ell en primer lloc. El president, en qualsevol cas, va considerar dissabte passat, quan va fer públic els noms del seu Gabinet, que la seva intenció és "predicar amb l'exemple". La intenció de l'Executiu central és arrossegar el conjunt de la societat espanyola cap a una igualtat més important a tots els llocs laborals, començant amb la presència de dones a l'escalafó més elevat de l'administració, i que són objecte, per aquesta raó, d'una gran atenció mediàtica.
          La ministra Elena Salgado es va referir a això, a la necessitat d'aprofundir en el canvi social. Per fer un gir definitiu, va considerar, "hi han de ser totes les dones i tots els homes que ens acompanyen en aquest camí, perquè el camí cap a la igualtat, afortunadament, no l'afrontem soles".
          L'altra gran qüestió afecta el mèrit, que Silvio Berlusconi hauria posat en dubte amb les seves declaracions. Els diputats que van buscar ahir aclarir tot el debat que s'ha produït arribaven a la conclusió que hi ha moltes persones amb mèrit que es queden pel camí, i també en la política. Però en les converses al pati del Congrés dels Diputats també s'afegia que els que han arribat i formen part del Govern sí que tenen aquest mèrit, tant si són dones com homes.

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          Contraataque de El Periódico de Catalunya contra las críticas sexistas a las ministras

          "Solo un reducto de machistas siguen en contra"

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          17 Abr 2008

          Un nazi, un chulo de botox, la mafia y una banda fascista

          00:25, por manolosaco
          Tags: Pobre Italia. En el Vaticano reina un ex nazi que llegó al papado gracias a la enorme influencia obtenida como director del organismo heredero de la Inquisición, el guardián de la doctrina. Un fundamentalista cristiano en un mundo dominado por fundamentalismos religiosos que funcionan como superestructuras mafiosas de los estados que contaminan.

          Y en el palacio del Quirinal, y por mayoría absoluta gracias a los votos del partido fascista de la Liga Norte, ocupa el sillón de la presidencia del gobierno italiano un patético ex boy que lucha contra los estragos del tiempo a golpe de botox, machista irredento, el segundo hombre más rico de Italia, propietario de una red de empresas informativas de tales dimensiones que casi constituyen un monopolio, entre ellas la editorial Mondadori, Telecinco, en España, y que ahora, como ya en sus dos anteriores gobiernos, controla también la RAI, la televisión estatal.

          Pobre Italia. Desde su elección en la primavera de 2001, Berlusconi ha conseguido aprobar en el Parlamento, gracias a su mayoría aplastante de diputados (en Italia algunos les llaman “cómplices”, por los rumores de su connivencia con la Mafia), varias leyes encaminadas a parar en seco sus problemas con la justicia, entre ellos los procesos pendientes en los que se le acusa de la compra de magistrados para obtener beneficios para sus empresas. Una maraña legislativa que ha aplazado sine die el comienzo de cada uno de los procesos que existen contra él.

          Su machismo casposo de mamá chicho de Telecinco es tan idiota que hasta Esperanza Aguirre, de su misma carne política e idéntico conservadurismo ultraliberal, se ha visto obligada a salir en defensa del gusto femenino impreso por Zapatero a su nuevo gobierno.

          Cada una de las ministras del “gobierno rosa”, que decía Berlusconi, mostró ayer su desprecio hacia el galán presidente italiano. Pero sin duda lo que más cola va a traer en los próximos días, si no un conflicto institucional, es la respuesta de Alfonso Guerra: “¿Pero Berlusconi no es un delincuente?”.

          Pobre Italia, gobernada por un ex nazi, un chulo al que le busca la justicia, y una banda de fascistas.

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          Homofobia en la cadena de los obispos

          La COPE despide a una periodista por ser homosexual

          V.V.

