La caverna. 23/07/2008.
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Potser hem d'estar contents perquè Rajoy i els seus hagin decidit no utilitzar de moment el terrorisme amb fins electorals. Contents perquè el segon partit i alternativa de govern, el que fou partit de govern vuit anys i que és partit de govern de nombroses CCAA, hagi recobrat un cert sentit d'estat. Venid y vamos todos con flores a María(no). El problema és que el PP, en veure que podia pedre les eleccions per l'11M va trencar el Pacte Antiterrorista en no convocar-lo aleshores i mentir als espanyols i a l'ONU durant dos dies; el problema que que va seguir -segueix?- utilitzant l'11M en dubtar, primer de les investigacions i després de la sentència; el problema és que va utilitzar durant quatre anys, trencant la unitat dels demòcrates, ETA contra el govern, amb l'ajuda inestimable del seu sindicat, l'AVT i els mitjans colpistes; el problema és que esperava guanyar les eleccions del 2008 i per això es negà a pactar les preceptives renovacions del CGPJ i del TC, en la confiança de seguir-los controlant. Ara, quan la dreta torna a allí d'on mai hauria hagut d'haver-se'n anat un partit demòcrata i de govern, hom pot dubtar dela intenció: la veritat és que no ha tingut altre remei en el tema de les renovacions i que ha analitzat que ETA noli havia donat el rendiment que havia calculat. Per això és lògic no fiar-se d'un partit i d'un senyor sense més principis que els del poder i la dominació a qualsevol preu.
Els seguiran quedant els furibunds i paranoics atacs als altres nacionalismes, els no espanyolistes, amb campanyes sobre la llengua o el finançament. I ara tenen com a tòtem l'economia, amb un missatge que, s'ha d'acceptar, ha calat en la població. Ningú no sap quines receptes tenen més enllà dels tòpics de la contenció de la despesa pública i del sempre tan estimat per la dreta atac als drets dels treballadors, sigui amb l'atur o amb el comiat més "flexible" i barat, o bé la baixada d'imposts -quins, a qui?-.
De moment no els fa falta ETA. Quan passarà la crisi, que passarà, a tot el Món ja veurem què faran per guanyar.
PS. Observeu PRISA i, concretament "El País". Sembla que ha decidit ja més descaradament obrir una escletxa antiZapatero. I és que els negocis audiovisuals que se substanciaven amb el monopoli del "progressisme" -i els dividends corresponents- han quedat tocats amb "La Sexta", Mediapro y "Público". La pela és la pela, Zapatero, vés amb compte.
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Mariano 'Manostijeras', por Manuel Rico
24/07/2008 07:18
Primero lo fundamental: la credibilidad del último giro de Mariano es 0 (cero). Una cifra no demasiado alta, para qué negarlo. Y es que un señor que un día lanza a la cara del adversario los muertos por terrorismo y al día siguiente se presenta como la mismísima Madre Teresa de Calcuta rediviva, pues qué quieren que les diga, o le falta un hervor o es un vendemotos. De los malos, porque las intenciones se le ven a la legua.
El último Mariano, en todo caso, consta de una mitad patética y de otra mitad inquietante.
Hay que admitir que la patética al menos provoca la carcajada del ser inteligente. Que Mariano critique a Zapatero por creer “que las cosas se arreglan solas” es desternillante, dado que la mayor acusación que le hacen en sus propias filas es precisamente ésa: su inclinación a dejar que los problemas se pudran. Que Mariano ataque a Zapatero porque “no trabaja” es hilarante, dado que la segunda gran queja de sus conmilitones es justamente esa: que le gusta más leer el Marca que laborar. Ayer mismo, el felón Aznar lo definió como un vago.
Pero el verdadero problema del último Mariano está en esa otra mitad inquietante. Y es que habla sin parar de apretarse el cinturón, de recortes, de congelaciones, de “no disponibilidad presupuestaria”... pero no aclara a quién le quiere aplicar el tratamiento.
