El dilema se llama Urkullu. 04/05/2008.
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País Vasco, el pacto necesario
JOSÉ MARÍA BENEGAS (José María Benegas es diputado por Vizcaya del PSE-EE-PSOE.)
Del resultado en el País Vasco de las elecciones del pasado 9 de marzo se pueden extraer al menos tres conclusiones. Una, el incuestionable éxito del socialismo vasco, que no se puede explicar simplemente por el voto útil. Su ascenso tiene más calado y se inició en las últimas elecciones municipales y forales. Dos, la posición de los partidarios del derecho a decidir y de sustituir el actual marco autonómico por una aventura difusa y confusa ha perdido terreno frente a los defensores de la Constitución y la autonomía estatuaria, opción que ha resultado claramente mayoritaria en las últimas legislativas. Tres, para desgracia de todos, ETA ha vuelto a asesinar en el País Vasco a una persona por sus compromisos políticos. No lo hacía desde que mataron a Joseba Pagazaurtundua en febrero de 2003.
Aventurarse en un referéndum aboca a un grave enfrentamiento político entre vascos
Nuevamente, una parte de los ciudadanos vascos vuelve a estar en el punto de mira preferente de la organización terrorista y constituye dentro de la misma comunidad autónoma una "sociedad perseguida", que vive sin libertad plena. El lehendakari y el nacionalismo democrático deben entender que los vascos no somos un pueblo plenamente libre porque una parte no lo es. Siendo esto así, el primer objetivo para todos debería ser conquistar la convivencia de los vascos en libertad. No debiera haber otro proyecto político que tuviera más preeminencia que éste.
A esta situación de excepcionalidad democrática es preciso añadirle un elemento que lo complica todo más, cual es la peligrosa tendencia de una parte del nacionalismo a no respetar las reglas del juego democrático. De tal suerte, un día nos encontramos de improviso con una declaración del partido que nos gobierna anunciando unilateralmente en el Parlamento vasco que el Estatuto de Gernika había muerto. Así se enterró un gran pacto de convivencia, al que se pretende sustituir por una imposición de parte expresada en lo que se conoce como Plan Ibarretxe, ya felizmente desautorizado por el Congreso de los Diputados. A mayor abundamiento, tenemos un lehendakari que no tiene reparos en formular propuestas que no respetan las reglas del juego cuando, por ejemplo, plantea para el País Vasco un estatus de libre asociación o anuncia un referéndum ilegal cuyo contenido, además, no ha sido posible conocer a día de hoy. ¿Qué nos quiere preguntar Ibarretxe a los vascos? Lo desconocemos.
Para mantener la mencionada consulta, programada para el próximo 25 de octubre, argumenta que ha comprometido su palabra en que ésta se realizará. Es cierto que así es, tan cierto como que reiteró hasta la saciedad que "se realizaría en ausencia de toda violencia". Con ETA en activo es fácil suponer que tratará de interferir la consulta, sea cual sea ésta, y que la "sociedad vasca perseguida", que se opone a la misma, no vivirá momentos de tranquilidad.
En estas circunstancias, enterrado unilateralmente el Estatuto de Gernika, roto el marco jurídico-político de entendimiento, con aventuras de autodeterminación de por medio y con ETA en activo, querido lehendakari, la mayor urgencia política, a mi parecer, reside en alcanzar un gran pacto vasco para la convivencia que nos permita construir un suelo cívico mínimo sobre el que asentar nuestras relaciones y dirimir nuestras diferencias.
Sintetizando con un ejemplo para que se entienda lo que sugiero, y sólo con la finalidad de suscitar un debate o una reflexión, un pacto vasco por la convivencia debería contemplar los siguientes extremos: 1) Rechazo activo de todo tipo de violencia terrorista. Apoyo permanente a las víctimas y solidaridad con los amenazados. 2) Compromiso de erradicar de nuestra sociedad cualquier tipo de discriminación por razones religiosas, étnicas, políticas, lingüísticas o de lugar de nacimiento. 3) Respeto del imperio de la ley y las reglas del juego establecidas, incluidas las que contiene el Estatuto de Gernika para su reforma. 4) Cualquier cambio del actual marco jurídico-político deberá sustentarse en un amplio acuerdo. Para garantizar este principio se requerirá que la modificación del estatus actual precise una mayoría de dos tercios del Parlamento vasco. 5) El futuro de Navarra sólo pueden decidirlo los ciudadanos de esa comunidad foral. 6) Asumir el compromiso de construir una comunidad o nacionalidad siempre intentando la integración y desechando el frentismo y la exclusión.
