24 Sep 2008

Historias del Barrio -I "La casa de la puerta verde"

Escrito por: José Ignacio Izquierdo Gallardo el 24 Sep 2008 - URL Permanente

Toledo

24 de septiembre de 2008

Historias del Barrio 2008

Madrid

“La casa de la puerta verde”

“El sonido de al sirena rasgó el silencio de aquella noche, más cercana en mi recuerdo que del olvido deseado”

No pude evitar mirar por la ventana para seguir el rastro dejado por el coche de bomberos. Se detuvo nada más doblar la esquina de la calle rompiendo la tranquilidad del vecindario. El guiño anaranjado de su luz se veía reflejado en los cristales de los comercios cercanos, haciendo de reclamo para los curiosos vecinos que ya a esas horas se encontraban en sus casas.

Desde mi aventajada posición pude ver como poco a poco la calle se iba poblando de hombres y mujeres que buscaban saber lo que allí estaba pasando. Mi impaciencia hizo que me vistiera con celeridad y que bajara a la calle en busca de noticias que saciaran mi curiosidad.

Aquella calle era en realidad un pequeño callejón sin salida, donde de niño pase mis ratos de ocio con los amigos del barrio. Allí robe mi primer beso, tuve mi primera pelea y me ocurrieron un sin fin de situaciones que permanecían escondidas en algún rincón de mi mente.

Doble la esquina abriéndome paso entre la gente, hasta que pude divisar el viejo portón de color verde de la casa de doña Mercedes.

¡Qué paciencia la de aquella venerable anciana! La recuerdo allí, de pie delante de la puerta, con su delantal de cuadros, su vestido negro y su moño perfectamente peripuesto y repartiendo caramelos entre todos los niños del barrio que habíamos establecido en el callejón nuestro cuartel general. Siempre amable y sonriente a pesar de los muchos balonazos que se perdieron entre sus ventanas, y de las macetas rotas que no supieron soportar el papel de improvisadas porterías de fútbol.

Sentí mucho su marcha cuando murió años atrás a consecuencia de una larga enfermedad. Todos en el barrio nos sentimos un poco huérfanos aquel día. Doña Mercedes no había tenido hijos y su marido murió muchos años antes que ella. Desde su muerte la casa había permanecido deshabitada, por lo que la presencia de bomberos y policía lleno de extrañeza a todo el vecindario.

La puerta de la casa se encontraba abierta y un agente custodiaba su entrada. Se oían fuertes golpes en su interior. Un golpe, luego otro, y así hasta que aquel sonido seco, producido por una maza, se silencio.

Varios policías y bomberos salieron a la calle. En sus caras se reflejaba el horror y en sus ojos se podía leer la palabra muerte. Alguno de ellos no podían disimular las lágrimas, otros se veían incapaces de apartar la mirada des suelo, y todos, parecían haber dado la espalda a la sin razón.

Nos desalojaron de aquella calle para dar paso a más coches de policía que iban llegando a cuenta gotas. Unos minutos después, pudimos ver como una caravana de coches fúnebres se acercaba al lugar, provocando que el nerviosismo se apoderara de todos los allí presentes.

Con la mirada nos buscamos los unos a los otros, intentando encontrar alguna explicación para lo que estábamos viviendo.

La excitación iba creciendo por momentos. Los primeros bulos empezaron a circular de un lado a otro de la calle. La imaginación se dejó llevar por la falta de noticias, y mil y una historias recorrieron todos y cada uno de los rincones del barrio, haciendo parada obligada en cada uno de los corrillos que se habían formado.

Unas horas después aparecieron los primeros ataúdes atravesando el portón de color verde de la casa de doña Mercedes. Un leve murmullo se dejó oír al ver el tamaño de las cajas de madera; y hasta el silencio permaneció callado mientras iban sacando, uno tras otro, los diminutos ataúdes de su interior.

Un grito desgarrador se escuchó detrás de donde yo me encontraba.

- ¡Son trece! ¡Son trece! – repetía una y otra vez doña María Luisa, la jubilada panadera del barrio. - ¡Son trece!, ¿Es que no os dais cuenta?