Mariano Manostijeras debe explicar si es partidario de congelar las pensiones, de abaratar el despido, de dificultar el cobro del paro, de obligar a los trabajadores desempleados a aceptar la primera oferta que reciban.
Mariano Manostijeras debe indicar de qué bolsillos va a salir el dinero para bajarle los impuestos a los empresarios y para frenar la inversión pública.
Mariano Manostijeras debe confesar a quién le quiere aplicar el tijeretazo social.
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Rajoy y el parto de los montes
Tanto tiempo esperando el fin de la crispación y la búsqueda de consensos básicos de Mariano Rajoy con José Luís Rodríguez Zapatero que, a la vista de los resultados tangibles alcanzados ayer, sólo se me ocurre releer El parto de los montes, fábula escrita por Félix María Samaniego (1745-1801). “Estos montes que al mundo estremecieron/un ratoncillo fue lo que parieron”, ironizaba hace más de dos siglos Samaniego.
Los acuerdos conseguidos son tan magros que rozan el ridículo. Como si fuera una gran concesión por parte de Rajoy, resulta que se nos ha anunciado públicamente que en septiembre se producirá la renovación del Consejo General del Poder Judicial y, en paralelo, la del Tribunal Constitucional. ¡Aleluya! Por fin, el PP parece que cumplirá con su deber. En noviembre de 2006 se hubiera tenido que modificar la composición del CGPJ. No se hizo porque los populares se negaron a hacerlo.
Esfuerzo en vano
El 12 de septiembre de 2007, todos los grupos parlamentarios exigieron al PP que no continuara bloqueando los cambios. Fue otro esfuerzo en vano. Cuando se pongan en marcha los relevos de personas y de mayorías en un organismo tan determinante como éste -esperemos que sí se produzca en septiembre- la derecha habrá consumido, en favor suyo y en pro de la inoperancia del Consejo, casi dos años más de lo que está reglado.
El Constitucional
Algo similar sucede con el Tribunal Constitucional. Gracias a la cerrazón del PP, la prórroga forzada se remonta en este caso al pasado mes de diciembre. No hace falta resaltar la importancia estratégica del TC. Es conocida por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Entre los asuntos no resueltos, penden el Estatuto de Cataluña y las bodas entre personas del mismo sexo, por ejemplo.
La lucha antiterrorista
El tercer acuerdo es el referente a la lucha antiterrorista. El PP apoyará formalmente al Gobierno en esta cuestión. ¡Menuda exhibición de generosidad política! Tras cuatro años, vulnerando sin pausa -reiteradamente- una cuestión de Estado como es ésta, Rajoy ha decidido incorporarse a la unidad quebrada. A buenas horas, mangas verdes. Para ello ha habido que vestir el muñeco con alguna pomposidad y, por parte de Zapatero, abrir la portezuela al olvido voluntario de tantos agravios.
Cinco principios
Cinco principios adornan lo que hubiera debido ser obvio desde el año 2004 hasta la actualidad: 1. Unidad de los demócratas frente a los terroristas. 2.- Respaldo a las víctimas. 3.- Confianza en el Estado de Derecho en relación a semejante lacra. 4.- Firma de una declaración solemne en la que se advierta a ETA que su único destino es desistir de la violencia y que, con violencia, jamás conseguirán objetivos políticos, y 5.- Cooperación internacional.
En economía, sin coincidencias
Respecto a la crisis económica, no hubo coincidencias. No ha habido por consiguiente pacto posible entre los dos partidos mayoritarios. En plena ebullición y con puntos de vista tan contrapuestos se veía venir que, en este punto, la confrontación se mantendría. El balance de la primera reunión de Zapatero con Rajoy en la presente legislatura es más bien escaso en consensos sólidos.
Y tienen razón
Más vale tarde que nunca, dirán algunos. Es preferible que Rajoy se muestre conciliador que lo contrario, apostillarán otros. Y tienen razón. Pero conviene no desechar un cierto escepticismo respecto a la súbita conversión al centrismo del líder conservador. De igual modo que Santo Tomás Apóstol no se creyó lo que decían sus compañeros de que habían visto a Cristo resucitado y exigió para creérselo meter el dedo en la llaga del crucificado vuelto a la vida, parece sensato que muchísimos españoles duden del giro copernicano de Rajoy.
