03 Jul 2008
El legado de Auschwitz. Eduardo Subirats. 03/07/2008.
Memòria històrica. 02/07/2008.
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Según los datos facilitados por el Committee for Refugees and Immigrants de Estados Unidos, en el año 2006 existían en el mundo 33 millones de personas involuntariamente desplazadas de sus hábitats originales. De ellos, 21 millones los constituyen las llamadas “personas internamente desplazadas,” es decir, relocalizadas dentro de sus propias fronteras nacionales. Los 12 millones restantes son refugiados que han huído a segundos países en busca de seguridad política y económica.
Sudán y Colombia se mencionan como ejemplos de desplazamientos internos promovidos por la violencia militar, con cifras que alcanzan hasta los 5 y 3 millones de refugiados, respectivamente. La crisis humanitaria más reciente la brinda Irak con un millón 700 mil desplazados internos y más 2 millones que han abandonado el país.
Oficialmente estas movilizaciones son temporales. Pero en países como Colombia, el regreso a sus hogares de los desplazados, que son indígenas y mestizos en su mayoría, es imposible, puesto que sus tierras oficialmente “abandonadas” son apropiadas legalmente por corporaciones y organizaciones militares. Existen más de 2 millones de afganos en campos y refugios provisionales desde hace más de 20 años. La cifra récord la configuran los palestinos: 3 millones de desplazados hace medio siglo. El número de estos llamados “refugiados perpetuos” en el mundo asciende a un total de 8 millones. Y estas cifras no hacen sino multiplicarse de año en año al amparo de lucrativas guerras y tráfico de personas.
En las declaraciones oficiales, los campos de concentración del nacionalsocialismo del siglo pasado se condenan y consagran como un evento único en la historia de la humanidad, cuyos motivos, métodos y objetivos escapan a la luz de la razón. Implícita o explícitamente se atribuye su responsabilidad a voluntades perversas y patologías racistas.
Sin embargo, los genocidios industriales del siglo XX no constituyen un hecho aislado. Las minas y las mitas coloniales de la América española constituyen un paradigma histórico de racionalización militar de un sistema etnocida de producción. Las cifras del genocidio colonial americano son imprecisas. Pero los cálculos más conservadores las sitúan en torno a las decenas de millones.
El tráfico internacional de esclavos africanos constituye un prefacio sórdido a los genocidios europeos del siglo XX, con cifras asimismo escalofriantes. El propio nombre de campos de concentración fue acuñado por el colonialismo británico en África del Sur antes de que lo esgrimiera el imperialismo alemán.
Tras estos crímenes contra la humanidad existen, sin lugar a dudas, voluntades enfermas. Pero sus procesos genocidas están atravesados por la limpia racionalidad que define la acumulación de capital, la expansión de mercados y la concentración de poder y riqueza. Aproximadamente la mitad de las víctimas de los campos de concentración nazis eran campesinos eslavos, gitanos y comunistas que la máquina militar devoraba a lo largo de su expansión hacia el este.
Su exterminio estaba ligado a un principio económico: racionalizar la producción agraria, liberándola de sus trabas precapitalistas. Una de las razones que justificaban la elimina- ción de los guetos judíos de Europa central eran sus formas de vida tradicional, resistente a la economía de mercado y a las exigencias de la industrialización agraria. Estos genocidios esgrimieron asimismo un principio de seguridad: sus víctimas eran potenciales insurgentes contra el sistema que las desalojaba de sus ciudades y sus tierras.
Aunque jurídica y mediáticamente se contemple como una realidad aparte, el flujo migratorio masivo de nuestros días obedece a los mismos principios: la expansión territorial de poderes corporativos, crecientes desigualdades económicas y sociales entre las naciones ricas y las regiones neocoloniales, la degradación ambiental y la violencia. Sus cifras son asimismo turbadoras. En Europa existen 83 millones de inmigrantes legales y un número indeterminado, entre 4 y 7 millones, de denominados “sin papeles”. En Estados Unidos la cifra oficial de estos inmigrantes no legalizados asciende a 12 millones.
En lugar de confrontar las causas de este desorden global, los intereses económicos y militares que lo sostienen, los líderes mundiales han optado por la criminalización de sus víctimas y la militarización de sus conflictos. El propio concepto de “inmigrante ilegal” es una construcción tan arbitraria. El término fue acuñado por el colonialismo británico para combatir una indeseada inmigración de judíos a Palestina en los años de su persecución nazista en Alemania. Las frases sobre la amenaza que estos inmigrantes representan para el mercado laboral, su viciosa asociación con el crimen organizado y las retóricas de su no integración nacional encubren el efectivo desmantelamiento de los derechos humanos a escala global.
Los campos de detención y concentración, y la militarización de los movimientos migratorios generados por las guerras, la miseria y el expolio no son precisamente una solución a estos dilemas. Son parte del problema. Sólo la confrontación transparente de la creciente extorsión económica de las regiones más ricas del planeta por poderes corporativos multinacionales, de las causas reales del deterioro ambiental, y de los tráficos de armas y humanos, y sólo la implementación de auténticos programas de desarrollo sustentable podría poner un punto final a esta lógica del genocidio: el legado de Auschwitz. Pero la condición primera para poder encontrar una solución a estos dilemas es su debate público.
(Este artículo ha sido censurado por El País, de Madrid, en el momento en que los líderes europeos administran la expulsión de millones de inmigrantes ilegalizados.)
01 Jun 2008
Nominación al Nobel de la Paz para Abuelas de Plaza de Mayo. 01/06/2008.
