27 Dic 2010

A quien corresponda. Angelina Gatell.

Escrito por: jordigraug el 27 Dic 2010 - URL Permanente

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quien corresponda. Angelina Gatell.


A QUIEN CORRESPONDA


devuélvenos
también
nuestros cadáveres,
enséñanos
también
los asesinos.

Ángel González

Una vez más quiero volver al tiempo
del que siempre hablaré
porque le pertenezco
como el azul al mar,
como la luz al alba.

Y quiero
bajar a su memoria
como quien baja
al sótano que guarda
objetos, actos, versos, actitudes,
días, que con frecuencia hojeo
como páginas,
y con ellas pegadas a los dedos
salgo a la calle, aparto con denuedo
la oscuridad y pregunto,
-por si alguien lo supiera-
dónde están los cadáveres,
desde dónde nos mira
la ausencia de sus ojos,
en qué lugar esperan
la cercanía de una rosa,
su fragancia vedada por la ira,
el aire
que disipe el silencio.

Y pregunto también
los nombres de los asesinos,
aunque los sepa bien, sílaba a sílaba,
pero los quiero dichos en voz alta,
a gritos,
no guardados con celo en sus estuches
de dorada penumbra
desde el instante mismo en que el invierno
dejó caer su frío sobre el suelo
que ya nunca fue patria,
sino desgarradura.

Muy pocos saben de qué hablo.

Sin embargo, no falta quien se aleje
obviamente molesto.

Y están los que, confusos,
se llevan a los labios
el índice gastado por el miedo
y se alejan también
aunque más lentamente,
no sé, quizá afligidos.

Otros, susurran evasivos: hace
ya tanto tiempo... Y vuelven la cabeza,
como si alguien de pronto los llamara.

También los hay que opinan sin sonrojo,
como haciendo equilibrios
sobre el filo de la conciencia,
que sería mejor dejarlo todo
dormido en el sosiego,
cubierto de benignos crisantemos
y así nadie podría
dañarse con su roce.

Después se van a Roma y, conmovidos,
debajo de los pórticos
donde Bernini,
hace ya más de cuatro siglos
guardó la luz del mármol,
recogen, con unción, sin miedo a herirse,
los nombres trémulos de gracia
de otros cadáveres,
los guardan en sus dijes con cuidado
y sonríen en paz.

No consigo entenderlo. Escucho. Miro.
Me quedan ya muy lejos las palabras
que con el tiempo cambian de sentido,
y acomodan sus dúctiles metales
a la oscilante
valoración de los conceptos.
Y más lejos aún, mucho más lejos,
perdida entre la niebla,
la luz que fue habitada por la idea,
o el aroma, no sé, tal vez por nada.

No consigo entenderlo.
Reúno amargamente mis preguntas
y releo las páginas
donde mi tiempo amarillea y sufre.
Como yo está cansado. Y como yo no entiende.
Y como yo, se niega a ser destruido
por esa desmemoria
más grave que el olvido porque en ella
crece y se ramifica,
estercolada por la indiferencia,
la planta obscena
de la conformidad y el beneplácito.

Angelina Gatell
(Poema leído en la Biblioteca Nacional, Madrid, 27 de septiembre 2008)
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FELIZ AÑO 2011. Angelina Gatell.

Escrito por: jordigraug el 27 Dic 2010 - URL Permanente

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FELIZ AÑO 2011

::

Tot és camí,

tot es drecera

si ens donem la mà.


::

A Carlota Leret

::

::

Tú y yo y aquel hermano que se quedó en la noche.

La mujer que amó tanto y ese hombre que sufre.

Los niños que dibujan con asombro el mañana.

Los que aún no han venido y los que ya se fueron.

.

Tanta hermosa energía venciendo los olvidos,

acopio de los sueños en el cristal del tiempo,

conciencia de que todo volverá ser posible

detrás de los azogues que obstruyen nuestra historia. .


.

Con creencia y aliento el camino es más claro,

más seguro el atajo, la distancia más corta

y los seres adquieren la textura del oro.


.

Con las manos unidas lograremos aquello

que un buen día fue nuestro. Los colores tapados

por la sangre y el odio serán luz renacida.

;;;

:::

Angelina Gatell

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22 May 2010

POEMA 15. "Veinte poemas de amor y una Canción Desesperada". Pablo Neruda.

Escrito por: jordigraug el 22 May 2010 - URL Permanente

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POEMA 15

:

:

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,

y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

Parece que los ojos se te hubieran volado

y parece que un beso te cerrara la boca.

.

Como todas las cosas están llenas de mi alma

emerges de las cosas, llena del alma mía.

Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,

y te pareces a la palabra melancolía.

.

Me gustas cuando callas y estás como distante.

Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.

Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:

déjame que me calle con el silencio tuyo.

.

Déjame que te hable también con tu silencio

claro como una lámpara, simple como un anillo.

Eres como la noche, callada y constelada.

Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.

Distante y dolorosa como si hubieras muerto.

Una palabra entonces, una sonrisa bastan.

Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

.

.