Éste es, en mi modesta opinión, el camino posible hacia el entendimiento que requiere una sociedad plural, compleja y atacada por la violencia terrorista. Pretender lograr un acuerdo directo con Zapatero marginando al socialismo vasco y a otras fuerzas políticas significativas de esta comunidad, es decir, buscar un pacto en Madrid manteniendo el desacuerdo vasco, es un planteamiento que tiene garantizado el no. Y aventurarse en una consulta popular aboca inevitablemente al enfrentamiento político entre vascos y a las consecuencias de la ilegalidad.
Sin embargo, alcanzado un acuerdo de la naturaleza del mencionado, o similar, los problemas actuales se pueden encauzar, porque la aceptación de estos principios marca un camino de entendimiento para construir el futuro y, al menos, señala con claridad qué es lo que no se pude plantear ni hacer. Espero, lehendakari, que sea receptivo a las razones de la parte de la sociedad vasca que no comparte sus planteamientos.
José María Benegas es diputado por Vizcaya del PSE-EE-PSOE.
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El próximo 20 de mayo tendrá lugar el esperado encuentro entre el presidente del Gobierno y el
lehendakari, al que este último piensa acudir con un documento que consistirá en una suerte de "guía de trabajo" para cumplir los objetivos de "consolidar un proceso de paz y convivencia" y "articular un diálogo político entre todo el conjunto de las fuerzas políticas que concluya en un acuerdo de normalización".
Zapatero no puede comprometerse en nada con Ibarretxe. Porque no puede y porque no debe
El encuentro está bien que se produzca, pero creo que el lehendakari no debería acudir a esa reunión con un documento escrito y, en el caso de que así sea, el presidente del Gobierno debería hacerle ver que él no puede ser el destinatario del mismo.
Éste es un terreno en el que no deben admitirse ambigüedades y en el que debe dejarse meridianamente claro desde el primer momento que el acuerdo para alcanzar los objetivos a los que el documento del lehendakari parece referirse, únicamente puede ser un acuerdo entre Parlamentos y no un acuerdo entre presidentes de Gobierno.
Un texto escrito con propuestas de esa naturaleza no puede salir del País Vasco por decisión del lehendakari, sino que únicamente puede salir por acuerdo del Parlamento. El texto tendría que abrirse camino en el Parlamento tras la discusión del mismo entre todos los grupos parlamentarios, y únicamente cuando esto se hubiera conseguido, podría iniciarse la discusión con las Cortes Generales para llegar a un acuerdo. Ése es el camino que contempla la Constitución y es el que necesariamente tendrá que recorrerse, si se quiere alcanzar un acuerdo política y jurídicamente vinculante.
El lehendakari no tiene legitimidad para hacer una propuesta de esa naturaleza ni el presidente del Gobierno para recibirla. Ni el lehendakari es representante de los ciudadanos vascos ni el presidente del Gobierno representante de los ciudadanos españoles, incluidos los vascos. No pueden hablar en nombre de ellos en un asunto que es de naturaleza constitucional/estatutaria con base en una propuesta escrita que carece de cobertura parlamentaria. La apariencia que podría quedar de que es un encuentro entre presidentes de entidades políticas independientes la una de la otra que se ponen de acuerdo para ver cómo, después, cada uno de ellos consigue que dicho acuerdo se abra camino en cada uno de sus sistemas políticos, el español y el vasco, no puede ser aceptada. El presidente del Gobierno y el lehendakari son portadores de órganos constitucionales del Estado español, cada uno de los cuales puede hacer aquello que la Constitución le permite hacer y no algo distinto.
Las formas en este terreno son tan importantes como el fondo. Los destinatarios del documento del lehendakari están en el País Vasco, y no fuera del mismo. Y una vez que se haya abierto camino en el País Vasco, tampoco será el presidente del Gobierno, sino las Cortes Generales, a las que tendrá que ser dirigido. Ni el lehendakari puede saltar por encima de su Parlamento ni el presidente del Gobierno por encima de las Cortes Generales.