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Hasta el día de hoy, Abuelas logró identificar a 90 hijos de desaparecidos.
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Al
COMITÉ NÓBEL NORUEGO
Tengo el agrado de dirigirme a Uds. con el fin de postular a
Abuelas de Plaza de Mayo es una organización no-gubernamental de Derechos Humanos con una historia de treinta años de lucha y trabajo en defensa y promoción de los derechos humanos. Desde 1977, su finalidad es localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños secuestrados, desaparecidos por la represión política que tuvo lugar en
El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas usurparon el gobierno constitucional en
La cantidad de secuestros de niños y de jóvenes embarazadas, el funcionamiento de maternidades clandestinas, la existencia de listas de familias de militares en "espera" de un nacimiento en esos centros clandestinos y las declaraciones de los mismos militares demuestran la existencia de un plan preconcebido no sólo de secuestro de adultos sino también un plan sistemático de apropiación de niños.
Los niños robados como "botín de guerra" fueron inscriptos como hijos propios por los miembros de las fuerzas de represión, dejados en cualquier lugar, vendidos o abandonados en institutos como seres sin nombre N.N. De esa manera los hicieron desaparecer al anular su identidad, privándolos de vivir con su legítima familia, de todos sus derechos y de su libertad.
Nada ni nadie detuvo a las Abuelas de Plaza de mayo para buscar a los hijos de sus hijos. Tareas detectivescas se alternaban con diarias visitas a los Juzgados de Menores, Orfelinatos, “Casa Cuna”, a la vez que investigaban las adopciones de
Hay alrededor de trescientas denuncias documentadas en Abuelas de Plaza de Mayo, pero se estima en cerca de quinientos la cifra real de niños apropiados. A la fecha ya se han resuelto 88 casos.
La trayectoria de las Abuelas da cuenta de una lucha ligada al futuro, que tiene que ver con la esperanza –del reencuentro con los nietos–, y con una tarea que no termina en ellas mismas, sino que continúa mucho más allá de lo que ellas puedan hacer y compromete a toda
La dura pero fecunda experiencia de las Abuelas hoy está al servicio de la sociedad para evitar que la violación del derecho a la Identidad se repita, porque a partir de la desaparición de menores por razones políticas, y de ver el sufrimiento de esos niños, que son criados en la mentira, y que después, tal vez, a los diez, veinte, y ahora treinta años, se enteran de que su origen biológico fue otro; y al observar el sufrimiento y lo dificultoso que es procesar toda esa información, las Abuelas elaboraron nuevas herramientas para que el Estado garantice la Identidad de las personas. Trátese, por ejemplo, de lo que es la Ley de Identificación del Recién Nacido, el control de las amnistías en la documentación de la población y cualquier tipo de inscripciones extrajudiciales, incluyendo las adopciones por cesión directa.
En el plano internacional, el aporte de Abuelas a
Las Abuelas demostraron que desde el dolor y desde el horror se puede reconstruir, y además se puede dejar un legado por la paz y la justicia a la sociedad, tanto para la Argentina como para la comunidad internacional.
Adjunto el formulario de nominación y un resumen de algunos de los frutos más destacados que cosechó “Abuelas” en su lucha y trabajo ejemplar.
Los saludo muy cordialmente,
Lic. Daniel Filmus
Senador Nacional
04 May 2008
MY LAI. Vietnam. 04/05/2008.
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| RECORDAD MY LAI |
| "Mataban a todo el que veían" |
| GEORGINA HIGUERAS |
Recordad My Lai
FOTOS - EDDIE ADAMS (AP) - 02-05-2008
Una foto histórica que ganó el premio Pulitzer: el genal survietnamita Nguyen Ngoc Loan dispara a un miembro del Vietcong en Saigón, en 1968- EDDIE ADAMS (AP)
Sigo oyendo con claridad los gritos de los soldados cuando irrumpieron en mi casa aquella mañana: '¡Tudi maus, tudi maus!'. No sé lo que significan. Ni sé si es inglés o imitación de vietnamita, pero era lo que gritaban mientras nos apuntaban y nos hacían señas de que saliéramos. '¡Tudi maus, tudi maus!'. Mi madre me dijo que huyera al refugio. Mis hermanas corrían detrás de mí seguidas por mi madre con mis dos hermanos pequeños; el menor, de dos años. Cuando iba a entrar nos ametrallaron. Sus cuerpos cayeron sobre mí. Estaba aterrorizado y herido. No sabía si los cuerpos que se apilaban sobre mis espaldas estaban vivos o muertos. Yo vivía y era consciente. No sé cuánto tiempo me mantuve inmóvil y callado. Me desmayé y me desperté por la tarde, cuando los habitantes de otro pueblo se acercaron a ver lo que había pasado y comenzaron a recoger los cadáveres".
Cong Pham Thanh tenía 11 años, y todavía hoy vive entre los fantasmas de esa terrorífica mañana del 16 de marzo de 1968. Es el director del museo levantado sobre el lugar de los hechos para que "nadie vuelva a repetir semejante barbarie". Afirma, sin embargo, que los fantasmas sólo atormentan su sueño cuando habla de lo que pasó, cuando recuerda y les escucha gritar '¡tudi maus, tudi maus!'. Entonces, en la quietud de la noche, aquellos tres soldados -dos negros y uno blanco- vuelven con sus vozarrones y le despiertan.
