19 Jul 2008

La nova campanya de la dreta nacionalista espanyola contra les llengües no castellanes. 19/07/2008.

Escrito por: jordigrau el 19 Jul 2008 - URL Permanente

La caverna nacionalista españññola on dreta i "esquerra" fan manetes. 18/07/2008.

La nova campanya de la dreta nacionalista espanyola contra les llengües no castellanes. 16/07/2008.

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Catalán, euskara y gallego conviven de forma desigual con los consolidados privilegios del castellano

VARIOS - 19/07/2008 08:00

Un grupo de catedráticos y profesores de varias universidades constata que el castellano, lejos de estar en peligro, mantiene tales ventajas sobre el catalán, el gallego y el euskara que su exacerbada defensa sólo puede tener un móvil ideológico.

Asistimos en estos días a una nueva oleada de nacionalismo lingüístico español de la que el principal botón de muestra es el Manifiesto por la lengua común que ha promovido una veintena de intelectuales de prestigio. El texto en cuestión se asienta en certezas que nacen de aquello que, al parecer, no puede someterse a discusión, como ocurre, por lo demás, en muchos ámbitos de la vida de un Estado que presume de su condición democrática. En las disputas correspondientes adquiere singular relieve la Constitución de 1978, producto de un pacto en el que, en ámbitos sensibles como éste, se impusieron normas sin recabar la opinión de los afectados. Aun en el caso de que aceptásemos la condición inequívocamente democrática del referendo constitucional de aquel año, habría que preguntarse si tres decenios después no es legítimo reclamar, en sentido bien diferente del que invocan los promotores del manifiesto mencionado, una revisión de las normas entonces instituidas. Las cosas como fueren, es significativo que la nueva oleada de nacionalismo lingüístico español prefiera esconder que las reglas que hace suyas no son precisamente neutras.

Llama poderosamente la atención que las mismas personas que afirman con particular insistencia y frente a toda evidencia, tal y como lo revelan las leyes que afectan entre nosotros a las lenguas que los derechos no acompañan ni a éstas ni a los territorios, sino a las personas, no aprecien problema alguno en el enunciado que se ha convertido en guía principal del Manifiesto por la lengua común: el de que, mientras todos los ciudadanos españoles están obligados a conocer el castellano esto no es, al parecer, una imposición, sino un hecho cuya consistencia, sin más, se supone, los hablantes de otras lenguas disfrutan, sin más, del derecho a emplear estas últimas. Si sobran las razones para concluir que semejante enunciación contradice palmariamente lo que afirma el artículo 139.1 de la Constitución en vigor Todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado,más inquietante es que en la España de hoy se dé por demostrada, al parecer hasta el final de los tiempos, la adhesión popular a reglas como la invocada, en un escenario en el que se hace valer una oposición cerril al despliegue de mecanismos que permitan conocer si la ciudadanía acata esas reglas o, por el contrario, las repudia.

Quienes defienden que el castellano es superior, natural y útil olvidan su imposición

Para el nacionalismo lingüístico español la lengua castellana es superior, cómoda, fácil y útil, virtudes todas ellas que son siempre el producto de circunstancias naturales, nunca de la imposición y la represión. Las lenguas de los demás son, por el contrario, molestas, arcaicas, antieconómicas y francamente prescindibles. Al tiempo que la defensa del castellano se ajusta por definición a un impulso democrático, la de las restantes lenguas responde cabe entender a espurios y cavernarios intereses marcados por esa felonía que identifica el Manifiesto por la lengua común; si en las segundas se revelan por doquier los espasmos negativos de los nacionalismos, por detrás de la primera no habría, en cambio, nacionalismo alguno.

La estrategia principal no nos engañemos apunta a ratificar la situación de incómoda marginación y minoría de las lenguas no castellanas, y a hacerlo de la mano de medidas que tienen un cariz visiblemente asimétrico. Baste como botón de muestra el recordatorio de que los firmantes del manifiesto que nos ocupa entienden que, aun siendo recomendable que en las comunidades calificadas de bilingües la rotulación de edificios y vías públicas se registre en las dos lenguas, en modo alguno podrá realizarse en exclusiva en la lengua propia del país en cuestión, sin que,por omisión, y cabe entender, se rechace la posibilidad de que la rotulación se produzca únicamente en castellano.

El idioma y la fuerza

Conocer el español es obligatorio; los hablantes de otras lenguas sólo tienen derecho a su uso

A los ojos de los nacionalistas lingüísticos españoles, la lengua común no se impone por la fuerza tal horizonte es ontológicamente inimaginable,frente a lo que ocurre, al parecer, con las lenguas no castellanas. Mientras se rechazan determinadas políticas alentadas por los gobiernos autonómicos que se limitan a reclamar para las lenguas respectivas las mismas prerrogativas de las que disfruta el castellano en Madrid, en Sevilla o en Valladolid, se prefiere olvidar cómo, en el pasado y en el presente, medidas aplicadas a menudo con saña y violencia han beneficiado de siempre al castellano y explican, siquiera parcialmente, su condición de visible preeminencia contemporánea. Mientras se manipulan y magnifican, en suma, los problemas que los castellanohablantes puedan encontrar en algunos lugares, se esquiva toda consideración en lo relativo a la delicada situación en la que se encuentran el catalán, el gallego y el vasco, y ello sobre la base de la increíble afirmación de que los objetivos de dignificación de esas lenguas ya han sido, al parecer, satisfechos.

No consta que los nacionalistas lingüísticos españoles, de siempre interesados en defender en exclusiva su lengua, se hayan pronunciado en momento alguno en favor de los legítimos derechos de los hablantes de las lenguas no castellanas. Que en los hechos el principio de libre elección lingüística en el sistema educativo sólo se postula para los castellanohablantes lo certifica la ausencia, dramática, de toda consideración en lo que atañe a ese principio aplicado, por ejemplo, en las personas de los hablantes de catalán, gallego y vasco que residen fuera de los territorios en los que las lenguas correspondientes son oficiales. Al cabo parece obligado concluir que esas lenguas no son percibidas como propias, circunstancia que da al traste, de paso, con cualquier proyecto creíble de bilingüismo: llamativo es que, mientras los nacionalistas lingüísticos españoles se desenvuelven orgullosamente como monolingües en castellano, se rechaza que los hablantes de catalán, gallego y vasco puedan comportarse como monolingües en las lenguas respectivas. Lo que en los hechos se reivindica un monolingüismo de facto es percibido en cambio como una afrenta cuando se sobreentiende que es la apuesta de los gobernantes de las comunidades autónomas que disponen de lenguas propias.

Una curiosa defensa

El Manifiesto por la lengua común configura, en fin, una curiosa defensa de una lengua que pareciera no tener a su disposición ningún tipo de apoyo. Para certificar lo contrario ahí están la maquinaria del Estado, el sistema educativo, un sinfín de rancias instituciones, el grueso de los medios de comunicación, buena parte de la jerarquía de la Iglesia católica, el respaldo de intelectuales de prestigio y, en fin, las propias fuerzas armadas. Por si poco fuere, y a tono con los tiempos, el manifiesto que nos interesa recaba para sus promotores la doble condición de luchadores por los derechos humanos y de defensores de los desheredados. Pena es que, por muchos esfuerzos que se hagan, el texto no acierte a ocultar la defensa obscena de privilegios tan impuestos como asentados, y la ritual demonización, también a tono con los tiempos, de quienes disienten, paradójicamente tildados, a menudo, de fascistas y totalitarios. Que semejante campaña sea atizada, en suma, desde medios de comunicación y cenáculos de la derecha más montaraz dice mucho de su sentido más profundo.

Firmantes:

Carlos Fernández Liria
profesor de Filosofía UCM

Montserrat Galcerán
catedrática de Filosofía, UCM

Pedro Ibarra
catedrático de Ciencias Políticas, UPV

Juan Carlos Moreno Cabrera
catedrático de Lingüística, UAM

Arcadi Oliveres
profesor de Ciencias Políticas, UAB

Jaime Pastor
profesor de Ciencias Políticas, UNED

Carlos Taibo
profesor de Ciencias Políticas, UAM

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Nacionalisme idiota

Evidentment és el cas d’Espanya –o, més ben dit, del nacionalisme espanyol–, que mai ha percebut la diversitat com una riquesa, sinó com un obstacle que li impedeix de completar el seu procés de construcció...

"Esto, por ejemplo, es una panadería; sin embargo, el rótulo pone forn de pa". La frase recorda aquells començaments de novel·la estrepitosos i llegendaris, com El terrible Lorenzo despertó tras una larga noche de insomnio, o el clàssic Era de noche, y, sin embargo, llovía. Tanmateix, l’exemple que ens ocupa no és cap perla de la literatura de l’absurd, sinó una de les moltes bajanades que es van acumular en l’enèsim reportatge de TeleMadrid sobre la realitat lingüística catalana, emès fa pocs dies. Bajanades, sí, però tòxiques: la finalitat del reportatge era demostrar que els catalans, motu proprio o bé obligats per la sempre malèvola Generalitat, viuen obstinats a usar una llengua inútil i incomprensible, que només serveix per amargar la vida al personal.

D’acord amb el reportatge de marres, l’ús públic del català tindria tota mena de conseqüències nefastes: per exemple i sense anar més lluny entre els turistes, que poden trobar-se en greus complicacions en oferir-se’ls uns inintel·ligibles entrepans, en comptes d’uns universals bocadillos, o un desconcertant lloguer de cotxes, en lloc d’un alquiler de coches com Déu mana. La idea implícita –però ben òbvia– és que el castellà l’entén tothom, ni que sigui per ciència infusa; el català, en canvi, és una nosa contraproduent. En la mateixa línia, l’inefable diari El Mundo omplia la seva portada de dilluns passat amb fotografies de rètols oficials redactats únicament –horror– en català. Als rètols en qüestió, hi figuraven inscripcions tan críptiques i d’impossible comprensió com ara “Zona de pacificació del trànsit” o “Horari d’oficines”, que ja es veu que ofenen la vergonya i el sentit comú de qualsevol espanyol decent. Tot sigui dit, aquesta nova lliçó de periodisme impartida pel rotatiu de l’Amo de la Piscina era una resposta a un editorial del dia anterior de La Vanguardia, que gosava criticar el Manifiesto promogut pel mateix Pedro J. i la seva bulliciosa tropa d’intel·lectuals senils.

Bé, el cas és que ens en podem riure tant com vulguem, però a condició que tinguem molt clar que tot plegat no és cap broma. Sovint s’ha identificat el nacionalisme espanyol amb l’anomenat nacionalisme banal. Aquesta expressió, que ha fet fortuna, la va encunyar el sociòleg Michael Billig per designar la mena de nacionalisme que acostumen a practicar els Estats, i que es caracteritza principalment pel fet de passar virtualment inadvertit, perquè se’l dóna per consabut. És a dir, en la mesura que la mateixa existència d’un Estat implica que el fet nacional d’aquell país es dóna per resolt, les manifestacions d’aquest fet nacional deixen de ser extraordinàries per passar a formar part del paisatge quotidià de la col·lectivitat. Això no vol dir que siguin irrellevants: ben al contrari, els símbols de la identitat nacional, com la bandera, es troben omnipresents, especialment als mitjans de comunicació, a la via pública, o en espais d’alta càrrega simbòlica, com ara les escoles o els edificis oficials. Però estan tan integrades, tan arrelades dins la consciència de la ciutadania, que ningú hi para esment, per bé que actuïn com a recordatoris constants de la cohesió del col·lectiu i de la seva identitat com a tal. I, efectivament, sovint hem vist comportar-se el nacionalisme espanyol d’acord amb aquesta descripció.