          La COPE de Santiago de Compostela ha despedido, por segunda vez en nueve meses, a una periodista por estar casada con otra mujer y ser simpatizante del BNG. Aunque la trabajadora recurrió a los tribunales y estos le dieron la razón, la emisora de la Conferencia Episcopal ha vuelto a despedirla por los mismos motivos.

          La periodista Isabel Quintairos tendrá que recurrir de nuevo a los tribunales en contra de la COPE, de donde ha sido despedida por segunda vez por ser lesbiana y simpatizar con partidos políticos nacionalistas y de izquierdas.

          Reincorporación imposible
          Según informó el periódico El País, Quintairos, que había trabajado durante 20 años para la COPE en Santiago, fue designada asesora técnica de la Diputación de A Coruña, por lo que la cadena le concedió una excedencia forzosa en 2004. Cuando en julio de 2007 pidió su reincorporación, se le anunció que no era posible readmitirla.

          Contra los derechos fundamentales
          La emisora, que es propiedad de la Conferencia Episcopal, tiene una línea editorial conservadora y contraria a los matrimonios homosexuales. Quintairos acudió a la justicia asegurando que se la estaba discriminado por motivos de su orientación sexual y por haber trabajado para el BNG, lo que a su juicio constituye “vulnerar los derechos fundamentales”.

          De nuevo a los tribunales
          La justicia dio la razón a la periodista y obligó a la COPE a restituirla en su puesto y en las mismas condiciones laborales que disfrutaba anteriormente, algo que se hizo efectivo el pasado jueves. Sin embargo, este mismo lunes, Quintairos ha recibido una nueva carta de despido “por razones objetivas” y un talón por valor de más de 32.000 euros. La periodista volverá a llevar a la radio de los obispos a los tribunales.

          Más homofobia
          Esta muestra de homofobia no es nueva en la COPE. Los ataques de sus locutores a los homosexuales son constantes, y miembros del Gobierno comprometidos con esta opción, como Pedro Zerolo suelen ser a menudo blanco de las críticas, por ejemplo, de Losantos y sus tertulianos. Este locutor y Cristina López Schlichting llegaron a ganarse el premio a los más homófobos en el Día del Orgullo Gay en 2006. Schlichting, en concreto, ha llegado a asegurar que la homosexualidad "se puede curar".






          13 Abr 2008

          La conspiración neoconservadora. Paul Krugman. 13/04/2008.

          Escrito por: jordigrau el 13 Abr 2008 - URL Permanente

          Article

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          'Después de Bush'
          La conspiración neoconservadora
          Paul Krugman 13/04/2008

          El prestigioso analista político norteamericano Paul Krugman ilustra en 'Después de Bush' (editorial Crítica) la "conspiración derechista" que domina el Partido Republicano y cuya ideología se alimenta con la labor de numerosos 'think tanks'. Sin embargo, cree que tras las próximas elecciones habrá un demócrata en la Casa Blanca y que éste debería abrazar un programa liberal para reducir la desigualdad

          La naturaleza del dominio que ejerce el movimiento conservador sobre el Partido Republicano puede resumirse sencillamente en los siguientes términos: sí, amigos, hay en marcha una vasta conspiración derechista, esto es, se halla en acción un entramado de instituciones que, en última instancia, responden a los intereses de un reducido grupo de personas encargadas colectivamente de recompensar a los leales y de penalizar a los desafectos. Esas instituciones ponen a disposición de políticos obedientes los recursos necesarios para ganar elecciones, refugios seguros en caso de derrota y oportunidades de llevar a cabo una lucrativa carrera profesional una vez su mandato toque a su fin. Además, no dejan de garantizar una cobertura mediática favorable a los políticos adeptos a la línea oficial del partido, al tiempo que acosan y minan a los que se muestran contrarios a ella, sin dejar tampoco de prestar apoyo a una legión de intelectuales y activistas del partido.