En Occidente se la conoce como la matanza de My Lai, y en Vietnam, como Son My, el nombre del pueblo al que pertenecían las cuatro aldeas, entre ellas My Lai, que sirvieron de escenario para la orgía matinal de sangre, venganza, odio y violencia que celebraron los hombres de la Compañía Charlie, I Batallón de la 20ª División de Infantería estadounidense, que dirigía el capitán Ernest Medina. El teniente al mando de la sección más involucrada en la matanza era William Calley. En total, 504 personas (según los vietnamitas), en su gran mayoría ancianos, mujeres y niños (unos 170), fueron asesinadas a sangre fría en apenas cuatro horas. Ron Haeberle, el fotógrafo militar que acompañaba a la sección, se encargó de inmortalizar el horror.
Hubo sólo una veintena de supervivientes. Las casas fueron incendiadas, y las cuatro aldeas, reducidas a cenizas. Cuando acabó la guerra, en 1975, algunos volvieron para tratar de empezar de nuevo en la tierra de sus ancestros, situada a 13 kilómetros de Quang Ngai, capital de la provincia del mismo nombre, en el centro del país del sureste asiático. Seis de ellos permanecen en la comuna rebautizada por la República Socialista de Vietnam como Tinh Khe.
Casado y con tres hijos, Cong Pham asegura que ya no siente rencor, aunque se sigue preguntando: ¿qué resorte inmoral e inhumano accionaron los soldados para actuar tan salvajemente contra niños, bebés, mujeres y ancianos? Los campesinos que le sacaron de debajo de los cuerpos de sus familiares, le llevaron a una pequeña clínica cercana y le atendieron durante los más de tres meses que tardaron en sanar sus heridas. La rabia le comía entonces por dentro. "Yo quería matar a los invasores porque ellos venían a matarme a mí".
A los 15 años ya se había sumado a las filas del Vietcong, como los estadounidenses llamaban a las fuerzas irregulares comunistas basadas en el sur. El enemigo volvió a herirle en 1974. Su padre, que aquella mañana no estaba en casa, enterró a su madre y a sus hermanos, y le localizó semanas después, cuando ya se había unido al ejército de liberación. "Le mataron los estadounidenses dos años después", dice mascando la amargura de la soledad en que le sumió la contienda.
Obsesionado por la expansión del comunismo en Asia, y después de que la guerra de Corea (1950-1953) terminara en tablas, Estados Unidos fue deslizándose por el avispero de Vietnam hasta meterse en su más vergonzosa aventura militar. Comenzó al principio de la década de los cincuenta enviando asesores y armas en apoyo de las tropas francesas que luchaban por mantener la colonia. París se retiró tras la derrota de Dien Bien Fu, en 1954, y Washington fue ocupando el vacío de poder dejado por los franceses, hasta que en 1965 se produjo el primer desembarco de tropas de combate en las playas de Danang.
My Lai se encuentra a unos 140 kilómetros al sur de esa idílica playa de arenas suaves como el talco. Si en 1963 Estados Unidos tenía en Vietnam 23.000 asesores militares, tres años después su número de efectivos ascendía a 184.000, y en 1968, el año de la masacre, tenía más de medio millón de soldados en el país, de una extensión similar a Italia (326.797 kilómetros cuadrados).
La única superviviente que volvió y reconstruyó su antigua vivienda es Ha Thi Quy, que hoy tiene 83 años. A pesar del espanto sufrido, las profundas arrugas que surcan su rostro no han logrado borrarle un cierto aire de candidez. Ella preparaba el desayuno cuando sintieron aproximarse los helicópteros. El marido y el hijo mayor huyeron de inmediato, aunque les vieron y les dispararon desde el aire, pero sólo pudieron herirles. "Eran muchos soldados, se acercaron a la casa disparando contra los pollos y los patos. Mataban todo lo que veían. Sentimos un miedo atroz. Nunca se habían comportado así. Venían frecuentemente por el poblado. Nos pedían agua del pozo y nos daban comida a cambio. No les temíamos, pero aquella mañana eran distintos. En la casa estábamos mi madre, mi hija de 16 años, mi hijo de seis y yo, que estaba embarazada. Nos apuntaron con sus armas y nos pidieron que saliésemos y fuésemos hacia la acequia. A una vecina muy mayor que no se movía de puro miedo la mataron allí mismo. En la acequia había mucha gente. Nos empujaron a ella a culatazos. Uníamos las manos y les rogábamos que no nos mataran, pero empezaron a disparar", dice quebrándosele la voz y gesticulando con las manos.
Ha Thi sintió cómo las balas le mordían la espalda y la pierna, vio cómo a su hija le arrancaban la mitad de la cara, y se desmayó. "El frío me devolvió la conciencia", relata. "Mi hijo pequeño yacía a mi lado. Vi a unos niños que buscaban a sus madres y les pedí que me ayudaran a salir de aquel revoltijo de muertos. No podía andar. Me arrastré para llegar a mi casa y beber agua porque tenía una sed terrible. En el camino me encontré los cuerpos desnudos de varias muchachas. Las habían violado y luego asesinado. Yo intentaba taparlas cuando me vieron desde un helicóptero y aterrizaron".
Tras zafarse de la muerte en esa indescriptible carnicería, Ha Thi pensó que venían a rematarla. Trató de reptar más rápido, de ocultarse, pero dos marines la cogieron en vuelo por debajo de los brazos, la metieron en un helicóptero y la ingresaron en un hospital. El médico le extrajo varias balas de la pierna, pero, para quitarle la de la espalda tenía que operarla, y no lo hizo para no perjudicar su embarazo. La bala sigue incrustada en su cuerpo. No le importa, porque su hijo nació meses después sin problemas.