Però, si hem de jutjar per la deriva que ha emprès en els últims anys i per l’escandalera més que perceptible amb què es produeix i es manifesta, diríem que el nacionalisme espanyol ha abandonat l’estadi banal per embarcar-se en una fase de nacionalisme idiota: i valgui la paraula no en la seva accepció insultant, sinó en l’etimològica. Idiota prové del grec idíotes, paraula que designava aquell que es desentenia dels assumptes públics i només es preocupava dels seus interessos privats. És a dir, algú que es tancava en ell mateix i que menystenia o fins i tot odiava els altres. Talment això és el que li succeeix al nacionalisme espanyol, en un grau superlatiu, respecte de tot allò que li signifiqui diferència.

Si hem convingut que el nacionalisme banal és propi de les nacions que mitjançant la constitució d’un Estat han resolt el seu fet nacional, aleshores podem sospitar que el nacionalisme idiota serà el d’aquelles nacions que, a pesar de comptar amb un Estat propi, no han aconseguit resoldre aquesta qüestió. Evidentment és el cas d’Espanya –o, més ben dit, del nacionalisme espanyol—, que mai ha percebut la diversitat com una riquesa, sinó com un obstacle que li impedeix de completar el seu procés de construcció nacional. Per tant, l’acompliment d’aquest procés significa l’eliminació de l’obstacle: l’obstacle, per si algú s’ha perdut, som nosaltres. I, per procedir a l’eliminació d’un obstacle com ara un col·lectiu humà, és condició necessària la fabricació d’un relat que culpabilitzi aquell col·lectiu, per molt fals i barroer que sigui aquest relat: per exemple, que la llengua catalana arracona el castellà per imposició totalitària que cal denunciar i combatre. Una vegada divulgat el relat i establerta una realitat factícia dins la qual tancar-se (l’estratègia de l’idiota), ja es pot procedir a l’atac directe: i l’atac directe contra Catalunya s’està produint ara. Ja he dit que ens pot fer riure, però no és cap broma: van a totes, i tenen pressa per rematar la feina.

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anaglifos

Los anaglifos consisten en una estructura de dos sustantivos, en la cual el primero de ellos se repite y el segundo es invariablemente la gallina. La tercera parte puede ser otro sustantivo o una breve frase que proporcione relieve al conjunto total.

miércoles 16 de julio de 2008


El fútbol, el fútbol, la gallina, y en Catalunya está discriminado el castellano

Los últimos días de junio han sido días de gloria nacional. Después de que Prisa ha consumado ya la resurrección de la bandera sin complejos, en un lugar de fuerte simbolismo (¿qué es la plaza de Colón de Madrid sino el homenaje a la españolidad universal, no sólo por su significado iniciático de gesta imperial, sino también por ondear en su centro una enorme bandera española que es faro y puerto de nuestros destinos?), se ha consolidado ya otra tradición futbolera que quedará para la posteridad. Prisa, como siempre, haciendo política de izquierda. Resulta curioso que en un país donde se denostan tanto los nacionalismos, el más fuerte, el uno, grande y libre tenga su epicentro en Madrid. Las banderas que ondeaban en la ínclita plaza, así como en numerosos balcones y ventanas no sólo de la ciudad sino de la amplia geografía española eran las que habían sobrado de las manifestaciones de Colón (Colón, siempre Colón), despojadas ya de la gallina que es su versión ortodoxa, donde lo más granado de la derecha había tomado la calle para reivindicar el macho y la cruz que todos llevamos dentro.
Al mismo tiempo, renace como un clamor la defensa del castellano, lengua que como es sabido está en peligro en aquellos territorios donde con gran descaro pretenden usar la suya como lengua de pleno derecho, dejando a un montón de escolares en la noche de los tiempos que se ven privados de conocer la lengua de Cervantes. ¿Podemos imaginar cuántos cansados padres, después del ejercicio laboral, tienen que enseñar en sus casas a sus hijos lo que el sistema educativo les niega? ¿Es que se puede tolerar que nuestro patrimonio común -aunque algunos hubieran querido, en esos territorios y en las Américas, que no fuera tan común- se vea amenazado por los caprichos de los nacionalistas? A ello también se han entregado los ideólogos de Prisa con fervor, a demostrar la asimetría de este país y el cabreo soberano que tienen muchos progres de salón por el uso desmedido de las lenguas nacionales. Una cosa es que ponga sortida en los autobuses y otra muy distinta que se escriba, eduque y legisle con normalidad absoluta en esas lenguas tan pintorescas.
Los que están cómodos con la bandera española son los mismos que estuvieron cómodos -o no tan incómodos- desde el 39 hasta el 75, en una palabra, los españoles sin complejos. Los españoles sin complejos son los que con su silencio y tácito compromiso sostuvieron el régimen de Franco durante casi cuarenta años, los que miraban a otro lado para asegurarse el mendrugo y cantaban Montañas nevadas en las excursiones, los que aman Catalunya y Euskadi como parte de ellos mismos y que ven con tristeza que no son correspondidos. Los más progres se compraron el disco de Jarcha en la transición y se creyeron lo de la libertad sin ira, pero son españoles ante todo, sin complejos. Hombre, se puede ser español (a veces no hay más remedio), pero algo de complejos, que equivale a decencia, habrá que tener al mirar hacia atrás en la historia. Los que así pensamos no reconocemos la bandera de los vencedores, y transmitimos de modo consciente ese mismo rechazo a nuestros hijos, lo cual escandaliza a los que les transmiten su amor por ella y por Iker Casillas. Somos los españoles con complejos.
La discusión sobre las nacionalidades históricas se parece cada vez más a las reuniones de las multinacionales, donde se pasa una y otra vez por los mismos temas, por los mismos problemas, sin encontrar nunca una solución satisfactoria. Hay que defender ya, y cuanto antes, el derecho a la autodeterminación y buscar vías definitivas para la independencia. La España plural es un mito utópico. Catalunya y Euskadi no les pertenecen ni siquiera a los bienintencionados. Al que no le guste que eduquen a sus hijos en esas culturas, que se vaya. El que no entienda catalán, que lo estudie o que haga las maletas. Aunque sea mentira, hay que empezar a apoyar la tesis que defienden los que dicen, por desconocimiento o extremo fascismo, que el castellano está discriminado en Catalunya, Euskadi o Galiza: en efecto, que así sea.

16 Jul 2008

La nova campanya de la dreta nacionalista espanyola contra les llengües no castellanes. 16/07/2008.

Escrito por: jordigrau el 16 Jul 2008 - URL Permanente

La nova campanya de la dreta nacionalista espanyola contra les llengües no castellanes. 14/07/2008.

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Apología (escéptica) del bilingüismo

16 Jul 2008
JOAN GARÍ

Una cosa positiva que ha tenido el Manifiesto por la lengua común de Savater y compañía es que ha permitido volver a hablar en España de qué son y –sobre todo– para qué sirven las lenguas. No cometeré la ingenuidad de recordar aquí que una lengua es, ante todo, un vehículo de comunicación. Si pretendiera obviar las cargas emocionales y simbólicas que arrastran las lenguas todo el episodio del Manifiesto, que aún colea (y lo que te rondaré, morena), sería estrictamente incomprensible.

Para empezar todas las lenguas son comunes. Lo son, al menos, entre sus hablantes. Esto no impide que, además, cada lengua sea propia de un territorio: el castellano de Castilla, el inglés de Inglaterra, etcétera. Si me apuran, reconoceré que, a menudo, la consideración jurídica de una lengua como propia es un mecanismo de defensa. El francés en Quebec o los idiomas de las repúblicas bálticas: en un mar anglófono o rusófono, los idiomas pequeños proclaman su voluntad de pervivir –su derecho a la vida. Algo de eso ocurre con los idiomas españoles distintos del castellano, que deben bregar con la poderosa vecindad del gigante hispánico.

Los promotores del Manifiesto saben todo esto. Son gente preparada, a veces brillante. Por eso, muy hábilmente –poniéndose la venda antes que la herida–, han apacentado su rebaño argumentativo hacia la defensa de los “derechos individuales”. La “libertad de elección de idioma”, digamos. Y, en ese punto, es imposible no estar de acuerdo. ¿Qué menos, en este mundo de imposiciones y normativas, que poder elegir el idioma que uno quiere usar, en el que quiere ver escolarizados a sus hijos, en el que quiere amar (y ser amado), en el que quiere ver escrita su última voluntad? Cargados de razón, a fe. Pero me permitiré un importante matiz.

Elegir es escoger. Y se escoge entre una o más cosas (o personas). No se puede escoger si sólo hay una cosa en perspectiva. En el caso de los idiomas, es evidente: yo puedo escoger, en Cataluña (o en Baleares, o en Valencia), entre castellano y catalán, siempre y cuando esté alfabetizado en ambos idiomas. Si sólo sé castellano, pongamos por caso, no escojo en realidad: la lengua –mi única lengua– me escoge a mí.

De ahí la importancia de garantizar que toda la población en las autonomías bilingües sepa los dos idiomas oficiales: el propio del territorio (es decir, el que nació allí y allí se desarrolló históricamente) y el castellano (que nació y se desarrolló en Castilla –donde le es propio– pero luego se exportó, pacífica o violentamente, a los otros dominios lingüísticos de la península). Para que todo el mundo pueda escoger, todo el mundo debe saber. Parece simple y, en realidad, lo es. De ahí, por ejemplo, los programas de inmersión lingüística en Cataluña: como han venido demostrando todos los estudios hasta la saciedad, sólo los alumnos que cursan todas sus asignaturas en catalán saben a la perfección, cuando acaban el período de escolarización obligatoria, el catalán y el castellano. Sí: también el castellano (y mejor que los monolingües, según las estadísticas).

Dicho de otro modo: el monolingüismo es un enemigo de la libertad de elección. Sólo el bilingüismo –o el plurilingüismo– nos asegura que esa libertad –sagrada, como todas las libertades– pueda ejercerse con plena propiedad. Por otro lado, no creo que deba extenderme en las virtudes de dominar varios idiomas. No sólo el sujeto plurilingüe tiene una visión más abierta y tolerante de la realidad, sino que su percepción de los derechos de los demás es mucho más positiva. Mi libertad (también mi libertad de elección) acaba donde empieza la del otro.

Por todo esto, no es difícil concluir que el monolingüismo es una rémora que debería considerarse a extinguir. En el mundo de hoy –en la Europa de ahora mismo– saber sólo castellano (que es lo que les ocurre a la mayoría de los españoles y a una parte no desdeñable de los que viven en autonomías bilingües) es una reliquia más propia del “¡que inventen ellos!” que de un país que presume de ser la octava potencia económica mundial.

No sólo es que los españoles no sepan idiomas (ni catalán, ni inglés, ni alemán ni nada): es que, a lo que parece, no tienen la menor voluntad de aprenderlos. Por lo menos, algunos españoles (quizá los más adictos a ese toro patrocinado por una bebida alcohólica, por no hablar de otros animales igualmente racionales, como la simpática cabrita de la Legión).