Todos la observábamos con extrañeza mientras un policía se acercaba a ella.

- Señora, tranquilícese, - dijo el agente – Por favor acompáñeme, es solo un momento.

La vimos alejarse y adentrarse en el interior del callejón. Yo no entendía nada. ¿Que es lo que quiso decir con que eran trece?

Don Tomás, otro de los ancianos del barrio encontró rápidamente la posible respuesta a nuestras peguntas. Entre lágrimas, intento hablar, pero no pudo. El dolor se adueñó de sus ojos y el horror le bloqueó su garganta.

En ese instante doña María Luisa volvía del callejón. Caminaba despacio, muy despacio, con la cabeza gacha y con sus ojos llenos de lágrimas. Sus torpes pasos se dirigieron al lugar donde don Tomás aguardaba noticias.

Por un momento sus miradas se cruzaron y ambos se abrazaron en silencio. Entre ellos ya no había nada que decir.

Los vecinos del barrio observábamos aquella escena a cierta distancia y llenos de curiosidad. A ninguno de nosotros se le había pasado por alto aquel abrazo. Todos sabíamos que las familias de los dos ancianos habían roto relaciones años atrás, y ni siquiera se saludaban si se encontraban por la calle. Pero aquel abrazo, aquel llanto…

Los bomberos y los coches fúnebres fueron abandonando poco a poco aquel sombrío lugar. Apenas quedaron algunos policías, y muchos de los vecinos ya habían retornado a sus casas.

- Son los niños, Tomás. – se había oído decir a la anciana.

- Son nuestros niños. – replicó Tomás casi sin aliento para poder hablar.

Busqué en mi memoria los recuerdos de los años de mi niñez; de los juegos en aquel callejón; de los amigos de andanzas y penurias; de los caramelos que doña Mercedes nos regalaba casi a diario.

Recordé vagamente las historias que relataban nuestros abuelos sobre niños que habían desaparecido en el barrio. Por aquel entonces me parecían cuentos de mayores, hoy sé que Arturo, el hijo mayor de don Tomás fue uno de esos niños. Como él, otros doce niños jamás volvieron a sus casas con sus familias, después de jugar en la calle. Otros doce niños fueron desapareciendo uno a uno; años tras año.

¡Que horror! Por un momento he vuelto a notar el sabor de los caramelos en mi boca, pero esta vez tenían un extraño sabor a miedo.


© 2.008 – texto y fotografía.- J. Ignacio Izquierdo Gallardo

© Se permite el uso personal de los textos, datos e informaciones contenidos en estas páginas. Se exige, sin embargo, permiso de los autores para publicarlas en cualquier soporte o para utilizarlas, distribuirlas o incluirlas en otros contextos accesibles a terceras personas

108 comentarios · Escribe aquí tu comentario

aránzazu

aránzazu dijo

jooooooolines, nene....vaya tela.
besito tembloroso.

aojnauj dijo

Excelente relato acompañado de una impactante fotografia..
Un abrazo

Ilona Gogh dijo

Es espeluznante la historia José Ignacio...,
escribirlo mejor, imposible!
La fotografía introuctoria ya nos adelanta algo de misterio,
Lo has bordado, muy buen relato!

Un abrazo

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Aránzazu, jejeje! Un cambio de registro no viene mal, aunque sea tenebroso.

Un abrazo.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Gracias Juanjo. Me alegro que te guste el relato. Ahora me pasaré por tu casa.

Un abrazo.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Ilona Gogh. Gracias. Con este relato abro una pequeña serie de "historias del barrio". Espero ser capaz de no ser muy pelmazo y variar los temas, siempre en torno a un barrio "casi" ficticio.

Un abrazo.

isaperezdelpulgar dijo

Que bien manejada la tensión¡ me has tenido pegada hasta la última palabra.
Te felicito.
Un abrazo

black-hand dijo

Buen relato, y en un magnifico ambiente.
Un saludo

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

isaperezdelpulgar, gracias. Un cambio de registro, a ver como sale.