Pablo Neruda (Parral‐Chile, 1904‐Santiago de Chile, 1973). Es tal vez uno de los

mejores poetas mundiales. Exiliado por su ideologí políica (comunista) no se limitóa

la políica sino que tambié cantócomo nadie al amor. Fue Premio Nobel de Literatura

en 1971. Su influencia sobre la poesí actual es enorme.

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17 May 2010

ELEGÍA. Miguel Hernández.

Escrito por: jordigraug el 17 May 2010 - URL Permanente

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ELEGÍA

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se

me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,

con quien tanto quería).

:

:

Yo quiero ser llorando el hortelano

de la tierra que ocupas y estercolas,

compañero del alma, tan temprano.

.

Alimentando lluvias, caracolas

y órganos mi dolor sin instrumento.

a las desalentadas amapolas

.

daré tu corazón por alimento.

Tanto dolor se agrupa en mi costado,

que por doler me duele hasta el aliento.

.

Un manotazo duro, un golpe helado,

un hachazo invisible y homicida,

un empujón brutal te ha derribado.

.

No hay extensión más grande que mi herida,

lloro mi desventura y sus conjuntos

y siento más tu muerte que mi vida.

.

Ando sobre rastrojos de difuntos,

y sin calor de nadie y sin consuelo

voy de mi corazón a mis asuntos.

.

Temprano levantó la muerte el vuelo,

temprano madrugó la madrugada,

temprano estás rodando por el suelo.

.

No perdono a la muerte enamorada,

no perdono a la vida desatenta,

no perdono a la tierra ni a la nada.

.

En mis manos levanto una tormenta

de piedras, rayos y hachas estridentes

sedienta de catástrofes y hambrienta.ç

.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,

quiero apartar la tierra parte a parte

a dentelladas secas y calientes.

.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte

y besarte la noble calavera

y desamordazarte y regresarte.

.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:

por los altos andamios de las flores

pajareará tu alma colmenera

.

de angelicales ceras y labores.

Volverás al arrullo de las rejas

de los enamorados labradores.

.

Alegrarás la sombra de mis cejas,

y tu sangre se irán a cada lado

disputando tu novia y las abejas.

.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,

llama a un campo de almendras espumosas

mi avariciosa voz de enamorado.

.

A las aladas almas de las rosas

del almendro de nata te requiero,

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero.

:

:

Miguel Hernández, El rayo que no cesa, 1934‐35

:

Miguel Hernández (Orihuela‐Alicante, 1910 –Alicante, 1942). A menudo es

considerado un poeta de transició entre la generació del 27 y la del 36. Autodidacta. La figura de Ramón Sijé su viaje a Madrid en 1931 y la amistad con Neruda, Alberti, Cernuda, Aleixandre…van a configurar su obra que va de lo popular de su Romancero de Ausencias al culteranismo de Perito en lunas. En la Guerra Civil se situó al lado de la República y, tras la contienda, fue encarcelado. Murió en la cárcel de tuberculosis.

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12 May 2010

INSOMNIO. Dámaso Alonso.

Escrito por: jordigraug el 12 May 2010 - URL Permanente

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INSOMNIO

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).

A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que

me pudro,

y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de

la luna.

Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo

como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.

Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi

alma,

por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,

por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.

Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?

¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus

noches?

Dámaso Alonso, Hijos de la ira, 1944

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28 Feb 2010

EL GESTO. Angelina Gatell.

Escrito por: jordigraug el 28 Feb 2010 - URL Permanente

EL GESTO

.

.

1

:

Ese dedo enarbolado

(¿de qué carencia complejo?)

te dibuja en el espejo

obsceno y mal encarado.

.

Cejijunto y ojiairado,

viva estampa del pendejo,

tiene tu rostro el hollejo

de sucio cemento armado.

.

Con ese gesto incivil

diste a España tu respuesta

cuando la paz te pidió.

.

De tus señores servil

fue por la guerra la apuesta

y la guerra te enmierdó.

:

:

2


:

¡Baldío envilecimiento

-sólo pensarlo indigesta-

pues te echaron de la orquesta

por penuria de instrumento!

.

El dedo vil pretendía

tu prestigio restaurar.

Todos sabemos, Ansar,

lo vano de tu porfía.
.

Tu paso queda en la historia

como burro que en la noria

va luciendo su burrez.


.

Ya es todo inútil, te digo,

recoge vara y boñigo

y esfúmate de una vez.

.

Angelina Gatell
:

:

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17 Ene 2010

Miguel Hernández. En el I centenario del nacimiento del poeta más luminoso.

Escrito por: jordigraug el 17 Ene 2010 - URL Permanente

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En el I centenario del nacimiento del poeta más luminoso

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En el I centenario del nacimiento del poeta más luminoso

Rebelión

Sobre Miguel Hernández

Ángel Escarpa

Loquesomos

Fue un tiempo de balas… pero también un tiempo de poetas y de sueños.