Un ratoncillo
De momento, no ha nacido de este trance más que un ratoncillo. De momento, nos conformaremos imaginando la ciudad de Messina, en Sicilia, donde Shakespaeare ubicó su obra Mucho ruido y pocas nueces. Le falta aún mucho al PP marianista para convencer a la opinión pública de que su moderación va en serio. Pasar de pirómano a bombero, y más de la noche a la mañana, genera sospechas. El primer test de Rajoy, flojito.
Enric Sopena es director de El Plural
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La trama mediática
Javier Vizcaíno
24 Jul 2008
06:23
Segundo aviso de El País a José Luis Rodríguez Zapatero. Después del sondeo en el que se hacían cariñitos a Alberto Ruiz-Gallardón como “personalidad política alternativa emergente”, el periódico del Grupo Prisa puso el pasado martes a escurrir al inquilino de La Moncloa en un editorial titulado -ya se veía por dónde venía el balón- “Cien días, y no, que no”.
Con argumentario casi clavado al que empleaba ese mismo día El Mundo en su propio editorial, el artículo desmenuzaba sin piedad la gestión de un presidente que “Apoyado sobre el superávit económico, que ahora acaba de esfumarse, sobrevolaba la crisis con la impunidad de quien se siente sobrado de recursos para combatirla”.
Había en el texto, sin embargo, una diferencia con la línea de su eterno rival en los kioskos y en los repartideros de intereses. Mientras, como se sabe, el diario de Pedro J. Ramírez le ha puesto proa a Mariano Rajoy, El País parece haberse convertido al marianismo, a juzgar por este párrafo donde se le enseñan a Zapatero las orejas del lobo que podría desbancarle en el afecto de Prisa: “Durante todo este tiempo, Rajoy consiguió rehacer su control del partido y ganó un congreso con signos de renovación en las caras, más que en las ideas y los programas. Encabeza su oposición a un Gobierno desconcertado con ganas de acabar con el voto del miedo, condición indispensable para que el PP regrese al poder”. ¡Toma indirecta!
Para redondear la advertencia, el periódico dirigido por Javier Moreno contenía en su interior una breve nota sobre el documento en que el Gobierno presumía de no haber estado de brazos cruzados durante estos cien días. El texto, titulado “Piratas y efemérides en la acción gubernamental”, arrancaba así: “Había que rellenar 26 páginas. Como fuera. No se explica de otra forma que La Moncloa presente como ‘Actuaciones Relevantes del Gobierno’ lo que parece una mera relación de hechos noticiosos de los últimos 100 días”. Nueva tarjeta amarilla.
Todo esto, ¿por qué? Antonio Pérez Henares teorizaba ayer en su blog de Periodista Digital que tras el desmarque de El País respecto al Gobierno puede haber una cuestión de celos hacia Público. Antes, el veterano periodista había escrito lo siguiente: “Desde luego nadie podría decir hoy que El Pais es el diario progubernamental. Mañana tal vez si, pero lo que es hoy parece, como cuña de la misma madera, el peor de sus enemigos”.
…Y Anson elogia a Pérez Rubalcaba
Como si el mundo estuviera al revés, al ejecutivo le llueven los palos desde la supuesta nube amiga y le caen elogios desde el otro lado de la barricada. Por lo menos, a uno de sus miembros. Sorpréndanse con la loa que le hizo ayer Luis María Anson al ministro del Interior en El Imparcial.es: “Rubalcaba está haciendo una formidable gestión al frente del ministerio del Interior. Dirige con tenacidad y acierto la acción de la Policía Nacional y la Guardia Civil. Al margen de negociaciones subterráneas con Eta, Rubalcaba ha hecho todo lo posible por seguir el único camino eficaz para combatir el terrorismo”. Como para no estar despistados…
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Mireu com titulen "Público" i "El País": és com un editorial. Sempre he dit que EP voldria un PP de centre amb Gallardón i un PSOE centrat amb Bono: o sigui, intercanviables.