              La red de 'think tanks' conservadores se ve reproducida en el ámbito de la prensa, al abrigo de fundaciones diversas

              La izquierda no cuenta con nada comparable a esa miríada de centros de estudio de los que dispone la derecha

              Aunque los think tanks derechistas distan de resultar el elemento más destacado de esa "vasta conspiración", resulta útil tenerlos presentes a fin de apreciar cómo funciona esa conspiración, tal como ilustran los siguientes ejemplos referidos a las actividades de tales think tanks.

              Asunto: Bruce Bartlett, un economista conservador y antiguo miembro de la Administración de Reagan que trabaja en el National Center for Planning Analysis (NCPA), un think tank especializado en promover la política de privatizaciones. El NCPA se nutre, entre otros, de los fondos aportados por doce fundaciones conservadoras, entre las que se cuentan Castle Rock, Earhart, J. M. Koch, Bradley, Scaife y Olin. Desengañado por las acciones políticas emprendidas por George W. Bush, Bartlett escribe Impostor, un libro en el que reprocha a Bush no ser un auténtico conservador. No tarda en ser expulsado del puesto que ocupa en el think tank ya mencionado.

              Asunto: senador Rick Santorum, un conservador de línea dura que representa al Estado relativamente moderado de Pensilvania, pierde su escaño en las elecciones al Congreso de 2006. Al instante pasa a convertirse en el director del programa Los enemigos de Estados Unidos, desarrollado en el Ethics and Public Policy Center (EPPC), una organización cuya misión declarada consiste en "clarificar y estrechar el vínculo existente entre la tradición moral judeo-cristiana y el debate público en temas de política interior y exterior". El EPPC está financiado mediante donaciones procedentes de ocho fundaciones conservadoras, a saber: Castle Rock, Earhart, Koch, Bradley, Smith Richardson, Olin y dos de las fundaciones Scaife.

              Asunto: el National Center for Public Policy Research (NCPPR) es un think tank dedicado a "aportar soluciones de libre mercado a los problemas actuales en materia de política pública", una actividad que en años recientes ha pasado por sembrar dudas respecto al calentamiento global. En 2004 fue objeto de grandes titulares la noticia de que el NCPPR había ayudado a Jack Abramoff, notorio lobbysta republicano, a blanquear dinero, desviando un millón de dólares hacia una empresa falsa de correo directo cuya sede social coincidía con el domicilio de Abramoff. ¿Por qué el NCPPR? Desde su fundación en 1982, este think tank ha sido presidido por Amy Moritz Ridenour, quien fuera miembro del equipo de Abramoff cuando éste obtuvo la presidencia de la asociación estudiantil del Partido Republicano en 1981. El marido de Ridenour también se halla en la nómina del NCPPR, de la que percibe, al igual que su esposa, ingresos millonarios que, lo mismo que el resto de los recursos puestos a disposición de ese think tank, provienen de las fundaciones conservadoras Castle Rock, Earhart, Scaife, Bradley y Olin.

              La izquierda no cuenta con nada comparable a esa miríada de think tanks de la derecha. Así, la sección de The Washington Post titulada Think Tank Town "publica artículos procedentes de once destacados think tanks". De las once instituciones objeto de tal honor, cinco forman parte del movimiento conservador, a saber: el American Enterprise Institute, el Cato Institute, la Heritage Foundation, el Manhattan Institute y el Hudson Institute. Sólo uno, el Center for American Progress (CAP), que no fue fundado hasta el año 2003, puede considerarse órgano de expresión del movimiento progresista, mientras que otros think tanks, como la Brookings Institution, aunque a menudo catalogadas como "liberales", no dejan de constituir organizaciones vagamente centristas sin una línea política definida. Además del CAP, son pocos los think tanks progresistas, como el Center on Budget and Policy Priorities y el Economic Policy Institute, que desempeñan un papel significativo en el debate político. Por lo que se refiere a su dotación económica y de personal, tales organizaciones no dejan de resultar comparables a meros pececillos frente a los cachalotes del movimiento conservador.