Señor Fernando Savater: usted no puede ejercer la libertad de elegir entre castellano y euskara porque usted, como todo el mundo sabe, no tiene ni idea de euskara. Quizá si el franquismo no lo hubiera prohibido en nombre de las mismas emociones que usted legitima (la España monolingüe, uninacional y olé) usted hubiera sido alfabetizado también en ese idioma y ahora, siendo bilingüe, podría realmente optar. Pero no es el caso.

Dicho todo esto, me gustaría acabar recordando que no tengo la menor esperanza de que los lectores de este artículo que no tengan un mínimo espíritu liberal y sepan ver más allá de los más rancios tópicos españolistas se convenzan de mis argumentos. Cuando hablamos de idiomas, estamos tocando las vísceras. Nadie va a convencer a nadie. Pero lo que tampoco sería razonable es que una campaña patrocinada por un periódico ultra para atacar al partido en el gobierno por el leso pecado de no ser nacionalista nos hiciera perder un minuto de sueño. El que tenga ojos para ver, que vea. Y los demás, bienvenidos al denso continente (monosémico) de la ceguera.

Joan Garí es escritor. Su última novela es La balena blanca

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¿Qué derechos lingüísticos?


IGNACIO SÁNCHEZ-CUENCA (Ignacio Sánchez-Cuenca es profesor de Sociología en la Universidad

Cabe dudar de la existencia de un derecho a elegir la lengua y el contenido de la enseñanza

El Manifiesto por la lengua común ha desencadenado un fuerte debate. En mi opinión, contiene quejas razonables y otras que no lo son tanto. Parece claro que los nacionalistas han cometido ciertos excesos, pues, en efecto, no se entiende que si algunos territorios aspiran al bilingüismo, la rotulación de las vías públicas se haga exclusivamente en la lengua local, o que las instituciones se dirijan a los ciudadanos sólo en la lengua local.

Los usuarios de estas lenguas locales tienen también sus agravios. Se quejan de que la justicia se desarrolle sólo en español, o de que haya muchas trabas al uso de las lenguas locales en las instituciones políticas españolas. Pero todas estas protestas, tanto las de unos como las de los otros, podrían resolverse razonablemente si hubiera voluntad de acuerdo.

El Manifiesto, sin embargo, va mucho más lejos. Se afirma que no sólo existen los despropósitos antes mencionados, sino que, además, y esto sería mucho más grave, las políticas lingüísticas de algunas comunidades autónomas violan derechos de los castellanohablantes cuando les obligan a recibir la educación en la lengua local. La referencia a los derechos de las personas no es baladí. Si verdaderamente la elección de la lengua que se utilice en la enseñanza constituye un derecho, la política lingüística de comunidades autónomas como Cataluña sólo podría entenderse como una imposición que no respeta la libertad de las personas. De ahí el conflicto que denuncian entre "políticas nacionalistas" y "libertades ciudadanas".

Pero cabe cuestionar si el derecho del que hablan los partidarios del Manifiesto existe. El Tribunal Constitucional no lo ha entendido así, pues ha frenado todos los intentos por impugnar la política lingüística catalana. Los redactores del Manifiesto son conscientes de que no pisan terreno firme y por eso dan a entender, sin argumentación alguna, que ese derecho existe pero no está reconocido en nuestro ordenamiento jurídico, ante lo cual piden una reforma constitucional.

Piden, pues, una reforma constitucional los mismos que hace unos años criticaban, con la agresividad que estilan, a cualquiera que cuestionara la Constitución de 1978; para ellos, entonces, el fundamento último de nuestra convivencia democrática. Exigen ahora una reforma que rompería la convivencia lingüística de Cataluña, pero que podría reportar votos al partido de los impulsores del Manifiesto, UPD.

En cualquier caso, ¿tiene sentido hablar del derecho de las personas a elegir la lengua vehicular de la enseñanza? Cabe dudarlo. Qué contenidos deban impartirse en los colegios públicos es una decisión política de los poderes públicos. En España, por ejemplo, nadie tiene el derecho a recibir enseñanza pública religiosa en la que se apoye el creacionismo y se condene la teoría de la evolución, del mismo modo que no existe el derecho a no recibir Educación para la Ciudadanía si las autoridades deciden que esa asignatura forme parte de los planes de estudios.

En Cataluña se decidió, en virtud de un amplio acuerdo político y social, que el catalán fuera la lengua de enseñanza en el sistema público. Como en toda decisión política, habrá personas que se opongan. Pero eso no quiere decir que sus "derechos" hayan sido menoscabados.

Quizá el principal inconveniente de plantear el problema lingüístico en términos de derechos es que no analiza las consecuencias que puedan tener las distintas políticas de la lengua. Si hubiera un derecho ciudadano al respecto, habría que respetarlo, con independencia de los problemas que se puedan generar por ello. Así, puesto que el Manifiesto se mueve en un plano puramente ideológico, las cuestiones políticas que es necesario tener en cuenta no se mencionan.

¿Acaso impide el sistema catalán de inmersión el aprendizaje del español? Hasta el momento, no se han ofrecido datos que permitan responder afirmativamente. Si el catalán no fuera lengua de enseñanza, ¿llegarían a ser bilingües los castellanohablantes que viven en Cataluña? La situación entre las dos lenguas es tan asimétrica a favor del español por su abrumadora presencia social, que la mayoría de los catalanes piensa que no. Y de lo que se trata, como señaló Josep Ramoneda en este periódico, es de que se rompa de una vez en Cataluña la asimetría entre ciudadanos monolingües en castellano y ciudadanos bilingües. Por último, ¿acaso eliminar el catalán como lengua exclusiva de enseñanza no fracturaría la sociedad catalana en dos mitades lingüísticas, una de las cuales, la de los monolingües castellanos, no tendría la oportunidad de acceder a los trabajos que requieren el conocimiento del catalán, como por ejemplo los de la Administración catalana?

Los promotores del Manifiesto no han abordado estas cuestiones. Han preferido defender sus posiciones a base de responder a críticas especialmente lunáticas y zafias. Esa salida es tan decepcionante como lo sería atacar el Manifiesto por el hecho de que lo hayan ensalzado reaccionarios de toda laya. El debate sólo será provechoso si se abandona la demagogia de los derechos y se discute con datos y argumentos sobre el fin a alcanzar (bilingüismo efectivo o dominio del castellano en las comunidades con lengua propia) y los medios para conseguirlo. Justo lo contrario de lo que han hecho hasta el momento los intelectuales firmantes del Manifiesto.

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El académico Pere Gimferrer, contra el Manifiesto por el español

Critica que reclamen el "derecho a no saber una lengua distinta al castellano"

V.V.

El éxito del Manifiesto por la Lengua Común, impulsado por intelectuales cercanos al partido de Rosa Díez y jaleado por la derecha mediática sigue cuestionándose. El escritor y miembro de la Real Academia Española (RAE) Pere Gimferrer recordó que apenas hay un par de lingüistas entre 100.000 las personas que se han adherido al manifiesto, y que más de 20 académicos tampoco lo han suscrito. A su juicio, “cualquier lengua española es parte del patrimonio español”, algo que desmiente el planteamiento del manifiesto de identificar “la unidad de España con la lengua española”.

En una entrevista concedida a La Vanguardia, Pere Gimferrer aseguró que “jamás firmaría el Manifiesto por la Lengua Común” promovido por intelectuales cercanos a UPyD y Ciutadans. El académico opina que es un error el “nacionalismo lingüístico” que promueve el texto y que “identifica la unidad de España con la lengua castellana”.

"Cualquir lengua española es parte del español"
Según sus palabras, “cualquier lengua española es parte del patrimonio español”. Para defender esta tesis, Gimferrer recordó un episodio de la vida de Juan Ramón Jiménez durante su exilio en Cuba: “Al oír por la radio a la Escolanía de Montserrat cantando La mort de l’escolà se puso a llorar y dijo: ‘Y que yo tenga que estar en esta cárcel que es estar fuera de España’. Para él, España era aquella canción en catalán”.

Lista de no firmantes
El dudoso éxito del manifiesto, que ya puso de relieve El Plural, fue también cuestionado por el académico, que propuso “publicar una lista de quienes no han firmado”. “Me refiero a nombres de significación semejante [a la de los firmantes] que no han querido firmar, sin contar a los que al principio firmaron pero ahora han pedido que se retire su nombre. Hay más de veinte académicos que no hemos firmado, por ejemplo”, explicó.

Superioridad de lenguas
Para Gimferrer, “no hay lenguas superiores a otras”: “Piden el derecho a no saber una lengua distinta al castellano. No sé si la ignorancia es sujeto de derecho”, matizó. Parecida opinión tienen muchos de los rectores de universidades españolas, la mayoría de los cuales asegura que el español no necesita ninguna defensa.

Los rectores tampco suscriben
Según los testimonios recogidos por ABC la opinión generalizada entre las autoridades universitarias -la mayoría no han firmado el manifiesto- es que las reivindicaciones del texto no tienen demasiado sentido. Así, por ejemplo, el rector de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Berzosa, apuntó que no tiene “previsto suscribir” el texto y que espera que no se convierta en “un elemento más al servicio de la crispación”.

"No necesita que lo defiendan"
Pedro González Trevijano, rector de la también madrileña Rey Juan Carlos consideró que “el castellano no necesita que nadie lo defienda, porque se defiende muy bien solo”, algo similar a lo que opina el rector de la Pompeu Fabra de Barcelona, Josep Joan Moreso: “Para que la lengua española sea una lengua común, no hace falta que en toda España todos los ciudadanos tengan el derecho a que sus hijos reciban su educación primordialmente en lengua castellana”.

Contradicciones
Desde la Autónoma de Barcelona, Lluís Ferrer se mostró tajante al apuntar que no entiende “de dónde procede esta jerarquía de lenguas de ‘primera’ y de ‘segunda’”. En su opinión, “el manifiesto contiene una grave contradicción al decir que las lenguas no deben imponerse coactivamente cuando, en esencia, es esto lo que propone el documento”.

Tampoco desde las católicas
Incluso Alfonso Bullón de Mendoza, rector de la universidad católica CEU San Pablo consideró que “el español goza de una excelente salud en el mundo y seguirá siendo así”. Lo mismo cree el catedrático de Lengua de la Universidad de Navarra Manuel Casado Velarde, vinculada al Opus Dei: “No me preocupa la salud del español, que es una lengua internacional, mayoritariamente americana”.

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La polèmica per la llengua comuna vista des de Galícia

Les paraules inofensives

La població perifèrica d'Espanya sap molt bé que no és la llengua espanyola la que està en perill

La bandera, la llengua, són de tothom o de ningú. Malament ens va anar quan van ser només uns quants els que se les van apropiar

  1. La població perifèrica d'Espanya sap molt bé que no és la llengua espanyola la que està en perill
ALFREDO Conde*

Arthur Schnitzler va deixar escrit que "l'esport favorit de certs polítics, periodistes i esnobs és agafar una paraula inofensiva, honorable i fins i tot noble i tacar-la de groc, igual que es feia en el passat amb els jueus perquè la xusma els pogués vexar, insultar o maltractar a plaer i impunement. En els últims temps, les paraules que reben més pedrades dels trinxeraires són tres: progrés, llibertat i escepticisme".
Primer, ho copio d'una selecció feta per Juan Parra dels Aphorismen und Betrachtugen, escrits pel dramaturg, poeta i metge vienès, de qui em confesso lector apassionat. Després, em pregunto si, encara que d'una altra manera, no se segueix tacant de groc els jueus, i quines seran les paraules que, així tenyides, a instàncies d'esnobs, periodistes i polítics, serveixen avui de blanc a aquests trinxeraires als quals Schnitzler al.ludeix amb agudesa. Com que ara, segons sembla, tots som progressistes i amants de la llibertat, o almenys així ens erigim, cal suposar que progrés i llibertat no entrin en la consideració feta per Schnitzler, encara que sí unes altres. ¿Quines?