Un abrazo.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

black-hand, los barrios dan mucho de sí. Ya veremos como va quedando en los próximos relatos.

Un saludo

fernandomaria dijo

José Ignacio, me agrada volverte a leer. Ciertamente es un relato que pone los pelos de punta. Lo acompañas, además, de una foto que por sí misma impacta. Describes muy bien el ambiente, la confusión de los primeros momentos, los corros de vecinos...y eso es el mérito del mismo, para mi.
Un abrazo.

NEKANE dijo

Jose, como siempre tu relato acompañado de tu imagen me deja impresionada.
Con mi mano izquierda y la ayuda de mi amiga Inma, os he dejado mi primer relato después de la rotura de mi muñeca. Espero que os guste. BESINES

Lita Gomez dijo

Un horror ¿cierto?
ese si era un callejón sin salida
un beso José , impaciente por leer la próxima

guendy dijo

Impresionante y aterradora historia amigo, excelentemente narrada. La serie promete, lástima por que me perderá las próximas...
Un abrazo
Salud

frasier dijo

Espléndido, tenso y apasionante texto, desde luego se convirtió en un auténtico callejón sin salida, además la tétrica foto ayuda mucho desde el comienzo. Enhorabuena.
Un abrazo

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Fernando, ¿lo pelos de punta?, jejeje. Dejando la broma aparte, gracias por tus opiniones, que ya sabes que las tengo en cueta.

Un abrazo.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Nekane, Como ya te dige en tu blog, no dejes de escribir, aunque sea con "mano postiza". Gracias por tu visita.

Un abrazo.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Lita, sin duda es un callejón sin salida. Lo que cuento es un "horror", afortunadamente, solo se encuentra en el mundo de la imaginación.

Un abrazo.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

José Luis. Espero que tu viaje sea lo más fructífero posible. Pasalo bien y ya nos contarás. Ya te mandaré el resto.

Buen viaje y un abrazo.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Gracias Carlos, me alegro verte por aquí, y que hayas disfrutado con el relato. Intentaré hacer una serie sobre los "recuerdos" de un barrio imaginario, aunque en algunos personajes me base en vecinos de mi barrio.

Un saludo

elfotero dijo

Intrigante relato.

Quizá sea mi viejo cerebro que no logra a captar del todo el sentido de la narración. Pero la narración es una maravilla. Produce sensación de miedo. Pero no consigo entender el final de la historia. ¡Si iluminaras un poco mi pobre cerebro! Quizá me he debido perder algún detalle que se me ha escapado.

Ya comprendo que explicar algo por el autor no deja de ser decepcionante para él. Perdóname mi atrevimiento.

Espero seguir la serie que prometes y a ver si se me despabila mi viejo cerebro.

Un fuerte abrazo.

Anónimo

Anónimo dijo

Saludos.

NEKANE dijo

Jose , No podía más he quitado el cabestrillo,el hierro, la venda, el collarín necesitaba estar a vuestro lado, pero cuando acabe los pondré sino me cae la mano, o ell cabezón , jajajaj.
BESINES

glhoria dijo

UN RELATO LLENO DE INTRIGA HASTA EL ULTIMO MOMENTO . MUY BUENO JOSE.

UN ABRAZO GLORIA

carisdul dijo

Hola precioso:
Cuando era chica, me contaban esas historias, y en cuaresma, no había quien saliera a la calle después de ponerse el sol.
Todo tiene una esplicación, un día cuento algo.
Un besazo.

johnny-salomon dijo

En mis tiempos se hablaba del hombre del saco. La pederastia siempre ha existido. Malos recuerdos que uno empieza a hilar de adulto. Un abrazo.

armida martin dijo

....hermoso escrito, como siempre, que mantiene el suspensohasta el final....junto al horror ..que transmites, dejando mucho a la imaginaciòn y a las historias -desgraciadamente-practicamente cotidianas...al menos por estos lares...un abrazo

elefanteblancoster dijo

Maravilloso cuento de un género que quizá es nuevo: el "terrorrealismo".