Un texto escrito que, por las materias que parece que pretende abordar, no puede no ser materialmente un texto de reforma estatutaria, no puede ser discutido por el presidente del Gobierno de España con el lehendakari. Eso cae fuera de sus competencias. Hablar con carácter general de cualquier problema que esté presente en la vida política del país no solamente es posible, sino deseable, pero que la discusión entre los dos presidentes se anude a un texto escrito, en el que el lehendakari fija una suerte de hoja de ruta para la renovación del pacto de inserción del País Vasco en el Estado, que es el objeto de un Estatuto de autonomía y de su reforma, no puede ser aceptado.
El lehendakari tiene que moverse en el interior del País Vasco y si no se siente capaz de recorrer el camino que tiene que recorrer allí, lo que tendría que hacer es presentar la dimisión. El presidente del Gobierno no puede comprometerse a nada con el lehendakari. Porque no puede y porque no debe. Una vez rechazado el proyecto de reforma del Estatuto de Gernika -que fue aprobado por el Parlamento vasco- por el Congreso de los Diputados, la pelota vuelve a estar en el Parlamento vasco y es allí donde hay que jugarla. El presidente del Gobierno de España no tiene ningún papel en ese juego.
Nadie debería llamarse a engaño. En el terreno al que el lehendakari se refiere en el documento que pretende entregarle al presidente del Gobierno no hay acuerdo posible en la reunión del próximo 20 de mayo. Es mejor que se sepa y que no se conciban esperanzas infundadas. El lehendakari debería saber a quién tiene que dirigirse para "consolidar un proceso de paz y convivencia" y conseguir un "acuerdo de normalización".
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La situación en el País Vasco
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El presidente no discutirá con el 'lehendakari' su propuesta de pacto político yle conminará a aprobarla primero en el Parlamento vasco y luego en el Congreso
LUIS R. AIZPEOLEA - San Sebastián - 10/05/2008
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no entrará a discutir ni una coma con el lehendakari, Juan José Ibarretxe, la propuesta de pacto político que el presidente vasco envió a La Moncloa el pasado jueves con el objetivo de debatirla en el encuentro que mantendrán el 20 de mayo. El texto está basado en las propuestas que el PNV llevó a la mesa en las conversaciones de Loiola (Guipúzcoa), en octubre de 2006, en las que participaron representantes del PNV, PSE y de la izquierda abertzale, cuyo objetivo era un acuerdo político que sirviera para el final del terrorismo en Euskadi.
El Gobierno de Rodríguez Zapatero considera que el futuro del País Vasco no pasa por un acuerdo entre los presidentes del Ejecutivo central y del Ejecutivo vasco, como pretende el lehendakari, en lo que denomina primer paso de su hoja de ruta, que pretende materializar en su reunión.
La Moncloa contestará a Ibarretxe con otra hoja de ruta, bien distinta, que sigue lo marcado en el artículo 17 del Estatuto de Gernika y cuyo procedimiento es similar al seguido por otras comunidades autónomas para reformar sus estatutos. En primer lugar, son los partidos de la comunidad autónoma, en este caso la vasca, los que deben ponerse de acuerdo sobre un texto, que debe ser refrendado por el Parlamento vasco por mayoría absoluta.
El siguiente paso es que el texto aprobado se negocie en un plazo de seis meses entre las instituciones vascas y las del Estado y sea refrendado por las Cortes Generales. Finalmente, deberá ser ratificado en un referéndum, convocado por el Gobierno Vasco. Así sucedió en 2006 y 2007 con la reforma de los estatutos catalán y andaluz. Zapatero invitará a Ibarretxe a seguir este procedimiento y por ello no entrará a debatir el texto que le envió a La Moncloa. "Un texto que, por otra parte, no compromete al Gobierno", según fuentes socialistas.
La propuesta de Ibarretxe arranca con dos compromisos. Uno, el de perseguir un final dialogado de la violencia "si se producen las condiciones adecuadas". Segundo, el de garantizar que "la sociedad vasca pueda ejercer el derecho a decidir". A continuación, reproduce casi textualmente la propuesta que el PNV presentó en Loiola: aceptación "de una realidad llamada Euskal Herria", que incluye el País Vasco, Navarra y el país vascofrancés, o creación un "órgano institucional común entre el País Vasco y Navarra".