ABANS
DEbuscar-les, o de pensar en les seves potencials substitutes, convindran amb mi que l'essencialitat de conceptes com els que aquestes paraules enclouen queda en entredit quan aquestes mateixes paraules broten de la boca de determinats individus que poden ser sospitosos de qualsevol cosa menys d'haver lluitat per elles. També convindran que l'escepticisme, aquesta necessària higiene mental, sigui, en aquest país amb dues classes de graderies intel.lectuals, la de sol i la d'ombra, un bé generalment escàs i difícilment localitzable.
Però ¿quines seran les paraules que es buscaven? Potser les que Schnitzler proposaria si hagués nascut entre nosaltres i viscut en els nostres dies, no fossin unes altres que Espanya, bandera o llengua, una vegada esgrogueïdes com és necessari per no pocs dels que en un altre temps no van ser, ni de bon tros, defensors a ultrança ni de la llibertat ni del progrés.
Vaig pensar en això fa unes setmanes i vaig recordar Schniztler, mentre escoltava atentament l'esperança del president del Govern d'Espanya perquè la dreta no faci un ús de la llengua, de la llengua espanyola i castellana, semblant al que ha estat fent de la paraula Espanya i per tant de la bandera que la simbolitza. De raons no n'hi faltaven. Aquestes paraules estan servint, i fa tot l'efecte que seguiran fent-ho, perquè molts trinxeraires les maltractin amb la utilització que en fan, les insultin amb les seves actituds i les vexin a l'amanir els conceptes que enclouen com a guarniment dels seus interessos. Hi ha paraules i conceptes que, o són de tothom o no són de ningú.
Per això quan algú se les apropia i les instrumentalitza de manera partidària, adscrivint-les a aquest o aquell sistema d'idees, a esquerra o dreta de l'arc parlamentari, tant hi fa que sigui un o altre, si el que compta és l'ús, la manipulació o l'apropiació indeguda, mereix com a mínim la qualificació que Arthur Schnitzler li atorga.
L'última expressió tacada de groc, aparentment patriòtic, és llengua espanyola. Qui els escriu viu a Galícia i, quan llegeix que a Galícia la llengua comuna està en regressió, amenaçada greument i com qui diu esmicolada a mossegades per la gallega, no pot sinó pensar a qualificar de trinxeraires aquells que ho afirmen.
És clar que és subscrivible el que s'afirma en aquest manifest, per descomptat. El que no es pot acceptar es que respongui a una situació real, que aquesta sigui la situació angoixant en què es troba la llengua espanyola, almenys en territoris com el gallec. I aquesta realitat, la de l'existència del perill, és la que converteix en insubscrivible l'escrit i tenyeix de groguisme la conducta dels que ho propalen. No es pot de cap manera corroborar que la situació de l'espanyol en territoris com el gallec sigui la que es descriu en aquest text; almenys la que es dóna a entendre i subjau en tot ell i de forma tàcita en les actituds que mantenen els seus grans inductors.

LA
BANDERA,la llengua, les víctimes del terrorisme i el govern de l'Estat, per citar les paraules més tenyides de groc de tota la història d'Espanya, o són de tot- hom o no són de ningú. Malament ens va anar quan van ser només uns els que se les van apropiar, els que les van usufructuar en detriment de tots els seus legítims hereus, és a dir, la totalitat dels espanyols. De tot això fa ja 40 anys. Des d'aleshores, molta altra gent les ha passat de tots colors pel seu afany de no renunciar mai a cap de les seves dues llengües, a cap. Aquesta gent, és a dir, la majoria de la població perifèrica d'Espanya, sap prou bé, encara que no siguin escriptors ni hagin pagat idèntiques factures a les pagades per aquests, que qui està en perill de desaparició no és la llengua espanyola. ¿Com i amb quin motiu?
Afortunadament, i d'això ens n'enorgullim tots, milers d'emissores de ràdio, centenars d'emissores de televisions, centenars i centenars de diaris i revistes setmanals, un milió de llibres diaris editats sense pausa al llarg de l'any donen idea d'una llengua puixant internament i internacionalment. ¿Què és, doncs, el que l'amenaça? ¿L'allargament de l'agonia de llengües com la gallega? ¿Poden creure de debò en el que subscriuen i afirmen els que han subscrit aquest manifest? Aleshores, ¿per què ho fan? ¿I com se'ls hauria de dir?

* Escriptor.

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14 Jul 2008

La nova campanya de la dreta nacionalista espanyola contra les llengües no castellanes. 14/07/2008.

Escrito por: jordigrau el 14 Jul 2008 - URL Permanente

La nova campanya de la dreta nacionalista espanyola contra les llengües no castellanes (2). 13/07/2008.

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Un afegitó que matisa Pontón: jo diria que "les huele la lengua".

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Dame la lengua

GONZALO PONTÓN (Gonzalo Pontón es editor.)

En Barcelona, como es sabido, la gente y las televisiones sólo pueden hablar catalán

Si a Unamuno le dolía España, a los del 'Manifiesto' les duele la lengua

Desde hace algunos años hay crecientes razones para preocuparse en nuestro país por el silencio de los intelectuales. Pero, para general alivio, acaban de pronunciarse públicamente en un Manifiesto por la lengua común porque les preocupa el papel del castellano como lengua principal de comunicación democrática (sic). Si a Unamuno le dolía España, a ellos les duele la lengua.

El Manifiesto lo han firmado "espléndidos personajes", como dice don Gregorio Salvador, que es académico de la Lengua y sabe de estas cosas. Además de los personajes de don Gregorio, yo incluso conozco a personas que también lo han firmado. Otras se han echado a los papeles. Doña Laura Campmany ha escrito en Abc (que, según decían Tip y Coll, es como un periódico) que en algunas comunidades autónomas se alienta el desprecio al castellano y se fomenta su olvido: "Apadrine su acento, cultive su elegancia... y escójalo en el baile de pareja", nos implora.

Don Manuel Jiménez de Parga (¿Se acuerdan? El de los andaluces limpios y los catalanes guarros) nos exhorta a afianzar el sentimiento nacional, hace votos porque en el siglo XXI "los provincianismos y los localismos aldeanos" no tengan futuro y nos advierte de que existen "personas de gran prestigio preocupadas por lo que ocurre con el castellano en Cataluña, en el País Vasco, en Baleares y en Galicia".

Y no sólo personas de gran prestigio, don Manuel, oiga. Yo mismo, sin ir más lejos, ando en un sinvivir por las agresiones del euskera, el gallego y el catalán (no entro en lo del balear porque no lo domino). Si regresa usted a Barcelona sólo oirá hablar en catalán: en las casas, en la escuela, en el trabajo, en la calle, en los mercados, en las farmacias (allí vendemos, siempre en catalán, crema protectora antisolar y paracetamol); en la TV (estoy abonado a la cadena catalana Digital Plus y puedo ver más de 200 canales, todos en catalán); en los anuncios (Don't imitate, Innovate); en el lenguaje deportivo (corner, gol, penalti); en las discotecas (birra, chati, farlopa, segurata)...

También me preocupa y mucho, como a los abajo firmantes, la rotulación de las vías públicas. Los catalanes hemos llegado al extremo de escribir exclusivamente en catalán los nombres de calles y plazas. Por ejemplo: hemos puesto a nuestra calle más importante el nombre de la línea imaginaria que divide a una circunferencia. Así: Diagonal, sólo en catalán. A otra muy antigua la llamamos Gran Via, también en catalán. Y lo que es más, el rótulo que orienta hacia el edificio más emblemático de Barcelona, el que tanto le gustaba a Engels, sólo está escrito en catalán: La Sagrada Família. Pero lo peor viene al tratar de salir de la ciudad, porque en los carteles de señalización sólo se puede leer Autopista (y en esto El Perich tuvo mucha culpa), Ronda o Aeroport.

Hasta yo mismo sufro la agresión del catalán en mis carnes: a mí, que me llamo Gonzalo, me llaman Gonçal, que ya son ganas de despistar poniéndole una coma a la "c". Lo mismo pasó hace ya años con la movida musical catalana llamada la nova cançó. Como entonces me preguntaba la gente, con razón: "Oye, ¿y eso del canco qué es?". Parecía una enfermedad venérea. Además de la dichosa "c" con la comita, el catalán (una lengua dificilísima e ignota, desde luego indoeuropea pero con aportaciones fenicias) tiene ocho vocales, un chorro de consonantes y una flexión nominal endiablada de siete casos, más un ablativo instrumental y otro absoluto. La conjugación verbal no es tan difícil, si no fuera por los verbos polirrizos y por la particularidad de que las formas bisilábicas del infinitivo se usan con valor de aoristo. Claro que el marcado hipérbaton tampoco ayuda mucho. Es mucho más fácil para los inmigrantes subsaharianos aprender la lengua oficial y común, el castellano, que a fin de cuentas deriva del latín.

No puedo estar más de acuerdo con la afirmación: "Contar con una lengua política común es una enorme riqueza para la democracia". Pero es que, además, yo añadiría al Manifiesto el reconocimiento que se debe a la enorme generosidad con que Castilla nos ha dado su lengua. Cuando ésta era camarada del imperio, a los castellanos (que te llevaban a la hoguera por un quítame allá esas filacterias) bien que les gustaba darle la lengua a las Indias. Aún hoy, los latinoamericanos más reacios a agradecer la misión civilizadora de la madre patria acaban confesando, como Neruda, que era un rojo, que sí, que Castilla les dio la lengua.

Y en cuanto a la lengua vehicular en la educación, es claro que los padres tenemos todo el derecho a decidir en qué lengua han de estudiar nuestros hijos. Es más: los padres analfabetos de lengua castellana tienen que tener la libertad de exigir que sus hijos sean analfabetizados en lengua castellana, y los padres antropófagos de lengua castellana tienen todo el derecho a pedir que sus hijos se eduquen en el canibalismo en lengua castellana. Si la lengua vehicular en la escuela es exclusivamente el catalán, los niños no tendrán ninguna posibilidad de aprender castellano, porque cuando lleguen a su casa hablarán con sus padres sólo en catalán, verán la tele en catalán y le darán a la play station exclusivamente en catalán. Situación de por sí agravada por las canguros que les cuidan, todas procedentes de la Garrotxa o del Solsonès. Como es bien sabido, cuando un cerebro infantil se conforma a la estructura gramatical del catalán, ese cerebro queda automáticamente incapacitado para aprender cualquier otra lengua, porque los niños no tienen ninguna capacidad lingüística innata, sino que aprenden la lengua mecánicamente (Descartes, Leibniz, Humboldt o Chomsky sostenían todo lo contrario, pero no eran intelectuales españoles ni les dolía la lengua).