Dio a luz en el campamento de Tra Khuc, uno de los innumerables campos donde el ejército estadounidense recluía a los campesinos de las designadas como zonas de fuego a discreción, que constituían objetivo legítimo de los bombardeos norteamericanos y en las que se disparaba contra todo lo que se moviera porque supuestamente estaban "infectadas" de vietcongs. Los helicópteros lanzaban octavillas en las que advertían a los habitantes de que abandonaran sus tierras si no querían ser bombardeados. La mayoría obedecía las consignas. Pueblos y aldeas se quedaron vacíos, y millones de survietnamitas fueron forzados a instalarse en campamentos en los que vivieron hasta que acabó la guerra.
Cuarenta años después de My Lai, Ha Thi atraviesa por un momento dulce en su dolorosa vida. Hace unos años, un compatriota del sur le dio dinero para hacerse una casa nueva y más grande. La antigua -una pequeña habitación separada por un patio de la nueva- la dejó como establo. Pegado a éste se construyó el hijo menor una vivienda minúscula, y, en consecuencia, la casa de Ha Thi está siempre llena de nietos y hasta de bisnietos, ya que el hijo mayor y su familia también viven cerca. Además, hace ya dos años que arrendó la parcela de 750 metros cuadrados que le dio el Gobierno comunista en 1977 para cultivar arroz. "De la cosecha pasada [hay dos al año] me han dado 10 sacos. Es mucho para nosotros [vive con un nieto de 15 años desde que éste tenía 16 meses]. Voy a vender una parte ahora que el precio está muy alto", dice con una sonrisa cómplice.
Las fotos de Haeberle cubren las paredes del museo de My Lai. Al retirarse del ejército, 14 meses después, vendió a la revista Life, por 25.000 dólares, 18 imágenes del horror. Su publicación en el mes de noviembre de 1969 tuvo un efecto devastador para la imagen de Estados Unidos tanto dentro como fuera del país. El Gobierno norvietnamita pagó en 1971 a Life 11.000 dólares por 11 fotos, según comenta la guía Tran Thi Thanh Huong.
Hasta entonces, la matanza había sido encubierta por el Pentágono, cuyos mandos relataron en el informe oficial que en la zona se habían librado combates en los que habían muerto "128 miembros del Vietcong". Nadie tomó en consideración la denuncia presentada por Hugh Thompson, el piloto del helicóptero de reconocimiento que vio cómo el capitán Medina pateaba y remataba con disparos a una joven vietnamita herida, tendida en el suelo. Thompson hizo aterrizar entonces su aparato OH23, se enfrentó a los compañeros que aún quedaban en My Lai y evitó que siguieran matando. El piloto y los dos artilleros que le acompañaban recogieron y trasladaron al hospital del ejército a nueve vietnamitas heridos, incluidos cinco niños. Para ello tuvieron que realizar varios viajes.
En el magnífico libro La guerra de Vietnam, que acaba de publicar en castellano la editorial Crítica , Christian G. Appy recoge, entre muchas otras voces testimoniales, la de Larry Colburn, uno de los artilleros: "Sobrevolamos una zanja en la que habían matado a más de cien vietnamitas. [Glenn] Andreotta [el otro artillero, muerto en combate una semana después] divisó movimientos, así que Thompson aterrizó nuevamente. Andreotta fue directamente a aquella zanja. Tuvo que caminar entre cadáveres que le llegaban a la altura de la cintura para rescatar a un niñito. Yo permanecía de pie, a campo abierto. Glenn se me acercó y me entregó al niño, pero la zanja estaba tan llena de cadáveres y de sangre que no podía salir. Le acerqué la culata de mi rifle y le ayudé a salir".
Pham Thi Thuan, que entonces tenía 30 años, tampoco podía salir de la acequia. Llevaba en los brazos -"casi asfixiada por el pecho que le había metido en la boca para que se callara"- a su hija de tres años. Ninguna de las dos estaba herida. Los cuerpos de sus vecinos las habían salvado. Pham Thi, cuyo marido murió dos años antes en un ataque de las tropas invasoras, recuerda el caos y el griterío que se formó en la aldea cuando los helicópteros empezaron a echar botes de humo y a disparar. Cogió a su hija y se escondió en el agujero que tenía excavado en la choza como refugio. Le sirvió de poco. Tuvo que obedecer las órdenes de que fuera hacia la acequia.
"Después de echarnos dentro a culatazos a todos, hubo una primera ráfaga de disparos. Cuando las metralletas callaron, algunas personas se levantaron. Yo vi a mi padre. Quise decirle que se tumbara, que no se moviera, pero tuve miedo y me callé. Le vi caer en la segunda ráfaga, y aún hubo una tercera. Yo seguía allí doblada, apretando a mi hija, que temía que se hubiera ahogado. Al rato, cuando ya no se oía nada, fui apartando los cuerpos para salir. Dos mujeres que también remontaron la zanja fueron vistas por los soldados que aún quedaban. Las persiguieron y las mataron. A nosotras no nos vieron".
El ejército norteamericano pensaba, supuestamente, que My Lai era la base de abastecimiento del 48º Batallón del Vietcong. El año anterior tuvieron fuertes pérdidas en los combates en esa zona, y dos días antes una bomba-trampa había matado a un sargento y dejado ciego a un soldado. En la tarde del 15 de marzo, cuando el capitán Medina arengó a las tropas que iban a participar en la operación de "aniquilación" de My Lai, primero guardó un minuto de silencio por el compañero muerto.
