14 Abr 2011

La España de la II República. Estructura Territorial.

Escrito por: jordigraug el 14 Abr 2011 - URL Permanente

2. Estructura Territorial

La República Integral

ANDREU MAYAYO I ARTALCATEDRÁTICO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA UNIVERSITAT DE BARCELONA

En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, la coalición Esquerra Catalana, formada por la recién creada Esquerra Republicana de Catalunya y la Unió Socialista de Catalunya, conseguía, contra pronóstico, la victoria en la ciudad de Barcelona con un tercio de los votos y la mitad de los concejales duplicando a la Conjunción Republicano-Socialista y la conservadora Lliga Regionalista de Francesc Cambó.

Al mediodía del martes 14 de abril, el concejal electo Lluís Companys proclamaba la República desde el balcón del Ayuntamiento. Un par de horas más tarde, desde el balcón del Palacio de la Diputación (actual Palau de la Generalitat), Francesc Macià proclamaba la República catalana como Estado integrado en la Federación Ibérica.

La proclamación del excoronel del Ejército español y líder de ERC cabe interpretarla más en clave española que separatista, puesto que reconoce la autoridad de Niceto Alcalá Zamora (eso sí, lo convierte de facto en presidente de la República federal) y aboga por la fraternidad con los otros pueblos hermanos de España. De acuerdo con la interpretación del Pacto de San Sebastián, Macià sitúa la República catalana dentro de una República federal. No obstante, el famoso pacto, firmado el 17 de agosto del año anterior entre las diversas corrientes republicanas, con la presencia del PSOE, reconoce la personalidad política propia y el derecho al autogobierno de Catalunya, pero sin más especificaciones.

Así pues, nada más proclamarse la República se produce el primer encontronazo sobre la naturaleza del nuevo régimen: federalista para el republicanismo catalanista, autonomista para la mayoría de los republicanos españoles. Tres días más tarde tiene lugar la negociación entre Macià y los representantes del Gobierno provisional, los catalanes Marcel•lí Domingo y Lluís Nicolau d’Olwer y el socialista Fernando de los Ríos. Macià accede a envainarse la República catalana a cambio del reconocimiento del autogobierno catalán, con el nombre histórico de la Generalitat, y redactar un Estatuto de autonomía para someterlo a la aprobación de las Cortes españolas.

Macià aparcó la República catalana a cambio del autogobierno

Josep Tarradellas, con posterioridad, explicaría la decepción de Macià no tanto por este ejercicio de realismo político sino por el conformismo de los catalanes. Como afirma el historiador Àngel Duarte: “La ciudadanía estaba encantada [de] que Macià hubiese proclamado la República catalana, pero mucho más [de] que hubiera renunciado con tal de consolidar un proyecto común de democracia republicana para todos los pueblos de España”.

La ponencia, reunida en Núria, concluyó la redacción del proyecto de Estatuto el 20 de junio. La Diputación Provisional de la Generalitat lo aprobó, al son de La Marsellesa, el 14 de julio y lo sometió a un doble plebiscito el 2 de agosto. Por una parte, la totalidad de los ayuntamientos (salvo cinco que no enviaron las actas) apoyaron el texto y, por la otra, el escrutinio popular fue contundente: de un censo de 792.574, 595.205 votaron a favor y sólo 3.286 en contra. Las mujeres que no tenían derecho al voto consiguieron en Barcelona 146.644 firmas favorables al Estatuto y 235.467 en el resto de Catalunya.

El PSOE, desde las páginas de El Socialista, recelará de tanta unanimidad y cuestionará la pulcritud y, por consiguiente, la validez del plebiscito. Una posición compartida por la mayoría de republicanos y que presagiaba la derrota de la concepción federal sustentada por el llamado Estatuto de Núria. Finalmente, la Constitución republicana se definía, en su artículo primero, como un Estado integral, compatible con la autonomía de los municipios y de las regiones. En este sentido, los constituyentes abrieron la puerta a la descentralización (generalizable y no sólo para Catalunya) al mismo tiempo que la cerraban al federalismo, un aspecto que fue de los pocos que no se incorporó de la Constitución de Weimar que sirvió de modelo a la española.

El 6 de mayo de 1932 empezó la discusión del Estatuto catalán en las Cortes y, a pesar de que una comisión se había encargado de adaptar el nuevo texto a la realidad constitucional española (el Estado autónomo se había convertido en región autónoma), el debate levantó ampollas jaleado por las posiciones intransigentes aireadas por determinados ayuntamientos castellanos, colegios profesionales, asociaciones de todo tipo y la mayoría de la prensa.

La Constitución republicana abrió la descentralización y cerró el federalismo

A la sanjurjada le salió el tiro por la culata y supuso un espaldarazo al Estatuto catalán que, convenientemente reformado, fue aprobado por las Cortes el 9 de septiembre de 1932 por 334 votos a favor y sólo 24 en contra. Azaña fue recibido como un héroe y en olor de multitudes en Barcelona. Meses más tarde, Macià obligaba a Companys a dejar la presidencia del nuevo Parlamento catalán y asumir la cartera de Marina en un claro y nítido apoyo al Gobierno republicano de izquierdas.

La insurrección del 6 de octubre de 1934, una vez más en clave española, supuso la suspensión del Estatuto, que se prolongó hasta la victoria del Frente Popular en febrero de 1936. En esta primavera frentepopulista se iniciaron los trámites para acceder a la autonomía en Euskadi y Galicia. El 5 de abril de 1938, nada más pisar tierras catalanas, el Generalísimo Franco derogó el Estatuto en “mala hora concedido”.

La experiencia republicana influyó en la transición a la democracia tras la muerte del dictador. En primer lugar, para subrayar el carácter plurinacional de España se incorporó el concepto de “nacionalidades y regiones” (luego plasmado en la Constitución de 1978) en los acuerdos entre las diversas plataformas de la oposición democrática. En segundo lugar, se empezó primero por la Constitución para luego acoplar los proyectos de estatutos. Asimismo, se creyó oportuno someter a referéndum popular, no el proyecto inicial, sino el texto aprobado por las Cortes para evitar frustraciones innecesarias. Lo que nadie podía imaginar entonces es que el Tribunal Constitucional pudiera enmendar la página a un texto estatutario refrendado por el pueblo.

Coda final: hasta el presente, a diferencia del nacionalismo vasco, los proyectos políticos mayoritarios del catalanismo político (los diferentes estatutos) han sido en clave española y no separatista. Quizás para los españoles sea más incómodo cambiar su concepción de España, para que todo el mundo encuentre acomodo, que lidiar con el separatismo con la capa del mal llamado bloque constitucional y el estoque del poder judicial.

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