La historia de la novena de abono se resume en pocas líneas y en un término: decepción. Por varias razones. Era una corrida de expectativas, de tirón taquillero, de ganas de ver a Enrique Ponce tras al menos tres años no venir a torear a Albacete por unas u otras causas. Y ayer tampoco estuvo en el abono albacetense. Se esperaba también una corrida de Samuel Flores, que al final no se lidió. Con todo, la plaza se llenó como si no hubiera ocurrido nada tal vez por la inercia de la comentada expectación. Público fiel el albacetense, muy comprometido, que al final salió defraudado, decepcionado por el contenido artístico en general del festejo, que tuvo algunas notas positivas, pero muy concretas y sin que haya que ir tirando cohetes.
La corrida de Luis Algarra fue también a menos, sobre todo los tres toros que se lidiaron en la segunda parte, muy bastos, unos mulos fuera de las hechuras de este origen ganadero. Salvemos algún ejemplar por ser manejable, como el tercero, pero nada más, es decir muy poco. La protesta inicial como reacción del público, gran parte de él desentendido de las sustituciones habidas, al no ver a Ponce y cuando se anunciaban en la tablilla oficial los algarras fue una reacción ante lo acontecido.
Banderillas
El Fandi abrió la terna, basando su actuación en el tercio de banderillas que resultó irregular, pues los dos primeros pares quedaron traseros y a toro pasado, mejor en la suerte del violín con el que conectó bien con el público. No así en su faena de muleta tan rápida como de acusada vulgaridad combinando series con la mano derecha a media altura, porque en las arrancadas por el pitón izquierdo el animal planteaba problemas. Tosco toreo, en suma y silencio del respetable, que todo se merece especialmente tras poblar ayer casi todos los tendidos cuando la corrida había perdido gran parte de los argumentos ofrecidos inicialmente.
Volvió a destacar en el último par que en esta ocasión fueron dos, cuatro palos, colocando los primeros al violín. Llegó el alboroto, momento ideal para aplicar el repertorio marca Fandi. Primero iniciada de rodillas en la solanera con el toro que tuvo transmisión en su embestidas, sigamos narrando la faena continuada con molinetes, pero el toro se rajó, muy parado entonces llegando las vueltas y revueltas del torero delante del apagado animal. Y fin de la historia fandista con alardes entre los pitones y desplantes sin muleta. Estocada trasera, descabello para lograr el único trofeo, una oreja tras escuchar un aviso. El cortó bagaje artístico fue la nota dominante en las faenas del granadino. Y es que no se le pueden pedir peras al olmo.
Muy entregado
La responsabilidad de Serranito se tradujo en su recibo capotero al que hizo segundo de la tarde de dos largas cambiadas y buen toreo capotero a la verónica continuado posteriormente con un quite por chicuelinas. Ganas de triunfo del torero que nadie pudo negar.
Planteó bien la faena de muleta, aunque el toro no rompía hacia adelante en sus arrancadas, poca transmisión y escasa repetición. Poco ponía el algarra y todo lo tenía que desarrollar el torero, muy seguro y con buena concepción de los muletazos, especialmente dos tandas de naturales, pero la falta de continuidad y de pela del toro impidió mayor lucimiento. Faena de buen corte, que pudo ser premiada con una oreja de no hacer la estocada guardia. Mala suerte, pues después refrendó su buena labor muleteril con una efectiva estocada que le valió la ovación con fuerza del público que valoró lo bueno de esta faena.
La entrega de Serranito se constató de nuevo con el quinto toro, un animal que desde el primer momento de su lidia ya evidenció que no llevaba contenido de bravura en sus venas, más bien lo contrario. Muchos kilos y además presentaba una cornada en la parte superior de la extremidad. Quitó por ajustadas gaoneras el torero, para luego ante el rajado animal comenzar en los medios su faena con tres pases cambiados de indudable mérito. Muy firme el torero, una de las dificultades que tenía era que la tendencia a las tablas del toro, mostrada desde su salida al ruedo no continuara más.
Hizo un esfuerzo, intentó todo lo posible y finalizó entre los pitones del manso. Una estocada desprendida le valió el reconocimiento de una ovación.
Decisión contrastada de Andrés Palacios que se fue a recibir a porta gayola al primero de su lote. Quiso así justificar su justa presencia en la tarde, en la que dibujó con la muleta algunos momentos de bellos pasajes toreando con gusto y clase, pero al conjunto le faltó más estructura y ligazón. Un pinchazo y una media estocada fuer el final de su actuación premiada con una ovación. Con el mulazo sexto, porfió sin que hubiera respuesta por las acusadas condiciones negativas del boyancón toro. Tras la estocada sufrió un golpetazo con el pitón y sangrando tuvo arrestos para liquidar al manso. Un espectáculo decepcionante.