              La proliferación de think tanks conservadores que se registra desde la década de 1970 comporta la posibilidad de que un intelectual perteneciente a dicho movimiento llegue a disfrutar de un buen nivel de vida secundando ciertas posturas políticas. Se ha de pagar un precio, como descubriría Bruce Bartlett: el de actuar como un apparatchik, esto es, como un miembro del aparato sin opinión propia, un precio que muchos, no obstante, consideran que sí vale la pena pagar.

              En gran medida, esos think tanks cobraron vida gracias a un puñado de fundaciones creadas por familias adineradas, sin perjuicio de que think tanks de mayor entidad, y en particular el Heritage y el American Enterprise Institute, perciban cuantiosos recursos procedentes de grandes corporaciones.

              La red de think tanks conservadores se ve reproducida asimismo en el ámbito de la prensa, donde publicaciones tales como el National Journal, el Public Interest y el American Spectator surgieron, al igual que dichos think tanks, al abrigo de fundaciones derechistas que vienen a coincidir aproximadamente con las que los crearon. Asimismo existe un buen número de diarios encuadrados en el movimiento conservador: destaca el editorial de The Wall Street Journal, al que durante mucho tiempo ha correspondido un papel protagonista, y The Washington Times. Controlado por la Iglesia de la Unificación, fundada por el ingeniero norcoreano Sun Myung Moon en 1982, The Washington Times se ha convertido, de hecho, en el portavoz oficioso de la Administración de Bush, sin que tampoco quepa olvidar, por supuesto, la cadena de noticias Fox News, cuyo lema Fair and Balanced (Imparcial y Equilibrada) no puede por menos que evocar las técnicas de manipulación de la realidad expuestas por George Orwell en su novela 1984.

              Finalmente, aunque no menos importante, hay que hablar del vínculo existente entre los políticos y los miembros de los lobbies corporativos, cuya aparente diversidad, tal como sucede con la de los think tanks conservadores, no hace sino soslayar el verdadero carácter centralizado del movimiento conservador. En ese sentido, hasta que su derrota en las elecciones al Congreso de 2006 lo obligó a asumir un nuevo cometido enfrentándose con los enemigos de Estados Unidos, el senador Rick Santorum se encontraba todos los martes con una docena aproximada de destacados lobbystas en el marco de reuniones que, en el año 2003, el periodista de The New York Times Nicholas Confessore describía en los siguientes términos:

              "Cada semana, los lobbystas presentes en la reunión pasan una lista con los puestos disponibles y debaten a quién han de ser adjudicados. La misión de Santorum consiste en garantizar que cada puesto se vea ocupado por un político republicano de probada lealtad, ya se trate, por ejemplo, del jefe de la oficina de un senador, de un alto asistente de la Casa Blanca o de otro lobbysta de plena confianza. Una vez Santorum se ha decidido por un candidato, los lobbystas presentes se aseguran de que quede bien claro a quién favorecerá la dirección del Partido Republicano".

              Las reuniones semanales de Santorum y otros encuentros similares presididos por Roy Blunt, el encargado de velar por que sus compañeros del Partido Republicano asistan a las votaciones de la Cámara de Representantes y se pronuncien siguiendo la línea de dicho partido, suponían la culminación de la denominada "estrategia de la avenida K", nombre dado por el político republicano Grover Norquist y el también portavoz en la Cámara de Representantes de dicho partido, Tom DeLay, al plan de apartar a los demócratas de las organizaciones de lobbystas, asignando los puestos correspondientes a republicanos leales. En parte, el objeto de dicho plan era garantizar que el Partido Republicano recibiera la parte del león de las aportaciones realizadas habitualmente a ambos partidos por parte de las empresas, estrangulando así las finanzas demócratas, propósito este último al que también contribuía la presión directa. Así, en 1995 el citado DeLay compiló una lista con los cuatrocientos comités de acción política más importantes y consignando, en cada caso, las sumas y los porcentajes de dinero aportados a cada partido, antes de llamar a capítulo a los cabilderos desafectos convocándolos a su despacho para leerles la cartilla. "Si se quiere participar en nuestra revolución, se han de seguir nuestras reglas", declararía DeLay a The Washington Post. De igual importancia resultaba, en cualquier caso, la circunstancia de que, ganando el control sobre los lobbies, los republicanos no hacían sino imponer lealtades dentro de su propio partido, al poner a disposición de éste un buen número de puestos patrocinados -y excelentemente bien pagados- con los que recompensar a quienes siguieran fielmente la línea marcada por el partido.

