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19
May 2010

Adiós a la última librería en español de Manhattan

Escrito por: joseangelgonzalo el 19 May 2010 - URL Permanente

En 2007 cerraron en Nueva York las dos principales librerías dedicadas a la venta de libros en español, Macondo y Lectorum. Fueron ríos de tinta los que corrieron afirmando que desaparecía con ellas una parte fundamental de nuestra cultura y denunciaban la imposibilidad de acceder a las obras escritas en el idioma de Cervantes.

Sin embargo, todas aquellas crónicas obviaban que aún resistía en Manhattan, de forma heroica, otra librería que dedicaba todos sus esfuerzos a promover la cultura dominicana, en particular, y la latina en general: la librería Calíope, un remanso literario en español donde los lectores podían encontrar toda la literatura en castellano sin abandonar la Gran Manzana.

Pero ahora ese oasis ya puede darse por desaparecido: desde hace ya varios meses, exactamente desde el 2 de junio, sus puertas permanecen cerradas por el impago del alquiler y su dueño, César González, se ha visto obligado a continuar con su negocio en la calle, haciendo frente a las duras condiciones metereológicas de la ciudad. Por desgracia, esta vez los grandes medios no se hicieron eco de esta noticia.

Cuenta la mitología griega que Calíope fue la musa de la elocuencia y de la poesía épica, coronada de forma majestuosa para sobresalir sobre el resto de musas. Su fundador, César González, dominicano emprendedor, tuvo la idea de un negocio editorial hace unos 35 años, pero sólo vio su materialización hace 12 años, con la apertura en Inwood, en la calle Dyckman, de un negocio promotor de escritores dominicanos y de toda la comunidad hispana. Un sueño por el que luchó pese a que el mundo editorial no era tan lucrativo como otros.

“Siempre me atrajo el mundo de los libros, estar inmerso en él, así de forma natural. Muchas personas llegamos a comerciantes sin tener el propósito de enriquecernos, así que los objetivos son diferentes”, confiesa César.

Calíope no era únicamente un centro de venta de libros, sino que desarrollaba una profusa actividad cultural, que iba desde sus semanales tertulias literarias, a presentaciones de libros, obras de teatro, conferencias, conciertos, debates... y todas las actividades necesarias para satisfacían las necesidades de la comunidad latina que se había quedado huérfana de espacios literarios en español.

“Nosotros introducimos y le dimos bastante auge al libro dominicano e hicimos que muchas personas se acercaran a la lectura en una comunidad que no estaba habituada a ello”, resalta con cierto tono de orgullo este oriundo de Villa González, no lejos de Santiago.

Desde el principio, la mayoría de los fondos estuvieron compuestos por autores hispanos. Los grandes creadores como Vargas Llosa, García Márquez o Neruda no podían faltar, pero junto a ellos también se realizó una fuerte promoción de autores noveles, si bien es cierto que esos grandes autores “fueron los que permitieron pagar muchos meses la renta”.

La desaparición de Lectorum y Macondo supusieron una gran pérdida cultural pero indirectamente favorecieron a Calíope, al traspasar gran parte de aquellos lectores hasta el Alto Manhattan. Sin embargo, no fue suficiente: las dificultades que tuvo hacer frente no son pocas. Como cualquier otro negocio, tuvo que soportar unos precios elevados en el alquiler de las instalaciones, algo normal en la Gran Manzana y que fue la causa que provocó el cese de actividad de Macondo y Lectorum, además de gastos varios. Desde luego, la crisis económica que embarga a el país no ha ayudado a su mantenimiento.

Hubo un intento desesperado para salvar el centro. Numerosos vecinos y miembros de la comunidad se movilizaron para organizar una rifa para recaudar fondos. Pero fue insuficiente para hacer frente a una deuda de más de 80.000 dólares.