Aunque eso de que "la lengua castellana es la única cuya comprensión puede serle supuesta a todos los ciudadanos españoles" no lo veo claro, la verdad. Tiene toda la razón doña Laura en que hay que "apadrinar su acento", pero ¿cuál? ¿El del señor Zapatero "Ahora voy de Cádiz a Valladoliz sin parar en la ciudaz de Madriz"?; ¿el del señor Bono "El cajtellano o ejpañol ej la lengua d'Ejpaña"?

Y en cuanto a "cultivar su elegancia", ¿cuál? ¿La del castellano de la Guardia Civil "sesientencoño"?; ¿la de los personajes forgianos "Sincreíble, oyes"?; ¿la de los botelloneros "Sa caío del amoto porque llevaba enchegao el arradio y sarrancao la canne de la pienna"? O, quizá, dado que "nuestro idioma goza de una pujanza envidiable y creciente en el mundo entero", ¿deberíamos echar mano del castellano de América? ¿Tal vez el pequeñoantillano "La mujel del yanitol me consiguió el rilif"?; ¿el granantillano "Lo jodieron tanto que se sacó el mandao con jolongo y tó"?; el de Nueva España "Te pudo cargar la chingada nomás conque te hubieras parado, cabrón. Órale güey"?; ¿el rioplatense "La milonga déle loquiar, y déle bochinchar. Linda al ñudo la noche"? ¿Y el castellano nuestro, el de los catalanes "Contrariamente al Madrit, en el Barça tenemos jugadores de blancos y de negros, y a más a más, tenemos de suplentes"?

España: dame la lengua, que quiero bailar contigo.

Gonzalo Pontón es editor.

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Petit observatori // JOSEP MARIA Espinàs

Els tòpics de les llengües

Passaré uns quants dies en terres valencianes. I ja sé, per experiències anteriors, que des del primer moment parlaré català amb la fonètica dels valencians. No és que m'hi esforci, és que em surt instintivament. L'adagi castellà donde fueres haz lo que vieres, en el meu cas es transforma en donde fueres habla como oyeres. El meu anglès és molt pobre, el meu alemany gairebé inexistent, però sé que allò que pugui dir ho diré amb una pronunciació acceptable. I com que la fonètica se m'enganxa, enganyo la gent sobre els meus coneixements.
Quan fa ja anys vaig ser a la comarca de l'Alt Maestrat, em vaig aturar a parlar amb un home. Al cap d'una estona em va dir, intrigat: "¿Però, vostè, de quina part de València és?".
Li parlava en valencià, però no aconseguia identificar la meva procedència. ¿Era de cap a l'Alcalatén, era de cap a Alcoi? El meu valencià era una mica estrany.
M'agraden tots els accents, tots els matisos. I ja sé, des de fa temps, que molt sovint hi ha un cert menyspreu per la fonètica de les llengües que no són la nostra. Ens costa alliberar-nos del so de la llengua pròpia per valorar com sonen les altres. Sempre serem subjectius. La familiaritat amb la nostra música lingüística no ens permet ser justos quan jutgem un idioma que ens és estrany. O un simple accent, com a alguns catalans els passa amb els valencians.
Recordo que una vegada vaig fer escoltar a un conegut anglès un text en valencià. Em va dir que li recordava l'italià, "per la musicalitat". No tenia cap prejudici.
Hi ha una anècdota significativa sobre els tòpics lingüístics. L'escriptor navarrès Ramón Irigoyen va rebre un homenatge amb motiu d'haver guanyat un premi de contes. En el discurs que va fer d'agraïment, va començar parlant una llengua que no entenia ningú. Alguns dels assistents a l'acte van comentar la rudesa de l'idioma basc i la seva ineptitud per a la cultura. Després de les paraules d'Irigoyen, el presentador, tenint en compte el cognom de l'escriptor, va tenir la gentilesa de mostrar el seu agraïment en eusquera: "Eskerrik asko".
Dies més tard, en una trobada amb Fernando Savater, Irigoyen va riure: "¡No em diguis que es van creure que havia parlat en eusquera!". Aquell idioma en què havia parlat, tan rude, tan poc apropiat per al món cultural, tan menystingut pels presents, era... ¡el grec!
Com ens agrada creure en els tòpics des de la ignorància.

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Hablo el catalán porque es la lengua que he heredado de mis padres, y estos, a la vez, la heredaron de los suyos, y así generación tras generación hasta convertirla en una de las lenguas más antiguas de Europa. El hecho de que España tenga varias lenguas oficiales es una riqueza cultural enorme de la que pocos países pueden hacer gala y un patrimonio de todo el país. De todos los españoles, las hablen o no. De ahí que me sorprenda el Manifiesto por la lengua común.

Todos los firmantes de dicho manifiesto deben saber que somos bilingües por naturaleza, que en Catalunya es cada día más raro ver a adolescentes hablar el catalán entre sí, que la nota media de la selectividad en castellano es superior a la del catalán, que sepan también todos ellos que históricamente toda lengua minoritaria que cohabita con una lengua dominante acaba por desaparecer, que estoy cansado de que deliberadamente ciertos medios mientan y manipulen el catalán y consigan que gente que nunca ha pisado Catalunya repitan sistemáticamente la mentira que oyen y leen: ¡que el castellano está perseguido en Catalunya!

A todos ellos les invito a que pasen unos días por Barcelona para descubrir la auténtica realidad lingüística de aquí. Por eso, y por no acabar con una lengua tan rica e histórica, y exactamente igual que por qué millones de personas hablan el castellano, yo hablo el catalán, mi lengua.

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Girona, ciudad cosmopolita
Imagen del cartel de un bar del centro de Girona / Pere Cat i Pérez del Corral

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El portavoz de Interior del PSOE desconfía de la renovación de Rajoy

Antonio Hernando: “El PP ha pasado del España se rompe al se rompe el español"

ELPLURAL.COM

Antonio Hernando, secretario de Ciudades y Política Municipal del PSOE, ha destacado la desconfianza que su partido tiene por los cambios Mariano Rajoy asegura haber llevado a cabo en su partido después del Congreso que el PP celebró en Valencia. Para Hernando, la única forma de hacer creíble esta reforma es que el líder popular haga "una enmienda a la totalidad de su oposición en la legislatura pasada".

Hernando avisa, en una entrevista para la agencia EFE, de que los socialistas sólo se creerán que "hay un nuevo PP" cuando éste reconozca que en la anterior legislatura "se equivocó" con hacer la oposición que hizo centrada en la lucha antiterrorista, los atentados del 11-M o el "España se rompe".

"Se rompe el español"
"Que rectifique la totalidad de su oposición durante la legislatura pasada y entonces empezará a ser creíble como nueva oposición, como renovación de un proyecto que los ciudadanos le han dado el portazo", apunta Antonio Hernando. Este madrileño, que también es portavoz del PSOE en el Congreso, advierte de que esta legislatura ya “empieza mal” y que en el PP "vuelven a las andadas". “El PP ha pasado del ‘España se rompe’ al ‘Se rompe el español’”, subraya Hernando y concluye que “ni España se rompía ni el español se rompe”.

El voto inmigrante
Hernando explica en la entrevista algunos de los compromisos que su partido adoptó en el 37 Congreso Federal, que se celebró el pasado fin de semana y en el que fue elegido miembro de la Ejecutiva Federal. Uno de esos compromisos es la ampliación del derecho al voto a los inmigrantes para las elecciones locales. Para ello, Hernando confía en contar con el respaldo de todos los grupos parlamentarios porque, según aclara, se trata simplemente de "ampliar las bases de la democracia".

La financiación local
En calidad de secretario de Ciudades y Política Municipal, Hernando muestra su deseo porque la resolución del problema de la financiación local pueda estar en marcha en el 2009, al mismo tiempo que la reforma de la financiación autonómica, al negociarse ambas de forma paralela. "No podemos dejar la financiación local para el final, porque lleve relegada al final desde hace muchos años", sentencia.

Tercer mandato de Zapatero
Hernando evita pronunciarse sobre la conveniencia o no de que José Luis Rodríguez Zapatero avance ya si va a optar a un tercer mandato, tanto al frente del PSOE como a la Presidencia del Gobierno. Tras elogiar la voluntad demostrada por Zapatero desde el año 2000 "de sumar generaciones", Hernando sortea la pregunta sobre sus intenciones de renovar su mandato al recordar que "los ciudadanos eligen a un partido y a un presidente por cuatro años". "Hay volcarse al máximo por llevar el proyecto y el compromiso que teníamos con los ciudadanos” comenta, antes de apuntar que, el resto se verá "en su momento".

El "talismán" de la crisis
En lo que respecta a la economía, Hernando observa que algunos, como el PP, han intentado utilizar la palabra crisis "de talismán", sirviéndose de ella en la contienda política. Aunque prefiere no entrar en debates semánticos, insiste en sostener que el Gobierno de Zapatero "se ha puesto al frente de las capacidades de la economía española" desde el primer momento, cuando el PP lo que esperaba es que el Ejecutivo dijera: "Me rindo".

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lunes 14 de julio de 2008


MANIFIESTO POR UNA LENGUA COMÚN: LA PELÍCULA

Tras el clamoroso éxito del “Manifiesto por una lengua común”, firmado por varios intelectuales españoles y también por Casillas, United Artist ha confirmado su intención de llevar a cabo la adaptación cinematográfica.

Aunque se desconoce por el momento el director del proyecto (titulado provisionalmente “Spanish Toungue”), se ha filtrado que el protagonista podría ser Javier Bardem en el papel de lengua común.


Quien sí ha confirmado su participación en el proyecto es el actor Eduard Fernandez, que interpretaría al catalán. En este sentido, el intérprete ha hecho unas declaraciones a Hollywood Reporter:


“Creo que esta es una gran oportunidad para mi carrera porque siempre he querido interpretar a un malo.”


El papel de euskera está aún en el aire, aunque todo apunta a que la elegida podría ser Barbara Goenaga. La joven actriz vasca ya ha anunciado que rechazará el papel si tiene que enseñar las tetas en castellano.


Aquí, el que podría ser el tema central de la película, interpretado por la Kelly Family (sin trampa ni cartón por raro que parezca; atención al 3:22):






13 Jul 2008

La nova campanya de la dreta nacionalista espanyola contra les llengües no castellanes (2). 13/07/2008.

Escrito por: jordigrau el 13 Jul 2008 - URL Permanente

La nova campanya de la dreta nacionalista espanyola contra les llengües no castellanes. 13/07/2008.

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L'article de García és fantàstic o, millor, paradigmàtic del comportament i del pensament de la dreta nacionalista espanyola. Conté tots els tòpics, mentides, mitges veritats i arguments que aquesta dreta treu a passejar abans de disparar contra les esquerres i els nacionalistes perifèrics. Però és més: moltes de les coses que retreu als "nacionalistes" -ell, com a bon nacionalista espanyol dóna per descomptat que no ho és- podríem aplicar-les a España i a l'español. Enllaça tot això i acaba argumentant un no sé què d'un assiri: Llengua morta que no val la pena aprendre... Prop de 10 milions de catalanoparlants donen, potser, testimoni de la mort d'una llengua?

Seguim, doncs, amb Felip Vé i el seu "justo derecho de conquista".

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I fixeu-vos que ataca autonomies amb governs d'esquerra: Catalunya (governs de CiU, CiU amb PP i, ara, esquerra), Balears (PP i, des de fa un any, esquerra), Galícia (UCD, PP i, ara, esquerra) i Euskadi (PNV-PSE i tripartit). En canvi, la CV, amb governs del PP des del 95, i que practica també un sistema educatiu amb diverses vies lingüístiques, i on el valencià és requisit per a poder exercir de docent o mèrit enorme per a sanitat o administració, la CV, dic, queda oblidada pel ranci historiador.