              En esas circunstancias, las diferentes instituciones del movimiento conservador no dejan de suponer poderosos incentivos para que los políticos republicanos se sitúen ideológicamente bien a la derecha del centro político. Y es que no se trata meramente de obtener contribuciones para la campaña electoral, sino de asegurarse el futuro. De ese modo, y pese a que la opinión pública está firmemente convencida de que Medicare debería utilizar su capacidad negociadora para lograr una rebaja en los precios de las medicinas, el republicano, previa militancia en el Partido Demócrata, Billy Tauzin, en calidad de presidente del Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes entre 2001 y 2004, logró la aprobación de un proyecto de ley que prohibía explícitamente tal negociación sobre el precio de los medicamentos, sólo para acabar encabezando el principal grupo lobbysta de la industria farmacéutica y percibiendo por ello, tal como se ha informado, ingresos millonarios. Así las cosas, mientras que Rick Santorum, resultando obviamente derechista para un Estado como Pensilvania, no tuvo ninguna dificultad para obtener un buen puesto en un think tank tras su derrota, no ocurrió lo mismo con el moderado senador republicano por Rhode Island Lincoln Chafee, quien habiendo perdido aquel mismo año su escaño como senador, hubo de darse por satisfecho con ocupar, por un año, un puesto como profesor en una universidad de dicho Estado.

              La derrota electoral de este último da cuenta de otro aspecto relativo a cómo las instituciones del movimiento conservador controlan el Partido Republicano, no limitándose a apoyar a quienes siguen fielmente la línea oficial del partido, sino castigando a quienes no lo hacen. Así, Chafee hubo de arrostrar unas terribles elecciones primarias por parte del ala derechista de su propio partido, quien designó como candidato, y oponente de Chafee, a Steve Laffey, el cual recibió más de un millón de dólares en señal de apoyo por parte del Club for Growth, organización especializada en "llamar al orden" a políticos republicanos que no se muestran suficientemente favorables a una rebaja de impuestos. "Queremos que se nos contemple como los garantes de la reducción de impuestos", declaró el a la sazón presidente de dicho club, Stephen Moore, en el año 2001. El club albergaba esperanzas de desembarazarse de Chafee después de que dos años antes un candidato patrocinado por dicho club hubiera estado a punto de derrotar al senador Arlen Specter, otro republicano relativamente moderado, en las primarias de Pensilvania. Y tales envites surten efecto, ya que, como un congresista republicano manifestó en el año 2001, "cuando ves al cien por cien de los republicanos votando a favor de la rebaja de impuestos propuesta por Bush, sabes que cada uno de ellos está mirando y no quieres que Steve Moore se ponga a reclutar candidatos en tu propia circunscripción electoral".

              En cuanto a Specter, fue elegido como senador por vez primera en 1980, lo que le convierte en exponente de unos tiempos en los que en el partido conservador todavía había sitio para los moderados.

