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06
May 2010

“La esclavitud no se ha terminado, sólo se modernizó"

Escrito por: joseangelgonzalo el 06 May 2010 - URL Permanente

María, desde las oficinas de Domestic Workers United, fija su mirada en Nueva York, donde vive como indocumentada.

Su nombre tiene reminiscencias católicas y durante mucho tiempo llevó con resignación cristiana su travesía por el calvario que le tocó vivir en eso que llamaban tierra prometida: Estados Unidos. Pero María -nombre ficticio- decidió cambiar su vida, alzar su voz y clamar al cielo contra tanta injusticia: las trabajadoras domésticas realizan un trabajo tan digno como cualquier otro. Hoy María, pese a ser indocumentada y pesar sobre ella la amenaza continua de deportación, no tiene miedo al denunciar las continuas tropelías a las que ella y millones en todo el mundo se ven sometidas, con la complicidad de una sociedad que mira para otro lado.

Su voz suena firme, tranquila, anclada en la seguridad de sus argumentos y la legitimidad de sus reivindicaciones. Once años de abusos cimentan su lucha. Y es que las comúnmente llamadas chachas, según denuncian desde la asociación Domestic Workers United, pueden llegar a trabajar más de 20 horas y cobrar por ello un dólar, sufrir abusos sicológicos y físicos. Viven en una continua situación de chantaje, sin disfrutar de los derechos laborales más básicos, como son los días de descanso o unas vacaciones. Todo ello entre cuatro paredes, en la intimidad de la casa de su agresor, soportando la ley del silencio: una losa que las obliga a seguir con esta injusticia aún hoy en el 2010.

Tan sólo en el estado de Nueva York se calcula que existen 200.000 niñeras que se encuentran a merced de la buena -o mala- voluntad de su empleador. Las leyes estadounidenses deliberadamente decidieron abandonarlas a su suerte cuando se legisló en materia laboral, según explica Priscilla González, directora de la organización Domestic Workers United. Por aquella época el trabajo era realizado mayoritariamente por negras traídas de África o por sus descendientes, por lo que se les negó cualquier derecho. En la actualidad, este tipo de tareas la realizan, mayoritariamente, mujeres latinas, como María, en situación irregular.

Esta oaxaqueña salió de México hace ya once años buscando un mejor futuro, “ tenía que hacerlo porque yo soy la cabeza de la familia; mantengo a mis hijos porque soy una mujer viuda”. Se vio así obligada a separarse de ellos cuando tan sólo tenían 12 y 16 años, dejándolos a uno en un internado y a otro con sus abuelos: desde entonces no los ha vuelto a ver.

Para ello tuvo que pagar cerca de 2000 dólares, una fortuna para alguien sin recursos, sin la seguridad de que alcanzaría su objetivo. Cruzó ilegalmente por Piedras Negras, ciudad fronteriza con el estado de Texas, bajo la supervisión interesada de un “coyote”. Sola, con una simple promesa de ayuda al llegar más allá de Río Grande. Era la primera vez que salía de su país y, sin quererlo, se convirtió en protagonista de los abusos sobradamente conocidos pero no por ello menos denigrantes: fue robada, humillada, manoseada, forzada a realizar caprichos innombrables, “y tuve que dejarme hacer”.

Su voz no se quiebra, su discurso es calmado y tranquilo pero transpira toda la rabia que puede contener una persona que ha padecido una injusticia similar: “Pasamos abusos, humillaciones de grupos de personas que se presentan en el monte, en el campo, y pues, lo manosean a uno, sea hombre o mujer. Y yo lo digo porque esto tiene que saberlo toda la gente que cruza, venga de donde venga”.

Su primer destino fue Phoenix, donde permaneció sólo un mes, pero donde saboreó nuevamente la hiel de la soledad del indocumentado. Tanto que decidió dar marcha atrás y volver con su familia. Sin embargo, acabó en Nueva York. Las penurias no fueron menores en la Gran Manzana. Tras una breve experiencia como vendedora en un carrito ambulante, acabó irremediablemente como “trabajadora doméstica”, destino fatal de las mujeres inmigrantes que no poseen "los papeles" y el conocimiento de la lengua, si existe, es muy limitado. “Venimos sin saber hablar inglés, solamente con la voluntad de Dios. Entonces, sí, desde ahí, empieza el calvario”.