Un tiempo de amores imposibles, de ciudades incendiadas en medio de la noche que ya se cernía sobre Europa, sobre los rojos y viejos tejados de Castilla y Berlín. Fueron tiempos en los que hombres libres supieron despojarse de su viejo traje de individualismo para abrazar un generoso compromiso colectivo. Si hay un poeta del que pueda decirse en justicia que fue, y es, el poeta de los sin tierra, los sin pan, los sin agua, sin papeles, sin techo, sin trabajo… ese poeta es Miguel Hernández. Decía yo en otro articulo que, en tanto los verdugos del poeta de Orihuela se precipitan en las tinieblas del olvido y no queda más memoria de ellos que los crímenes contra el pueblo, la figura del poeta crece y se agiganta, insobornable, en la memoria colectiva, se prolonga como un bosque en otros poetas, regresa de la inmensa fosa a la que fue arrojado, en compañía de los que cayeron bajo el peso del odio en esos mismos días, para recordarnos nuestros orígenes, para reivindicarnos una y otra vez como los seres luminosos que fuimos en el pasado, antes de las tarjetas de crédito y el frigorífico, antes de que nuestra memoria fuese laminada por una capa de asfalto. Hernández abandona la luz de los cirios de Orihuela para, casi inmediatamente, vestir su poesía con ropas milicianas. El poeta puro, con voz con resonancias de colmenas, desembarca en un Madrid erizado de cañones, arrastrando tras de sí un murmullo de palmeras y esquilas de cabras.

La ambivalencia de Miguel permite, como ocurre con los poetas que escriben para el pueblo, que él mismo se reivindique, tanto en el intimismo de la ternura del poema al hijo que se alimenta de cebollas como en el poema violento, apasionado que le dedica a Pasionaria.

Mucho se le reprochará su canto y adhesión a Stalin; la poca compasión que mostró con los guardias civiles franquistas que se entregaron tras la rendición del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, tras varios meses de asedio, -periodo que cubrió como corresponsal en el Frente Sur-. Pero hay que ponerse en la piel del que es testigo de los bombardeos de las ciudades. ¿Quién ve hoy las fotos de Capa, de Gerda Taro, de Centelles: aquellos cuerpos de niños, de ancianas, de hombres sanos aún que quizás horas antes se entregarían al amor en aquella misma cama que aparece en la foto como un amasijo de hierros, todos tendidos y sin vida ya sobre la tierra tras el último bombardeo “nacional”, con la mirada perdida en un punto del infinito; quién recibe la noticia del fusilamiento del poeta granadino a manos de los rebeldes; quién sabe de las salvajadas de los rífenos traídos por Franco; de los fusilamientos masivos en Badajoz; de las ejecuciones de leales gobernadores y generales que se niegan a traicionar a la República, maestros de escuela que horas antes leían la Constitución a sus alumnos en remotas escuelas de aldeas; quién oye en la radio que hoy cayó Teruel o fue “pacificada” Sevilla, tras los últimos brotes de resistencia en el barrio de Triana; quién ve arder las cosechas tras el eficaz bombardeo de los Savoia o de la Legión Condor; quién ve la Patria reducida a cenizas por los generales que representan a la “sagrada civilización occidental” y no toma en sus manos el arma que le tiende el camarada soviético o el presidente mejicano, mientras la indiferencia de la Sociedad de Naciones deja desangrarse a una democracia y la curia romana bendice la Cruzada?

Puede decirse que Miguel Hernández fue un poeta guerrero, que exaltó el canto al combatiente republicano pero, a fin de cuentas, sería más justo afirmar que no fue el Gobierno de la República quien vistió su poesía de ropas guerreras, ya que fueron los rebeldes, los que nos se resignaron a aceptar la voluntad del pueblo, libremente expresada en las urnas aquel 16 de febrero de hace 74 años, los que pusieron un fusil en sus manos, los mismos que le pusieron pena sobre pena, cárcel sobre cárcel.

Miguel, desde la revolución de Asturias de 1934, con la obra de teatro Los hijos de la piedra, toma partido por los explotados, los despojados, aquellos a los que es mejor mantener en la ignorancia para que no se opongan a las guerras coloniales; que no sepan contar los pesados costales de grano que se extraen de las tierras del Conde de Romanones, de las del Conde de la Vega Grande, mientras ellos se alimentan con mohosos mendrugos y de parcos platos de sudado gofio o mueren en el Barranco del lobo o vistiendo de rayadillo en Cuba o en Filipinas.

Pero no por eso deja de ser el poeta de la ternura, el que “llega con tres heridas: / la del amor,/ la de la muerte,/ la de la vida. Es el que, no siéndole ajena ninguna muerte, después de su ruptura con Orihuela, a la muerte de Ramón Sijé – hombre católico y poco amigo de materialismos históricos y al que nada le une ya más allá de un sentimiento fraternal- aún escribe su verso más desgarrado para reprocharle a la muerte su gesto de “enamorada” y leerlo en la Orihuela del 14 de abril de 1936, en la plaza que lleva el nombre del amigo.

No podemos simplificar y afirmar que Miguel es el poeta exclusivamente de la Revolución, ya que parte de sus poemas más luminosos se producen en las postrimerías de la guerra: entre trenes de heridos que regresan de los frentes y cartas de amor a Josefina Manresa, su esposa, con paisajes de desolación como jamás hasta entonces habían conocido estas tierras desde la expulsión de los árabes; noticias de pérdida de ciudades, de caídas de camaradas en el frente, de la muerte de su hijo Manuel Ramón. De Cancionero y romancero de ausencias, es particularmente conmovedor extraer, cuando deja atrás al poderoso y a la vez combativo poeta de Viento del pueblo:

Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.
Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.
Tristes hombres
si no mueren de amores
Tristes, tristes.