Tras meses de apuros económicos y atrasos en el pago de la renta, el dueño del local, una iglesia pentecostal localizada en las inmediaciones, consiguió que una orden de desalojo se hiciera efectiva, y se inauguró un largo y complejo proceso judicial. Con tristeza, César reconoce que tal vez esta situación habría podido evitarse: “Si yo hubiera ido antes a la Corte para parar la orden de desalojo emitida el 19 de mayo, habría frenado el proceso y habría resulto”. Pero la ficción es buena solo para los estantes, y él sabe que ahora vive una dura realidad, pese a que no pierde la fe en volver a abrir pronto.

Así, desde aquel 2 de junio, desde las dos a las ocho de la tarde, más o menos, de lunes a domingo, se sienta en la calle, junto a un puesto ambulante que monta y desmonta cada día y donde sigue ofreciendo sus servicios de librero experimentado. Como un quijote que se lanza en tromba frente a cualquier enemigo, por peligroso que sea, este dominicano no se asusta y permanece junto a sus libros de forma impertérrita. Tan sólo la lluvia consigue que él abandone su trabajo.

Desde ese púlpito improvisado, César ha visto pasar las frías jornadas del pasado invierno, cuando se llegaron a temperaturas verdaderamente gélidas, muchas veces reconfortado sólo por un café caliente ofrecido por un amigo, o ha hecho frente a una de las primaveras más lluviosas de los últimos tiempos. Y ahora encara con pesimismo el verano, ya que el sol disfruta quemando y comiéndose el color de los libros.

En una entrevista en el 2009 al Diario/LaPrensa, César González aún era optimista sobre el futuro de Calíope: “El 2008 ha sido un año de crisis, pero las librerías hace tiempo que están en crisis, y no sólo las librerías hispanas. Las librerías independientes de todo tipo han ido desapareciendo. En días pasados yo estuve pensando cuán factible era seguir, qué tiempo podríamos permanecer”.

Su optimismo tal vez no fue bien mesurado: “La crisis no sólo afecta a las librerías hispanas. En la República Dominicana, por ejemplo, en lo que va de siglo, han cerrado más de 37 librerías. En Estados Unidos, las librerías independientes están cerrando. Hay que buscar la forma para continuar y yo espero que nosotros podamos hacerlo”. La realidad ha acabado por imponerse: el impago del alquiler acabó en el embargo de los bienes y el cierre del local. Así permanece aún hoy, con una única diferencia: el cartel que antes anunciaba la librería ha desaparecido. Desde entonces, frente a la puerta César González se sienta cada día, de forma obstinada, soportando el extremo frío que ha golpeado a la ciudad el pasado invierno y las altas temperaturas que se anuncian para fechas venideras, tratando de continuar así de esta forma tan precaria su sueño pero, sobre todo, su trabajo.

El cierre de Calíope contrasta con los datos optimistas que desde ciertas instituiciones culturales, como el Instituto Cervantes, se esgrimen para mostrar el buen estado del idioma español: Estados Unidos es el país no hispanohablante donde más libros en español se venden y el crecimiento de la población hispana se espera que se triplique antes del 2050, alcanzando los 140 millones, constituyendo el 30 por ciento de la población, sobre pasando a México como primer país en número de hispanohablantes. Lo que debería ser un verdadero potencial de lectores en español, aún no se ha traducido en una verdadera comunidad lectora, al menos de libros de papel.

El martes 18 de mayo un juez fallaba a favor de César y obligaba al propietario a devolverle todos los fondos y materiales. Ahora que ha recuperado todas obras que la Iglesia le había retenido ilegalmente, él ya planea volver a instalarse en el barrio, aunque con otra localización. Parece que Calíope, musa de la elocuencia y la épica en la mitología griega, puede que aún permita que este dominicano pueda protagonizar una gran epopeya. Mientras tanto, él continuará con su callado trabajo, y el aliento de los vecinos: “Agradezco esa solidaridad; tal vez es gente que no se interesaban por las actividades de la librería, pero que quieren que el sueño de Calíope no perezca. Y yo espero no defraudarlos”.

Foto 1: César González, dueño de Calíope, sentado junto a su puesto de libros en la calle Dyckman de Nueva York.

Foto 2: Uno de los emplados de Calíope, cuando aún permanecía abierta.

Foto 3: César González, en el local que ocupaga la librería antes de ser cerrada.