Pese a lo que podría parecer un ambiente tranquilo, el hogar se convierte en una verdadera trampa en la que muchas veces estas mujeres quedan atrapadas. Ante una situación tan vulnerable, el empleador se convierte con demasiada frecuencia en un verdadero verdugo al aprovecharse, en toda la amplitud del término, de ellas: “Somos una persona con dos brazos pero hacemos el trabajo de diez porque hacemos desde el servicio de lavado hasta el de nanny y pasear al perro también; incluye todo eso en el trabajo doméstico”

La confidencialidad de la casa otorga también al patrono -independientemente de que sea hombre o mujer- una situación de privilegio que se torna contra la propia empleada. Sin testigos, sin contrato ni derechos laborales, y conscientes de las necesidades y temores de estas mujeres, que pueden ser chantajeadas, el día a día se transforma una pesadilla para todas ellas. María lo vivió, incluida la coacción continua, la amenaza perenne de llamar a la policía de inmigración.

Su mirada se fija al frente, atraviesa el cristal y se posa en la nada que rodea el Empire State mientras recita, casi de carrerilla, todas las tropelías que ha padecido: “Pasamos muchas penurias, mucha humillación, nos abusan físicamente, sexualmente, con palabras groseras; y también con el sueldo: "No te pago y si llamas a la policía digo que no tienes documentos". Y tristemente eso nos hace vulnerable, nos quedamos callados”.

Pero ella ya explotó. Desde hace tres años pertenece a la organización Domestic Workers United. Por casualidad, tal vez por la gracia de ese Dios que tanto refiere, cuando se encontraba sentada en el parque, mientras cuidaba a los hijos de la familia, le dieron un volante informativo. No le prestó ninguna atención, pero la fortuna quiso que otro día, al olvidar el libro en casa, se viera obligada a leer cualquier otra cosa. Y allí lo encontró. La vida se rige a veces por situaciones tan nimias y arbitrarias. Desde entonces esta mexicana, habitante de El Bronx, dedica todos sus esfuerzos a denunciar la inseguridad a la que se ven sometidas.

Junto a la organización, María ha luchado por la aprobación de una carta de derechos para las empleadas del hogar en el Estado de Nueva York, un proyecto que ya cuenta con el apoyo de numerosos legisladores en Albany. Frente a la invisibilidad social de esta situación, ella replica con aplomo: “no es un tema de inmigración, sino de derechos humanos”. Por ello, espera que la Organización Internacional del Trabajo, sobre la que también ejercen una continua presión, apruebe un convenio de carácter mundial que dé amparo a todas esas mujeres que nunca lo han tenido y acabe así esta violación consuetudinaria de los derechos de las “domésticas”.

El pasado sábado, 1 de mayo, día internacional del trabajador, aunque en Estados Unidos se celebra en septiembre, María salió a la calle junto a sus compañeras y cientos de latinos a exigir nuevamente sus derechos. Aprovecharon la ocasión en la que miles de hispanos se manifestaron contra la nueva ley de Arizona que convierte en delincuente automáticamente a toda persona indocumentada para recordar la indefensión en la que viven sumidas diariamente, el pisoteo de su dignidad, pese a que su trabajo es fundamental para el funcionamiento de nuestra sociedad.

La convicción impregna un discurso cuya legitimidad en el 2010 se encuentra reforzada: “Lo digo para todas las compañeras del mundo entero, que se enteren y que hablen: ya es hora de hablar, ya es hora de salir del escondite. Porque no decimos las cosas por temor y por vergüenza pero basta, porque si nosotras no hablamos el abuso va a seguir y no queremos que siga para nuestros hijos, para nuestros nietos, para toda la gente que viene detrás de nosotros. Yo invito a todas las mujeres del mundo entero que hablen, que digan "vamos a parar este abuso", vamos a apoyarnos entre mujeres y vamos a salir a la calle a manifestarnos, a pedir que nos respeten porque merecemos respeto: somos personas que hacemos el trabajo como cualquier otra persona. Yo tengo una frase para todas mis compañeras, que se lo aprendan: la esclavitud no se ha terminado, sólo se modernizó". No son necesarias más palabras.

Fotos:

Foto 1: María mira hacia el Empire State, de José Ángel Gonzalo

Foto 2: Conferencia de Domestic Workers United, de J.A. Gonzalo.

Foto 3: Manifestación del 1 de Mayo en Union Square, de J.A. Gonzalo




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18
Mar 2010

"Hay 15 millones de latinos que no tienen seguro de salud, y eso es inaceptable en este país con tanta riqueza ”

Escrito por: joseangelgonzalo el 18 Mar 2010 - URL Permanente

El próximo domingo se reunirán en Washington miles de personas para exigir una reforma migratoria, una promesa del presidente Obama a la comunidad inmigrante, que hasta ahora ha quedado aplazada. Al mismo tiempo, la anunciada reforma sanitaria, que daría cobertura a millones de personas que carecen seguro médico, podría por fin ser aprobada, sobre todo, ahora que el partido demócrata a sumado el voto de Dennis J. Kucinich, demócrata por Ohio, que sin embargo había votado de forma negativa con anterioridad a la propuesta de reforma del presidente.