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Poso l'article, no sense haver-ne corregit abans les faltes d'ortografia. Perquè, tot i això, sé castellà.

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http://www.abc.es/gestordocumental/uploads/Cultura/FGCBatalla.doc

Lenguas fieramente humanas

Fernando García de Cortázar.
Catedrático de Historia Contemporánea
Universidad de Deusto

En la madrugada del último catorce de mayo el guardia civil Juan Manuel Piñuel era asesinado por ETA en una localidad alavesa, cercana a Vitoria, de nombre desconocido incluso para aquellas generaciones de españoles que habían ejercido su memoria en un bachiller enciclopédico de geografía e historia nacionales. Desde el primer momento, el topónimo Legutiano copó todos los titulares de los periódicos y sólo pasado un tiempo, unos pocos medios rompían la muralla infranqueable del misterio aportando, entre líneas, la vieja denominación de Villarreal de Álava. Entonces algunos ciudadanos avisados recordaron que desde la Transición política de 1977 los poderes locales y el nacionalismo asfixiante venían dedicándose a mutilar la historia y corromper la geografía siempre con la excusa de la búsqueda de raíces y la afirmación de purezas. Una de las primeras víctimas del deseo nacionalista de enterrar la historia del País Vasco fue el municipio de Villarreal de Alava , al que en 1980 , de un plumazo , se le cambió el revelador nombre , utilizado durante seis siglos y medio , por el del topónimo latino vasquizado de Legutiano .
La villa de Villarreal de Álava había sido fundada en 1333 por el rey de Castilla Alfonso XI y, dada su estratégica ubicación , fue escenario de diversos enfrentamientos bélicos tanto en la segunda guerra carlista como en la guerra civil . A pesar de que los nacionalistas vascos siempre han pretendido convertir sus derrotas en victorias, el nombre de Villarreal no les debía resultar cómodo. En diciembre de 1936, el ejército vasco, alentado personalmente por el Lehendakari Aguirre, fracasó en su intento de ocupar Villarreal y avanzar desde allí hacia Vitoria y Miranda de Ebro como forma de aliviar la ofensiva de las tropas franquistas contra Madrid. Allí , el vanidoso Aguirre se ganaría el grotesco apelativo de Napoleonchu con el que la derecha vizcaína celebró el desastre de la operación .

Un fantasma recorre España

Rectificar lo tradicional por lo racional fue la consigna y el proyecto de Azaña con la llegada de la República en 1931.Curiosamente, los tradicionalistas del siglo XXI, travestidos de progresistas, desean hacer lo contrario: cambiar lo racional por lo tradicional. Que el mensaje venga de los nacionalistas y los regionalistas se comprende porque proceden del fondo más rancio del tradicionalismo de toda la vida. Lo que no se entiende es que la izquierda se tome en serio que la modernidad política y cultural pase por satisfacer aspiraciones parecidas a las que tenían los carlistas de hace siglo y medio. Lo que no se entiende es que la modernidad consista en devolver España al Antiguo Régimen, con sus valores, usos y costumbres, rebosantes de salud, bendecidos por los curas domésticos y los caciques locales.
“Hijo, resiste como resistieron los guanches hasta la muerte”. De esta manera infundía ánimos a un concursante canario de Operación Triunfo, amenazado de expulsión, su belicosa madre. La frase, como las canciones que escuchaba Antonio Machado en los labios niños, lleva la historia confusa y clara la pena. Es un eco del rumor poderoso que hoy halla el regionalismo en la educación sentimental de los españoles. Ser canario y guanche, vasco y carlista o nacionalista, catalán y segador o catalanista, gallego e irmandiño o bloqueiro…se ha convertido en una determinación, en una obligación ante la historia de modo que no hay acontecimiento que no se trasforme en una representación melancólica de Wifredos y banderas, bien sea el evento un partido de fútbol, una manifestación contra la reforma universitaria, una protesta contra la guerra o un programa de televisión.
¡Qué drama el de España! Ver siempre frustrada la nación liberal por los integrismos tradicionalistas de toda filiación política y, por supuesto, ver cómo nuestras desdichas se tejen en el telar de las falsas y pintorescas ilusiones de un tiempo imposible. Hace ya muchos años que en sus “Meditaciones del Quijote” Ortega se decía: “¿No es cruel sarcasmo que luego de tres siglos y medio de descarriado vagar, se nos proponga seguir en la tradición nacional? ¡La tradición! La realidad tradicional en España ha consistido en el aniquilamiento progresivo de la posibilidad de España.” Las palabras del filósofo no han envejecido, las actuaciones de los gobiernos autonómicos de uno u otro color no han permitido que envejezcan.
Lo regional, como en el siglo XIX lo nacional, pasa por la historia que no retrocede ante la leyenda, la trivialidad o el error, con tal de que éstos vayan unidos a una representación concreta del pasado. Todo es cuestión de imágenes, de tradiciones propias y genuinas, desde celebraciones festivas a rememoraciones de batallas, viajando por el estómago y la gastronomía. Los historiadores, atrapados en la diagonal que va de la biblioteca al caserío, han inventado el mito y desenterrado antepasados tanto en los conquistados como en los conquistadores. Los poetas, desde la melancólica elegancia de Manuel Machado y su “yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron/ soy de la raza mora, vieja amiga del sol” al huracanado viento de Miguel Hernández “asturianos de braveza/ vascos de piedra blindada…” se han llenado la voz cantándolo. Y los políticos, siguiendo una tradición localista que tal vez comienza en 1808 con el labrador Andrés Torrejón, el alcalde de Móstoles y su imponente declaración de guerra a Napoleón, han sabido tejer en nuestra democracia televisada ese haz de relatos y aleluyas.
La primacía de la sangre, que ridiculizaba Cadalso en el siglo XVIII y que todavía llenaba de nostalgias a la nobleza de postín en los tiempos de Franco, ha sido sustituida desde el Estado de las Autonomías por una suerte de linaje territorial que es el único prêt à porter que los políticos han podido vender al pueblo . La exaltación del terruño, la extraña amalgama de consanguinidad y territorialidad , que viene de “ la tierra y los muertos” del ultranacionalista, antidemócrata y antisemita Maurras y se reproduce en el RH negativo de los dirigentes vasquistas, ha cortado la vida de los ciudadanos a la medida de sus regiones, de modo que la primera pregunta que surge entre dos españoles que acaban de conocerse, y que resulta absurda a los ojos de un francés, es si el otro es gallego, o vasco, o catalán, o aragonés, qué guerra perdieron o ganaron y si han “normalizado” ya la lengua de los ancestros.
Oscurecida la idea de España como nación, reacios a identificarse en una historia común, los españoles y sus políticos han inventado una manera de comulgar más atractiva que la de las religiones o las ideologías: la exaltación regional , la resonancia folklórica de un designio descentralizador que desborda los grises fines de la pura reflexión administrativa. Hay en todo ello un anarquismo centrífugo y consumista que se mueve entre la plaza del pueblo, El Corte Inglés y la televisión. Lo que pasa más allá de estos tres casquetes polares del hogar interesa a poquísimos, de ahí que los telediarios dediquen cada vez más espacio a trasmitir las noticias de la aldea o a difundir las opiniones de expertos en ferias, gastronomía, deporte y danzas populares. Los jóvenes de antes soñaban con viajar en el submarino amarillo de los Beatles o vivir elegantemente en la desesperación, a lo Baudelaire o Rimbaud en aquel París bohemio e imposible de Montmartre. Los de ahora, perdidos en el bucle melancólico que han modelado los nacionalismos de siempre y los regionalismos del Estado de las Autonomías, no saben quién es Baltasar Gracián ni Baudelaire; están en casa atrapados en el cepo de Internet; y ya no sueñan sino con lo verde que un día llegó a ser su valle.
El opio de los pueblos que hoy se expande entre los españoles –lo decía con espíritu y tono proféticos Rafael Sanchez Ferlosio en El País de 1978- no es sino el narcisismo alternativo que el poder central fabricó cuando se dio cuenta de la inutilidad política del narcisismo nacional. El “España y yo somos así, señora”, el joseantoniano “ser español es una de las pocas cosas serias que se pueden ser en el mundo”, el gol de Zarra contra Inglaterra en el mundial de Brasil… son manifestaciones de un narcisismo que había dejado de vender. Al percatarse de ello, Adolfo Suárez pensó que había que recomponer todo el juego de espejos rotos y producir reflejos diferentes para seguir manteniendo al pueblo encandilado con alguna identidad. De los vetustos baúles centralistas, el gestor de la Transición, en funciones de ama de llaves del añejo solar hispano, fue amorosamente rescatando los viejos trajes regionales, el de baturro, el de charro, el de flamenco, el de payés. Mira por donde ha ido a ser en los atuendos regionales donde se ha plasmado el nuevo traje del emperador que caminaba desnudo.
Hace unos años contrariado por la complacencia e incluso la satisfacción con que la opinión pública asistía a la sacralización del terruño y la aldea, Julio Caro Baroja escribía:
Parece que la gente con el autonomismo siente una mayor impresión de libertad. Hablan de las libertades forales, de las leyes de cada reino antes de la Nueva Planta impuesta por Felipe V…Sí, en efecto, con todas esas leyes en Navarra, en Aragón, en Cataluña serían muy libres, pero en las cosas fundamentales desde el Renacimiento, que son la libertad de conciencia del hombre, la de expresión, la de elección…, no sólo no lo eran sino que vivieron cientos de años con la Inquisición y no les importó. Así pues, este foralismo y las clamadas libertades colectivas no comportaban las libertades
que quiere y necesita el hombre de hoy, las individuales.