Foto 4: César González, junto a algunos de los compradores habituales, en plena calle, donde ha pasado todo el invierno y la primavera.

Foto 5: Aspecto de la fachada de la librería, cuyo cartel fue retirado hace ya unos meses.

Todas las fotografías han sido tomadas por el autor.

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02
Dic 2009

El que tiene un arma, tiene un tesoro (o al menos 100$)

Escrito por: joseangelgonzalo el 02 Dic 2009 - URL Permanente

Estados Unidos es tan sorprendente como extenso (y mira que es grande). Este país, al que todos miran continuamente, sin embargo, tiene sus contradicciones. Las armas de fuego son sin duda uno de los mayores problemas que enfrenta esta sociedad; cada año los informativos estadounidenses -y los de todo el mundo se hacen eco- se salpican de escenas en las que jóvenes acribillan a tiros a sus compañeros de instituto -como denunciaba M. Moore en su "Bowling for Columbine", o reflejaba Gus Van Sant en su bucólica "Elephant"-, o bien informan de la existencia de algún francotirador que se divierte de forma indiscriminada por las calles de su ciudad.

Nueva York, pese a ser hoy en día una ciudad bastante segura, no se libra de esta plaga y por ello las autoridades han desarrollado diversos programas para acabar con la posesión de armas de fuego. Un ejemplo lo encontré por casualidad en comisaría de la estación del metro A de la calle 42, no muy lejos de Times Square. Como muestra la foto, la entrega de cualquier arma, además de realizarse de forma anónima y sin el peligro de exponerse a ninguna pregunta, es recompensada con una gratificación de 100 dólares. A veces la realidad no sólo supera la ficción, sino que es aún más escalofriante.

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25
Oct 2009

Mi nombre es Miguel, Miguel Bloomberg

Escrito por: joseangelgonzalo el 25 Oct 2009 - URL Permanente

El que así podría hablar no es otro que el actual alcalde de la llamada “capital del mundo”, el multimillonario Mickael Bloomberg, que se presenta a su reelección el próximo 3 de noviembre, con una arma que le ha dado muy buenos resultados en las anteriores contiendas: su español. Y es que en la ciudad de Nueva York no se concibe ya que ningún político alcance el ayuntamiento sin el apoyo de los latinos.

El próximo 3 de noviembre se celebran elecciones municipales en la ciudad de Nueva York y todo parece que ya está decidido. El actual mandatario de la ciudad, Mickael Bloomberg volverá a salir reelegido por tercera vez, gracias a una potente campaña publicitaria que ha inundado la ciudad y, según algunos de sus allegados, por el vital apoyo de los hispanos.

Unos 2,5 millones de latinos viven en Nueva York -sin contar los indocumentados, que seguro aumentarían considerablemente esta cifra-, lo que los ha erigido como la minoría mayoritaria dentro de la ciudad. De esta circustancia ya trataron de aprovecharse en el pasado otros candidatos como Fernando Ferrer, de origen puertoriqueño y rival de Bloomberg en la anterior contienda, aunque parece que nadie aprendió tan bien la lección como Mike, tal como él mismo se hace llamar en sus carteles propagandísticos.

Bloomberg no comenzó a estudiar español hasta que no llegó a los 58 años -ahora tiene 67-, una edad no muy recomendable para aprender otro idioma, pero ello no le supuso ningún impedimiento, y desde entonces de forma metódica le dedica un mínimo de tres encuentros semanales de noventa minutos con su profesor, el colombiano Luis Cardozo. El propio Cardozo confiesa que una de las principales razones por las que Bloomberg decidió acercarse a la lengua de Cervantes es hacerse con el bastón de mando de NYC. “Es verdad que el hecho de querer ser alcalde de Nueva York es uno de los motivos principales” declara su maestro, aunque apostilla que él había decidio ya estudiar una segunda lengua hacía tiempo.

Lo cierto es que su tesón y tenacidad le han llevado a mantener su ritmo de estudio incluso en los periodos de mayor complejidad. Incluso ahora, durante la campaña electoral, Bloomberg continúa su curso de español como una tarea prioritaria, eso sí “que haga trabajo en la casa y tarea extra, eso no”.