Sonia Pérez, vicepresidenta de la Raza, una de las mayores organizaciones en los Estados Unidos de los inmigrantes latinos, me concedió esta entrevista, donde explica la función de su organización y reclama el derecho de los latinos a un seguro médico así como una reforma migratoria, que permitiría legalizar la situación de muchos de ellos, que trabajan en este país sin ningún tipo de seguridad jurídica.

Pregunta: Señora Pérez, ¿cómo explicaría usted lo que es la Raza a alguien que nunca haya oído hablar de esta organización?

Respuesta: Bueno, el Consejo Nacional de la Raza es una organización sin fines de lucros, que se estableció hace más de 40 años para ayudar a la comunidad hispana en los Estados Unidos. Es una organización que trabaja por un lado con las organizaciones comunitarias, osea a través de todos los estados, con estas organizaciones de base que brindan servicios a la comunidad hispana; por otro lado también como está... eh, tiene su oficina principal en Washington DC, también representa los intereses de los latinos ante el Congreso, el presidente, la Administración, para poder tener una voz nacional en la capital.

P: ¿En qué contexto histórico y por qué surge este movimiento en defensa de los derechos de los hispanos acá en los Estados Unidos?

R: Bueno, en los años 60 había en este país mucha discriminación contra diferentes grupos, mayormente los afroamericanos, pero también contra los hispanos, y no solamente en esos años sino también en las décadas anteriores. La organización fue establecida por un grupo de mexicano-americanos cuyo su interés primordial era reducir la pobreza en la comunidad latina. Y a través de esta organización de organizaciones tratar de organizar a organizaciones comunitarias para entonces darle los servicios a la comunidad. En el 1968 había siete organizaciones de base comunitaria en los estados suroeste de los Estados Unidos: en Arizona fue la oficina principal de La Raza en esa época. Y luego en los años 70, cuando empezaron a trabajar no sólo con la comunidad mexicana sino también otras comunidades latinas, como los puertorriqueños, los cubanos... se movió la oficina principal, se mudaron a Washington DC; el nombre se cambió del “Southwest Council de la Raza”, que era “del Suroeste”, al Consejo Nacional de la Raza, para poder representar a todos los grupos latinos en todos los Estados Unidos.

P: Su organización posee una trayectoria de más de 40 años: desde esta experiencia acumulada, podría decirme cómo ha cambiado la situación de los hispanos y si tienen hoy las mismas necesidades hoy que en el momento de la fundación de esta institución.

R: Bueno, ha cambiado muchísimo. Osea, por un lado, hemos visto el cambio enorme, el cambio demográfico en los Estados Unidos, la cantidad, el número de latinos que ahora existen, que residen en el país. Actuamente tenemos más de 40 millones de latinos en los Estados Unidos, casi 15% de la población. Obviamente eso ha aumentado muchísimo desde los años 60. Por otro lado hemos visto que hay mucho progreso en el cuadro económico; por ejemplo, hay muchos más latinos que son dueños de sus propias casas; la tasa de ser dueños de viviendas es una de las cosas que trabajamos en La Raza. También vemos que hay una cantidad enorme de latinos trabajando en la fuerza laboral. Osea que hay muchísimo progreso en ese sentido. Pero por otro lado, todavía hay muchísima pobreza, especialmente con los niños: 1 de cada 3 niños latinos en los Estados Unidos vive bajo la tasa de pobreza. También tenemos problemas de salud, no solamente en las condiciones de salud, como la diabetes, el asma... pero también hemos visto que no hay la cobertura, no tienen el seguro médico que necesitan. Osea, por un lado hay progreso y hay mucho cambio positivo, y por otro lado todavía hay mucho trabajo que hacer.

P: ¿Cuál cree que es el aporte de la comunidad latina a este país?

R: Bueno, esta comunidad lleva siglos en este país. Si uno empieza a ver la historia de la comunidad no es solamente los inmigrantes recientes que han llegado, sino todas las generaciones de otras comunidades: los mexicanos en el suroeste, los puertorriqueños que llegaron en 1920-1930. Osea que hay una historia muy rica de la comunidad latina en diferentes estados de los Estados Unidos. Y también hemos visto esa influencia en todos los ámbitos. Hemos visto, por ejemplo, recientemente, pues, en la política, en las elecciones que hay muchos más candidatos, hay muchas personas como el alcalde de Los Ángeles, por ejemplo, que es mexicano-americano, personas acá en Nueva York, en diferentes estados que están representando todas sus comunidades. También hemos visto que, pues, obviamente, en el área de entretenimiento, en deportes, en todas las carreras, hay una contribución muy grande de los latinos. Y también yo creo que es bien importante señalar que no es solamente las personas que son famosas, sino que este país ha crecido y ha sido construido en parte por la labor muy fuerte de los latinos.