En Miguel conviven, en generosas proporciones, el romántico Byron, que muere tras apoyar la justa causa de los griegos, el viejo e inmortal Marx, látigo del sistema capitalista, y los entrañables e inagotables Benedetti y Saramago de nuestros días. No, el corazón de Miguel Hernández no tiritará, como el predecía, en los fríos anaqueles de las bibliotecas o en los de las librerías, ni en la fría piedra del monumento, y menos en las palabras de aquellos que en el pasado le condenaron a muerte y hoy invocan su nombre en homenajes, los mismos que ayer corrían a tiros, a golpe de goma y a caballo a los universitarios y a los obreros por las calles de nuestras ciudades. El permanecerá vivo en cada uno de nuestros gestos de rebeldía.

Honor y gloria eterna a quienes depositaron toda su fe inquebrantable y dieron sus vidas por la causa del pueblo y por la República.

Fuente: http://www.loquesomos.org/joom/index.php?option=com_content&view=article&id
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17 Dic 2009

La guerra civil española según sus poetas.

Escrito por: jordigraug el 17 Dic 2009 - URL Permanente

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La guerra civil española según sus poetas

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La guerra civil española según sus poetas

Radio Ángulo

Por Manuel García Verdecia / jueves 17 de diciembre de 2009 /

manuel.odiseo@gmail.com

Se han conmemorado 70 años del fin de la llamada Guerra Civil española (si es que se puede llamar “civil” a una guerra), cruento y fratricida acontecimiento donde se vieron involucrados los poderes ancestrales (los burgueses, los militares, la jerarquía clerical) contra la naciente república (clases medias, obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales progresistas).
La conflagración venía a ser un momento más de un largo período de intentos (abierto quizá con el Motín de Aranjuez, en 1808, y los llamados pronunciamientos durante el siglo XIX) para que España se sacudiera de la monotonía y la petrificación económica y social que la consumían. La guerra concluyó con una numerosa cifra de muertos, una populosa lista de exiliados, un país escindido por los excesos que aún hoy siguen pesando sobre la memoria y el espíritu nacional y el férreo colofón de una atroz dictadura, la de Francisco Franco. El período de Franco enajenó a sus ciudadanos de los destinos de la nación, instauró un régimen de fiscalización, control y terror, haciendo que España fuera quedando a la zaga del progreso y la modernidad en muchos aspectos. Por su parte, el cuantioso exilio a que forzó a destacadas personalidades de la intelectualidad española (científicos, pensadores, profesores, médicos, artistas y escritores) fue también un crimen cultural, una sangría que dejaría al país bastante anémico espiritualmente, si bien, por esas ironías de la vida, representaría una vigorosa aportación al desarrollo cultural de América. En este aspecto debe recordarse que la mayoría de sus mejores poetas, más de una veintena, se vieron forzados a enrumbar al exilio. Entre ellos Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, León Felipe, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Rafael Alberti, Emilio Prados y Luis Cernuda.
Además, dos de los mejores dejaron su vida en el conflicto: Federico García Lorca, insensatamente fusilado, y Miguel Hernández, muerto en la prisión. Esto da una conmovedora imagen de la tragedia. Cuando una nación destierra a sus poetas, es como si su suelo y su cielo perdieran la voz.

La poesía, que como se sabe, es la expresión más sutil y concentrada de la existencia, no podía ser ajena a tan calamitoso y trascendental conflicto. Se podría hacer una suerte de historia poética de la Guerra Civil siguiendo los textos de los poetas. Lo que escribieron estos conforma, no solo, un retrato de lo que fue el drama bélico, sino también el saldo material, afectivo y moral del mismo en sus gentes. El poeta da un conocimiento más exacto que lo factual, pues es un conocimiento que entraña toda la extensión de lo humano. Conocimiento que implica lo objetivo y lo subjetivo, lo informativo y lo afectivo, lo fáctico y lo intuitivo.

La hasta entonces visión quieta, un tanto bucólica, “entre arboledas tranquilas”, “la Sierra que a Velásquez complacía”, es de pronto alterada por el caótico y atronador barullo de la guerra.

Entre cañones me miro,/ entre cañones me muevo:/ castillos de mi razón/ y fronteras de mi sueño. (Emilio Prados)

¡Oh, malherida España!/ ¡Te persigue la muerte hora por hora!/ Labra surcos de duelo por tu tierras/ una espantosa sombra/ de horcas y de rejas/ mientras la sangre grita y llora. (Juan Chabás)

Va extendiéndose un magma./ Huelgas, disturbios, choques./ Turbas, heridos, muertos. (Jorge Guillén)

La guerra trastoca el orden de la vida. Al quebrarse la regularidad del acontecer aparecen nuevos actos, nuevas ocupaciones, nuevos estados del ser. Son actos y ocupaciones asistidos por la contingencia, lo inminente, el supremo esfuerzo de sobrevivir. Una ciudad se convierte en campo de batalla, una iglesia en cuartel, un minero en soldado. Hay un desplazamiento de la vida que reclama ser a cualquier riesgo.