Cardozo no duda en calificar a su más insigne estudiante como ejemplar: “es un excelente alumno porque durante muchos años ha tratado de hacerlo [hablar español]. Cuando tomamos la primera clase, él no tenía idea de español: no sabía qué era vaso, mesa, bolígrafo... Hoy en día él es capaz de mantener una conversación por horas en español, sin ningún problema”.

Sin embargo, pese a que sus progresos son innegables y su determinación está demostrada, el acento de Bloomberg es objeto de algunas críticas. De hecho, su mismo profesor, que sabe que es uno de sus puntos débiles, lo califica de “pesado”. Pese a todo, su esfuerzo se ha visto ampliamente recompensado, y los latinos de la ciudad han apreciado su trabajo.

Cierto que él no instauró las conferencias de prensa en las que se puede preguntar tanto en inglés como en español -lo hizo el candidato de origen puertorriqueño Fernando Ferrer-, pero hoy en día incluso el regidor dirige ante la prensa primero unas declaraciones en castellano, y acepta preguntas en español, hecho que no ha pasado inadvertido por nadie.

Cardozo siente que nuevamente el apoyo de los latinos volverá a recaer del lado del actual mandatario, pero tal vez lo más significativo sea su percepción sobre el poder que ha alcanzado esta comunidad, desde un punto de vista político: “El respaldo de los latinos significa el voto de los latinos, y al menos en las dos elecciones para alcalde anteriores el voto de los latinos ha sido decisivo. El voto latino ha sido muy importante, y lo va a ser en esta ocasión”.

Otro elemento que da idea sobre la importancia que han alcanzado los hispanos para el regidor fue el nombramiento de la abogada boricua Rose E. Rodríguez, destacada figura con una dilatada carrera política desarrollada junto a los Clinton, como asistente para asuntos hispanos durante esta campaña.

Pero su carrera hacia el sillón municipal no está exenta de obstáculos. Por un lado el diario latino más influyente de la ciudad, ELDIARIO/LAPRENSA, pese a reconocer los avances de NYC bajo su mandato, ha dado su apoyo a su contrincante, el demócrata William Thompson -que por cierto, también recibe clases de español-. Además, el hecho de concurrir a un tercer mandato -Bloomberg modificó la ley para poder optar nuevamente a la alcaldía, algo muy contestado en la ciudad- podría jugarle una mala pasada. Para más desgracias, recientemente el New York Times publicaba un artículo donde le recordaba los resultados más bien modestos en la que era una de sus prioridades: el medioambiente.

Pero nada que haga temblar a la octava fortuna de los Estados Unidos y uno de los 20 millonarios más poderosos del mundo, según la edición de febrero de la revista Forbes. De hecho, para frenar cualquier duda, Bloomberg no ha escatimado recursos: hasta principios de mes, su campaña, que ha inundado radios, periódicos, televisiones, vayas de anuncios -muchos de ellos en español- había costado algo más de 85 millones de dólares, cifra nada desdeñable pero nada que vaya a hacer mella en sus más de 17.500 millones de dólares de sus ahorros.

Para dar una idea de su capacidad de gasto, baste decir que Bloomberg se ha gastado 16 veces más que su rival Thompson. Y es que, como titulaba el diario Daily News: “¿Coste de la campaña? 64 millones. ¿Liderar la carrera hacia el ayuntamiento? No tiene precio".

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22
Oct 2009

Las 10 cosas que enfurecen a los neoyorquinos

Escrito por: joseangelgonzalo el 22 Oct 2009 - URL Permanente

Nueva York es seguramente una de las ciudades más apetecibles para cualquier viajero, de hecho el año pasado la visitaron más de seis millones de turistas (según el estudio realizado por Euromonitor International). Pero eso no quita para que los habitantes de esta megalópolis de casi 8,5 millones de habitantes estén fritos de los muchos problemas que asuelan su vida del día a día.