Venganza, miedo, inexperiencia y la exigencia del mando de contar el número de enemigos muertos para valorar las victorias debieron de sumarse al salvajismo y la chulería reinante en la Compañía Charlie, cuyo teniente Calley fue visto esa mañana en My Lay con los pantalones bajados y apuntando a la cabeza de la joven que tenía de rodillas delante de él.
Los soldados entendieron que tenían órdenes de callar, ya que oficiales como el coronel Oran Henderson habían sobrevolado la zona a baja altura y visto desde los helicópteros los cadáveres de los civiles. A Henderson se le encomendó esa misma tarde que investigara lo que había sucedido y se limitó a preguntar a los soldados si habían participado en alguna matanza indiscriminada. "No, señor", respondió la mayoría. Alguno se atrevió a un "sin comentarios". Días después, Henderson informó por escrito que hubo una veintena de civiles muertos de forma "inadvertida".
El tufo putrefacto que desprendía My Lai llamó la atención de uno de los 500 periodistas que contaban al mundo sobre el terreno la guerra de Vietnam. Seymour Hersh, que trabajaba por su cuenta, entrevistó a varios soldados que llegaron a acusar al teniente Calley del asesinato de 109 civiles. Hersh incluso entrevistó a Calley y escribió tres artículos sobre My Lai que envió a los grandes medios de comunicación. A ninguno les interesó. Finalmente logró venderlos a Dispatch, una pequeña agencia que tenía como clientes a 36 periódicos. El 13 de noviembre, todos ellos publicaron el primer artículo. El escándalo estaba servido. Antes de que terminara el mes salieron los otros dos y uno nuevo. Además, la revista Life publicó las fotos de Haeberle.
Truong Thi Le, de 80 años, todavía lamenta haber recomendado a su hija de 17 que se metiera entre los ancianos congregados junto a la torre de vigilancia de las cuatro aldeas. "Tuve miedo de que quisieran violarla. Pensé que estaría más segura si pasaba inadvertida. Estábamos aterrorizados. Habíamos visto cómo los soldados ponían a un anciano en la boca del pozo que había frente a mi casa y le disparaban para que cayera en él. Nos escondimos debajo de la cocina, pero los estadounidenses nos vieron y nos dijeron que fuéramos a la torre de vigilancia. Yo agarraba a mi hijo de cinco años. En un descuido, nos metimos debajo de la paja del arroz, que estaba amontonada cerca porque acabábamos de recoger la cosecha. Mi hija, sin embargo, se quedó entre el grupo, y los mataron a todos disparándoles con un arma con un cañón muy ancho".
La base de la antigua casa de Truong Thi, que se había quedado viuda dos años antes, ha sido reconstruida, y forma parte, junto con la acequia y las bases de otra decena de casas, del parque de la memoria que se ha unido al museo en los últimos años. Muchos de sus actuales visitantes son norteamericanos. "Estoy orgulloso de representar a los muertos", dice el director, que confiesa que no le gusta ver a los veteranos del ejército enemigo.
Después de que por Vietnam desfilaran 2.590.000 soldados de EE UU, el establecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países, en 1999, induce a muchos veteranos a ver en paz lo que vivieron en guerra. Entre ellos el actual candidato republicano a la presidencia, John McCain, que volvió en 2000 a visitar la cárcel de Hoa Lo. En esta antigua prisión construida por los franceses a finales del siglo XIX, en la que fueron ajusticiados muchos nacionalistas, estuvieron detenidos los 591 norteamericanos capturados en la guerra. La mayoría eran pilotos, como McCain. La cárcel, situada en el centro de Hanoi, es ahora un museo. Entre las fotos que se exponen, una muestra el rescate por civiles y soldados de McCain, que cayó al lago Truc Bach, el 26 de octubre de 1967. Otra, ya en color, recuerda la visita.
El primer trimestre de 1968 fue muy difícil para Estados Unidos. Tan difícil que supuso el punto de inflexión de la guerra. Para Washington fueron unos meses triplemente penosos. Primero, por el alto número de bajas; segundo, porque perdió masivamente el apoyo de su ciudadanía a la contienda, y tercero, porque poco antes había empezado a sentir que tenía la victoria al alcance de la mano. El general William Westmoreland, comandante en jefe de las tropas estadounidenses en Vietnam, dijo en noviembre de 1967 que el principio del fin estaba cerca. No sabía que el enemigo había comenzado a preparar la ofensiva del Tet.
El 31 de enero de 1968, durante la festividad de Tet -el año nuevo lunar-, una operación conjunta del ejército norvietnamita y del Frente Nacional de Liberación (el Vietcong) atacó por sorpresa más de un centenar de ciudades por todo Vietnam del Sur. Fue una acción perfectamente sincronizada en la que participaron unos 80.000 hombres. La osadía de los atacantes fue tal que penetraron en el mismo centro neurálgico del enemigo: la Embajada de Estados Unidos en Saigón. Su furia forzó combates cuerpo a cuerpo para defender lo conquistado, como en la ciudadela de Hue, lo que ocasionó numerosas bajas. Hubo más de 2.000 muertos estadounidenses y 4.000 miembros del Ejército del Sur, pero los comunistas perdieron a casi 50.000 hombres.