¿Adónde va ese caos?/ Dirigido atropello./ Santo fratricidio. (J. Guillén) ¡Qué agudas alas de muerte/ por las nubes acechaban!/ ¡Qué alucinación el mar,/ dragón de hierro en sus aguas… (E. Prados)

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres” (Dámaso Alonso)

La confrontación es un accidente devorador, asolador, un ladrón colosal que no solo mata y destruye, sino que desposee de sentido a los implicados:

Vienen a quitarnos esto,/ que es tanto como la vida:/ El libro, el lecho, el hogar,/ hasta el aire que transita/ por los barrios de Madrid. (José Moreno Villa)

La guerra es una calamidad. Un acontecimiento destructivo. Es fratricidio.

¿Dos Españas?/ En efecto./ Una asesinó a la otra,/ y el país quedó perfecto. (J. Guillén)

¿Por qué habéis dicho todos/que en España hay dos bandos/ si aquí no hay más que polvo? (L. Felipe)

La ciudad no es solo un sitio donde habita el hombre. No es simplemente un conjunto de edificaciones que este ha levantado. No son solo los artículos, objetos e inmuebles de su posesión. Es el alma, el sentido de pertenencia, la identificación con algo supraindividual y material.

Son yo mismo y son también/ tú y vosotros y las vidas… (J. M. Villa)

Madrid: que nunca se diga,/ nunca se publique o piense/ que en el corazón de España/ la sangre se volvió nieve. (Rafael Alberti)

Es vida en primer lugar. Latido de la existencia, no solo la que aún anima el sitio y lo transita, sino también la que lo recorre como sedimento significativo. Sentido del devenir de otras muchas existencias. Eso que podríamos llamar historia, tradición, cultura.

Somos nosotros y son/ Velásquez, Goya y Cetina,/ Lope, Calderón y el Greco,/ Cervantes, Chueca y Zorrilla (J. M. Villa)

La guerra atenta contra lo que podría denominarse hispanidad. La crueldad de la guerra es un antivalor. Es anticultural, además de inhumana. En definitiva, todos los afanes de democratización y modernidad fueron frustrados por la mediación de la incruenta manera con que se asumieron:

Que ese difícil sueño de una mejor España/ Murió en la violencia/ De un vasto asesinato (J. Guillén)

La guerra no es únicamente enfrentamiento, destrucción, muerte. Es también partición. La vida se escinde, dos bandos, dos tiempos, dos espacios, dos épocas. También el individuo se parte. Y ya chusco individuo… en dos mitades (Juan José Domenchina)

El ser queda separado entre lo que fue y lo que es, entre su amor y su odio, entre lo que sueña y lo que posee, entre deseo y realidad. En ocasiones implica la separación de los bienes heredados, la pérdida del ser amado o el alejamiento de la tierra. El exilio no es otra suerte que la confirmación espacial de esa escisión. La vida se conforma entre un aquí y un allá, un aquí que es subsistencia y sobrevida, y un allá que es memoria y añoranza. El aquí es un ámbito que comprende otro espacio físico, otros seres otras costumbres, tal vez otra lengua. Mientras la tierra dejada se afirma en el pasado, la nueva en la que se afinca, se proyecta hacia el futuro, a un porvenir escindido por la interrogante de la posibilidad del retorno.

Es un estado frágil que se segrega constantemente; transido por la nostalgia y la incertidumbre, el poeta lo ve como una “mentira rota en dos verdades”. La nostalgia es el eje que cruza y reúne ambas mitades. Da el sentido real de existencia y guía los actos. El exiliado no es solo un expulsado de su tierra: es todo un desterrado de sí mismo:

Es verse dividido/ en dos mitades para siempre ajenas. (J. J. Domenchina)

El ánimo de vencer, la convicción en la idea defendida insufla el necesario espíritu para combatir. Lo que puede resultar objeto mortal por la potencialidad de cambiarse en herramienta de supervivencia o de victoria, llega a ser un objeto apreciado. Puede ser la dinamita:

qué bien rima mi pecho/ con vuestra dinamita. (Pedro Garfias)

O la ametralladora: Acaricio su lomo,/ de humeante crueldad (M. Hernandez)

¿Cómo entender este regocijo romántico, sino por la aspiración a triunfar y subsistir? Se entona un cántico al valor en lo que tiene de energía para la instauración de la justicia.

Y allí fue vuestro nervio/ la hoz de la justicia. (P. Garfias)

El poeta puede cantar la muerte incluso como mal necesario. Contracandela que busca aplacar el terrible incendio. Muerte como acto supremo para rescatar la vida.

Donde explota un cartucho/ florece un nuevo día. (P. Garfias)

Claro que el poeta acomoda los hechos a su entusiasmo, al principio que lo mueve al canto, ninguna conflagración es hermosa, siempre la muerte sesga vida de seres humanos. Pero se exalta un presupuesto ético. Esta energía ética deriva en convicción. Solo tal arraigamiento de un juicio de valor puede comprobarse como espíritu de canto. El idealismo no deja de ser un idilio, un romance que siente entre la devoción por una causa y la acción que en pos de ella se acomete. Así la gesta se sublima y estiliza.