Gracias y un abrazo.

elisa- dijo

Jose Ignacio, me ha encantado este cambio de resgistro, mantienes la tensión hasta el final.
Un abrazo

Rosa Niña Guerrera dijo

Gracias amigo por tus buenos deseos.
En breve regreso a tu casa para admirar lo que nos compartes.

Besos desde México.

Con cariño,
Rosa

Justi

Justi dijo

Expectante trama, enigmático relato.
"Aquella calle era en realidad un callejón sin salida...."
Callejón, pozo de muros verdes donde 13 arroyos dejaron sus aguas...
_son nuestros niños- se escuchó gritar en la plazuela...

Buen comienzo de tu serie. Destapando el pasado. ¿De qué época y ciudad estos relatos?

Un abrazo, José Ignacio
justi

Daniel Yáñez González-Irún dijo

José Ignacio... ¡Son trece, son trece!
No me lo esperaba, ¡y yo que pensaba que la Merche nos iba a salir santa!
Un abrazo y muchas gracias por esta cojonuda historia de... ¡terror!
Paz.
Daniel.

treze dijo

Hola Jose Ignacio, Magistral como siempre, llevas el suspense hasta el ultimo renglon, me encanta volver a leer tus historias
un abrazo

lola

lola dijo

Extraordinario relato....sabes mantener la tensión hasta el final ..un final muy negro y tenebroso...y yo díria macabro...

Una historia de terror muy bien escrita...te felicito amigo.

besos

alondra dijo

Eres muy grande de corazón.
Te quiro mucho.

Cástor Olcoz dijo

Amigo José Ignacio: He leído tu espeluznante relato.
Estamos tan habitudos al horror de cada telediario,
que cuesta hacerse a la idea de que un relato sea
en realiad un horror. Bravo. Un abrazo

blasftome dijo

Si es el primer relato de una serie, como así parece, creo que puedes contar conmigo en este paseo por el barrio.
Muy bien contando, "José Ignacio....".
¡Cuantas historias así pasarían de verdad en nuestra España lejana y profunda!.
Un abrazo.

mari dijo

He de confesarte que he tenido miedo, me he metido tanto en el texto que creí ser un niño de esos desaparecidos y hayarme perdida, y a lo lejos oir la sirena de los bomberos, es algo que querido Ignacio no és un relato sigue pasando en esta realidad, aún siguen desapareciendo por desgracia muchos niños y niñas. te felicito hás plasmado una realidad en un relato, gracias por tus amables visitas a mi blog.Un beso te quiere Lilly.

casajuntoalrio dijo

Estremecedor relato Jose Ignacio
Dulces sueños

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Estimado Moisés, espero haberte aclarado en tu último post tus dudas sobre el final. No te preocupes, tú nunca molestas.

Un fuerte abrazo.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Santy López, Gracias por la visita.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Nekane, espero que no te hagas daño y no nos prives de tus escritos.

Un abrazo.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

GLHORIA, GRACIAS POR LA VISITA. ME ALEGRO QUE TE HAYA GUSTADO.

UN ABRAZO.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Carisdul, son historias que siempre han circulado por los barrios y pueblos. Espero que nos cuentes lo que dices.

Un abrazo.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

johnny-salomon, cierto. Muy cierto.

Un abrazo.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

armida martin, cierto es que dejo mucho a la imaginación de quién lo lee. Espero que me cuentes lo de que son historias cotidianas. Eso si que da horror.

Un saludo

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

elefanteblancoster, te acabas de convertir en el "padrino" de lo que tu llamas "terrorrealismo".

Un abrazo

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

elisa, como bien dices, es un cambio de registro escribiendo algo que no domino. Espero salir bien de este reto.

Un abrazo.

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Rosa, Niña Guerrera, ya sabes que la puerta esta abierta y el café caliente. Me alegra tu visita.

Un saludo

José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo

Justi, joder!, solo con tu comentario has contado la misma historia en dos palabras. Eres genial.

Un abrazo.

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