Hanoi, sin embargo, no logró el levantamiento general de la población que esperaba que desatase su ofensiva, y en pocos días sus guerrilleros fueron expulsados de nuevo a la jungla. La contraofensiva norteamericana desató bombardeos masivos. Militarmente, el Tet fue una batalla perdida para los norvietnamitas, aunque su consecuencia última fue que Hanoi ganó la guerra. La opinión pública norteamericana se opuso radicalmente a una contienda cruel como ninguna otra con la población civil. Westmoreland no consiguió los 200.000 soldados más que pedía para acabar la guerra y fue trasladado a Washington. El presidente Lyndon Johnson no se presentó a la reelección. En mayo se iniciaron conversaciones de paz, y el senador Robert Kennedy se convirtió en el gran favorito para lograr la candidatura demócrata a la presidencia con una campaña en contra de la guerra, aunque fue asesinado el 5 de junio de 1968 en el hotel Ambassador de Los Ángeles nada más pronunciar el discurso de celebración de su victoria en las cruciales primarias de California.
El secreto de My Lai atormentaba mientras tanto al soldado Ronald Ridenhour, que en marzo de 1969 escribió una carta al presidente Richard Nixon, al jefe del Pentágono, al secretario de Estado, a los jefes del Estado Mayor y a numerosos congresistas en la que detallaba los hechos. Aunque siguieron sin trascender a la población, el Congreso inició una investigación.
Pham Dat, de 80 años, recuerda que los helicópteros se llevaron el tejado de su caserío. La memoria le traiciona a veces, pero poco a poco da cierta cohesión al relato de su historia. "Los soldados, que habían matado a mis cuatro vacas, entraron en la casa disparando. En un instante asesinaron a 11 miembros de mi familia: mi mujer y mi hijo de siete meses que estaba en sus brazos, mi madre, mi hermana, cuñadas y sobrinos. A mí me habían disparado en los pies. Mi hijo de cuatro años y mis dos hijas de siete y nueve resultaron heridos en las piernas".
Cuando los soldados se fueron, Pham se escondió con los tres niños detrás de la puerta y se taparon con una esterilla. Después se metieron en una especie de refugio subterráneo que el caserío tenía fuera. Pham afirma que "poco después volvieron los soldados y utilizaron la paja del arroz para prender fuego a todo".
La investigación del exterminio de My Lai promovida por el Congreso tuvo como única consecuencia la detención del teniente Calley, al que se le acusó del asesinato premeditado de al menos 22 civiles. El tribunal le condenó a cadena perpetua, pero luego le redujeron la pena y finalmente sólo estuvo bajo arresto domiciliario tres años y medio.
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Memòria històrica. 26/27/01/2008.
Memòria històrica. 24/01/2008.
26-01-2008 - Noticias en Federación Foros por la Memoria
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23 Ene 2008
Memòria històrica. 23/01/2008.
Memòria històrica. 21/01/2008.
23-01-2008 - Noticias en Federación Foros por la Memoria
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15 Oct 2007
Taques de sang en una sotana.15/10/2007.
Una excel.lent notícia: Cadena perpètua per a un sacerdot argentí per genocida. 10/10/2007
Els màrtirs republicans assassinats per Franco no valen. 14/10/2007.
Taques de sang en una sotana
Ja no hi ha membres de la jerarquia catòlica que repeteixin allò que era gairebé un dogma de fe: "L'Església no es fica en política". L'última vegada que un bisbe ho va dir, va rebre una resposta fulminant: "Doncs fiquin-s'hi, fiquin-s'hi, que hi ha activitats més greus que no poden negar". Generalment han estat casos de pederàstia, però en aquests moments sorgeix el cas del capellà que ben bé hauria pogut ser un botxí d'Auschwitz: el sacerdot genocida.
Va ser a l'Argentina de Videla i els seus còmplices (1976-1983), quan el segrest, la tortura i l'assassinat es van institucionalitzar, i la desaparició es va convertir en pràctica repressiva habitual. Hi havia botxins que duien uniformes de les forces armades, però hi va haver també un responsable de crims contra la humanitat que duia sotana. Per genocidi ha estat condemnat ara a presó perpètua. L'anomenat Christian von Wernich va matar set persones, va participar en 31 casos de tortura i en 42 de segrest. Les Madres de Plaza de Mayo han celebrat la sentència. Era capellà de la policia, però no es pot dir que exercís.
La vista oral ha durat tres mesos i ha estat una desfilada de testimonis sorprenents. L'Església, com a institució, intenta salvar-se'n. No es nega la participació en els crims, però sota la responsabilitat personal dels col.laboradors de la barbà- rie. Un sacerdot s'acusava: "L'Església no va matar, però tampoc va salvar. Havíem d'haver estat al costat dels crucificats i no dels crucificadors".
Davant del cas del capellà de la sotana tacada de sang, el qualificatiu adequat podia ser increïble. Ja no serveix. La realitat ha superat el gènere literari del terror. La franja de l'impossible s'estreny cada vegada més. Una altra cosa és que no hi vulguem veure ni sentir, perquè la ignorància és més còmoda.
11 Oct 2007
Silencio de la Iglesia y la COPE ante los crímenes probados de el cura del diablo. 11/10/2007.
Una excel.lent notícia: Cadena perpètua per a un sacerdot argentí per genocida. 10/10/2007
Participó en 7 asesinatos, 42 secuestros y 31 casos de tortura
Silencio de la Iglesia y la COPE ante los crímenes probados de el cura del diablo
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El sacerdote católico genocida se valía de su condición para obtener información de las víctimas
La sentencia certifica la complicidad entre la iglesia católica argentina y los verdugos militares de la dictadura Quienes arremeten contra el Ché callan ante los crímenes de las dictaduras militares en las Américas |
Silencio de la Iglesia y la COPE ante los crímenes probados de el cura del diablo
He aquí la evidencia que ayer apuntábamos al denunciar la doble vara de medir de una ultraderecha mediática que arremete contra el Ché de las sentencias sumarias en la Sierra Maestra y la Cabaña y pone sordina a los crímenes de las dictaduras militares en las Américas. No hemos tenido oportunidad de escuchar en la COPE ni leer en sus panfletos afines nada a propósito del criminal sacerdote católico argentino Christian Von Wernich, condenado el martes a cadena perpetua por genocida.