Ni las bombas ni los tanques/ que quebrarán tu talle esbelto/ fino junco/ del mejor de los aceros”. (P. Garfias)

La villa de Pozoblanco se trastoca en una hermosa doncella. Hermosa e inderrotable en su hermosura. Las bombas no destrozan ni queman allí donde el amor cubre y defiende como coraza. Esto es poesía, bien lo sabemos. Fuerza que restaura y dinamiza. El poeta enarbola su simpatía con ese ente tan vapuleado, el pueblo. Se sabe que tras este concepto se agazapan mil tendencias y oportunismos. El monstruo puede ser David o un Leviatán según quienes guíen sus actos, pero todos le cantan y enaltecen como la parte más noble y desinteresad de la humanidad en una nación. Nos percatamos de que esto es una abstracción. Se ha amputado del cuerpo civil todos aquellos miembros que no responden a dichas virtudes. Así el poeta, enardecido por la fe que lo inspira, lo tiene por adalid invencible:

Pozablanco, Pozablanco/ no serás nunca de Queipo./ Te defienden los soldados/ del ejército del pueblo. (P. Garfias)

“Pueblo” será una palabra que repiten una y otra vez los poetas.

Vientos del pueblo me llevan,/ vientos del pueblo me arrastran (Miguel Hernández)

El poeta quiere ver en el pueblo un tendón de unidad. Una columna que lo sostiene animoso y bravo, a pesar de las abyecciones y sufrimientos. Al parecer para el poeta solo es pueblo el grupo humano generoso.

El que prosigue: paso a paso con los suyos,/ para sufrir y gozar/ y vivir y morir juntos (P. Garfias)

Quiere seguir la voz de ese pueblo: de los hombres que sienten, que padecen y anhelan/ y aspiran a vivir porque trabajan. (J. Chabás)

Parece ser la unción a los otros lo que hace posible cualquier sacrificio y permite soportar todo. Parte de ese pueblo son los milicianos. Pueblo generoso y bravo que defiende la vida. De modo que el poeta cree ver aún en los ojos aterrados que “abiertos dejó el espanto” una chispa de vida al encontrarse con los milicianos:

brillantes de nuevo júbilo/ vuelven a mirar sus campos./¡Que a Villafranca de Córdoba / llegaron los milicianos! (P. Garfias)

Es reconocida la enorme ración de valor que aportaron quienes combatieron por lo que creían. El valor de los milicianos y los combatientes internacionalistas, el valor del pueblo que soportó y arrostró las peores miserias y sañas, dan un carácter epopéyico a la contienda. Porque, en definitiva, es la estirpe de hombres que sabe morir por una causa en la que cree y en la cual su caída los enaltece, la que da pulso a la contienda y sentido a la muerte. En esa raza se incluye el poeta:

Cantando espero a la muerte, que hay ruiseñores que cantan/ encima de los fusiles/ y en medio de las batallas. (M. Hernández)

Cuando se ocupa un sitio y se expropia a esos seres generosos según el poeta, el pueblo, de sus pertenencias, los agresores quedan con una suerte de restos inútiles. Se apropian de recipientes, cáscaras, cuescos yertos, al no ir junto a sus con el espíritu de sus habitantes se despueblan de sentido:

Lejos el pueblo vacío/ sin entrañas y sin pulso,/ sin un corazón caliente. (P. Garfias)

Y en tal sentido constituye un estigma vergonzoso haber abandonado el grupo de los generosos. El que se aparta del pueblo se separa del río vital y cierto. De modo que se convierte no solo en un traidor, sino en un rehén del desprecio y el bochorno:

Qué frío para tu alma,/ que sima para tu orgullo,/ renegado que pusiste/ tus plantas en el sepulcro. (P. Garfias)

Como se ha dicho se produce en la historia, en la existencia, en el hombre, una profunda escisión. El hombre ahora es un ser dividido. Tal división resulta en una reevaluación del sistema de valores. Los conceptos que antes parecían tener consistencia, y solidez, ahora no la tienen. Así “vida”, “patria”, “poesía”, se miran de otra manera y se redefinen. No es fortuita la acentuación de un tono y un matiz de civilidad en la poesía, así como de cierto aire desencantado y pesimista. Tampoco es casual la preferencia que gana el influjo poético y cosmovisivo de Antonio Machado.