P: En las últimas elecciones, Estados Unidos eligió el primer candidato afroamericano de la historia como inquilino de la Casa Blanca. ¿Cuál fue el papel desempeñado por los hispanos en estas elecciones?

P: Bueno, fue bastante histórico. Más de 10 millones de latinos participaron, votaron, en las últimas elecciones. Y había mucha gente que estaba dudando si iban a apoyar un candidato como el presidente Barack Obama. Y hemos visto que la respuesta fue rotundamente fuerte. Que sí apoyaron, que sí piensan que hay, pues, ese mensaje que el presidente llevó de que hay que trabajar juntos, que tenemos todos los mismos problemas, y tenemos que unirnos para poder, pues, poder tratar mejor el futuro del país. Osea que la comunidad latina sí respondío a eso. Y yo creo que también se sabe de que no sólo por la cantidad de latinos en la influencia demográfica sino también el poder, en términos de la influencia de la comunidad, que ahora cualquier candidato, ya sea a nivel nacional o estatal, debe contar con esta comunidad para ganar.

P: Y precisamente, podría explicarme cómo contribuyó La Raza a fomentar el voto en la elecciones.

R: Bueno una de las cosas principales que hace La Raza es que trabajamos con una red de organizaciones comunitarias. Tenemos casi 300 organizaciones en más de 40 estados trabajando. Ellos brindan servicios a la comunidad y nosotros trabajamos con ellos para fortalecer a estas organizaciones. Una de las cosas que hicimos en conjunto fue precisamente tratar de inscribir a la comunidad, a las personas que no habían votado antes, para poder ejercer su derecho al voto, para educarlos, para orientarlos de cómo es el proceso, que es bien importante que ellos se integren al proceso, que participen. Y eso fue una de las cosas que hicimos para poder llevar el mensaje a la comunidad.

P: En la actualidad, Barack Obama está tratando de modificar el sistema sanitario estadounidense, un sistema que deja fuera de cobertura a cerca de 45 millones de personas, muchos de ellos latinos. Personalmente, ¿cree que su reforma saldrá adelante?

R: Sí, estamos muy optimistas; osea estamos trabajando muy fuerte, muy fuerte con otras organizaciones comunitarias, con otras organizaciones nacionales. Sabemos que hay 15 millones de latinos que no tienen seguro de salud, y eso es inaceptable en este país con tanta riqueza y tantos recursos, que nadie debe estar en esa situación. Entonces, hemos aliado las fuerzas con otras organizaciónes y también otras comunidades, no solamente la comunidad latina, para trabajar con el Congreso, para llevar el mensaje, para enfatizar la necesidad de hacer algo en este momento que hay una oportunidad, que todo el mundo está enfocado en esto, para poder entonces llevar no solamente el mensaje sino lograr que se establezca una ley para entoncer brindarle ese servicio de salud a todos los latinos y otras personas que actualmente no tienen.

P: Otro tema candente es la reforma migratoria. Se calcula que existen unos 13 millones de indocumentados. ¿Cree que la situación actual permitirá al presidente actual abordar este asunto?

R: Bueno, La Raza lleva años y años trabando en este asunto. Sí entendemos que no solamente es una situación, un asunto para la comunidad latina sino para el país completo. Entendemos que ésta es un población que se necesita para la economía de este país; que muchas de las familias tienen un familiar, una persona que conocen, un pariente que está en esta situación de ser indocumentado. Osea que no se puede distinguir tan fácilmente entre una comunidad latina y otra. Y es necesario reformar este sistema y ayudar a esta persona a salir de las sombras. También lo que sabemos es que hay mucha gente no solamente en la comunidad latina sino en otras comunidades, las iglesias, los sindicatos, otras entidades que entienden la necesidad de reformar este sistema y estamos trabajando junto con ellos. Y creo que lo primero que hay que hacer es enfocarnos en lo que está haciendo el presidente en términos de seguro de salud pero que luego se espera, porque eso fue una de sus promesas, que entonces... eh...vamos a entrar en este debate y poder resolver esta situación.

Fotografía de cabecera tomada por Melvin Rios y Baldemar Velasquez en Ohio, durante una manifestación por los derechos de los inmigrantes el 26 de marzo de 2006 (licensed under the Creative Commons)

Resto de fotografías, desfile del Inmigrante en Nueva York en 2009, tomadas por el autor.

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