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MARÍA JESÚS GÜEMES
El Gobierno considera positivo que el debate se traslade al terreno socio-económico.
Un nuevo estilo de hacer oposición y una imagen más moderada. Ese fue el papel que representó ayer Mariano Rajoy frente a José Luis Rodríguez Zapatero. El líder del PP dejó aparcado el tema del 11-M, un pesado fardo que cargó sobre Acebes y Zaplana a su salida. Tampoco acusó al presidente del Gobierno de “traicionar a los muertos”, sino que por primera vez mostró su satisfacción por el acuerdo alcanzado en política antiterrorista. Y dejó de utilizar como ariete el Poder Judicial para comprometerse a desbloquear sus órganos y proceder a su renovación en septiembre.
Rajoy ha dejado atrás cuatro años de crispación. Desde la derrota electoral afronta una nueva estrategia. Se deshizo de la vieja guardia, empezó a fichar a mujeres como símbolo de renovación, reconvirtió su discurso insistiendo en que “no renunciaba a sus principios” y empezó a lanzar guiños a sus adversarios: diálogo con todas las fuerzas políticas, consenso sin fisuras tras el atentado de Legutiano, voluntad de acuerdos...
A partir de ahora la economía es su nueva arma arrojadiza. Le ha servido para cargar contra el Gobierno y, al tiempo, le ha permitido presentar su alternativa. Un sistema para ganar nuevos votantes y, de paso, adquirir la categoría de hombre de Estado.
Pero al abandonar su cara más radical Rajoy también se ha granjeado las críticas de un sector de la derecha. Le reprochan que quiera hacer del PP un partido simpático, dudan de su liderazgo, temen el acercamiento a los nacionalistas, le acusan de impulsar un giro táctico de 180 grados, más tras la marcha de María San Gil.
Algunos atribuyen este centrismo a los consejos de su sociólogo Pedro Arriola, al nuevo hombre fuerte del partido Javier Arenas y a un elenco de asesores a los que se les censura que su único interés sea el de ganar las próximas convocatorias electorales dejando a un lado los valores.
Ayer, durante su comparecencia, Rajoy decía que en la reunión se había dado “un paso adelante” y que la vida se hacía a base de “esos pequeños pasos”. Hablaba de sus relaciones institucionales, pero también podía entenderse el mensaje en clave interna. Ha dado una zancada en el congreso de Valencia, pero aún le quedan muchas pruebas de fuego antes de alcanzar 2012.
Zapatero le toma la palabra
Fuentes de la Moncloa observan al “nuevo Rajoy” con escepticismo. Aseguran que Zapatero “le toma la palabra”, pero creen que su giro no es convincente para los electores porque mientras el presidente del Gobierno lleva años diciendo lo mismo, el de Rajoy ha sido un cambio tan brusco y desconcertante que “nadie sabe que defenderá mañana”.
En el Ejecutivo socialista, eso sí, muchas voces admiten que han “perdido la batalla inicial de la comunicación” porque se ha instalado la idea de que Zapatero no ha sabido actuar ante la crisis económica.
En todo caso, no se sienten incómodos llevando el debate al terreno socio-económico porque creen que a medio plazo les puede favorecer. La idea de que la izquierda ayuda a los que más sufren y, sobre todo, que la derecha lo único que persigue son recortes es algo extendido. Y la mayoría de las encuestas señalan que los ciudadanos prefieren a los socialistas en Moncloa en tiempos de crisis.
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Zapatero y Rajoy se alejan de la crispación
Ya se sonríen
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Nuevo clima político
C. E. C. / L. R. A
Rajoy pide congelar el gasto y Zapatero replica que afectaría a medidas sociales
El combate entre Gobierno y oposición quedó ayer prácticamente reducido a un asunto, el de la economía y las recetas para enfrentarse a la crisis, que es el que habitualmente divide a la derecha y la izquierda en casi todas las democracias. Zapatero y Rajoy presentaron dos modelos para afrontar la crisis. Aunque Rajoy, obligado a tratar de satisfacer al sector duro de su partido y de su electorado, se empeñó varias veces en señalar que había habido acuerdos y desacuerdos, de su explicación se deducía que los primeros habían sido más que los segundos.