León Felipe, poeta de esta estirpe, ironiza su incapacidad para hacer poesía “a la usanza de este tiempo”. Los poetas como él que tienen ciertos conceptos y asuntos como verdaderos no pueden glorificar lo que la práctica niega o desmienten:

Qué/ lástima/ que yo no pueda entonar/ con una voz engolada/ esas brillantes/ romanzas/ a las glorias/ de la patria. (L. Felipe)

La visión de la extrañeza, de la desolación y el desencanto es perceptible en un poema como “El hacha”. El ámbito que se presenta está signado por lo baldío, lo seco, lo amargo y yerto. España no es más que “arruga y sequedad”, erial de polvo donde se ha ausentado la lluvia. El poeta es consciente de que la guerra no ha sido inicio, sino punto climático y cismático de una larga sedimentación de conflictos y contradicciones sin solución:

Oh polvo amarillo y maldito/ que nos trajo el rencor y el orgullo/ de siglos. (L. Felipe)

El autor ve más que bandos opuestos, un solo elemento que enfrenta a unos y otros:

en esta tierra maldita no hay bandos. No hay más que un hacha amarilla/ que ha afilado el rencor. (L. Felipe)

España no se había purificado en una nación moderna bajo los auspicios del humanismo democrático:

Español,/ más pudo tu envidia/ que tu honor,/ y más cuidaste el hacha (barbarie)/ que la espada (caballería) (L. Felipe)

Un dato sustantivo, el poeta no ve una salida saldada. La guerra no ha concluido en victoria, sino en honda herida. Nadie ha ganado:

Esta vez pierden todos, caballero:/ el que se esconde/ y el que huye. (L. Felipe)

A pesar de la arruinada, descreída y desolada condición de los derrotados, siente que algo les ha quedado a los que luchaban por una razón auténtica.

Tuya es la hacienda,/ la casa,/ el caballo,/ la pistola./ Mías es la voz antigua de la tierra. (L. Felipe)

Para Jorge Guillén aunque hay muertes en bando y bando, no son iguales. Una trata de restablecer el pasado, o sea, el tiempo yerto. Muerte que fructifica en muerte. Mientras que en la otra se infiere por razón de sembrar otro tiempo futuro.

¿Crímenes en cada bando?/ De diferente sentido:/ Hacia un pasado bramando,/Al porvenir dirigido. (J. Guillén)

La guerra no concluye. Se extiende por otros modos. Se implementa una guerra sorda, pero cruenta contra lo distinto y que no cumple con el designio de los triunfadores. Es la tiranía, guerra disfrazada de gobierno, pero que mata sistemática, permanente e inmisericordemente a lo que se opone. El clan de los vencedores clama:

Que los más opresores se me arrimen./ Y proyectó que el mundo fuese eterno. (J. Guillén)

Porque el que triunfa para dictar no desea compartir, sino monopolizar el poder y no aspira a menos que a eternizarse. Para que cumpla su total control necesita de la mayor disciplina. No hay mejor método que el terror, pues este hace nacer el miedo. “el gran poder arraiga en muchos miedos”.

La guerra divide y lanza a unos fuera del ámbito que le da sentido. En tal sentido es también despojo:

Tú te quedas con todo/ y me dejas desnudo y errante por el mundo. (L. Felipe)

La guerra trae no solo sufrimiento, expatriación, odio, rencor, una patria dividida y sangrante. La guerra cambia todos los destinos. También para el poeta. El que se ha visto forzado a partir se convierte en un judío errante, que carga con sus penas: estoy con mi paisaje:

/ Aquellos cerros grises de la infancia (J. Guillén)

Un sentimiento que se impuso, sobre todo en los derrotados y forzados a abandonar la tierra fue la nostalgia. Se ve obligado el poeta a caminar llevando su casa de nostalgia a cuestas, para hallar un sitio donde vivir humanamente:

un trozo de planeta/ donde vivir tratando de entenderme/ con prójimos más próximos. (J. Guillén)

La nostalgia no es la nada, es la articulación que da unidad al ser dividido. Nervio por donde se unen presente y pasado, tenencia y carencia, deseo y realidad. El hombre se crea un ser paralelo que da continuidad a un mundo perdido. Se adentra en una geografía del afecto. La distancia refuerza la mirada anhelante a los elementos simbólicos de ese ámbito. La patria es un amor imposible, no un dato actual, sino una invención de la querencia, un resplandor de la memoria.
Si me quedase inmóvil, como esta buena encina… Aún seguiría viendo con blancura intacta

Quien sabe si dormida, la España que he perdido. (P. Garfias)

Mi casa ya no es mía con su abrigada paz, su llar paterna: está en ajenas manos. (J. Chabás)

Llevo tu recuerdo a cuestas Igual que dos negras alas. (E. Prados)

A pesar de todo, el poeta quiere encontrar en medio del exceso de dolor, muerte y devastación, un asidero que de lugar a lo posible. Entra un filo de luz en la perspectiva de que, más temprano que tarde, la razón y la vida se imponen siempre:

Para el hijo será la paz que estoy forjando. (M. Hernández)

Pero entre tantas muertes y catástrofes/ Algo subsiste sin cesar feroz,/ El más feroz de todos los poderes:/ Vida, vida sin fin…/ La vida es implacable. (J. Guillén)

Sirvan estas líneas, más que como homenaje o recuerdo, como llamado. Convocatoria desde el sentimiento y la belleza a desterrar todo lo que opone al hombre contra el hombre. Nunca hay mejor salida que cuando los hombres se juntan a pensar, conversar, crear.
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14 Dic 2009

Dansa de l'odi sobre la tomba de Franco. Josep Palau i Fabre. (Con traducción).