El eclesiástico con nombre de oficial de las SS era conocido como el cura del diablo en los chupaderos y campos de la muerte donde los militares argentinos torturaron, asesinaron e hicieron desaparecer a miles de inocentes durante la dictadura militar, entre 1976 y 1983. Capellán de la policía bonaerense bajo la dependencia del general Camps, tristemente conocido como el carnicero de Buenos Aires, el padre Von Wernich se valía de su condición de sacerdote para obtener información de las víctimas.
Santificó los vuelos de la muerte
Este Torquemada rioplantense disfrutaba infringiendo tormentos a los presos, participando en los interrogatorios, santificando los vuelos de la muerte, extorsionando a los familiares de los detenidos y amparando el secuestro de criaturas que eran entregadas en adopción a los militares torturadores. Por todo ello ha sido condenado a pasar el resto de sus días en prisión, tras concluir el tribunal que Von Wernich fue partícipe necesario en el asesinato de siete jóvenes estudiantes de secundaria, además de intervenir en 42 secuestros y 31 casos de tortura.
Complicidad con la dictadura
La ejemplar sentencia certifica la complicidad que hubo entre la iglesia católica argentina y los verdugos militares, basada en el amparo y la bendición que los eclesiásticos concedieron al terrorismo de Estado, como acreditó muy rigurosamente Prudencio García en “El drama de la autonomía militar: Argentina bajo las juntas militares” (Alianza 1995).
Verdugos con sotana
Militar español retirado y consultor de la ONU, Prudencio García refirió de manera exhaustiva la mentalidad de Cruzada con que se emplearon los espadones argentinos, apoyados sin recato alguno por la jerarquía católica, para “separar la mala hierba de la buena”. Christian Von Wernich no fue el único verdugo con sotana. Hubo otros cuantos capellanes que mancharon sus manos de sangre inocente –Tórtolo, Bonamín- y muchos más que avalaron a verdugos y torturadores de comunión diaria. Pero de todo esto no se habla en la cadena radiofónica de los obispos españoles.
V.H.
Consecuencias penales. Ernesto Ekáizer. 11/10/2007.
Conversació d'Ernesto Ekáizer amb els lectors d'"El País". 02/10/2007.
El silencio de Aznar. 30/09/2007.
La prueba de cargo contra George W. Bush y José María Aznar. Ernesto Ekáizer.
Aznar podría estar más cerca de los tribunales por Irak. 29/09/2007.
Página no oficial José María Aznar
Plataforma de juicio a Aznar.
Consecuencias penales
E. Ekaizer amplía su respuesta a uno de los temas de su charla digital sobre las conversaciones entre Bush y Aznar
Jaime ROSELLO MUEDRA: Quisiera saber en qué punto esta la querella judicial presentada contra J M Aznar por motivo de la participación a la guerra de Irak sin autorización del Congreso.
RESPUESTA:La querella criminal presentada por Izquierda Unida, acompañada por 11.000 firmas, fue inadmitida en el proceso de trámite del Tribunal Supremo. Está recurrida en amparo ante el Tribunal Constitucional.
Esta pregunta y muchas otras relacionadas, enviadas por un gran número de lectores, merecen una respuesta un poco más amplia.
El pasado 20 de marzo, con ocasión del cuarto aniversario de la invasión de Irak, el juez Baltasar Garzón, titular del juzgado central de instrucción Nº 5 de la Audiencia Nacional, escribió un artículo en las páginas de opinión de EL PAIS. Antes de considerar lo que él opina ahora es interesante dejar constancia que en los primeros días de marzo de 2003, exactamente el día 4 de marzo, el juez Garzón escribió una carta titulada "Sr. Presidente" en las páginas de opinión de éste periódico. En ella al hilo de la reunión de Crawford entre Bush y Aznar, intentaba disuadir a Aznar de su apoyo a Bush y a la guerra inminente."Ustedes deben decidir en qué bando juegan, si en el de la legalidad internacional y nacional, pero la real, no la del marketing, ni la fatua, ni la de las palabras huecas, o en el bando de la falsedad y del interés oculto que pretenden sobornar nuestras consciencias ofreciéndonos las riquezas de las minas del Rey salomón", apuntaba el juez.
Y, además, advertía sobre el riesgo del terrorismo internacional. "Lo único que va a generar esta injusta guerra [quince días antes del inicio del ataque y la inmediata invasión] es, por una parte, una quiebra ya inevitable de la legalidad internacional, y por otra, el aumento del terrorismo integrista a medio plazo, el cual hallará una plataforma de justificación objetiva, de la que ahora carece", escribió Garzón. Y se preguntaba: "¿Cómo se puede apoyar a un líder o a un país que está violando groseramente los mismos derechos que dice defender [en referencia a los presuntos terroristas detenidos en Guantánamo]?