El triunfo de la servidumbre
Pensábamos que la sugestión folklórica de las autonomías iba a ceder a medida que los españoles se curaban el sarampión anticentralista fruto de la paranoia uniformadora del franquismo. Sin embargo, no ha sido así. El fetichismo de la identidad y la autenticidad, la neurosis de primitivismo y la rebusca de la diferencia han hecho crecer la marea regionalista hasta tal punto que amenaza con anegar todo principio de racionalidad política. Gobiernos locales de izquierdas y derechas han descubierto en el regionalismo un anzuelo barato que lanzar a los ríos electorales, e inmunes al ridículo han montado orgullosos los carnavales y bailes de disfraces de sus reinos de taifas, a los que se ha pretendido dotar de conciencia histórica.
“La posteridad no podrá creer que, después de que ya se hubiera hecho la luz, hayamos tenido que vivir de nuevo en medio de tan densa oscuridad.” La frase es de Sebastián Castellio, aquel humanista que protestó ante Calvino por la ejecución de Servet, pero resume a la perfección lo que, a caballo del nacionalismo étnico y los regionalismos ha ocurrido en España donde a la dictadura de un general le ha sucedido la tiranía de la barretina o la muñeira .Frente a la triste situación del régimen anterior, en la que lo cultural era esgrimido para justificar toda una gama de propuestas que iban de lo anacrónico a lo estrambótico, el concepto , en manos de los nacionalistas y sus imitadores, no ha sido aún recuperado para la lucidez y el bienestar intelectual, que en el siglo XXI aparecen connotados con sinónimos como toma de conciencia avanzada, contraste de ideas, integración de comunicación social y ausencia de particularismos.
Error de la Transición de Suárez, que luego nadie pondría empeño en reparar, fue entregar a las Comunidades Autónomas la palanca ideológica de la historia, renunciando el Estado al principal instrumento de nacionalización del imaginario y formación de ciudadanos. La indigencia del pensamiento político español de esos años, en torno al hecho nacional, tendría graves consecuencias pues se regaló el pasado a las Autonomías y éstas se lo quedaron. En manos regionales, un sistema educativo aparentemente neutro dejó de hacer ciudadanos españoles para hacer catalanes, vascos, andaluces, valencianos, gallegos… pero en ocasiones, a costa de convertir en antagónicas dichas identidades. Y siempre con la ayuda de una gigantesca manipulación de los libros de texto, a mayor gloria de la Consejería de Educación, encargada de supervisarlos. Los nacionalismos a pesar de su esencialismo tuvieron muy claro desde siempre que sus naciones no podían darse por sentado sino que habían que construirse .Recuérdense los constantes llamamientos de Jordi Pujol a “hacer Cataluña” o los de Arzalluz “primero hacer pueblo, luego la independencia”.
Se nos pasó la juventud y los años corriendo delante de los grises, imaginando una tierra sin mordazas ni ejecuciones sumarias. Con la muerte de Franco y la Transición ganábamos la libertad y heredábamos la burocracia criminal de ETA y todos los prejuicios identitarios del nacionalismo, dispuesto a acabar con la nación constitucional y a reavivar los renglones más tribales e inhumanos del siglo XX. Resulta desolador pensar que cuando por vez primera en siglos nos ha sido posible disfrutar de un sistema de libertades basado en la igualdad jurídica y en la ciudadanía es cuando más nos hemos volcado en la vindicación de lo primitivo, en la exaltación de un estado de naturaleza en el que se es lo que se es de nacimiento y para siempre, por pertenencia étnica y lingüística, por una especie de pureza ancestral siempre agraviada y, sin embargo, intacta , originada en un tiempo anterior a la historia. Nada más triste que tener que aguantar los esfuerzos por recuperar todo aquello que creíamos enterrado en el sepulcro del Cid: la pureza de sangre, raza, lengua y territorio, la superchería de las peculiaridades y los caracteres socioculturales privativos, la posibilidad de trazar fronteras entre españoles, de diferenciarnos según procedencia regional, de obligarnos a lealtades místicas, de inaugurar un régimen de servilismo, esta vez a supuestas identidades telúricas, cuando nos habíamos librado de otras servidumbres.
A finales del siglo XIX escribió Juan Valera: “A veces por defender la patria, hemos defendido el fanatismo”.En 1937 Manuel Azaña anotó en su diario: “Viviremos o nos enterrarán persuadidos de que nada de esto era lo que había de hacer”. Escribían, Valera y Azaña, desde desilusiones y tiempos separados. El primero escribía tras el colapso de esperanzas que se vivió en la Restauración; el segundo, desatada la barbarie unánime de la guerra civil, con la sospecha de que la sociedad española tal vez no estaba preparada para una trasformación como la intentada por su generación. Equivocadas o no, lo cierto es que en las palabras de ambos temblaba, de fondo, una preocupación en carne viva: que sin escrúpulo ético no existe política ni justicia dignas de tal nombre, que hay una última fibra donde reside el latido de la vida moral que no se puede sacrificar ni a la Patria, ni a la República, ni a la Revolución y esa fibra, esa última frontera, la componen la libertad y los derechos de la persona, la persona concreta, real, la persona con cara y ojos y frente y lengua.

Mientras al gobierno se le llena la boca proclamando su cruzada de defensa de las libertades, éstas se asfixian en las disposiciones de algunas comunidades autónomas que vulneran los derechos individuales cuando despliegan su vocación intervencionista para modelar la sociedad (también le llaman pueblo), eliminar las diferencias y, al mismo tiempo, las disidencias y construir su nación. Lamentablemente, durante los últimos años la debilidad del Estado ha dejado indefensos a millones de ciudadanos, residentes en Cataluña, País Vasco, Galicia, Baleares y Valencia permitiendo a sus autoridades regionales exhibir como “normalización” lingüística lo que ,en realidad , es un deseo de homogeneización contraria al pluralismo social . El término contiene un elemento coactivo evidente: describe un proceso forzoso de planificación cultural implacable que moldea la realidad simulando querer dotarla de normalidad, pero reconociendo la inexistencia de esa misma normalidad en el conjunto de la sociedad, a la que se pueden aplicar las acciones punitivas y reglamentarias de la administración.
Los nacionalismos lingüísticos, cuyo idioma “nacional” es minoritario en los límites de lo que ellos consideran su propia nación recurren a una especie de interpretación justiciera de la historia: la lengua de la nación y, consiguientemente, la extensión de la nación misma, es la antigua lengua perdida. Interpretación singular, a modo de consigna, que, como recuerda Tomás Pérez Vejo, da origen a afirmaciones tan pintorescas como la de un manifiesto del PNV de 1992: “No entendemos al vasco que no ama su lengua, aun cuando la haya perdido”. Quizás la siquiatría ofrezca alguna explicación de por qué alguien puede considerar su lengua, una lengua que no habla y que nunca ha hablado. De todas formas, esa sorprendente declaración del nacionalismo lingüístico supone una curiosa concepción organicista, en la que el derecho de los muertos prevalece sobre el de los vivos, el mismo que sustenta los pretendidos derechos históricos.
“ Normalización”, es la terrible y amenazadora palabra empleada por los gestores de las comunidades bilingües que no consigue encubrir su decidida voluntad de que la lengua autóctona ocupe todos los ámbitos de la vida oficial y social de la región, relegando al castellano a un papel secundario de vehículo de comunicación con el resto de España y un nivel similar al que supone el inglés en las relaciones internacionales. Al normalizarse una lengua, se establece un proceso automático de exclusión de la otra. Quien habla la lengua normalizada se ve recompensado; quien no la usa habitualmente, se ve castigado, marginado. Por el contrario, la normalidad con la que muchos de los españoles de las comunidades catalogadas de bilingües –la vasca es monolingüe castellana en su gran mayoría- podían hablar cualquiera de sus dos idiomas ha sido cambiada violentamente por una situación en la que una lengua pasa a considerarse propia (incluso hablan ya de “lengua natural”, como si la otra fuera artificial) y dispone del privilegio de ser la de los medios institucionales y la enseñanza.
Esto se ha visto en la reciente Feria del Libro de Frankfurt: la cultura oficial catalana incluyó producciones subvencionadas que sólo habían sido sometidas al filtro de la lengua autóctona y no al de la calidad, ni al de las leyes del mercado. Y en cambio se dejó en casa a buena parte de la literatura de Cataluña escrita en español, inconcebible fuera del marco geográfico de ésta, como las novelas de Mendoza o Marsé o la poesía de Gil de Biedma. Luego…. los defensores de la normalización, al ser denunciadas las multas lingüísticas a los comercios o la imposibilidad de los padres de educar a sus hijos en el idioma común de los españoles, se revuelven vociferando que no hay guerra de lenguas en Cataluña. ¡Claro que no hay conflicto lingüístico en la sociedad catalana, que es mucho más sensata que sus dirigentes… y no lo hay , a pesar de las operaciones discriminatorias y la violación organizada de los derechos individuales que se perpetran desde el poder político!