Escrito por: jordigraug el 14 Dic 2009 - URL Permanente

_________________________

POEMA DE JOSEP PALAU I FABRE
DANSA DE L'ODI SOBRE LA TOMBA DE FRANCO

:

Dansaré sobre la teva tomba
la dansa de l'odi immarcescible.
Percussió de peus i de mans
sobre la teva tomba.
Crit de joia i alarit salvatge
sobre la teva tomba.
Creixença de les venes i les ales
sobre la teva tomba.
Verge la vida en el mirall del dia,
sobre la teva tomba.
Al.leluia, al.leluia, al.leluia!
sobre la teva tomba.
Seré parit pel ventre de la vida,
sobre la teva tomba.
Quin esgarrip anunciarà aquest dia?
Crit d'orenetes: diamant i vidre.
Sobre la teva tomba.
:
Retrobaré la llum de la mirada,
sobre la teva tomba.
Retrobaré el ritme que no es cansa,
sobre la teva tomba.
Retrobaré la font i la paraula,
sobre la teva tomba.
:
Vindré a dansar sobre la teva tomba,
sí, sobre la teva tomba!
Mils de cadàvers dansaran amb mi,
sobre la teva tomba.
Per cada crim comès i cada ultratge,
els peus dansaran sols, dansa d'oracle,
sobre la teva tomba.
Pels somriures marcits a flor de llavis,
per les presons de pedra morta i odi,
per les muralles de silenci altes,
per les ferides que no cicatritzen,
per la saliva amarga coll endintre,
per les mirades orbes de les mares,
dansarem la sardana inviolable,
sobre la teva tomba, sí
sobre la teva tomba,
sobre la teva tomba,
sobre la teva tomba,
sobre la teva tomba.
Evocaré la vinguda de l'Orcus,
munions de tàvecs per a fustigar-te,
l'Hermes malalt per a què et paralitzi,
la sang dels morts, insepulta i calenta
en la dels vius on crema llur venjança.
:
Dansaré nu sobre la teva tomba!

______________________________

Traducción: Gentileza del bloguero.

:

DANZA DEL ODIO SOBRE LA TUMBA DE FRANCO

:
Danzaré sobre tu tumba
la danza del odio inmarcesible.
Percusión de pies y de manos
sobre tu tumba.
Grito de alegría y alarido salvaje
sobre tu tumba.
Crecimiento de las venas y las alas
sobre tu tumba.
Virgen la vida en el espejo del día,
sobre tu tumba.
Aleluya, aleluya, aleluta!
sobre tu tumba.
Seré parido por el vientre de la vida,
sobre tu tumba.
¿Qué chillido anunciará este día?
Grito de golondrinas: diamante y cristal.
Sobre tu tumba.
:
Reencontraré la luz de la mirada,
sobre tu tumba.
Reencontraré el ritmo que no se cansa,
sobre tu tumba.
Reencontraré la fuente y la palabra,
sobre tu tumba.
:
Vendré a danzar sobre tu tumba,
sí, sobre tu tumba!
Miles de cadáveres danzarán conmigo,
sobre tu tumba.
Por cada crimen cometido y cada ultraje,
los pies danzarán solos, danza de oráculo,
sobre tu tumba.
por las sonrisas marchitas a flor de labios,
por las prisiones de piedra muerta y odio,
por las murallas de silencio altas,
por las heridas que no cicatrizan,
por la saliva amarga cuello adentro,
por las miradas ciegas de las madres,
danzaremos la sardana inviolable,
sobre tu tumba, sí
sobre tu tumba,
sobre tu tumba,
sobre tu tumba,
sobre tu tumba.
Evocaré la venida del Orcus,
multitudes de tábanos para fustigarte,
el Hermes enfermo para que te paralice,
la sangre de los muertes, insepulta y caliente
en la de los vivos donde quema su venganza.
:
Danzaré desnudo sobre tu tumba!

:
______________________________

Josep Palau i Fabre

____________________

http://mesadecatalunyanoticies.blogspot.com/

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13 Dic 2009

Generación. Angelina Gatell.

Escrito por: jordigraug el 13 Dic 2009 - URL Permanente

_______________________________

GENERACIÓN

:

A mi hermano.

:

Nada está hecho y ya nosotros

abandonamos la tarea.

Más que luchar, hemos soñado.

De nuestros sueños poco queda.

.

Más que cantar, es el silencio

nuestro destino y nuestra meta.

Más que vivr, hemos pasado

sobre el cansancio de la tierra.

.

Más que sembrar, hemos dejado

henchido el surco de tristeza.

Más que morir, hemos vivido

con tanta oscura muerte a cuestas.

.

Más llorar, hemos sufrido

nuestra gran lágrima secreta.

Más que los hierros, es la sombra

la interminable cárcel nuestra.

.

Más que el dolr, es la amargura

el fruto cruel de la impotencia.

Más que trazar nuestro camino,

es el camino el que nos lleva.

.

Desde el principio comprendimos

que era imposible la luz nueva.

Sombras tan sólo, se apagaba

nuestra hermosura sin saberla.

:

:

Angelina Gatell. Primer poema del libro "Las Claudicaciones" (1969) cuya reimpresión y publicación está prevista para el próximo mes de enero.

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