Las conversaciones de Loiola fracasaron por el cambio de actitud de la izquierda abertzale, que se retiró de las conversaciones por presiones de ETA, a la que parecía insuficiente la disposición política de peneuvistas y socialistas. Los representantes del PSE sostienen que aquel borrador, en el que ahora se inspira Ibarretxe, no se firmó, no estaba aún cerrado y, por tanto, no era definitivo. Además, según añaden, a dicho texto le quedaba un largo recorrido. Tenía que ser debatido y suscrito por todos los partidos -los tres que acudieron a las conversaciones de Loiola y los que no acudieron- en el Parlamento vasco y, posteriormente, ser refrendado por las Cortes.
También insisten en que las conversaciones de Loiola se produjeron en un contexto muy excepcional. Eran unas conversaciones que pretendían facilitar el final de casi 40 años de terrorismo en Euskadi por la vía de la integración de la izquierda abertzale en la política y ateniéndose a contenidos recogidos en la Constitución y el Estatuto. Los socialistas vascos se muestran muy críticos con Ibarretxe por utilizar un borrador, sin validez real, improvisado en unas circunstancias muy excepcionales, para "manipularlo en un intento de salir del atolladero en que se ha metido con su hoja de ruta".
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TEXTO DE REFERENCIA: La propuesta de Ibarretxe al presidente del Gobierno
Éste es el texto íntegro de la llamada Propuesta abierta de Pacto Político para la Convivencia, que el lehendakari ha mandado al presidente español:
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"El presidente del Gobierno español y el lehendakari, conscientes de nuestra responsabilidad para impulsar un proceso democrático que permita abrir un escenario de solución al problema de la violencia, por un lado, y por otro lado abordar una respuesta al conflicto de normalización política existente, manifestamos los siguientes compromisos:
1. Compromiso ético para el final definitivo de la violencia.
Manifestamos nuestro compromiso con un final dialogado de la violencia, si se producen las condiciones adecuadas, fundamentadas en una clara voluntad de ETA de poner fin a la misma y en actitudes inequívocas que puedan conducir a esa convicción. Asimismo, manifestamos nuestra decisión de apoyar los procesos de diálogo con quienes decidan abandonar la violencia, respetando, en todo momento, el principio democrático irrenunciable de que las cuestiones políticas deben resolverse únicamente a través de los representantes legítimos de la voluntad popular.
2. Compromiso democrático para la Normalización Política.
Manifestamos nuestro compromiso de garantizar que la sociedad vasca pueda ejercer el derecho a decidir libremente su propio futuro. En consecuencia, expresamos nuestra voluntad de impulsar y apoyar un proceso de negociación política entre todos los partidos vascos, sin exclusiones, con el objetivo de alcanzar un Acuerdo democrático de normalización política. Acuerdo que deberá ser ratificado posteriormente por la sociedad vasca en referéndum e incorporado en el ordenamiento jurídico vigente.
3. Bases para el Acuerdo de Normalización Política.
El Acuerdo de Normalización Política resultante deberá responder a las siguientes bases de consenso:
3.1. Sobre el carácter y la identidad nacional del Pueblo Vasco.
El acuerdo resultante reconocerá la identidad nacional del Pueblo Vasco. Dicho reconocimiento recoge así el sentimiento de pertenencia a una nación ampliamente compartido en la sociedad vasca.
Reconociendo que los partidos mantenemos diferencias sustanciales en torno a la presente y futura configuración del Pueblo Vasco, aceptamos que existe una realidad conformada por vínculos sociales, lingüísticos, históricos, económicos y culturales llamada Euskal Herria, que se constata en los Territorios de Araba, Bizkaia, Guipuzkoa y Nafarroa en el Estado español y Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa en el Estado francés. Se entiende que esta realidad está configurada en el momento actual en dos ámbitos administrativos, políticos e institucionales con personalidad propia, Comunidad Autónoma Vasca y Comunidad Foral de Navarra, y también los territorios vascos incluidos en el Departamento de Pirineos Atlánticos.
3.2. Sobre los mecanismos que permitan a la ciudadan