              Por su parte, los políticos republicanos más jóvenes se han formado, en gran medida, dentro de un partido bajo la égida del movimiento conservador. Así, la derecha dura se había hecho ya con el control de la organización estudiantil del Partido Republicano hacia 1972, cuando nada menos que Karl Rove -quien, como se ha dicho, acabaría siendo principal consejero político y artífice de la victoria de George W. Bush en el año 2004- resultó elegido presidente de dicha organización. Otros destacados miembros de la misma fueron los ya citados Grover Norquist, Rick Santorum y Jack Abramoff, así como el también conservador Ralph Reed. Los integrantes del movimiento conservador también se hallan al frente del Comité Nacional Republicano, siendo así responsables de reclutar a los candidatos de dicho partido al Congreso, puestos para los que no dejan de escoger a personas afines a sus propios planteamientos. De ese modo, los pocos republicanos moderados que quedaban en el Congreso eran, salvo raras excepciones, políticos elegidos antes de que Reagan fuera elegido presidente o, como fecha más tardía, con anterioridad a las elecciones de 1994, que consolidaron el dominio del partido por parte del ala conservadora encabezada por Gingrich.

              Aún se hace necesario abordar una última cuestión: el movimiento conservador vela por una continuidad de objetivos que no se da entre sus rivales políticos. Así lo ilustra el hecho de que, una vez Jimmy Carter hubiera intentado, sin éxito, establecer una política energética que redujera la dependencia estadounidense de las importaciones petroleras, la cosa quedara allí y nadie esperase que Bill Clinton retomara esa cuestión donde Carter la había dejado. Por el contrario, cuando Ronald Reagan trató en vano de reducir las prestaciones ofrecidas por la Seguridad Social, los miembros del movimiento conservador encajaron aquel chasco como un mero revés táctico. En un ya famoso artículo publicado en 1983, analistas del Cato Institute y de la Heritage Foundation invocaban la necesidad de una "estrategia leninista" destinada a minar el apoyo de que gozaba la Seguridad Social, a fin de "preparar el terreno político de modo que no se repita el fiasco del último año y medio". Esa misma estrategia subyacía al intento de George W. Bush por privatizarla, de modo que hasta que el movimiento conservador no se vea derrotado -o a menos que ello suceda- con la misma rotundidad que el conservadurismo que imperaba antes del new deal, no dejarán de repetirse sucesivos intentos en el futuro. -

              27 Mar 2008

              Poder y buen gobierno. Joan Subirats. 27/03/2008.

              Escrito por: jordigrau el 27 Mar 2008 - URL Permanente

              Nuevo escenario. Felipe González. 26/03/2008.

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              Poder y buen gobierno

              JOAN SUBIRATS 27/03/2008

              En esta fase previa a la investidura, el más que presumible nuevo presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha avanzado que hará cambios significativos en la estructura de gobierno. Afirma que buscará una más "funcional", que atienda las prioridades básicas del nuevo Ejecutivo: "Que la economía funcione; que se cree empleo; seguir con la modernización e innovación de España, y mejorar posiciones en política social e integración".

              Zapatero tiene una gran oportunidad para reformar las administraciones públicas

              Buen gobierno es reconocer que el poder no puede reconocer las cosas por sí solo

              La estructura que empezó a perfilar apunta a un núcleo ejecutivo más pequeño que atienda a esas prioridades de forma específica, y que se responsabilice de coordinar distintas áreas gubernamentales. Se sigue confiando en un esquema que no siempre resulta operativo, pero que parece inscrito en los códigos genéticos de las administraciones públicas, un esquema que se basa en la jerarquía y la especialización. Cuando lo que observamos es que hay temas (como la igualdad de género, la inclusión social, el deterioro de la convivencia urbana...) que requerirían perspectivas más transversales y nuevos formatos organizativos.

              La progresiva ampliación de tareas gubernamentales ha conducido a que en un gabinete convencional no pueda haber tantos ministros como problemas aparecen y como políticas públicas han de formularse. En Nueva Zelanda (probablemente, el país más innovador en el funcionamiento gubernamental), cuentan con 26 ministros que se ocupan de 72 ministerios, perfectamente diferenciados, y con una lógica de trabajo transversal y temático que resulta ciertamente sugerente. No cabe duda que Zapatero hace bien en preocuparse por la estructura de su futuro gobierno y su funcionalidad, pero debería ir un paso más allá y tratar de encauzar una forma de operar de las administraciones públicas que sintonice con las ideas de innovación y atención a la diversidad que dice querer priorizar.