El Departamento de asuntos al consumidor ( NYC Department of consumer affairs, en inglés) publicó un listado con las violaciones más comunes de los derechos del sufrido consumidor en Nueva York, lista encabezada por la venta ilegal de tabaco a menores de edad y seguida por la publicidad engañosa que inunda cualquier rincón.

Pero mucho más curiosa es la lista que publicó el periódico gratuito Metro, en la que se refiere a esas cosas que “make you go ... #%@!!”, o lo que es lo mismo, esos pequeños detalles que se encuentra uno irremediablemente y que le llevan por el camino de la amargura, por realizar una traducción lo más decorosa posible.

El decálogo de acciones que le pueden arruinar a uno el día comienza con un hecho muy común en esta ciudad: tener que pararse en mitad de la acera porque alguien al frente se detenga para encender un cigarro, enviar un mensaje o simplemente mirar un mapa. Este hecho es seguido por otro asunto no menos farragoso y a veces hasta peligroso: el “tamaño absurdamente exagerado” de algunos paraguas y mochilas. Y es que aunque parezca mentira, en los días de lluvia las calles se convierten en pasarelas de iglús andantes, una especie de paraguas de dos niveles que siguen la norma que hizo famosa este país: cuanto más grande, mejor -aunque no sirva para nada-.

Como no podía ser de otra forma, muchas de las otras quejas están realionadas con el “subway”. Y es que, además de ser uno de los sistemas públicos de transporte más antiguos y descuidados del mundo, el metro de NYC acaba de sufrir numerosos recortes debido a la crisis que padece la economía, lo que ha supuesto aún una mayor aglomeración y congestión, sobre todo en las horas punta. Por ello, muchos usuarios se quejan de aquéllos que alegremente desparraman su cuerpo por varios asientos (posición número tres); se apoyan en toda su extensión en las barras verticales destinadas a agarrarse, lo que resulta entonces imposible y puede ser peligroso en las curvas (queja número siete); u ocupan varios asientos con sus pertenencias, lo que impide que el resto se pueda sentar (en la décima posición).

Alguien que llegue por primera vez a la ciudad podría también sorprenderse del elevado volumen del hilo musical del metro. Y tal vez tuviera razón, si no fuera porque tal hilo musical no existe: la generosidad de algunos de los usuarios les lleva a compartir su música poniendo sus iPops a tal volumen que numerosos estudios ya han avanzado que Nueva York sufrirá una plaga de sordos dentro de algunos años. Esta queja, en el quinto puesto, puede que sorprenda menos que la octava: ¡los usuarios están hartos de aquéllos que se cortan las uñas en el vagón!.

Otro de las conductas incívicas que más cabrea a los neoyorquinos -en la cuarta posición- son esos grupos de amigos que van en fila por las aceras, a modo de policías antimanifestación, bloqueando el paso e impiden adelantarlos, algo especialmente molesto en una ciudad donde todo el mundo tiene prisa por llegar no se sabe a qué lugar. Más abajo en la tabla, se encuentra en sexto lugar aquellas personas que, no se sabe si por miedo o por cultura, dejan un espacio exageradamente amplio ante la persona que está frente a ella en la cola de la farmacia -como si trataran de evitar algún contagio-, lo que provoca que el resto que se encuentra por detrás tenga que esperar su turno en el pasillo de los cosméticos.

Y en el noveno puesto de los comportamientos que que amarga la existencia de los newyorkes se encuentran esos dueños con esas correas gigantescas que les unen a sus perros pero que, debido a su extensión, hace que cualquiera que pase accidentalmente por allí corra el riego de enredarse y caer de bruces al pavimiento.

En fin, una lista muy singular y subjetiva que sin embargo no parece arruinar esa imagen de Nueva York como una de las mejores urbes del mundo. Es curioso observar que en este decálogo de “actos vandálidos legalmente no punibles” nadie incluyera a esos temerarios y potenciales asesinos que llevan un cartel encima del coche que pone “taxi”.

Para ver la lista completa de las violaciones más comunes contra los derechos del consumidor en la ciudad de Nueva York, pinche aquí.

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