Aberraciones lingüísticas

Los nacionalismos y asimilados siempre dan por hecho que su proyecto político, incluido el idioma, es un derecho irrenunciable, inalienable, imprescriptible…( para su exaltación retórica , les gustan las palabras que comienzan por “ in” y terminan por “ ble”… Sánchez Ferlosio dixit) No en vano la singularidad cultural, capaz de distinguir entre un “ellos” y un “nosotros”, tan del gusto de los nacionalistas y complementarios , ha encontrado la mejor recompensa en unos usos lingüísticos inmediatamente reconocibles y muy activos para generar sentimientos de solidaridad hacia dentro y disparidad hacia fuera. Además el mensaje de los “normalizadores” y comisarios lingüísticos aparece diáfano: hay una lengua inocente y otra culpable, una que fue oprimida y otra opresora, rivalidad radical que carga de agresividad y sobreexcitación ideológica cualquier debate sobre el bilingüismo. Porque en España hay varias lenguas pero, al parecer, sólo una mala: el español, el castellano. Ésta es la lengua en la que se escribió el último parte de la guerra civil, el fruto de una violencia antigua que comenzaría con Felipe V y llegaría hasta Franco. Plática para descerebrados … Una leyenda que ha servido para que aquiescentes, sumisos o acoquinados se traguen la manteca rancia de los nacionalismos, toda esa zarandaja poética sobre la lengua, el territorio, el pueblo… que si la cogiéramos y donde pone Cataluña, País Vasco, Galicia…escribiésemos España no habría razón ni estómago que la resistiera. “Abandonad ese léxico que viene de Castilla con sabor de moro, olor de sucio judío, de negro y de villano de esas tierras” ordenó, entre otras muchas barbaridades, Sabino Arana , el inventor del nacionalismo vasco.
Las lenguas tienen una finalidad utilitaria pues sirven fundamentalmente para comunicarse aunque, además, sean un innegable, elemento de afirmación cultural, es decir, colectiva. Lejos de ser alma como les gusta decir a muchos poetas, la lengua es puente, mercado. En España esta obviedad no se entiende porque quién más quién menos se va adhiriendo al principio nacionalista, según el cual la lengua no la hablan los ciudadanos sino el territorio, al que además se le concede el derecho de hacerse con hablantes obligatorios .El drama de España es que se ha hecho de la lengua la base objetiva de un principio de adquisición de ciudadanía, de delimitación de pertenencia a una comunidad y en consecuencia de exclusión. Pionero en estas lides, el nacionalismo catalán que tiene ahora ardorosos imitadores en Galicia y Baleares, ha conseguido mermar la libertad mediante el descarado o sibilino, según los casos, control de los medios de comunicación y, rodeado de una oligarquía intelectual a la que premia con medallas y talones, ha conseguido que la cultura, abducida por el idioma, sufra en Cataluña un progresivo proceso centrípeto gravemente empobrecedor. De resultas de la política lingüística del catalanismo, la universidad pierde intercambios con otros centros españoles y extranjeros mientras a Barcelona le arrebata Madrid su corona como principal centro editor en lengua española.
En aras de la difusión del vascuence, del gallego o del catalán en sus distintas variantes se cometen verdaderos despropósitos y agresiones a la libertad de los ciudadanos, quemándose dinero de todos y las energías de muchos, pero la respuesta al continuo desatino es pequeña porque en ese ámbito no valen razonamientos, dada la visceralidad y emociones que rodean su aprendizaje e implantación. Las cruzadas lingüísticas de los nacionalistas arrasan con los presupuestos. La Generalitat catalana invertirá este año en Política Lingüística 42 millones de euros, el doble que en 2007, mientras que Baleares gastará más de seis y la Xunta gallega alrededor de 23. Dinero público para que no se hable en castellano. Es un ámbito, el lingüístico, donde la libertad individual y la igualdad jurídica tranquilamente se sacrifican a la difusión del idioma, revestido de altísima significación patriótica. No obstante, distintas plataformas cívicas que se mueven entre la clandestinidad y el heroísmo en el País Vasco, Cataluña, Galicia y Baleares mantienen viva la llama de la libertad lingüística en unos territorios donde la democracia y la razón se pervierten a golpe de anacronismo e ilegalidad. Por desgracia éste es el ecosistema cultural en el que transitan muchos españoles. O escriben en una lengua “normalizada” o deben renunciar a los honores. O comparten una lealtad telúrica o quedan desposeídos de sus propias raíces. Y todo ello en medio de un comportamiento ciudadano sumiso y aturdido.
Entre los instrumentos de acomodación de una sociedad a un régimen o entidad política suelen destacarse el interés, la ignorancia y el miedo. Los tres mecanismos han jugado a favor del modelo nacionalista y de las excentricidades lingüísticas. Pero no sólo en el País Vasco, donde la producción del miedo es la principal actividad de esa denominada izquierda abertzale, el frente político de ETA, que ofrece ruedas de prensa y amenaza, sector , por sector , a profesores , periodistas , jueces , concejales. Y de vez en cuando ETA asesina a alguien para dejar claro que la amenaza puede cumplirse. Afirmaciones y ejecutorias del nacionalismo, también en Cataluña y Galicia, que ellas solas servirían para definir el intervencionismo sobrepasado de un gobierno o su carácter totalitario apenas si producen escándalo. Y no lo producen porque el miedo, la coacción , la pusilanimidad o el fanatismo han llegado a sofocar cualquier percepción crítica de lo que realmente está pasando. Tantos años de violencia lingüística e imposición del imaginario regionalista han embotado la sensibilidad de muchos ciudadanos, incapaces de advertir el carácter profundamente antidemocrático de no pocas políticas de implantación del idioma, al margen de lo que realmente se habla. Ciudadanos voluntaristas que han decidido -sea cual fuere su conocimiento del idioma- que el vascuence, el catalán o el gallego es su lengua y que en ese terreno todo vale hasta incluso la intromisión de los poderes públicos en los usos privados .
La conservación lingüística se impone como una prestación personal, como un gozoso sacrificio que los nacionalistas exigen sin discusión ante el altar de la patria naciente, por lo que cualquier aberración o despilfarro en sus medios de fomento - y los ha habido muchos y variados en estos años - está justificado. El empleo de la lengua y de esa parte de la cultura, considerada vasca, catalana o gallega, para mercadear un trato singular de la administración central, reporta a los nacionalistas una ventaja añadida: permite reclutar una burocracia agradecida de profesores y filólogos –muchos líderes, consejeros de la Generalitat o la Xunta de Galicia y militantes de ERC y BNG lo son- y traductores propagandistas , instalados en el escalafón funcionarial , que viven del presupuesto público y cuyo porvenir profesional se vincula indefectiblemente al triunfo del nacionalismo y de las políticas de “normalización”. Las cuantiosas sumas empleadas en éstas dan para mantener una abundante clientela adicta al régimen que acude presurosa en su defensa cuando llegan las elecciones.
Hasta hace poco , las noticias de las atrocidades lingüísticas y de los atentados contra los derechos de los castellanoparlantes llegaban, fundamentalmente del País Vasco y Cataluña pero desde el cambio de gobierno en Galicia y Baleares estas comunidades se han incorporado al aquelarre . Ya no podrá hablase en Galicia de la paz de los cementerios, ya que, a juicio de Lobeira, diputado nacionalista del parlamento autonómico, reflejan la existencia en la Comunidad de un «conflicto lingüístico» por la presencia masiva de lápidas y epitafios en castellano . “Ni vivos ni muertos nos respetan el derecho democrático a usar nuestra lengua”, proclamó ese prohombre de los derechos lingüísticos, que pidió salvaguardar el gallego en las tumbas para que en caso de apocalipsis nuclear la civilización superviviente viese que la lengua de los juglares Xoan Zorro, Meendiño o Martín Codax y la empleada también por Alfonso X, el Sabio en sus composiciones poéticas (estas referencias históricas no pertenecen a su discurso) era una realidad social. En su estrategia de inmersión lingüística exigió también que los fabricantes de muñecas y videojuegos les hicieran hablar en gallego y que los rostros conocidos y los dirigentes políticos galleguizaran nombres y apellidos para dar ejemplo de amor a la lengua. En el verano de 2006 Galicia sufrió una de las más destructivas ola de incendios de su historia reciente. Los efectos devastadores del fuego sensibilizaron entonces a una parte de la opinión pública que airearon la exigencia de la Xunta -tras la formación del bipartito de socialistas y galleguistas- de acreditar con un título el dominio del gallego para poder ejercer como bombero.
A situación parecida de agresión a la lengua común de los españoles se ha llegado en Baleares sin haber gobernado jamás los nacionalistas, que sólo tienen un diez por ciento de respaldo electoral. La Ley de Normalización Lingüística de 1986 así como el Decreto de uso de la lengua catalana en los centros educativos no universitarios fueron aprobadas por gobiernos del Partido Popular de Baleares. El PSOE, en coalición con cinco pequeños partidos, no ha tenido necesidad de aprobar ninguna ley nueva, simplemente está interpretando y desarrollando al máximo las ya aprobadas por el PP. En abril de este año el gobierno balear lanzó una agresiva campaña destinada a sustituir el bilingüismo en las islas por un predominio absoluto del catalán, en detrimento del castellano, idioma - que no se disimula- debe quedar subordinado a un papel completamente secundario. Y lo que, en pleno siglo XXI después de un largo itinerario de asunción de los derechos individuales, resulta aún más sobrecogedor de la campaña es que reglamentara la libertad de utilizar el idioma que se prefiera “en el ámbito personal e informal”.
Manuel Azaña pensaba que los únicos hombres firmes en sus deberes son los que no ceden en sus derechos. Con mayor razón, tampoco podemos nosotros ceder nada en nuestros derechos lingüísticos frente a quien considera más importante el color de una bandera, hecha de nacionalismo cultural y manipulación política, que el color de la ciudadanía . Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo, dejó escrito Abraham Lincoln. Mi optimismo ante el pasaje futuro de las lenguas España arranca de la convicción de uno de los fundadores de la democracia, aplicado ahora a una práctica política de chantajes identitarios, que juega con las cartas marcadas. En nuestro paraíso políglota , es de esperar que, con el tiempo y los golpes, los españoles saquemos alguna lección del cuento de Saroyan, de su protagonista, un asirio, que en inglés, en una barbería de San Francisco, dice que nació en la madre patria pero que quiere olvidarlo, como quiere olvidar aquella lengua, porque de nada sirve engañarse, porque los asirios son un tema de historia antigua, porque una vez, sí , fueron un pueblo importante, pero eso había sido ayer, anteayer y no tenía ningún sentido lamentarse. En su voz no habla la liviandad romántica , ni el anacronismo, habla la historia y el sentido común “ Por qué –dice –debería aprender a leer nuestra lengua ? No tenemos escritores, ni noticias”.

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I ara, una foto sobre la persecució del castellà a Catalunya:
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Imagen no disponibleJosep M. Serra
Rètols en castellà de 'Film Bar', cafè de la Filmoteca de Catalunya de la Generalitat

La nova campanya de la dreta nacionalista espanyola contra les llengües no castellanes. 13/07/2008.

Escrito por: jordigrau el 13 Jul 2008 - URL Permanente

La nova campanya de la dreta nacionalista espanyola contra les llengües no castellanes. 12/07/2008.

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Aquí a sota teniu una prova més de com s'arracona el castellà a la popular CV:

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El Síndic recuerda a Sanidad la existencia de la Llei d' Ús y le exige la presencia del valenciano en su web

E. P., Valencia
El Síndic de Greuges de la Comunitat Valenciana recomienda a la Conselleria de Sanidad que revise los contenidos de su página web y la adapte al régimen de cooficialidad lingüística instaurado en la Comunitat Valenciana por la Constitución Española, el Estatuto de Autonomía y la Llei d'Ús i Ensenyament del Valencià (LUEV). La institución insta a Sanidad a adoptar "todas las medidas que sean necesarias, ordinarias, extraordinarias y presupuestarias, para que su página web pueda ser visitada también en valenciano", de manera que no pueda "prevalecer una lengua sobre la otra, ya que lo que debe orientar a todos los poderes públicos autonómicos y locales es salvaguardar la libertad de opción lingüística e impulsar el uso del valenciano en todos los ámbitos de la vida social".
La recomendación del Síndic responde a la queja formulada por un ciudadano que manifiesta que el portal web de la Conselleria de Sanidad no puede ser visitada en valenciano. La Conselleria informó a la institución que en estos momentos se está modificando la página web de la Dirección General de Salud Pública y adaptando al valenciano, por lo que espera "tenerla a punto en breve".

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I aquí com el PP reprimeix, manu militari, el català a la CV:

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Zones afectades pel futur tancament de TV3 a la Costera i la Ribera Alta
Vos informen de les zones afectades per l'amenaça de la Generalitat Valenciana de tancar els repetidors TV3 que donen cobertura a les comarques de la Ribera Alta i la Costera.
TV3 - TDT A LA RIBERA ALTA
A la comarca de la Ribera Alta, es rep TV3 per TDT canal 55 de l´UHF, des de dos centres emissors, Alginet i Montdúver. Un 30% de la comarca té les antenes dirgides cap al Montdúver ( La Safor ) i el 70% restant ho fa des d´Alginet, els que tinguen les antenes dirigides cap al Montdúver continuaran rebent TV3 amb TDT, mentre la Generalitat valenciana no precinte aquest centre, la resta de la comarca que tinga dirigides les antenes cap al Nord, (Alginet / València) i que actualment reba el senyal de TV3 per TDT des de el repetidor d´Alginet, es quedarà sense veure-ho desprès del precintatge.
Població afectada, 180.000 habitants.

TV3 TDT A LA COSTERA
A la comarca de la Costera TV3 emet en TDT pel canal 26 de l´UHF des de el centre emissor de Llosa de Ranes, el precintage d´aquest centre emissor deixarà a les fosques TV3 amb TDT per a tota la comarca.
Població afectada, 70.000 habitants.

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09.07.2008
El jutjat del contenciós administratiu número 9 de València autoritza l'entrada de la Generalitat Valenciana en els repetidors de TV3 d'Alginet i la Llosa de Ranes
El cessament de les emissions és una mesura cautelar i es pot efectuar en qualsevol moment
Dimecres 9 de juliol s'ha conegut l'autorització del jutjat del contenciós administratiu número 9 de València per a entrar als repetidors de TV3 d'Alginet i la Llosa de Ranes per a cessar les emissions. Estos dos repetidors són de la Fundació Ramon Muntaner i donen cobertura a la zona de la Ribera Alta i la Costera.
res
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Esta resolució és d'immediata execució, atés que encara que ACPV ha avançat que presentarà recurs d'apel·lació, el mateix no té efectes suspensiu.

La resolució del contenció administratiu número 9 de València no fixa un termini per executar-la, la qual cosa significa que queda a l’arbitri de la Direcció General de promoció Institucional, depenent de la Generalitat Valenciana, el fer-la efectiva, cessant les emissions de TV3.

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DOCUMENTS ADJUNTS: LA SENTÈNCIA
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Sánchez-Piñol, la ironia contra el 'Manifiesto'

Els escriptors catalans Sánchez-Piñol i Castellet critiquen el 'Manifest per la llengua comuna' amb mofa i ironia