Estos últimos están concentrados en la política fiscal y económica. Rajoy llevó a La Moncloa un paquete de medidas que se resumen en dos: congelar el gasto público y bajar los impuestos, en especial el de sociedades para las pequeñas empresas.
El PP propone limitar el crecimiento del gasto público al 2%. La propuesta del Gobierno, aprobada únicamente con los votos del PSOE y la abstención de los nacionalistas, sitúa el crecimiento del gasto público en el 5%, por debajo de años anteriores. Con una inflación que roza el 5%, lo que planea el PP es un recorte, en un momento de crisis en el que algunos gastos, como el del desempleo, van a crecer mucho.
Rajoy apeló al plan de ajuste que el PP hizo en 1996 -1,7% de crecimiento del gasto- y que supuso, dijo, la creación de cinco millones de puestos de trabajo. Rajoy obvió, y su propuesta económica no lo contempla, que ese plan incluyó la congelación de los salarios de todos los funcionarios.
Zapatero se opone a esas medidas porque en 1996 el déficit era del 4,7% y ahora es de "apenas unas décimas". También apuntó la contradicción que supone la propuesta de Rajoy de recorte del gasto público cuando el líder de la oposición acaba de pactar una modernización de la justicia que supondrá un aumento del gasto.
Zapatero tampoco contempla estudiar la petición del PP de rebajar al 20% el impuesto de sociedades a las pequeñas y medianas empresas. Ese impuesto, recordó Zapatero, fue recientemente reducido del 30% al 25%. Tampoco otra propuesta del PP tiene acogida en el PSOE, la de aumentar la deducción en el IRPF por compra de vivienda (al 25% frente al 15% actual).
Para Zapatero, el único tema "que puede ser objeto de discusión" es la reducción del gasto. Ya ha anunciado un plan de ajuste, como pide el PP, pero no admite esa congelación al 2% porque, según Zapatero, costaría 2.000 millones de euros y afectaría a los salarios y a las alzas de pensiones mínimas e implicaría reducir los gastos sociales en época de crisis, cuando más se necesitan para paliar las situaciones complicadas de las familias más débiles económicamente.
Rajoy no explicó de dónde habría que recortar para llegar a ese crecimiento mínimo del 2%, muy por debajo de la inflación. Se limitó a señalar que "corresponde al Gobierno saber dónde aumentar el gasto público o no". Pero rechazó la interpretación de que su propuesta afectaría a los más débiles. "No quiero recortes sociales. En educación y sanidad no debe haber control del gasto". Rajoy insistió en que Zapatero sigue negando la crisis. Y Zapatero aseguró que Rajoy no le había ofrecido ninguna "idea novedosa" para resolverla.
Las recetas de Rajoy
- Limitar el crecimiento del gasto público al 2% en los Presupuestos para 2009. Plan de austeridad en las Administraciones públicas.
- Incrementar la deducción por vivienda habitual del 15% al 25%.
- Reducir al 20% el tipo impositivo del impuesto de sociedades para pymes.
- Promover la competencia real en los sectores estratégicos, especialmente el de hidrocarburos.
- Limitar los incrementos de precios y tasas reguladas.
- Crear una oficina de seguimiento de precios para combatir la inflación.
- Potenciar la contratación indefinida.
Las recetas de Zapatero
- Promueve la austeridad en el gasto público, que calcula en el 5%.
- Rechaza los recortes sociales y se compromete a mantener el aumento de las pensiones mínimas y del salario mínimo.
- Mantiene el presupuesto destinado a la Ley de Dependencia.
- Rechaza introducir liquidez en el mercado y confía en la fortaleza de la economía española para afrontar la crisis.
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