Bien, dicho esto, veamos que dice ahora el juez Garzón. "Creo que ha llegado el momento de hacer una reflexión seria y detenida sobre lo sucedido y lo que está ocurriendo en Irak, en una doble dirección. Por una parte, debería profundizarse sobre la eventual responsabilidad penal de quienes son o fueron responsables de esta guerra y si existen indicios bastantes para exigirles dicha responsabilidad. Para muchas se tratará de una mera responsabilidad política, pero comienzan a aflorar acciones judiciales en Estados Unidos, como se ha demostrado con la condena de uno de los colaboradores del vicepresidente [Richard] Cheney, que apuntan en la otra dirección. Seiscientos cincuenta mil muertos son un argumento suficiente para que esa investigación o indagación se aborde sin más dilación".
Muchos lectores han preguntado si el acta de la conversación de Crawford podría ser un indicio sobre la responsabilidad penal de los que han impulsado la guerra. Ésta es una buena pregunta para el juez Garzón, uno de los jueces que ha aplicado y creado jurisprudencia en el derecho internacional con la instrucción de los casos de los desaparecidos y asesinatos durabnte las dictadura de Argentina y Chile, y con el arresto del general Pinochet en Londres.
Pero hay un elemento a tener en cuenta: Bush confía a Aznar el 22 de febrero de 2003 que a finales de marzo de 2003 el Ejército de EEUU entraría en Bagdad. Aznar es consciente en la entrevista de que es necesaria una segunda resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Entre otras cosas hay que recordar dos informes de la asesoría jurídica internacional del ministerio de Asuntos Exteriores español de octubre de 2002 y primeros días de marzo de 2003, respectivamente, en los que se apunta que no hay mecanismo automático de activación de la intervención militar en las resoluciones de Naciones Unidas sobre Irak (Resoluciones 1284 y 1441) y que por tanto el Consejo de Seguridad debe considerar la situación creada, evaluar los progresos o falta de ellos, realizados por Irak en el cumplimiento de las obligaciones de desarme impuestas por el propio Consejo y de las mayores probabilidades de culminar los objetivos perseguidos mediante la continuidad de la labor emprendida por los inspectores de la Unmovic (comisión de verificación) y del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Y, pese a todo ello, Aznar apoya incondicionalmente a Bush y su guerra en Irak, enviando 1.100 soldados españoles.
Indicios penales, por tanto, como las meigas, haberlos, haylos.
10 Oct 2007
Una excel.lent notícia: Cadena perpètua per a un sacerdot argentí per genocida. 10/10/2007
I bajo palio, com si fos l'Hòstia, en Franco entrava a les catedrals.
Cadena perpetua para un sacerdote argentino por delitos contra la humanidad
- Christian Von Wernich participó durante la dictadura en siete homicidios, 31 casos de tortura y 42 privaciones ilegales de la libertad.
- Es la primera condena contra un miembro de la Iglesia argentina.
Cadena perpetua para un sacerdote católico por siete asesinatos cometidos durante la dictadura argentina
En una sentencia histórica, al ser la primera vez en que un miembro de la jerarquía católica es condenado por los crímenes de la dictadura militar argentina (1976-1983), un tribunal de La Plata ha sentenciado al sacerdote Christian Von Wernich a cadena perpetua por el asesinato de siete personas y la tortura de otras 30, además de 42 casos de secuestro. Von Wernich era capellán de la temida policía bonaerense y, según ha quedado demostrado en el juicio, utilizaba su condición de sacerdote para sonsacar información a sus víctimas.
El fallo del Tribunal Federal Número 1 de la ciudad de La Plata ha desatado el júbilo y la euforia de los cientos de personas que aguardaban la resolución del caso a las puertas del tribunal. El veredicto unánime de los tres jueces ha sido leído por el presidente del tribunal, Carlos Rozanski, frente a una sala colmada y ante el gesto imperturbable de Von Wernich.
Durante tres meses un centenar de testigos han relatado como Von Wernich les visitaba en los centros de detención clandestino donde se encontraban y trataba de convencerlos para que "revelaran lo que sabían" a sus torturadores. Los testimonios han revelado cómo el sacerdote respondía a las peticiones de ayuda de los presos con frases como "tu vida depende de Dios y de que colabores", bromeaba amenazante con las torturas mediante electricidad -"cuidado con la máquina" solía decir-, o justificaba el secuestro de niños con el aberrante argumento de que "los hijos tienen que pagar las culpas de sus padres". Vestido con alzacuellos y protegido por un chaleco antibalas el ex capellán de 'la Bonaerense' ha escuchado durante todo este tiempo impasible unos testimonios que en ocasiones levantaban exclamaciones entre el público.
Algunas de las acusaciones particulares habían solicitado que el ex capellán fuera condenado por genocidio al considerar que Von Wernich era además una pieza de un macabro engranaje estatal de represión. "Debajo de esa sotana hay un policía de 'la Bonaerense', con todo lo que eso significa", destacó el lunes durante su alegato final uno de los abogados de la asociación "Justicia Ya". Otras acusaciones particulares habían planteado además que el sacerdote fuera condenado por el delito de traición a la patria.
"Von Wernich no tenía escrúpulos y usaba su investidura de sacerdote para colaborar con la dictadura. Era parte del grupo itinerante que recorría los centros clandestinos de de detención. Era parte de la tortura. Con su sotana manchada de sangre justificaba a los que torturaban y cometían delitos de lesa humanidad incitando sus prácticas y reiteración", subrayó el abogado Alejo Ramos Padilla, quien representa a la familia del periodista Jacobo Timmerman, fundador de Primera Plana secuestrado junto a vario













