              A mediados de los años noventa, Felipe González, al repasar sus realizaciones en los largos años en que ocupó la presidencia del gobierno, describió a la reforma administrativa como la más importante "asignatura pendiente" que le quedaba por hacer. En la legislatura apenas finalizada, se han hecho cosas en este campo y se han intentado otras, pero lo cierto es que las dinámicas de modernización administrativa no han alcanzado nunca el impulso político que tuvieron cuando Joaquín Almunia fue ministro de Administraciones Públicas.

              Lo más sobresaliente en este campo en los últimos cuatro años, al margen de la agenda territorial y sus sobresaltos, ha sido la continua mejora en la incorporación de las tecnologías de información y comunicación en los procesos administrativos, los cambios en el Estatuto del Empleado Público, el Plan Concilia y la Ley de Agencias Estatales. Un balance muy descriptible si atendemos a la significación que tiene el buen funcionamiento de las administraciones públicas en el desempeño general de un país que ha alcanzado niveles importantes de gasto público.

              En los temas de "buen gobierno", en febrero de 2005 se publicó en el BOE el llamado Código de buen gobierno de los miembros del Gobierno y de los altos cargos de la Administración General del Estado. Los principios básicos inspiradores del código son incontestables: "Objetividad, integridad, neutralidad, responsabilidad, credibilidad, imparcialidad, confidencialidad, dedicación al servicio público, transparencia, ejemplaridad, austeridad, accesibilidad, eficacia, honradez y promoción del entorno cultural y medioambiental y de la igualdad entre hombres y mujeres". ¿Quién da más? Lo cierto es que, en la práctica, ello se concreta en el fortalecimiento del régimen de incompatibilidades y en un seguimiento semestral del mismo.

              Si examinamos el llamado Programa Nacional de Reformas, veremos que su principal objetivo es ayudar a la convergencia europea fijada en la cumbre de Lisboa, y por tanto expresa un interés muy claro en los temas que afectan a la actividad económica. Los únicos indicadores incorporados en relación al funcionamiento de las administraciones públicas hacen referencia a los trámites administrativos vía Internet.

              La ley de creación de Agencias Estatales podría haber implicado un cambio significativo en el proceder de la Administración General del Estado, pero ha faltado ambición. La idea era reforzar los aspectos de autonomía y de control por resultados, pero sólo se han creado tres agencias, la del BOE, la de Cooperación Internacional y la Agencia Estatal de Evaluación de Políticas Públicas y de Calidad de los Servicios Públicos, que a pesar de tener un nombre tan largo y ambicioso, apenas si se ha puesto en marcha y requiere mayor autonomía y más relieve.

              Lo que de verdad importa es saber si el esfuerzo en confianza y en recursos que la sociedad española hace en relación a sus gobernantes, es respondido adecuadamente. Y ello exige no sólo campañas de publicidad o buenos discursos, sino debate público basado en evidencias, un buen sistema público de información y evaluación y una constante y transparente rendición de cuentas. Y hemos de reconocer que en esos temas vamos atrasadillos.

              Lo peor de las reformas administrativas es cuando las mismas se convierten en procesos estrictamente de ingeniería organizacional o procedimental, o en un buen bocado para consultores y expertos de todo tipo. En muchos de esos casos, los problemas derivan de que seguimos manteniendo una visión jerárquica y especializada de la acción de gobierno y por ende, de la labor de gestión y administración. Mientras, la falta de funcionalidad de algunas políticas públicas, sus desajustes y la falta de información fiable sobre los resultados que consiguen, hace seguir creciendo la erosión que sufren los poderes públicos en algo tan importante para su actuación como es la legitimidad.

              En estos temas deberíamos poder ir más allá de la retórica y de la simple enumeración de principios y propuestas estrictamente administrativas. Politizar el debate sobre la administración y la gestión pública que queremos, implica conectar los problemas pendientes con el gran cambio social que se está p